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  • Depresión en Adolescentes: Las Señales que No Parecen Depresión

    Depresión en Adolescentes: Las Señales que No Parecen Depresión

    Un adolescente con depresión no siempre parece triste. Puede estar irritable, discutir por todo, bajar sus notas, encerrarse en su pieza o consultar varias veces por dolor de cabeza o de estómago. Por eso, la depresión en adolescentes a veces se interpreta como flojera, desafío, exceso de pantalla o una etapa que ya pasará.

    La señal más útil suele ser un cambio que se mantiene: dura dos semanas o más, aparece la mayor parte de los días, afecta el estudio, la familia o las amistades, y el adolescente ya no vuelve a ser él mismo después de descansar o hacer algo que antes disfrutaba.

    Esta guía está pensada para madres, padres y cuidadores. Ayuda a reconocer patrones de alerta, conversar sin juzgar, preguntar de forma directa por el suicidio y decidir cuándo buscar ayuda. No reemplaza una evaluación profesional ni permite diagnosticar a partir de una lista.

    Depresión en adolescentes: por qué puede verse como otra cosa

    En la adolescencia hay cambios normales de humor, necesidad de privacidad y conflictos por la autonomía. La depresión se distingue porque el cambio es más persistente, intenso y amplio: no queda limitado a una discusión o a un mal día, sino que alcanza varias áreas de la vida.

    Además, en niños y adolescentes el ánimo deprimido puede expresarse como irritabilidad. También pueden aparecer cansancio, quejas físicas, pérdida de interés, aislamiento y deterioro escolar. La guía para familias de la Academia Estadounidense de Psiquiatría Infantil y Adolescente destaca precisamente que el enojo y los dolores de cabeza o estómago pueden ser parte del cuadro.

    La depresión tampoco es una falta de carácter. Es un problema de salud en el que intervienen vulnerabilidades personales, antecedentes familiares y experiencias como estrés sostenido, acoso o enfermedad crónica. Una revisión clínica sobre la depresión en jóvenes de Thapar y colaboradores subraya que el riesgo aumenta por la combinación de factores, no por una causa única ni por culpa de la familia.

    Qué tan común es la depresión en adolescentes

    La respuesta cambia según lo que se mida. Un metaanálisis de 72 estudios (Shorey et al., 2021) estimó que alrededor de 8 % de los adolescentes tenía un trastorno depresivo mayor en un año. Cerca de 19 % lo había tenido alguna vez en la vida.

    La cifra que más circula es otra: 34 % mostraba síntomas depresivos elevados en cuestionarios de autorreporte. Ese porcentaje mide cuántos superan el punto de corte de una escala. Sirve para detectar a quienes necesitan una evaluación, y no equivale a un diagnóstico.

    Los mismos autores observaron que los síntomas elevados pasaron de 24 % entre 2001 y 2010 a 37 % entre 2011 y 2020. La revisión clínica de Thapar et al. (2022) describe el mismo aumento en la última década, sobre todo en mujeres.

    Qué cambia con la edad y entre mujeres y hombres

    La adolescencia es la etapa en que aparece la brecha entre sexos. Un metaanálisis con datos nacionales de más de 90 países (Salk et al., 2017) encontró que la diferencia en los diagnósticos ya se veía a los 12 años, con un odds ratio de 2,37. Alcanzaba su máximo entre los 13 y los 15 años, con un odds ratio de 3,02.

    En los síntomas, la diferencia llegó a su punto más alto a los 16 años. Después bajó y se mantuvo estable en la adultez.

    En la práctica, una adolescente que se irrita y se aísla tiene más probabilidad estadística de estar deprimida que un varón de su edad. Aun así, la depresión en hombres también se pasa por alto, como advierten los autores. Más que la edad exacta, importa el cambio respecto de cómo era antes, que se describe más abajo.

    Causas y factores de riesgo de la depresión en adolescentes

    No existe una causa única. Según la revisión de Thapar et al. (2022), el riesgo es especialmente alto en estos casos:

    • Antecedentes familiares de depresión.
    • Estrés social: acoso, relaciones conflictivas o acontecimientos vitales estresantes.
    • Un problema de salud física crónico o ser parte de una minoría sexual.

    Los mismos autores incluyen entre los antecedentes clínicos los síntomas depresivos, la ansiedad y la irritabilidad. Por eso la irritabilidad sostenida merece atención aunque no haya tristeza visible.

    Estos factores aumentan la probabilidad de depresión, pero ninguno la determina ni señala a un integrante de la familia como culpable. Sirven para decidir cuándo estar más atento: la evidencia favorece intervenir en quienes ya tienen factores de riesgo o síntomas, por sobre las medidas dirigidas a todos por igual.

    7 síntomas de depresión en adolescentes que suelen confundirse

    1. Irritabilidad que ocupa casi todo

    Puede haber respuestas cortantes, peleas frecuentes, impaciencia o explosiones por asuntos pequeños. Lo importante es comparar con la forma habitual de ser del adolescente. Una discusión puntual no basta; preocupa un cambio sostenido, difícil de regular y acompañado por otros signos.

    En vez de concluir «está manipulando» o «se volvió insoportable», conviene preguntarse qué hay detrás del enojo: agotamiento, culpa, desesperanza, ansiedad, vergüenza o la sensación de que nada puede mejorar.

    2. Bajas notas, atrasos o ausencias

    La depresión puede afectar la concentración, la memoria de trabajo, la motivación y el sueño. Desde fuera parece desinterés o flojera; desde dentro, leer una página, levantarse a tiempo o comenzar una tarea puede sentirse abrumador.

    Una caída brusca del rendimiento, la pérdida de trabajos, faltar a clases o dejar de participar merecen atención, sobre todo si antes funcionaba de otra manera. Antes de castigar el resultado, hace falta entender qué cambió.

    3. Encerrarse y dejar de ver a sus amistades

    Buscar privacidad es normal. La alerta aparece cuando el adolescente abandona de forma sostenida a las personas y actividades que antes le importaban, rechaza todos los planes o pasa el tiempo aislado sin obtener alivio.

    No siempre dirá «estoy solo». Puede decir que todos le molestan, que salir no vale la pena o que prefiere dormir. También puede seguir conectado por mensajes y, aun así, sentirse desconectado de los demás.

    4. Dolores de cabeza, de estómago o cansancio sin explicación clara

    Los síntomas físicos son reales, aunque una evaluación médica no encuentre una causa suficiente para explicar su frecuencia o intensidad. Cefaleas, molestias digestivas, tensión corporal y falta de energía pueden acompañar la depresión.

    Primero corresponde descartar problemas médicos. Si los dolores reaparecen junto con irritabilidad, sueño alterado, aislamiento o pérdida de interés, la evaluación también debería considerar la salud mental.

    5. Cambios en el sueño, el apetito o el autocuidado

    Dormir mucho, no poder dormir, invertir el horario, comer bastante más o menos, dejar de ducharse o usar siempre la misma ropa pueden reflejar que el funcionamiento cotidiano se está deteriorando. Ningún cambio por separado demuestra depresión, pero el conjunto importa.

    También conviene observar si el fin de semana permite recuperarse. Cuando ni el descanso ni una actividad antes agradable producen un cambio claro, la señal pesa más.

    6. Conductas de riesgo, consumo o autolesiones

    Conducir de forma temeraria, exponerse a situaciones peligrosas, aumentar el consumo de alcohol u otras sustancias o hacerse cortes puede ser una forma de escapar del malestar, sentir algo o pedir ayuda sin palabras.

    Las autolesiones no significan siempre que exista intención de morir, pero sí indican sufrimiento y aumentan la necesidad de una evaluación pronta. No se castigan ni se convierten en un interrogatorio. Se responden con calma, seguridad y ayuda profesional.

    7. Un uso del teléfono que parece imposible de interrumpir

    El número total de horas no explica por sí solo la depresión. Un estudio longitudinal de Xiao y colaboradores encontró que las trayectorias de uso adictivo de redes sociales, teléfono y videojuegos se asociaban con peores resultados de salud mental, mientras que el tiempo de pantalla de base no mostraba la misma relación.

    Esto no permite afirmar que el teléfono haya causado la depresión. La señal útil es el patrón: pérdida de control, uso para escapar, conflicto al intentar parar y desplazamiento del sueño, el estudio, el movimiento o los vínculos. Quitar el dispositivo como único castigo puede aumentar el aislamiento sin tratar lo que ocurre debajo.

    ¿Adolescencia normal o depresión? Mira el patrón, no una señal

    Aspecto Cambio frecuente en la adolescencia Señal que merece evaluación
    Duración Horas o algunos días, ligada a una situación Dos semanas o más, la mayor parte de los días
    Punto de partida Sigue siendo reconocible dentro de su forma habitual Hay un cambio claro respecto de cómo era antes
    Placer Se irrita, pero todavía disfruta algunas cosas Casi nada le interesa o le produce alivio
    Alcance El conflicto queda en un área Se afectan estudio, familia, amistades o autocuidado
    Recuperación Mejora con descanso, apoyo o una actividad agradable El malestar persiste aunque cambie el contexto
    Seguridad No hay ideas de muerte ni autolesiones Habla de desaparecer, morir, ser una carga o se hace daño

    El umbral de dos semanas orienta, pero no hay que esperar si existe riesgo suicida, autolesiones, pérdida marcada de funcionamiento, síntomas psicóticos o una conducta peligrosa.

    Para ubicar estas señales dentro de un panorama más amplio, puede revisar la guía sobre trastornos psicológicos en la adolescencia.

    Mi hijo adolescente está deprimido: cómo abrir la conversación

    Elija un momento sin apuro y describa hechos observables. Una entrada posible es:

    «Te he visto más irritable, estás durmiendo poco y dejaste de juntarte con tus amigos. No estás en problemas. Me preocupa cómo te has estado sintiendo y quiero entenderte. ¿Qué ha sido lo más difícil estas semanas?»

    Después, haga espacio para la respuesta. Puede ayudar:

    • Escuchar antes de ofrecer soluciones.
    • Validar la emoción sin tener que estar de acuerdo con todas sus conclusiones: «entiendo que te sientas sobrepasado».
    • Preguntar qué necesita hoy: compañía, ayuda con una tarea, dormir, hablar con alguien o una consulta.
    • Ofrecer opciones acotadas: médico, psicólogo, orientador del colegio o una persona adulta de confianza.
    • Retomar la conversación si al principio responde «no sé» o «déjame». Un intento que sale mal no cierra la puerta.

    Si pide privacidad, se puede respetar parte de ella, pero no guardar en secreto un riesgo de daño. La seguridad tiene prioridad.

    Cómo ayudar a un adolescente con depresión: qué no decir y qué sí ayuda

    Evita Prueba con
    «No tienes motivos para estar mal» «No necesito entenderlo todo para tomarte en serio»
    «Pon de tu parte» «¿Qué es lo más difícil de hacer hoy?»
    «Todos pasamos por eso» «Lo que te pasa merece atención»
    «Con todo lo que tienes, deberías agradecer» «Veo que estás sufriendo, aunque desde fuera tu vida parezca estar bien»
    «Si sigues encerrado, te quito el teléfono y tus amigos» «Vamos a recuperar rutinas sin dejarte solo ni cortar tus apoyos»
    «Prométeme que no harás ninguna tontería» «¿Has pensado en hacerte daño o en morir?»

    La guía de la AACAP recomienda reducir la crítica, el sarcasmo y la culpa, bajar temporalmente las exigencias cuando sea necesario y evitar retirar amistades o actividades saludables como castigo. Acompañar no significa eliminar todos los límites; significa que los límites no sustituyen la evaluación ni el tratamiento.

    Cómo preguntar por ideas de muerte o suicidio

    Preguntar de forma directa no pone la idea en la cabeza ni aumenta el riesgo. El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos recomienda hablar del tema con claridad.

    Puede preguntar, en este orden:

    1. «¿Has pensado que preferirías no despertar o estar muerto?»
    2. «¿Has pensado en hacerte daño o quitarte la vida?»
    3. Si responde que sí: «¿Has pensado cómo, cuándo o dónde?» y «¿Tienes acceso a algo que podrías usar?»

    Escuche sin discutir ni reaccionar con enojo. No prometa guardar el secreto. Si hay intención actual, un plan, acceso a medios, una tentativa reciente o la persona no puede mantenerse segura:

    • No la deje sola.
    • Retire medicamentos, armas u otros medios peligrosos si puede hacerlo sin exponerse.
    • Llame a la línea *4141, No estás solo, no estás sola, servicio gratuito del Ministerio de Salud atendido por psicólogos las 24 horas desde teléfonos móviles.
    • Acuda a un servicio de urgencia o llame al número local de emergencias si el peligro es inmediato.

    El *4141 es un apoyo de crisis, no reemplaza la atención presencial cuando existe peligro inminente.

    Cuándo consultar por síntomas de depresión en adolescentes

    Solicite una evaluación en los próximos días si el cambio dura dos semanas o más, afecta las clases, las relaciones o el autocuidado, o si el adolescente dice que ya no puede con lo que siente. También corresponde consultar antes si el deterioro avanza con rapidez.

    Busque ayuda urgente si aparece cualquiera de estas situaciones:

    • Ideas actuales de suicidio, un plan o acceso a medios.
    • Una tentativa, autolesiones que requieren atención o intoxicación.
    • Alucinaciones, ideas delirantes, desorganización o pérdida de contacto con la realidad.
    • Varios días con muy poca necesidad de dormir, energía inusual, verborrea o conductas de alto riesgo, porque podría haber un episodio maníaco y no una depresión unipolar.
    • Incapacidad para comer, beber, levantarse o mantenerse a salvo.

    No hace falta tener la certeza de que es depresión para pedir ayuda. La consulta sirve precisamente para distinguir entre depresión, ansiedad, problemas de sueño, consumo, acoso, duelo, una condición médica u otra dificultad.

    Tratamiento de la depresión en adolescentes: cómo se evalúa y cómo se trata

    La evaluación no consiste en un solo test. Las recomendaciones GLAD-PC para atención primaria, reafirmadas por la Academia Estadounidense de Pediatría en 2025, indican combinar entrevista clínica, información del adolescente y su cuidador, criterios diagnósticos y herramientas validadas. Parte de la entrevista debería hacerse a solas con el adolescente para facilitar respuestas honestas.

    El profesional preguntará por duración, intensidad, funcionamiento, autolesiones, suicidio, consumo, trauma, acoso, antecedentes familiares y episodios de energía anormalmente alta. También valorará causas médicas y otros diagnósticos posibles. El CDI o escalas semejantes pueden apoyar la evaluación, pero no reemplazan el diagnóstico clínico.

    El tratamiento depende de la gravedad, la edad, las preferencias y el riesgo. Puede incluir apoyo familiar, ajustes escolares, psicoterapia y, en algunos casos, medicamentos indicados y vigilados por un médico. Un metaanálisis amplio encontró un efecto beneficioso de la terapia cognitivo-conductual en niños y adolescentes con depresión, aunque el tamaño del efecto fue menor que en adultos (Cuijpers et al., 2023).

    Para depresión moderada o grave, la evidencia comparativa sugiere que la fluoxetina, sola o combinada con terapia cognitivo-conductual, se encuentra entre las opciones con mejor respaldo, pero la certeza de varias comparaciones es baja y la decisión debe individualizarse (Zhou et al., 2020). Las guías GLAD-PC de tratamiento recomiendan seguimiento estrecho de síntomas, funcionamiento, efectos adversos y riesgo suicida.

    La recuperación es posible, pero no siempre es lineal. Mantener controles, involucrar al adolescente en las decisiones y contar con un plan de seguridad reduce el riesgo de abandonar el tratamiento justo cuando más se necesita.

    Depresión adolescente en Chile: dónde pedir ayuda

    Puede comenzar en el CESFAM, con pediatría o medicina general, con un profesional de salud mental o con el equipo de convivencia u orientación del establecimiento educacional. Si ya existe atención, avise al profesional ante cualquier empeoramiento o señal de riesgo.

    Para personas de 15 años y más, la depresión está incluida en el GES. La Superintendencia de Salud informa que el tratamiento debe comenzar de inmediato tras la confirmación diagnóstica y que la consulta con especialista, cuando corresponde, tiene un plazo máximo de 30 días.

    En menores de 15 años, el GES específico cubre el tratamiento hospitalario de la depresión grave, refractaria o psicótica con riesgo suicida. Esto no significa que un menor con síntomas menos graves deba esperar: puede ser evaluado en la red de salud aunque no cumpla ese problema GES.

    Si necesita orientación para acompañar a otra persona, también puede revisar cómo ayudar a alguien con depresión y la guía general sobre depresión.

    Preguntas frecuentes

    ¿La irritabilidad puede ser depresión en un adolescente?

    Sí. En adolescentes, la depresión puede presentarse con ánimo irritable en lugar de tristeza visible. Preocupa más cuando el enojo marca un cambio respecto de su forma habitual, dura dos semanas o más y aparece junto con pérdida de interés, problemas de sueño, aislamiento, cansancio o deterioro escolar.

    ¿Cuánto tiempo debo esperar antes de consultar?

    Si los síntomas se mantienen la mayor parte de los días durante dos semanas, afectan el funcionamiento o van empeorando, conviene pedir una evaluación. No espere dos semanas si hay autolesiones, ideas suicidas, psicosis, conducta peligrosa o incapacidad para mantenerse a salvo.

    ¿Qué hago si mi hijo no quiere ir al psicólogo?

    Empiece por escuchar qué rechaza: miedo, vergüenza, una mala experiencia o sentir que otros decidirán por él. Ofrézcale elegir entre profesionales o comenzar con un médico de confianza. Usted puede consultar primero para recibir orientación. Si existe riesgo inmediato, la seguridad prevalece aunque no quiera asistir.

    ¿Preguntar por suicidio puede darle la idea?

    No. Preguntar con calma y de forma directa no provoca pensamientos suicidas ni aumenta el riesgo. Puede abrir una vía para pedir ayuda. Si responde que sí, pregunte por intención, plan y acceso a medios, no lo deje solo y busque apoyo urgente.

    ¿El teléfono o las redes sociales causan depresión?

    No se puede concluir eso a partir de una sola conducta. Importa más el patrón de uso compulsivo, la pérdida de control y si desplaza el sueño, el estudio, la actividad física o los vínculos. El uso problemático puede ser una señal, una forma de escape o un factor que mantenga el malestar.

    ¿La depresión en adolescentes se puede tratar?

    Sí. La psicoterapia, el apoyo familiar y escolar y, cuando está indicado, el tratamiento médico pueden ayudar. La opción adecuada depende de la gravedad y el riesgo. El seguimiento es importante porque la mejoría puede tomar tiempo y los síntomas pueden reaparecer.

    Para llevar

    No busque una cara triste como única prueba. Mire el cambio respecto de su forma habitual, cuánto dura, cuántas áreas afecta y si perdió la capacidad de disfrutar. Describa lo que observa, escuche sin minimizar y pregunte directamente por la seguridad.

    Si quiere orientación profesional, puede agendar una consulta. Si hay riesgo inmediato, no espere una hora programada: acompañe al adolescente y acuda a urgencias.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. (2018). Depression: Parents’ Medication Guide. https://www.aacap.org/App_Themes/AACAP/docs/resource_centers/resources/med_guides/DepressionGuide-web.pdf

    Cheung, A. H., Zuckerbrot, R. A., Jensen, P. S., Laraque, D., Stein, R. E. K., & GLAD-PC Steering Group. (2018). Guidelines for Adolescent Depression in Primary Care (GLAD-PC): Part II. Treatment and ongoing management. Pediatrics, 141(3), e20174082. https://doi.org/10.1542/peds.2017-4082

    Cuijpers, P., Miguel, C., Harrer, M., Plessen, C. Y., Ciharova, M., Ebert, D., & Karyotaki, E. (2023). Cognitive behavior therapy vs. control conditions, other psychotherapies, pharmacotherapies and combined treatment for depression: A comprehensive meta-analysis including 409 trials with 52,702 patients. World Psychiatry, 22(1), 105-115. https://doi.org/10.1002/wps.21069

    Instituto Nacional de Salud Mental. (s. f.). Preguntas frecuentes sobre el suicidio. https://www.nimh.nih.gov/health/publications/espanol/preguntas-frecuentes-sobre-el-suicidio

    Ministerio de Salud de Chile. (s. f.). Línea de atención *4141: No estás solo, no estás sola. https://www.minsal.cl/linea-de-atencion-4141-no-estas-solo-no-estas-sola/

    Salk, R. H., Hyde, J. S., & Abramson, L. Y. (2017). Gender differences in depression in representative national samples: Meta-analyses of diagnoses and symptoms. Psychological Bulletin, 143(8), 783-822. https://doi.org/10.1037/bul0000102

    Shorey, S., Ng, E. D., & Wong, C. H. J. (2021). Global prevalence of depression and elevated depressive symptoms among adolescents: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Clinical Psychology, 61(2), 287-305. https://doi.org/10.1111/bjc.12333

    Superintendencia de Salud. (s. f.). Depresión en personas de 15 años y más. https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/depresion-en-personas-de-15-anos-y-mas/

    Superintendencia de Salud. (s. f.). Tratamiento hospitalario para personas menores de 15 años con depresión grave, refractaria o psicótica con riesgo suicida. https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/tratamiento-hospitalario-para-personas-menores-de-15-anos-con-depresion-grave-refractaria-o-psicotica-con-riesgo-suicida/

    Thapar, A., Eyre, O., Patel, V., & Brent, D. (2022). Depression in young people. The Lancet, 400(10352), 617-631. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(22)01012-1

    Xiao, Y., Meng, Y., Brown, T. T., Keyes, K. M., & Mann, J. J. (2025). Addictive screen use trajectories and suicidal behaviors, suicidal ideation, and mental health in US youths. JAMA, 334(3), 219-228. https://doi.org/10.1001/jama.2025.7829

    Zhou, X., Teng, T., Zhang, Y., Del Giovane, C., Furukawa, T. A., Weisz, J. R., Li, X., Cuijpers, P., Coghill, D., Xiang, Y., Hetrick, S. E., Leucht, S., Qin, M., Barth, J., Ravindran, A. V., Yang, L., Curry, J., Fan, L., Silva, S. G., … Xie, P. (2020). Comparative efficacy and acceptability of antidepressants, psychotherapies, and their combination for acute treatment of children and adolescents with depressive disorder: A systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 7(7), 581-601. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(20)30137-1

    Zuckerbrot, R. A., Cheung, A., Jensen, P. S., Stein, R. E. K., Laraque, D., & GLAD-PC Steering Group. (2018). Guidelines for Adolescent Depression in Primary Care (GLAD-PC): Part I. Practice preparation, identification, assessment, and initial management. Pediatrics, 141(3), e20174081. https://doi.org/10.1542/peds.2017-4081

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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  • Depresión en Hombres: Los Síntomas que Se Disfrazan

    Depresión en Hombres: Los Síntomas que Se Disfrazan

    Él no llora. No dice que está triste. Lo que hay es un mal genio que antes no tenía, dos o tres cervezas más de las que solía tomar, horas de más en el trabajo y un «estoy bien, déjame tranquilo» cada vez que alguien pregunta. Nadie en la casa le pone el nombre de depresión, y él menos que nadie. Si algo de esto te suena, sea porque lo ves en tu pareja, en tu papá, en un amigo, o porque te describe a ti, esta guía sobre depresión en hombres es para eso.

    Aquí vas a encontrar cómo se ve la depresión en hombres cuando no se parece a la depresión de los folletos, por qué la mitad de los casos se queda sin diagnóstico, qué dicen las cifras chilenas de consulta y de suicidio, y cómo hablarle a un hombre que no quiere hablar. Todo con la evidencia a la vista.

    Respuesta corta: la depresión masculina existe con la misma frecuencia con que se diagnostica menos. Muchos hombres no la sienten como tristeza sino como irritabilidad, ira, consumo de alcohol, exceso de trabajo, conductas de riesgo o dolores sin causa. Cuando esos síntomas se cuentan, la brecha entre hombres y mujeres casi desaparece. En Chile, los hombres consultan menos y mueren por suicidio unas cuatro veces más que las mujeres. Se trata, y se trata bien, pero primero hay que verla.

    Depresión en hombres vs. mujeres: ¿por qué en ellos pasa desapercibida?

    La depresión se diagnostica el doble en mujeres que en hombres. Eso es real y está medido: dos metaanálisis con datos de más de 90 países encontraron que las mujeres tienen casi el doble de probabilidad de recibir un diagnóstico de depresión mayor (Salk et al., 2017). La brecha aparece a los 12 años, llega a su máximo en la adolescencia y después se mantiene toda la vida adulta. Beck, Rush, Shaw y Emery (2024, pp. 26-27) recogen el mismo dato en su manual de terapia cognitiva de la depresión y anotan que esa diferencia no existe en el trastorno bipolar.

    Los mismos autores del metaanálisis cierran con una frase que vale la pena leer dos veces: la magnitud de la diferencia indica que la depresión en los hombres no debe pasarse por alto. Que sea menos frecuente no la hace rara. Y hay razones para pensar que ni siquiera es tan menos frecuente.

    Los criterios diagnósticos de la depresión (ánimo bajo, pérdida de interés, llanto, culpa, cambios de sueño y apetito) describen bien cómo la viven muchas personas, pero dejan fuera una parte de cómo la viven muchos hombres. Un análisis de una encuesta nacional de Estados Unidos lo puso a prueba: cuando se midieron solo los síntomas «de tipo masculino» (ataques de ira, agresividad, abuso de sustancias, conductas de riesgo), más hombres que mujeres cumplían criterios de depresión, 26,3 % frente a 21,9 %. Cuando se combinaron los síntomas clásicos con los alternativos, la diferencia por sexo desapareció: 30,6 % de hombres y 33,3 % de mujeres (Martin et al., 2013).

    Dicho en simple: si preguntas por tristeza, encuentras más mujeres deprimidas. Si además preguntas por rabia, alcohol y riesgo, encuentras a los hombres que la primera pregunta se saltó.

    En Chile la brecha de diagnóstico es todavía más grande que la internacional. Según el análisis de la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, la prevalencia de depresión fue de 10,1 % en mujeres y 2,1 % en hombres, y la sospecha de depresión medida con un cuestionario de síntomas fue de 21,7 % frente a 10,0 % (Nazar et al., 2021). Una diferencia de cinco veces en el diagnóstico y de dos veces en los síntomas. Ese hueco entre las dos cifras es, en buena parte, depresión masculina que no llega a ninguna consulta.

    Un grupo de investigadores propuso una hipótesis para explicar la paradoja: las mujeres reportarían más la depresión leve y moderada, y los hombres aparecerían más en el extremo grave y en el suicidio, por dos vías: un estilo de afrontamiento que no expresa emociones ni pide ayuda, y una forma distinta de sintomatizar (Shi et al., 2021). Es una hipótesis, no un hecho comprobado, pero encaja con casi todo lo que sigue.

    Síntomas de depresión en hombres: los que no parecen depresión

    Los síntomas de depresión en hombres incluyen los clásicos (ánimo bajo, cansancio, insomnio, pérdida de interés) y además un conjunto que casi nunca se reconoce como depresión: irritabilidad, ira, consumo de alcohol, exceso de trabajo, conductas de riesgo y quejas físicas. Los profesionales los llaman síntomas externalizantes, porque en vez de volcarse hacia adentro (tristeza, llanto) se descargan hacia afuera.

    Esto no es una impresión clínica suelta. Una revisión sistemática con metaanálisis de 32 estudios y más de 108.000 participantes con depresión encontró que los hombres deprimidos reportan con más frecuencia e intensidad abuso de alcohol o drogas y conductas de riesgo o mal control de impulsos, mientras que las mujeres deprimidas reportan más los síntomas que figuran en los manuales: ánimo deprimido, cambios de apetito y alteraciones del sueño (Cavanagh et al., 2017). Los autores recomiendan algo muy concreto: al evaluar depresión en un hombre, preguntar por consumo, riesgo e impulsividad.

    La escala de riesgo de depresión masculina más estudiada, la MDRS-22, agrupa esos síntomas en seis dominios: supresión emocional, consumo de drogas, consumo de alcohol, ira y agresividad, síntomas somáticos y conductas de riesgo (Rice et al., 2013). Es un buen mapa de lo que hay que mirar:

    Lo que se ve desde afuera Lo que puede haber debajo
    Se enoja por cualquier cosa, contesta mal, «anda insoportable» Irritabilidad e ira como forma de expresar el malestar
    Toma más que antes, o empezó a tomar solo Alcohol para apagar el ánimo o poder dormir
    Llega tarde del trabajo, se queda en el gimnasio, no para nunca Sobreactividad para no quedarse a solas con lo que siente
    Maneja más rápido, apuesta, gasta de más, se mete en peleas Conductas de riesgo y mal control de impulsos
    Dolor de espalda, de cabeza, problemas digestivos, insomnio, menos deseo sexual Síntomas somáticos de la depresión
    «Estoy bien», se encierra, deja de responder mensajes Supresión emocional y aislamiento

    Ninguna de estas señales, sola, es depresión. Todas juntas, sostenidas durante semanas y con un cambio claro respecto a cómo era él antes, sí obligan a preguntarse.

    En un estudio cualitativo con hombres adultos chilenos que habían pasado por una depresión, los entrevistados describieron constelaciones de síntomas que no coincidían con los manuales diagnósticos, y sus historias se agruparon en tres tipos de relato: frustración, quiebre e inseguridad (Aguayo, 2022). No era gente que «no supiera» que estaba mal. Era gente que no encontraba, en la palabra depresión, algo que se pareciera a lo suyo.

    Irritabilidad y «mal genio»: ¿depresión masculina o carácter?

    La irritabilidad es el síntoma que más confunde, porque se lee como un problema de carácter o de pareja y no como un problema de salud. Beck y sus colaboradores (2024, p. 31) señalan que las personas deprimidas sienten con frecuencia irritabilidad, sobre todo hacia las personas más cercanas, y que encima sienten vergüenza por sentirla. O sea: él se enoja contigo, después se siente peor por haberse enojado, y ese círculo alimenta la depresión.

    La pista para distinguir el mal genio de la depresión es el cambio. Un hombre que siempre fue de pocas pulgas no está deprimido por serlo. Uno que era tranquilo y desde hace dos meses salta por todo, duerme mal y dejó de disfrutar lo que le gustaba, probablemente sí.

    Alcohol, trabajo y otras formas de no sentir

    El alcohol merece un párrafo aparte, porque es a la vez síntoma, anestesia y agravante. En el metaanálisis de Cavanagh y colaboradores (2017) el consumo de alcohol y drogas fue una de las dos diferencias más claras entre hombres y mujeres deprimidos. Y el alcohol empeora el sueño, el ánimo y el control de impulsos, así que la depresión que intenta tapar termina más grande.

    Si ves que el consumo subió al mismo tiempo que el ánimo bajó, vale la pena mirarlo con un instrumento serio. El test AUDIT de consumo de alcohol tarda tres minutos y da una idea honesta de en qué punto está.

    El exceso de trabajo es la versión socialmente aplaudida del mismo mecanismo. Nadie le dice a un hombre que trabaja doce horas que consulte a un psicólogo; le dicen que es responsable. Pero cuando el trabajo (o el deporte, o las pantallas) se usa para no estar nunca en silencio, funciona igual que la copa: posterga el momento de mirar lo que pasa.

    La brecha de consulta: por qué no pide ayuda

    Los hombres consultan menos por depresión, y el motivo principal no es biológico, es aprendido. Una revisión sistemática de 37 estudios encontró que apegarse a las normas masculinas tradicionales (ser fuerte, no mostrar debilidad, arreglárselas solo) tiene un efecto triple en los hombres con depresión: cambia cómo se expresan los síntomas, reduce la intención y la conducta real de pedir ayuda, y afecta cómo manejan lo que sienten (Seidler et al., 2016). Una revisión más reciente de 47 estudios llegó al mismo lugar: esas normas disuaden de buscar apoyo en salud mental, y los servicios necesitan adaptarse a eso en vez de esperar que el hombre se adapte a ellos (Mokhwelepa & Sumbane, 2025).

    En la práctica, eso significa que el hombre deprimido rara vez llega diciendo «estoy deprimido». Llega al médico por el dolor de espalda, por el insomnio, por la presión alta, o lo trae la pareja porque «ya no se le aguanta». El diagnóstico depende de que alguien, en ese punto, haga la pregunta correcta.

    Depresión masculina y suicidio en Chile: la cifra que obliga a mirar

    La razón por la que este tema no es un detalle académico es el suicidio. En Chile, según el Ministerio de Salud, la mortalidad por suicidio es cerca de cuatro veces mayor en hombres que en mujeres. Con datos oficiales del DEIS, una revisión publicada en la Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría reporta una tasa de 17,3 muertes por suicidio por cada 100.000 hombres frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, con el 70 % de las muertes en hombres, y tasas todavía más altas en los hombres mayores de 80 años (Estadella-Guerra et al., 2023). El patrón no es chileno: a nivel internacional los hombres tienen una mortalidad por suicidio entre dos y cuatro veces mayor que las mujeres, y piden menos ayuda (Shi et al., 2026).

    Junta las dos cosas: se diagnostica cinco veces menos depresión en hombres, y mueren cuatro veces más por suicidio. Esa distancia es el costo de los síntomas que se disfrazan.

    Hay señales de alarma que conviene conocer, más allá de las de la depresión en general: regalar cosas que valoraba, despedirse de manera rara, poner papeles en orden sin motivo, hablar de ser una carga o de que «los demás estarían mejor», un aumento brusco del consumo, o una calma repentina después de semanas de estar mal. Cualquiera de ellas amerita preguntar directamente, con calma y sin rodeos, si ha pensado en quitarse la vida, y buscar ayuda profesional ese mismo día.

    Si necesitas orientación ahora, Salud Responde del MINSAL atiende las 24 horas en el 600 360 7777, y la línea *4141 (Hospital Digital) es gratuita para ideación suicida y funciona a toda hora. Si el riesgo es inmediato, urgencias del hospital o CESFAM más cercano.

    Lo alentador es que los sistemas de salud sí pueden mover esa cifra. Una revisión sistemática de intervenciones en atención primaria encontró que los programas comunitarios que incluyen formación de los médicos generales para detectar depresión y riesgo en hombres se asociaron a reducciones de la mortalidad masculina por suicidio frente a regiones sin el programa, y que las intervenciones sobre consumo de alcohol en el consultorio redujeron el consumo dañino (Ahmed et al., 2025). La detección en el primer contacto salva vidas; por eso importa tanto que la depresión masculina se reconozca donde él sí llega.

    ¿Existe un test de depresión para hombres?

    Existen escalas diseñadas para los síntomas masculinos, pero ninguna tiene todavía un punto de corte validado en población hispanohablante, así que aquí no vas a encontrar un test con puntaje que te diga «depresión masculina sí o no». Sería inventar un resultado.

    Lo que sí hay: la Escala de Depresión Masculina de Gotland, la MDRS-22 y su versión breve MDRS-7, y la GSDS-26. Una revisión de 2026 sobre estas herramientas concluye que captan dominios que las escalas tradicionales no miden (supresión emocional, ira, riesgo, consumo, quejas somáticas) y que pueden servir como cribado complementario, pero que la evidencia se apoya sobre todo en muestras no clínicas y falta validación a largo plazo y en otras culturas (Jabłonka et al., 2026).

    Mientras tanto, dos herramientas validadas y gratuitas sirven de punto de partida: el test PHQ-9 de depresión, que mide los síntomas clásicos y es uno de los más usados en atención primaria, y el test AUDIT de alcohol, que cubre la parte que el PHQ-9 no ve. Si el PHQ-9 sale bajo pero la lista de la tabla de arriba te suena entera, eso también es información: es exactamente el perfil que los cuestionarios clásicos se saltan, y motivo suficiente para una evaluación profesional.

    «Mi pareja está deprimido»: cómo hablar con él

    Si buscaste mi pareja está deprimido y llegaste hasta aquí, probablemente ya intentaste hablar y no funcionó. Lo más frecuente es que la conversación haya ido por el camino de «tienes que hablar de lo que sientes», y que él haya respondido con la puerta cerrada. No es que no le importe; es que le pediste el idioma que menos maneja.

    La literatura sobre cómo enganchar a los hombres en tratamiento psicológico da pistas que sirven igual en la casa. Una revisión de 46 artículos con recomendaciones clínicas destaca que con los hombres funcionan mejor los enfoques colaborativos, transparentes, orientados a la acción y centrados en metas, y microhabilidades como normalizar (dejar claro que lo que le pasa es común y tiene arreglo) y adaptar el lenguaje a lo que a él le hace sentido (Seidler et al., 2018). Son recomendaciones de expertos, no un ensayo clínico, pero apuntan todas en la misma dirección.

    Traducido a una conversación real:

    • Habla de lo que ves, no de lo que sientes tú por él. «Te noto más irritable y durmiendo mal desde hace dos meses» abre más puertas que «me tienes preocupada».
    • Ponle un nombre concreto y con salida. «Esto que te pasa tiene nombre, es muy común y se trata» funciona mejor que «creo que estás deprimido», que suena a etiqueta.
    • Propón una acción, no una emoción. Ir al médico por el sueño o por el cansancio cuesta menos que «ir a terapia a hablar de tus cosas». Desde ahí el profesional puede hacer el resto.
    • Ofrece acompañar, no supervisar. «Te pido la hora y te acompaño» reduce la fricción; «¿ya pediste la hora?» todos los días la aumenta.
    • No lo conviertas en pelea. Si responde con rabia, lo más probable es que la rabia sea el síntoma. Retírate y vuelve en otro momento, sin dejar de volver.
    • Si aparece cualquier señal de alarma de suicidio, pregunta directo y busca ayuda ese mismo día, con él o sin su permiso. Ahí ya no es una conversación de pareja, es una emergencia de salud.

    Y cuídate tú. Vivir con una persona deprimida agota, y eso no es egoísmo ni deslealtad. Tenemos una guía más amplia sobre cómo ayudar a una persona con depresión y qué evitar decirle que complementa este apartado.

    Qué funciona: tratamiento de la depresión en hombres

    La depresión masculina se trata con lo mismo que cualquier otra depresión, y funciona. La terapia cognitivo-conductual tiene un efecto grande frente a no tratarse, sostenido a los seis y doce meses de seguimiento, según un metaanálisis de 409 ensayos con más de 52.000 pacientes (Cuijpers et al., 2023). En ese mismo metaanálisis, la terapia cognitivo-conductual rindió igual que los antidepresivos a corto plazo y algo mejor a los seis y doce meses, y combinar ambos fue más eficaz que los fármacos solos. Los antidepresivos los indica y controla un médico; en la práctica, muchos hombres llegan primero a esa puerta. Tenemos el detalle en qué funciona para salir de la depresión según la evidencia.

    Con los hombres, lo que hay que cuidar es la forma de llegar y de quedarse en el tratamiento. La misma revisión de Seidler y colaboradores (2018) recomienda que el terapeuta tenga en cuenta cómo la socialización masculina influye en la consulta, use metas claras y un estilo activo, y trabaje con las fortalezas que él ya tiene. La terapia cognitiva le cae bien a ese perfil: es estructurada, tiene tareas concretas y mide el avance. Beck y colaboradores (2024, p. 131) describen el caso de un paciente deprimido, ansioso e irritable que no lograba plantarse ante su esposa porque creía que «no debes encontrarle defectos a la gente o te castigarán»: la terapia consistió en poner esa regla a prueba con experimentos concretos, no en hablar de sentimientos durante meses.

    En Chile, la depresión en personas de 15 años y más está cubierta por el GES, con tratamiento desde la confirmación diagnóstica y acceso a especialista si el cuadro es grave. El punto de entrada es el CESFAM o el médico de cabecera. Que la puerta esté abierta no significa que él la vaya a cruzar solo; por eso importa todo lo anterior.

    ¿Cuándo buscar ayuda profesional?

    Consulta (o pídele que consulte) si los cambios llevan más de dos semanas y hay varios de estos a la vez: irritabilidad nueva, consumo en aumento, insomnio, dolores sin explicación médica, pérdida de interés en lo que le gustaba, aislamiento, o rendimiento en el trabajo que cae mientras las horas suben.

    Consulta hoy, sin esperar, si hay ideas de muerte o de hacerse daño, si aparece alguna de las señales de alarma de la sección de suicidio, o si el consumo de alcohol se volvió diario o descontrolado. En esos casos la evaluación no es «para ver si es depresión»: es para proteger.

    Y si el que lee esto eres tú, y la tabla de arriba te describió mejor de lo que esperabas: consultar no requiere sentirte triste ni saber explicar qué te pasa. Basta con contar lo que cambió. Del resto se encarga la evaluación.

    Preguntas frecuentes sobre la depresión en hombres

    ¿Cuáles son los síntomas de la depresión en hombres?

    Además de los clásicos (ánimo bajo, cansancio, insomnio, pérdida de interés), en los hombres son frecuentes la irritabilidad y la ira, el aumento del consumo de alcohol, el exceso de trabajo o de actividad, las conductas de riesgo y las quejas físicas como dolores o problemas digestivos. Un metaanálisis de 32 estudios confirmó esas diferencias (Cavanagh et al., 2017).

    ¿Por qué la depresión masculina se diagnostica menos?

    Porque los criterios diagnósticos describen sobre todo síntomas de tristeza y llanto, y muchos hombres la expresan como rabia, consumo o riesgo. Cuando se cuentan esos síntomas alternativos junto con los clásicos, la diferencia entre hombres y mujeres desaparece (Martin et al., 2013). A eso se suma que los hombres consultan menos por normas de masculinidad aprendidas.

    ¿Cuántos hombres tienen depresión en Chile?

    Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 2,1 % de los hombres chilenos tenía depresión diagnosticable frente al 10,1 % de las mujeres, y el 10,0 % presentaba sospecha de depresión por síntomas frente al 21,7 % de ellas (Nazar et al., 2021). La distancia entre síntomas y diagnóstico sugiere una parte importante sin detectar.

    ¿Es cierto que los hombres se suicidan más que las mujeres?

    Sí. En Chile la mortalidad por suicidio es cerca de cuatro veces mayor en hombres, según el Ministerio de Salud. Con datos del DEIS, la tasa fue de 17,3 por cada 100.000 hombres frente a 3,3 por cada 100.000 mujeres, y el 70 % de las muertes por suicidio ocurrieron en hombres (Estadella-Guerra et al., 2023). Es el motivo central para detectar la depresión masculina a tiempo.

    ¿Hay un test de depresión específico para hombres?

    Existen escalas como la de Gotland y la MDRS-22, que miden ira, consumo, riesgo y supresión emocional, pero no tienen punto de corte validado en español y la evidencia viene de muestras no clínicas (Jabłonka et al., 2026). Mientras tanto, el PHQ-9 y el test AUDIT de alcohol son un buen punto de partida, y la evaluación profesional lo confirma.

    ¿Cómo ayudo a mi pareja si está deprimido y no quiere hablar?

    Describe lo que ves en vez de pedirle que hable de sentimientos, propón una acción concreta (una hora médica por el sueño o el cansancio), ofrece acompañar y no supervisar, y no conviertas su irritabilidad en pelea. Si hay señales de riesgo de suicidio, pregunta directo y busca ayuda ese mismo día. Los enfoques orientados a la acción son los que mejor enganchan a los hombres (Seidler et al., 2018).

    Verla es la mitad del tratamiento

    La depresión en hombres no es más leve ni más rara; es más difícil de ver, y por eso llega más tarde y más grave. La rabia, el alcohol, las horas de más y el «estoy bien» son, muchas veces, la depresión hablando en el único idioma que aprendió. Cuando alguien la reconoce y la nombra sin juicio, el tratamiento funciona igual de bien que en cualquier persona.

    Si te reconociste en estas líneas, o reconociste a alguien que quieres, agenda una consulta. No hace falta llegar con las palabras listas. Basta con contar qué cambió.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Aguayo, F. (2022). La depresión masculina y sus síntomas: Un estudio cualitativo con hombres adultos chilenos. Salud Colectiva, 18, e3942. https://doi.org/10.18294/sc.2022.3942

    Ahmed, A. E., Magfouri, M. K., Alamer, A. S., Alqurqush, N. A., Alzayedi, T. H., Alshehri, R. A., Al Marar, F. H., Alyabis, H. A., Neazy, F. A., & Alahmari, M. A. (2025). Primary care interventions in male mental health and suicide prevention: A systematic review. Cureus, 17(10), e94944. https://doi.org/10.7759/cureus.94944

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Cavanagh, A., Wilson, C. J., Kavanagh, D. J., & Caputi, P. (2017). Differences in the expression of symptoms in men versus women with depression: A systematic review and meta-analysis. Harvard Review of Psychiatry, 25(1), 29-38. https://doi.org/10.1097/HRP.0000000000000128

    Cuijpers, P., Miguel, C., Harrer, M., Plessen, C. Y., Ciharova, M., Ebert, D., & Karyotaki, E. (2023). Cognitive behavior therapy vs. control conditions, other psychotherapies, pharmacotherapies and combined treatment for depression: A comprehensive meta-analysis including 409 trials with 52,702 patients. World Psychiatry, 22(1), 105-115. https://doi.org/10.1002/wps.21069

    Estadella-Guerra, C., Medina-Elgueta, C., & Toro-Silva, C. (2023). Muertes por suicidio en personas mayores y género masculino en Chile: Una reflexión pendiente. Revista Chilena de Neuro-Psiquiatría, 61(4), 393-401. https://doi.org/10.4067/s0717-92272023000400393

    Jabłonka, D., Łądkowska, M., Kossak, N., Modzelewski, S., & Waszkiewicz, N. (2026). Gender-sensitive depression scales: A review of male-specific assessment tools. Diagnostics, 16(6), 925. https://doi.org/10.3390/diagnostics16060925

    Martin, L. A., Neighbors, H. W., & Griffith, D. M. (2013). The experience of symptoms of depression in men vs women: Analysis of the National Comorbidity Survey Replication. JAMA Psychiatry, 70(10), 1100-1106. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2013.1985

    Ministerio de Salud de Chile, División de Prevención y Control de Enfermedades. (s.f.). Prevención del suicidio. https://diprece.minsal.cl/prevencion-del-suicidio/

    Mokhwelepa, L. W., & Sumbane, G. O. (2025). Men’s mental health matters: The impact of traditional masculinity norms on men’s willingness to seek mental health support. American Journal of Men’s Health, 19, 15579883251321670. https://doi.org/10.1177/15579883251321670

    Nazar, G., Gatica-Saavedra, M., Provoste, A., Leiva, A. M., Martorell, M., Ulloa, N., Petermann-Rocha, F., Troncoso-Pantoja, C., & Celis-Morales, C. (2021). Factores asociados a depresión en población chilena. Resultados Encuesta Nacional de Salud 2016-2017. Revista Médica de Chile, 149(10), 1430-1439. https://doi.org/10.4067/s0034-98872021001001430

    Rice, S. M., Fallon, B. J., Aucote, H. M., & Möller-Leimkühler, A. M. (2013). Development and preliminary validation of the male depression risk scale: Furthering the assessment of depression in men. Journal of Affective Disorders, 151(3), 950-958. https://doi.org/10.1016/j.jad.2013.08.013

    Salk, R. H., Hyde, J. S., & Abramson, L. Y. (2017). Gender differences in depression in representative national samples: Meta-analyses of diagnoses and symptoms. Psychological Bulletin, 143(8), 783-822. https://doi.org/10.1037/bul0000102

    Seidler, Z. E., Dawes, A. J., Rice, S. M., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2016). The role of masculinity in men’s help-seeking for depression: A systematic review. Clinical Psychology Review, 49, 106-118. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.09.002

    Seidler, Z. E., Rice, S. M., Ogrodniczuk, J. S., Oliffe, J. L., & Dhillon, H. M. (2018). Engaging men in psychological treatment: A scoping review. American Journal of Men’s Health, 12(6), 1882-1900. https://doi.org/10.1177/1557988318792157

    Shi, L., Sutori, S., Lögdberg, U., Carli, V., & Eliasson, E. T. (2026). Effectiveness and gender-tailoring of suicide prevention interventions for men: A systematic review. BMC Public Health, 26(1), 2129. https://doi.org/10.1186/s12889-026-28269-1

    Shi, P., Yang, A., Zhao, Q., Chen, Z., Ren, X., & Dai, Q. (2021). A hypothesis of gender differences in self-reporting symptom of depression: Implications to solve under-diagnosis and under-treatment of depression in males. Frontiers in Psychiatry, 12, 589687. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.589687

    Superintendencia de Salud de Chile. (s.f.). Depresión en personas de 15 años y más (Garantías Explícitas en Salud). https://www.superdesalud.gob.cl/orientacion-en-salud/depresion-en-personas-de-15-anos-y-mas/

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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