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  • Ortorexia: qué es, síntomas y cuándo preocuparse

    Ortorexia: qué es, síntomas y cuándo preocuparse

    Si llegaste buscando “ortorexia”, probablemente te pasa algo parecido a esto: comer sano dejó de ser una preferencia y se volvió una exigencia. Lees etiquetas durante minutos, la lista de alimentos prohibidos crece cada mes, y si te sirven algo fuera de tus reglas sientes culpa o miedo a haberte hecho daño. Quizás es alguien cercano quien cambió, y ahora rechaza las cenas familiares porque no puede controlar qué lleva el plato.

    La ortorexia nerviosa es una obsesión con la comida sana: lo que preocupa es la calidad del alimento, no la cantidad ni el peso. Aquí vas a ver qué es la ortorexia y cuáles son sus síntomas, cómo se reconoce, en qué se diferencia de la anorexia, del TOC y de simplemente cuidarse, qué tan común es y qué se sabe de su tratamiento. Todo sale de revisiones, un consenso internacional de expertos y estudios publicados, y cuando la evidencia es escasa (en ortorexia lo es bastante), lo decimos. Si buscas la visión de conjunto, tienes la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria.

    En breve: la ortorexia nerviosa es una preocupación obsesiva por comer de forma “sana” o “pura”, con reglas rígidas, culpa cuando se rompen y un costo real en la salud, el ánimo o la vida social. No figura como diagnóstico oficial en el DSM-5 ni en la CIE-11, aunque en 2022 un grupo internacional de expertos propuso criterios para definirla. Se distingue de la anorexia en que el objetivo es la salud y no la delgadez. Comer sano, por sí solo, no es ortorexia: lo que la marca es la rigidez, el sufrimiento y el deterioro.

    ¿Qué es la ortorexia nerviosa? Definición y significado

    La ortorexia nerviosa es una fijación patológica con comer de forma saludable: la persona sigue reglas dietéticas rígidas sobre qué es “puro” y qué es “tóxico”, pasa mucho tiempo planificando, comprando y preparando la comida, y su autoestima depende de cumplir esas reglas (Donini et al., 2022). El término se usa desde 1997, cuando el médico estadounidense Steven Bratman lo propuso a partir de las palabras griegas para “correcto” y “apetito” (Dunn y Bratman, 2016).

    El significado y el origen del nombre ayudan a entender el cuadro. Bratman lo observó en pacientes cuyas dietas, pensadas para cuidar la salud, terminaban provocando desnutrición y aislamiento. Una revisión de la literatura escrita por Bratman junto con Thomas Dunn señala que el concepto nació en una revista de yoga, antes de entrar a la literatura científica, y que sus estudios tenían limitaciones serias (Dunn y Bratman, 2016).

    Quienes lo viven describen los alimentos en pares: puros, limpios, naturales y seguros de un lado; procesados, tratados, contaminados o tóxicos del otro. Qué entra en cada lista cambia según la persona, la cultura o la moda del momento, y eso explica por qué dos personas con ortorexia pueden comer de forma muy distinta (Donini et al., 2022).

    ¿La ortorexia es un trastorno oficial? Qué dicen el DSM-5 y la CIE-11

    Todavía no. La ortorexia nerviosa no aparece como diagnóstico en el DSM-5 ni en la CIE-11, y la literatura la trata como un síndrome emergente en estudio (American Psychiatric Association, 2013; Allison y Lundgren, 2018). Es más una pregunta abierta que una etiqueta cerrada.

    Lo que sí existe desde 2022 es un documento de consenso elaborado con 47 especialistas de 14 países, que votaron en tres rondas (método Delphi) y acordaron 27 enunciados con al menos 75 % de acuerdo. Es la primera definición compartida, y los propios autores aclaran que se apoya en la opinión de expertos y que faltan estudios para saber cómo se previene o se detecta a tiempo (Donini et al., 2022). Un resumen de sus criterios:

    • Preocupación y reglas rígidas sobre la comida “saludable”, con mucho tiempo dedicado a planificar, comprar, preparar o comer.
    • Malestar emocional (ansiedad, culpa, disforia) cuando se rompen las reglas, y una autoestima que depende de cumplirlas.
    • Consecuencias: una dieta desequilibrada que afecta la salud física o mental, o un deterioro en el trabajo, los estudios o las relaciones.
    • Duración: síntomas durante al menos 6 meses, o 3 meses si hay un deterioro grave de la salud o del funcionamiento.
    • Exclusiones: que la dieta no se explique por una indicación médica estándar (alergias, enfermedad renal, celiaquía), por razones religiosas, éticas o económicas, ni por ideas delirantes.

    Antes de ese consenso, una revisión de la literatura encontró que la mayoría de los trabajos ni siquiera fijaba criterios, y que los que sí lo hacían coincidían en tres ideas: la preocupación obsesiva por comer sano, el malestar al romper las reglas y el deterioro en áreas importantes de la vida o la desnutrición (Cena et al., 2019).

    Ortorexia: síntomas y señales de alarma

    Los síntomas de la ortorexia se reconocen por tres cosas juntas: reglas de alimentación inflexibles, culpa o miedo cuando se rompen, y un costo en la vida diaria. Una sola de estas señales no alcanza; lo que pesa es el conjunto y que se sostenga en el tiempo (Donini et al., 2022; Dunn y Bratman, 2016).

    Área Qué suele aparecer
    Pensamientos La comida “sana” ocupa gran parte del día; ideas muy firmes de que ciertos alimentos enferman; la autoestima depende de cumplir las reglas
    Conductas Horas leyendo sobre alimentos, revisando etiquetas y cocinando; lista de prohibidos que crece; ayunos o “limpiezas” para compensar un desliz
    Emociones Ansiedad ante alimentos “impuros”, culpa y vergüenza tras romper una regla, irritabilidad
    Vida social Evitar comidas con otros, cenas, viajes o celebraciones; conflictos por la dieta; menos rendimiento en el trabajo o los estudios
    Cuerpo Cansancio, carencias de nutrientes y, en los casos más extremos, bajo peso o alteraciones hormonales como la pérdida de la menstruación

    Hay un detalle que complica el cuadro: la persona rara vez lo vive como un problema. Sus reglas le parecen razonables, incluso morales, y el entorno suele felicitarla por “cuidarse tanto”. Lo que la hace dudar suele ser el costo (el cansancio, la culpa, los amigos que dejaron de invitarla) más que la dieta en sí (Donini et al., 2022; Allison y Lundgren, 2018).

    ¿Cuándo comer sano deja de ser sano?

    Comer sano es flexible. Si un día no hay opción “ideal”, comes lo que hay, sin culpa, y la comida no define quién eres. En la ortorexia la flexibilidad desaparece y aparecen el miedo y la autovigilancia. Un estudio con dos muestras de universitarios (460 y 509 personas) separó dos cosas que se parecen por fuera: el interés por la alimentación saludable (que se asoció con más afecto positivo) y la ortorexia nerviosa (que se asoció con más afecto negativo y menos afecto positivo), según un trabajo publicado en PLOS ONE. Los autores sugieren que lo primero podría ser incluso protector, aunque es una hipótesis que falta confirmar (Barthels et al., 2019).

    Seguir una dieta vegetariana, vegana o sin gluten tampoco es ortorexia. Un menú vegano por razones éticas o ambientales, o una dieta sin gluten indicada por una enfermedad celíaca, queda fuera por definición. Se vuelve motivo de consulta cuando la exclusión supera lo que pide la indicación médica o la ética, y se sostiene por una idea de pureza y por miedo (Donini et al., 2022). Fairburn (2008) agrega una advertencia clínica: en quien ya tiene un trastorno alimentario, una dieta vegetariana a veces esconde una restricción.

    ¿En qué se diferencia de la anorexia, el TOC y el ARFID?

    La diferencia central es lo que busca la persona. En la ortorexia el objetivo es lograr la mejor salud posible; en la anorexia es bajar de peso o mantenerlo bajo por miedo a engordar. El consenso de 2022 también separa la ortorexia del TOC y del ARFID por el tipo de obsesión y el motivo de la restricción (Donini et al., 2022).

    Ortorexia nerviosa Anorexia nerviosa TOC ARFID
    Qué la mueve Pureza y salud Delgadez y miedo a engordar Obsesiones intrusivas y compulsiones Falta de interés, aversión a texturas o miedo inmediato (atragantarse, vomitar)
    Alcance de las obsesiones Solo la comida y la salud Peso, comida y cuerpo Varios temas (contaminación, orden, daño) No hay obsesión central; hay aversión o miedo
    El bajo peso Efecto secundario, no el objetivo Criterio del diagnóstico No forma parte del cuadro Marcador frecuente del cuadro

    En la ortorexia la autoestima depende de cumplir las reglas de alimentación; en la anorexia, del peso y la figura. Y mientras en el TOC las obsesiones se viven como intrusivas y no deseadas, en la ortorexia las ideas sobre la comida “pura” se sienten correctas y deseables, por eso cuesta tanto soltarlas (Donini et al., 2022; Allison y Lundgren, 2018).

    La relación con otros cuadros sigue en discusión. Una revisión sistemática de 42 estudios encontró que la ortorexia se relaciona de forma consistente con la restricción alimentaria y la búsqueda de controlar el peso, pero de forma menos constante con los atracones, el comer emocional o la insatisfacción corporal. Esto llevó a los autores a plantear que podría ser un trastorno alimentario distinto (Atchison y Zickgraf, 2022). Un metaanálisis de 36 estudios halló una asociación moderada con los síntomas de trastornos alimentarios (r = 0,36) y una menor con los síntomas obsesivo-compulsivos, y concluyó que la ortorexia se parece más a los primeros que al TOC, sin ser idéntica a ninguno (Zagaria et al., 2022).

    Otras revisiones piden cautela. En una revisión de 10 estudios, algunos trabajos sugerían que la ortorexia puede aparecer después de un trastorno alimentario completo y otros que ambos coexisten, y solo dos relacionaban la ortorexia con el TOC; los autores concluyen que la relación es complicada y poco clara (Pontillo et al., 2022). Una encuesta a 713 personas encontró que 3,8 % mostraba conductas ortoréxicas relevantes, que esas personas tenían menos bienestar, pero también que la ortorexia casi no sumaba capacidad para predecir el bienestar una vez considerada la alimentación patológica en general, lo que genera dudas sobre si es una categoría separada (Strahler et al., 2018). Y una revisión crítica lo resume en su propio título: mucha discusión y poca evidencia (Strahler y Stark, 2020).

    ¿Qué consecuencias tiene la ortorexia?

    La ortorexia puede traer carencias de nutrientes, problemas médicos y una calidad de vida más baja, además del costo social. Aunque nace del deseo de cuidar la salud, la dieta muy restringida puede terminar dañándola (Koven y Abry, 2015).

    • En el cuerpo: una dieta cada vez más selectiva puede llevar a déficit de vitaminas o minerales, anemia y, en los casos más graves, bajo peso y pérdida de la menstruación (Donini et al., 2022; Allison y Lundgren, 2018). Un caso clínico publicado describe el paso de las obsesiones con comer sano a una ortorexia nerviosa casi fatal (Moroze et al., 2015).
    • En el ánimo: culpa, ansiedad, dificultad para concentrarse porque la cabeza está en la comida, y a veces síntomas depresivos (Donini et al., 2022).
    • En la vida social y el trabajo: menos planes con otras personas, tensión en la pareja y la familia, y menos energía para estudiar o trabajar.
    • En otros trastornos alimentarios: el consenso de 2022 señala que la ortorexia puede preceder a otro trastorno alimentario, convivir con él o aparecer después como una forma “más aceptable” de seguir restringiendo (Donini et al., 2022).

    ¿Qué tan común es la ortorexia?

    No se sabe con precisión. Una revisión de 2021 concluyó que no hay datos confiables de prevalencia: según el grupo y el cuestionario usado, las cifras van de 6,9 % en población italiana a 88,7 % en estudiantes brasileños de nutrición, y los autores consideran que el test más usado, el ORTO-15, genera demasiados falsos positivos (Niedzielski y Kaźmierczak-Wojtaś, 2021).

    El mejor ejemplo de ese problema viene de un estudio con 275 universitarios estadounidenses. El ORTO-15 marcó “ortorexia” en 71 % de ellos. Pero cuando se miró quién además se tomaba muy en serio la alimentación sana y tenía problemas médicos o un deterioro en su vida diaria por esa dieta, quedó menos de 1 %. Los autores estiman que la ortorexia nerviosa, como la anorexia o la bulimia, no es un cuadro frecuente (Dunn et al., 2017).

    Con otra escala, la encuesta de 713 personas mencionada antes llegó a 3,8 % (Strahler et al., 2018). No encontramos cifras de prevalencia de ortorexia en Chile. Lo honesto es decir que muchas personas se interesan por comer sano, algunas lo hacen con rigidez y sufrimiento, y cuántas son todavía es incierto.

    ¿Por qué aparece? Factores de riesgo y lo que la mantiene

    No hay una causa única. Una revisión sistemática de factores psicosociales encontró que el perfeccionismo, los rasgos obsesivo-compulsivos, el haber tenido un trastorno alimentario, hacer dieta, la mala imagen corporal y el impulso de adelgazar se asocian con más ortorexia. El género y la autoestima, en general, no mostraron relación, y otros factores (edad, índice de masa corporal, ejercicio, dieta vegetariana) dieron resultados mixtos (McComb y Mills, 2019). Si el perfeccionismo te resuena, puedes revisar cuándo se vuelve un problema.

    Las redes sociales también aparecen en los estudios. En una encuesta a 680 personas que seguían cuentas de comida saludable, un uso mayor de Instagram se asoció con más síntomas de ortorexia, y ninguna otra red mostró ese efecto de forma clara. Es un estudio transversal, así que no prueba que Instagram cause el problema: también puede ser que quien ya tiene la preocupación pase más tiempo ahí (Turner y Lefevre, 2017).

    Una vez instalada, la ortorexia se sostiene con un círculo que se parece al de otros cuadros obsesivos y alimentarios. Una regla rígida lleva a una transgresión real o imaginada, que trae ansiedad y culpa; la persona intenta “compensar” con ayunos o limpiezas, y termina restringiendo más. Además, restringir “por salud” suele recibir aplauso, y eso tapa el deterioro (Allison y Lundgren, 2018; Fairburn, 2008).

    ¿Cómo se evalúa la ortorexia?

    La ortorexia se evalúa con una entrevista clínica que mira cuánto tiempo ocupa la comida, qué pasa cuando se rompe una regla, cuánto afecta la vida diaria y cómo está el cuerpo. Los cuestionarios sirven de apoyo, pero ninguno basta para diagnosticar (Donini et al., 2022).

    Durante años el instrumento más usado fue el ORTO-15, y hoy se le critica: no distingue entre una preocupación patológica y un estilo de vida saludable, y marca como “positivos” a porcentajes enormes de la población (Dunn et al., 2017; Niedzielski y Kaźmierczak-Wojtaś, 2021). Existen escalas posteriores, como la Düsseldorf Orthorexia Scale (DOS), la Teruel Orthorexia Scale (TOS) y el Orthorexia Nervosa Inventory (ONI), que intentan separar la preocupación sana de la patológica, pero se usan sobre todo en investigación y ninguna basta por sí sola para diagnosticar (Allison y Lundgren, 2018; Donini et al., 2022).

    Por eso en esta página no hay un test con puntaje. Sumar puntos de un cuestionario con problemas conocidos y decirte “tienes ortorexia” o “no la tienes” sería dar una respuesta que la evidencia actual no puede sostener. En cambio, una entrevista clínica hace las preguntas que sí importan: qué pasa si rompes una regla, cuánto tiempo ocupa la comida en tu día, qué dejaste de hacer por la dieta, y qué dice tu médico de tus exámenes. Si te preocupa la restricción o los atracones en general, existe un cribado breve para trastornos alimentarios (SCOFF), pero no está diseñado para ortorexia.

    Tratamiento de la ortorexia: ¿cómo se trata?

    No hay ensayos clínicos que hayan probado un tratamiento específico para la ortorexia. El consenso de 2022 destaca la falta de estudios sobre tratamiento, y una revisión previa señaló que faltan datos sobre resultados terapéuticos, aunque la práctica actual combina terapia cognitivo-conductual, psicoeducación y, a veces, medicación (Donini et al., 2022; Koven y Abry, 2015). Una revisión de 2023 vuelve sobre lo mismo: la falta de criterios diagnósticos formales dificulta evaluar y tratar con precisión a quienes la viven (Horovitz y Argyrides, 2023).

    En la práctica, los equipos adaptan lo que se conoce de los trastornos alimentarios y del TOC:

    • Terapia cognitivo-conductual: trabaja las reglas dicotómicas (“limpio” frente a “tóxico”), el perfeccionismo y la idea de que el valor personal depende de la disciplina con la comida. Se adapta de la terapia cognitivo-conductual mejorada para trastornos alimentarios (Fairburn, 2008).
    • Exposición gradual a los alimentos temidos, sin rituales compensatorios: es una técnica del tratamiento del TOC que se ha propuesto para la ortorexia, descrita en un capítulo clínico sin respaldo de ensayos propios (Zickgraf, 2020).
    • Acompañamiento nutricional y médico: el objetivo es recuperar una alimentación variada y social, no prescribir una dieta más estricta, y revisar si hay carencias o complicaciones (Donini et al., 2022; GuiaSalud, 2009).
    • Psicoeducación: desarmar mitos de la “comida limpia”, muchos amplificados por las redes, y mostrar el costo que tiene la rigidez.

    Las guías de práctica clínica (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence [NICE], 2017) indican que los cuadros no especificados se traten con el protocolo del trastorno al que más se parezcan. La medicación, cuando aparece, se plantea como apoyo ante una ansiedad o depresión importante y no como tratamiento único (GuiaSalud, 2009; Koven y Abry, 2015).

    ¿Cómo acompañar a alguien con ortorexia?

    Lo que más ayuda es no reorganizar la casa alrededor de las reglas ni entrar en debates sobre qué alimento es “tóxico”. Discutir con datos, en medio de una obsesión, casi nunca convence y suele subir la tensión (Treasure et al., 2007; Fairburn, 2008).

    • Evitar la acomodación: no cocinar siempre aparte ni cancelar planes para que la persona no se enfrente a sus miedos.
    • Mantener la calma: Treasure y colegas proponen la figura del San Bernardo, una presencia cálida y estable, lejos del enojo y de la angustia desbordada (Treasure et al., 2007).
    • Compartir actividades que no giren alrededor de la comida: paseos, juegos, proyectos.
    • Poner límites si la dieta se impone a niños u otras personas de la casa (Donini et al., 2022).
    • Decir lo que ves sin juzgar (“te extraño en las comidas, me preocupa verte tan cansada”) y ofrecer acompañarla a una consulta.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Conviene consultar cuando comer sano te genera culpa o miedo, ocupa gran parte de tu día, te aísla, o ya hay consecuencias en el cuerpo (cansancio persistente, pérdida de peso, falta de menstruación). No hace falta esperar a que sea “grave” ni a cumplir una lista de criterios. Mareos o desmayos frecuentes, latidos irregulares o una pérdida de peso rápida son motivo para una consulta médica pronto.

    Lo habitual es combinar a un psicólogo o psicóloga clínica con un médico y, si hace falta, un nutricionista con experiencia en trastornos alimentarios. Si dudas por dónde empezar, esta guía sobre psicólogo o psiquiatra puede orientarte, y estas preguntas para elegir un psicólogo sirven para la primera sesión. Para información general en español sobre trastornos alimentarios, MedlinePlus tiene material, y la guía NICE (en inglés) resume el tratamiento recomendado. Si la ortorexia convive con una obsesión más amplia, también puedes revisar el test de TOC como punto de partida, sabiendo que no reemplaza una evaluación.

    Si quieres conversar tu caso, o el de alguien cercano, puedes escribir para agendar una consulta. En la primera sesión se revisa qué ocurre con la comida, qué costos tiene y qué paso conviene dar primero.

    Preguntas frecuentes

    ¿La ortorexia es un trastorno reconocido?

    Todavía no como diagnóstico oficial: no está en el DSM-5 ni en la CIE-11. En 2022, 47 expertos de 14 países publicaron un consenso con criterios propuestos, que se encuadran dentro de los trastornos alimentarios y de la conducta alimentaria, pero siguen en estudio (Donini et al., 2022).

    ¿Cuál es la diferencia entre ortorexia y comer sano?

    Comer sano es flexible y no genera culpa ni aislamiento. La ortorexia implica reglas rígidas, miedo o culpa al romperlas y un costo en la salud, el ánimo o la vida social. Lo que la distingue es el sufrimiento y el deterioro, no el tipo de dieta (Donini et al., 2022; Barthels et al., 2019).

    ¿Cuáles son los síntomas de la ortorexia?

    Pasar mucho tiempo pensando, leyendo y planificando comida “saludable”, listas de alimentos prohibidos que crecen, culpa o ansiedad al comer fuera de las reglas, evitar comer con otros y, en casos extremos, carencias nutricionales o bajo peso (Donini et al., 2022; Dunn y Bratman, 2016).

    ¿La ortorexia es TOC o anorexia?

    Comparte rasgos con ambos, pero ninguno la describe del todo. A diferencia de la anorexia, no busca la delgadez; a diferencia del TOC, las ideas se viven como correctas y se limitan a la comida. Los estudios la relacionan más con los trastornos alimentarios que con el TOC (Zagaria et al., 2022; Atchison y Zickgraf, 2022).

    ¿Cuántas personas tienen ortorexia?

    Los estudios dan cifras que van de menos de 1 % a más de 80 % según el cuestionario y el grupo, y el test más usado marca demasiados falsos positivos, de modo que ninguna se considera confiable (Niedzielski y Kaźmierczak-Wojtaś, 2021; Dunn et al., 2017).

    ¿La ortorexia tiene tratamiento?

    Sí. Se trabaja con terapia cognitivo-conductual adaptada, exposición a los alimentos temidos, acompañamiento nutricional y médico, y psicoeducación, aunque todavía faltan ensayos específicos que midan cuánto ayuda cada parte (Koven y Abry, 2015; Zickgraf, 2020).

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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