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  • Por qué repetimos el mismo patrón de pareja según nuestro apego

    Por qué repetimos el mismo patrón de pareja según nuestro apego

    Terminas una relación y un año después la nueva se parece demasiado a la anterior: la misma distancia, los mismos celos, la misma sensación de estar haciendo méritos para que te quieran. Si alguna vez pensaste “siempre elijo la misma pareja tóxica”, la psicología tiene una respuesta parcial que conviene conocer con sus matices. La relación entre estilo de apego y elección de pareja existe, pero es bastante menos mecánica de lo que se repite en redes sociales. Este artículo separa lo que la investigación respalda de lo que solo suena bien, y termina con pasos concretos para cortar la repetición.

    La respuesta corta

    El estilo de apego es la forma aprendida de buscar cercanía y de reaccionar cuando la otra persona se aleja. Influye en a quién nos acercamos y, sobre todo, en lo que hacemos una vez dentro de la relación: qué notamos, cómo interpretamos una demora en responder y cómo protestamos o nos retiramos. Eso hace que ciertos guiones se repitan aunque cambie la persona. Pero el apego explica una parte de la elección, no toda, y las parejas dañinas tienen causas que van más allá del apego.

    ¿Qué es el apego adulto y por qué importa al elegir pareja?

    John Bowlby (1973) propuso que las primeras experiencias con quienes nos cuidaron se guardan como “modelos internos de trabajo”: un mapa con dos entradas, una sobre los demás (¿están disponibles cuando los necesito?) y otra sobre uno mismo (¿merezco que me cuiden?). Ese mapa orienta la atención, la interpretación de lo que hace el otro y las expectativas sobre lo que vendrá (Mikulincer y Shaver, 2007).

    De ahí salen cuatro estilos que se describen en la investigación, y que en la práctica funcionan más como dos dimensiones que como cajas cerradas:

    • Seguro: confianza razonable en que el otro responderá y en que uno mismo vale. La intimidad y la autonomía no se sienten enfrentadas.
    • Ansioso (preocupado): miedo al abandono, necesidad de confirmación y tendencia a intensificar la búsqueda de cercanía cuando algo se enfría. Es la hiperactivación del sistema de apego.
    • Evitativo (desentendido): incomodidad con la dependencia y con la intimidad emocional, preferencia por resolver solo y tendencia a distanciarse bajo estrés. Es la desactivación.
    • Desorganizado (temeroso): deseo de cercanía junto con miedo a lo que la cercanía puede traer, con vaivenes de acercarse y huir.

    Si quieres ubicarte con más calma antes de seguir, el test de apego ansioso, evitativo y desorganizado sirve de orientación (no de diagnóstico).

    Estilo de apego y elección de pareja: qué dice la investigación

    Aquí conviene ir despacio, porque lo popular y lo medido no coinciden del todo.

    La seguridad atrae. En tres experimentos de atracción (Klohnen y Luo, 2003), la seguridad real de la otra persona y la similitud con uno mismo predijeron la atracción. La hipótesis de la complementariedad, la idea de que atraen quienes “nos completan”, no salió como el factor central. En otras palabras, en una primera impresión controlada, la gente tiende a preferir a quien se muestra seguro y se parece a ella.

    Las parejas no se forman al azar. En un estudio con 354 parejas de novios (Kirkpatrick y Davis, 1994), los estilos de apego de ambos miembros estaban emparejados de manera no aleatoria: por ejemplo, no apareció ninguna pareja formada por dos personas ansiosas ni por dos evitativas. Además, las relaciones de hombres evitativos y de mujeres ansiosas resultaron sorprendentemente estables a tres años, pese a que ambos las calificaban peor al inicio. Hay combinaciones que sufren y aun así duran. Es un estudio antiguo, con una clasificación en solo tres categorías, pero describe bien por qué un patrón incómodo puede sostenerse en el tiempo.

    El apego inseguro se asocia a parejas con peor funcionamiento. Un seguimiento prospectivo de 224 parejas (Collins et al., 2002) halló que las personas que de adolescentes tenían apego evitativo, seis años después estaban en relaciones peor evaluadas por ambos y con parejas de perfil de personalidad menos saludable. Para el apego ansioso los resultados fueron más débiles y dependían del género.

    El “tipo ideal” que declaramos casi no predice a quién elegimos. En estudios de citas rápidas con seguimiento, las preferencias que las personas declaraban antes no predijeron qué personas reales les gustaron después (Eastwick y Finkel, 2008). Quien dice “quiero a alguien estable” puede sentirse atraído por lo contrario cuando se sienta frente a alguien concreto.

    Con esto, la frase que circula, “los ansiosos siempre terminan con evitativos”, queda mal formulada. La evidencia sostiene que hay emparejamientos no aleatorios y que algunas combinaciones inseguras duran más de lo que su satisfacción justificaría. No sostiene una ley según la cual el ansioso va a encontrar siempre al evitativo.

    ¿Por qué me atraen personas que me hacen mal? Apego y atracción repetitiva

    La explicación más citada del vínculo entre apego y atracción repetitiva es teórica, y vale la pena presentarla como lo que es: una hipótesis clínica con respaldo parcial.

    Mikulincer y Shaver (2007) describen un círculo en el que cada estilo confirma el mapa del otro. Una persona con apego ansioso, cuyo mapa dice “los demás se alejan o no me quieren lo suficiente”, se siente atraída por quien se muestra distante, porque esa distancia calza con lo que ya espera y activa justo su estrategia conocida: esforzarse más. La persona evitativa, con un mapa de “depender es un riesgo”, se siente cómoda con quien pide cercanía de manera moderada, porque su propia distancia queda justificada (“es demasiado intenso”). El resultado es el patrón de demanda y retirada: uno persigue, el otro se aleja, y cada reacción alimenta a la otra.

    Hay un segundo ingrediente, más difícil de ver desde dentro. Cuando alguien es intermitente (cariñoso un día, ausente otro), el sistema de apego se mantiene en alerta y la persona busca con más urgencia. Esa activación se siente en el cuerpo como intensidad: ansiedad, mariposas, imposibilidad de pensar en otra cosa. Y es fácil leerla como “química”. En cambio, una persona constante y disponible produce una calma que, para un sistema acostumbrado a la alarma, puede leerse como falta de chispa. Esta confusión entre alarma y atracción es una explicación clínica plausible, pero no existe un estudio que la haya medido de esta forma, así que conviene usarla como pregunta para mirarte, no como veredicto.

    Un tercer mecanismo sí tiene respaldo directo. Las personas muy sensibles al rechazo (un constructo cercano a la ansiedad de apego) tienden a esperar el rechazo y a reaccionar con conductas que lo provocan. En dos estudios con parejas (Downey et al., 1998), las relaciones de personas con alta sensibilidad al rechazo terminaban más seguido, y tras los conflictos las parejas de las mujeres con alta sensibilidad respondían de forma más rechazante (en los hombres no se vio ese proceso). El miedo a que te dejen puede, sin que nadie lo pretenda, empujar a que te dejen. Eso es una profecía autocumplida, y es una de las formas más claras en que el mismo patrón vuelve con una persona nueva.

    No todo es apego: otras razones por las que te pasa lo mismo

    Atribuirlo todo al apego sería una simplificación tan grande como ignorarlo. Hay otros factores que también hacen que las parejas se parezcan entre sí:

    • El campo de elegibles. Bradbury y Karney (2019) explican que las personas se emparejan dentro de entornos sociales, educativos y geográficos bastante homogéneos, así que el grupo de candidatos ya viene filtrado. Si conoces gente siempre en los mismos lugares, aparecen perfiles parecidos sin que tú los “busques”.
    • La personalidad pesa poco en la compatibilidad. En tres muestras nacionales con miles de parejas, la similitud de personalidad explicaba menos de 0,5% de la satisfacción (Dyrenforth et al., 2010). Parecerse o complementarse en rasgos casi no decide si una relación va bien.
    • Lo que de verdad predice es lo específico de la relación. Un análisis de 43 estudios longitudinales (Joel et al., 2020) encontró que lo que mejor anticipaba la calidad de una relación eran variables propias de ella, como sentir que la pareja está comprometida, la apreciación mutua, la satisfacción sexual y el nivel de conflicto. Entre las diferencias individuales aparecieron la satisfacción con la vida, el afecto negativo, la depresión y el apego evitativo y ansioso.
    • Elegir pareja es difícil de predecir. Una revisión crítica (Devenport et al., 2023) concluye que predecir a quién eligen las personas “es esquivo” y que falta un marco integrador.

    Para ti, esto significa algo útil: si repites parejas, el apego es una pista razonable, pero también vale preguntarse por tus entornos, tus etapas de vida (una ruptura reciente, un duelo, una mudanza) y lo que tu autoestima te permite pedir.

    Cuando el patrón incluye maltrato

    Hay un grupo de casos que merece mención aparte: quienes encadenan parejas controladoras, humillantes o que las dejan sintiéndose cada vez más pequeñas. Jorge Castelló Blasco (2005) describe este patrón bajo el nombre de dependencia emocional: una necesidad afectiva extrema hacia la pareja, idealización, subordinación progresiva y un ciclo que se repite (euforia inicial, adaptación a los deseos del otro, deterioro y ruptura con síndrome de abstinencia). Es una propuesta clínica influyente en el mundo hispanohablante, aunque ni el DSM-5-TR ni la CIE-11 la incluyen como diagnóstico.

    La diferencia entre una relación difícil y una dañina, en cambio, sí se puede describir con claridad:

    • Difícil: hay desacuerdos, estrés y malos momentos, pero ambas personas conservan el derecho a opinar, negociar y marcharse.
    • Dañina: hay un desequilibrio sostenido de poder, con menosprecio, aislamiento, control o miedo, y la persona va cediendo planes, amistades y criterio para evitar el conflicto.

    Si lo que describes se parece al segundo caso, estos textos pueden orientarte: señales de violencia psicológica sutil, el ciclo de la violencia y cómo salir de una relación tóxica. En Chile, el Fono de Orientación en Violencias de Género 1455 atiende consultas por violencia en la pareja. Si además la dependencia de la pareja te resulta difícil de soltar, dependencia emocional: cómo superarla desarrolla ese tema.

    ¿Se puede cambiar el patrón? Lo que se sabe de la estabilidad del apego

    Sí cambia, pero menos de lo que prometen los titulares y más de lo que temen quienes se sienten condenados.

    El apego adulto tiene un núcleo bastante estable con variaciones del día a día. Dos estudios intensivos (203 personas evaluadas a diario durante 30 días y 388 evaluadas cada semana durante un año) mostraron que los datos se ajustan a un modelo de “prototipo”: hay un factor estable de fondo y fluctuaciones temporales por encima (Fraley et al., 2011). En otro estudio a seis años, el apego fue relativamente estable pero caracterizado “más por la fluidez que por la estabilidad”, y los momentos en que las personas afrontaban mejor y se sentían mejor coincidían con momentos de mayor seguridad (Zhang y Labouvie-Vief, 2004).

    Un seguimiento de 1.036 parejas durante 20 meses (Traut et al., 2025) aporta un matiz que conviene no maquillar. La ansiedad de apego bajó un poco, y solo en las mujeres, mientras que la evitación se mantuvo estable. Y esos cambios estuvieron en gran parte desvinculados de las características de la relación. Dicho de forma directa, tener una pareja cálida y receptiva no garantizó cambiar el estilo de apego en ese plazo. La idea de que una pareja segura “te sana” es atractiva y tiene sustento teórico, pero la evidencia directa es más modesta.

    También existe la seguridad adquirida: personas con historias difíciles que construyen vínculos estables de adultas. Un seguimiento de 23 años (Roisman et al., 2002) mostró que quienes habían tenido apego inseguro en la infancia podían terminar con buenos vínculos cercanos en la adultez, y que las trayectorias eran más variadas de lo que sugiere la etiqueta. Los modelos clínicos suelen citar como ayudas el contar con figuras de apoyo alternativas, el trabajo reflexivo sobre la propia historia y la psicoterapia (Mikulincer y Shaver, 2007).

    Cómo cortar la repetición: seis pasos concretos

    No hay un protocolo con eficacia medida para “dejar de elegir mal”, así que lo que sigue combina lo que respalda la investigación sobre apego con sentido clínico. Funciona mejor como un entrenamiento de atención que como una resolución de año nuevo.

    1. Arma el mapa de tus últimas tres o cuatro relaciones. Para cada una, anota cómo empezó, qué sentías los primeros dos meses, qué hacías cuando la otra persona se alejaba y cómo terminó. El patrón suele verse en lo que tú hacías, más que en los rasgos de ellos.
    2. Distingue alarma de interés. Después de ver a alguien, fíjate si tu cuerpo queda en calma o en estado de espera. Una conexión puede ser intensa y tranquila a la vez. Si la intensidad viene siempre mezclada con duda, vale la pena sospechar de la alarma.
    3. Mide por constancia, no por intensidad. Observa durante semanas si la persona cumple lo que dice, responde de forma razonablemente predecible y se queda cuando hay un conflicto. Esa información pesa más que lo intenso que fue el comienzo.
    4. Nombra tu guion de protesta o de retirada. ¿Escribes cinco mensajes seguidos? ¿Desapareces? ¿Pides reaseguro? Saber qué haces cuando te asustas te permite probar una respuesta distinta, aunque sea más lenta.
    5. Baja la velocidad. El patrón ansioso aprieta el compromiso por miedo a perder (Mikulincer y Shaver, 2007). Espaciar los encuentros y mantener tus rutinas, amistades y proyectos en pie reduce el peso de cada cita.
    6. Trabaja el patrón con apoyo profesional. Las terapias orientadas al apego buscan que la relación terapéutica funcione como una base segura donde revisar la historia y ensayar formas nuevas de vincularse (Bowlby, 1988). Si el patrón se repite a pesar de tu atención, es una buena razón para consultar. Además, la terapia de pareja puede servir si ya estás en una relación y el ciclo de demanda y retirada es el problema.

    ¿Cómo saber cuál es tu caso?

    Puede que repitas un patrón de apego, que ahora vivas en un entorno que filtra tu elección, o que estés en una relación dañina y la etiqueta no sea lo importante. Los textos del sitio te ayudan a acotarlo. Cada estilo tiene su propia guía: cómo superar el apego ansioso, apego evitativo y apego desorganizado en adultos. Y si te preguntas por el parecido entre tú y tu pareja, personalidad y elección de pareja revisa qué dice la evidencia sobre similitud y complementariedad.

    ¿Cuándo conviene consultar con un psicólogo?

    Conviene hacerlo si el patrón se repite a pesar de que lo ves venir, si te deja con ansiedad o ánimo bajo de forma sostenida, si has ido dejando planes o amistades para sostener la relación, si hay menosprecio o control, o si el término de una relación te produce un malestar que no puedes manejar. Si hay miedo a la reacción de tu pareja o violencia, la prioridad es tu seguridad: busca apoyo de inmediato.

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué siempre me atraen personas emocionalmente distantes?

    Con frecuencia se debe a la familiaridad: si tu historia te enseñó que el afecto llega a cuentagotas, la distancia confirma una expectativa conocida y activa tu estrategia habitual de esforzarte más. Es una explicación clínica plausible, no una ley. También influyen tus entornos y tu etapa de vida, y conviene revisarlos.

    ¿Los ansiosos siempre terminan con evitativos?

    No. La investigación muestra emparejamientos no aleatorios y combinaciones inseguras que duran, pero no hay una regla fija. En el estudio clásico de 354 parejas, por ejemplo, ciertas combinaciones no aparecieron y otras fueron estables, sin que el resultado fuera universal.

    ¿Se puede cambiar el estilo de apego?

    Puede cambiar en parte. El apego adulto tiene un núcleo estable con fluctuaciones, y en estudios con parejas la ansiedad bajó un poco con el tiempo, mientras que la evitación fue más estable. El trabajo reflexivo y la psicoterapia se consideran vías posibles, aunque no hay cifras firmes de cuánto cambia con cada una.

    ¿Cómo sé si repito un patrón o es mala suerte?

    Compara tus últimas relaciones: cómo empezaron, qué hacías cuando la otra persona se alejaba y cómo terminaron. Si lo que se repite es tu forma de reaccionar, más que el tipo de persona, probablemente hay un patrón. Si cambió el entorno o el momento vital, puede pesar más el contexto.

    ¿Una pareja segura me cura el apego inseguro?

    Puede ayudar a que te sientas más tranquilo, pero no lo garantiza. En un estudio con 1.036 parejas durante 20 meses, los cambios de apego se relacionaron poco con las características de la relación. Una pareja receptiva es un buen contexto, y el trabajo propio sigue siendo necesario.

    ¿Cuándo ir a terapia por un patrón de pareja?

    Cuando el patrón se repite aunque lo reconozcas, cuando te deja con ansiedad o tristeza sostenidas, cuando has cedido planes o amistades por la relación o cuando hay menosprecio, control o miedo. Con violencia, la prioridad es la seguridad: busca ayuda de inmediato y no esperes a entender el patrón.

    Un cierre práctico

    Repetir un patrón no habla de que estés roto ni de que “atraigas” a cierto tipo de persona. Habla de que tu sistema aprendió un guion y de que es posible notarlo, sobre todo si lo observas con calma, sin castigarte. Empieza por el mapa de tus últimas relaciones, mide la constancia en vez de la intensidad y, si el patrón sigue ahí, trabájalo con apoyo profesional. Si quieres hacerlo acompañado, puedes agendar una consulta y revisar tu historia relacional con un psicólogo clínico.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bowlby, J. (1973). Separation: Anxiety and anger (Attachment and loss, Vol. 2). Basic Books.

    Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.a ed.). W. W. Norton.

    Castelló Blasco, J. (2005). Dependencia emocional: Características y tratamiento. Alianza Editorial.

    Collins, N. L., Cooper, M. L., Albino, A., & Allard, L. (2002). Psychosocial vulnerability from adolescence to adulthood: A prospective study of attachment style differences in relationship functioning and partner choice. Journal of Personality, 70(6), 965-1008. https://doi.org/10.1111/1467-6494.05029

    Devenport, S., Davis-McCabe, C., & Winter, S. (2023). A critical review of the literature regarding the selection of long-term romantic partners. Archives of Sexual Behavior, 52(7), 3025-3042. https://doi.org/10.1007/s10508-023-02646-y

    Downey, G., Freitas, A. L., Michaelis, B., & Khouri, H. (1998). The self-fulfilling prophecy in close relationships: Rejection sensitivity and rejection by romantic partners. Journal of Personality and Social Psychology, 75(2), 545-560. https://doi.org/10.1037/0022-3514.75.2.545

    Dyrenforth, P. S., Kashy, D. A., Donnellan, M. B., & Lucas, R. E. (2010). Predicting relationship and life satisfaction from personality in nationally representative samples from three countries: The relative importance of actor, partner, and similarity effects. Journal of Personality and Social Psychology, 99(4), 690-702. https://doi.org/10.1037/a0020385

    Eastwick, P. W., & Finkel, E. J. (2008). Sex differences in mate preferences revisited: Do people know what they initially desire in a romantic partner? Journal of Personality and Social Psychology, 94(2), 245-264. https://doi.org/10.1037/0022-3514.94.2.245

    Fraley, R. C., Vicary, A. M., Brumbaugh, C. C., & Roisman, G. I. (2011). Patterns of stability in adult attachment: An empirical test of two models of continuity and change. Journal of Personality and Social Psychology, 101(5), 974-992. https://doi.org/10.1037/a0024150

    Joel, S., Eastwick, P. W., Allison, C. J., Arriaga, X. B., Baker, Z. G., Bar-Kalifa, E., Bergeron, S., Birnbaum, G. E., Brock, R. L., Brumbaugh, C. C., Carmichael, C. L., Chen, S., Clarke, J., Cobb, R. J., Coolsen, M. K., Davis, J., de Jong, D. C., Debrot, A., DeHaas, E. C., … Wolf, S. (2020). Machine learning uncovers the most robust self-report predictors of relationship quality across 43 longitudinal couples studies. Proceedings of the National Academy of Sciences, 117(32), 19061-19071. https://doi.org/10.1073/pnas.1917036117

    Kirkpatrick, L. A., & Davis, K. E. (1994). Attachment style, gender, and relationship stability: A longitudinal analysis. Journal of Personality and Social Psychology, 66(3), 502-512. https://doi.org/10.1037/0022-3514.66.3.502

    Klohnen, E. C., & Luo, S. (2003). Interpersonal attraction and personality: What is attractive: Self similarity, ideal similarity, complementarity or attachment security? Journal of Personality and Social Psychology, 85(4), 709-722. https://doi.org/10.1037/0022-3514.85.4.709

    Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. The Guilford Press.

    Roisman, G. I., Padrón, E., Sroufe, L. A., & Egeland, B. (2002). Earned-secure attachment status in retrospect and prospect. Child Development, 73(4), 1204-1219. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00467

    Traut, A. C., Gander, F., Uhlich, M., Weidmann, R., Chopik, W. J., & Grob, A. (2025). Examining change in attachment in romantic couples: The role of relationship characteristics and codevelopment between partners. Journal of Personality and Social Psychology, 129(3), 602-617. https://doi.org/10.1037/pspp0000558

    Zhang, F., & Labouvie-Vief, G. (2004). Stability and fluctuation in adult attachment style over a 6-year period. Attachment & Human Development, 6(4), 419-437. https://doi.org/10.1080/1461673042000303127

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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