Tu hijo tiene dos años y no responde cuando lo llamas, o no señala lo que le llama la atención, o juega siempre igual con las ruedas del mismo auto. Alguien de la familia dice que “cada niño tiene su ritmo”, y tú ya no sabes si esperar o preguntar. Las primeras señales de autismo en niños de 2 años existen y se pueden observar en casa, pero ninguna sirve sola para decidir nada, y conviene saber leerlas sin pánico y sin dejarlas pasar.
Este artículo ordena qué mirar a los 12, 18, 24 y 36 meses, qué es esperable en un niño sin autismo, por qué a veces las señales aparecen y se diluyen, cómo se evalúa a esta edad en Chile y qué hacer mientras llega la hora con el especialista. No lleva un test con puntaje, porque el cuestionario de tamizaje que se usa en clínica exige su versión oficial y una entrevista de seguimiento.
La respuesta corta: ¿cómo saber si mi hijo de 2 años podría ser autista?
Las señales más consistentes a esta edad están en la comunicación social: no responde a su nombre, casi no comparte lo que le interesa (no señala para mostrar, no te mira para ver si tú también lo ves), imita poco y no juega a hacer como si. A eso se suman conductas repetitivas, rutinas rígidas o reacciones sensoriales intensas. Ninguna prueba el autismo por sí sola. Lo que justifica pedir una evaluación es un conjunto de señales que se mantiene, o cualquier pérdida de habilidades que el niño ya tenía.
¿Cuáles son las señales de autismo en niños de 2 años y de 3 años?
Las guías clínicas describen las señales por tramos de edad. Esta tabla resume lo que recogen la guía de práctica clínica española para atención primaria (Grupo de Trabajo de la GPC, 2009), la guía europea de ESCAP (Fuentes et al., 2020) y el texto de Sterrett et al. (2026).
| Edad | Lo que suele verse en el desarrollo típico | Lo que preocupa |
|---|---|---|
| 12 a 18 meses | Balbucea, responde a su nombre, señala, dice “chao” con la mano, te mira para compartir algo | No balbucea, no responde a su nombre, no señala ni muestra objetos, mira poco a los ojos, imita poco |
| 18 a 24 meses | Señala para mostrar, empieza a jugar a “hacer como si” (dar de comer a un muñeco), se interesa por otros niños | No señala para compartir, te lleva la mano para pedir sin mirarte, no tiene juego simbólico, alinea o hace girar objetos |
| 24 a 36 meses | Une dos palabras con sentido, conversa en turnos simples, juega con otros niños | No combina palabras con sentido (solo repite frases), ignora a otros niños, se angustia mucho ante cambios mínimos de rutina |
Hay cuatro señales que los textos repiten una y otra vez, y que puedes observar con calma en casa:
- Respuesta al nombre. En el desarrollo típico aparece entre los 9 y los 12 meses. Si tu hijo no se gira cuando lo llamas pero sí reacciona al papel de un dulce o a la música de su programa favorito, vale la pena anotarlo, porque eso sugiere que oye pero no se orienta a las personas.
- Señalar para compartir. Existe el señalamiento para pedir (“quiero eso”) y el señalamiento para mostrar (“mira el avión”). La ausencia del segundo entre los 18 y los 24 meses se considera una señal de riesgo (Fuentes et al., 2020).
- Atención conjunta. Es la capacidad de coordinar la mirada entre una persona y un objeto. Mira si tu hijo, ante algo que le gusta, te busca la cara para compartirlo, y si sigue tu dedo cuando le señalas algo al otro lado de la habitación.
- Juego simbólico. Dar de comer a un peluche con una cuchara vacía o hablar por teléfono con un bloque aparece entre los 18 y 24 meses. Si en su lugar solo alinea, gira o golpea los objetos, el juego es más repetitivo que representativo.
¿Qué conductas repetitivas y reacciones sensoriales son esperables a esta edad?
Muchas veces la duda no está en lo social sino en las manías. Aquí conviene saber que mover las manos, balancearse o ritualizar el orden de las cosas es frecuente en niños sin autismo entre el año y los dos años, y que lo habitual es que disminuya hacia los 3 o 4 años. En el autismo suele persistir, intensificarse o volverse más complejo (Sterrett et al., 2026).
Lo que más se asocia con autismo es otra cosa: fascinación con una parte del objeto (la rueda y no el auto), filas exactas de juguetes, aleteo de manos cerca de los ojos, caminar en puntillas de forma persistente y una angustia desproporcionada ante cambios pequeños, como tomar otro camino a la sala cuna o cambiar el plato de siempre. En lo sensorial, la molestia extrema ante la aspiradora, el secador o ciertas texturas de ropa, o la indiferencia llamativa ante el dolor, se ven con frecuencia en niños autistas. Que el niño rechace un alimento o se tape los oídos con un ruido fuerte no indica nada por sí solo.
¿Por qué mi hijo era “normal” antes y ahora no lo es? Las señales aparecen con el tiempo
Esto casi nadie lo cuenta y cambia la forma de mirar. Un estudio prospectivo siguió a 25 niños que después recibieron el diagnóstico y a 25 con desarrollo típico, evaluándolos a los 6, 12, 18, 24 y 36 meses. A los 6 meses la mirada a los rostros, las sonrisas sociales y las vocalizaciones dirigidas eran comparables entre ambos grupos, y las diferencias aparecían alrededor de los 12 meses. Los autores concluyen que los signos no están presentes desde el nacimiento, sino que emergen con el tiempo (Ozonoff et al., 2010).
Otro trabajo con 235 niños, con y sin un hermano autista, vio algo parecido: trayectorias similares a los 6 meses y diferencias después, con estancamiento o pérdida de habilidades en algunos niños sin importar cuándo se hizo el diagnóstico (Landa et al., 2013). Y en un análisis de videos caseros, la concordancia entre lo que los padres recordaban y lo que se veía en las grabaciones fue baja (Ozonoff et al., 2011). Cuando se vive día a día, una pérdida gradual cuesta notarla, y eso le pasa a cualquier familia.
La regresión del lenguaje merece un párrafo propio. Según Lord, Shulman y DiLavore (2004), ocurre sobre todo cuando el niño tiene un vocabulario pequeño y antes de los 3 años, y el texto de Sterrett et al. (2026) la sitúa en alrededor de una cuarta parte de las familias que consultan por autismo. Si tu hijo dejó de usar palabras que antes decía, o de mirarte o responderte como antes, no esperes a ver cómo sigue: es motivo de consulta inmediata a cualquier edad.
Mi hijo casi no habla: ¿es autismo o un retraso del lenguaje?
Es la pregunta más frecuente y la respuesta depende de qué más ocurre. El libro de Mendoza Lara (2016) describe como hablante tardío al niño de 24 meses con menos de 20 a 50 palabras y sin combinaciones de dos palabras, y aclara que una parte se recupera sola. Pesan más en el pronóstico la dificultad para comprender, la escasez de gestos y los antecedentes familiares de problemas de lenguaje o lectura.
La diferencia que más ayuda en la práctica está en el resto de la comunicación. Un niño con un problema del lenguaje busca conectar y compensa con gestos, con la mirada y con expresiones, y no presenta conductas repetitivas marcadas. En el autismo, en cambio, el núcleo está en la reciprocidad social y suele acompañarse de rutinas rígidas, juego repetitivo o intereses fijos (Mendoza Lara, 2016; Fuentes et al., 2020). Antes de cualquier otra cosa, a un niño que no responde al lenguaje se le descarta una pérdida de audición con un examen auditivo. Si quieres ver los hitos esperables en lenguaje, tienes una tabla por edad, y la diferencia entre trastornos del lenguaje está explicada en este artículo sobre TEL y TDL.
¿Cuándo sospechar autismo y pedir una evaluación? Qué tan confiable es el tamizaje
La respuesta corta es pedirla ante la sospecha, sin esperar al siguiente control. La Academia Americana de Pediatría recomienda tamizaje estandarizado a los 18 y 24 meses, además de vigilancia del desarrollo en cada visita, porque el autismo es común, puede diagnosticarse desde los 18 meses y existen intervenciones que mejoran el funcionamiento (Hyman et al., 2020).
Aquí hay que ser honestos con los números, porque el tamizaje es una orientación y no un veredicto. El cuestionario más usado, el M-CHAT-R/F, tiene 20 preguntas que responden los padres y una entrevista de seguimiento si el resultado es dudoso (Robins et al., 2014). Un metaanálisis de 50 estudios encontró una sensibilidad agrupada de 0,83 y una especificidad de 0,94, con mucha variación según cómo se aplicó (Wieckowski et al., 2023). Otro metaanálisis de 15 estudios, con casi 50.000 niños, calculó que un resultado positivo se confirma como autismo en alrededor de 58 % de los casos (75,6 % en niños de alto riesgo, 51,2 % en bajo riesgo), y pide explicar a las familias que un tamizaje positivo significa una probabilidad moderada de diagnóstico (Aishworiya et al., 2023).
También hay una voz de cautela. El panel de expertos de EE. UU. (USPSTF) concluyó que la evidencia es insuficiente para recomendar el tamizaje universal en niños de 18 a 30 meses sin sospecha previa de padres o clínicos (Siu et al., 2016). Es una razón más para que tu observación cuente: si tú sospechas, el tamizaje ya no es “universal”, es una consulta con motivo.
¿Cómo funciona esto en Chile?
La Ley 21.545, publicada el 10 de marzo de 2023, ordena que la atención primaria realice dentro de la supervisión de salud integral de niños y niñas un proceso de detección del autismo entre los 16 y los 30 meses de edad, y otro entre los 30 y los 59 meses, según su artículo cuarto transitorio (texto en la Biblioteca del Congreso Nacional). En el control de salud infantil, además, se vigila el desarrollo con pautas como la EEDP y la Pauta Breve (Ministerio de Salud de Chile, 2004). Si en el control del CESFAM tu inquietud no tuvo respuesta, puedes pedir expresamente que se evalúe el desarrollo comunicativo y social, y que se derive.
El diagnóstico no lo hace una sola persona ni un solo cuestionario. Lo recomendable es un equipo con médico (neuropediatra, psiquiatra infantil o pediatra del desarrollo), psicólogo clínico con formación en instrumentos como el ADOS-2 (que tiene un módulo para niños desde los 12 meses), fonoaudiólogo y, según el caso, terapeuta ocupacional (Fuentes et al., 2020). La evaluación integra la historia del desarrollo, la observación directa del niño y lo que cuentan quienes lo conocen. Para una visión general, tienes la ficha de la OMS sobre autismo.
¿Puede cambiar el diagnóstico hecho a los 2 años?
En la gran mayoría de los casos se mantiene, aunque no en todos y no siempre es tan temprano como uno querría. En 1.269 niños de la población general, la estabilidad global del diagnóstico fue de 0,84, y solo 7 niños (1,8 %) con autismo en la primera evaluación terminaron con desarrollo típico. Pero casi uno de cada cuatro (23,8 %) no fue identificado en la primera visita sino en una posterior (Pierce et al., 2019). En hermanos menores de niños autistas, el 82 % de los diagnósticos a los 24 meses se mantenía a los 36, pero el 41 % de los niños con autismo a los 36 meses no estaba diagnosticado a los 24 (Ozonoff et al., 2015). Lo práctico: un tamizaje normal a los 18 meses no cierra el tema si las señales aparecen después.
¿Qué hacer mientras esperas la evaluación?
No esperes para estimular la comunicación. Las intervenciones tempranas con mejor respaldo trabajan con los padres en el juego y en las rutinas diarias, y se pueden empezar ante la sospecha, sin diagnóstico formal (Hyman et al., 2020). Esto es lo que dice la evidencia, con sus límites:
- Una revisión sistemática identificó 48 ensayos en menores de 6 años con autismo o en riesgo, y solo 6 tenían bajo riesgo de sesgo; las muestras eran pequeñas y no siempre quedaba claro qué ingrediente funcionaba (French y Kennedy, 2018).
- En un ensayo con 118 niños, el modelo Early Start Denver Model, con coaching a los padres, mostró ventaja en lenguaje, pero no en cociente de desarrollo, severidad del autismo ni conducta adaptativa (Rogers et al., 2019). Un metaanálisis de 12 estudios encontró un efecto moderado, sostenido por cognición y lenguaje (Fuller et al., 2020).
- En bebés de 9 a 14 meses con señales tempranas, una intervención de 10 sesiones de videointeracción con los cuidadores redujo la probabilidad de cumplir criterios de autismo a los 3 años (6,7 % frente a 20,5 %) (Whitehouse et al., 2021).
Ninguna de esas cifras promete una cura, y ninguna depende de tener el diagnóstico. En casa puedes hacer lo que esos programas buscan: ponerte cara a cara cuando juega, imitar lo que hace, esperar unos segundos a que él inicie, nombrar lo que mira y convertir una rutina (el baño, la comida) en un juego con turnos. Desconfía de quien prometa curar el autismo con una dieta, un suplemento o un tratamiento único: esas promesas no las respaldan los estudios revisados aquí.
¿Y si además hay desatención o mucha actividad?
A los 2 y 3 años es común que coexistan dudas: un niño muy activo que no sigue instrucciones puede plantear tanto un trastorno de atención como uno del espectro. Si es tu caso, lee las señales de TDAH en preescolares y cómo se superponen autismo y TDAH. Para la evaluación cognitiva y del lenguaje en niños mayores, está la guía de evaluación neuropsicológica infantil.
Preguntas frecuentes
¿Desde qué edad se puede diagnosticar el autismo? Se puede diagnosticar desde los 18 meses. A los 2 años el diagnóstico ya es estable en la gran mayoría de los casos (Hyman et al., 2020; Pierce et al., 2019), aunque algunos niños se identifican más tarde, cuando las señales se hacen más claras.
¿Puede ser autista un niño que me mira a los ojos? Sí. El contacto visual es una señal más entre varias y puede estar presente en niños autistas. Importa más si ese contacto se usa para compartir, es decir, si te mira para mostrarte algo, para pedirte o para ver cómo reaccionas, y no solo si te mira.
¿Es autismo o retraso del lenguaje si mi hijo no habla a los 2 años? Puede ser cualquiera de los dos, u otra causa como una pérdida de audición. Mira el resto de la comunicación: si busca conectar, usa gestos y mirada para compensar y no tiene rutinas rígidas, se piensa primero en un retraso del lenguaje (Mendoza Lara, 2016). Lo seguro es que ante la duda se evalúen los dos aspectos.
¿Puede desaparecer el diagnóstico de autismo a los 2 años? Es poco común. En una cohorte de 1.269 niños, solo 1,8 % de los diagnosticados en la primera evaluación terminó con desarrollo típico (Pierce et al., 2019). Lo más frecuente es lo contrario: que un niño no identificado a los 18 meses se diagnostique después.
¿El M-CHAT diagnostica autismo? No. Es un cuestionario de tamizaje que orienta si hace falta una evaluación completa. Un resultado positivo se confirma como autismo en poco más de la mitad de los casos (Aishworiya et al., 2023). Para diagnosticar se necesita observación directa del niño por un equipo capacitado.
¿A quién consulto en Chile y qué pasa mientras espero? Parte por el control de salud en el CESFAM o con tu pediatra, pidiendo una evaluación del desarrollo comunicativo y social y una derivación. Mientras esperas, puedes empezar a jugar con él en los turnos y las rutinas, y puedes solicitar apoyo de fonoaudiología para el lenguaje, sin esperar el informe final.
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Una duda razonable merece una respuesta profesional, y el tiempo cuenta porque los apoyos empiezan antes cuando se consulta antes. Puedes escribirme desde la página de contacto para orientar los primeros pasos, ordenar lo que has observado y preparar la conversación con el pediatra o el equipo que evaluará a tu hijo. Este artículo orienta y no reemplaza una evaluación diagnóstica realizada por un equipo especializado.
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Nicolás Alcayaga
Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →
Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
Referencias
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- French, L., & Kennedy, E. M. M. (2018). Annual Research Review: Early intervention for infants and young children with, or at-risk of, autism spectrum disorder: A systematic review. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 444-456. https://doi.org/10.1111/jcpp.12828
- Fuentes, J., Hervás, A., & Howlin, P. (2021). ESCAP practice guidance for autism: A summary of evidence-based recommendations for diagnosis and treatment. European Child & Adolescent Psychiatry, 30(6), 961-984. https://doi.org/10.1007/s00787-020-01587-4
- Fuller, E. A., Oliver, K., Vejnoska, S. F., & Rogers, S. J. (2020). The effects of the Early Start Denver Model for children with autism spectrum disorder: A meta-analysis. Brain Sciences, 10(6), 368. https://doi.org/10.3390/brainsci10060368
- Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica Clínica para el Manejo de Pacientes con Trastornos del Espectro Autista en Atención Primaria. (2009). Guía de práctica clínica para el manejo de pacientes con trastornos del espectro autista en atención primaria. Ministerio de Sanidad y Política Social, GuiaSalud.
- Hyman, S. L., Levy, S. E., Myers, S. M., & Council on Children with Disabilities, Section on Developmental and Behavioral Pediatrics. (2020). Identification, evaluation, and management of children with autism spectrum disorder. Pediatrics, 145(1), e20193447. https://doi.org/10.1542/peds.2019-3447
- Landa, R. J., Gross, A. L., Stuart, E. A., & Faherty, A. (2013). Developmental trajectories in children with and without autism spectrum disorders: The first 3 years. Child Development, 84(2), 429-442. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2012.01870.x
- Lord, C., Shulman, C., & DiLavore, P. (2004). Regression and word loss in autistic spectrum disorders. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 45(5), 936-955. https://doi.org/10.1111/j.1469-7610.2004.t01-1-00287.x
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- Ozonoff, S., Iosif, A.-M., Baguio, F., Cook, I. C., Hill, M. M., Hutman, T., Rogers, S. J., Rozga, A., Sangha, S., Sigman, M., Steinfeld, M. B., & Young, G. S. (2010). A prospective study of the emergence of early behavioral signs of autism. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 49(3), 256-266. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2009.11.009
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- Robins, D. L., Casagrande, K., Barton, M., Chen, C.-M. A., Dumont-Mathieu, T., & Fein, D. (2014). Validation of the Modified Checklist for Autism in Toddlers, Revised with Follow-up (M-CHAT-R/F). Pediatrics, 133(1), 37-45. https://doi.org/10.1542/peds.2013-1813
- Rogers, S. J., Estes, A., Lord, C., Munson, J., Rocha, M., Winter, J., Greenson, J., Colombi, C., Dawson, G., Vismara, L. A., Sugar, C. A., Hellemann, G., Whelan, F., & Talbott, M. (2019). A multisite randomized controlled two-phase trial of the Early Start Denver Model compared to treatment as usual. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 58(9), 853-865. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2019.01.004
- Siu, A. L., & US Preventive Services Task Force. (2016). Screening for autism spectrum disorder in young children: US Preventive Services Task Force recommendation statement. JAMA, 315(7), 691. https://doi.org/10.1001/jama.2016.0018
- Sterrett, K., Schiltz, H., Byrne, K., & Lord, C. (2026). Autism spectrum disorder in childhood. Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781009706896
- Whitehouse, A. J. O., Varcin, K. J., Pillar, S., Billingham, W., Alvares, G. A., Barbaro, J., Bent, C. A., Blenkley, D., Boutrus, M., Chee, A., Chetcuti, L., Clark, A., Davidson, E., Dimov, S., Dissanayake, C., Doyle, J., Grant, M., Green, C. C., Harrap, M., … Hudry, K. (2021). Effect of preemptive intervention on developmental outcomes among infants showing early signs of autism: A randomized clinical trial of outcomes to diagnosis. JAMA Pediatrics, 175(11), e213298. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2021.3298
- Wieckowski, A. T., Williams, L. N., Rando, J., Lyall, K., & Robins, D. L. (2023). Sensitivity and specificity of the Modified Checklist for Autism in Toddlers (original and revised): A systematic review and meta-analysis. JAMA Pediatrics, 177(4), 373. https://doi.org/10.1001/jamapediatrics.2022.5975
