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  • Altas Capacidades en el Colegio: Cuando el Aburrimiento Es una Señal

    Altas Capacidades en el Colegio: Cuando el Aburrimiento Es una Señal

    Un profesor dice que tu hijo “no rinde según su potencial”. Otro dice que se distrae, que molesta, que termina las guías en dos minutos y después da vueltas por la sala.

    Tú ves en casa a un niño que hace preguntas que te dejan sin respuesta, que lee solo desde los cuatro años, que se aburre con una facilidad que no tienen sus compañeros.

    Y aun así, en el colegio, le va mal.

    ¿Te suena esta mezcla de niño brillante en casa y “problemático” en el colegio? Es el patrón que describe la literatura sobre altas capacidades en el colegio: inteligencia evidente en casa, bajo rendimiento o problemas de conducta en el aula.

    Un niño aburrido en clases no es, casi nunca, un niño sin ganas de aprender. No es una contradicción: es, muchas veces, la forma en que se presenta.

    En breve

    • El aburrimiento en clase no prueba que un niño tenga altas capacidades, pero es una de las señales que los manuales de identificación piden observar, junto con otras.
    • Puede convivir con TDAH, TEA o una dificultad de aprendizaje: eso se llama doble excepcionalidad, y es donde más se pierden los diagnósticos.
    • En Chile existe adaptación curricular en la práctica, pero depende hoy de cada colegio, no de un derecho reglamentado.

    Por qué el aburrimiento en clase puede ser una señal de altas capacidades

    El Manual de atención al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo por presentar altas capacidades intelectuales de la Junta de Andalucía, uno de los documentos de referencia en identificación escolar en español, incluye entre sus ítems de observación de conducta en el aula: que el alumno “termina pronto las tareas encomendadas al grupo clase”, que “se aburre en la realización de tareas repetitivas y mecánicas” y que “prefiere actividades complejas, novedosas y poco corrientes” (Barrera Dabrio et al., 2008).

    La lógica detrás del aburrimiento

    Tiene una lógica simple detrás. Si el ritmo de la clase está calibrado para el promedio del curso y un niño domina el contenido con una o dos explicaciones, lo que le queda por delante son minutos (a veces una clase entera) sin nada que lo rete.

    Ese tiempo muerto no se traduce en quietud. Se traduce en desconexión, en terminar rápido y ponerse a hacer otra cosa, en interrumpir, en parecer “flojo” justo cuando debería estar lúcido.

    El mismo manual es tajante sobre lo que pasa si esto no se atiende: “no articular las medidas adecuadas que den respuesta a las necesidades que presenta [el alumnado con altas capacidades] puede derivar en situaciones de frustración, falta de motivación, problemas de conducta, indiferencia hacia las materias escolares, en definitiva, en fracaso e inadaptación escolar” (Barrera Dabrio et al., 2008, pág. 12).

    Dicho de otro modo: una capacidad superior a la media no es, por sí sola, garantía de éxito escolar. Es justo lo contrario de lo que muchos padres asumen cuando ven que su hijo aprende rápido en casa.

    Lo que confirma la investigación

    La revisión sistemática de Raoof et al. (2024) sobre el bajo rendimiento en estudiantes con altas capacidades (33 estudios analizados de 282 revisados) confirma el mismo cruce desde la investigación: factores internos como la motivación y el estado emocional, y factores externos como la familia, el grupo de pares y el entorno socioeconómico, explican buena parte del subrendimiento en estos estudiantes.

    Es el resultado de una combinación de condiciones (no un rasgo fijo de personalidad), algunas de las cuales el colegio sí puede modificar.

    Qué son las altas capacidades intelectuales (y qué tan frecuentes son)

    El modelo más usado en los manuales de identificación escolar es el de los tres anillos de Joseph Renzulli, que define la sobredotación no como un número aislado de CI, sino como la confluencia de tres condiciones con peso parecido: una capacidad intelectual por sobre el promedio, un alto grado de dedicación y compromiso con las tareas (perseverancia, motivación de logro) y niveles altos de creatividad, entendida como fluidez y originalidad para resolver problemas (Renzulli, 1994, como se cita en Barrera Dabrio et al., 2008).

    Eso importa porque desplaza la pregunta de “¿qué tan alto es su CI?” a “¿cómo se combinan estas tres cosas en este niño en particular?”.

    Un niño puede tener una capacidad intelectual muy alta y, sin embargo, no mostrarla en el colegio si el compromiso con la tarea está apagado por aburrimiento o frustración. Eso es precisamente lo que describe el subrendimiento.

    Cuántos niños entran en este perfil

    La capacidad intelectual se distribuye en la población siguiendo una curva normal, con media 100 y desviación típica 15. Bajo ese criterio estadístico, alrededor de un 2 a 3% de la población obtiene un coeficiente de 130 o más, el umbral que el manual andaluz usa como referencia psicométrica para hablar de sobredotación intelectual, aplicado mediante pruebas de inteligencia individuales y estandarizadas (Colom, 2013; Barrera Dabrio et al., 2008).

    En un curso de 35 alumnos, eso puede ser cero, uno, a veces más si hay sesgos de admisión. No es un diagnóstico raro, pero tampoco es “todos los niños inteligentes”: el umbral es exigente a propósito.

    Si quieres entender cómo se diferencia este perfil de otros diagnósticos cognitivos, nuestra guía sobre discapacidad intelectual y altas capacidades desarrolla ambos extremos de la curva.

    Otras señales que conviene observar (en el aula y en casa)

    El aburrimiento ante tareas repetitivas no aparece solo. Suele venir acompañado de otras características que, juntas, pesan más que cualquier señal aislada:

    • Aprende conceptos nuevos con una o dos explicaciones, mucho más rápido que el ritmo del curso.
    • Hace preguntas que van más allá de lo esperado para su edad (sobre la muerte, la justicia, cómo funciona el universo), con una curiosidad que no se agota fácil.
    • Tiene un vocabulario y una forma de construir frases más avanzada que la de sus compañeros.
    • Prefiere actividades complejas o poco convencionales por sobre las mecánicas, y a veces prefiere jugar o conversar con niños mayores.
    • Es muy exigente consigo mismo (y a veces con los demás), con baja tolerancia a la frustración cuando algo no sale a la primera.
    • Vive las emociones con intensidad y cuestiona normas o autoridad cuando no les encuentra sentido.

    ¿Reconoces a tu hijo en más de una de estas señales? Nuestra guía para identificar a un niño con altas capacidades entra más en detalle en cada una, con el foco puesto en lo que se observa en casa.

    Ninguna de estas señales, tomada sola, confirma nada. Un niño inquieto en clase puede tener TDAH, ansiedad, un problema de visión o audición sin diagnosticar, o simplemente estar pasando por un mal momento en casa.

    Por qué incluso los profesores se confunden

    La propia literatura sobre identificación advierte que el profesorado suele tener dificultades reales para distinguir esto, sobre todo con el pensamiento creativo o divergente: Colom (2013) describe que en las primeras etapas escolares, algunos niños con pensamiento divergente terminan etiquetados por error como “tontos, revoltosos o con ideas raras”, antes de que alguien reconozca que lo que está pasando es justo lo contrario.

    Y hay otro sesgo documentado hace décadas en el aula: cuando a un profesor se le dice (de forma falsa) que un alumno es “superdotado”, el trato y el refuerzo que recibe ese alumno cambian según los estereotipos del propio profesor, no según su desempeño real (Rubovits y Maehr, 1973, citado en Colom, 2013).

    Las etiquetas, bien o mal puestas, hacen diferencia.

    Cuando el aburrimiento no es toda la historia: la doble excepcionalidad

    Hay un grupo de niños donde el cuadro se complica todavía más: los que tienen altas capacidades intelectuales y, al mismo tiempo, un TDAH, un trastorno del espectro autista o una dificultad de aprendizaje específica. En la literatura esto se conoce como doble excepcionalidad, y es justamente donde más se pierden los diagnósticos.

    Las dos condiciones tienden a enmascararse entre sí: la capacidad alta puede compensar la dificultad en las evaluaciones (el niño “se las arregla” y pasa de curso sin que nadie note el esfuerzo que le cuesta), y la dificultad puede frenar que la capacidad se traduzca en buenas notas, así que ninguna de las dos se identifica a tiempo.

    Si el cuadro que más te preocupa es distinguir esto de un TDAH sin altas capacidades de por medio, nuestra guía sobre cómo diferenciar una dificultad de aprendizaje de un TDAH explica los criterios que se usan para ese diagnóstico diferencial.

    Lo que encuentra la investigación

    La revisión de Beckmann y Minnaert (2018) sobre estudiantes con altas capacidades y dificultades de aprendizaje encontró, en 23 publicaciones analizadas, un patrón que se repite: alta frustración con la situación académica, baja autopercepción y emociones negativas, conviviendo con niveles altos de motivación y perseverancia en el mismo niño.

    Es esa dualidad (capaz y frustrado a la vez) la que hace que a estos estudiantes se les pase por alto tanto al evaluar la capacidad como al evaluar la dificultad.

    Dos casos reales de consulta

    Un ejemplo de cómo se ve esto en la práctica clínica aparece en un caso descrito en el manual de evaluación psicológica de Fernández-Ballesteros (2014): un niño de 8 años derivado por bajo rendimiento en matemáticas y ortografía, descrito por su profesora como “modélico” en conducta pero ausente en clase, con errores por descuido y bloqueos frente a las pruebas.

    Su CI global en el WISC-IV resultó normal-alto (112), pero con una discrepancia marcada en el índice de memoria de trabajo. La evaluación completa confirmó un trastorno de ansiedad generalizada: la preocupación constante le estaba consumiendo la memoria operativa y la velocidad de procesamiento, y eso (no una falta de capacidad) explicaba el bajo rendimiento.

    En otro caso del mismo manual, un joven de 18 años con habilidades fluidas muy altas (razonamiento abstracto y espacial en los percentiles 80-90, ideal para ingeniería) tenía a la vez un nivel muy bajo en habilidades verbales y numéricas, vinculado a una dislexia no compensada durante el colegio: pasó años sin que nadie conectara ambos extremos de su perfil.

    Cuando lo que se ve es “problema de conducta”

    La revisión de Tasca et al. (2024) sobre riesgo socioemocional y conductual en la superdotación intelectual (19 estudios) encontró retraimiento social en 3 de cada 8 estudios, ansiedad en 5 de cada 9 y conductas de hiperactividad en 3 de cada 5, con el TDAH como la comorbilidad más estudiada en este perfil.

    Es decir: lo que se lee en el aula como “problema de conducta” puede ser, en no pocos casos, la cara visible de una alta capacidad sin identificar, o de una doble excepcionalidad que todavía no tiene nombre.

    Esta conexión entre altas capacidades y perfiles neurodivergentes (TEA, TDAH) la revisamos con más detalle en altas capacidades y neurodivergencia.

    Qué dice la evidencia sobre lo que realmente ayuda

    No cualquier intervención sirve igual. La revisión sistemática de García-Martínez et al. (2021), que cribó 557 estudios sobre intervenciones educativas con alumnado de altas capacidades y se quedó con 14 que cumplían criterios de calidad, concluye que la atención educativa necesita personalizarse según las características e intereses de cada estudiante: un programa genérico, sin pre y post evaluación de su efecto, tiende a no funcionar.

    La misma revisión advierte que faltan estudios con diseños más rigurosos, lo que debería hacer que cualquier promesa de “programa milagroso” se mire con cautela.

    Donde sí hay un efecto medible es en los programas de enriquecimiento curricular. El metaanálisis de Gül y Ayık (2025), que sintetizó 16 estudios publicados entre 2014 y 2024, encontró un efecto grande sobre habilidades cognitivas (g = 1,14), moderado sobre habilidades afectivas personales (g = 0,51) y pequeño sobre habilidades afectivas sociales (g = 0,44).

    En términos simples: enriquecer el currículo (darle al niño material más complejo, profundo o abierto dentro de lo que ya está aprendiendo) tiene el impacto más claro sobre el desempeño cognitivo, y un impacto más modesto, pero real, sobre cómo se siente el niño consigo mismo y con sus pares.

    Cómo se identifican las altas capacidades en el colegio

    El manual andaluz describe un proceso con dos puertas de entrada, antes de llegar a cualquier evaluación formal (Barrera Dabrio et al., 2008):

    • Desde la familia: observación de rasgos avanzados para la edad, apoyada en escalas o cuestionarios que le quitan algo de la subjetividad pura a esa primera impresión.
    • Desde el colegio: el profesorado detecta a través de cinco vías: el expediente académico, la observación directa de la conducta, el análisis de tareas y producciones (dibujos, redacciones, cómo resuelve problemas), escalas de valoración estandarizadas, y pruebas colectivas aplicadas a todo el curso que puedan alertar de resultados muy por sobre el promedio.

    Si esa primera detección se sostiene, viene la evaluación psicopedagógica formal, a cargo de un orientador o psicólogo educacional, que combina pruebas de inteligencia individuales (Wechsler, Kaufman, Raven, entre otras), pruebas de creatividad, y una mirada a las variables socioafectivas: motivación, autoconcepto, estilo de aprendizaje.

    El manual es explícito en que esto no puede resolverse con una sola prueba aplicada una sola vez: tiene que ser “un proceso en el que se combinen estrategias objetivas y subjetivas e instrumentos diversos”, mirando más allá de lo puramente cognitivo (Barrera Dabrio et al., 2008, pág. 13).

    Vale la pena decirlo con todas sus letras: una sospecha inicial (de un profesor, de un padre, de este mismo artículo) es el punto de partida para pedir una evaluación, no una identificación ni el resultado de ella.

    Adaptación curricular en altas capacidades: qué existe en la práctica

    Cuando la evaluación confirma el perfil, el mismo manual propone tres niveles de respuesta, de menor a mayor intensidad (Barrera Dabrio et al., 2008):

    1. Medidas ordinarias, dentro del aula: contenidos con distinto grado de dificultad según el estudiante, actividades interdisciplinares o de libre elección, y agrupamiento flexible (reunir temporalmente a estudiantes de altas capacidades, dentro o fuera del aula regular, para trabajar con un currículo más desafiante en momentos puntuales).
    2. Enriquecimiento curricular: el estudiante permanece en su curso, pero amplía, profundiza o investiga sobre los temas donde su capacidad sobresale, con supervisión docente. Puede ser horizontal (ampliar sin adelantar contenidos de niveles superiores) o vertical (incorporar contenidos de un curso más avanzado).
    3. Aceleración: avanzar de curso antes de lo habitual. El manual la describe como una medida excepcional, que “debe ser adoptada con cautela” y solo cuando la evaluación psicopedagógica confirma que el estudiante ya domina los contenidos del nivel que va a adelantar y que la medida favorece su equilibrio personal, no solo su rendimiento académico.

    Ahora, la pregunta que de verdad preocupa a muchos padres en Chile: ¿esto es un derecho exigible, como lo es para otros diagnósticos dentro del Programa de Integración Escolar (PIE)?

    La respuesta honesta es que no, todavía no de forma específica. El Decreto 170 de 2009, que regula qué necesidades educativas especiales dan acceso a apoyo adicional y subvención dentro del PIE, no incluye hoy a las altas capacidades dentro de su listado de diagnósticos.

    Esto no es una opinión aislada: es un vacío señalado por quienes trabajan en política educativa, que plantean que “resulta urgente actualizar el listado de diagnósticos contemplados en el decreto, incorporando aquellos relacionados con la salud mental y las altas capacidades, entre otros” (Wasiliew Conget, 2024).

    En la práctica, esto significa que la adaptación curricular para altas capacidades en Chile depende hoy, sobre todo, de la buena disposición de cada colegio (algunos sí tienen protocolos propios, otros no tienen ninguno).

    Y si existe además un diagnóstico de TDAH, TEA o una dificultad de aprendizaje asociada (la doble excepcionalidad de la que hablamos antes), queda la vía que sí está regulada: el PIE por esa otra condición.

    Fuera del sistema escolar regular, también existen programas extracurriculares pensados específicamente para esto, como la Academia de Desarrollo de Talentos UC Rolando Chuaqui (antes PENTA UC), que ofrece talleres de profundización para estudiantes con talento académico desde los primeros años de enseñanza básica.

    El rol de la familia

    El manual dedica un apartado completo a esto, y vale la pena resumirlo bien porque corrige dos errores comunes.

    El primero: pensar que una capacidad intelectual alta implica que el niño ya no necesita ser tratado como un niño. El manual lo dice de forma directa: “las altas capacidades que posee un niño o niña no deben coartar el papel educador y socializador de su padre y madre” (Barrera Dabrio et al., 2008, pág. 37). La autoridad y el acompañamiento parental no cambian por el diagnóstico.

    El segundo error es asumir que, si la parte intelectual va bien, el resto del desarrollo va igual de bien. El manual advierte justamente contra esto: “en ocasiones se presupone que una capacidad intelectual superior conlleva un desarrollo similar en otros ámbitos, siendo descuidados los aspectos afectivo, emocional o social, con la consiguiente aparición de problemas” (pág. 37).

    Tu hijo sigue necesitando el mismo cariño, los mismos límites y la misma validación emocional que cualquier otro niño, y a veces más, porque su intensidad emocional suele ir a la par de su intensidad intelectual. Tiene sentido que no sepas si tratarlo “como lo que es” o “como el niño que también es”: las dos cosas son ciertas a la vez.

    En la práctica, el manual pide algo simple: que familia y colegio comparen notas con regularidad, que el colegio mantenga informada a la familia de las medidas que va a tomar y de los avances, y que ambas partes trabajen con la misma información en vez de cada una por su lado (Barrera Dabrio et al., 2008, pág. 33).

    Cuándo conviene pedir una evaluación profesional

    ¿Llevas tiempo viendo en casa a un niño curioso y capaz, mientras el colegio sigue reportando lo contrario? Conviene pedir una evaluación psicopedagógica o psicológica cuando se repiten varias de las señales descritas (no una sola), cuando el bajo rendimiento o los problemas de conducta persisten en el tiempo pese a eso, o cuando aparece la combinación más difícil de leer por sí sola: un niño con buena capacidad pero con un diagnóstico de TDAH, TEA o una dificultad de aprendizaje que no termina de explicar del todo lo que pasa en el aula.

    En ese escenario, una evaluación bien hecha no busca ponerle una etiqueta más al niño: busca entender qué parte del cuadro es capacidad sin estimular, qué parte es una condición que necesita su propio apoyo, y cómo se tratan las dos a la vez sin que una tape a la otra.

    Preguntas frecuentes

    ¿Todo niño que se aburre en clase tiene altas capacidades?

    No. El aburrimiento ante tareas repetitivas es una de varias señales que los manuales de identificación piden observar, pero por sí sola no confirma nada: puede explicarse por TDAH, ansiedad, problemas sensoriales o simplemente una mala racha. Solo una evaluación psicopedagógica o psicológica completa, con pruebas estandarizadas, puede confirmar altas capacidades.

    ¿Qué es la doble excepcionalidad?

    Es la coexistencia de altas capacidades intelectuales con una condición como TDAH, TEA o una dificultad de aprendizaje específica. Suele pasar desapercibida porque la capacidad alta compensa la dificultad en el rendimiento visible, y la dificultad frena que la capacidad se note en las notas: ninguna de las dos se identifica a tiempo si no se busca activamente.

    ¿Cuántos niños tienen altas capacidades intelectuales?

    Usando el criterio estadístico de un coeficiente intelectual de 130 o más (el umbral que usan manuales como el de la Junta de Andalucía), entre un 2 y un 3% de la población entra en ese rango. En un curso de 30 a 35 estudiantes, eso puede ser ninguno, uno, o algunos más si hay selección previa.

    ¿El colegio está obligado a hacer una adaptación curricular por altas capacidades en Chile?

    No existe, al día de hoy, una vía reglamentada específica dentro del Programa de Integración Escolar para altas capacidades: el Decreto 170 no las incluye en su listado de diagnósticos. En la práctica, la respuesta depende del protocolo propio de cada colegio, salvo que exista además un diagnóstico de TDAH, TEA u otra condición que sí esté cubierta.

    ¿Qué puedo hacer como padre o madre mientras se evalúa o mientras el colegio no tiene protocolo?

    Mantener una comunicación regular con el profesor para entender qué está pasando en el aula, buscar actividades extracurriculares que lo desafíen de verdad (talleres de ciencia, programas de talento académico, lectura libre, proyectos propios), y cuidar que el acompañamiento emocional no quede en segundo plano frente al foco en lo intelectual. La frustración y la baja tolerancia al error suelen pesar tanto como la capacidad misma.

    Antes de terminar

    Si después de leer esto reconoces varias de estas señales en tu hijo o hija, o si la combinación de capacidad y dificultad te tiene con más preguntas que respuestas, una evaluación profesional es el paso que ordena el resto. Puedes agendar una consulta para revisar juntos qué está pasando y qué camino conviene seguir.

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    Referencias

    Barrera Dabrio, Á., Durán Delgado, R., González Japón, J., & Reina Reina, C. L. (2008). Manual de atención al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo por presentar altas capacidades intelectuales. Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

    Beckmann, E., & Minnaert, A. (2018). Non-cognitive characteristics of gifted students with learning disabilities: An in-depth systematic review. Frontiers in Psychology, 9, 504. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2018.00504

    Colom Marañón, R. (2013). Psicología de las diferencias individuales: Teoría y práctica. Ediciones Pirámide.

    Fernández-Ballesteros, R. (2014). Evaluación psicológica: Conceptos, métodos y estudio de casos (2.ª ed.). Ediciones Pirámide.

    García-Martínez, I., Gutiérrez Cáceres, R., Luque de la Rosa, A., & León, S. P. (2021). Analysing educational interventions with gifted students. Systematic review. Children, 8(5), 365. https://doi.org/10.3390/children8050365

    Gül, M. D., & Ayık, Z. (2025). Impacts of enrichment programs on cognitive and affective skills of gifted students: A meta-analysis. PLoS One, 20, e0333714. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0333714

    Raoof, K., Shokri, O., Fathabadi, J., & Panaghi, L. (2024). Unpacking the underachievement of gifted students: A systematic review of internal and external factors. Heliyon, 10, e36908. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2024.e36908

    Tasca, I., Guidi, M., Turriziani, P., Mento, G., & Tarantino, V. (2024). Behavioral and socio-emotional disorders in intellectual giftedness: A systematic review. Child Psychiatry and Human Development, 55, 768-789. https://doi.org/10.1007/s10578-022-01420-w

    Wasiliew Conget, A. (2024, 9 de noviembre). Reforma al Decreto 170: un pendiente del Ejecutivo y una necesidad de las comunidades educativas [Columna de opinión]. El Mostrador. https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2024/11/09/reforma-al-decreto-170-un-pendiente-del-ejecutivo-y-una-necesidad-de-las-comunidades-educativas/

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo infantil. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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