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  • Síndrome del nido vacío: síntomas y cómo afrontarlo

    Síndrome del nido vacío: síntomas y cómo afrontarlo

    El último hijo se fue y la casa quedó rara: más ordenada, más callada, con una habitación que casi nadie usa. Hay quien siente alivio, quien siente un vacío en el pecho y quien siente las dos cosas la misma tarde. Si eso te está pasando, es normal que te preguntes si lo tuyo tiene nombre.

    Lo tiene, y se conoce como síndrome del nido vacío, aunque conviene saber desde ya que no es un diagnóstico médico.

    Este artículo explica qué se entiende por ese término, qué síntomas se describen, qué dice la investigación sobre cómo les va a madres y padres cuando los hijos se independizan, cómo lo vive la pareja y qué puedes hacer para atravesar la etapa. También verás cuándo la tristeza deja de ser parte del proceso y conviene consultar.

    Una advertencia honesta antes de seguir: casi todos los estudios son de Estados Unidos, Europa y Asia. No encontré datos chilenos sobre cómo viven los padres esta etapa, y lo digo donde corresponde. Tampoco encontré ensayos clínicos que prueben un tratamiento específico para el nido vacío, así que los consejos vienen de estudios observacionales y de modelos de terapia familiar.

    Respuesta rápida: ¿qué es el síndrome del nido vacío?

    El síndrome del nido vacío es el nombre popular de la tristeza, la soledad o la pérdida de sentido que algunos padres sienten cuando sus hijos se van de casa. No está reconocido como trastorno en el DSM-5 ni en la CIE-11.

    Los estudios que siguieron a los mismos padres en el tiempo muestran que la mayoría se adapta bien o incluso mejora su ánimo. La minoría que lo pasa mal suele tener su identidad centrada en la crianza o poco apoyo social (McGoldrick et al., 2015; Bougea et al., 2019).

    ¿Es el síndrome del nido vacío un diagnóstico?

    El síndrome del nido vacío es una expresión de uso común y no una categoría clínica. McGoldrick, Garcia Preto y Carter (2015) cuentan que el término se usó durante décadas para presentar esta etapa como un período inevitable de depresión, sobre todo en las mujeres, y que la investigación posterior no lo respaldó para la gran mayoría. Robinson (2020) agrega que los manuales psiquiátricos tienden a medicalizar procesos normales de duelo y reorganización.

    Una revisión publicada en 2019 lo describe como una condición psicológica en la que algunos padres sienten duelo, pérdida, miedo y dificultad para ajustar sus roles, y señala que, cuando el malestar es intenso, puede acompañarse de síntomas depresivos (Bougea et al., 2019). Esa descripción ayuda a entender la experiencia, siempre que no se confunda con un diagnóstico.

    Una forma más precisa de pensarlo es como una transición del ciclo de vida familiar. McGoldrick y colaboradores (2015) la llaman fase de «lanzamiento» de los hijos y la tratan como una etapa con tareas propias, no como una enfermedad.

    ¿Cuáles son los síntomas del síndrome del nido vacío?

    Al ser un término popular, tampoco tiene una lista oficial ni una escala validada de síntomas. Lo que se describe en la literatura es una mezcla de emociones parecidas a las de un duelo (Bougea et al., 2019). Las más mencionadas son:

    • Tristeza o sensación de vacío, que puede llegar en oleadas, por ejemplo al pasar frente a la pieza del hijo o al poner la mesa para menos personas.
    • Soledad y silencio en casa, sobre todo si los hijos eran el centro de la rutina diaria.
    • Preocupación por si el hijo estará bien, comerá bien o sabrá arreglárselas solo.
    • Pérdida de rol o de propósito: la pregunta de qué haces ahora con el tiempo y la energía que antes ocupaba la crianza.
    • Miedo o inseguridad ante la nueva etapa y ante la relación con la pareja.

    Estas emociones suelen convivir con orgullo, alivio y ganas de recuperar tiempo propio (Arnett, 2024). Sentir ambas cosas a la vez no indica que algo ande mal, y más abajo verás que es lo más frecuente.

    Si además de la pena notas cambios sostenidos en el sueño, el apetito o las ganas de hacer cualquier cosa, ya no estamos hablando solo de la transición. Esa diferencia se explica en la sección sobre cuándo pedir ayuda.

    ¿Qué tan común es y cómo les va a los padres?

    La respuesta corta es que lo más común es sentir pena y alegría a la vez, y que la mayoría de los padres sale adelante sin un problema de salud mental. Estos son los datos más sólidos que encontré:

    • Alemania, adultos de 40 años o más. Un estudio longitudinal comparó a las mismas personas antes y después de que sus hijos salieran del hogar. Pasar al nido vacío no se asoció con más soledad ni con más síntomas depresivos, y los autores concluyen que las consecuencias del nido vacío se habían sobrestimado en el pasado (Kristensen et al., 2021).
    • Australia, mujeres de mediana edad. En un seguimiento de 9 años a 438 mujeres, durante el primer año después de que se fue el último hijo mejoraron el ánimo positivo y el bienestar total y bajaron el ánimo negativo y los problemas cotidianos. La mejoría se concentró en las mujeres que, al comenzar el estudio, no estaban preocupadas por la salida de los hijos (Dennerstein et al., 2002).
    • Alemania, 25 años de datos. Un análisis de panel encontró que solo la salida del primer hijo tuvo un efecto negativo duradero en el bienestar de los padres, y que ese efecto fue más marcado en quienes tenían un reparto del trabajo tradicional (Collischon et al., 2024).
    • Estados Unidos, padres de jóvenes de 18 a 29 años. En una encuesta nacional que Arnett (2024) resume en su libro, el 90 % se sentía feliz de que su hijo lograra su independencia y el 84 % lo extrañaba. Un 61 % disfrutaba de más tiempo a solas con su pareja y un 37 % se preocupaba por si el hijo no estaba listo (Arnett y Schwab, 2013, citado en Arnett, 2024).

    Hay que leer estos resultados con matices. Son promedios, y detrás de un promedio hay personas que sí lo pasan mal. Dos de ellos, por ejemplo, miden quién vive o no en el hogar, no cómo se siente cada persona por dentro.

    Una revisión teórica de 2024 propone dos mecanismos que explican por qué los resultados son tan variados. Uno es la pérdida de rol, que puede reducir el bienestar. El otro es el alivio de la carga de la crianza, que lo aumenta y abre tiempo para otras relaciones y actividades. Según esa revisión, la cultura, los roles de género y las expectativas sociales sobre cuándo deben irse los hijos inclinan la balanza hacia uno u otro (Hartanto et al., 2024).

    ¿Quién lo pasa peor? Factores que complican o facilitan la etapa

    Ningún factor predice por sí solo cómo vas a vivir esto, pero varios se repiten en la literatura. Lo que sigue combina estudios con lo que reportan los textos de ciclo vital familiar.

    Complica la adaptaciónFacilita la adaptación
    Identidad centrada casi por completo en el rol de madre o padre (McGoldrick et al., 2015)Identidad diversificada: trabajo, amistades, intereses propios (McGoldrick et al., 2015)
    Preocuparse por la salida de los hijos mucho antes de que ocurra (Dennerstein et al., 2002)Mantener un contacto regular y afectuoso con el hijo que se fue (Robinson, 2020)
    Pareja que se sostenía sobre todo como equipo de crianza (McGoldrick et al., 2015)Relación de pareja basada en la amistad y la buena comunicación (Gorchoff et al., 2008)
    Poco apoyo social: en una muestra de adultos de 50 a 75 años en la India, más soledad se asoció con más síntomas depresivos y menos apoyo percibido (Murugan et al., 2022)Red de amigos y actividades fuera de la casa (Robinson, 2020)
    Estilo de apego inseguro (Hobdy et al., 2007)Estilo de apego seguro: en un estudio de 2007, las personas con apego seguro parecían mejor preparadas para esta transición (Hobdy et al., 2007)

    El estudio de la India es transversal y sin grupo de comparación, así que muestra una asociación y no demuestra que el nido vacío cause la soledad.

    La cultura y la situación económica también pesan. Un estudio mixto con 174 padres de Vancouver de cuatro grupos étnicos halló que las normas del grupo, la calidad de la relación con los hijos, las preferencias de vivienda y las limitaciones económicas influían en cuánto desafío emocional anticipaban los padres (Mitchell y Wister, 2015).

    Síndrome del nido vacío en hombres

    Durante años se habló del nido vacío como un asunto de madres. La investigación incluye hoy a los padres, aunque con menos estudios centrados solo en ellos. Esto es lo que se sabe:

    • En un estudio con 3.765 parejas de distinto sexo, estar en el nido vacío se asoció con mayor cercanía de pareja tanto en maridos como en esposas, y con mejor salud percibida solo en las esposas (Tracy et al., 2022).
    • En un estudio con 172 parejas, la manera en que el marido veía a sus hijos como adultos exitosos se relacionó con la calidad de la pareja de ambos, a través del estrés percibido (Bouchard, 2018).
    • Los textos de ciclo vital describen a muchos hombres como más introspectivos en esta etapa. Algunos sienten arrepentimiento por no haber estado más presentes mientras los hijos crecían, y pueden quedar descolocados si su identidad giraba casi solo en torno al trabajo y la salida de los hijos coincide con la cercanía de la jubilación (McGoldrick et al., 2015).

    En medios de divulgación se repite que los hombres lo sufren igual pero lo muestran como irritabilidad o exceso de trabajo. No encontré estudios que midan eso, así que tómalo como una hipótesis. Si eres padre y notas más rabia, más trabajo o más distancia desde que se fue tu hijo, conviene que te lo preguntes igual: la depresión en hombres a veces se ve así.

    Nido vacío en la pareja: ¿se acerca o se aleja?

    La respuesta depende de cómo estaba la pareja antes. En muchas parejas la salida de los hijos mejora la relación. En un seguimiento de 18 años, la satisfacción de pareja de las mujeres aumentó en la mediana edad y ese aumento se vinculó con el paso al nido vacío. El aumento pasó por disfrutar más el tiempo en pareja, y la cantidad de tiempo juntos no explicó el cambio (Gorchoff et al., 2008).

    Bradbury y Karney (2019) agregan un matiz. La idea de que la satisfacción cae durante la crianza y vuelve a subir con el nido vacío (la «curva en U») se explica en parte porque las parejas más infelices se separan antes y quedan, al final, las más satisfechas. En promedio, la satisfacción tiende a bajar de forma gradual con los años.

    Aun así, los autores señalan que las parejas que sortearon bien la crianza suelen vivir un aumento de satisfacción al irse el último hijo, mientras que en las parejas muy distanciadas la salida de los hijos quita lo que las mantenía juntas y se observa un leve repunte de los divorcios.

    Christensen, Doss y Jacobson (2014) explican por qué: durante años, la crianza amortigua el vínculo. Se coordinan horarios y tareas, y las diferencias de fondo se postergan. Sin hijos en el medio, esas diferencias aparecen cara a cara, y McGoldrick y colaboradores (2015) vinculan este momento con el aumento de los divorcios después de los 50.

    Si estás en esa situación, hay tres cosas que ayudan:

    1. Conversar lo que quedó pendiente, con calma y mirando el patrón compartido, no buscando culpables (Christensen et al., 2014).
    2. Planear tiempo juntos que ambos disfruten, porque lo que se asoció con más satisfacción fue el disfrute del tiempo compartido (Gorchoff et al., 2008).
    3. Pedir ayuda profesional si el resentimiento acumulado impide hablar o tocarse sin ponerse a la defensiva. Aquí te cuento cuándo conviene ir a terapia de pareja, y si lo tuyo es más bien aburrimiento, mira qué hacer cuando te aburriste de tu pareja.

    ¿Cómo superar el síndrome del nido vacío? Pasos concretos

    Estas ideas vienen de los modelos de ciclo vital familiar y de los hallazgos de arriba. Ningún ensayo las ha probado como tratamiento.

    1. Ponle nombre a las dos emociones. Sentir pena y alivio a la vez es esperable. Neimeyer (2019) describe como «duelo no reconocido» a las pérdidas que el entorno no valida, y la salida de los hijos puede ser una de ellas, porque el entorno espera que estés contento.
    2. Pasa de supervisar a ser consultor. McGoldrick y colaboradores (2015) proponen que los padres dejen la dirección directa de la adolescencia y se vuelvan consultores a demanda: orientan cuando el hijo lo pide. En la práctica es un contacto frecuente pero voluntario, sin interrogatorios sobre su rutina, aceptando sus decisiones (Arnett, 2024). La culpa y la manipulación emocional suelen aumentar la distancia que se intenta evitar (Seiffge-Krenke, 2015).
    3. Reconstruye tu identidad fuera de la crianza. Retomar estudios, impulsar un proyecto laboral o dedicarte a nuevas actividades son las rutas que describen McGoldrick y colaboradores (2015). Robinson (2020) sostiene que tener varios roles favorece la salud mental.
    4. Cuida tus vínculos. La revisión de Hartanto y colaboradores (2024) indica que algunos padres se benefician de una mayor participación social en esta etapa. Llama a esa amiga con la que ya no te juntabas, y si la soledad pesa, mira qué hacer con la soledad crónica.
    5. Revisa lo que pasa en paralelo. A esta edad suelen coincidir el cuidado de padres mayores (la llamada «generación sándwich»), la jubilación o la menopausia. Si cuidas a alguien, el agotamiento del cuidador puede confundirse con nido vacío, y si el sueño anda mal, la menopausia y el sueño son un buen punto de partida.
    6. Dale sentido a la etapa. Una pregunta útil es qué quedó postergado durante los años de crianza. Para pensarlo con más calma, está lo que dice la psicología sobre el sentido de vida.

    ¿Y si los hijos no se van del todo? El caso de Chile

    En Chile el nido rara vez se vacía de un día para otro. Según la 11.ª Encuesta Nacional de Juventudes, el 68,2 % de las personas de 15 a 29 años vive con su padre o su madre, y entre los 25 y los 29 años lo hace el 52,8 % (INJUV, 2026). En una muestra de universitarios chilenos, el 83,3 % vivía en el hogar familiar, y las autoras describen el familismo, es decir la lealtad y el cuidado del grupo familiar, como un valor propio de la región (Barrera-Herrera y Vinet, 2017).

    En culturas colectivistas como estas, McGoldrick y colaboradores (2015) señalan que rara vez existe un «nido vacío» en sentido estricto. Los hijos se quedan hasta más tarde, viven cerca o regresan. Con esos datos es razonable pensar que muchos padres chilenos viven la transición como un proceso gradual. Es una inferencia mía: las investigaciones chilenas que revisé se centraron en los jóvenes y no en sus padres.

    El regreso de los hijos tampoco está libre de costos. En un estudio con 287 padres de mediana edad, vivir con un hijo adulto se asoció con menor calidad de pareja en 2008, cuando era menos habitual, pero no en 2013. Vivir con un hijo que atravesaba problemas sí se asoció con peor calidad de pareja en 2013 (Davis et al., 2018). Si convives con un hijo adulto y necesitas ordenar la relación, aquí tienes cómo poner límites sin culpa.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional y qué terapia ayuda?

    La tristeza por la salida de un hijo es esperable. Lo que sugiere que necesitas ayuda es la intensidad, la duración y cuánto te impide hacer tu vida. Esta tabla resume la diferencia, a partir de Worden (2013), Neimeyer (2019) y los criterios del episodio depresivo mayor.

    Tristeza esperable por el cambioSeñales de que conviene consultar
    Altibajos con momentos de pena y momentos de alivioÁnimo bajo casi todo el día, casi todos los días, durante dos semanas o más
    La autoestima se mantieneSentirte inútil o culparte de forma desproporcionada
    Sigues cumpliendo con el trabajo y las rutinas, aunque cuesteNo puedes cumplir con tus tareas o dejaste de disfrutar casi todo
    Mejora de a poco con apoyo y actividadEstancamiento o empeoramiento durante meses
    Pena que no impide dormir ni comerCambios marcados del sueño o del apetito, o beber más para aguantar

    Worden (2013) agrega algo que vale la pena saber: la salida del último hijo puede reactivar pérdidas anteriores que nunca se elaboraron, y eso puede hacer que el malestar parezca desproporcionado a la situación actual. Si te pasa, un psicólogo puede ayudarte a distinguir qué viene de qué.

    Para dar una referencia, el DSM-5 pide que haya al menos cinco de nueve síntomas durante dos semanas o más, y que uno de ellos sea el ánimo deprimido o la pérdida marcada de interés o placer. Los otros son cambios del apetito o del peso, del sueño, de la energía, de la concentración, enlentecimiento o agitación, sentimientos de inutilidad o culpa excesiva y pensamientos de muerte. Si se cumple eso, hay tratamientos eficaces: la terapia cognitivo-conductual y la activación conductual cuentan con respaldo, y un ensayo clínico aleatorizado encontró que la activación conductual no fue inferior a la terapia cognitivo-conductual completa y resultó más económica (Richards et al., 2016). Aquí encuentras más sobre la terapia para la depresión.

    Si el malestar llega a pensamientos de hacerte daño o de que no vale la pena seguir, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud, *4141, atiende gratis y a toda hora desde celulares.

    Para orientación general de salud también existe Salud Responde, al 600 360 7777. Si no sabes con quién partir, aquí te explico cómo saber si necesitas un psicólogo y qué diferencia hay con un psiquiatra. La Organización Mundial de la Salud resume los síntomas de la depresión y los tratamientos disponibles, y en la guía de la depresión del sitio encuentras más detalle.

    Preguntas frecuentes

    ¿El síndrome del nido vacío es una enfermedad?

    No. Es un término popular para una transición de la vida familiar y no figura en el DSM-5 ni en la CIE-11. Lo que sí puede ocurrir es que, en una persona vulnerable, la transición active una depresión o un duelo que sí necesita tratamiento. Por eso importa mirar la intensidad y la duración del malestar, no el nombre.

    ¿Cuánto dura el síndrome del nido vacío?

    La duración varía de una persona a otra. En el seguimiento de mujeres australianas, el ánimo mejoró en promedio durante el primer año tras la salida del último hijo (Dennerstein et al., 2002). Si pasan más de dos semanas con ánimo bajo casi todo el día, o el malestar se estanca durante meses, conviene consultar en lugar de esperar a que pase solo.

    ¿Los hombres también sufren el síndrome del nido vacío?

    Sí pueden sufrirlo, aunque hay menos estudios centrados en ellos. Los datos disponibles muestran que muchos padres también mejoran su cercanía de pareja cuando los hijos se van (Tracy et al., 2022), y que otros viven la etapa con arrepentimiento o con dudas sobre su identidad más allá del trabajo (McGoldrick et al., 2015).

    ¿El nido vacío afecta a la pareja?

    Puede afectarla para bien o para mal, según cómo estuviera antes. Muchas parejas reportan más satisfacción y más disfrute del tiempo juntos (Gorchoff et al., 2008). Otras descubren que los hijos eran el motivo principal que las unía, y ahí aparecen conflictos postergados (Christensen et al., 2014).

    ¿Cuándo debo consultar a un psicólogo?

    Cuando el ánimo bajo dura dos semanas o más, te sientes inútil, te cuesta cumplir con tu vida diaria, duermes o comes distinto o usas alcohol para aguantar. También si tienes pensamientos de hacerte daño: en ese caso, llama al *4141. Una consulta sirve para evaluar qué está pasando y definir qué apoyo conviene.

    Qué hacer desde hoy

    Reacomodar la vida después de la crianza lleva tiempo, apoyo y, a veces, ayuda profesional. Si la pena no cede o la pareja necesita conversar lo que los hijos mantenían en pausa, puedes escribirnos desde la página de contacto y conversarlo con un psicólogo clínico.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnett, J. J. (2024). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3.ª ed.). Oxford University Press.

    Barrera-Herrera, A., & Vinet, E. V. (2017). Adultez emergente y características culturales de la etapa en universitarios chilenos. Terapia Psicológica, 35(1), 47-56. https://doi.org/10.4067/s0718-48082017000100005

    Bougea, A., Despoti, A., & Vasilopoulos, E. (2019). Empty-nest-related psychosocial stress: Conceptual issues, future directions in economic crisis. Psychiatriki, 30(4), 329-338. https://doi.org/10.22365/jpsych.2019.304.329

    Bouchard, G. (2018). A dyadic examination of marital quality at the empty-nest phase. The International Journal of Aging and Human Development, 86(1), 34-50. https://doi.org/10.1177/0091415017691285

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.

    Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). Guilford Press.

    Collischon, M., Eberl, A., & Wolbring, T. (2024). Parental well-being when children move out: A panel study on short- and long-term effects. Advances in Life Course Research, 62, Artículo 100643. https://doi.org/10.1016/j.alcr.2024.100643

    Davis, E. M., Kim, K., & Fingerman, K. L. (2018). Is an empty nest best? Coresidence with adult children and parental marital quality before and after the Great Recession. The Journals of Gerontology: Series B, 73(3), 372-381. https://doi.org/10.1093/geronb/gbw022

    Dennerstein, L., Dudley, E., & Guthrie, J. (2002). Empty nest or revolving door? A prospective study of women’s quality of life in midlife during the phase of children leaving and re-entering the home. Psychological Medicine, 32(3), 545-550. https://doi.org/10.1017/s0033291701004810

    Gorchoff, S. M., John, O. P., & Helson, R. (2008). Contextualizing change in marital satisfaction during middle age: An 18-year longitudinal study. Psychological Science, 19(11), 1194-1200. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2008.02222.x

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    Kristensen, K., König, H.-H., & Hajek, A. (2021). The empty nest, depressive symptoms and loneliness of older parents: Prospective findings from the German Ageing Survey. Archives of Gerontology and Geriatrics, 95, Artículo 104425. https://doi.org/10.1016/j.archger.2021.104425

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    Mitchell, B. A., & Wister, A. V. (2015). Midlife challenge or welcome departure? Cultural and family-related expectations of empty nest transitions. The International Journal of Aging and Human Development, 81(4), 260-280. https://doi.org/10.1177/0091415015622790

    Murugan, Y., Nagarajan, P., Subrahmanyam, D. K. S., & Kattimani, S. (2022). Severity of loneliness, depression and perceived social support in adults in the empty nest stage of the family life cycle and the influence of using digital technology. Asian Journal of Psychiatry, 76, Artículo 103245. https://doi.org/10.1016/j.ajp.2022.103245

    Neimeyer, R. A. (2019). Aprender de la pérdida: Una guía para afrontar el duelo. Planeta.

    Richards, D. A., Ekers, D., McMillan, D., Taylor, R. S., Byford, S., Warren, F. C., Barrett, B., Farrand, P. A., Gilbody, S., Kuyken, W., O’Mahen, H., Watkins, E. R., Wright, K. A., Hollon, S. D., Reed, N., Rhodes, S., Fletcher, E., & Finning, K. (2016). Cost and outcome of behavioural activation versus cognitive behavioural therapy for depression (COBRA): A randomised, controlled, non-inferiority trial. The Lancet, 388(10047), 871-880. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(16)31140-0

    Robinson, O. C. (2020). Development through adulthood: An integrative sourcebook (2.ª ed.). Red Globe Press.

    Seiffge-Krenke, I. (2015). Leaving home: Antecedents, consequences, and cultural patterns. En J. J. Arnett (Ed.), The Oxford handbook of emerging adulthood (pp. 177-189). Oxford University Press.

    Tracy, E. L., Putney, J. M., & Papp, L. M. (2022). Empty nest status, marital closeness, and perceived health: Testing couples’ direct and moderated associations with an actor-partner interdependence model. The Family Journal, 30(1), 30-35. https://doi.org/10.1177/10664807211027287

    Worden, J. W. (2013). El tratamiento del duelo: Asesoramiento psicológico y terapia (4.ª ed.). Paidós.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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