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  • Falta de deseo sexual: por qué no tengo ganas y qué puedo hacer

    Falta de deseo sexual: por qué no tengo ganas y qué puedo hacer

    Tu pareja se acerca, y lo que sientes es cansancio, fastidio o simplemente nada. Puede que lleves semanas inventando excusas, o que hayas tenido relaciones igual, sin ganas, para no discutir. Y mientras tanto una pregunta da vueltas: qué me pasa. Si buscaste “no tengo ganas de tener relaciones con mi pareja”, este artículo explica cuándo la falta de deseo sexual es normal, cuándo merece atención, qué la causa en mujeres y en hombres y qué tiene respaldo para recuperarlo.

    Respuesta corta: no tener ganas de sexo es muy frecuente y casi siempre tiene explicación, que puede ser médica, de ánimo, de estrés, de un medicamento o de la propia relación. Se considera un trastorno solo cuando dura al menos seis meses y te causa un malestar real. Hay tratamientos con respaldo, sobre todo psicológicos, y lo primero es descartar causas médicas y revisar en qué contexto estás intentando sentir deseo.

    ¿Es normal no tener ganas de tener relaciones con mi pareja?

    Sí, es normal, y más de lo que se habla. Una encuesta telefónica a 2.207 mujeres estadounidenses de 30 a 70 años con pareja estable encontró deseo bajo en entre 26,7 % (premenopáusicas) y 52,4 % (menopáusicas naturales). Cuando se suma el malestar por ese deseo bajo, las cifras bajan: el trastorno llegó a 12,5 % entre las mujeres con menopausia quirúrgica (West et al., 2008). Una revisión de Parish y Hahn sitúa el trastorno en 8,9 % de las mujeres de 18 a 44 años y 12,3 % de las de 45 a 64 (Parish y Hahn, 2016). En hombres, un estudio con 2.500 hombres de 50 años halló libido baja en 7,2 % (Herkommer et al., 2024).

    Hay además una razón de fondo por la que muchas personas creen tener un problema sin tenerlo. Emily Nagoski (2015) y Lori Brotto (2018) explican que existen dos formas de vivir el deseo. El deseo espontáneo llega “de la nada”, como una ocurrencia. El deseo responsivo aparece después de que empieza el contacto, un beso o una caricia en un contexto cómodo. En las relaciones largas el segundo es muy común, y Nagoski estima que cerca de 3 de cada 10 mujeres vive el deseo sobre todo así. Si no tienes ganas antes pero disfrutas cuando algo ya empezó, tu respuesta sexual es normal.

    ¿Cuándo la falta de deseo sexual es un trastorno y cómo se llama?

    Cuando persiste al menos seis meses y te angustia a ti, no solo a tu pareja. Según Brotto y Velten (2020), en mujeres el DSM-5 agrupa el deseo y la excitación en el trastorno del interés o la excitación sexual femenino. Exige al menos 3 de 6 síntomas, entre ellos menos interés en la actividad sexual, menos pensamientos o fantasías eróticas, menos iniciativa o receptividad con la pareja, o falta de deseo en respuesta a estímulos eróticos. En hombres se mantiene el trastorno de deseo sexual hipoactivo masculino, con los mismos seis meses y el mismo malestar clínicamente significativo (Nobre et al., 2020). Ambos se especifican como de toda la vida o adquiridos, y como generalizados o situacionales (solo con tu pareja actual, por ejemplo).

    Los mismos autores aclaran cuándo no se habla de trastorno:

    • No hay malestar personal, o la baja motivación no te preocupa.
    • Eres una persona asexual (más abajo).
    • La diferencia de deseo es entre ustedes dos, porque quien desea menos no está enfermo por eso.
    • El deseo responsivo funciona: te enciendes una vez que empieza el contacto.
    • La causa es un medicamento, una enfermedad o un conflicto de pareja serio, que se atienden por sí mismos.

    Una revisión de 64 estudios sobre el deseo en relaciones largas encontró que los problemas de deseo están muy ligados a los problemas de la relación (Mark y Lasslo, 2018). Por eso la pregunta útil rara vez es “¿tengo un trastorno?” y casi siempre “¿qué está frenando mi deseo?”.

    Falta de deseo sexual en la mujer: causas más frecuentes

    En mujeres suelen sumarse varias causas a la vez. Según Hall y Binik (2020) y Nagoski (2015), las principales son estas:

    • Estrés, cansancio y sobrecarga. Para Nagoski, el estrés pisa los “frenos” del deseo. Tareas pendientes, crianza, trabajo y falta de sueño apagan el interés aunque el cariño esté intacto.
    • Depresión y ansiedad. La depresión produce apatía y anhedonia (pérdida de placer) general, y la ansiedad y la autocrítica sobre el propio cuerpo distraen la atención de las sensaciones eróticas.
    • Dolor al tener relaciones. La disminución de estrógenos por menopausia, lactancia o ciertos anticonceptivos puede causar sequedad y dolor, y el dolor apaga el deseo de forma secundaria. Si hay dolor, se evalúa primero con ginecología.
    • Posparto y crianza. En la encuesta británica NATSAL-3, que recogen Brotto y Velten (2020), haber estado embarazada en el último año o tener niños pequeños predijo bajo deseo en mujeres, no en hombres.
    • Menopausia. El bajo deseo se hace más común con la edad, aunque el malestar que provoca es mayor en mujeres jóvenes que en mayores (Brotto y Velten, 2020).
    • Trauma sexual o experiencias aversivas. Pueden generar vigilancia y rechazo durante el contacto.
    • Contexto de la relación. Resentimiento, falta de intimidad no sexual, sexo por obligación y la dinámica de perseguir y evitar.

    Un dato que desmonta una creencia popular: según Brotto y Velten (2020), los niveles de testosterona en sangre no se relacionan con el deseo en mujeres premenopáusicas sanas, y una revisión sistemática encontró que 6 de 10 estudios no mostraron una asociación significativa entre testosterona sérica y libido, y que el tratamiento con testosterona en premenopáusicas solo mostró un efecto claro en 1 de 4 estudios, por lo que no respalda medirla ni usarla en ese grupo (Reed et al., 2016). Los predictores que sí aparecen son la historia de salud mental, la calidad de la relación y el estrés.

    Falta de deseo sexual en hombres: lo que se sabe

    El bajo deseo masculino existe y casi nunca llega solo. Según Nobre, Carvalho y Mark (2020), se estima entre 3 % y 28 % de los hombres a nivel poblacional, con más malestar psicológico en los jóvenes. Rara vez es un problema aislado: el capítulo señala que lo habitual es que aparezca junto con disfunción eréctil o problemas de eyaculación.

    Barry y Emily McCarthy (2019) describen un ciclo muy común. Un fallo eréctil o de orgasmo genera ansiedad de rendimiento, vergüenza y evitación del sexo, y con el tiempo “no puedo” se convierte en “no tengo ganas”. El hombre empieza a evitar el contacto para no enfrentar el fallo, y la pareja lo interpreta como rechazo. En el estudio bávaro, la libido baja se asoció con disfunción eréctil y con peor salud autopercibida (Herkommer et al., 2024). Si es tu caso, te puede servir esta guía sobre disfunción eréctil psicológica y la de eyaculación precoz.

    En hombres sí tiene sentido pedir exámenes. Según Nobre et al. (2020), la evaluación incluye testosterona total, prolactina y función tiroidea, para descartar hipogonadismo, hiperprolactinemia o hipotiroidismo, además de revisar los fármacos que toma.

    ¿Mis medicamentos o una enfermedad pueden quitarme las ganas?

    Sí, y es una de las causas más fáciles de pasar por alto. Un metaanálisis sobre antidepresivos encontró más disfunción sexual que con placebo para sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina, fluoxetina y otros, con tasas entre 25,8 % y 80,3 % de las personas según el fármaco. No hubo diferencia con placebo para bupropión, mirtazapina, agomelatina, moclobemida y nefazodona (Serretti y Chiesa, 2009). Los propios autores advierten que incluir estudios abiertos y escalas distintas pudo reducir la solidez de la comparación.

    Sobre los anticonceptivos hormonales los datos son más mezclados. Una revisión sistemática de 36 estudios y 13.673 mujeres halló que 85 % de las usuarias de anticonceptivos orales combinados refirió más libido o ningún cambio, y 15 % una disminución, y que la caída apareció solo con píldoras de 15 μg de etinilestradiol (Pastor et al., 2013). Brotto y Velten (2020), citando estudios prospectivos, hablan de un tercio con menos interés, un quinto con más y la mitad sin cambios. En conjunto: algunas mujeres lo notan y la mayoría no.

    Posible causa Cómo puede afectar el deseo Qué hacer
    Antidepresivos (ISRS y otros) Reducen deseo, excitación y orgasmo según el fármaco Hablar con quien los receta; no suspenderlos por tu cuenta
    Anticonceptivos hormonales Efecto variable; baja en una parte de las usuarias Revisar con ginecología si coincide con el cambio
    Menopausia, lactancia Sequedad y dolor que apagan el deseo Evaluación ginecológica; existen tratamientos locales
    Tiroides, prolactina, testosterona baja (en hombres) Disminuyen la libido Exámenes de laboratorio indicados por un médico
    Depresión, ansiedad, estrés sostenido Apatía, distracción, frenos activados Tratar la causa; la terapia psicológica ayuda
    Dolor al tener relaciones Evitación y pérdida de deseo Consulta médica antes de trabajar el deseo

    Si el deseo cayó justo después de empezar un medicamento, no lo suspendas por tu cuenta. Algunos tienen efectos al retirarlos bruscamente. Lo razonable es hablarlo con quien lo receta, porque muchas veces se puede ajustar la dosis o cambiar de fármaco.

    Falta de deseo sexual en la pareja: cuando el problema está en la relación

    El deseo responde a cómo se sienten juntos fuera de la cama. Según los McCarthy (2019), uno de los patrones más desgastantes es el de perseguidor y distanciador: quien quiere más insiste, quien quiere menos se siente presionado y se retira, y cada paso del otro confirma el temor. Nagoski (2015, 2024) suma el “sexo por obligación”, que convierte la intimidad en una tarea más y activa rechazo. También pesan los secretos, el resentimiento sin hablar y la falta de tiempo en pareja.

    Si tu caso es que eres tú quien siente que la otra persona no te desea, la mirada es otra y está en esta guía sobre qué hacer cuando tu pareja no te desea como antes. Y si dudas del estado general de la relación, puede ayudarte cómo saber si una relación de pareja es sana.

    Qué hacer si no tengo ganas: pasos con respaldo

    Parte por lo que se puede descartar y lo que se puede cambiar sin presión. Estos pasos salen de lo que proponen Nagoski (2015, 2024), Brotto (2018, 2022) y los McCarthy (2019), y de la evidencia que verás más abajo:

    1. Descarta lo médico. Si hay dolor, un medicamento nuevo, cambios de ánimo marcados o sospecha hormonal, parte por una consulta médica. En hombres, con exámenes de testosterona, prolactina y tiroides si lo indica el médico.
    2. Haz tu lista de frenos y aceleradores. Anota qué te enciende (confianza, caricias sin objetivo, novedad, sentirte deseado) y qué pisa el freno (estrés, cansancio, autocrítica, tareas pendientes, miedo a no responder). Muchas veces conviene bajar frenos antes que buscar “más estímulo”.
    3. Cierra el ciclo del estrés. Nagoski propone procesar el estrés del día con movimiento, respiración, llanto o descanso, porque un cuerpo en modo alerta no abre espacio al deseo.
    4. Conversa fuera de la cama. Con ambos vestidos, descansados y sin un rechazo reciente. Una frase posible: “No tengo ganas y no es por ti, quiero que busquemos cómo estar cerca sin presión”. Habla de lo que sientes y de lo que necesitas, sin enumerar lo que la otra persona hace mal.
    5. Prueben una pausa del coito. Nagoski y los McCarthy describen acuerdos temporales de no tener sexo genital ni buscar orgasmo, para que un abrazo o un beso dejen de leerse como una petición. Los McCarthy lo trabajan con la focalización sensorial: se turnan para acariciarse, con la regla de que no hay coito, para sentir sin ansiedad de rendimiento. Brotto (2018) lo organiza en fases, primero sin zonas genitales y después incluyéndolas.
    6. Entrena la atención al cuerpo. Brotto propone un escáner corporal diario, observando sensaciones sin juzgarlas, para reconectar mente y cuerpo y notar las primeras señales de excitación. Si quieres empezar, tienes una guía de mindfulness.
    7. Construyan puentes al deseo. Los McCarthy llaman así a cosas concretas que anticipan algo agradable: una cita, una ducha juntos, un mensaje durante el día, apagar el teléfono. Funcionan mejor como invitaciones que se pueden rechazar sin castigo.

    Cuando los pasos anteriores no avanzan en unos meses, no es una derrota. Según los McCarthy (2019), si pasan de 3 a 6 meses de intentos por su cuenta sin avance, es momento de pedir ayuda.

    Tratamientos para la falta de deseo sexual: qué funciona

    Los tratamientos psicológicos son los que tienen más respaldo, y los fármacos tienen efectos modestos. Esto es lo que dicen los estudios:

    • Terapia psicológica en general. Un metaanálisis de 20 ensayos contra lista de espera encontró que las intervenciones psicológicas mejoran la gravedad de síntomas (d = 0,58) y la satisfacción sexual (d = 0,47), con buena evidencia para el deseo hipoactivo femenino. Los estudios llegan hasta 2009 y pocos comparan tratamientos entre sí (Frühauf et al., 2013).
    • Mindfulness. Un metaanálisis de 11 ensayos con 449 participantes halló mejoras moderadas en la función sexual de mujeres, aunque contra lista de espera no todas alcanzaron significación y puede haber sesgo de publicación (Stephenson y Kerth, 2017). En un ensayo con 117 mujeres, cuatro sesiones grupales mejoraron deseo, excitación y satisfacción frente a lista de espera, y la baja de síntomas depresivos predijo la mejora del deseo (Brotto y Basson, 2014).
    • Mindfulness frente a educación sexual. En un ensayo con 148 mujeres, ocho sesiones grupales de terapia cognitiva basada en mindfulness o de educación y apoyo sexual mejoraron el deseo con efectos grandes, sostenidos a 12 meses, y el mindfulness mejoró más el malestar sexual (Brotto et al., 2021). Casi la mitad refirió una mejoría moderada o grande.
    • Terapia en línea. Un ensayo con 266 mujeres probó terapia sexual cognitivo-conductual y de mindfulness por internet: ambas mejoraron deseo y malestar frente al grupo en espera, pero menos de 1 de cada 4 alcanzó un cambio clínicamente significativo en deseo (Velten et al., 2024). Sirve, y no es una solución mágica.
    • Flibanserina. Un metaanálisis de 5.914 mujeres mostró que 100 mg dieron en promedio medio evento sexual satisfactorio más por mes que el placebo, con más mareo, somnolencia, náuseas y fatiga, y una calidad de evidencia muy baja (Jaspers et al., 2016). Brotto y Velten (2020) agregan la bremelanotida, aprobada en 2019 con efectos igualmente modestos.
    • Testosterona. Un metaanálisis de 7 ensayos en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo encontró más episodios satisfactorios y deseo que con placebo, a costa de más acné y vello, y sin eventos graves en el corto plazo (Achilli et al., 2017). No es un tratamiento para cualquier mujer con poco deseo.
    • En hombres. Según Nobre et al. (2020), no existe un fármaco aprobado para el bajo deseo masculino. La testosterona sirve si hay hipogonadismo demostrado y no aumenta el deseo con niveles normales. Lo que funciona es la terapia cognitivo-conductual con la pareja, la focalización sensorial y trabajar la ansiedad de rendimiento.

    Un matiz importante: la mayoría de estos estudios se hizo en mujeres, y los de fármacos tienen un efecto placebo grande, según los autores que revisan la literatura (Brotto y Velten, 2020). Por eso conviene desconfiar de cualquier “pastilla para el deseo” que prometa mucho.

    ¿Y si no tengo ganas, pero no me molesta?

    Entonces puede que no haya nada que arreglar. Anthony Bogaert (2015) define la asexualidad como la falta de atracción sexual hacia otras personas, y la entiende como una orientación sexual y no como una disfunción. Las personas asexuales suelen no sentir angustia por ello, tienen una respuesta física intacta y una experiencia estable en el tiempo; algunas sí desean romance, afecto y compañía. Si vives así y lo que te pesa es la presión de la pareja o del entorno, el trabajo es de comunicación y de acuerdos, no de “corregir” el deseo.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Consulta cuando el malestar persiste o hay señales de alarma. Nagoski, Brotto y los McCarthy coinciden en varias:

    • Llevas 6 meses o más con falta de deseo que te angustia.
    • Sientes pavor o rechazo ante cualquier contacto físico, o hay una dinámica fuerte de perseguir y evitar.
    • Tienes dolor genital o al penetrar.
    • La falta de deseo viene con tristeza persistente, ansiedad intensa o antecedentes de abuso o trauma. Si el ánimo está muy bajo, te puede orientar esta guía sobre depresión, y si ocurre tras un parto, la de depresión posparto.
    • Hay resentimiento profundo, amenazas de separación o “matrimonio sin sexo” que no logran mover.

    Para saber qué esperar de una consulta de pareja, puedes leer qué pasa en la primera sesión de terapia de pareja o si la terapia de pareja funciona y cuándo ir. También hay información general de salud sexual en la página de la OMS y en MedlinePlus.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no tener ganas de tener relaciones con mi pareja?

    Sí. El deseo baja con el estrés, el cansancio, los años de relación, el posparto o algunos medicamentos. Se vuelve un trastorno cuando dura al menos seis meses y te causa un malestar importante. Si te enciendes una vez que empieza el contacto, tu deseo es responsivo, y eso es normal.

    ¿Cuánto tiempo sin ganas es normal?

    El plazo exacto varía de una persona a otra. Los períodos de poco deseo son frecuentes y pasan con el estrés o los cambios de vida. El criterio clínico es de seis meses o más con malestar. Si hay dolor, un cambio de ánimo o un medicamento nuevo de por medio, no esperes ese plazo: consulta antes.

    ¿Los antidepresivos quitan las ganas de tener sexo?

    Algunos sí. Un metaanálisis encontró más disfunción sexual que con placebo para sertralina, paroxetina, citalopram y venlafaxina, entre otros, y no para bupropión, mirtazapina o agomelatina. No los dejes por tu cuenta; habla con quien los receta, porque a veces se puede ajustar la dosis o cambiar de fármaco.

    ¿Hay una pastilla o una terapia que devuelva el deseo?

    Los tratamientos psicológicos (terapia cognitivo-conductual y mindfulness) tienen el mejor respaldo en mujeres. Los fármacos, como la flibanserina, tienen un efecto pequeño y efectos adversos, y la testosterona solo se estudia en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo. En hombres no hay un fármaco aprobado para el deseo.

    ¿No tener ganas significa que ya no quiero a mi pareja?

    No necesariamente. Querer y desear son cosas distintas, y el deseo se frena por estrés, salud, ánimo o conflictos mientras el cariño sigue. Conviene mirar si además hay distancia emocional en todo lo demás, porque ahí el problema es de la relación y no solo del deseo.

    Un último punto

    No tener ganas no te vuelve defectuoso, y tampoco es algo que tengas que aguantar en silencio. Casi siempre hay un freno identificable, y gran parte se puede mover cuando se descartan las causas médicas, se baja la presión y se trabaja en pareja o con ayuda profesional. Si quieres hacerlo con acompañamiento, puedes agendar una consulta y revisar juntos qué está frenando tu deseo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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