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  • Pesadillas Frecuentes en Adultos: Causas y Terapia de Ensayo en Imaginación

    Pesadillas Frecuentes en Adultos: Causas y Terapia de Ensayo en Imaginación

    Te despiertas con el corazón acelerado, sabes exactamente qué soñaste y te cuesta volver a dormir. Si te pasa una vez al mes, es parte de dormir. Si te pasa una o dos veces por semana desde hace meses, y ya te da un poco de miedo acostarte, estás en otro terreno: el de las pesadillas frecuentes en adultos, que tienen nombre clínico, causas conocidas y un tratamiento breve con más de veinte años de estudios detrás. Acá vas a encontrar por qué aparecen (estrés, trauma, algunos medicamentos, la abstinencia de alcohol o de pastillas para dormir, y hasta la respiración), qué diferencia hay con un terror nocturno, cuándo conviene consultar, y en qué consiste la terapia de ensayo en imaginación, que es lo que la Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda antes que cualquier fármaco.

    En dos líneas: las pesadillas frecuentes (una o más por semana, con malestar o cansancio al día siguiente) afectan a cerca del 4 % de los adultos y se sostienen por una mezcla de activación alta y un miedo que el cerebro no termina de apagar. El tratamiento con más respaldo es la terapia de ensayo en imaginación: reescribes la pesadilla despierto y ensayas la nueva versión unos minutos al día. En la mayoría de los estudios baja la frecuencia de las pesadillas y mejora el sueño en pocas semanas.

    ¿Cuándo las pesadillas recurrentes dejan de ser normales?

    Una pesadilla es un sueño desagradable, vívido, que suele terminar en un despertar en el que recuerdas bien lo que soñaste. El problema clínico empieza cuando se repiten y dejan huella en el día. El position paper de la Academia Americana de Medicina del Sueño describe el trastorno por pesadillas como un cuadro que afecta aproximadamente al 4 % de los adultos, que puede darse solo o como parte de otro trastorno (sobre todo el estrés postraumático), y que puede deteriorar de forma significativa la calidad de vida (Morgenthaler et al., 2018). Los criterios oficiales están en el DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría y, en la CIE-10 que usa la guía española de insomnio, bajo el código F51.5 “Pesadillas” (Ministerio de Sanidad y Política Social, 2009, p. 38).

    Lo que lo separa de una mala noche son tres cosas juntas, más que una cifra exacta: que se repitan (en los estudios, “frecuentes” suele ser al menos una por semana), que te despierten con angustia, y que te cueste funcionar al día siguiente o empieces a evitar dormir. Si marcas las tres, sigue leyendo con atención.

    Pesadilla o terror nocturno: no es lo mismo

    Se confunden seguido, y el tratamiento es distinto. La diferencia práctica está en el recuerdo. La guía española de práctica clínica lo resume en su algoritmo: si hay despertares repetidos con el recuerdo de sueños terroríficos, piensa en pesadillas; si hay despertares repetidos sin recuerdo del despertar ni del contenido del sueño, piensa en terrores nocturnos (Ministerio de Sanidad y Política Social, 2009, p. 42). Perlis, Jungquist, Smith y Posner (2005, p. 153) añaden la explicación fisiológica: las pesadillas son una parasomnia del sueño REM, mientras que los terrores nocturnos, el sonambulismo y los despertares confusos ocurren en el sueño no REM.

    En la práctica: si te despiertas gritando, desorientado, y al día siguiente no recuerdas nada (o te lo cuenta tu pareja), eso es un terror nocturno. Si te despiertas y puedes contar el sueño con detalle, es una pesadilla. Este artículo va de lo segundo. Para el terror nocturno, MedlinePlus tiene una ficha aparte.

    Cuánta gente tiene pesadillas frecuentes

    Más de la que se dice en voz alta. En un estudio comunitario con 8.558 adultos de Hong Kong, el 5,1 % tenía pesadillas al menos una vez por semana (Li, Zhang, Li y Wing, 2010). En Finlandia, ocho encuestas poblacionales entre 1972 y 2007 con casi 70.000 personas encontraron pesadillas frecuentes en el 3,5 % de los hombres y el 4,8 % de las mujeres, con una prevalencia que subía con la edad, sobre todo en hombres (Sandman et al., 2013). Krakow y Zadra (2006) hablan de un 5 a 8 % de la población general.

    Y la cifra se mueve con el contexto. Una encuesta en 16 países con 15.854 adultos midió pesadillas frecuentes en el 6,9 % de las personas para 2019 y en el 11,0 % en 2021, en plena pandemia (Bolstad et al., 2026). Es decir: cuando el mundo se pone más amenazante, las pesadillas suben. En jóvenes adultos la cifra es más alta todavía: 16,3 % en una muestra de 3.132 personas de 18 a 24 años, con más mujeres (20,4 %) que hombres (12,1 %) (Wong et al., 2023). Esa diferencia por sexo es real y está medida en un metaanálisis de 111 estudios: las mujeres reportan más pesadillas desde la adolescencia hasta la mediana edad, y la brecha se estrecha con los años hasta desaparecer en las personas mayores (Schredl y Reinhard, 2011).

    ¿Por qué tengo pesadillas todas las noches? Causas de las pesadillas frecuentes

    Casi nunca hay una sola causa. El modelo que hoy usan los especialistas describe un motor de dos piezas: el cerebro está más activado de lo que debería durante el sueño y, al mismo tiempo, no logra “apagar” un miedo aprendido. El consenso europeo sobre el trastorno por pesadillas, firmado por 23 investigadores entre los que está Barry Krakow, el creador de la terapia de ensayo en imaginación, lo plantea así: las pesadillas crónicas se desarrollan por la interacción entre una hiperactivación elevada y una extinción del miedo deteriorada, y esa interacción se ve facilitada por un rasgo de malestar afectivo (provocado por experiencias traumáticas, adversidad en la infancia o susceptibilidad temperamental), por la tendencia a suprimir pensamientos y, potencialmente, por problemas respiratorios durante el sueño (Gieselmann et al., 2019).

    Con ese mapa en la mano, estas son las causas concretas que conviene revisar una por una.

    Estrés y trauma

    El estrés cotidiano sube las pesadillas ocasionales; el trauma produce las pesadillas repetidas. Judith Herman (2015, cap. 2) describe la intrusión como uno de los tres síntomas centrales del trauma: el momento traumático queda grabado en una forma anormal de memoria que irrumpe en la conciencia, como flashback en la vigilia y como pesadilla traumática durante el sueño. En el manual de exposición prolongada, Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 42) enseñan al terapeuta a preguntar directamente por las pesadillas en la primera sesión, porque son una de las formas en que se revive el trauma, y las describen (p. 62) como una señal de que el trauma sigue siendo un “asunto sin terminar” que la memoria no ha procesado. Un detalle que ayuda a reconocerlas: no siempre reproducen el hecho tal cual. Foa y colaboradoras (2007, p. 46) explican que, tras una agresión, las pesadillas pueden ser violentas sin ser específicas del episodio.

    Si tus pesadillas empezaron después de un accidente, una agresión, un duelo violento o una situación de peligro, y vienen con sobresaltos, evitación y sensación de alerta permanente, vale la pena leer qué es el trastorno de estrés postraumático y cómo se evalúa el trauma psicológico, porque el tratamiento cambia.

    Medicamentos que provocan pesadillas

    Esta causa se pasa por alto porque nadie relaciona la pastilla de la presión con lo que soñó. La revisión clásica sobre pesadillas inducidas por fármacos, que evaluó cada caso publicado con el algoritmo de Naranjo para estimar causalidad, concluyó que los sedantes e hipnóticos, los betabloqueadores y las anfetaminas son los grupos más asociados a pesadillas, con un mecanismo plausible (supresión del sueño REM y estimulación de receptores de dopamina), y que los agonistas dopaminérgicos también tienen evidencia de causalidad (Thompson y Pierce, 1999). Perlis et al. (2005, p. 42) incluyen en su tabla de causas de sueño alterado, entre los efectos agudos de medicación, los antidepresivos ISRS, los corticoides, la levodopa, la nicotina y los betaagonistas.

    Si tus pesadillas empezaron o empeoraron en las semanas siguientes a un cambio de medicación, no dejes el fármaco por tu cuenta: anótalo y llévalo a la consulta con quien te lo indicó. Casi siempre hay alternativa.

    Abstinencia de alcohol y de pastillas para dormir

    Es la causa que más sorprende. Quien toma alcohol de noche o usa benzodiacepinas para dormir suprime parte del sueño REM; cuando deja de hacerlo, el REM rebota y con él vienen los sueños intensos. La misma tabla de Perlis et al. (2005, p. 42) lista la retirada de benzodiacepinas, barbitúricos y alcohol como causa de sueño alterado, y la revisión sobre dependencia de benzodiacepinas del New England Journal of Medicine incluye las pesadillas entre los síntomas psicológicos de la abstinencia de benzodiacepinas, junto a la ansiedad, la agitación y el insomnio (Soyka, 2017).

    Esto tiene dos lecturas prácticas. La primera: si dejaste el clonazepam o el alcohol hace poco y empezaste con pesadillas, no significa que “necesites” volver; es un síntoma de retirada que suele pasar. La segunda: si usas alcohol o hipnóticos para no soñar, estás alimentando el ciclo. Tienes una guía sobre benzodiacepinas, dosis y dependencia y un test de consumo de alcohol por si quieres revisar dónde estás parado.

    Dormir poco, dormir mucho y la respiración

    La duración del sueño también importa, y no en línea recta. En la encuesta de 16 países, la frecuencia de pesadillas tuvo una relación en forma de U con las horas dormidas: más pesadillas en quienes dormían muy poco y también en quienes dormían mucho (Bolstad et al., 2026). En parte se explica porque el sueño REM se concentra en la segunda mitad de la noche: si te recuperas de varias noches cortas, o alargas el sueño el fin de semana, tienes más REM y más sueños intensos.

    Y hay una causa que no se nota desde adentro. Un estudio en un centro de medicina del sueño siguió a 20 personas con insomnio crónico que nunca se habían hecho un estudio del sueño; el 45 % atribuía sus despertares a pesadillas, y en la polisomnografía el 90 % de los despertares venía precedido de una pausa o un esfuerzo respiratorio (Krakow, Romero, Ulibarri y Kikta, 2012). Es un piloto pequeño, pero encaja con lo que el consenso europeo señala como facilitador de las pesadillas: la respiración alterada durante el sueño. Si roncas, si te levantas con dolor de cabeza o con la boca seca, o si tienes sueño de día, conviene leer qué es un estudio del sueño y cuándo se pide.

    ¿Las pesadillas frecuentes en adultos son peligrosas?

    No en sí mismas, pero no son inocuas. Son una señal que conviene tomar en serio por tres motivos con datos detrás.

    Primero, van con otros problemas. En el estudio de Hong Kong, quien tenía pesadillas frecuentes tenía 5,7 veces más probabilidad de tener un trastorno psiquiátrico, sobre todo del ánimo, y seguía puntuando más alto en neuroticismo incluso después de descartar esos trastornos (Li et al., 2010). Segundo, anticipan lo que viene. En jóvenes adultos, tener pesadillas frecuentes predijo a un año síntomas depresivos y ansiosos moderados o graves, síntomas postraumáticos y un episodio depresivo o de ansiedad generalizada en el último mes, incluso después de ajustar por estrés externo, resiliencia y variables sociodemográficas (Wong et al., 2023). En una cohorte de 2.940 personas mayores de Corea, la prevalencia de pesadillas subía al 6,3 % pasados los 70 años, y quienes las tenían mostraban 4,4 veces más riesgo de depresión y 3,5 veces más de ideación suicida (Park, Kim, Shin y Suh, 2021).

    Tercero, y es lo más importante: las pesadillas se relacionan con el riesgo de suicidio y de autolesión de forma independiente del insomnio, del estrés postraumático, de la ansiedad y de la depresión. La revisión sistemática que examinó los mecanismos de esa relación apunta a las interpretaciones que la persona hace de sus pesadillas y a la regulación emocional como las dos piezas centrales, y hace una observación que conviene retener: a mucha gente le resulta más fácil pedir ayuda por las pesadillas que por las ideas de muerte (Andrews y Hanna, 2020). Dicho al revés: si alguien cercano te cuenta que lleva semanas con pesadillas, pregúntale cómo está de verdad.

    Terapia de ensayo en imaginación: qué es y cómo se hace

    La terapia de ensayo en imaginación (IRT, por su sigla en inglés) es el tratamiento que la Academia Americana de Medicina del Sueño recomienda tanto para el trastorno por pesadillas como para las pesadillas asociadas al estrés postraumático; todo lo demás, incluidos los fármacos, queda en la categoría “puede usarse” (Morgenthaler et al., 2018). Es el tratamiento para pesadillas con más estudios detrás: una técnica cognitiva breve, sin medicamentos, que trabaja sobre la pesadilla despierto.

    La lógica es simple. Una pesadilla repetida es, en parte, un hábito aprendido del cerebro: una historia que se cuenta sola cada noche por el mismo camino. La IRT no intenta apagarla; intenta darle al cerebro otra versión, ensayada tantas veces que compite con la original. Krakow y Zadra (2006), en el artículo donde describen el manejo clínico de las pesadillas crónicas, defienden algo que cambia la forma de mirar el problema: las pesadillas crónicas pueden ser un trastorno del sueño por derecho propio y no solo un síntoma de otra cosa, así que tratarlas directamente es un camino válido incluso cuando hay un trauma detrás.

    Los pasos, uno por uno

    El protocolo que describen Krakow y Zadra se enseña en cuatro sesiones de unas dos horas, y en la práctica clínica se adapta a formatos más cortos. En esencia son tres pasos:

    1. Elegir y escribir una pesadilla. Se elige una, de preferencia no la más traumática si hay un trauma reciente, y se escribe con detalle. Solo escribirla ya hace algo: en un ensayo clínico con 127 personas, el grupo control que se limitó a describir su pesadilla por escrito bajó la frecuencia de pesadillas casi tanto como el grupo tratado, aunque no el malestar que le producían (Gieselmann, Böckermann, Sorbi y Pietrowsky, 2017).
    2. Cambiarla como quieras. No hay reglas: puede cambiar el final, el principio, un personaje, el escenario, o transformarse en un sueño neutro o agradable. La instrucción clásica es “cámbiala de la manera que quieras”. La versión nueva se escribe también.
    3. Ensayar la nueva versión en la imaginación. Con los ojos cerrados, unos minutos cada día (los protocolos hablan de 5 a 20 minutos), durante una o dos semanas por pesadilla, imaginando la historia nueva de principio a fin. Después se pasa a otra pesadilla si hay varias.

    La parte que la gente subestima es la tercera. Reescribirla una vez no basta; lo que funciona es el ensayo repetido y despierto, que es donde la versión nueva se vuelve familiar para el cerebro.

    Por qué funciona

    Los investigadores lo llaman sensación de dominio. Una revisión sistemática de todos los mecanismos propuestos para las psicoterapias de pesadillas encontró que el aumento de esa sensación de control sobre el sueño es la hipótesis más citada, seguida del procesamiento emocional que modifica la estructura del miedo, el cambio de creencias sobre las pesadillas y la reducción de la activación (Rousseau y Belleville, 2018). Y no es solo teoría: en un ensayo con IRT guiada por teléfono, el efecto del tratamiento estuvo mediado por el aumento de la sensación de dominio a mitad del proceso (Lancee, Effting y Kunze, 2021). Cuando la persona siente que puede hacer algo con su pesadilla, la pesadilla empieza a perder fuerza.

    Cuánto ayuda, según los estudios

    El metaanálisis de Casement y Swanson, con 13 estudios de IRT en personas con pesadillas postraumáticas, encontró efectos grandes sobre la frecuencia de las pesadillas, la calidad del sueño y los síntomas de estrés postraumático, sostenidos a los 6 y 12 meses de seguimiento (Casement y Swanson, 2012). Un metaanálisis posterior solo con ensayos aleatorizados, con 1.078 participantes, fue más sobrio: efectos pequeños a moderados de la IRT sobre la frecuencia de pesadillas (g = 0,51), los síntomas postraumáticos (g = 0,31) y la calidad del sueño (g = 0,51), sin diferencias significativas frente a la prazosina, el fármaco de referencia (Yücel, van Emmerik, Souama y Lancee, 2020).

    Dos matices honestos. Casement y Swanson advierten que, en el único estudio con un grupo de control activo, los efectos fueron pequeños; y la revisión más reciente señala que los resultados varían entre estudios y que las guías de consenso han derivado hacia una terapia cognitivo conductual para pesadillas (CBT-N) que integra la reescritura con exposición y estrategias de sueño (So, Bolstad y Miller, 2025). La misma revisión señala algo que importa para quien ya está en terapia: los tratamientos centrados en el trauma reducen el estrés postraumático, pero las pesadillas pueden persistir si no se tratan de forma específica.

    Se puede hacer con poca ayuda

    Una de las mejores noticias de esta literatura es que la IRT funciona en formatos ligeros. En el ensayo de Lancee y colaboradores (2021), 70 personas con pesadillas según el DSM-5 recibieron tres sesiones a lo largo de cinco semanas con apoyo telefónico de estudiantes de posgrado, y mejoraron más que la lista de espera en frecuencia de pesadillas (d = 1,03), malestar por las pesadillas (d = 0,75) y gravedad del insomnio (d = 1,12), con efectos mantenidos a los 3 y 6 meses; no cambió el número de noches con pesadillas por semana ni la ansiedad o la depresión. Y en el ensayo por internet de Gieselmann et al. (2017), tener o no un “coach” que guiara el proceso no cambió la eficacia ni los abandonos.

    Un último dato para quien además duerme mal: combinar la IRT con terapia cognitivo conductual para el insomnio mejora más la calidad del sueño que la IRT sola, según el metaanálisis comparativo de Seda y colaboradores (Seda, Sánchez-Ortuño, Welsh, Halbower y Edinger, 2015) y el de Casement y Swanson (2012). Si ese es tu caso, tienes una guía sobre cómo se evalúa el insomnio y un test de insomnio para empezar.

    ¿Y los medicamentos para las pesadillas?

    Existen, y el más estudiado es la prazosina, un antihipertensivo que bloquea receptores alfa-1 de noradrenalina. En el metaanálisis de Yücel et al. (2020) tuvo un efecto moderado a grande sobre la frecuencia de pesadillas (g = 0,61) y sobre la calidad del sueño (g = 0,85), sin diferencia estadística frente a la IRT; los autores incluso discuten que rebajarla a “puede usarse” en la guía de 2018 fue prematuro. El metaanálisis de todos los ensayos farmacológicos controlados con placebo, con 14 estudios y 830 participantes (casi todos veteranos con estrés postraumático), da un efecto global moderado (g = 0,50; 0,42 al corregir por sesgo de publicación), con la prazosina en g = 0,54 (Skeie-Larsen et al., 2022).

    Lo que no hay que hacer es automedicarse. La guía de la Academia Americana de Medicina del Sueño no recomienda el clonazepam ni la venlafaxina para el trastorno por pesadillas (Morgenthaler et al., 2018), y ya viste más arriba que los sedantes e hipnóticos están entre los fármacos que más pesadillas provocan al retirarlos. La decisión sobre un fármaco es del médico, idealmente uno con formación en sueño; si no sabes a quién acudir, esta guía sobre especialistas en trastornos del sueño te orienta.

    Qué puedes hacer desde esta semana

    Mientras decides si consultar, hay cosas con respaldo que puedes empezar solo.

    • Escribe la pesadilla. Con detalle, en pasado, de día. Es el primer paso de la IRT y, según el ensayo de Gieselmann et al. (2017), por sí solo ya reduce la frecuencia.
    • Regulariza el sueño. Acuéstate y levántate a horas parecidas y evita las noches muy cortas seguidas de “recuperaciones” largas: la relación en U entre horas dormidas y pesadillas (Bolstad et al., 2026) sugiere que los extremos las empeoran.
    • Revisa alcohol, hipnóticos y medicación reciente. No suspendas nada por tu cuenta; anota qué cambió y cuándo empezaron las pesadillas.
    • Nada de contenido activador antes de dormir. Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 72) indican a sus pacientes no escuchar las grabaciones de exposición justo antes de acostarse, precisamente para no provocar pesadillas. Lo mismo aplica a noticias duras, discusiones y series violentas en la última hora.
    • Cuidado con la restricción del sueño si tienes terrores nocturnos. Perlis et al. (2005, p. 14) advierten que la pérdida de sueño de la restricción y del control de estímulos puede profundizar el sueño y aumentar los despertares parciales como los terrores nocturnos. Si tu problema es ese y no las pesadillas, esas técnicas se usan con supervisión.

    Cuándo pedir ayuda profesional

    Consulta si las pesadillas ocurren una o más veces por semana durante más de un mes, te dejan cansado o con miedo de dormir, o notas que empezaste a evitar la cama, el alcohol “para dormir” o las pastillas. Y consulta sin esperar si se cumple cualquiera de estas:

    • Empezaron después de un hecho traumático y vienen con sobresaltos, evitación o alerta permanente (puede ser estrés postraumático, y la evaluación se hace con escalas validadas).
    • Tienes ideas de muerte o de hacerte daño. En Chile, Salud Responde atiende las 24 horas al 600 360 7777, y la línea de prevención del suicidio es *4141. Las pesadillas y el riesgo suicida van juntos con más frecuencia de lo que se cree (Andrews y Hanna, 2020), y hablarlo es lo primero.
    • Aparecieron de golpe en la adultez mayor, con movimientos o gritos durante el sueño. Morin y Espie (2004, p. 41) advierten que el inicio súbito de una parasomnia en la adultez tardía, en particular del trastorno de conducta del sueño REM, puede indicar un problema neurológico agudo y requiere evaluación médica.
    • Roncas, alguien te vio dejar de respirar o tienes mucho sueño de día: hace falta descartar apnea antes de tratar las pesadillas como un problema psicológico.

    Para evaluar la gravedad existe un cuestionario breve, el Índice de Trastorno por Pesadillas (NDI), que ya tiene una versión en español validada en adultos de población general, con buena fiabilidad y asociación con síntomas depresivos, ansiedad e ideación suicida (Baños-Chaparro et al., 2025). Es el tipo de instrumento que un psicólogo usa en la primera sesión para saber por dónde empezar.

    Preguntas frecuentes sobre las pesadillas en adultos

    ¿Es normal tener pesadillas todas las noches?

    No. Las pesadillas ocasionales son parte de dormir, pero tenerlas varias veces por semana durante semanas o meses es lo que los especialistas llaman pesadillas frecuentes, y afecta a cerca del 4 % de los adultos (Morgenthaler et al., 2018). Cuando además producen angustia al despertar o cansancio al día siguiente, se considera un trastorno por pesadillas y tiene tratamiento.

    ¿Qué significa tener pesadillas seguidas?

    Casi siempre, que el sistema de alarma del cerebro está más activado de lo normal y no consigue apagar un miedo aprendido (Gieselmann et al., 2019). Detrás puede haber estrés sostenido, un trauma, un cambio de medicación, la retirada de alcohol o de pastillas para dormir, falta de sueño o una apnea que no se ha diagnosticado. Conviene revisar esas causas antes de asumir que “es solo estrés”.

    ¿Las pesadillas son señal de un trastorno mental?

    No necesariamente, pero aumentan la probabilidad. En un estudio comunitario, las personas con pesadillas frecuentes tenían 5,7 veces más riesgo de tener un trastorno psiquiátrico, sobre todo del ánimo (Li et al., 2010), y en jóvenes adultos predijeron depresión y ansiedad un año después (Wong et al., 2023). Por eso, si son frecuentes, vale la pena una evaluación.

    ¿Cuál es la diferencia entre pesadilla y terror nocturno?

    El recuerdo. En la pesadilla te despiertas y puedes contar el sueño; en el terror nocturno gritas o te agitas, cuesta despertarte y al día siguiente no recuerdas nada (Ministerio de Sanidad y Política Social, 2009, p. 42). La pesadilla ocurre en el sueño REM y el terror nocturno en el sueño profundo no REM (Perlis et al., 2005, p. 153), y se tratan distinto.

    ¿Se pueden curar las pesadillas frecuentes?

    En la mayoría de los casos mejoran mucho con tratamiento. La terapia de ensayo en imaginación reduce la frecuencia de las pesadillas y mejora el sueño con efectos que se mantienen a los 6 y 12 meses (Casement y Swanson, 2012), y funciona incluso en formatos breves con apoyo telefónico o por internet (Lancee et al., 2021; Gieselmann et al., 2017). Si hay estrés postraumático, se trata además el trauma.

    ¿Cuánto dura la terapia de ensayo en imaginación?

    Es breve. El protocolo original de Krakow y Zadra (2006) se enseña en cuatro sesiones de unas dos horas; en un ensayo reciente bastaron tres sesiones a lo largo de cinco semanas (Lancee et al., 2021). Lo que sí requiere constancia es la práctica en casa: unos minutos al día ensayando la versión nueva del sueño durante una o dos semanas por pesadilla.

    ¿Qué medicamentos provocan pesadillas?

    Los más documentados son los sedantes e hipnóticos, los betabloqueadores y las anfetaminas, seguidos de los agonistas dopaminérgicos (Thompson y Pierce, 1999). También pueden influir algunos antidepresivos, los corticoides y la nicotina (Perlis et al., 2005, p. 42), y la retirada de benzodiacepinas o de alcohol (Soyka, 2017). Si sospechas de un fármaco, consúltalo con quien te lo indicó antes de suspenderlo.

    Para cerrar

    Las pesadillas frecuentes no son “solo sueños” ni una rareza que haya que aguantar. Tienen causas que se pueden revisar en una consulta (medicación, alcohol, respiración, trauma) y un tratamiento breve y sin fármacos que la principal sociedad de medicina del sueño recomienda en primer lugar. Si llevas semanas despertándote con miedo, o si empezaste a temerle a la noche, agenda una consulta: en una primera sesión se puede ubicar qué está sosteniendo tus pesadillas y decidir si la terapia de ensayo en imaginación es tu camino. Y si además duermes mal en general, la guía completa de trastornos del sueño te ayuda a ordenar el resto.

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    Referencias

    Andrews, S., & Hanna, P. (2020). Investigating the psychological mechanisms underlying the relationship between nightmares, suicide and self-harm. Sleep Medicine Reviews, 54, 101352. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2020.101352

    Baños-Chaparro, J., Franco-Jimenez, A., Caycho-Rodríguez, T., Valencia-Pecho, D., Sarmiento-Suarez, E., Bernabel-Tarazona, D., & Rivera-Álvarez, G. (2025). Spanish translation and psychometric evidence of the Nightmare Disorder Index (NDI) in adults from the general population. European Journal of Investigation in Health, Psychology and Education, 15(11), 220. https://doi.org/10.3390/ejihpe15110220

    Bolstad, C. J., Bjorvatn, B., Chan, N. Y., Chung, F., Dauvilliers, Y., De Gennaro, L., Espie, C. A., Holzinger, B., Inoue, Y., Korman, M., Koscec Bjelajac, A., Landtblom, A., Macêdo, T., Matsui, K., Merikanto, I., Morin, C. M., Mota-Rolim, S., Penzel, T., Plazzi, G., … Nadorff, M. R. (2026). Prevalence rates of frequent dream recall and nightmares by age, gender and sleep duration in 16 countries. Journal of Sleep Research, 35(1), e70070. https://doi.org/10.1111/jsr.70070

    Casement, M. D., & Swanson, L. M. (2012). A meta-analysis of imagery rehearsal for post-trauma nightmares: Effects on nightmare frequency, sleep quality, and posttraumatic stress. Clinical Psychology Review, 32(6), 566-574. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2012.06.002

    Foa, E. B., Hembree, E. A., & Rothbaum, B. O. (2007). Prolonged exposure therapy for PTSD: Emotional processing of traumatic experiences. Therapist guide. Oxford University Press.

    Gieselmann, A., Ait Aoudia, M., Carr, M., Germain, A., Gorzka, R., Holzinger, B., Kleim, B., Krakow, B., Kunze, A. E., Lancee, J., Nadorff, M. R., Nielsen, T., Riemann, D., Sandahl, H., Schlarb, A. A., Schmid, C., Schredl, M., Spoormaker, V. I., Steil, R., … Pietrowsky, R. (2019). Aetiology and treatment of nightmare disorder: State of the art and future perspectives. Journal of Sleep Research, 28(4), e12820. https://doi.org/10.1111/jsr.12820

    Gieselmann, A., Böckermann, M., Sorbi, M., & Pietrowsky, R. (2017). The effects of an internet-based imagery rehearsal intervention: A randomized controlled trial. Psychotherapy and Psychosomatics, 86(4), 231-240. https://doi.org/10.1159/000470846

    Herman, J. L. (2015). Trauma and recovery: The aftermath of violence, from domestic abuse to political terror. Basic Books.

    Krakow, B., & Zadra, A. (2006). Clinical management of chronic nightmares: Imagery rehearsal therapy. Behavioral Sleep Medicine, 4(1), 45-70. https://doi.org/10.1207/s15402010bsm0401_4

    Krakow, B., Romero, E., Ulibarri, V. A., & Kikta, S. (2012). Prospective assessment of nocturnal awakenings in a case series of treatment-seeking chronic insomnia patients: A pilot study of subjective and objective causes. Sleep, 35(12), 1685-1692. https://doi.org/10.5665/sleep.2244

    Lancee, J., Effting, M., & Kunze, A. E. (2021). Telephone-guided imagery rehearsal therapy for nightmares: Efficacy and mediator of change. Journal of Sleep Research, 30(3), e13123. https://doi.org/10.1111/jsr.13123

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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