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  • Neuroplasticidad: qué significa que el cerebro cambia

    Neuroplasticidad: qué significa que el cerebro cambia

    Si has leído que “el cerebro puede cambiar”, probablemente te quedaste con una duda práctica: ¿cambia solo, o hay que hacer algo?, ¿vale también a los 40 o a los 70 años?, ¿sirve para algo más que para aprender un idioma?

    La neuroplasticidad es la respuesta científica a esa pregunta, y también uno de los conceptos más estirados por el marketing del bienestar. Esta guía explica la neuroplasticidad: qué es, qué cambia de verdad en el cerebro, qué relación tiene con la terapia, el ejercicio y la meditación, y dónde la evidencia todavía no alcanza.

    En breve:

    • La neuroplasticidad es la capacidad del sistema nervioso de modificar su estructura y su funcionamiento según lo que vive, aprende o sufre.
    • Ocurre durante toda la vida, aunque en la adultez exige más práctica y atención que en la infancia.
    • Hay respaldo sólido de que el cerebro adulto se reorganiza, y evidencia más matizada sobre qué intervenciones lo logran y si esos cambios explican una mejoría clínica.
    • El cambio tiene límites y no se activa a voluntad.

    Neuroplasticidad: qué es y de dónde viene la idea

    La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de modificar sus conexiones, su estructura y su forma de funcionar en respuesta a la experiencia, al aprendizaje, a las lesiones y al entorno. El cerebro adulto no es un aparato fijo: se reorganiza durante toda la vida, aunque no de manera ilimitada ni siempre en la dirección que uno quisiera.

    La idea tiene una historia. Durante décadas se enseñó que el cerebro adulto venía “cableado” y que lo único que podía hacer era deteriorarse. Una revisión de más de cuarenta años de investigación resume cómo cambió esa visión.

    Hoy se acepta que el cerebro maduro está lejos de ser fijo y que factores como el estrés, las hormonas, los neurotransmisores, ciertos fármacos, la estimulación del ambiente, el aprendizaje y el envejecimiento modifican su estructura y su función (Fuchs y Flügge, 2014).

    El término mezcla “neuro” (las neuronas) con “plasticidad” (la capacidad de moldearse sin romperse). La imagen de un cerebro que se transforma a sí mismo la popularizó el psiquiatra Norman Doidge (2007) en un libro de divulgación con historias de personas que recuperaron funciones que se daban por perdidas. Más abajo verás qué se puede tomar de esas historias y qué conviene leer con cautela.

    ¿Cómo funciona la neuroplasticidad? Qué cambia exactamente en el cerebro

    Con la experiencia pueden cambiar tres cosas: la fuerza de las conexiones entre neuronas, la forma y el volumen de algunas regiones, y la generación de neuronas nuevas (neurogénesis), un tema con preguntas todavía abiertas. No todo cambio es visible en un escáner, y que algo se vea distinto no prueba por sí solo que la persona funcione mejor.

    Fuchs y Flügge (2014) describen los mecanismos: alteraciones morfológicas, cambios en la conectividad entre neuronas, generación de nuevas neuronas (neurogénesis) y cambios neuroquímicos.

    A nivel de estructura, una revisión sobre plasticidad en el cerebro humano adulto señala que aprender habilidades nuevas y vivir experiencias novedosas se asocia a aumentos de materia gris y de materia blanca, y que la idea de un período fijo después del cual nada cambia dejó de sostenerse en la última década (May, 2011).

    El término “plasticidad” se usa tanto que a veces no significa nada. Por eso un grupo de investigadores propuso un marco más preciso.

    La plasticidad adulta aparece cuando hay un desajuste prolongado entre lo que la persona puede hacer y lo que el entorno le exige, y se traduce en dos tipos de cambio, uno en la eficiencia con que se procesa la información y otro en las representaciones que el cerebro guarda (Lövdén et al., 2010).

    Dicho simple: practicar algo exigente durante un tiempo suficiente puede volver más eficiente el circuito que lo resuelve. Practicar algo cómodo, no.

    ¿El cerebro adulto puede cambiar de verdad?

    Sí, y la evidencia viene de dos fuentes distintas: los estudios con neuroimagen en adultos (May, 2011; Fuchs y Flügge, 2014) y los experimentos clásicos en animales y pacientes que Doidge (2007) recoge en su libro. Lo que cambia con la edad es el costo: en la adultez el cambio duradero exige atención, esfuerzo y repetición.

    Según el relato de Doidge (2007), el neurocientífico Michael Merzenich mostró en monos adultos que los mapas del cuerpo en la corteza no son fijos: cuando se amputaba un dedo, el espacio cerebral de ese dedo pasaba a ser ocupado por los dedos vecinos.

    Otro caso que el libro destaca es el de Edward Taub con pacientes con parálisis crónica tras un ictus. Taub describió un “no uso aprendido”: tras la lesión la persona aprende a no usar el brazo afectado, y al restringir el brazo sano y entrenar intensamente el afectado, el área motora correspondiente se agrandó y algunos pacientes recuperaron movimiento.

    Un tercer ejemplo es el de Álvaro Pascual-Leone, que comparó a personas que practicaban una secuencia de piano con otras que solo la imaginaban. Según el libro, la práctica mental produjo un crecimiento en los mapas motores parecido al de la práctica física.

    Y el de Paul Bach-y-Rita, que diseñó un casco con un sensor conectado a la lengua para que una paciente con el sistema del equilibrio dañado recuperara estabilidad con el cerebro reinterpretando esas señales.

    Estos relatos ilustran bien el concepto, pero son historias narradas en un libro de divulgación, no ensayos clínicos con grupo control. Sirven para entender la idea, no para prometer resultados a una persona concreta.

    ¿Qué necesita el cerebro adulto para cambiar?

    El cerebro adulto cambia cuando hay atención sostenida, motivación y práctica repetida. La mera exposición, que en la infancia basta, en la adultez rara vez alcanza para producir un cambio duradero.

    Según Doidge (2007), Merzenich observó que los cambios que se consolidan aparecen cuando la persona presta una atención cercana a la tarea y está motivada, y que hacer algo en piloto automático o con la atención dividida puede producir cambios pasajeros que no se afianzan. En ese relato, la motivación y la recompensa liberan dopamina, que ayuda a fijar las conexiones que se usaron.

    Es una explicación coherente con lo que dice el marco de Lövdén et al. (2010) sobre la exigencia sostenida, aunque la parte de la dopamina se apoya aquí solo en el libro.

    Un ejemplo cotidiano: aprender un idioma a los 45 años con una aplicación abierta de fondo mientras haces otra cosa rinde menos que veinte minutos de práctica concentrada, con errores, repetición y corrección. La diferencia está en el tipo de práctica más que en la edad. ¿Cuánto de lo que practicas hoy lo haces con la atención puesta en ello?

    ¿Hay un lado negativo? La paradoja plástica

    Sí. La plasticidad es una propiedad neutra del cerebro: puede consolidar una habilidad útil o fijar un hábito que hace daño. Doidge (2007) lo llama la paradoja plástica: lo mismo que permite adaptarse es lo que afianza patrones rígidos.

    El libro lo ilustra con una imagen que atribuye a Pascual-Leone: una colina cubierta de nieve blanda. La primera vez que te deslizas hay muchos caminos posibles, pero después de varias bajadas se forman surcos y el trineo cae siempre en los mismos.

    Con los hábitos pasa algo parecido, y desaprender suele costar más que aprender, porque el patrón repetido ya ocupa espacio en los mapas del cerebro.

    Doidge (2007) aplica esa lógica a la adicción (la dopamina consolida la conducta que llevó a la recompensa, y con el tiempo hacen falta estímulos más fuertes y aparece el deseo intenso aun sin disfrute) y al dolor crónico (el sistema del dolor se vuelve hiperactivo y puede seguir disparando después de que el tejido sanó).

    Si te interesa cómo se ve esto desde la psicología clínica, puedes leer sobre qué es la adicción y sobre el dolor crónico y la psicología.

    Neuroplasticidad y terapia: ¿cambia el cerebro con la psicoterapia?

    Hay evidencia de que sí: los estudios con resonancia muestran cambios en la actividad cerebral después de una psicoterapia exitosa. Lo que no está probado es que esos cambios expliquen por sí solos la mejoría, ni que una terapia “reprograme” el cerebro.

    Un metaanálisis de 16 estudios con 193 pacientes encontró, en ansiedad y depresión, cambios en la corteza prefrontal dorsomedial y en el cíngulo posterior (precuneus), además de varias zonas del lóbulo temporal, y en fobias una menor actividad en áreas temporales mediales.

    Los autores lo interpretan como un mayor uso de procesos de control y cambios en cómo se procesa la información sobre uno mismo, y aclaran que no aparecieron todas las áreas que la teoría de la regulación emocional predice (Messina et al., 2013).

    Un metaanálisis más reciente de resonancias antes y después de la terapia, con 419 pacientes con ansiedad, encontró que tras la psicoterapia disminuyó la activación de la ínsula derecha, la corteza cingulada anterior y la corteza prefrontal dorsolateral, y que ninguna región aumentó. En la terapia cognitivo-conductual (TCC) se sumó una disminución en el área motora suplementaria.

    Los autores lo leen como una posible normalización de cómo el cerebro procesa la amenaza, pero reúnen tratamientos y tareas muy distintas, así que lo describen como efectos globales de una terapia exitosa (Schrammen et al., 2022).

    Desde la teoría clínica, Beck y Freeman

    Desde la teoría clínica, Beck y Freeman (2003) sostienen que la reestructuración cognitiva funciona “de arriba hacia abajo“: la corteza prefrontal modula estructuras profundas como la amígdala.

    Plantean además que los síntomas agudos son relativamente “plásticos” y ceden antes, mientras que las creencias muy arraigadas de los trastornos de personalidad se estructuran como esquemas rígidos que piden intervenciones más largas.

    Tolin (2024) apoya técnicas como la exposición en modelos neurobiológicos de extinción del miedo. Si quieres ver cómo se aplican estas ideas en la práctica, está la guía de terapia cognitivo-conductual.

    Un caso que Doidge (2007) cuenta es el de Jeffrey Schwartz con personas con trastorno obsesivo-compulsivo: según el libro, al aprender a reatribuir las obsesiones al trastorno y a redirigir la conducta, los escáneres mostraron que circuitos hiperactivos cambiaban su metabolismo. Es un relato ilustrativo, que conviene complementar con los metaanálisis de arriba para dimensionar cuánto se sabe.

    ¿Qué actividades modifican el cerebro?

    Hay respaldo mejor para algunas actividades que para otras. El ejercicio aeróbico tiene metaanálisis con resultados matizados, la meditación muestra diferencias de estructura con advertencias importantes, y el “entrenamiento cerebral” con juegos tiene la evidencia más débil de todas.

    ActividadQué encontró la evidenciaCuidado al interpretarla
    Ejercicio aeróbicoUn metaanálisis de 14 estudios controlados (737 participantes) no halló efecto sobre el volumen total del hipocampo, pero sí un efecto positivo en el izquierdo, explicado sobre todo porque el ejercicio evitó la pérdida de volumen con el tiempo (Firth et al., 2018). Otro metaanálisis, de 22 estudios, halló un efecto positivo en el volumen total, sobre todo en mayores de 65 y con intervenciones de más de 24 semanas (Wilckens et al., 2021)Los dos hablan de preservar volumen, no de que el cerebro “crezca” sin límite. Los resultados no son idénticos entre sí
    MeditaciónUn metaanálisis de 21 estudios con unos 300 practicantes halló ocho regiones consistentemente distintas y un efecto global de tamaño medio (d = 0,46) (Fox et al., 2014)Son estudios de personas que ya meditan, lo que no demuestra causalidad. Los propios autores advierten sesgo de publicación y limitaciones metodológicas
    Juegos de entrenamiento cerebralMejoran el rendimiento en las tareas entrenadas, hay menos evidencia de mejora en tareas parecidas y poca de que mejoren tareas distantes o el funcionamiento cotidiano (Simons et al., 2016)Muchos estudios tenían fallas de diseño. Practicar un juego te hace mejor en ese juego

    Las fuentes de la tabla son el metaanálisis de Firth y colegas sobre ejercicio aeróbico, el de Wilckens y colegas sobre ejercicio y volumen del hipocampo, la revisión sobre meditación y estructura cerebral y la revisión sobre programas de entrenamiento cerebral. Si quieres llevarlo a la práctica, tienes la guía de mindfulness.

    ¿Qué pasa con la neuroplasticidad en la depresión?

    En depresión se discute hoy una hipótesis de neuroplasticidad: además de la química de los neurotransmisores, importaría que los circuitos, sobre todo los del hipocampo, pierdan capacidad de adaptarse. Es una hipótesis con respaldo creciente, no un hecho cerrado.

    Una revisión sobre la plasticidad del hipocampo adulto en depresión mayor describe que la explicación basada solo en la falta de monoaminas dio paso a un modelo en el que efectos posteriores de los antidepresivos, como el aumento de la neurogénesis, contribuyen a mejorar el ánimo y la cognición.

    Sus autores concluyen que los tratamientos antidepresivos comparten un efecto modulador de la neuroplasticidad y dejan preguntas abiertas (Tartt et al., 2022).

    Lo que puedes llevarte para tu situación es modesto: la depresión no es un estado fijo del cerebro, y eso es coherente con que existan tratamientos eficaces. Si quieres ver los caminos de tratamiento, está la guía para salir de la depresión.

    ¿Hay límites? Infancia, adultez y períodos críticos

    Sí. La plasticidad dura toda la vida, pero no es igual en todas las etapas, y no permite cualquier cambio. Doidge (2007) lo dice con claridad: el libro no defiende una “perfectibilidad ilimitada” del ser humano, porque hay predisposiciones biológicas y genéticas que delimitan el terreno.

    El libro describe los períodos críticos de la infancia, ventanas en las que el cerebro necesita ciertos estímulos (la visión, el lenguaje, el apego) y aprende casi sin esfuerzo.

    Según su explicación, en esa etapa un factor de crecimiento llamado BDNF mantiene activo el centro cerebral de la atención, y cuando las conexiones principales se consolidan, ese sistema se “apaga” y el aprendizaje deja de ocurrir por mera exposición. En la adultez, ese centro se activa con lo novedoso, lo importante o cuando la persona se esfuerza por atender (Doidge, 2007).

    Otro límite es la calidad de la reorganización. Tras un daño cerebral extenso, como un ictus grave, las zonas sanas pueden asumir funciones perdidas, pero Doidge (2007) señala que la nueva red no suele ser tan eficaz como la original. Y para cambiar un patrón muy consolidado el cerebro necesita que algo bloquee el camino dominante, como ocurre en la terapia de restricción de Taub.

    Cómo reconocer una promesa exagerada

    Una promesa del tipo “reprograma tu cerebro” en pocos días, o “activa tu neuroplasticidad con este suplemento”, se apoya en una palabra de moda más que en evidencia. En las fuentes revisadas para esta guía, lo que tiene respaldo es más lento y menos vistoso: practicar con exigencia, mover el cuerpo, dormir, aprender cosas difíciles y, cuando hay un problema clínico, hacer un tratamiento con profesionales.

    Tres preguntas ayudan a filtrar. ¿Menciona un estudio concreto con grupo de comparación, o solo habla de “estudios”? ¿Promete mejorar una tarea entrenada o el funcionamiento en la vida diaria (Simons et al., 2016 distingue ambas cosas)? ¿Vende resultados garantizados para personas con un diagnóstico?

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Entender la neuroplasticidad no reemplaza una evaluación. Conviene consultar si hay un cambio cognitivo, emocional o de conducta que te preocupa, si un síntoma dura semanas y afecta tu vida, o si buscas un tratamiento para depresión, ansiedad, trauma o consumo problemático.

    Si notas un cambio brusco de lenguaje, movimiento o conciencia, en ti o en otra persona, eso es una urgencia médica: llama al 131 o acude a un servicio de urgencias. Si te preocupa la memoria en un familiar mayor, puedes revisar cómo se evalúa el deterioro cognitivo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la neuroplasticidad en palabras simples? Es la capacidad del cerebro de cambiar sus conexiones y su funcionamiento según lo que vives y aprendes. Ocurre toda la vida, en la infancia con más facilidad y en la adultez con práctica, atención y repetición. Tiene límites y no se activa a voluntad.

    ¿El cerebro adulto puede crear neuronas nuevas? Se estudia la generación de neuronas nuevas en el hipocampo adulto, y en depresión se discute su papel en el efecto de los antidepresivos. Los autores de las revisiones hablan de hipótesis con preguntas abiertas, así que lo prudente es no prometer que algo “regenera” el cerebro.

    ¿Qué ejercicios ayudan a la neuroplasticidad? Los metaanálisis más claros son sobre ejercicio físico aeróbico, que parece ayudar a preservar el volumen del hipocampo, sobre todo en mayores y con programas largos. Los juegos de entrenamiento cerebral mejoran la tarea practicada, con poca transferencia a la vida diaria.

    ¿La terapia psicológica cambia el cerebro? Los estudios de resonancia muestran cambios en la actividad de regiones ligadas a la amenaza y al control tras una psicoterapia exitosa, por ejemplo en ansiedad. Eso describe lo que ocurre junto con la mejoría, pero todavía no demuestra que esos cambios la expliquen.

    ¿Cuánto tarda el cerebro en cambiar? Depende de qué cambio se mire. Los metaanálisis de ejercicio que encontraron efecto sobre el hipocampo evaluaron intervenciones de varios meses (más de 24 semanas en uno de ellos), y el marco de Lövdén y colegas habla de un desajuste mantenido en el tiempo entre lo que puedes hacer y lo que se te exige.

    Promesas de resultados en días no tienen respaldo en estas fuentes.

    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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    Referencias

    • Beck, A. T., & Freeman, A. (2003). Terapia cognitiva de los trastornos de personalidad. Paidós.
    • Doidge, N. (2007). The brain that changes itself: Stories of personal triumph from the frontiers of brain science. Viking.
    • Firth, J., Stubbs, B., Vancampfort, D., Schuch, F., Lagopoulos, J., Rosenbaum, S., & Ward, P. B. (2018). Effect of aerobic exercise on hippocampal volume in humans: A systematic review and meta-analysis. NeuroImage, 166, 230-238. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2017.11.007
    • Fox, K. C. R., Nijeboer, S., Dixon, M. L., Floman, J. L., Ellamil, M., Rumak, S. P., Sedlmeier, P., & Christoff, K. (2014). Is meditation associated with altered brain structure? A systematic review and meta-analysis of morphometric neuroimaging in meditation practitioners. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 43, 48-73. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2014.03.016
    • Fuchs, E., & Flügge, G. (2014). Adult neuroplasticity: More than 40 years of research. Neural Plasticity, 2014, Artículo 541870. https://doi.org/10.1155/2014/541870
    • Lövdén, M., Bäckman, L., Lindenberger, U., Schaefer, S., & Schmiedek, F. (2010). A theoretical framework for the study of adult cognitive plasticity. Psychological Bulletin, 136(4), 659-676. https://doi.org/10.1037/a0020080
    • May, A. (2011). Experience-dependent structural plasticity in the adult human brain. Trends in Cognitive Sciences, 15(10), 475-482. https://doi.org/10.1016/j.tics.2011.08.002
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    • Schrammen, E., Roesmann, K., Rosenbaum, D., Redlich, R., Harenbrock, J., Dannlowski, U., & Leehr, E. J. (2022). Functional neural changes associated with psychotherapy in anxiety disorders: A meta-analysis of longitudinal fMRI studies. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 142, Artículo 104895. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2022.104895
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    • Tartt, A. N., Mariani, M. B., Hen, R., Mann, J. J., & Boldrini, M. (2022). Dysregulation of adult hippocampal neuroplasticity in major depression: Pathogenesis and therapeutic implications. Molecular Psychiatry, 27(6), 2689-2699. https://doi.org/10.1038/s41380-022-01520-y
    • Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Wilckens, K. A., Stillman, C. M., Waiwood, A. M., Kang, C., Leckie, R. L., Peven, J. C., Foust, J. E., Fraundorf, S. H., & Erickson, K. I. (2021). Exercise interventions preserve hippocampal volume: A meta-analysis. Hippocampus, 31(3), 335-347. https://doi.org/10.1002/hipo.23292