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  • Mi pareja no me demuestra afecto: qué puede estar pasando

    Mi pareja no me demuestra afecto: qué puede estar pasando

    Llevas un tiempo notando que casi no hay abrazos, que los “te quiero” se espacian o que tu pareja responde con monosílabos cuando tú te acercas. Y aparece la pregunta que cuesta decir en voz alta: ¿ya no me quiere, o simplemente quiere distinto? Quizá lo piensas como “mi pareja no me demuestra afecto”, “mi pareja es fría conmigo”, “mi pareja no es cariñosa” o “mi pareja no me demuestra amor”. Cualquiera sea la frase, la respuesta corta es que la falta de afecto por sí sola no alcanza para saber qué pasa, y que casi siempre hay algo más que mirar antes de concluir nada.

    En pocas palabras

    Que tu pareja no te demuestre afecto puede venir de un estilo distinto de expresar cariño, de estrés acumulado, de un apego evitativo, de un ciclo de reclamo y distancia que se alimenta solo, o de un enfriamiento real de la relación. En promedio, el amor y el contacto afectivo van de la mano, y en la intimidad pesa mucho sentirse comprendido y atendido. Ayuda pedir afecto desde la emoción concreta y fijarse si hubo un cambio o si siempre fue así.

    Si mi pareja no me demuestra afecto, ¿significa que no me quiere?

    No necesariamente, pero tampoco conviene taparlo. En dos estudios con 7.880 personas en total (el primero, una encuesta en 37 países), el amor hacia la pareja se asoció de forma positiva con la frecuencia del contacto afectivo (abrazar, acariciar, besar), y esa asociación se mantuvo al controlar otras variables (Sorokowska et al., 2023). Dicho de otro modo, en promedio, quienes dicen sentir más amor tocan más a su pareja.

    Ese promedio no te dice nada seguro sobre tu relación. Hay personas que quieren mucho y expresan poco con el cuerpo, y la psicoterapeuta Esther Perel (2006) describe cómo la cultura actual valora casi solo la “intimidad hablada”, de modo que quien espera confesiones y palabras puede ver frío a quien muestra el cariño arreglando algo en casa, resolviendo un problema práctico o acompañando en silencio. Perel propone una “intimidad bilingüe”: reconocer que el gesto práctico también es una forma de decir “me importas”.

    Por eso la pregunta útil incluye qué cambió y qué más hay en la relación, además de cuánto afecto ves. Más abajo verás cómo distinguir un estilo de una señal de problema.

    ¿Son los lenguajes del amor la explicación?

    Es la teoría más popular para este tema: cada persona tendría un “lenguaje del amor” primario (palabras, tiempo, regalos, ayuda, contacto) y sufriría cuando su pareja habla otro. La revisión de Impett, Park y Muise de 2024 evaluó las tres premisas de esa idea (que cada persona tiene un lenguaje primario, que son exactamente cinco y que hablar el mismo lenguaje predice más satisfacción) y concluyó que ninguna tiene respaldo sólido. Cuando se pregunta con escalas continuas, la mayoría puntúa alto en los cinco, y las parejas que coinciden en su “lenguaje primario” no reportan estar más satisfechas.

    Un estudio con 696 adultos llegó a lo mismo: el lenguaje primario no predijo mejor la calidad de la relación, y las palabras de afirmación y el tiempo de calidad pesaron más para el amor percibido y la satisfacción en general (Flicker y Sancier-Barbosa, 2025). Si quieres el detalle, lo desarrollamos en lenguajes del amor: qué dice la ciencia.

    Eso no vuelve inútil la idea de fondo. Hay datos a favor de adaptarse a lo que la otra persona agradece. En 100 parejas, quienes expresaban el afecto de la forma en que su pareja prefería recibirlo estaban más satisfechos con la relación y con la vida sexual (Mostova et al., 2022). Y un estudio con 84 parejas encontró que la gente suele entender mal lo que su pareja prefiere, y que entenderlo mejor se asociaba con más satisfacción (Coy y Rodriguez, 2023).

    La imagen que proponen Impett y colaboradores es la de una dieta equilibrada: una relación sana recibe de todo un poco (palabras, tiempo, contacto, ayuda, apoyo a las metas de cada uno), y en ciertos momentos un “nutriente” urge más que otro. Si tu pareja casi nunca te toca pero te escucha, y tú sientes hambre de contacto, hay algo concreto que conversar, sin necesidad de una etiqueta.

    Por qué mi pareja no me demuestra cariño: puede parecer fría y no siempre es falta de amor

    Estas son las explicaciones que tienen más respaldo, de la más fácil de pasar por alto a la más grave:

    Posible causaCómo suele verseQué dice la evidencia
    Estilo de expresión distintoCuida, resuelve, acompaña, pero abraza poco y habla poco de sentimientosPerel (2006); Mostova et al. (2022)
    Estrés y cansancioLlega agotado, se encierra en el trabajo o el celular, tiene poca pacienciaKing y DeLongis (2014); Bradbury y Karney (2019)
    Apego evitativoSe incomoda con la cercanía, pone distancia cuando te acercas másBeck et al. (2014); Girme et al. (2015)
    Depresión o desánimoMenos iniciativa para todo, también para el cariño; irritabilidad o apatíaHall y Binik (2020); Rehman et al. (2008)
    Ciclo de reclamo y retiradaTú pides más cercanía con enojo, la otra persona se cierra, y se refuerzaSchrodt et al. (2014); Christensen et al. (2014)
    Rutina, hijos, cambios del deseoMenos tiempo a solas, menos novedad, contacto que se asocia con una exigencia sexualBradbury y Karney (2019); McCarthy y McCarthy (2019)

    Cada fila puede estar sola o mezclada con las otras, y cada una cambia lo que conviene hacer.

    Estrés y cansancio: el afecto es lo primero que se recorta

    Cuando alguien llega de la jornada con la cabeza todavía en el trabajo, el afecto suele ser lo primero que se recorta. Un estudio con 87 parejas, en las que uno de los miembros trabajaba como paramédico, siguió a las personas durante cuatro turnos seguidos: el estrés laboral se asociaba con más rumiación y más retirada en casa, y los días en que el cónyuge se retiraba más había más tensión en la pareja (King y DeLongis, 2014). Bradbury y Karney (2019) llaman a esto desbordamiento del estrés: lo que pasa afuera termina gastando el tiempo y la energía que la relación necesita. Algo parecido se vio en la pandemia: las restricciones de movilidad dañaron la satisfacción de quienes no vivían con su pareja (Vigl et al., 2023).

    Si lo que ves es cansancio y no rechazo, vale más preguntar cómo está que preguntar por qué ya no te abraza. Hay herramientas para bajar la carga en cómo manejar el estrés.

    Apego evitativo: la cercanía le incomoda, y a veces no ve la tuya

    Las personas con apego evitativo tienden a protegerse de la dependencia y a incomodarse cuando la intimidad sube. Un estudio con parejas recién casadas encontró que los cónyuges evitativos se percibían a sí mismos como menos receptivos, sobre todo cuando observadores externos los calificaban como más receptivos, y que además veían a su pareja como menos receptiva (Beck et al., 2014). Dicho de otro modo, la persona evitativa puede subestimar tanto lo que da como lo que recibe.

    Otro hallazgo es útil para quien convive con una persona así. En cuatro estudios con 298 parejas, las personas muy evitativas reaccionaban peor ante niveles bajos o moderados de apoyo práctico (más malestar, más sensación de crítica y más distancia), pero mejor cuando el apoyo era alto y claro (Girme et al., 2015). Los autores lo interpretan como evidencia clara de que la pareja está disponible. Ojo con extrapolar: el estudio mide apoyo práctico y no abrazos, así que da una pista sobre el valor de la consistencia, sin ser una receta. Hay más sobre este estilo en apego evitativo: cómo superarlo.

    Dos estudios más apuntan al mismo estilo. En 119 parejas heterosexuales, más apego evitativo se asoció con menos bienestar psicológico, en parte porque la persona suprimía más sus emociones, y el apego evitativo de uno también se asoció con el bienestar de su pareja a través de cuánto expresaba sus propias emociones (Brandão et al., 2020). Y en un seguimiento de un año con 2.859 personas durante la pandemia, de las vulnerabilidades individuales que se midieron, el apego evitativo fue el mayor factor de riesgo para la satisfacción con la relación y para la sexual (Vigl et al., 2023). Son asociaciones, no un veredicto sobre tu pareja.

    Depresión y desánimo

    La depresión se acompaña de anhedonia (menos capacidad de disfrutar) y apatía, y eso incluye el contacto afectivo y sexual (Brotto, 2018; Hall y Binik, 2020). Cuando una persona se retrae por esa razón, su pareja suele leerlo como rechazo personal. Existe además una revisión sobre el contexto matrimonial de la depresión que analiza cómo se comunican las parejas cuando una de las personas tiene el diagnóstico (Rehman et al., 2008). Si hay tristeza persistente, irritabilidad o pérdida de interés en todo, no solo en ti, conviene pensar en eso. En cómo salir de la depresión está la guía.

    El ciclo de reclamo y retirada

    Es el patrón que más se alimenta a sí mismo. Quien siente falta de afecto pide más cercanía, a menudo con reclamo o enojo (la emoción que se ve), y quien se siente presionado se defiende, se justifica o se aleja. Cada uno ve al otro como el problema: uno cree que insiste porque el otro es frío, el otro cree que se aleja porque lo asfixian (Christensen et al., 2014). Un metaanálisis de 74 estudios (14.255 personas) encontró que este patrón de demanda y retirada se asocia de forma moderada (r = 0,36) con peores resultados individuales, de la relación y de comunicación (Schrodt et al., 2014). Lo vimos en detalle en los cuatro jinetes de Gottman.

    Rutina, hijos y deseo

    Con los años cambia la novedad que ponía en marcha la cercanía. Bradbury y Karney (2019), apoyándose en el modelo de autoexpansión, explican que conocer a alguien nuevo genera mucha emoción y que la convivencia la vuelve rutina. A eso se suma que, con hijos pequeños, el tiempo a solas se reduce, y Nagoski (2024) describe a quienes terminan el día saturados de contacto físico (“touched out”). Y cuando existe una diferencia de deseo, quien tiene menos ganas a veces evita también los abrazos y besos por miedo a que se lean como una invitación (Nagoski, 2015; McCarthy y McCarthy, 2019). Si te suena, mira mi pareja no me desea como antes y deseo sexual responsivo.

    ¿Es un estilo de siempre o una señal de problema?

    Estas preguntas ayudan a ordenar lo que ves, aunque no hacen un diagnóstico:

    • ¿Siempre fue así o cambió? Un estilo reservado desde el inicio suele ser un rasgo. Un cambio marcado en pocos meses sugiere mirar estrés, salud, depresión o un conflicto no hablado.
    • ¿Hay otras formas de cuidado? Si te acompaña, se acuerda de lo importante y responde cuando le pides algo concreto, es probable que el afecto exista y se exprese por otras vías.
    • ¿Qué pasa cuando se lo dices con calma? Escuchar y ajustar un poco es buena señal. Burlarse, minimizar o enojarse cada vez que sale el tema, no.
    • ¿Hay desprecio, críticas constantes o evitación total? En el seguimiento de 14 años de Gottman y Levenson, la ausencia de emoción positiva en las conversaciones predijo los divorcios tardíos (Gottman y Levenson, 2000), aunque esas predicciones se han criticado por no validarse cruzadamente (Heyman y Slep, 2001). Se toma como un foco de atención, y no como una sentencia.

    Un matiz para parejas del mismo sexo o de género diverso. En una encuesta con 1.018 personas en parejas de distinto sexo, 561 del mismo sexo y 96 de género diverso, el afecto en privado fue parecido entre los grupos, pero quienes estaban en parejas del mismo sexo o de género diverso lo mostraban menos en público, aunque lo deseaban más, y vivían más vigilantes ante las reacciones de los demás. Esa vigilancia se asoció con peor bienestar psicológico y físico en todos los grupos (Blair et al., 2022). Menos afecto visible en público no equivale a menos afecto en la pareja.

    Una situación distinta: si a la frialdad se suman control, humillaciones, amenazas o miedo a su reacción, ya no se trata de un problema de expresión de afecto. En Chile puedes llamar al Fono 1455 de orientación en violencia contra las mujeres (gratuito, según ChileAtiende atiende de lunes a domingo de 8:00 a 00:00), o al 149, Fono Familia de Carabineros. Si hay peligro inmediato, el 133.

    Cómo pedir afecto sin que se cierre más cuando mi pareja no me demuestra amor

    La evidencia converge en algo práctico: lo que construye cercanía es la sensación de ser comprendido, validado y cuidado cuando uno se abre (Bradbury y Karney, 2019). Un estudio con registros diarios mostró que la intimidad en una interacción depende de la autorrevelación y de la respuesta percibida del otro, y que contar emociones pesó más que contar hechos (Laurenceau et al., 1998). Tres ideas para aplicarlo:

    1. Habla de la emoción que está debajo del reclamo. Christensen et al. (2014) distinguen entre emociones “duras” (rabia, queja, sarcasmo) y “blandas” (tristeza, soledad, miedo a no importar). Decir “últimamente me siento sola cuando llegas y no nos tocamos” abre más puertas que “nunca me demuestras nada”.
    2. Pide algo concreto y chico. Un abrazo al llegar, diez minutos sin celular, una caricia en el sofá. Se entiende mejor y se puede cumplir. Preguntar qué gestos agradece la otra persona también cuenta, porque en esa línea la gente suele equivocarse sobre lo que la pareja prefiere (Coy y Rodriguez, 2023).
    3. Elige el momento. No justo después de una discusión, ni cuando está agotado. Si tu pareja siente que puede responder sin que se la juzgue, expresa más: en un experimento, quienes percibieron a su pareja más receptiva expresaron más su ansiedad ante una situación estresante (Ruan et al., 2020).

    Hay dos matices más. Los estudios sobre responsividad percibida (842 personas en el análisis integrado y tres estudios prospectivos) muestran que sentir que la pareja te entiende y te cuida predice más contacto afectivo, y que el contacto, a su vez, predice que tu pareja te perciba más receptiva al día siguiente (Jolink et al., 2022). El círculo, entonces, también puede girar a favor. Y en experimentos, tocarse antes y durante una conversación de conflicto mejoró la forma de discutir y amortiguó el estrés (Jakubiak y Feeney, 2019).

    Christensen et al. (2014) agregan una paradoja útil: cuando la persona distante se siente aceptada, sin presión, se defiende menos y suele acercarse sola. Eso implica que quien pide afecto cambie algo de su parte (por ejemplo, dejar de perseguir y hacer peticiones simples y directas), y que la otra persona se haga cargo de expresar más de forma explícita. Es un trabajo de a dos.

    ¿Cuándo conviene la terapia de pareja?

    Cuando llevan un tiempo intentando hablarlo y cada intento termina en el mismo ciclo, un tercero ayuda a romperlo. Un metaanálisis de 58 estudios (2.092 parejas) mostró que la terapia de pareja tiene un efecto grande sobre la satisfacción (g = 1,12) frente a casi nada en lista de espera (g = 0,12), con ganancias que se mantienen (Roddy et al., 2020). Ese análisis incluye solo parejas de distinto sexo, así que conviene tomarlo como referencia general. Cómo es el proceso está en terapia de pareja: cuándo funciona y qué esperar en la primera sesión.

    Los resultados dependen del tipo de terapia y del plazo. Un metaanálisis de 33 ensayos aleatorizados con 2.730 personas encontró efectos medianos al terminar tanto con la terapia conductual de pareja (g = 0,53) como con la centrada en las emociones (g = 0,73), sin diferencias significativas entre ellas. A los 6 meses los efectos eran más pequeños (g = 0,44 en conjunto) y, a los 12 meses, la terapia conductual ya no mostraba ganancias (g = 0,06; ese plazo solo se pudo evaluar para ella). Los autores piden cautela por un posible sesgo de publicación (Rathgeber et al., 2019).

    Una revisión de los tratamientos para el malestar de pareja entre 2010 y 2019 clasificó las terapias conductual, cognitivo-conductual, centrada en las emociones e integrativa como «bien establecidas», y a programas más cortos (Marriage Check-up, OurRelationship y Hold Me Tight) como «bien establecidos» o «probablemente eficaces» (Doss et al., 2022). En 12 ensayos de programas para parejas, los de tipo terapia tuvieron más efecto sobre la satisfacción que los educativos o de enriquecimiento, y más en ellas que en ellos, aunque con mucha heterogeneidad y los propios autores dicen que el efecto real es incierto (Javadivala et al., 2021).

    En consultas reales sin asignación al azar, 48 estudios mostraron un efecto algo menor sobre la relación (g = 0,52), peores resultados cuando había más parejas de minorías étnicas o raciales y mejores en parejas mayores y con más años juntas (Owen et al., 2023). Por eso los promedios podrían no valer igual en otros contextos, y no encontramos estudios hechos en Chile o Latinoamérica. Contado con sus palabras, quienes hicieron terapia hablan de ver las cosas de otra forma, comunicarse mejor y encontrar nuevas maneras de conectarse, y a algunas personas les aclaró la decisión de separarse (O’Malley et al., 2023).

    También vale consultar de forma individual si el desánimo, la ansiedad o la soledad que sientes empezaron a afectar tu sueño, tu trabajo o tu autoestima, o si estás dudando entre seguir o terminar (para eso tienes separarse o seguir intentando). Para más información sobre bienestar y relaciones, la APA tiene una página sobre relaciones y la OMS sobre salud mental.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal que mi pareja ya no sea cariñosa como al principio?

    Es común que la expresión de afecto cambie con el tiempo, y también que no desaparezca. Al inicio la novedad y la excitación empujan la cercanía; después la convivencia, el trabajo y los hijos compiten por la energía. Lo que merece atención es una caída marcada y sostenida, o que vaya acompañada de distancia en todo lo demás. Sobre la pasión inicial, mira cuánto dura el enamoramiento.

    Mi pareja no es cariñosa, pero me cuida y me ayuda. ¿Eso es amor?

    Puede serlo. El cuidado práctico, el compromiso y la compañía son formas válidas de afecto, y la ciencia de las relaciones habla de un conjunto de conductas (palabras, tiempo, contacto, ayuda) más que de un único gesto que defina el amor. Si te falta contacto o palabras, eso también cuenta, y se puede pedir.

    ¿Cómo le digo a mi pareja que necesito más cariño sin que se ofenda?

    Habla de lo que sientes y no de lo que le falta: “me haría bien que nos abrazáramos al llegar” funciona mejor que “eres frío”. Elige un momento tranquilo, pide una conducta concreta y pregunta qué gestos agradece él o ella. Si cada intento termina en discusión, es una buena razón para sumar a un profesional.

    ¿La depresión o el estrés pueden hacer que mi pareja se vea fría?

    Sí. El estrés laboral se asocia con más retirada en casa, y la depresión reduce el interés y el disfrute, también por el contacto afectivo. Si el cambio coincide con un periodo difícil, conviene hablar de cómo está antes de leerlo como rechazo, y alentar que consulte si el desánimo persiste.

    ¿Cuándo es mejor terminar la relación?

    Esa decisión es tuya y ninguna regla la resuelve por ti. Pesan señales como el desprecio constante, el miedo, el control, que tu pareja se niegue por completo a hablar del tema o que ya no queden ganas de intentarlo. Mientras decides, ayuda hablar con un profesional que no tenga interés en ninguna de las dos respuestas.

    Dónde seguir

    Si sientes que en tu relación falta afecto y quieres ordenar qué hacer, puedes agendar una consulta y revisarlo con calma, sola o en pareja. Hay terapia online desde cualquier lugar de Chile (terapia psicológica online).

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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