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  • Ley de la atracción: qué dice la ciencia y por qué no funciona como te la venden

    Ley de la atracción: qué dice la ciencia y por qué no funciona como te la venden

    Alguien te habló de la ley de la atracción, viste El secreto o te apareció un video sobre “manifestar” lo que quieres: una pareja, un trabajo, dinero, un cuerpo distinto. La promesa suena cómoda. Si piensas en positivo y te imaginas el resultado con claridad, el universo se ordena para entregártelo. Antes de apostar tiempo y esperanza, quieres saber si hay algo detrás.

    Lo hay, pero no donde la promesa lo pone. Este artículo explica qué afirma la ley de la atracción, qué muestran los estudios sobre pensar en positivo y metas, qué parte de manifestar tiene respaldo y qué riesgos tiene creerla al pie de la letra.

    Respuesta corta: la afirmación central de la ley de la atracción (que el pensamiento atrae hechos del mundo) no tiene ensayos que la respalden. Lo que sí tiene respaldo es otra cosa: imaginar lo que quieres y, enseguida, mirar el obstáculo real con un plan concreto. Imaginar solo el final feliz, en cambio, se asoció con menos esfuerzo y peores resultados.

    ¿Qué es la ley de la atracción y cómo dice que funciona?

    La ley de la atracción sostiene que los pensamientos, las emociones y las imágenes mentales emiten algo parecido a una “frecuencia” que atrae experiencias del mismo tipo. Pensar en abundancia atraería abundancia, y pensar en carencia atraería carencia. Se popularizó desde 2006 con el libro y el documental El secreto (Byrne, 2006), por eso mucha gente la busca como la ley de la atracción de El secreto.

    La versión moderna se llama manifestación e incluye tres prácticas que se repiten: repetir frases positivas, visualizar la meta cumplida y actuar “como si” ya la tuvieras. Un estudio que midió esas creencias las describe justo así, como la capacidad de atraer cósmicamente el éxito mediante autodiálogo positivo, visualización y acciones simbólicas (Dixon et al., 2025).

    Conviene separar dos ideas que viajan juntas. Una dice que lo que piensas influye en lo que haces, y eso tiene respaldo. La otra dice que lo que piensas mueve el mundo por afuera de tus actos, y eso es lo que la ley de la atracción añade.

    ¿La ley de la atracción funciona? Lo que encontró la investigación

    Buscamos en Europe PMC, un buscador abierto de literatura biomédica, el término “law of attraction” en el título de los trabajos (octubre de 2026). Aparecieron dos registros: una carta de 2024 y un preprint de química de materiales. Ningún ensayo ni revisión evalúa si pensar algo hace que ocurra.

    La ausencia de estudios no demuestra por sí sola que sea falsa, pero significa que quien asegura que funciona lo hace sin respaldo publicado. Tampoco la menciona la autoridad sanitaria que revisó técnicas con pretensión de salud: el informe de 2019 del Ministerio de Sanidad de España no incluye la ley de la atracción entre las técnicas evaluadas (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, 2019).

    Ese informe sí lista la “visualización” entre las 66 terapias aún en evaluación. Es una categoría de espera, y no una confirmación de que sirva.

    ¿Qué sabemos de quienes creen en la manifestación?

    Un estudio en tres etapas con 1.023 personas desarrolló una escala de creencia en la manifestación y encontró que más de un tercio de los participantes la compartía. Quienes más creían se veían a sí mismos como más exitosos y esperaban lograr el éxito más pronto (Dixon et al., 2025).

    El mismo trabajo registró otra cosa: esas personas se inclinaban más por inversiones riesgosas y habían vivido más quiebras. Es una asociación sin prueba de causa, y los autores discuten ventajas y desventajas de esta creencia. Para quien se pregunta si manifestar deseos funciona, aporta un dato que la promesa no menciona.

    ¿Por qué parece funcionar, si no hay evidencia?

    La sensación de que manifestar funciona tiene explicaciones psicológicas conocidas. Ninguna se midió específicamente en la manifestación, así que son lecturas razonables y no resultados.

    • Atención selectiva. Cuando quieres algo, notas lo que se relaciona con eso. Una coincidencia que antes habrías ignorado ahora parece una señal.
    • Memoria selectiva. Se recuerdan y se cuentan los casos en que “salió”, y se olvidan las muchas veces que no pasó nada.
    • Actuar distinto. Quien cree que algo es posible suele mover más contactos y animarse a pedir lo que quiere. Parte del resultado viene de ahí, de lo que hizo, y no de lo que pensó.
    • Un fracaso que no refuta. Si no ocurre, siempre queda la explicación de que no creíste lo suficiente. Una idea que nunca puede equivocarse es difícil de comprobar.

    Pensamiento positivo y metas: lo que sí muestran los estudios

    Manifestar y psicología se cruzan en un punto concreto: cómo pensar el futuro cambia lo que haces hoy. La psicóloga Gabriele Oettingen lleva más de dos décadas comparando dos formas de pensar el futuro. Una son las expectativas: juzgar cuán probable es que consigas algo. La otra son las fantasías: disfrutar de imágenes de lo que deseas, sin considerar el camino.

    En cuatro estudios con personas que buscaban empleo, estudiantes con un enamoramiento, estudiantes ante un examen y pacientes de cirugía de cadera, las expectativas positivas predijeron más esfuerzo y mejor desempeño. Las fantasías positivas predijeron lo contrario, con seguimientos de semanas hasta dos años (Oettingen y Mayer, 2002). Puedes revisar el estudio original.

    Hay una explicación de por qué ocurre. Según la revisión de Oettingen y Schwörer, fantasear solo con el futuro deseado permite “disfrutar” el logro en el presente y oculta la necesidad de actuar (Oettingen y Schwörer, 2013). Los experimentos de Kappes y Oettingen apuntan en la misma dirección: inducir fantasías positivas redujo la energía física, medida con la presión arterial sistólica (Kappes y Oettingen, 2011).

    Un ejemplo con peso corporal y otro con ánimo

    En un estudio clásico con mujeres con sobrepeso que seguían un programa de bajar de peso, quienes fantaseaban con más agrado sobre adelgazar perdieron menos kilos al cabo de un año (Oettingen y Wadden, 1991). Se publicó en Cognitive Therapy and Research.

    Con el ánimo ocurre algo parecido. En cuatro estudios con adultos y escolares, las fantasías positivas sobre el futuro se asociaron con menos síntomas depresivos medidos en el mismo momento, pero predijeron más síntomas medidos después, hasta siete meses más tarde (Oettingen et al., 2016). El título del trabajo lo resume así: placer ahora, dolor después.

    Ojo con no exagerar: son fantasías sobre el futuro, no el optimismo en general. Tener esperanza y confiar en que algo es posible es distinto de ensayar mentalmente el final feliz sin mirar lo que falta.

    ¿Qué parte de manifestar sí funciona? El contraste mental

    Oettingen no propone dejar de soñar. Propone un paso más, llamado contraste mental: imaginar el futuro deseado y, enseguida, pensar en el obstáculo real que hoy te separa de él. Mirar ambas cosas juntas hace sentir que hay algo que hacer. En cuatro experimentos, esa combinación activó el compromiso según las expectativas de éxito: fuerte si eran favorables, débil si no (Oettingen et al., 2001; ver el estudio).

    Cuando el contraste mental se une a un plan del tipo “si ocurre X, entonces hago Y” (una intención de implementación), la técnica se conoce como MCII o WOOP, por sus iniciales en inglés. Sus pasos son cuatro:

    1. Wish (deseo): una meta que te importe, desafiante pero posible en un plazo definido.
    2. Outcome (resultado): imaginar con detalle lo mejor que pasaría si la logras.
    3. Obstacle (obstáculo): identificar lo que hay dentro de ti (un hábito, una emoción, un pensamiento) que hoy lo impide.
    4. Plan: escribir un “si… entonces…” concreto para ese obstáculo.

    Un ejemplo: quieres presentarte a un concurso. Imaginas cómo te sentirías al ganar. Luego notas que cuando abres el formulario te das cuenta de que lo dejas para después. Tu plan queda así: “si abro el formulario y me da pereza, entonces completo solo la primera sección”.

    ¿Cuánto funciona?

    Un metaanálisis de 21 estudios con casi 16.000 participantes encontró que el MCII mejora el logro de metas con un efecto pequeño a moderado (g = 0,34). Fue mayor con acompañamiento de una persona que con material escrito, y los autores advierten de sesgo de publicación: el efecto real puede ser menor (Wang et al., 2021).

    Para conductas de salud, otro metaanálisis con 1.528 participantes halló un efecto pequeño a moderado del contraste mental (g = 0,28), algo mayor hasta tres meses después (g = 0,38) (Cross y Sheffield, 2019). En niños de quinto grado en desventaja económica, un ensayo con 77 estudiantes comparó MCII con una estrategia de “pensamiento positivo”: quienes aprendieron MCII mejoraron notas, asistencia y conducta (Duckworth et al., 2013).

    Los planes “si… entonces…” por sí solos también tienen respaldo. Un metaanálisis de 29 estudios en personas con diagnóstico o síntomas por sobre el corte clínico encontró un efecto grande sobre el logro de metas (d = 0,99, sin contar un efecto atípico) (Toli et al., 2016). Los autores piden más estudios con una gama más amplia de problemas de salud mental.

    Una nota sobre visualizar. Un metaanálisis de 123 efectos mostró que la simulación mental de escenarios futuros cambia la conducta con efecto moderado (g = 0,49), y que simular una versión superior de la conducta funcionó mejor que una inferior (Cole et al., 2021). Funciona cuando el ejercicio conecta con lo que vas a hacer.

    ¿Y repetir frases positivas?

    Repetirte “soy una persona querible” o “merezco abundancia” está en el corazón de la manifestación. Un trabajo con una encuesta y dos experimentos halló que muchas personas usan estas frases y creen que sirven. Sin embargo, quienes tenían baja autoestima se sintieron peor tras repetir la frase, comparados con quienes no la repitieron. En quienes tenían autoestima alta, el beneficio fue limitado (Wood et al., 2009; estudio completo).

    La razón probable es simple: una afirmación que choca con lo que sientes de ti hace más visible la distancia. Si necesitas trabajar la imagen que tienes de ti, hay recursos con más respaldo, como mejorar la autoestima con ejercicios graduales.

    ¿Cuáles son los riesgos de creer que el pensamiento lo determina todo?

    Respuesta corta: el riesgo principal es la culpa, porque si todo depende de tu mente, cualquier problema parece un fallo tuyo. El segundo es postergar ayuda profesional, y el tercero, decidir con un optimismo que no mira los obstáculos.

    Culparte por lo que te pasa

    Si el pensamiento atrae lo que vives, quien enferma, pierde el trabajo o sufre una pérdida habría “atraído” ese resultado. Es una idea injusta, y nada en los estudios sobre contraste mental la respalda. Si te llegó esa culpa desde otra práctica, tenemos guías sobre biodescodificación y constelaciones familiares, que plantean mensajes parecidos.

    Postergar ayuda cuando la necesitas

    El plan de 2018 del Ministerio de Sanidad de España advierte que las pseudoterapias favorecen que las personas retrasen o sustituyan tratamientos de eficacia y seguridad probadas (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, 2018).

    Ese riesgo cuenta para la tristeza o la ansiedad que no se van. Pensar en positivo no reemplaza una evaluación, y mostrar solo la cara amable puede esconder el malestar, como describe la guía sobre depresión sonriente.

    Decidir sin mirar los obstáculos

    La asociación de la manifestación con inversiones riesgosas y quiebras (Dixon et al., 2025) sirve de recordatorio. Imaginar el éxito sin evaluar el riesgo se parece al patrón que Oettingen describe: se disfruta el resultado por adelantado y se cuida menos el camino.

    ¿Qué hacer en lugar de manifestar? Cómo aplicar lo que sí funciona

    Si algo de la idea te atrajo, conservarlo es posible. El deseo, la imagen del futuro y la confianza sirven de punto de partida. Lo que cambia es lo que haces después.

    • Meta concreta: elige una y escribe el mejor resultado en pocas líneas.
    • Pregúntate qué te frena hoy, y apunta el obstáculo que depende de ti.
    • Redacta un plan “si… entonces…” para ese obstáculo y ensáyalo mentalmente.
    • Empieza por la parte más pequeña y repítela. Para la postergación, cómo dejar de procrastinar tiene pasos concretos.
    • Si tras unas semanas no avanzas, cambia el plan o pide ayuda. Un estancamiento rara vez habla de falta de fe.

    Con los pensamientos que se repiten y pesan, la terapia cognitivo-conductual trabaja justamente la relación entre lo que piensas, sientes y haces. Y si te interesa por qué creemos saber más de lo que sabemos, el efecto Dunning-Kruger es un buen complemento.

    ¿Cuándo conviene consultar a un profesional?

    Consulta si la tristeza, la ansiedad o el desgano llevan semanas, si sientes culpa constante por “pensar mal”, si la creencia en manifestar te hace postergar un tratamiento o decisiones importantes, o si estás tomando riesgos económicos que no podrías sostener.

    Un psicólogo clínico puede ayudarte a distinguir qué depende de ti y qué no. Si dudas por dónde partir, mira cómo elegir un psicólogo y la diferencia entre psicólogo y psiquiatra.

    Si estás pasando por una crisis, o piensas en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio al *4141, o acude a urgencias.

    Preguntas frecuentes

    ¿La ley de la atracción funciona?

    Ningún estudio muestra que pensar algo haga que ocurra en el mundo. El contraste mental con un plan “si… entonces…” mejora el logro de metas con efectos pequeños a moderados (Wang et al., 2021), y lo logra porque dirige tus acciones.

    ¿Visualizar mis metas sirve?

    Depende de cómo lo hagas. Fantasear solo con el final feliz se asoció con menos esfuerzo y peores resultados en varios estudios (Oettingen y Mayer, 2002). Imaginar el resultado y luego el obstáculo, con un plan concreto, mejora el logro de metas (Cross y Sheffield, 2019).

    ¿Qué es WOOP y cómo se hace?

    WOOP es la versión práctica del contraste mental con plan: deseo (Wish), resultado (Outcome), obstáculo (Obstacle) y plan (Plan). Eliges una meta, imaginas lo mejor que pasaría, identificas lo que te frena y escribes un “si ocurre esto, entonces hago esto”.

    ¿Pensar en positivo es malo?

    Esperar que algo salga bien (expectativas positivas) se asoció con más esfuerzo y mejor desempeño en los estudios de Oettingen (Oettingen y Mayer, 2002). El problema aparece cuando el pensamiento positivo se reduce a fantasear con el resultado, sin plan, o cuando se usa para tapar emociones que necesitan atención.

    ¿Las afirmaciones positivas sirven?

    Depende de la persona. En un trabajo experimental, repetir una frase positiva mejoró un poco el ánimo en quienes tenían autoestima alta y empeoró el ánimo en quienes tenían autoestima baja (Wood et al., 2009). Si una frase te suena falsa, es probable que no ayude.

    ¿Creer en manifestar es una señal de algún problema?

    No por sí sola. Más de un tercio de una muestra de 1.023 personas compartía esas creencias (Dixon et al., 2025). Conviene revisarla cuando aparecen culpa, riesgos económicos o postergar ayuda de salud. Si te preocupa, un psicólogo clínico puede evaluarlo contigo.

    Si quieres conversarlo

    Confiar en que las cosas pueden mejorar es una buena base. Lo que ayuda es juntar esa esperanza con un plan realista y, cuando hace falta, con acompañamiento profesional. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos y revisamos juntos por dónde empezar.

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    Referencias

    • Byrne, R. (2006). El secreto. Atria Books.
    • Cole, S. N., Smith, D. M., Ragan, K., Suurmond, R., & Armitage, C. J. (2021). Synthesizing the effects of mental simulation on behavior change: Systematic review and multilevel meta-analysis. Psychonomic Bulletin & Review, 28(5), 1514-1537. https://doi.org/10.3758/s13423-021-01880-6
    • Cross, A., & Sheffield, D. (2019). Mental contrasting for health behaviour change: A systematic review and meta-analysis of effects and moderator variables. Health Psychology Review, 13(2), 209-225. https://doi.org/10.1080/17437199.2019.1594332
    • Dixon, L. J., Hornsey, M. J., & Hartley, N. (2025). “The Secret” to success? The psychology of belief in manifestation. Personality and Social Psychology Bulletin, 51(1), 49-65. https://doi.org/10.1177/01461672231181162
    • Duckworth, A. L., Kirby, T. A., Gollwitzer, A., & Oettingen, G. (2013). From fantasy to action: Mental contrasting with implementation intentions (MCII) improves academic performance in children. Social Psychological and Personality Science, 4(6), 745-753. https://doi.org/10.1177/1948550613476307
    • Kappes, H. B., & Oettingen, G. (2011). Positive fantasies about idealized futures sap energy. Journal of Experimental Social Psychology, 47(4), 719-729. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2011.02.003
    • Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, & Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. (2018). Plan para la protección de la salud frente a las pseudoterapias. Gobierno de España. https://www.sanidad.gob.es/gabinetePrensa/notaPrensa/pdf/20181141118135247771.pdf
    • Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. (2019). Resumen de las conclusiones del informe preliminar sobre las técnicas con pretendida finalidad sanitaria. Gobierno de España. https://www.conprueba.es/sites/default/files/multimedia/documentos/informe-exploratorio.pdf
    • Oettingen, G., & Mayer, D. (2002). The motivating function of thinking about the future: Expectations versus fantasies. Journal of Personality and Social Psychology, 83(5), 1198-1212. https://doi.org/10.1037/0022-3514.83.5.1198
    • Oettingen, G., Mayer, D., & Portnow, S. (2016). Pleasure now, pain later: Positive fantasies about the future predict symptoms of depression. Psychological Science, 27(3), 345-353. https://doi.org/10.1177/0956797615620783
    • Oettingen, G., Pak, H., & Schnetter, K. (2001). Self-regulation of goal setting: Turning free fantasies about the future into binding goals. Journal of Personality and Social Psychology, 80(5), 736-753. https://doi.org/10.1037/0022-3514.80.5.736
    • Oettingen, G., & Schwörer, B. (2013). Mind wandering via mental contrasting as a tool for behavior change. Frontiers in Psychology, 4, Article 562. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2013.00562
    • Oettingen, G., & Wadden, T. A. (1991). Expectation, fantasy, and weight loss: Is the impact of positive thinking always positive? Cognitive Therapy and Research, 15(2), 167-175. https://doi.org/10.1007/bf01173206
    • Toli, A., Webb, T. L., & Hardy, G. E. (2016). Does forming implementation intentions help people with mental health problems to achieve goals? A meta-analysis of experimental studies with clinical and analogue samples. British Journal of Clinical Psychology, 55(1), 69-90. https://doi.org/10.1111/bjc.12086
    • Wang, G., Wang, Y., & Gai, X. (2021). A meta-analysis of the effects of mental contrasting with implementation intentions on goal attainment. Frontiers in Psychology, 12, Article 565202. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.565202
    • Wood, J. V., Perunovic, W. Q. E., & Lee, J. W. (2009). Positive self-statements: Power for some, peril for others. Psychological Science, 20(7), 860-866. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2009.02370.x

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Efecto Dunning-Kruger: Qué Es, Ejemplos y Qué Dice la Evidencia

    Efecto Dunning-Kruger: Qué Es, Ejemplos y Qué Dice la Evidencia

    Seguro lo has visto en redes: «los que menos saben son los que más seguros están». Se le atribuye al efecto Dunning-Kruger y se usa para explicar desde el cuñado de la cena hasta un político en televisión. La frase pega, pero la ciencia detrás es más interesante y bastante menos tajante.

    Este artículo explica qué es el efecto Dunning-Kruger, qué midieron de verdad sus autores en 1999, qué ejemplos tienen respaldo en estudios y por qué hoy se discute si el patrón es un rasgo de la mente o, en parte, un artefacto de cómo se miden y grafican los datos. También verás cómo calibrar mejor lo que crees saber, sin usar la etiqueta contra nadie.

    Respuesta corta: el efecto Dunning-Kruger es el hallazgo de que quienes peor rinden en una tarea tienden a sobrestimar más su desempeño. En el estudio original, personas en el percentil 12 se ubicaron en el 62. Hoy se discute cuánto de eso es falta de autoconocimiento y cuánto es un efecto estadístico. Describe un sesgo común y no sirve para diagnosticar a nadie.

    ¿Qué es el efecto Dunning-Kruger? Significado y origen

    En psicología, el efecto Dunning-Kruger es un sesgo de autoevaluación descrito en 1999 por Justin Kruger y David Dunning. Consiste en que las personas con menos habilidad en una tarea estiman que lo hicieron mejor de lo que fue, mientras que quienes rinden bien se calibran con más precisión. La explicación original: la misma falta de habilidad que causa los errores impide notarlos.

    En el estudio original, con cuatro experimentos sobre humor, gramática y lógica, quienes quedaron en el cuartil más bajo tenían un puntaje equivalente al percentil 12, pero se estimaron en el percentil 62 (Kruger y Dunning, 1999). Los autores lo llamaron «doble carga»: la persona comete errores y, además, le falta la capacidad metacognitiva (distinguir lo acertado de lo errado) para verlos.

    A la concordancia entre lo que crees que sabes y lo que realmente sabes se le llama calibración metacognitiva. El efecto es un caso particular de algo más amplio, el sesgo de exceso de confianza: en general, a las personas se nos da bien pensar que lo hacemos mejor de lo que lo hacemos.

    Hay un detalle que casi nunca se cuenta. En el mismo trabajo, mejorar las habilidades de los participantes de bajo rendimiento los ayudó a reconocer los límites de lo que sabían. La conclusión de fondo apunta a otra cosa: saber más ayuda a juzgarse mejor.

    Lo que el efecto Dunning-Kruger no dice

    Alrededor del efecto circulan varias ideas que el estudio no sostiene. Conviene separarlas antes de hablar de ejemplos.

    • «Los tontos se creen genios». El cuartil más bajo se estimó en el percentil 62: sobre el promedio, pero lejos de «el mejor del grupo». Y se trata de rendimiento en una tarea concreta, no de inteligencia general.
    • La «montaña de la estupidez». La curva con un pico enorme de confianza al empezar a aprender y un valle después no está en el estudio original, que compara cuatro grupos de rendimiento. Nuhfer y su equipo, autores de una de las críticas estadísticas al efecto, la tratan como un mito de divulgación (Nuhfer et al., 2017).
    • «Los expertos dudan de todo». Los que rinden muy bien tienden a subestimarse un poco, no a vivir en la duda. En ese mismo trabajo, el error medio de los expertos fue de apenas 2,4 puntos porcentuales por debajo de su desempeño real.
    • «Es un rasgo de ciertas personas». El patrón se describió tarea por tarea (humor, gramática, lógica). Una misma persona puede ser buena calibrando en un área que domina y mala en otra donde sabe poco.

    Ejemplos del efecto Dunning-Kruger con respaldo en estudios

    La mayoría de los ejemplos que circulan son anécdotas. Los de esta tabla vienen de estudios publicados. Todos describen patrones en grupos, no lo que le pasa a una persona concreta, y varios son correlacionales: no demuestran qué causa qué.

    ÁmbitoQué se midióQué se encontróEstudio
    RazonamientoTest de reflexión cognitivaQuienes más errores cometieron sobrestimaron su desempeño más de 3 veces; quienes puntuaron muy alto lo subestimaronPennycook et al., 2017
    SaludAlfabetización en salud en 504 adultosCon menor alfabetización, igual o más confianza en su conocimiento y más conductas de salud problemáticasCanady y Larzo, 2023
    VacunasEncuesta a 1.310 adultos de EE. UU.El 36 % creía saber tanto o más que los médicos sobre las causas del autismo; la sobreconfianza fue mayor en quienes menos sabíanMotta et al., 2018
    ProfesionalesRevisión de 17 estudios en médicosEn 13 de 20 comparaciones, la autoevaluación se relacionó poco, nada o de forma inversa con la evaluación externaDavis et al., 2006

    El ejemplo del test de reflexión es el más claro. Son preguntas con una respuesta intuitiva que suele ser errónea, y las personas que caen en la trampa tienden a creer que les fue bien (Pennycook et al., 2017). Según los autores, parte de por qué somos sesgados es que no notamos, o no nos importa, nuestro propio sesgo.

    El caso de las vacunas muestra por qué importa: la sobreconfianza se asoció con rechazar la vacunación obligatoria y con valorar más la opinión de no expertos (Motta et al., 2018). Es una asociación en una encuesta, y no prueba que la confianza cause esas actitudes.

    Y en medicina, la revisión de Davis y colegas encontró que los profesionales menos competentes y los más seguros de sí mismos fueron los peor calibrados. Los autores concluyen que la formación continua debería apoyarse más en evaluaciones externas.

    ¿Por qué ocurre? La explicación de la doble carga

    La explicación clásica es la metacognitiva. Para saber que una respuesta es incorrecta hace falta, en buena parte, la misma habilidad que se necesitaba para responder bien.

    Los mismos autores pusieron a prueba esa idea en cinco estudios y encontraron que quienes rinden peor no ven sus errores ni siquiera en situaciones reales y con incentivos para acertar. Un metaanálisis dentro del trabajo ubicó el problema en no reconocer los propios errores, y no en juzgar mal a los demás (Ehrlinger et al., 2008).

    Una réplica con unos 4.000 participantes por estudio llegó a una conclusión parecida con otro método. Un modelo racional del efecto mostró que los datos se explican mejor si quienes rinden peor son menos capaces de saber si acertaron en gramática y razonamiento lógico (Jansen et al., 2021).

    ¿Y si fuera un artefacto estadístico? El debate actual

    Desde hace años hay críticas serias, publicadas en revistas científicas. Se pueden resumir en una pregunta: ¿el patrón refleja una falla de autoconocimiento, o aparece casi por construcción cuando se miden dos cosas imperfectas y se agrupan por cuartiles?

    • En 12 tareas a lo largo de 3 estudios, en tareas de dificultad moderada los mejores y los peores se equivocaban casi igual, y en tareas muy difíciles los mejores se equivocaban más. Concluyeron que juzgadores de todo nivel cometen errores parecidos, por ruido más sesgo (Burson et al., 2006).
    • Con datos de números aleatorios, la misma forma de graficar produce el patrón famoso. Con 1.154 participantes y un análisis por criterios, el sesgo medio fue de +2,1 puntos porcentuales en novatos (estudiantes) y de 2,4 puntos por debajo en expertos (profesores), y solo cerca de 5 % mostró sobreconfianza extrema (Nuhfer et al., 2017). Los autores son educadores científicos y presentan su análisis como alternativa al gráfico clásico.
    • Un modelo puramente estadístico reproduce los datos casi a la perfección sin explicación psicológica (Magnus y Peresetsky, 2022).
    • En dos experimentos con tareas de puntería y memoria, el principal motor del patrón fue el nivel de rendimiento. Al ajustar la dificultad para que todos tuvieran el mismo éxito, el patrón desapareció (McIntosh et al., 2019).
    • Un informe registrado con razonamiento matricial encontró que los que rindieron peor estaban, de hecho, apropiadamente menos confiados, y sus autores concluyen que el efecto clásico es un artefacto de regresión estadística (McIntosh et al., 2022).
    • En 281 personas medidas en inteligencia, con métodos estadísticos mejorados solo quedó apoyo al efecto en inteligencia verbal, y limitado a jóvenes con alta educación (Hofer et al., 2022).

    La otra mitad del debate también tiene datos. Los estudios de Ehrlinger y de Jansen, citados arriba, defienden que hay una diferencia real en la capacidad de juzgar los propios aciertos. Además, Kruger y Dunning han argumentado que la sobreestimación de los peores es mayor que la subestimación de los mejores, algo que una regresión simple no predice (Kruger y Dunning, 1999; Ehrlinger et al., 2008).

    Una lectura prudente: casi todos coinciden en que nos calibramos de manera imperfecta y en que quienes rinden peor suelen ser más optimistas. Lo que está disputado es el porqué. La versión «no ven sus errores porque les falta la misma habilidad» ya no se puede dar por cerrada.

    ¿Cómo saber si me pasa a mí? Cómo calibrar mejor lo que sé

    No existe un test con puntaje que mida «tu Dunning-Kruger». El efecto es una brecha entre lo que alguien cree y lo que logra, y se calcula en grupos con datos objetivos. Lo que sí puedes hacer es poner a prueba tu propia autoevaluación.

    1. Predice antes y compara después. Antes de un examen, una entrega o un proyecto, anota qué resultado esperas. Cuando llegue la nota o la devolución, compara. Es el método de predicción y postdicción que Nuhfer et al. (2017) proponen para entrenar la autoevaluación.
    2. Pide una evaluación externa y concreta. La revisión de Davis et al. (2006) sugiere confiar más en observaciones externas que en la impresión propia. Pregunta qué hiciste bien y qué faltó, con ejemplos.
    3. Mide contra un criterio, no contra «los demás». Estimar cómo te comparas con otros exagera tanto la sobreconfianza como la subconfianza, según Hartwig y Dunlosky (2014). «¿Domino estos cinco temas?» calibra mejor que «¿soy mejor que el promedio?».
    4. Aprende más del tema antes de opinar. En el estudio original, mejorar las habilidades fue lo que ayudó a reconocer los límites (Kruger y Dunning, 1999).
    5. Busca el mejor argumento en contra. Cuando algo te parezca obvio, pregúntate qué diría alguien que sabe del tema y no está de acuerdo. Esta pauta es razonable, pero no una intervención probada.

    Los pasos 1 a 4 tienen respaldo directo en los estudios citados, aunque casi siempre en contextos educativos y no en la vida cotidiana. No hay ensayos que midan si esto cambia cómo se juzgan los adultos fuera del aula.

    Cuidado con usarlo como insulto

    Es tentador decir «eso es Dunning-Kruger» cuando alguien opina distinto. Hay dos razones para frenar. La primera es estadística: en el análisis de Nuhfer et al. (2017), solo cerca de 5 % de las personas mostraba sobreconfianza extrema, y los errores por exceso y por defecto fueron casi igual de frecuentes. Asumir que quien se equivoca «no sabe que no sabe» suele ser un error.

    La segunda es personal. Todos somos novatos en casi todo, así que el sesgo nos incluye. Y el extremo contrario también existe: dudar de tu competencia pese a tener evidencia de que la tienes, que se describe en el artículo sobre el síndrome del impostor. Detectar estos patrones de pensamiento es parte de lo que se trabaja con las distorsiones cognitivas.

    Los propios Nuhfer y colaboradores advierten que el término se ha vuelto un recurso para desestimar a otros, cuando la autoevaluación es una habilidad que se puede entrenar.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    El efecto Dunning-Kruger no es un trastorno ni un diagnóstico. Pero calibrarse mal de forma persistente, para arriba o para abajo, puede tener costos reales. Conviene consultar si:

    • Te cuesta mucho aceptar comentarios sobre tu desempeño y eso genera conflictos repetidos en el trabajo, los estudios o la pareja.
    • Tomas decisiones importantes de salud basándote solo en tu convicción, sin contrastarlas con profesionales.
    • Dudas de tu competencia casi siempre, aunque los resultados digan lo contrario, o evitas evaluaciones por miedo a quedar mal.
    • Notas ansiedad, ánimo bajo o baja autoestima asociados a cómo te juzgas.

    Un psicólogo clínico puede ayudarte a examinar esas creencias con técnicas de terapia cognitivo-conductual. Una de ellas, el experimento conductual, funciona igual que el paso 1 de arriba: predices qué pasará, lo pruebas y comparas con lo que ocurrió. Si quieres conversarlo, escribe a contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el efecto Dunning Kruger en palabras simples?

    Es la tendencia de quienes tienen poca habilidad en algo a sobrestimar su desempeño, porque les falta justo el conocimiento para notar sus errores. Se describió en 1999 con pruebas de humor, gramática y lógica. Hoy se debate cuánto del patrón es psicológico y cuánto es un efecto de cómo se miden los datos.

    ¿Es verdad que los que menos saben se creen más inteligentes?

    Solo en parte. En el estudio original, el grupo de menor rendimiento se estimó por encima del promedio, pero sin llegar a creerse el mejor. Análisis posteriores sugieren que la sobreconfianza extrema es poco frecuente, cerca de 5 % en un estudio, y que mucha gente se evalúa con bastante precisión.

    ¿El efecto Dunning-Kruger es real o es un mito estadístico?

    Está en discusión. Las réplicas grandes apoyan que quienes rinden peor juzgan peor sus aciertos, mientras que varios trabajos con métodos distintos sostienen que gran parte del patrón es un artefacto estadístico. Lo seguro es que nos calibramos de forma imperfecta. El porqué todavía no está cerrado.

    ¿Cuál es un ejemplo claro del efecto Dunning-Kruger?

    El mejor respaldado viene del test de reflexión cognitiva: quienes más errores cometieron sobrestimaron su desempeño más de tres veces, y quienes puntuaron muy alto lo subestimaron. Otros ejemplos incluyen la alfabetización en salud y las creencias sobre vacunas, siempre como asociaciones en grupos de personas.

    ¿Qué es la montaña de la estupidez?

    Es un gráfico de internet con un pico de confianza al empezar a aprender y un valle después. No aparece en el estudio original de Kruger y Dunning, que solo compara grupos de rendimiento, y los análisis de Nuhfer y colegas lo consideran un mito de divulgación, no un hallazgo.

    ¿Cómo se evita el efecto Dunning-Kruger?

    No hay una fórmula probada, pero sí pautas con apoyo: predecir tu resultado y comparar, pedir evaluaciones externas concretas, medirte contra un criterio y no contra otros, y aprender más del tema. Todo eso mejora la calibración en contextos educativos, aunque falta evidencia fuera del aula.

    Lo que sabemos y lo que queda por saber

    Sabemos que las personas nos calibramos de forma imperfecta, que quienes rinden peor suelen ser más optimistas sobre su desempeño en varias tareas y que entrenar habilidades ayuda a reconocer los límites. También sabemos que la explicación metacognitiva original está bajo crítica seria, con datos a favor y en contra.

    No sabemos cuánto del patrón sobrevive a los métodos que separan el ruido de la metacognición real, ni existe un metaanálisis que lo resuelva. Tampoco hay datos en población chilena ni ensayos que midan si las pautas de calibración funcionan en adultos fuera del aula. Los ejemplos de salud y vacunas son transversales y no prueban causa.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Burson, K. A., Larrick, R. P., & Klayman, J. (2006). Skilled or unskilled, but still unaware of it: How perceptions of difficulty drive miscalibration in relative comparisons. Journal of Personality and Social Psychology, 90(1), 60-77. https://doi.org/10.1037/0022-3514.90.1.60

    Canady, B. E., & Larzo, M. (2023). Overconfidence in managing health concerns: The Dunning-Kruger effect and health literacy. Journal of Clinical Psychology in Medical Settings, 30(2), 460-468. https://doi.org/10.1007/s10880-022-09895-4

    Davis, D. A., Mazmanian, P. E., Fordis, M., Van Harrison, R., Thorpe, K. E., & Perrier, L. (2006). Accuracy of physician self-assessment compared with observed measures of competence: A systematic review. JAMA, 296(9), 1094-1102. https://doi.org/10.1001/jama.296.9.1094

    Ehrlinger, J., Johnson, K., Banner, M., Dunning, D., & Kruger, J. (2008). Why the unskilled are unaware: Further explorations of (absent) self-insight among the incompetent. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 105(1), 98-121. https://doi.org/10.1016/j.obhdp.2007.05.002

    Hartwig, M. K., & Dunlosky, J. (2014). The contribution of judgment scale to the unskilled-and-unaware phenomenon: How evaluating others can exaggerate over- (and under-) confidence. Memory & Cognition, 42(1), 164-173. https://doi.org/10.3758/s13421-013-0351-4

    Hofer, G., Mraulak, V., Grinschgl, S., & Neubauer, A. C. (2022). Less-intelligent and unaware? Accuracy and Dunning-Kruger effects for self-estimates of different aspects of intelligence. Journal of Intelligence, 10(1), Artículo 10. https://doi.org/10.3390/jintelligence10010010

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    Kruger, J., & Dunning, D. (1999). Unskilled and unaware of it: How difficulties in recognizing one’s own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of Personality and Social Psychology, 77(6), 1121-1134. https://doi.org/10.1037/0022-3514.77.6.1121

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    Nuhfer, E., Fleischer, S., Cogan, C., Wirth, K., & Gaze, E. (2017). How random noise and a graphical convention subverted behavioral scientists’ explanations of self-assessment data: Numeracy underlies better alternatives. Numeracy, 10(1), Artículo 4. https://doi.org/10.5038/1936-4660.10.1.4

    Pennycook, G., Ross, R. M., Koehler, D. J., & Fugelsang, J. A. (2017). Dunning-Kruger effects in reasoning: Theoretical implications of the failure to recognize incompetence. Psychonomic Bulletin & Review, 24(6), 1774-1784. https://doi.org/10.3758/s13423-017-1242-7

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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