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  • Parálisis del sueño: qué es, por qué pasa y qué hacer cuando ocurre

    Parálisis del sueño: qué es, por qué pasa y qué hacer cuando ocurre

    Abres los ojos en medio de la noche. Sabes dónde estás, ves tu pieza, pero el cuerpo no responde. Quieres gritar y no sale la voz. A veces se suma la sensación de que alguien está en la habitación o de que algo te aprieta el pecho.

    Pasan segundos que parecen una eternidad, y de pronto todo termina. «Me desperté y no podía moverme» es la frase que más resume la parálisis del sueño, y deja pensando si es peligrosa.

    Este artículo explica qué ocurre en el cuerpo y en el cerebro, cuánta gente la vive, qué la desencadena, qué se sabe (y qué no) sobre lo que ayuda y cuándo conviene consultar.

    Respuesta corta: la parálisis del sueño es un episodio de inmovilidad al dormirse o al despertar, con plena conciencia, porque el apagón muscular propio del sueño REM se prolonga unos segundos hacia la vigilia.

    Suele durar segundos o uno o dos minutos y, cuando es un hecho aislado, no daña el cuerpo. Lo que pesa es la frecuencia, el miedo que deja y si aparece junto a somnolencia diurna intensa.

    ¿Qué es la parálisis del sueño?

    Es una parasomnia: un fenómeno raro que ocurre en la transición entre el sueño y la vigilia. La persona está consciente y no puede mover los músculos voluntarios, ni los brazos ni las piernas ni la voz. Según MedlinePlus, los episodios duran desde unos cuantos segundos hasta uno o dos minutos y terminan solos o cuando alguien toca a la persona.

    Cuando aparece sin narcolepsia ni otra enfermedad que la explique, se llama parálisis del sueño aislada. Si se repite y deja miedo, evitación de dormir o malestar clínico, se habla de parálisis del sueño aislada recurrente, un trastorno del sueño reconocido pero poco conocido fuera de la medicina del sueño (Sharpless, 2016).

    También hay una diferencia práctica con otras experiencias nocturnas. En la pesadilla estás dormido dentro de un sueño. En el terror nocturno hay gritos y movimiento sin conciencia de lo que ocurre. En la parálisis del sueño estás despierto por dentro y quieto por fuera, y por eso asusta tanto. Si lo tuyo son más bien las pesadillas, lo explicamos en pesadillas frecuentes en adultos.

    ¿Por qué pasa la parálisis del sueño? Lo que ocurre en el cuerpo y en el cerebro

    Durante el sueño REM, el que acompaña a la mayoría de los sueños, el cerebro apaga los músculos voluntarios para que no actúes lo que sueñas. En ratas, un experimento mostró que ese apagón lo produce un impulso potente de dos mensajeros químicos, GABA y glicina, que silencian a las neuronas que mueven los músculos (Brooks y Peever, 2012).

    En la parálisis del sueño ese apagón se prolonga mientras la conciencia vuelve. Un registro en cinco personas encontró durante los episodios un ritmo cerebral intermedio entre la vigilia y el sueño REM, con predominio de ondas theta, lo que sugiere que el cerebro sigue en estado de sueño aunque la persona sienta que está despierta (Mainieri et al., 2021).

    Los ojos y la respiración siguen funcionando. Por eso muchas personas notan el aire entrando y saliendo, pero con una sensación de presión en el pecho que cuesta interpretar (Sharpless, 2016).

    En el laboratorio se pudo provocar. En un estudio con 16 adultos sanos, interrumpir el sueño durante una hora produjo seis episodios de parálisis aislada (9,4 % de las interrupciones), casi todos desde un periodo REM que empezó al volver a dormirse. Todos los voluntarios estaban conscientes y casi todos refirieron alucinaciones y emociones desagradables (Takeuchi et al., 1992).

    ¿Qué se siente? Los tres tipos de alucinaciones

    Durante la parálisis puede aparecer material de sueño sobre la habitación real. Un modelo clásico reunió esas experiencias en tres grupos, a partir de encuestas grandes (Cheyne et al., 1999):

    TipoQué se viveCómo se explica
    IntrusoPresencia en la habitación, miedo intenso, sombras, pasos o vocesUn estado de hipervigilancia que parte del cerebro medio busca al peligro y lo “encuentra”
    IncuboPeso o presión en el pecho, dificultad para respirar, dolorLa inhibición de las neuronas motoras altera cómo se percibe el esfuerzo de respirar
    Experiencias corporales inusualesFlotar, volar, salir del cuerpo, a veces una sensación placenteraConflicto entre la señal del cuerpo y la del cerebro sobre posición y movimiento

    Los dos primeros tipos comparten una idea de “otro” que amenaza, y por eso en muchas culturas se contaron como visitas de espíritus. En una encuesta en Dinamarca y Egipto, los egipcios que habían vivido episodios refirieron más episodios en la vida (media de 19,4 frente a 6,0), inmovilidad más prolongada y miedo a morir, sobre todo si atribuían la parálisis a lo sobrenatural (Jalal y Hinton, 2013).

    Eso aclara algo útil: la forma en que interpretas el episodio influye en cuánto miedo te deja. Sharpless (2016) recoge además que quien no tiene una explicación médica suele pensar que se está muriendo, que le dará un derrame o que la parálisis será permanente.

    ¿Cuánta gente la vive?

    Mucha más de la que lo cuenta. Una revisión de 35 estudios con 36.533 personas calculó la prevalencia de vida, es decir, la proporción que tuvo al menos un episodio (Sharpless y Barber, 2011):

    GrupoAl menos un episodio en la vida
    Población general7,6 %
    Estudiantes28,3 %
    Pacientes psiquiátricos31,9 %
    Pacientes con trastorno de pánico34,6 %

    La cifra de la población general depende mucho de cómo se pregunta. En una muestra representativa de Alemania e Italia con 8.085 personas fue de 6,2 %; el 0,8 % tenía un episodio por semana o más, el 1,4 % uno al mes o más y el 4,0 % menos de uno al mes (Ohayon et al., 1999).

    Entre adolescentes japoneses, en una encuesta con 90.081 estudiantes, fue de 8,3 % (Munezawa et al., 2011).

    No encontramos en las fuentes revisadas una medición en población chilena, así que estas cifras vienen de otros países.

    ¿Qué la desencadena? Causas y factores de riesgo

    Las causas de la parálisis del sueño no se conocen del todo. Una revisión sistemática de 42 estudios agrupó lo asociado a la parálisis en varios temas: consumo de sustancias, estrés y trauma, genética, enfermedad física, personalidad, creencias anómalas, problemas del sueño y síntomas de ansiedad (Denis et al., 2018). Los factores con más respaldo son estos.

    Dormir mal o con horarios irregulares. Una peor calidad de sueño aumenta las probabilidades de parálisis en varios estudios, y los síntomas de insomnio (aunque no el diagnóstico) también la predicen. Las pocas mediciones objetivas la describen como un estado mixto entre REM y vigilia (Denis, 2018).

    En adolescentes japoneses se asoció además a siestas largas, a acostarse muy temprano o muy tarde, a tardar en dormirse y a la somnolencia diurna (Munezawa et al., 2011).

    Las pautas más eficaces, concluye una revisión de 2021, pasan por evitar la privación de sueño, los horarios irregulares y el desfase horario (Stefani y Högl, 2021).

    Dormir boca arriba. En una encuesta con 6.730 personas, más gente la refirió en esa posición que en todas las demás juntas, y la posición fue de tres a cuatro veces más común durante la parálisis que al dormirse normalmente. A mitad y final de la noche podría deberse a microdespertares durante el REM, quizá inducidos por apnea (Cheyne, 2002).

    Si además roncas o te despiertas ahogado, revisa apnea del sueño y salud mental.

    Genética. En un estudio de gemelos con 862 jóvenes de Inglaterra y Gales, la influencia genética fue moderada (53 %), y la calidad del sueño, los síntomas de ansiedad y haber vivido eventos amenazantes se asociaron de forma independiente (Denis et al., 2015).

    Alcohol y algunos medicamentos. El consumo de alcohol se asoció a la parálisis en los adolescentes japoneses (Munezawa et al., 2011). En la muestra alemana e italiana, quienes usaban ansiolíticos tenían casi cinco veces más probabilidad de referirla, incluso controlando por trastornos mentales y del sueño (Ohayon et al., 1999). Eso no autoriza a suspender un medicamento por cuenta propia: cualquier cambio se conversa con quien lo recetó.

    Parálisis del sueño y psicología: trauma, pánico y depresión

    La parálisis es especialmente frecuente en algunos cuadros, y conviene saberlo porque a veces es la pista de otro problema.

    En 100 refugiados camboyanos de una clínica psiquiátrica, el 49 % había tenido parálisis en el último año; entre los 46 con estrés postraumático, el 65 % tenía episodios cada mes, frente al 14,85 % de los 54 sin ese diagnóstico, y los episodios se acompañaron de ataques de pánico (Hinton et al., 2005).

    La revisión de Denis et al. (2018) concluye que es particularmente prevalente en el estrés postraumático y, en menor grado, en el trastorno de pánico.

    En 133 personas que consultaban por ataques de pánico, el 29,3 % cumplía criterios de parálisis aislada de por vida y el 20,3 % los de una versión con miedo. Solo esa versión con miedo se asoció con estrés postraumático, índice de masa corporal y sensibilidad a la ansiedad, es decir, el miedo a las propias sensaciones físicas (Sharpless et al., 2010).

    Sobre el pánico que despierta de noche, hay más en ataque de pánico nocturno.

    La depresión también aparece. En una cohorte comunitaria de 866 adultos, la depresión se asoció con parálisis del sueño y con cataplejía sin que la ansiedad lo explicara (Szklo-Coxe et al., 2007). Si tras un trauma las noches se volvieron un problema, puede ayudar leer TEPT complejo y el artículo sobre trastorno de pánico.

    ¿Es peligrosa la parálisis del sueño? Consecuencias

    Como hecho aislado, no causa daño físico: los músculos de la respiración funcionan, el episodio termina solo y no hay consecuencias para el cuerpo. MedlinePlus indica que, si no hay un problema de fondo, muchas veces no hace falta tratamiento.

    El malestar es lo que merece atención. Casi todos los episodios se viven con miedo, y en una minoría producen angustia clínicamente significativa, miedo a dormir o más insomnio (Denis, 2018).

    En una muestra de 439 estudiantes polacos, el 32 % había vivido parálisis; entre ellos, el 94 % tuvo síntomas físicos, sobre todo taquicardia (76 %), el 93 % sintió miedo (el 46 %, miedo a morir) y el 66 % tuvo alucinaciones (Wróbel-Knybel et al., 2020).

    Que el episodio asuste no lo hace peligroso, pero sí merece atención cuando se repite y empieza a condicionar tus noches.

    ¿Qué hacer durante un episodio de parálisis del sueño?

    Las estrategias que se describen vienen de guías clínicas y de reportes de casos, no de ensayos con grupo control, así que conviene verlas como ideas razonables y no como técnicas probadas. Según Sharpless (2016), estas son las que suelen intentarse:

    1. Nombrar lo que ocurre. Pensar «es una parálisis del sueño, es temporal y no me hace daño» baja la alarma que alimenta las alucinaciones.
    2. Respirar lento y no pelear contra la rigidez, porque el esfuerzo por escapar sube el pánico.
    3. Mover partes pequeñas, como los dedos de los pies o de las manos, o la cara, que suelen ceder primero.
    4. Pedir un toque. Si hay alguien al lado, que te toque o te hable corta el episodio, como también señala MedlinePlus.

    Una propuesta más reciente es la terapia de meditación y relajación, que combina cuatro pasos durante el episodio: reinterpretar su significado, tomar distancia emocional, dirigir la atención a un recuerdo agradable y relajar los músculos. Su autora la describió con casos ilustrativos (Jalal, 2016).

    En un piloto con diez personas con narcolepsia, ocho semanas de esa terapia (seis personas) redujeron un 50 % los días con parálisis y un 54 % los episodios del último mes, sin cambio en el grupo que practicó respiración profunda (cuatro personas).

    Los propios autores lo consideran preliminar por el tamaño de la muestra (Jalal et al., 2020).

    Tratamiento de la parálisis del sueño: ¿cómo evitar que vuelva a pasar?

    La evidencia es limitada y conviene decirlo sin rodeos. La guía clínica de Sharpless (2016) describe opciones farmacológicas y psicoterapéuticas “prometedoras” que requieren más respaldo y ensayos grandes y bien controlados. Eso significa que hoy no hay un tratamiento con eficacia demostrada en ensayos rigurosos.

    Por lo que se sabe de los desencadenantes, tiene sentido hacer lo siguiente:

    • Regularizar el sueño. Acostarte y levantarte a horas parecidas, dormir lo suficiente y evitar las noches cortadas es la pauta más repetida (Stefani y Högl, 2021). En higiene del sueño está el detalle.
    • Probar dormir de lado, dado el peso de la posición boca arriba (Cheyne, 2002). Un reporte de un solo caso describió a un hombre con apnea posicional que dejó de tener parálisis al usar un dispositivo que lo mantiene de costado (Cui et al., 2022); es una anécdota, no una prueba.
    • Reducir el alcohol, que se asoció con la parálisis en adolescentes (Munezawa et al., 2011).
    • Tratar lo que hay detrás, si existe: ansiedad, estrés postraumático, depresión o apnea. En personas con un problema de salud mental, tratarlo puede resolver también la parálisis, señala MedlinePlus.
    • Psicoterapia dirigida. Sharpless (2016) menciona una terapia cognitivo-conductual específica de cinco sesiones (psicoeducación, relajación, reestructuración de creencias catastróficas y práctica de cómo interrumpir el episodio), apoyada en series pequeñas y no en ensayos grandes.

    La misma guía menciona que se han usado antidepresivos que suprimen el sueño REM, con base en casos y en la práctica clínica. Es una decisión médica y no corresponde a la automedicación.

    ¿Cuándo no es solo una parálisis aislada?

    La parálisis también forma parte de la narcolepsia, un trastorno neurológico que además produce somnolencia diurna intensa y cataplejía, la pérdida súbita de tono muscular con emociones como la risa. La guía de Sharpless (2016) indica consultar a un especialista en sueño si la parálisis se acompaña de esas dos señales, y que el estudio del sueño con polisomnografía permite diferenciarlas.

    Consulta con un médico o con medicina del sueño si:

    • Te duermes de pronto durante el día o te sientes con sueño todo el tiempo.
    • Pierdes fuerza en las piernas o dejas caer cosas cuando te ríes o te enojas.
    • Los episodios son frecuentes y no se explican por falta de sueño o estrés.
    • Ves o escuchas cosas en mitad del día, sin estar entre el sueño y la vigilia.
    • Roncas fuerte o te despiertas con sensación de ahogo.

    ¿Cuándo consultar a un psicólogo?

    Un psicólogo clínico puede ayudar cuando el episodio pasó a un segundo plano y lo que pesa es lo que deja: miedo a dormir, noches en vela esperando que vuelva, ansiedad antes de acostarte, pesadillas, síntomas de un trauma o ataques de pánico. Esos son los casos en que la parálisis recurrente y el miedo alimentan un círculo que se puede trabajar.

    Conviene pedir hora pronto si evitas dormir, si el sueño empeora tu estado de ánimo o si el episodio se mezcla con recuerdos de algo vivido. Si te despiertas en la madrugada con la mente acelerada, me despierto a las 3 de la mañana y no puedo dormir por ansiedad explican por qué pasa. Para ordenar lo que te ocurre, escribe a contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la parálisis del sueño en palabras simples?

    Es quedarte inmóvil al dormirte o al despertar, con la mente despierta. El cerebro mantiene el apagado muscular del sueño REM unos segundos de más. Puede venir con sensación de presencia, presión en el pecho o miedo intenso, y termina sola. Se llama aislada cuando no hay narcolepsia ni otra enfermedad que la explique.

    ¿Cuánto dura una parálisis del sueño?

    Según MedlinePlus, los episodios duran desde unos pocos segundos hasta uno o dos minutos. Durante el miedo el tiempo se vive mucho más largo, por eso parecen interminables. Terminan solos o cuando alguien te toca o te mueve.

    ¿Se puede morir por una parálisis del sueño?

    Como hecho aislado no daña el cuerpo: los ojos y la respiración siguen funcionando y el episodio termina solo. Lo que sí ocurre es que el miedo a morir es muy frecuente durante el episodio. Si hay somnolencia diurna intensa, pérdida de fuerza con las emociones o ronquidos fuertes, vale la pena consultar a un médico.

    ¿Qué hago cuando me pasa?

    Piensa que es temporal y no te hace daño, respira lento y trata de mover los dedos o la cara. Si hay alguien cerca, un toque o su voz suele cortar el episodio. Son estrategias de guías clínicas y reportes de casos, no de ensayos controlados, así que valen como orientación.

    ¿Por qué me da parálisis del sueño?

    Hay varias causas posibles: dormir poco o con horarios irregulares, dormir boca arriba, estrés, ansiedad, trauma, alcohol y cierta predisposición genética. En el estrés postraumático y en el trastorno de pánico es más frecuente. Cuando se repite, vale la pena revisar el sueño completo y la salud mental.

    ¿Cuándo debo ir al médico o al psicólogo?

    Al médico o a medicina del sueño si hay somnolencia diurna intensa, caídas o pérdida de fuerza con emociones, o ronquidos fuertes. Al psicólogo si los episodios se repiten, te dan miedo a dormir, se suman ataques de pánico o pesadillas, o aparecen tras una experiencia traumática. En ambos casos conviene no esperar a que empeore.

    Lo que sabemos y lo que queda por saber

    La parálisis del sueño es común y se entiende bastante bien: un apagón muscular del sueño REM que se alarga mientras vuelve la conciencia. Lo que sabemos poco es cómo tratarla, porque no hay ensayos grandes y bien controlados. Por ahora, lo más sensato es cuidar el sueño, entender lo que ocurre para que asuste menos y consultar cuando se repite o deja miedo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Referencias

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    Wróbel-Knybel, P., Karakuła-Juchnowicz, H., Flis, M., Rog, J., Hinton, D. E., Boguta, P., & Jalal, B. (2020). Prevalence and clinical picture of sleep paralysis in a Polish student sample. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(10), Artículo 3529. https://doi.org/10.3390/ijerph17103529

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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