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  • Mis padres se van a divorciar: cómo afrontarlo

    Mis padres se van a divorciar: cómo afrontarlo

    Tu familia está cambiando y todo se siente raro: la casa, las comidas, tu propia cabeza. Mis padres se van a divorciar es una frase difícil de decir y más difícil de procesar, sea que te lo contaran en una conversación corta, que lo sospecharas desde hace años o que lo supieras por una pelea escuchada desde otra pieza. Tengas 14, 25 o 45 años, la pregunta es la misma: ¿qué hago con esto?

    Si lo que piensas es «mis padres se separan y no sé qué sentir», puedes sentir tristeza, rabia, culpa, alivio o todo junto en la misma tarde, y ninguna de esas reacciones es la incorrecta. Lo que sí ayuda es saber qué muestra la investigación, qué tareas te tocan a ti y cuáles no, y cómo hablar con cada uno de tus padres sin quedar en medio.

    Mis padres se van a divorciar: ¿qué hago primero?

    Cuando tus padres se van a divorciar, lo que más te protege es mantenerte fuera del conflicto entre ellos, conservar tus rutinas y tu relación con cada uno, hablar de lo que sientes con alguien de confianza y pedir ayuda profesional si el malestar dura o te desborda. La separación nace de la relación de tus padres. No es tu responsabilidad ni tu culpa, a ninguna edad.

    ¿Qué es normal sentir cuando tus padres se separan?

    Lo habitual es una mezcla que cambia de un día a otro:

    • Tristeza por la familia tal como la conocías, incluso si en casa ya no se estaba bien.
    • Rabia con uno de tus padres, con los dos o con la situación completa.
    • Miedo a lo que viene: dónde vas a vivir, si alcanzará el dinero, cómo serán las fiestas.
    • Culpa, sobre todo si escuchaste que se peleaban por algo que tiene que ver contigo.
    • Alivio, cuando la separación pone fin a meses o años de tensión.

    Jeffrey Arnett (2024) habla de los «múltiples legados del divorcio»: para unas personas es un dolor que dura, para otras un alivio, y para muchas las dos cosas a la vez. Oliver Robinson (2020), al revisar la investigación de Amato y colegas, señala que cuando el matrimonio era de mucho conflicto, la separación puede terminar siendo buena para el bienestar de los hijos.

    Sentir alivio no te hace desleal con nadie.

    ¿Cómo afecta a los hijos el divorcio de los padres? Lo que muestra la investigación

    La evidencia es más matizada que los titulares. En promedio hay un efecto, pero es pequeño y depende mucho de cómo ocurre la separación:

    • Un metaanálisis de 92 estudios comparó a hijos de padres divorciados con hijos de familias intactas y encontró una diferencia mediana pequeña en bienestar (d = 0,14) (Amato y Keith, 1991).
    • Otro metaanálisis de 54 estudios y más de 500.000 participantes halló que haber vivido el divorcio de los padres se asociaba, ya en la adultez, con más depresión (razón de probabilidades de 1,29), más ideación suicida (1,48) y más consumo de alcohol (1,43) (Auersperg et al., 2019).
    • Una revisión sistemática con metaanálisis encontró asociación con depresión adulta (razón de 1,56) y no con ansiedad, y no vio que el efecto fuera menor en los estudios más recientes (Sands et al., 2017).

    Los dos metaanálisis no coinciden del todo en si el efecto se ha ido reduciendo con las décadas. Además, son comparaciones entre grupos y se hicieron sobre todo en Estados Unidos y Europa: no dicen qué le pasará a una persona en particular, y no incluyen datos chilenos.

    Lo que más se repite es que el conflicto pesa más que el divorcio en sí. En una muestra de 1.078 jóvenes españoles, el divorcio de los padres no se asoció con más ansiedad ni evitación en los vínculos propios ni con peores expectativas de pareja, pero el conflicto entre los padres sí. Haber tenido un apego seguro con la madre amortiguó ese efecto (Smith-Etxeberria et al., 2020).

    En un seguimiento de 240 niños durante seis a ocho años después de la separación, quienes vivieron trayectorias de alto conflicto tuvieron más problemas de salud mental, y la forma de afrontar lo que pasaba predijo cómo les iba (O’Hara et al., 2019).

    Eso señala algo que sí puedes mover: cómo atraviesas tú el proceso.

    Qué hacer si mis padres se van a divorciar: seis cosas que sí puedes hacer

    1. Sácate la culpa de encima

    Los niños y adolescentes tienden a pensar que provocaron la separación. Las guías pediátricas coinciden en que el divorcio surge de problemas entre los padres, no de lo que hicieron los hijos. En las familias con hijos adultos pasa algo parecido: la ruptura de un matrimonio largo sacude la historia que creías conocer, pero esa historia no la escribiste tú.

    2. Pregunta lo que necesitas saber

    Elige un momento tranquilo y pregunta por lo práctico: dónde vas a vivir, qué cambia en tu rutina, cómo funcionarán el dinero, los estudios y las fechas importantes. Si hablarlo cuesta, un mensaje o una carta funciona igual. No necesitas conocer los motivos de la separación; sí necesitas saber cómo te afecta a ti.

    3. No seas mensajero, juez ni confidente

    McGoldrick, Garcia Preto y Carter (2015) llaman al divorcio una «transición familiar no programada», y uno de sus riesgos es que los hijos terminen triangulados: llevando recados, escuchando quejas del otro o sirviendo de terapeuta de papá o mamá. Algo parecido ocurre cuando asumes tareas de adulto en la casa; si te suena familiar, el artículo sobre parentificación explica cómo reconocerlo.

    La terapia familiar llama a esta postura destriangulación (McGoldrick et al., 2015; Pillemer, 2021). Se dice con calma y sin acusar, a cualquier edad: «Los quiero a los dos, pero no voy a ser el intermediario ni a escuchar críticas o secretos sobre el otro».

    4. Conserva tu rutina y tu red

    Seguir con el colegio o el trabajo, el deporte, el sueño y las amistades da estabilidad mientras todo lo demás se reordena. Arnett (2024) incluye entre los factores protectores contar con al menos una relación adulta estable y afectuosa (un tío, una abuela, un mentor, tu pareja) y el apoyo entre hermanos. Si tienes una, úsala.

    5. Aprende a manejar lo que sientes

    Los programas de afrontamiento tienen resultados medibles. En un ensayo aleatorizado con 147 jóvenes de 11 a 16 años, un programa en línea de cinco módulos redujo los problemas emocionales autoinformados (d = 0,37) y la proporción de quienes tenían síntomas clínicamente significativos (Boring et al., 2015).

    Otro ensayo con 866 niños y adolescentes de 3 a 17 años encontró un efecto de tamaño medio a grande en síntomas emocionales a las 12 semanas (Hald et al., 2026).

    Son programas estructurados, y aun así muestran que afrontar se aprende. Algunas habilidades concretas: ponerle nombre a lo que sientes, tener un plan para cuando los padres discuten (irte a otra pieza, llamar a una amiga) y pedir tiempo antes de contestar algo importante.

    6. Cuida tu relación con cada uno por separado

    En un estudio con adultos que vivieron el divorcio de sus padres, la relación con ambos padres se percibía de menor calidad que en familias con los dos padres, con una diferencia dos o tres veces mayor con el padre, y había menos contacto incluso al considerar los problemas familiares recordados (Webster y Herzog, 1995).

    Es un estudio antiguo y estadounidense, pero muestra un riesgo real: el vínculo con el padre o la madre que se va de la casa puede desgastarse por inercia.

    Un plan sencillo ayuda: una llamada semanal, una comida al mes, un mensaje corto sin pedir nada.

    En otra investigación con 173 jóvenes de unos 22 años, el respeto y la cooperación entre los padres y la libertad para hablar del otro progenitor sin que lo reprochen se asociaron con menos evitación en los propios vínculos (Smith-Etxeberria et al., 2022). Puedes pedir esa libertad: «quiero poder hablar de papá contigo sin que te moleste».

    La separación de los padres siendo adulto: qué cambia

    Es común que a los adultos les digan «ya eres grande, no debería afectarte». Sin embargo, la ruptura de un matrimonio de 30 o 40 años desmonta la «base» a la que volvías en vacaciones o en las crisis, y lo que se siente suele ser una mezcla de desapego práctico, melancolía y ambivalencia (Arnett, 2024; McGoldrick et al., 2015).

    Cuando los padres se separan tarde, la situación cambia en varios frentes:

    • Lealtades. Los padres pueden tratar al hijo adulto como confidente de infidelidades, dinero o resentimientos, y presionar para que tome partido. Los hijos suelen estar más cerca de la madre y tienden a alinearse con ella, a veces castigando al padre (Arnett, 2024; Fingerman y Yahirun, 2015).
    • Cuidado futuro. Si los padres siguen juntos, se cuidan entre sí al envejecer. Al separarse, esa red desaparece y el cuidado de dos hogares puede recaer en ti, justo cuando tienes trabajo y quizá hijos propios, y con más frecuencia en las hijas (McGoldrick et al., 2015; Robinson, 2020).
    • Fiestas y herencia. Navidades, cumpleaños de los nietos y matrimonios obligan a negociar itinerarios, y el patrimonio acumulado puede preocupar si se diluye en gastos legales o en nuevas parejas (Pillemer, 2021).
    • Nuevas parejas. Muchos hijos reaccionan con más intensidad de la que esperaban ante la pareja nueva de un padre. Pillemer (2021) identifica esa llegada como uno de los caminos hacia el distanciamiento familiar cuando el hijo se niega a incluirla o la pareja intenta aislar al padre o la madre.

    Pillemer (2021) recomienda fijar términos claros (qué conversaciones aceptas y cuáles terminas), renunciar a que tus padres se pongan de acuerdo sobre quién tuvo la culpa y definir el contacto mínimo que sí puedes sostener sin sacrificar tu salud mental ni tu propia familia.

    Si lo que más te cuesta es soltar el rol de rescatista, la guía sobre cómo independizarte de tus padres puede servirte, y si hay rabia que no sabes qué hacer, la de perdonar a tus padres.

    Qué decirles a tus padres: frases que ayudan a no quedar en medio

    Cuando hay tensión, una frase breve y tranquila suele funcionar mejor que una explicación larga:

    • Si uno habla mal del otro: «Entiendo que estés enojado/a, pero no puedo escuchar críticas sobre papá/mamá. Si quieres contarme cómo te sientes tú, aquí estoy».
    • Si te piden llevar un mensaje: «Eso conviene hablarlo directamente con él/ella».
    • Si te preguntan con quién prefieres estar: «Quiero estar con los dos. ¿Podemos conversar cómo organizarnos?».
    • Si necesitas información: «Necesito saber qué va a pasar con la casa/mis estudios. ¿Cuándo me lo pueden contar?».
    • Si eres adulto y te piden tomar partido: «Los quiero a ambos y no voy a ser el intermediario. Con cada uno quiero mantener mi relación».

    Puedes decir una frase y repetirla igual las veces que haga falta. Pillemer (2021) aconseja enfocarse en el vínculo presente y dejar de intentar que tus padres coincidan sobre el pasado.

    ¿Esto va a afectar mis propias relaciones de pareja?

    Arnett (2024) habla de la «sombra del divorcio»: el miedo, frecuente en los veinte, a repetir el fracaso de los padres. Su propuesta es usar esa historia como aprendizaje consciente sobre lo que quieres hacer distinto.

    La investigación apoya una lectura menos fatalista. Ya vimos que en la muestra española el divorcio no se asoció con peores expectativas de pareja (Smith-Etxeberria et al., 2020).

    En un estudio con 51 jóvenes israelíes, quienes habían construido una visión integrada de la separación de sus padres reportaban menos problemas y más amistad, disfrute e intimidad en su pareja (Shulman et al., 2001). Es un estudio pequeño y correlacional, pero coincide con lo que plantea la teoría del apego: además del acontecimiento, pesa cómo lo elaboras después (Marrone, 2001; Lecannelier, 2009; Mikulincer y Shaver, 2007).

    Esa elaboración puede construirse con el tiempo, con otras figuras de apoyo y con terapia. Si ya notas patrones, revisa las guías sobre apego ansioso y apego evitativo.

    Cuándo pedir ayuda profesional

    Conviene consultar si, pasadas algunas semanas, ocurre alguno de estos cambios:

    • Duermes o comes mucho menos o mucho más, o no logras concentrarte.
    • Bajan tus notas o tu rendimiento laboral.
    • Te aíslas de tus amistades o dejas actividades que antes disfrutabas.
    • Empiezas a beber más, o a usar sustancias para aguantar (la investigación asocia el divorcio parental con mayor consumo en la adultez).
    • Sientes que tienes que sostener emocionalmente a tus padres todo el tiempo.
    • Aparecen pensamientos de hacerte daño.

    Si piensas en hacerte daño, llama a la línea *4141 del Ministerio de Salud, que atiende las 24 horas. Si en tu casa hay violencia, el Fono Familia 149 de Carabineros orienta las 24 horas y puede activar la protección.

    En terapia se trabaja el duelo por la familia que cambió, cómo ponerse en un lugar propio entre dos padres y cómo cuidar las propias relaciones. Si estás en ese punto, puedes escribir desde la página de contacto.

    Si eres madre o padre y llegaste buscando cómo acompañar a tus hijos, la guía sobre cómo afecta el divorcio a los hijos según la edad está pensada para ti. Para leer más, hay materiales de la Academia Estadounidense de Psiquiatría del Niño y del Adolescente y de la Asociación Estadounidense de Psicología.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es mi culpa que mis padres se separen?

    No. Un divorcio surge de problemas dentro de la pareja, no de lo que hacen los hijos, ni de tus notas, tu conducta o tus peleas con ellos. Si escuchaste discusiones que te nombraban, eso expresa el estrés de tus padres. Si la culpa persiste, conversarla con alguien de confianza o con un psicólogo ayuda a soltarla.

    ¿Puedo hacer que mis padres vuelvan a estar juntos?

    No es posible hacer que una pareja se reconcilie, y intentarlo suele agotar a quien lo intenta. McGoldrick, Garcia Preto y Carter (2015) incluyen entre las tareas emocionales de los hijos elaborar el duelo y renunciar a la fantasía de que vuelvan. Puedes cuidar tu relación con cada uno sin ocupar el lugar de mediador.

    ¿Es normal sentir alivio cuando mis padres se divorcian?

    Sí. Cuando en casa había peleas constantes, tensión o silencio pesado, muchas personas sienten alivio. Según Robinson (2020), la separación de un matrimonio de alto conflicto puede resultar beneficiosa para los hijos. El alivio y la tristeza pueden convivir, y ninguno de los dos significa que quieras menos a tus padres.

    ¿Tengo que elegir con quién quedarme o a quién apoyar?

    Tomar partido no es una tarea tuya. Si eres menor de edad, los adultos deciden dónde vivirás y tú puedes decir lo que piensas y sientes; si eres adulto, puedes mantener la relación con ambos y poner límites a las críticas del otro. Estar en medio de un conflicto de lealtades es una carga que conviene nombrar.

    ¿Es normal que me afecte tanto si ya soy adulto?

    Sí. Arnett (2024) y McGoldrick y colegas (2015) describen que la separación de los padres en la adultez desarma la base familiar a la que se volvía y reabre la historia propia, con tristeza, ambivalencia y a veces rabia. Que tengas casa y familia propias no te quita el derecho a vivir ese duelo.

    Qué puedes hacer esta semana

    • Elige a una persona de confianza y cuéntale cómo estás, sin editarlo.
    • Anota tres preguntas prácticas para hacerles a tus padres y elige cuándo.
    • Escribe en tu teléfono una frase de límite para cuando uno critique al otro.
    • Agenda un plan breve con cada uno de tus padres, por separado.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Amato, P. R., & Keith, B. (1991). Parental divorce and the well-being of children: A meta-analysis. Psychological Bulletin, 110(1), 26-46. https://doi.org/10.1037/0033-2909.110.1.26

    Arnett, J. J. (2024). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3.ª ed.). Oxford University Press.

    Auersperg, F., Vlasak, T., Ponocny, I., & Barth, A. (2019). Long-term effects of parental divorce on mental health: A meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 119, 107-115. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2019.09.011

    Boring, J. L., Sandler, I. N., Tein, J.-Y., Horan, J. J., & Vélez, C. E. (2015). Children of divorce: Coping with divorce. A randomized control trial of an online prevention program for youth experiencing parental divorce. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 83(5), 999-1005. https://doi.org/10.1037/a0039567

    Fingerman, K. L., & Yahirun, J. J. (2015). Emerging adulthood in the context of family. En J. J. Arnett (Ed.), The Oxford handbook of emerging adulthood (pp. 163-174). Oxford University Press.

    Hald, G. M., Johnsen, D. B., Lange, T., Hald, A. N., Sander, S., & Øverup, C. S. (2026). Effects of the SES NXT intervention on mental health and well-being for children of divorce. npj Digital Medicine, 9(1), 478. https://doi.org/10.1038/s41746-026-02638-x

    Lecannelier, F. (2009). Apego e intersubjetividad: Influencia de los vínculos tempranos en el desarrollo humano y la salud mental. LOM Ediciones.

    Marrone, M. (2001). La teoría del apego: Un enfoque actual. Psimática.

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (Eds.). (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. Guilford Press.

    O’Hara, K. L., Sandler, I. N., Wolchik, S. A., & Tein, J.-Y. (2019). Coping in context: The effects of long-term relations between interparental conflict and coping on the development of child psychopathology following parental divorce. Development and Psychopathology, 31(5), 1695-1713. https://doi.org/10.1017/s0954579419000981

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avery.

    Robinson, O. C. (2020). Development through adulthood (2.ª ed.). Red Globe Press.

    Sands, A., Thompson, E. J., & Gaysina, D. (2017). Long-term influences of parental divorce on offspring affective disorders: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 218, 105-114. https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.04.015

    Shulman, S., Scharf, M., Lumer, D., & Maurer, O. (2001). Parental divorce and young adult children’s romantic relationships: Resolution of the divorce experience. American Journal of Orthopsychiatry, 71(4), 473-478. https://doi.org/10.1037/0002-9432.71.4.473

    Smith-Etxeberria, K., Corres-Medrano, I., & Fernandez-Villanueva, I. (2022). Parental divorce process and post-divorce parental behaviors and strategies: Examining emerging adult children’s attachment-related anxiety and avoidance. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(16), 10383. https://doi.org/10.3390/ijerph191610383

    Smith-Etxeberria, K., Eceiza, A., Garneau-Rosner, C., & Adler-Baeder, F. (2020). Parental divorce and interparental conflict: Spanish young adults’ attachment and relationship expectations. The Spanish Journal of Psychology, 23, e42. https://doi.org/10.1017/sjp.2020.38

    Webster, P. S., & Herzog, A. R. (1995). Effects of parental divorce and memories of family problems on relationships between adult children and their parents. The Journals of Gerontology Series B: Psychological Sciences and Social Sciences, 50B(1), S24-S34. https://doi.org/10.1093/geronb/50b.1.s24

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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