Ya pediste la hora, o estás a un mensaje de pedirla, y aparece la otra duda: ¿qué se supone que digo en la primera sesión con el psicólogo? Si llegaste buscando qué pasa en la primera consulta psicológica, lo más probable es que quieras bajar esa incertidumbre antes de sentarte (o conectarte) frente a alguien que todavía no conoces. Buena noticia: no tienes que llegar con la historia ordenada, con un diagnóstico en mente ni con la respuesta a “¿y por qué ahora?”. Abrir la conversación también es trabajo del profesional.
Sí hay cosas que conviene saber antes. Esta guía recorre lo que ocurre en esa primera hora, qué te van a preguntar y por qué, qué te tienen que explicar a ti, cómo prepararte en diez minutos, y cómo darte cuenta de si fue una buena primera sesión aunque salgas cansado.
Para qué sirve y qué pasa en la primera sesión con el psicólogo, en corto
La primera sesión sirve para entender qué te trae, evaluar tu situación y decidir juntos el paso siguiente. El psicólogo pregunta qué ocurre, desde cuándo, cómo afecta tu vida y qué esperas cambiar. A ti te tienen que explicar cómo trabaja, la confidencialidad y sus límites, honorarios y frecuencia. Puedes preguntar, poner el ritmo y decir “todavía no quiero entrar en eso”.
En la práctica, esa hora suele recorrer cinco momentos. No siempre en este orden ni con el mismo peso:
- Encuadre y acuerdos prácticos. Cuánto dura la sesión, cada cuánto se repite, honorarios, cómo se cancela, qué pasa con tu información.
- Motivo de consulta. Qué te hizo pedir ayuda y, sobre todo, qué te hizo pedirla ahora.
- Contexto. Sueño, ánimo, trabajo o estudios, relaciones, salud física, medicamentos, tratamientos anteriores. Lo que sea pertinente, no un interrogatorio completo.
- Una primera comprensión del problema. El profesional resume lo que entendió y plantea una explicación tentativa, que se va a revisar.
- Siguiente paso. Seguir evaluando, acordar un objetivo inicial, empezar a trabajar, o derivar si otra atención se ajusta mejor.
Esta estructura coincide con lo que proponen los manuales clínicos para una primera entrevista: acogida y encuadre, exploración del motivo y de la historia, evaluación de riesgo, una explicación inicial del problema construida con el paciente, y cierre con acuerdos (Tolin, 2024; Castro Camacho y Ángel de Greiff, 2013). La sesión individual dura habitualmente entre 45 y 60 minutos, aunque algunas evaluaciones iniciales son más largas o se reparten en dos citas. Confírmalo con tu psicólogo antes de la hora.
¿Qué te pregunta un psicólogo en la primera sesión?
Las preguntas buscan ubicar el problema en tu vida, no evaluar si sabes explicarlo bien. Lo habitual es partir con algo abierto (“¿qué te trae hoy?”, “¿por qué decidiste consultar ahora?”) y después precisar frecuencia, intensidad, antecedentes y recursos. La entrevista cambia según tu edad, tu motivo y el enfoque del profesional.
Áreas que aparecen casi siempre:
- Qué está pasando y desde cuándo.
- Qué cambió para que pidieras ayuda en este momento.
- Cómo se nota: en el ánimo, el cuerpo, el sueño, las relaciones, el trabajo o los estudios.
- Qué has intentado y qué ayudó, aunque haya sido poco.
- Si antes tuviste terapia, atención médica o medicamentos, y cómo te fue.
- Con quién cuentas cuando estás mal.
- Qué te gustaría notar distinto si la terapia estuviera funcionando.
- Si hay algún riesgo que necesite atención inmediata.
Una de esas preguntas puede sorprenderte: si has pensado en hacerte daño o en no seguir viviendo. Los manuales clínicos recomiendan evaluarlo de forma directa y sistemática en cualquier primera entrevista, sin esperar a que la persona lo mencione (Tolin, 2024; Beck et al., 2003). Que te lo pregunten no significa que el profesional vea algo alarmante en ti; significa que está haciendo bien su trabajo. Y si la respuesta es sí, lo que corresponde es armar juntos un plan de seguridad concreto, no cortar la conversación.
Si una pregunta te queda muy amplia, responde con una escena reciente: “ayer discutí otra vez y después no pude dormir”, “llevo semanas sin abrir el correo”, “no sé qué me pasa, solo sé que no estoy funcionando como antes”. Eso ya es material suficiente para empezar.
Hay una razón clínica detrás de este tipo de preguntas. Tolin (2024) distingue la evaluación diagnóstica, que busca ver si se cumplen criterios de un diagnóstico, de la evaluación para la terapia, que además pregunta qué mantiene el problema día a día, si este tratamiento y este profesional te sirven, y qué te motiva a cambiar. Por eso te van a preguntar en qué situaciones concretas aparece el malestar, qué piensas en ese momento, qué sientes en el cuerpo y qué haces después. Con eso se arma, entre los dos, una primera explicación de por qué el problema sigue ahí. Tolin la llama construcción colaborativa del modelo, y puede empezar a dibujarse en la primera cita.
Si lo que buscas es saber qué preguntan en la primera sesión para llegar con las respuestas listas, tómalo como un mapa, no como un cuestionario fijo. El profesional elige las preguntas que aportan a tu caso y deja otras para más adelante.
No tienes que contar todo, ni en orden
Puedes decidir el ritmo y decir “todavía no quiero hablar de eso”. El psicólogo necesita información suficiente para cuidar la atención, sobre todo si hay riesgo, pero la relación no se construye forzando revelaciones. Quedarse en blanco, llorar o cambiar de tema caben en una primera consulta.
Tampoco hace falta relatar tu vida desde la infancia. A veces conviene empezar por lo que pasó esta semana y retroceder después. Otras veces un antecedente antiguo explica por qué el problema actual pesa tanto. El orden depende de lo que ayude a entender el caso sin sobrecargarte.
Si te preocupa olvidar algo, dilo. Puedes leer una nota, mostrar una lista o pedir preguntas más concretas. La capacidad de narrar bajo presión no mide cuánto necesitas ayuda ni qué tan bien te va a ir en terapia.
Confidencialidad, honorarios y acuerdos: lo que te deberían explicar a ti
La primera consulta también sirve para que sepas a qué estás entrando. Los manuales de terapia cognitivo-conductual tratan el encuadre inicial como una tarea del terapeuta, no un trámite: explicar cómo se trabaja, qué se espera de cada uno y las reglas del proceso reduce la ansiedad del comienzo y alinea expectativas (Tolin, 2024). Beck, Freeman y colaboradores (2003) insisten en lo mismo respecto de horarios y honorarios: reglas claras desde el inicio evitan malentendidos después.
En Chile, la Ley 20.584 sobre derechos y deberes de los pacientes trata la información de la ficha clínica como dato sensible, con acceso restringido a quienes participan de tu atención, salvo las excepciones que la propia ley establece. El Código de Ética del Colegio de Psicólogas y Psicólogos de Chile fija además el secreto profesional y el respeto a la autonomía y a la libre elección del paciente. El encuadre debería dejar claro, como mínimo:
- Honorarios, forma de pago y si emite boleta.
- Duración de cada sesión y frecuencia inicial.
- Política para cancelar o reagendar.
- Cómo y cuándo se puede contactar entre sesiones.
- Límites de la confidencialidad: en qué situaciones el profesional tendría que compartir información (por ejemplo, riesgo grave para ti o para otra persona).
- Si atiende online, qué plataforma usa y qué hacer si se corta la conexión.
Hay una razón clínica, además de una legal, para exigir esa explicación. Beck, Freeman y colaboradores (2003) afirman que una mala socialización al modelo de trabajo (que la persona no entienda cómo funciona la terapia ni qué se espera de ella) es uno de los factores principales de abandono. Un psicólogo que dedica diez minutos de la primera sesión a explicar cómo trabaja te está cuidando el proceso, no rellenando tiempo.
Un detalle práctico: puedes comprobar que el profesional figure en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud, que muestra su título y habilitación. Preguntar por formación, experiencia con tu motivo de consulta y enfoque es parte de una decisión informada, no una descortesía.
¿Te diagnostican o te hacen un test en la primera consulta psicológica?
Puede haber cuestionarios y una impresión inicial, pero un diagnóstico serio rara vez se cierra en una sesión. Algunas dificultades son claras desde el comienzo. Otras requieren ver cómo evolucionan, descartar causas médicas, revisar antecedentes o aplicar instrumentos adecuados. Un puntaje aislado complementa la entrevista; no la reemplaza.
Es común que en la primera o segunda cita te pidan responder escalas breves. Tolin (2024) recomienda medidas cortas de autoinforme desde el inicio (el PHQ-9 para depresión o el GAD-7 para ansiedad, por ejemplo) con dos fines: asegurarse de que no quede fuera ningún síntoma que no mencionaste, y fijar una línea de base para comparar sesión a sesión si el tratamiento está funcionando. También puede que te entreguen un cuestionario de datos personales para completar en casa o en la sala de espera, con antecedentes médicos, familiares y de tratamientos previos, para no gastar en eso el tiempo de la conversación (Castro Camacho y Ángel de Greiff, 2013). Si quieres saber cómo se combinan entrevista y cuestionarios, esta guía sobre qué es una evaluación psicológica y cómo se hace lo explica paso a paso.
Lo que sí deberías recibir al cierre de la primera cita es un principio de explicación. Castro Camacho y Ángel de Greiff (2013) plantean que, aunque la formulación completa toma varias sesiones, la entrevista inicial debería terminar con una devolución tentativa: qué entendió el profesional, qué parece estar manteniendo el problema y cuál es la lógica de lo que viene. Tolin (2024) recomienda tratar esa primera explicación como hipótesis que se revisa con datos nuevos, y no como etiqueta. De hecho, una buena forma de empezar es que te pregunten cuál es tu propia teoría de lo que te pasa. El resultado razonable de una primera cita puede ser tan concreto como “necesitamos dos sesiones más para evaluar”, “esto parece compatible con ansiedad y vamos a medir cómo evoluciona” o “conviene una evaluación médica en paralelo”. Si tu duda es si necesitas psiquiatra, psicólogo o ambos, en psicólogo o psiquiatra: cuál necesitas según tu caso separamos funciones, medicación y situaciones donde conviene trabajar en conjunto.
Si el profesional aplica un test, puedes preguntar qué mide, por qué corresponde en tu caso, cómo se interpretará junto con la entrevista y quién verá el resultado.
¿En la primera sesión ya empieza la terapia?
La evaluación inicial ya es parte del trabajo terapéutico, aunque todavía no haya una técnica ni una tarea. Ser escuchado con orden, ponerle nombre a un patrón y salir con un próximo paso claro puede ayudar por sí solo. Tolin (2024) lo plantea como un objetivo explícito de la primera sesión: que la persona se vaya con algo útil, sea una forma nueva de entender su problema, una dosis de esperanza o la experiencia de haber sido tomada en serio.
Y esa primera hora pesa más de lo que parece. En un estudio con 6.051 pacientes con depresión o ansiedad, el profesional que hizo la evaluación inicial explicó cerca del 16% de la variación en las expectativas de las personas al terminarla, y esas expectativas predijeron si iniciaban o no el tratamiento (Bowker et al., 2025). Es un estudio observacional: no dice qué conducta concreta del evaluador produce el efecto. Pero muestra que la primera conversación no es neutra.
Tus propias expectativas también merecen espacio. Un metaanálisis de 81 muestras y 12.722 pacientes encontró una asociación modesta entre expectativas iniciales más favorables y mejores resultados al final de la terapia, con bastante variación entre estudios (Constantino et al., 2018). La lectura útil es conversar qué esperas, qué temes y qué resultado sería realista para ti. De hecho, Tolin (2024) propone preguntarlo directamente en la primera fase: “hacia el final del tratamiento, ¿cuánta mejoría esperas ver?”. Y como casi todos llegamos con metas vagas (“quiero dejar de sentirme así”), es probable que te ayuden a traducirlas a algo observable: si la terapia funcionara, ¿qué cosas concretas verías distintas en tu semana?
El enfoque cambia cómo se organiza el trabajo después. En una terapia cognitivo-conductual suele haber objetivos explícitos, seguimiento con cuestionarios y práctica entre sesiones. La terapia de aceptación y compromiso mira sobre todo la relación entre el malestar, la evitación y las acciones guiadas por lo que a ti te importa. Preguntar cómo trabaja el profesional te dice qué va a pasar después de la evaluación.
Cómo prepararse para ir al psicólogo sin ensayar un discurso
Prepararte significa quitar obstáculos prácticos, no fabricar una explicación perfecta. Diez minutos alcanzan para anotar qué te preocupa, desde cuándo, cómo interfiere y qué cambio te gustaría. Lleva nombres de medicamentos o tratamientos previos si los hay, y deja espacio para que la conversación tome otra dirección.
Una nota breve puede tener seis frases:
- “Lo que más me preocupa es…”
- “Esto empezó o empeoró cuando…”
- “Se nota sobre todo en…”
- “He intentado…”
- “Me gustaría que la terapia me ayudara a…”
- “Antes de seguir necesito preguntar…”
No prepares una autobiografía. Nombres y dosis de medicamentos, diagnósticos previos, informes o derivaciones: solo si existen y crees que aportan. Si te derivó un médico u otro profesional, el motivo de esa derivación ahorra tiempo.
Para una primera sesión online, prueba antes el enlace, el audio y la cámara. Busca un lugar donde puedas hablar sin que te escuchen, usa audífonos si compartes casa y acuerda qué hacer si se cae la conexión. Ten agua a mano y unos minutos libres después: pasar de una conversación sensible directo a una reunión no es buena idea.
Si te preguntas si la modalidad online o presencial cambia el fondo de la sesión, la evidencia dice que no en lo que más importa al inicio: un metaanálisis de 18 estudios no encontró diferencias en la alianza terapéutica entre la psicoterapia por videollamada y la presencial, ni en la valoración de los pacientes ni en la de los terapeutas (Seuling et al., 2024).
Preguntas que tú puedes hacer en la primera sesión
La consulta también es una entrevista al psicólogo. No hace falta convertirla en un interrogatorio, pero sí salir entendiendo cómo trabaja y si tiene experiencia con lo tuyo. Tus preferencias no son un capricho: una revisión de 29 estudios con 5.294 participantes encontró menos abandono y mejor alianza cuando las personas recibían el tratamiento psicosocial que preferían, sin diferencias significativas en los demás resultados examinados (Windle et al., 2020).
Puedes preguntar:
- ¿Has trabajado antes con este tipo de problema?
- ¿Qué enfoque usas y cómo se vería en una sesión normal?
- ¿Cómo vamos a definir los objetivos y revisar si hay avance?
- ¿Cuánto dura una sesión y con qué frecuencia partiríamos?
- ¿Qué haces si después de un tiempo no hay mejoría?
- ¿En qué casos sugieres una evaluación médica o psiquiátrica?
- ¿Cuáles son las reglas de confidencialidad y sus límites?
- ¿Puedo decirte si algo de la terapia no me está ayudando?
La respuesta no tiene que ser una promesa exacta de duración ni de éxito. Busca claridad, disposición a explicar y capacidad de reconocer límites. Una respuesta especialmente buena a la pregunta “¿qué pasa si no mejoro?” es que el profesional proponga un punto de revisión explícito: Tolin (2024) sugiere acordar desde el inicio una sesión (la décima, por ejemplo) en la que se miran juntos los cuestionarios y, si no hay mejoría demostrable, se cambia lo que se está haciendo en vez de insistir con lo mismo. Un profesional serio puede decir “todavía no lo sé, necesito evaluar mejor” sin dejarte a oscuras sobre el siguiente paso.
Cómo saber si la primera sesión fue una buena experiencia
No necesitas salir aliviado para que la sesión haya servido. Hablar de algo difícil puede dejar cansancio, vergüenza o emociones mezcladas. Una señal más realista es que entendiste qué viene después, pudiste preguntar y no te sentiste reducido a una etiqueta.
Al terminar, revisa estas preguntas:
- ¿Pude hablar sin sentirme juzgado ni apurado?
- ¿El psicólogo escuchó y comprobó si había entendido bien?
- ¿Me explicó la confidencialidad y los acuerdos prácticos?
- ¿Pude hacer preguntas o plantear una preferencia?
- ¿El próximo paso quedó claro?
- ¿Reconoció lo que todavía no puede concluir?
- ¿Me imagino diciéndole que no estoy de acuerdo en una sesión futura?
Esas preguntas apuntan a lo que en psicoterapia se llama alianza terapéutica. Bordin (1979) la describió con tres piezas: acuerdo en los objetivos, acuerdo en las tareas y un vínculo de confianza suficiente. Tolin (2024) recoge, a partir de la revisión de Lavik y colaboradores sobre cómo se forma la alianza al comienzo, lo que los pacientes dicen necesitar en las primeras sesiones: un terapeuta competente y cálido a la vez, sentirse entendido como persona y no solo como un conjunto de síntomas, y ganar algo de esperanza. Un metaanálisis de 295 estudios y más de 30.000 pacientes encontró una asociación consistente entre la calidad de esa alianza y el resultado de la psicoterapia (r = 0,278; Flückiger et al., 2018). Es una razón para tomarse en serio cómo se construye el vínculo desde la primera cita, sin pretender adivinar todo el proceso por una sola hora.
Señales para pedir aclaraciones o cambiar de profesional
Una incomodidad puntual se puede conversar; una vulneración de límites merece otra respuesta. Antes de irte por una duda reparable, prueba decir qué te molestó y mira si el profesional escucha, aclara o ajusta. Cambiar de psicólogo es válido si el enfoque no encaja o si no tiene experiencia con tu problema.
Toma distancia y busca otra opinión si el profesional:
- Ridiculiza, moraliza o invalida lo que cuentas.
- Promete curación, fecha exacta o resultado garantizado antes de evaluar.
- Evita explicar honorarios, confidencialidad, formación o método.
- Presiona para revelar detalles sin una razón clínica comprensible.
- Cruza límites sexuales, afectivos, financieros o de relación personal.
- Desaconseja toda atención médica aunque haya síntomas que necesitan evaluación.
- Se niega a derivar cuando reconoce que el caso queda fuera de su competencia.
Un dato para poner esto en perspectiva: alrededor de 1 de cada 5 personas abandona la psicoterapia antes de tiempo, según un metaanálisis de 669 estudios y 83.834 pacientes (Swift y Greenberg, 2012). Parte de ese abandono tiene que ver con un mal calce que nadie conversó. Una mala coincidencia no demuestra que la terapia no pueda ayudarte: a veces basta ajustar expectativas, otras corresponde cambiar de profesional. La libre elección forma parte de tus derechos y del encuadre ético.
Preguntas frecuentes sobre la primera consulta psicológica
¿Qué digo al empezar la primera sesión con el psicólogo?
Puedes partir con la frase más simple y cierta: “no sé bien cómo explicarlo, pero pedí la hora porque…”. Cuenta qué pasó hace poco, cómo te afecta o qué te hizo consultar ahora. El psicólogo ordena la conversación con preguntas. No necesitas traer un diagnóstico, una cronología completa ni un objetivo bien formulado.
¿Qué pasa si lloro o me quedo en blanco?
Las dos cosas caben en una primera consulta. Puedes pedir una pausa, tomar agua, leer tu nota o decir que la pregunta te cuesta. Quedarse en blanco suele aparecer cuando hay nervios o demasiadas cosas juntas. No es una prueba fallida: también le informa al profesional sobre el ritmo y el apoyo que necesitas.
¿Cuánto dura la primera sesión con un psicólogo?
La mayoría de las sesiones individuales duran entre 45 y 60 minutos, aunque algunas evaluaciones iniciales son más largas o se reparten en dos citas. Confirma antes la duración, el precio y qué pasa si llegas tarde. El tiempo disponible depende del profesional, la modalidad y el lugar donde te atiendas.
¿El psicólogo me dará un diagnóstico en la primera sesión?
Puede darte una impresión inicial si la información alcanza, pero no siempre corresponde cerrar un diagnóstico tan pronto. La evaluación puede requerir más entrevistas, cuestionarios, antecedentes o una revisión médica. Pregunta qué hipótesis maneja, qué falta comprobar y cómo ese diagnóstico cambiaría el plan.
¿Puedo ir acompañado a la primera sesión?
Pregúntalo antes. En adultos, al menos una parte de la sesión suele hacerse a solas para cuidar tu privacidad y escuchar tu versión. Un acompañante puede aportar antecedentes o apoyo si tú lo autorizas y el profesional lo considera útil. Conviene acordar quién entra, cuánto tiempo y qué información se puede compartir.
¿Tengo que seguir con el mismo psicólogo después de la primera cita?
No. Puedes tomarte tiempo, pedir aclaraciones o buscar otra opción. También es razonable darle dos o tres sesiones si la duda es normal y no hubo ninguna vulneración. Si faltó respeto, se cruzaron límites o el profesional no tiene experiencia con tu caso, cambiar o pedir derivación es una decisión adecuada.
¿La primera sesión online es distinta de la presencial?
El objetivo clínico es el mismo: entender el motivo de consulta, evaluar, acordar cómo trabajar y definir el paso siguiente. Online se suman acuerdos sobre privacidad, ubicación, contacto alternativo y fallas de conexión. La evidencia disponible no muestra diferencias en la alianza terapéutica entre videollamada y presencial (Seuling et al., 2024).
Llegar sin respuestas también es una forma válida de empezar
Tu preparación puede ser corta: saber por qué pediste la hora, llevar una pregunta y reservar el tiempo suficiente para estar presente. Lo demás se construye conversando. Una buena primera sesión debería dejarte con menos incertidumbre sobre el proceso, aunque el problema todavía no tenga nombre ni solución.
Si quieres revisar tu situación en una consulta online y ver si mi forma de trabajo calza con lo que necesitas, puedes escribirme para agendar una primera sesión. Empezamos por ordenar qué está pasando, qué necesita atención primero y cuál sería un siguiente paso realista. Y si antes prefieres una idea general de cómo estás, puedes responder el test de salud mental gratis del sitio y llevar el resultado a la primera cita.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
- Beck, A. T., Freeman, A., & colaboradores. (2003). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós.
- Bordin, E. S. (1979). The generalizability of the psychoanalytic concept of the working alliance. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 16(3), 252-260. https://doi.org/10.1037/h0085885
- Bowker, H., Saxon, D., & Delgadillo, J. (2025). First impressions matter: The influence of initial assessments on psychological treatment initiation and subsequent dropout. Psychotherapy Research, 35(3), 368-378. https://doi.org/10.1080/10503307.2024.2308164
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- Castro Camacho, L., & Ángel de Greiff, E. (2013). Formulación clínica conductual. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos. Vol. 2: Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 3-79). Siglo XXI.
- Colegio de Psicólogas y Psicólogos de Chile A.G. (1999). Código de Ética Profesional (2.ª ed.). https://www.colpsi.cl/1-normativa-vigente/
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- Flückiger, C., Del Re, A. C., Wampold, B. E., & Horvath, A. O. (2018). The alliance in adult psychotherapy: A meta-analytic synthesis. Psychotherapy, 55(4), 316-340. https://doi.org/10.1037/pst0000172
- Seuling, P. D., Fendel, J. C., Spille, L., Göritz, A. S., & Schmidt, S. (2024). Therapeutic alliance in videoconferencing psychotherapy compared to psychotherapy in person: A systematic review and meta-analysis. Journal of Telemedicine and Telecare, 30(10), 1521-1531. https://doi.org/10.1177/1357633X231161774
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- Swift, J. K., & Greenberg, R. P. (2012). Premature discontinuation in adult psychotherapy: A meta-analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 80(4), 547-559. https://doi.org/10.1037/a0028226
- Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.
- Windle, E., Tee, H., Sabitova, A., Jovanovic, N., Priebe, S., & Carr, C. (2020). Association of patient treatment preference with dropout and clinical outcomes in adult psychosocial mental health interventions: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 77(3), 294-302. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2019.3750

