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  • Celos entre hermanos: causas y qué hacer como padres

    Celos entre hermanos: causas y qué hacer como padres

    Tu hija mayor le esconde los juguetes al bebé, tu hijo del medio repite «a él siempre le dejan más», dos adolescentes se pelean por quién tiene razón y tú terminas de árbitro sin haber pedido el cargo. Los celos entre hermanos desgastan a casi cualquier familia con más de un hijo, y la mayoría de los padres quiere saber si es normal, qué los provoca y cuándo conviene preocuparse.

    Esta guía reúne lo que muestran las revisiones y los estudios sobre rivalidad entre hermanos, indica qué tan firme es cada hallazgo y traduce las recomendaciones de la terapia familiar en pasos concretos para el día a día.

    Respuesta corta: por qué hay celos entre hermanos y qué ayuda

    Los celos entre hermanos aparecen cuando un hijo siente que el afecto, la atención o el trato de sus padres se reparte de forma injusta. Ayuda más cuidar la percepción de justicia que repartir todo por igual: dar a cada hijo tiempo propio, evitar las comparaciones, explicar las diferencias de trato y poner límites claros a los golpes y los insultos.

    ¿Por qué aparecen los celos entre hermanos?

    Hay tres explicaciones que se repiten en la literatura de terapia familiar. Describen patrones frecuentes y no leyes, y vienen de libros de ciclo vital más que de ensayos controlados (McGoldrick y Watson, 2015; McGoldrick et al., 2015).

    • Competencia por recursos de los padres. La teoría del nicho familiar, de Frank Sulloway, propone que los hermanos compiten por un tiempo, un afecto y unos cuidados que son limitados. Para reducir esa competencia, cada uno tiende a buscar un espacio propio, con intereses y rasgos distintos a los del otro.
    • Percepción de trato desigual. Cuando un hijo siente que el otro recibe más apoyo, más permisos o más cariño, aparecen la envidia y el resentimiento. Esa percepción pesa aunque los padres crean tratarlos igual.
    • Cambios en la familia. El nacimiento de un hermano, una mudanza o la enfermedad de alguien de la casa alteran el reparto de la atención y sacuden a todos.

    La cultura también influye. McGoldrick y Watson (2015) señalan que la rivalidad intensa es en buena parte un fenómeno occidental, ligado al individualismo, y que en culturas más colectivistas se enseña un «nosotros» que prioriza la lealtad entre hermanos.

    ¿Es normal la rivalidad entre hermanos?

    La rivalidad es frecuente y tiene un lado normal: hermanos que comparten casa, juguetes y padres van a discutir. Una revisión sobre las relaciones fraternas describe a los hermanos como figuras centrales de la vida familiar, con interacciones muy frecuentes y a menudo emocionalmente intensas (McHale et al., 2012).

    La pregunta útil es cuánto conflicto hay y cómo se maneja. Un metaanálisis de 34 estudios, con más de 12.000 niños y adolescentes, encontró que más calidez entre hermanos, menos conflicto y menos trato diferencial se asociaban con menos problemas internalizantes (ánimo bajo, ansiedad) y externalizantes (agresión, conductas de desafío). El conflicto pesó más que la calidez y que el trato diferencial. El vínculo era más fuerte en pares de hermanos varones, en hermanos con poca diferencia de edad y en niños que en adolescentes (Buist et al., 2013).

    Son estudios de asociación, que no permiten decir qué causa qué: un niño con más dificultades también puede pelearse más. Aun así, sugieren que vale la pena bajar el nivel de conflicto cuando es constante.

    Celos entre hermanos cuando llega un bebé

    El nacimiento de un hermano es la situación que más se asocia con los celos, y el pensamiento popular lo trata como una crisis. La revisión de 30 estudios de Volling (2012) no lo respalda del todo. Casi el 80 % de los niños de Estados Unidos tiene al menos un hermano, y los estudios no mostraron un cambio uniforme en el hijo mayor. Hubo una baja en el afecto y la respuesta hacia la madre, mientras que en sueño, ansiedad, agresión y regresión los resultados fueron mixtos. Para algunos niños el momento fue difícil, para otros un impulso de madurez y para otros pasó casi sin cambios (Volling, 2012).

    En un estudio con 224 familias, observado un mes después del parto, el patrón más común (60 %) fue el de niños que se mantenían tranquilos y exploraban mientras sus padres atendían al bebé. Solo el 2,7 % mostró un patrón de desborde. Los niños que se acercaban y se alejaban a la vez, sin saber bien qué hacer, tenían más problemas de conducta cuatro meses después (Volling et al., 2014).

    El estudio clásico de Dunn y Kendrick (1982) siguió a 40 familias en su casa desde antes del parto y mostró ese mismo cuadro mixto. Más de la mitad de los mayores protestó cuando el padre o los abuelos atendían al bebé, aumentaron las travesuras y hubo retrocesos en el sueño o el control de esfínteres. Pero el mismo niño podía consolar al bebé minutos después, y varios dieron pasos de autonomía.

    Esa investigación aporta dos matices. Los niños que ya eran muy preocupados antes del nacimiento fueron más hostiles con el bebé a los 14 meses, y una relación muy estrecha con la madre se asoció a más hostilidad, quizá por sentirse desplazados. En cambio, la diferencia de edad entre hermanos no tuvo un efecto sistemático, pese a la idea de que cierto intervalo es peor.

    Para los padres, las autoras sugieren mantener las rutinas del mayor, evitar que su tiempo de juego caiga de golpe, involucrar al padre y hablar del bebé como una persona con sentimientos («mira, le gusta que le hables»), lo que se asoció con más empatía del hermano mayor. También piden no cargarse con toda la culpa: el temperamento del niño pesa mucho.

    Lo práctico: no conviene dar por hecho que el mayor lo pasará mal, y tampoco ignorar las señales si las da. McGoldrick et al. (2015) advierten que el cansancio de los padres tras un parto reduce la paciencia y que es frecuente exigirle al mayor que «sea grande» antes de tiempo. Un estudio sobre orden de nacimiento menciona que Alfred Adler describió en el primogénito un temor al «destronamiento», la pérdida de su lugar único ante el hermano que llega (Rohrer et al., 2015).

    Celos entre hermanos adolescentes

    En la adolescencia los celos cambian de forma. Se ven menos rabietas y más comparaciones, reclamos de justicia y peleas por el espacio, la ropa, los permisos o el dinero. Un estudio con 197 familias siguió a adolescentes y encontró que el trato diferencial se asociaba con celos entre hermanos y peor ajuste, pero solo cuando el hijo percibía poca o media justicia. Si el adolescente consideraba el trato justo, la asociación no aparecía. Los autores sugieren explicar las razones del trato distinto (Loeser et al., 2016).

    Eso coincide con el metaanálisis de trato diferencial de 88 fuentes y 26.451 participantes de 3 a 19 años: el hijo menos favorecido tenía más síntomas internalizantes y externalizantes, con efectos más fuertes cuando era el propio hijo quien informaba el trato y cuando los hermanos tenían edades cercanas (Jensen y Thomsen, 2024). Si el tema de fondo es el favoritismo, la guía sobre el hijo favorito lo desarrolla.

    Según McGoldrick y Watson (2015), la competencia, los celos y la ambivalencia suelen ser más marcados entre hermanos varones, y la intimidad y la confidencia entre hermanas. Son tendencias descritas en la literatura, no reglas para cada familia.

    Cómo manejar los celos entre hermanos

    Las ideas que siguen salen de los estudios citados y de los libros de terapia familiar. Son orientaciones razonables, sin garantía de resultado.

    1. Cuida la percepción de justicia más que la igualdad exacta. Tratar igual a todos es imposible, porque cada edad pide cosas distintas. Lo que ayuda es explicar por qué hoy uno tiene un permiso que el otro tendrá a su edad (Loeser et al., 2016).
    2. Dale tiempo individual a cada hijo. McGoldrick et al. (2015) recomiendan una atención personal sin interrupciones, aunque sean veinte minutos, para escuchar la vivencia de cada uno y reforzar su sentido de pertenencia.
    3. Evita las comparaciones. Frases como «tu hermano nunca hace esto» o usar a un hijo para corregir a otro mantienen la rivalidad (McGoldrick y Watson, 2015).
    4. No califiques los celos como maldad. Sentirlos es esperable. Aceptar la emoción («entiendo que te dio rabia») y marcar el límite de la conducta («no se pega») funciona mejor que el reproche. McGoldrick y Watson (2015) advierten que rotular los celos normales como mala conducta del niño distancia a la familia.
    5. Ayuda a cada hijo a tener su propio espacio. Una actividad, un interés o un rol que no comparta con su hermano reduce la competencia directa, siguiendo la idea del nicho familiar (McGoldrick y Watson, 2015).
    6. Interviene en las peleas según la edad. En una observación de 88 familias, los hijos pequeños se mostraban más hostiles después cuando los padres no intervenían. En cambio, los hermanos mayores se sentían menos cercanos cuando la madre intervenía en cualquier forma (Kramer et al., 1999). Con niños pequeños, entonces, conviene mediar. Con los mayores, intervenir menos y dejar que resuelvan, salvo que haya violencia.
    7. Acuerden los límites entre los adultos. McGoldrick et al. (2015) recomiendan discutir en privado los desacuerdos sobre cómo manejar un conflicto, para no contradecirse delante de los hijos ni dejar que ellos se aprovechen de la diferencia.
    8. Pon una línea clara frente a los golpes y los insultos. Sentir celos es esperable, y pegar o insultar tiene siempre un límite.

    Si además te preocupa una niña mayor que carga con demasiadas tareas de cuidado, la guía sobre el síndrome de la hija mayor y la de parentificación tratan ese problema.

    ¿Existen programas para que los hermanos se lleven mejor?

    Existen, pero la investigación es escasa. Una revisión sobre intervenciones preventivas señala que las relaciones entre hermanos suelen quedar fuera de los programas con familias, y que son pocos los que trabajan directamente con ellas (Feinberg et al., 2012).

    Un ejemplo es un ensayo piloto con 22 pares de hermanos de 5 a 11 años que vivían en hogares de acogida. Tras ocho semanas de sesiones con los niños, con el cuidador y con ambos, los pares del programa mostraron más interacción positiva y menos conflicto jugando, y sus cuidadores usaron más estrategias de mediación (Linares et al., 2015). Es un estudio pequeño y con una población muy particular, así que muestra que se puede enseñar a mediar, pero no vale como receta para cualquier familia.

    Cuándo consultar con un psicólogo

    Conviene pedir ayuda cuando el conflicto es constante y no baja con los cambios en casa, o cuando hay señales de algo más que celos:

    • Golpes que dejan lesiones, amenazas o humillaciones repetidas. Si un hijo teme quedarse a solas con su hermano, revisa la guía sobre bullying entre hermanos.
    • Un hijo que cambia de ánimo durante semanas, se aísla, no quiere ir al colegio o baja su rendimiento.
    • Regresiones que se mantienen meses, como volver a mojar la cama o a hablar como bebé, o miedo intenso a quedarse sin los padres.
    • Peleas que desbordan a los adultos y terminan en castigos cada vez más duros.

    La Organización Mundial de la Salud resume señales y recursos sobre salud mental adolescente, y la American Psychological Association mantiene una sección de recursos de crianza. Un pediatra o un psicólogo infantil puede orientar el caso concreto.

    Celos entre hermanos adultos: ¿qué pasa si siguen en la adultez?

    Los celos de la infancia pueden reaparecer entre hermanos adultos, por ejemplo al repartir los cuidados de los padres o una herencia. Un estudio con hijos adultos de mediana edad halló que, sin importar quién fuera el favorecido, tanto la percepción actual de favoritismo materno como el recuerdo de favoritismo en la infancia reducían la cercanía entre hermanos, y que el recuerdo de la infancia pesaba más para la tensión (Suitor et al., 2009). Pillemer (2021) y McGoldrick et al. (2015) describen que herencias y cuidados de padres mayores reavivan esas viejas disputas sobre quién fue más querido o quién se esforzó más. Por eso lo que los padres hacen hoy puede importar décadas después.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal que mi hijo tenga celos de su hermano?

    Sí. Los celos son una reacción frecuente cuando un niño siente que comparte la atención o el cariño de sus padres. Lo que conviene mirar es la intensidad y la duración. Si hay agresión repetida, cambios de ánimo de semanas o rechazo a estar con el hermano, vale la pena consultar.

    ¿Cómo manejar los celos entre hermanos?

    Escucha la emoción sin reprochar, dale tiempo individual a cada hijo, evita las comparaciones, explica las diferencias de trato y pon límites claros a los golpes y los insultos. Con niños pequeños, interviene en las peleas. Con los mayores, interviene menos y deja que resuelvan, salvo que haya violencia.

    ¿Cómo preparar al hijo mayor para la llegada de un bebé?

    La evidencia no muestra que el mayor vaya a sufrir una crisis por regla general, y las reacciones varían mucho. Conviene contarle con anticipación qué va a cambiar, mantener sus rutinas y reservarle tiempo propio. Cuida que no se le exija madurar antes de tiempo («ahora eres grande»).

    ¿Cuándo son preocupantes los celos entre hermanos adolescentes?

    Cuando hay agresión física o humillaciones repetidas, aislamiento, tristeza sostenida, caída del rendimiento o miedo a convivir con el hermano. Las peleas por justicia, espacio y permisos son frecuentes en esa etapa y tienden a bajar si se explican los criterios de trato.

    ¿Los padres deben intervenir en las peleas entre hermanos?

    Depende de la edad. En una observación de 88 familias, los hijos pequeños se mostraban más hostiles cuando los padres no intervenían, y los mayores se sentían menos cercanos cuando la madre intervenía. Con pequeños conviene mediar, con mayores intervenir menos, y siempre actuar si hay violencia.

    Elige un paso pequeño esta semana

    No hace falta cambiar toda la dinámica familiar. Elige un momento de la semana para estar a solas con cada hijo, aunque sea un rato corto, y la próxima vez que uno diga «a él siempre le dejan más», responde con una razón concreta en vez de defenderte. Si el conflicto en tu casa te desborda o te preocupa lo que ves, puedes escribirnos por la página de contacto.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Buist, K. L., Deković, M., & Prinzie, P. (2013). Sibling relationship quality and psychopathology of children and adolescents: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 33(1), 97-106. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2012.10.007

    Dunn, J., & Kendrick, C. (1982). Siblings: Love, envy, and understanding. Harvard University Press.

    Feinberg, M. E., Solmeyer, A. R., & McHale, S. M. (2012). The third rail of family systems: Sibling relationships, mental and behavioral health, and preventive intervention in childhood and adolescence. Clinical Child and Family Psychology Review, 15(1), 43-57. https://doi.org/10.1007/s10567-011-0104-5

    Jensen, A. C., & Thomsen, A. E. (2024). Parental differential treatment of siblings linked with internalizing and externalizing behavior: A meta-analysis. Child Development, 95(4), 1384-1405. https://doi.org/10.1111/cdev.14091

    Kramer, L., Perozynski, L. A., & Chung, T.-Y. (1999). Parental responses to sibling conflict: The effects of development and parent gender. Child Development, 70(6), 1401-1414. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00102

    Linares, L. O., Jimenez, J., Nesci, C., Pearson, E., Beller, S., Edwards, N., & Levin-Rector, A. (2015). Reducing sibling conflict in maltreated children placed in foster homes. Prevention Science, 16(2), 211-221. https://doi.org/10.1007/s11121-014-0476-0

    Loeser, M. K., Whiteman, S. D., & McHale, S. M. (2016). Siblings’ perceptions of differential treatment, fairness, and jealousy and adolescent adjustment: A moderated indirect effects model. Journal of Child and Family Studies, 25(8), 2405-2414. https://doi.org/10.1007/s10826-016-0429-2

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    McGoldrick, M., & Watson, M. F. (2015). Siblings and the life cycle. En M. McGoldrick, N. Garcia Preto, & B. Carter (Eds.), The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    McHale, S. M., Updegraff, K. A., & Whiteman, S. D. (2012). Sibling relationships and influences in childhood and adolescence. Journal of Marriage and Family, 74(5), 913-930. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2012.01011.x

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avid Reader Press.

    Rohrer, J. M., Egloff, B., & Schmukle, S. C. (2015). Examining the effects of birth order on personality. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(46), 14224-14229. https://doi.org/10.1073/pnas.1506451112

    Suitor, J. J., Sechrist, J., Plikuhn, M., Pardo, S. T., Gilligan, M., & Pillemer, K. (2009). The role of perceived maternal favoritism in sibling relations in midlife. Journal of Marriage and Family, 71(4), 1026-1038. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2009.00650.x

    Volling, B. L. (2012). Family transitions following the birth of a sibling: An empirical review of changes in the firstborn’s adjustment. Psychological Bulletin, 138(3), 497-528. https://doi.org/10.1037/a0026921

    Volling, B. L., Yu, T., Gonzalez, R., Kennedy, D. E., Rosenberg, L., & Oh, W. (2014). Children’s responses to mother-infant and father-infant interaction with a baby sibling: Jealousy or joy? Journal of Family Psychology, 28(5), 634-644. https://doi.org/10.1037/a0037811

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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