Hay problemas que se resuelven solos con el tiempo y problemas que se pudren. Los segundos suelen tener algo en común: la persona los conoce de memoria, les da vueltas todas las noches y, aun así, no hace nada distinto de lo que ya probó. La técnica de solución de problemas (terapia de solución de problemas, o técnica de resolución de problemas en la psicología clínica; PST por sus siglas en inglés) nació en 1971 justamente para eso: para convertir un problema que pesa en un problema que se trabaja, en cinco pasos concretos y por escrito.
Aquí vas a encontrar los cinco pasos del modelo de D’Zurilla y Nezu explicados uno por uno, un ejemplo resuelto de principio a fin, lo que dicen los metaanálisis sobre cuánto ayuda (y para quién), y una hoja de trabajo en PDF para hacerlo con tu propio problema. Conviene leer primero la sección sobre la “orientación al problema”, porque ahí está el paso que casi nadie hace y que, según la evidencia, es el que más marca la diferencia. Si prefieres, baja la hoja de trabajo ahora.
Respuesta corta: la terapia de solución de problemas es una técnica de la terapia cognitivo-conductual que enseña un método de cinco pasos para enfrentar los problemas de la vida diaria: adoptar una actitud realista frente al problema, definirlo con hechos, generar muchas alternativas sin juzgarlas, decidir con pros y contras, y aplicar la solución y comprobar si funcionó. Tiene 30 ensayos clínicos en depresión y funciona también en atención primaria y en adultos mayores.
¿Qué es la técnica de solución de problemas en psicología?
La terapia de solución de problemas es una intervención cognitivo-conductual que entrena dos cosas a la vez: una actitud frente a los problemas y un conjunto de habilidades para resolverlos. La propusieron D’Zurilla y Goldfried en 1971, en un artículo que planteaba que muchas dificultades psicológicas se entienden mejor como problemas mal resueltos que como síntomas de algo roto por dentro (D’Zurilla y Goldfried, 1971). Thomas D’Zurilla y Arthur Nezu la desarrollaron después hasta convertirla en un tratamiento con manual propio (D’Zurilla y Nezu, 1999; Nezu, Nezu y D’Zurilla, 2013).
En este modelo un “problema” es cualquier situación de la vida que exige una respuesta y para la cual no tienes, en ese momento, una respuesta eficaz a mano. Puede ser un asunto de plata, una discusión que se repite, un jefe que manda tareas fuera de hora o una decisión que llevas meses postergando. Y una “solución” es una respuesta que reduce el problema o sus consecuencias emocionales, con el menor costo posible para ti y para los demás. Fíjate en el detalle: la solución no tiene que ser perfecta. Tiene que ser mejor que lo que estás haciendo ahora.
Lo que distingue a esta técnica de “pensar bien las cosas” es que el proceso está descompuesto en pasos que se pueden enseñar, practicar y revisar. Tolin (2024, p. 317) lo resume así: adoptar una orientación positiva al problema, definirlo e intentar entender su causa, generar múltiples soluciones posibles, decidirse por una y comprobar si fue eficaz. Esos son los cinco pasos que vas a ver más abajo. Antes conviene entender por qué a una persona con el ánimo bajo o la ansiedad alta le cuesta tanto hacerlos sola.
Por qué cuesta tanto resolver problemas cuando estás mal
Casi todo el mundo sabe, en teoría, cómo se resuelve un problema. Lo que la depresión y la ansiedad rompen no es el conocimiento; es el acceso a él. Tolin (2024, p. 320) lo plantea con claridad: la depresión, la ansiedad, el consumo de sustancias y una larga lista de dificultades psicológicas deterioran la capacidad de resolver problemas, y hasta personas muy capaces, bajo una sobrecarga emocional, dejan de poder pensar con orden en lo que les pasa. Saberlo ya alivia, porque explica por qué “algo tan simple” no te está resultando.
Hay un mecanismo concreto detrás, y está medido. En un experimento con personas deprimidas, recuperadas y nunca deprimidas, las que estaban deprimidas resolvían peor los problemas sociales que los otros dos grupos. Pero cuando se les hacían preguntas centradas en el proceso (“¿cómo decides resolverlo?”) su rendimiento mejoraba de forma significativa, y cuando se les hacían preguntas rumiativas centradas en el estado (“¿por qué tienes este problema?”) empeoraba (Watkins y Baracaia, 2002). La rumiación, ese darle vueltas al porqué, se disfraza de análisis del problema y hace exactamente lo contrario: lo congela.
Con la preocupación pasa algo parecido. El grupo de Dugas y Ladouceur encontró que las personas que se preocupan mucho y los pacientes con ansiedad generalizada no puntúan peor en habilidades de solución de problemas que el resto; donde sí puntúan peor es en la orientación al problema, es decir, en la reacción inicial (emocional, cognitiva y conductual) frente a la situación problemática. Sus palabras: no carecen del conocimiento sobre cómo solucionar problemas, sino que tienen dificultades para aplicarlo debido a reacciones contraproducentes ante las situaciones problema (Dugas y Ladouceur, 2002, p. 215). De ese hallazgo depende todo lo que sigue.
La orientación al problema: el paso cero que decide los otros cuatro
Antes de las habilidades viene la actitud. El modelo distingue dos dimensiones: la orientación al problema (cómo reaccionas cuando aparece uno) y las cuatro habilidades para resolverlo. Y describe tres formas de reaccionar que hacen fracasar el proceso antes de empezar (Tolin, 2024, p. 318):
- Orientación negativa al problema. Ver cada problema como una amenaza seria para tu bienestar, dudar de tu capacidad para resolverlo y alterarte emocionalmente apenas aparece, con poca tolerancia a la frustración y a la incertidumbre.
- Estilo impulsivo o descuidado. Resolver apurado e incompleto: considerar dos o tres opciones y quedarse con la primera que se te ocurrió.
- Estilo evitativo. Postergar, quedarse pasivo, esperar que se resuelva solo o pasarle el problema a otra persona.
En el otro extremo está la orientación positiva: quienes resuelven bien tienden a ver los problemas como desafíos, a creer que suelen tener solución y que ellos pueden encontrarla, a aceptar que eso toma tiempo y esfuerzo, y a comprometerse con resolverlos en vez de evitarlos (Maydeu-Olivares y D’Zurilla, 1996, citados en Tolin, 2024, p. 318). No es optimismo ingenuo. Es un sesgo hacia la acción.
¿Y esto importa de verdad o es un preámbulo motivacional? Importa, y hay datos. En el primer estudio que desmontó la técnica por componentes, con 39 personas deprimidas, la versión completa de la terapia funcionó mejor que la que entrenaba solo las habilidades sin trabajar la orientación (Nezu y Perri, 1989). Veinte años después, un metaanálisis de 21 muestras independientes confirmó que la PST es más eficaz cuando incluye entrenamiento en orientación positiva al problema, cuando entrena las cuatro habilidades completas y cuando se aplica el paquete entero (Bell y D’Zurilla, 2009). Otro metaanálisis, de 31 estudios, encontró lo mismo, y añadió un segundo moderador: los programas que asignaban tareas para la casa funcionaban mejor que los que no (Malouff et al., 2007). Dicho fácil: si te saltas la actitud y solo llenas la tabla de pros y contras, estás usando media técnica.
Para trabajar esa orientación en el momento, Nezu y su equipo proponen una secuencia de cuatro palabras que conviene memorizar: párate, baja la velocidad, piensa, actúa (Nezu, Nezu y D’Zurilla, 2013, citados en Tolin, 2024, p. 321). La emoción fuerte es la señal de que hay un problema, no el problema. Bajar la velocidad (respirar lento, contar, salir un minuto de la pieza) es lo que permite que el paso siguiente sea pensar y no reaccionar.
Los 5 pasos de la técnica de solución de problemas
Los cinco pasos son los mismos desde 1971, aunque hoy se presentan como una orientación más cuatro habilidades (D’Zurilla y Nezu, 1999). Aquí van con lo que hay que hacer en cada uno, siguiendo el manual de Tolin (2024, pp. 321-324). La hoja de trabajo de más abajo tiene un espacio para cada paso.
Paso 1. Definir el problema con hechos
Las personas con malestar emocional suelen describir sus problemas en términos demasiado amplios: “la vida es un asco”, “mi matrimonio es un desastre”, “estoy sobrepasada”. Eso describe cómo te sientes, no qué pasa. Un problema bien definido dice exactamente qué está ocurriendo, con quién, cuándo, dónde y cada cuánto, como lo grabaría una cámara (Tolin, 2024, p. 318). “Al menos dos veces por semana mi jefa me manda tareas a las 18:30 y las hago hasta las 21:00” es un problema. “Mi jefa es imposible” es un juicio.
Cuatro tareas caben aquí: reunir información (quién, qué, cuándo, dónde, cómo), describir el problema en lenguaje objetivo y no dramático, separar los hechos de las suposiciones (lo que crees que el otro piensa no es un hecho hasta que lo compruebas) y identificar qué hace de esta situación un problema para ti: qué obstáculo se interpone entre lo que pasa y lo que quieres. Cierra el paso con una meta realista y medible. No “ser independiente económicamente el próximo año”, sino “bajar los gastos un 5 % este mes” (Tolin, 2024, pp. 321-322).
Un error frecuente: confundir el problema con la solución. “Necesito decirle que no a mi jefa” ya es una alternativa; el problema es que te quedas hasta las nueve. Si defines el problema como una solución, te quedas sin las otras.
Paso 2. Generar alternativas (todas, también las tontas)
Casi ningún problema tiene una sola solución, casi ninguno tiene una perfecta, y la primera que se te ocurre rara vez es la mejor. Por eso este paso es una lluvia de ideas con tres reglas (Tolin, 2024, p. 322):
- Cantidad. Mientras más alternativas, más probable que una sea buena. Apunta a ocho o diez.
- Sin juzgar todavía. No evalúes si es razonable o factible; eso viene en el paso 3. Anota también las exageradas y las absurdas, porque destraban.
- Variedad. Mezcla estrategias distintas (caminos generales) con tácticas (pasos concretos). Diez versiones de la misma idea no son diez alternativas.
Si te bloqueas, sirve preguntarte qué le sugerirías a un amigo con ese mismo problema. La distancia hace lo que la ansiedad no deja hacer.
Paso 3. Decidir con pros y contras
Ahora sí se evalúa. Primero se tachan las alternativas claramente inviables o demasiado arriesgadas, sin mucha discusión. Con las que quedan, para cada una respondes cuatro preguntas: ¿resuelve el problema? ¿puedo llevarla a cabo de verdad? ¿qué efectos tendrá en mí, a corto y a largo plazo? ¿y en los demás? (Tolin, 2024, p. 323). Escribirlo en una tabla ayuda, porque en la cabeza los contras del corto plazo pesan más que los pros del largo.
Dos decisiones cierran el paso. La primera es si el problema es soluble. A veces no lo es, y reconocerlo puede ser liberador: te saca de la obligación de seguir intentando arreglar algo que no está en tus manos, y cambia la tarea a sobrellevarlo (Tolin, 2024, p. 324). La segunda es elegir la solución, o la combinación de soluciones, y dejar anotado un plan B por si la primera falla.
Paso 4. Aplicar la solución
Una decisión sin fecha es una intención. Aquí la solución se convierte en pasos pequeños: qué vas a hacer exactamente, cuándo, qué necesitas tener antes y qué harás si aparece el obstáculo más probable. Si el primer paso te da miedo, hazlo más chico en vez de postergarlo. Y si descubres que necesitas más información antes de decidir, conseguirla es tu primer paso, no una excusa para no dar ninguno.
Paso 5. Verificar (lo que casi nadie hace)
Quienes resuelven bien los problemas prueban una solución y después comprueban si el problema se resolvió; si no, vuelven al tablero. Quienes resuelven mal no revisan, así que nunca saben qué funcionó y pasan al problema siguiente (Tolin, 2024, p. 319). Después de actuar, las preguntas son: ¿cuánto se resolvió el problema? ¿qué tan conforme estoy con el efecto en mí? ¿y en los demás? ¿cuánto se pareció el resultado a lo que había previsto? ¿qué tan satisfecho quedo en total? (Tolin, 2024, p. 324). Una solución no tiene que ser perfecta para contar como buena. Y si el resultado no alcanza, la hoja te dice a qué paso volver.
Ejemplo de la técnica de solución de problemas, resuelto de principio a fin
El siguiente caso es inventado para mostrar cómo se llena la hoja; no corresponde a ninguna persona real.
| Paso | Cómo queda en la hoja |
|---|---|
| 1. Problema en hechos | Desde marzo, mi mamá me llama todos los días de semana entre las 13:00 y las 15:00 para que la ayude con trámites (banco, isapre, farmacia). Corto el almuerzo, llego tarde a la oficina y ya me lo hicieron notar dos veces. |
| Hecho o suposición | Hecho: son llamadas diarias y llegué tarde seis veces este mes. Suposición: “si no contesto se va a sentir abandonada” (nunca se lo he preguntado). |
| Por qué es problema | Quiero ayudarla y quiero conservar el trabajo, y hoy las dos cosas chocan a la misma hora. |
| Meta realista | En un mes: que los trámites de mi mamá estén resueltos sin que yo llegue tarde ninguna vez. |
| 2. Alternativas (8) | Dejar de contestar. Renunciar. Fijar un horario y llamarla yo a las 19:00. Hacerle una lista semanal y resolverla el sábado. Pedirle a mi hermano que se turne. Enseñarle la app del banco. Pedirle al jefe entrar y salir 30 minutos más tarde. Contratar a alguien que la acompañe. |
| 3. Decisión | Se tachan las dos primeras (no resuelven o cuestan demasiado). Puntúan alto la llamada de las 19:00, la lista del sábado y turnarse con mi hermano, combinadas: resuelven (4 de 5), puedo hacerlo (5 de 5), efecto en mi mamá positivo si se lo explico. Plan B: la acompañante, si mi hermano no puede. |
| 4. Plan de acción | Domingo: conversar con mi mamá y proponerle el nuevo horario y la lista. Lunes: escribirle a mi hermano. Desde el martes: celular en silencio entre 13:00 y 15:00. Si mi mamá insiste al mediodía, contesto un minuto para descartar una urgencia y le recuerdo la llamada de la tarde. |
| 5. Verificación (3 semanas) | Se resolvió 8 de 10: llegué tarde cero veces; mi mamá se quejó la primera semana y después se acostumbró. Mi hermano tomó dos sábados. Aprendí que la suposición de “se va a sentir abandonada” era mía, no de ella. |
Fíjate en dos cosas del ejemplo. La suposición del paso 1 (“se va a sentir abandonada”) era lo que mantenía el problema pegado, y solo apareció porque el paso obligaba a separar hechos de suposiciones. Y la mejor solución no estaba en la lista como una sola alternativa: fue una combinación de tres. Eso pasa seguido.
¿Funciona? Lo que dicen los metaanálisis
La terapia de solución de problemas es uno de los tratamientos psicológicos para la depresión con más estudios detrás, y los resultados son consistentes: funciona, y funciona más o menos igual que las otras terapias que funcionan.
El metaanálisis más reciente sobre depresión adulta reunió 30 ensayos clínicos aleatorizados con 3.530 pacientes. Frente a los grupos de control, el efecto fue grande (g = 0,79) pero muy heterogéneo; en los nueve estudios con menor riesgo de sesgo el efecto bajó a un tamaño pequeño (g = 0,34), comparable al de otras psicoterapias para la depresión. La aparente ventaja de la PST sobre otras terapias en comparaciones directas se explicaba en buena parte por la lealtad de los investigadores a la técnica (Cuijpers et al., 2018). Es una lectura honesta: la técnica ayuda, y no hay que venderla como superior a la terapia cognitiva o a la activación conductual.
Los metaanálisis anteriores apuntan en la misma dirección. En 31 estudios con 2.895 participantes de salud mental y física, la PST fue claramente superior a no tratar (d = 1,37), al tratamiento habitual (d = 0,54) y al placebo de atención (d = 0,54), pero no superó a otros tratamientos bona fide (Malouff et al., 2007). Y una revisión en JAMA de 2024 lo resume en una frase: terapia cognitiva, activación conductual, solución de problemas, terapia interpersonal, psicodinámica breve y mindfulness tienen todas efectos al menos medianos sobre el tratamiento habitual, con diferencias estandarizadas entre 0,50 y 0,73 (Simon, Moise y Mohr, 2024). Para orientarte sobre qué es la depresión y cómo se trata en general, la Organización Mundial de la Salud y MedlinePlus tienen fichas claras.
Donde la técnica destaca es en dos contextos concretos:
| Contexto | Qué se encontró | Fuente |
|---|---|---|
| Atención primaria (depresión y/o ansiedad) | 11 estudios, 2.072 pacientes: efecto global d = 0,67. Cuando la aplicaba el propio médico, el efecto era menor pero seguía siendo significativo (d = 0,35). | Zhang et al., 2018 |
| Adultos mayores con depresión mayor | 9 ensayos, 569 participantes, la mayoría en persona y de 6 a 12 semanas: casi 7 puntos menos en la escala de Hamilton frente a control (d = 1,15) y menos discapacidad. | Kirkham, Choi y Seitz, 2016 |
| Adultos mayores (comparación entre terapias) | Metaanálisis en red de 86 ensayos y 10.165 participantes: TCC, activación conductual, PST y revisión de vida son más eficaces que el tratamiento habitual (SMD 0,52 a 0,99) y probablemente equivalentes entre sí; la terapia de apoyo no lo es. | Cuijpers et al., 2026 |
Que funcione en atención primaria y en manos de un médico de familia dice algo importante sobre la técnica: es breve, se aprende y no exige un terapeuta especialista para producir cambios. El programa original de Nezu para la depresión duraba 10 semanas y combinaba instrucción, modelado, ensayo, tareas para la casa y retroalimentación, con cuatro objetivos: identificar las situaciones que anteceden a un episodio depresivo, reducir el impacto de los síntomas sobre los intentos de afrontamiento, hacer más eficaces esos intentos en los problemas actuales y enseñar habilidades generales para los problemas futuros (Nezu, Nezu y Perri, 1989, citados en Lewinsohn, Gotlib y Hautzinger, 2002, p. 515). Los ensayos con adultos mayores duraban entre 6 y 12 semanas (Kirkham, Choi y Seitz, 2016).
Un matiz para la ansiedad: la evidencia específica de la PST en trastornos de ansiedad es menor que en depresión. En el metaanálisis de atención primaria los pacientes tenían depresión, ansiedad o ambas, y el efecto se calculó en conjunto (Zhang et al., 2018). Para la preocupación crónica, el trabajo sobre la orientación al problema sí forma parte de los programas de TCC para la ansiedad generalizada (Tolin, 2024, p. 319), justamente porque quien se preocupa usa la preocupación en lugar de resolver.
Hoja de trabajo en PDF de la técnica de solución de problemas
La hoja sigue los cinco pasos tal como se usan en terapia, con un espacio para cada uno, e incluye la secuencia “párate, baja la velocidad, piensa, actúa”, la tabla de alternativas con pros y contras, el plan de acción con plan B, las cinco preguntas de verificación y el ejemplo resuelto para ver cómo queda una hoja llena.
Descargar la hoja de trabajo de solución de problemas (PDF, 5 páginas)
Cómo usarla:
- Un problema por hoja. Si tienes varios, empieza por el que más te pesa hoy, no por el más grande.
- Con la cabeza fría. No en medio de la discusión ni a las tres de la mañana. Veinte o treinta minutos sentado, con lápiz.
- Escribe, no pienses. El paso 2 y el paso 3 solo funcionan en papel: en la cabeza, las alternativas se pisan y los contras ganan siempre.
- Vuelve a la hoja después de actuar. El paso 5 es el que convierte un intento en aprendizaje. Sin él, la técnica se queda a medias.
- Repite. La primera hoja suele salir torpe. La tercera ya sale sola.
Si trabajas con un psicólogo, llévale la hoja: sirve de guion para la sesión y ahorra la mitad del tiempo de “ponerse al día”. Y si la usas para un problema de pareja, cada uno llena la suya primero y después comparan; los pasos son los mismos, pero hechos en conjunto exigen saber escucharse (Tolin, 2024, p. 324).
Cuándo la técnica no basta y conviene pedir ayuda
La solución de problemas es una herramienta, y como toda herramienta tiene un rango. Hay tres situaciones en las que conviene no seguir solo con la hoja:
- Cuando no logras ni empezar. Si el ánimo no te deja sentarte veinte minutos, si lo intentaste tres veces y siempre lo dejas a medias, el problema ya no es el problema de la hoja: es el estado que te impide trabajarlo. Ahí se trata primero la depresión o la ansiedad, y la técnica entra después, en terapia. La Asociación Americana de Psicología describe las señales que marcan esa diferencia.
- Cuando el problema es “no quiero seguir viviendo”. La técnica tiene buenos resultados en personas con ideas suicidas, pero aplicada por un profesional, no en una hoja en casa (Tolin, 2024, p. 319). Si aparecen ideas de que no vale la pena seguir, en Chile puedes llamar a Salud Responde (600 360 7777) o a la línea *4141, a cualquier hora.
- Cuando el problema no tiene solución. Una enfermedad, una pérdida, una decisión de otra persona. La hoja igual sirve, pero para otra pregunta: qué sí depende de ti para sobrellevarlo. Si ese cambio de pregunta te cuesta, es uno de los trabajos más útiles que se hacen en terapia.
Y una cuarta, menos dramática pero frecuente: cuando la hoja te sale bien pero el plan del paso 4 nunca ocurre. Eso rara vez es flojera. Suele ser miedo, y el miedo se trabaja con otras técnicas que se complementan con esta.
Preguntas frecuentes
¿Quién creó la terapia de solución de problemas?
La propusieron Thomas D’Zurilla y Marvin Goldfried en 1971, en un artículo que planteaba entender muchas dificultades psicológicas como problemas mal resueltos. D’Zurilla y Arthur Nezu la desarrollaron después hasta convertirla en un tratamiento con manual, con una orientación al problema más cuatro habilidades: definir, generar alternativas, decidir y aplicar y verificar.
¿Cuáles son los 5 pasos de la técnica de solución de problemas?
Uno, adoptar una orientación positiva al problema (verlo como un desafío soluble, no como una amenaza). Dos, definirlo con hechos y fijar una meta realista. Tres, generar muchas alternativas sin juzgarlas. Cuatro, decidir con pros y contras a corto y largo plazo. Cinco, aplicar la solución elegida y verificar si funcionó, volviendo al paso que falló si hace falta.
¿Sirve para la depresión?
Sí. Es uno de los tratamientos psicológicos para la depresión con más ensayos clínicos: 30 estudios con 3.530 pacientes en el metaanálisis de Cuijpers y colaboradores (2018). Su efecto es comparable al de otras psicoterapias eficaces, y destaca en atención primaria y en adultos mayores, donde la reducción de síntomas frente a control fue grande.
¿Cuántas sesiones dura?
El programa original de Nezu para la depresión duraba 10 semanas, y los ensayos con adultos mayores duraban entre 6 y 12 semanas, casi siempre en persona. En atención primaria se aplica en formato breve, incluso por el propio médico. En terapia individual la técnica suele integrarse dentro de un tratamiento cognitivo-conductual más amplio, no como un módulo aislado.
¿Cuál es la diferencia entre resolver un problema y darle vueltas?
Darle vueltas (rumiar) se centra en el porqué y en cómo te sientes con el problema; resolverlo se centra en el cómo y en qué hacer distinto. Un experimento con personas deprimidas mostró que las preguntas centradas en el proceso mejoraban la solución de problemas y las preguntas rumiativas la empeoraban (Watkins y Baracaia, 2002). La hoja obliga a la primera clase de preguntas.
¿Puedo hacerla solo, sin terapia?
Puedes, y la hoja está pensada para eso. Los metaanálisis muestran que la técnica funciona incluso aplicada por médicos de familia en pocas sesiones, lo que habla de que es sencilla de aprender. Si el ánimo no te deja sentarte a trabajarla, si el problema involucra ideas de no querer seguir viviendo o si repites la hoja y el plan nunca ocurre, ahí conviene hacerla con un psicólogo.
Empezar por un problema
No hace falta resolver la vida. Hace falta elegir un problema, uno solo, y pasarlo por los cinco pasos por escrito. Lo primero que suele cambiar es la sensación de que se puede hacer algo con la situación; la situación misma cambia después. Eso es lo que la orientación al problema significa en la práctica, y es lo que la evidencia dice que más pesa.
Si llevas tiempo dándole vueltas a algo y la hoja no alcanza, o si el ánimo no te deja ni empezar, en Terapia Online Chile trabajamos esta técnica dentro de un tratamiento cognitivo-conductual completo, por videollamada y desde cualquier lugar de Chile. Puedes agendar una primera sesión aquí y llevar tu hoja, llena o a medias.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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Cuijpers, P., Miguel, C., Karyotaki, E., & Harrer, M. (2026). Psychological treatment of depression in older adults: A network meta-analysis. International Psychogeriatrics, 100213. https://doi.org/10.1016/j.inpsyc.2026.100213
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D’Zurilla, T. J., & Goldfried, M. R. (1971). Problem solving and behavior modification. Journal of Abnormal Psychology, 78(1), 107-126. https://doi.org/10.1037/h0031360
D’Zurilla, T. J., & Nezu, A. M. (1999). Problem-solving therapy: A social competence approach to clinical intervention (2.ª ed.). Springer.
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