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  • Trastorno de Estrés Agudo: Síntomas, Cuánto Dura y en Qué Se Diferencia del TEPT

    Trastorno de Estrés Agudo: Síntomas, Cuánto Dura y en Qué Se Diferencia del TEPT

    Hace unos días pasó algo grave: un choque, un asalto, una agresión, un incendio, la muerte violenta de alguien cercano. Desde entonces no duermes bien, las imágenes vuelven solas, te sobresaltas con cualquier ruido y a ratos sientes que lo que viviste no fue real. Si buscaste trastorno de estrés agudo es porque quieres saber tres cosas: si esto es normal, cuánto va a durar y si se va a convertir en algo peor. Esta guía responde las tres con los estudios que las midieron, explica en qué se diferencia del estrés postraumático (TEPT) y del estrés de todos los días, y dice qué ayuda de verdad en las primeras semanas y qué es mejor no hacer.

    Respuesta corta: el trastorno de estrés agudo es la reacción intensa que aparece entre los 3 días y el mes siguientes a un hecho traumático, con recuerdos que se imponen, ánimo hundido, sensación de irrealidad, evitación y estado de alerta. Lo presenta entre el 14 % y el 36 % de las personas expuestas, según el tipo de suceso. La mayoría mejora sola en las primeras semanas o meses. De quienes sí lo desarrollan, alrededor de un tercio termina con TEPT al año, y eso se puede reducir con terapia cognitivo conductual centrada en el trauma. Lo que no sirve es forzar a la persona a «desahogarse» contando todo en una sesión única, ni esperar que una pastilla lo prevenga.

    ¿Qué es el trastorno de estrés agudo?

    El trastorno de estrés agudo (TEA) es un diagnóstico del DSM-5 que describe una reacción postraumática severa durante el primer mes. Aparece después de haber vivido, presenciado o conocido de cerca un hecho que puso en riesgo la vida o la integridad física (propia o de otra persona), y exige que los síntomas duren al menos 3 días y no más de 4 semanas. Si pasan el mes, el diagnóstico cambia de nombre: ya se habla de trastorno de estrés postraumático.

    El diagnóstico nació en 1994, con el DSM-IV, con dos propósitos: ponerle nombre a lo que pasa en las primeras semanas (hasta entonces no había cómo diagnosticar nada antes del mes) e identificar temprano a quienes iban camino al TEPT. Según la revisión que preparó los cambios para el DSM-5, la segunda meta no se cumplió bien: el diagnóstico no identifica a la mayoría de las personas que después desarrollan TEPT, y el peso que el DSM-IV le daba a la disociación (sentirse desconectado, como en una película, sin recordar partes del suceso) dejaba fuera a mucha gente muy afectada que no se disociaba (Bryant et al., 2011). Por eso el DSM-5 lo redefinió como una reacción de estrés agudo severa, sin exigir un tipo particular de síntoma.

    En la práctica, el DSM-5 pide que la persona presente al menos nueve manifestaciones de una lista de catorce, repartidas en cinco grupos: intrusión, ánimo negativo, disociación, evitación y activación. No importa de qué grupo vengan. Lo que importa es la cantidad y que produzcan un malestar real o interfieran con la vida diaria (American Psychiatric Association, 2013). La OMS y MedlinePlus describen estas reacciones dentro de la información general sobre estrés postraumático.

    Reacción de estrés agudo (CIE-11) y trastorno de estrés agudo (DSM-5): no son lo mismo

    Aquí hay una fuente frecuente de confusión, porque los dos manuales usan palabras casi iguales para cosas distintas.

    La CIE-10, que todavía se usa en las licencias y los registros clínicos de Chile, tiene el código F43.0, «reacción a estrés agudo»: una respuesta transitoria a un estrés físico o mental excepcional, que empieza en minutos y suele desaparecer en horas o pocos días. El DSM-5 usa ese mismo código F43.0 para su trastorno de estrés agudo, lo que no ayuda a distinguirlos.

    La CIE-11 dio un paso más claro. En su clasificación vigente, la reacción de estrés agudo lleva el código QE84 y ya no está en el capítulo de trastornos mentales: se movió al capítulo de «factores que influyen en el estado de salud», porque se considera una reacción normal ante un hecho extremo que puede necesitar atención clínica, pero no es una enfermedad. El grupo que redactó la propuesta lo explicó así en la revista World Psychiatry: la reacción de estrés agudo es «un fenómeno normal que aun así puede requerir intervención clínica» (Maercker et al., 2013). Sus síntomas son de las primeras horas y días: taquicardia, sudor, aturdimiento, confusión, rabia, desesperación, retraimiento o quedarse paralizado.

    Entonces, en orden de tiempo: la reacción de estrés agudo de la CIE-11 es lo esperable en las horas y los primeros días; el trastorno de estrés agudo del DSM-5 es cuando esa reacción sigue intensa entre el tercer día y el mes; el TEPT es cuando dura más de un mes. Más abajo hay una tabla que los pone lado a lado.

    Síntomas del trastorno de estrés agudo: cómo se siente

    Los síntomas del trastorno de estrés agudo se agrupan en cinco áreas. No hace falta tenerlos todos, y cada persona los vive con una mezcla distinta.

    • Intrusión. El recuerdo vuelve sin que lo llames: imágenes, sonidos, olores, pesadillas. A veces con la sensación de estar viviéndolo otra vez (un flashback). El cuerpo reacciona a cualquier cosa que lo recuerde, aunque la mente sepa que ya pasó.
    • Ánimo negativo. Cuesta sentir alegría, cariño o interés por lo que antes gustaba. Es un apagón emocional, distinto de la tristeza común.
    • Disociación. Sentir que el entorno es irreal o lejano, verse a uno mismo «desde afuera», estar aturdido, o no poder recordar una parte importante de lo que ocurrió (y no porque hubiera un golpe en la cabeza o alcohol de por medio).
    • Evitación. Esquivar los lugares, las personas, las conversaciones y hasta los pensamientos que traen el recuerdo. Cambiar de ruta, no subirse al auto, no ver noticias, cortar la conversación.
    • Activación. Dormir mal, irritabilidad o explosiones de rabia, estar en guardia todo el tiempo, sobresaltarse con cualquier cosa, no poder concentrarse.

    Judith Herman describe en Trauma and recovery (2015, cap. 2) la dinámica de fondo: después de un peligro abrumador, la persona oscila entre dos estados opuestos, la intrusión (revivir, agitación, alerta) y la constricción (entumecimiento, desconexión, evitación). Ninguno de los dos permite integrar lo ocurrido, y la alternancia entre ambos aumenta la sensación de imprevisibilidad e impotencia. Esa oscilación es, según Herman, el rasgo más característico de los síndromes postraumáticos, y en las primeras semanas predomina el polo intrusivo.

    Importa decirlo con claridad: presentar estos síntomas en los primeros días no es una señal de debilidad ni de que algo esté roto. Foa, Hembree y Rothbaum (2007, p. 14) lo resumen así en su manual de tratamiento: los síntomas de estrés postraumático son muy comunes inmediatamente después de un hecho traumático, y para la mayoría de las personas disminuyen con el tiempo por recuperación natural. El diagnóstico existe para marcar cuándo la reacción es tan intensa que conviene mirarla de cerca, no para etiquetar a todo el que lo pasó mal.

    Señales que no se esperan: cuándo ir a urgencias o pedir ayuda hoy

    Antes de cualquier consejo de autocuidado, esto va primero. Busca atención inmediata (urgencia, 131 SAMU, o la línea gratuita de salud mental *4141 del MINSAL, que funciona las 24 horas desde celulares) si aparece alguna de estas situaciones:

    • Pensamientos de morir, de hacerse daño o de que «sería mejor no estar».
    • Disociación grave: horas sin registro de lo que hizo, no reconocer dónde está o quién es, no poder responder.
    • Consumo de alcohol, tranquilizantes u otras sustancias para poder dormir o «apagar» el recuerdo.
    • No poder cuidar de sí mismo o de los niños a cargo: sin comer, sin dormir, sin levantarse durante días.
    • Impulsos de agredir a alguien, o miedo a perder el control.
    • Lesiones físicas del hecho que no fueron evaluadas por un médico.

    Para orientación no urgente, Salud Responde (600 360 7777) atiende por teléfono en todo Chile.

    ¿Cuánto dura el estrés agudo? Las cuatro trayectorias

    Por definición, el trastorno de estrés agudo dura entre 3 días y 1 mes. Pero la pregunta real es otra: qué pasa después con los síntomas.

    La mayor parte de la recuperación ocurre sola. Foa y sus colegas (2007, p. 26) explican que los síntomas suelen subir con fuerza justo después del trauma y bajar a lo largo del año siguiente, sobre todo en los primeros 3 meses; por eso en sus estudios de tratamiento ni siquiera evalúan a los sobrevivientes antes de los 3 meses, para dejar que ocurra esa atenuación natural. Herman (2015, cap. 2) describe el mismo patrón desde la clínica: los síntomas intrusivos son más intensos en los primeros días y semanas, disminuyen en parte entre los 3 y los 6 meses y luego se atenúan lentamente.

    Los estudios longitudinales modernos afinan ese cuadro. Según la revisión de la evidencia de Bryant (2018), las personas expuestas a un trauma tienden a seguir una de cuatro trayectorias: resiliente (síntomas bajos desde el inicio), recuperación (síntomas altos al principio que bajan), empeoramiento (pocos síntomas al inicio que suben con los meses) y malestar crónico (síntomas altos que se mantienen). La existencia de la trayectoria de empeoramiento explica algo importante: el trastorno de estrés agudo no puede predecir con exactitud quién tendrá TEPT, porque una parte de quienes lo desarrollan estaba relativamente bien en el primer mes.

    ¿Cómo ocurre la recuperación natural? Foa y Cahill (citados en Foa et al., 2007, p. 20) proponen que se produce por el procesamiento emocional de la vida diaria: el recuerdo se activa una y otra vez, la persona piensa y habla de lo que pasó con gente de confianza, y se va exponiendo a las situaciones que se lo recuerdan. Cada una de esas «exposiciones naturales» trae información que contradice la idea de que el mundo entero es peligroso y de que uno es incapaz de enfrentarlo. El TEPT crónico, en ese modelo, es el resultado de no poder procesar el recuerdo por una evitación extensa. Esa es la razón de que la evitación, siendo comprensible, sea el síntoma que más conviene vigilar.

    Trastorno de estrés agudo vs TEPT (y vs estrés crónico): la tabla

    Cuatro cosas distintas comparten la palabra «estrés». Esta tabla las separa por lo que importa: cuándo empiezan, cuánto duran y qué corresponde hacer.

    Reacción de estrés agudo (CIE-11, QE84) Trastorno de estrés agudo (DSM-5) TEPT Estrés crónico
    Qué lo dispara Un hecho extremo (accidente, agresión, desastre) El mismo tipo de hecho El mismo tipo de hecho Exigencias sostenidas: trabajo, deudas, cuidar a alguien, conflictos
    Cuándo empieza Minutos u horas después Entre el día 3 y las 4 semanas Después del primer mes (a veces meses más tarde) Se instala de a poco, sin un hecho puntual
    Cuánto dura Horas a pocos días Hasta 1 mes Más de 1 mes; sin tratamiento puede durar años Mientras dure la fuente de exigencia
    Qué se siente Aturdimiento, taquicardia, confusión, rabia, paralizarse Recuerdos intrusivos, irrealidad, evitación, alerta, ánimo apagado Lo mismo, sostenido, más pensamientos negativos sobre uno y el mundo Cansancio, irritabilidad, dolores, insomnio, cabeza saturada
    ¿Es un trastorno? No: es una reacción normal que puede necesitar ayuda Sí Sí No es un diagnóstico en sí mismo
    Qué hacer Seguridad, calma, apoyo cercano; observar Evaluar; si es intenso, TCC centrada en el trauma Tratamiento con evidencia (TCC centrada en el trauma, EMDR) Cambiar lo que se pueda de la fuente, cuidar sueño y descanso, apoyo

    Sobre la última columna: el estrés crónico es otro asunto, con otro mecanismo y otro manejo, y el sitio tiene una guía completa sobre qué es el estrés crónico y cómo se diferencia del agudo. Aquí solo interesa dejar claro que «estrés agudo» en el sentido cotidiano (el examen, la reunión difícil) no es lo que describe este artículo.

    ¿Qué tan común es el trastorno de estrés agudo?

    Depende mucho de qué pasó. El metaanálisis más amplio hasta ahora, con 70 estudios y más de 20.000 personas evaluadas dentro de los 30 días del suceso, encontró que la tasa de trastorno de estrés agudo va desde el 14,1 % tras traumas de guerra hasta el 36,0 % tras traumas interpersonales (agresiones, violencia sexual, asaltos). Ser víctima de otra persona tuvo más probabilidad de producir el trastorno que cualquier otro tipo de hecho, con la sola excepción de los desastres (Geoffrion et al., 2022).

    Para el accidente de tránsito, que es la causa más común en la vida urbana, un metaanálisis de 13 estudios en 8 países estimó una prevalencia del 15,8 % entre los sobrevivientes: casi una de cada seis personas (Dai et al., 2018). Y en pacientes hospitalizados por lesiones traumáticas de todo tipo, una cohorte australiana de 596 personas encontró que el 8 % cumplía los criterios del DSM-IV y el 14 % los del DSM-5, que son más amplios (Bryant et al., 2015).

    En Chile hay un dato propio, aunque de una población particular. Tras el terremoto del 27 de febrero de 2010, un equipo del Hospital de Curicó siguió a 75 mujeres que estaban en tratamiento por depresión grave: el 59 % presentó síntomas de estrés agudo al mes, y el 53,3 % tenía TEPT a los 6 meses. El TEPT se asoció a haber tenido estrés agudo y a antecedentes de trauma en la infancia (Vitriol et al., 2013). Son cifras de personas ya vulnerables, no de la población general, pero muestran que en quien ya arrastra una depresión el golpe pega más fuerte y dura más.

    ¿El estrés agudo se convierte en TEPT? Lo que dicen los seguimientos

    Esta es la pregunta que más pesa, así que conviene responderla con las dos caras que tiene.

    Primera cara: si tienes trastorno de estrés agudo, el riesgo de TEPT es real. En una cohorte de 1.084 pacientes ingresados en cinco hospitales de trauma de Australia, el 10 % presentó trastorno de estrés agudo en el primer mes; de ellos, el 36 % tenía TEPT a los 12 meses y el 65 % había desarrollado algún trastorno psiquiátrico (Bryant et al., 2012). En la cohorte de 596 pacientes seguida hasta 6 años, de quienes cumplían los criterios DSM-5 de estrés agudo desarrolló TEPT el 43 % a los 3 meses, el 42 % a los 12, el 33 % a los 24 y el 24 % a los 72 meses; más de la mitad tuvo algún trastorno posterior (Bryant et al., 2015). Dicho al revés: incluso con el diagnóstico completo, más de la mitad no termina con TEPT.

    Segunda cara: no tener el diagnóstico no garantiza nada. Una revisión sistemática de 22 estudios que evaluaron estrés agudo en el primer mes y TEPT más tarde concluyó que el diagnóstico tiene un valor predictivo positivo razonable (una buena parte de quienes lo tienen desarrolla TEPT), pero una sensibilidad pobre: la mayoría de las personas que terminan con TEPT no cumplían los criterios de estrés agudo al inicio (Bryant, 2011). En la cohorte de 1.084 pacientes pasó lo mismo: la mayoría de quienes tenían un trastorno al año no había mostrado estrés agudo (Bryant et al., 2012). Por eso el propio Bryant sostiene que el diagnóstico sirve para describir a quienes están muy afectados en el primer mes y priorizar su atención, no como una bola de cristal.

    ¿Y qué aumenta el riesgo? Un metaanálisis de datos individuales de 2.571 pacientes de urgencias y cuidados intensivos encontró que ser mujer se asoció a más riesgo de TEPT y depresión, tanto en la fase aguda como persistente, y que haber sufrido un accidente (en comparación con una agresión) se asoció a menos riesgo. Un hallazgo útil para las primeras semanas: la gravedad de los síntomas depresivos agudos predijo el TEPT persistente incluso descontando la gravedad del propio estrés postraumático, y entre los grupos de síntomas fue la reexperimentación la que se asoció a que el cuadro se mantuviera (Ratanatharathorn et al., 2026). Si además del susto hay un hundimiento del ánimo marcado, ese es un motivo adicional para consultar pronto.

    Qué ayuda en las primeras semanas (y qué no)

    Aquí es donde el trastorno de estrés agudo se diferencia más de lo que dice la intuición. Hay una intervención con evidencia sólida, hay dos prácticas populares que no la tienen, y hay una que era rutina y hoy se desaconseja.

    Lo que sí funciona: terapia cognitivo conductual centrada en el trauma

    El metaanálisis más completo sobre intervenciones psicológicas tempranas, con 61 ensayos aleatorizados de programas de varias sesiones iniciados dentro de los 3 meses, deja dos mensajes (Roberts et al., 2019). Primero: en personas expuestas a un trauma pero sin síntomas relevantes, ninguna intervención superó a la atención habitual; tratar a todos «por si acaso» no aporta. Segundo: en personas con síntomas de estrés traumático, la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma, la terapia cognitiva sin exposición y el EMDR produjeron beneficios clínicamente importantes, y las diferencias más grandes se vieron justamente en quienes tenían diagnóstico de trastorno de estrés agudo o TEPT. La evidencia más fuerte es para la TCC centrada en el trauma.

    Los ensayos originales muestran cuánto cambia el pronóstico. En un ensayo con 90 civiles con trastorno de estrés agudo, cinco sesiones semanales de 90 minutos de terapia de exposición (recordar el hecho de forma guiada y volver gradualmente a las situaciones evitadas) dejaron con TEPT al 33 % de los tratados al terminar, frente al 63 % de quienes recibieron reestructuración cognitiva y al 77 % de la lista de espera; a los 6 meses, la exposición logró remisión completa en el 47 % frente al 13 % (Bryant et al., 2008). Y el efecto se sostiene: en un seguimiento a cuatro años de 80 civiles con estrés agudo, cumplían criterios de TEPT el 8 % de quienes recibieron TCC frente al 25 % de quienes recibieron consejería de apoyo (Bryant et al., 2003). La revisión de Bryant (2018) concluye lo mismo: la TCC centrada en el trauma es el tratamiento de elección del estrés agudo y la mejor estrategia disponible para limitar el TEPT posterior.

    En la práctica, esto se traduce en algo concreto: si después de dos o tres semanas los síntomas siguen intensos, una evaluación con un psicólogo entrenado en trauma es lo que tiene más respaldo. No hace falta esperar al mes para que «se convierta en TEPT». La guía sobre trastorno de estrés postraumático explica en detalle en qué consisten estos tratamientos.

    Lo que no sirve (o hace daño): el debriefing de sesión única

    Durante años fue rutina reunir a las víctimas de un hecho traumático en las horas o días siguientes para que relataran lo ocurrido y «ventilaran» sus emociones, en una sesión única, muchas veces obligatoria. Se llama debriefing psicológico y la evidencia lo desaconseja. La revisión Cochrane sobre el tema, con 11 ensayos aleatorizados, encontró que el debriefing individual de sesión única no redujo el malestar ni previno el TEPT (OR 1,22; IC 95 % 0,60 a 2,46 a los 3 a 5 meses), y que en un ensayo quienes lo recibieron tenían más riesgo de TEPT al año (OR 2,88; IC 95 % 1,11 a 7,53). La conclusión de los autores fue tajante: el debriefing obligatorio de víctimas debe cesar (Rose et al., 2002).

    La idea no es nueva. Herman (2015, cap. 1) cuenta que ya los psiquiatras militares de la Segunda Guerra Mundial, que usaban hipnosis y fármacos para provocar una catarsis rápida del recuerdo, advirtieron que la simple descarga emocional, sin seguimiento ni integración, era inútil. Contar lo que pasó ayuda cuando la persona lo decide, con quien confía, a su ritmo. Forzarlo en grupo, en caliente y de una vez, no.

    Lo que no previene el TEPT: las pastillas

    Es común que en urgencias o en los primeros días se ofrezca un ansiolítico para dormir o «bajar» la angustia. Como alivio de una noche puede tener sentido médico, pero conviene saber lo que la evidencia dice sobre prevenir el TEPT con fármacos: no hay ninguno que lo haga de forma confiable.

    Una revisión sistemática con 19 ensayos aleatorizados de fármacos administrados en los 3 primeros meses encontró que solo la hidrocortisona superó al placebo, y únicamente en personas con enfermedad física grave; el propranolol, la oxitocina, la gabapentina, el aceite de pescado, la dexametasona, el escitalopram, la imipramina y el hidrato de cloral no mostraron ningún efecto, y los autores concluyen que ningún fármaco puede recomendarse de rutina (Astill Wright et al., 2019). Un metaanálisis previo en The Lancet Psychiatry llegó a lo mismo: al quedarse solo con los ensayos aleatorizados, el efecto preventivo de la farmacoterapia desapareció (Sijbrandij et al., 2015).

    Los tranquilizantes del tipo benzodiacepina (clonazepam, alprazolam, lorazepam) ni siquiera figuran entre los fármacos con algún ensayo de prevención en esas revisiones. Si te lo recetan para unos días, que sea eso: unos días, con indicación médica y sin prolongarlo por cuenta propia. La guía sobre benzodiacepinas explica por qué el uso continuado trae sus propios problemas.

    Primeros auxilios psicológicos: útiles como marco, con evidencia todavía escasa

    Después de desastres y emergencias se habla mucho de «primeros auxilios psicológicos» (PAP): asegurar la seguridad física, calmar, conectar a la persona con su gente y con los servicios, dar información práctica, y no forzar a hablar. Es un marco razonable y es lo contrario del debriefing. Pero conviene ser honesto con su respaldo: una revisión sistemática de 2023 encontró que, de más de 9.000 citas, solo 12 estudios habían medido resultados en salud mental, uno solo era aleatorizado, y aunque todos apuntaban en la dirección positiva, el riesgo de sesgo era alto y hay un desequilibrio claro entre lo popular que es la intervención y lo poco que se ha medido (Hermosilla et al., 2023). Es una orientación de sentido común para los primeros días, y no sustituye a la evaluación si los síntomas persisten.

    Qué puedes hacer tú (y qué puede hacer tu familia) estas semanas

    Lo que sigue no es un tratamiento, es lo que el modelo de recuperación natural de Foa y colegas (2007) sugiere que ayuda al procesamiento, junto con lo que la evidencia de arriba desaconseja.

    1. Recupera la rutina básica cuanto antes. Horarios de sueño, comidas, salir de la casa. La estructura le da al cuerpo señales de que el peligro pasó.
    2. Habla de lo que pasó con quien tú elijas, cuando tú quieras. Foa describe compartir el recuerdo con personas que apoyan como uno de los mecanismos de la recuperación natural. La condición es que sea voluntario: nadie tiene que «sacarlo todo» ni repetir la historia a cada visita.
    3. No dejes que la evitación se instale. Es normal no querer pasar por el lugar o subirse al auto los primeros días. Si a las dos semanas sigues organizando tu vida alrededor de no encontrarte con el recuerdo, esa es la señal de alerta más importante, porque la evitación extensa es lo que, según el modelo, impide procesar el recuerdo.
    4. Cuidado con el alcohol y los tranquilizantes para dormir. Alivian la noche y estorban el procesamiento; además, el consumo es una de las señales que obligan a consultar.
    5. Si eres el familiar: ofrece compañía, no interrogatorio. Estar disponible («cuando quieras hablar, aquí estoy») funciona mejor que insistir en que cuente. Ayuda con lo práctico (trámites, denuncia, médico, cuidar a los niños), que suele ser lo que más agota.
    6. Ponle fecha a la revisión. Si a las 2 o 3 semanas los síntomas no han bajado, o han subido, pide una evaluación. No esperes a cumplir el mes.

    ¿Cuándo consultar por trastorno de estrés agudo?

    La regla práctica que se desprende de los estudios es simple. En los primeros días, lo esperable es sentirse mal, y lo que corresponde es seguridad, descanso y compañía. A partir de la segunda semana, si los síntomas siguen intensos, si te impiden trabajar, cuidar a tu familia o dormir, o si aparece una evitación cada vez más amplia, es momento de una evaluación. Foa y colegas (2007, p. 26) lo plantean así para los tratamientos centrados en el trauma: si pasó al menos un mes y los síntomas significativos persisten, es hora de considerarlos; y la evidencia de las intervenciones tempranas (Roberts et al., 2019) muestra que en quienes ya tienen el cuadro no hay razón para esperar más.

    Consulta antes de esa fecha, sin esperar nada, si hay ideas de muerte, disociación grave, consumo para dormir, o si el hecho traumático fue una agresión sexual o violencia dentro de la casa: en esos casos conviene además la evaluación médica y la orientación legal.

    Si quieres una evaluación con un psicólogo clínico y ver si lo que estás viviendo requiere tratamiento o solo seguimiento, puedes agendar una consulta online. Para orientación telefónica gratuita en Chile, Salud Responde atiende en el 600 360 7777, y ante riesgo inminente la línea *4141 del MINSAL funciona las 24 horas.

    Preguntas frecuentes sobre el trastorno de estrés agudo

    ¿Cuánto dura el trastorno de estrés agudo?

    Por definición, entre 3 días y 4 semanas después del hecho traumático. Si los síntomas se mantienen más de un mes, el diagnóstico pasa a ser trastorno de estrés postraumático. La mayoría de las personas mejora sola en las primeras semanas o dentro de los primeros 3 meses; en quienes no mejoran, la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma acorta el cuadro y reduce el riesgo de que se haga crónico.

    ¿El estrés agudo se cura solo?

    En la mayoría de los casos, sí. Los síntomas suben con fuerza justo después del trauma y bajan sobre todo en los primeros 3 meses, por lo que Foa y colegas llaman recuperación natural: hablar con gente de confianza, retomar la rutina y no evitar de forma sostenida. De quienes cumplen los criterios completos de trastorno de estrés agudo, alrededor de un tercio desarrolla TEPT al año, y en ellos la terapia temprana sí marca la diferencia.

    ¿Cuál es la diferencia entre trastorno de estrés agudo y TEPT?

    El tiempo, sobre todo. El trastorno de estrés agudo se diagnostica entre el día 3 y el mes posterior al trauma; el TEPT, cuando los síntomas duran más de un mes. Los síntomas se parecen (recuerdos intrusivos, evitación, alerta, ánimo negativo), pero el estrés agudo pone más peso en la disociación y el TEPT en los cambios persistentes de pensamiento y ánimo. Tener estrés agudo aumenta el riesgo de TEPT, pero no lo garantiza.

    ¿Qué código tiene el estrés agudo en la CIE-10 y en la CIE-11?

    En la CIE-10 es el F43.0, «reacción a estrés agudo», el mismo código que el DSM-5 usa para su trastorno de estrés agudo. En la CIE-11 la reacción de estrés agudo pasó a ser QE84 y salió del capítulo de trastornos mentales: se considera una reacción normal a un hecho extremo que puede requerir atención, pero no una enfermedad. El TEPT en la CIE-11 es 6B40.

    ¿Cuáles son los criterios del trastorno de estrés agudo en el DSM-5?

    Haber estado expuesto a muerte, lesión grave o violencia sexual (vivida, presenciada o conocida de cerca), y presentar al menos nueve de catorce síntomas repartidos en cinco grupos: intrusión, ánimo negativo, disociación, evitación y activación. Los síntomas deben durar entre 3 días y 1 mes, causar malestar o deterioro significativo, y no explicarse por sustancias, una lesión cerebral u otro trastorno.

    ¿Cuál es el tratamiento del trastorno de estrés agudo?

    El tratamiento con más evidencia es la terapia cognitivo conductual centrada en el trauma, en pocas sesiones, iniciada dentro de las primeras semanas. En un ensayo con 90 personas con estrés agudo, cinco sesiones de exposición redujeron el TEPT posterior del 77 % al 33 %. El EMDR y la terapia cognitiva también mostraron beneficio en personas con síntomas. El debriefing de sesión única no sirve y puede empeorar el pronóstico.

    ¿Sirven las pastillas para el trastorno de estrés agudo?

    Para prevenir el TEPT, no hay ningún fármaco recomendable de rutina. Dos metaanálisis de ensayos aleatorizados encontraron que el propranolol, los antidepresivos y otros fármacos probados en los primeros 3 meses no evitaron el TEPT; solo la hidrocortisona mostró algún efecto, y únicamente en enfermos físicos graves. Un ansiolítico puede tener sentido médico unos días para dormir, pero no trata ni previene el cuadro.

    ¿Estrés agudo es lo mismo que estrés crónico?

    No. El trastorno de estrés agudo es la reacción intensa del primer mes después de un hecho traumático concreto. El estrés crónico es el desgaste por exigencias sostenidas (trabajo, deudas, cuidar a alguien) que no tiene un suceso puntual detrás ni recuerdos intrusivos, y se maneja de otra forma: cambiando lo que se pueda de la fuente y cuidando el sueño y el descanso.

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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