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  • Trastorno Bipolar: Síntomas, Tipos y Diferencias con la Depresión

    Trastorno Bipolar: Síntomas, Tipos y Diferencias con la Depresión

    Hay semanas en que no necesitas dormir, las ideas se te agolpan y todo parece posible. Después llega un bajón que dura meses. O tal vez lo que conoces es solo la parte de abajo: depresiones que vuelven una y otra vez, antidepresivos que no terminan de funcionar, y alguien de tu familia que alguna vez mencionó la palabra «bipolar». Los síntomas del trastorno bipolar son fáciles de nombrar en un manual y muy difíciles de reconocer desde adentro, porque la parte «alta» casi nunca se siente como un problema.

    Esta guía explica qué es el trastorno bipolar, cómo se ven la manía, la hipomanía y la depresión bipolar, cuáles son los tipos (bipolar I, bipolar II, ciclotimia), y sobre todo por qué se confunde tanto con la depresión común y con el trastorno límite de la personalidad. Más abajo hay un intérprete del MDQ, el cuestionario de cribado más usado, para que sepas si tus respuestas cumplen el criterio publicado. Y al final, qué cubre el GES en Chile.

    Respuesta corta: el trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo en el que se alternan episodios de depresión con episodios de manía (bipolar I) o de hipomanía (bipolar II). Afecta a cerca del 2,4 % de las personas a lo largo de la vida. Se confunde con la depresión porque los episodios depresivos dominan el curso y los períodos de ánimo elevado pasan desapercibidos; el diagnóstico correcto tarda, en promedio, casi seis años. Tiene tratamiento eficaz: estabilizadores del ánimo más psicoterapia y psicoeducación.

    ¿Qué es el trastorno bipolar?

    El trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo, recurrente y de largo plazo, definido por la presencia de episodios de manía o hipomanía que alternan con episodios de depresión. En la revisión de referencia publicada en The Lancet, el bipolar I se define por al menos un episodio maníaco completo y el bipolar II por al menos un episodio hipomaníaco más uno de depresión mayor (McIntyre et al., 2020). Entre episodio y episodio la persona puede estar completamente bien.

    Qué tan común es. La encuesta de salud mental de la OMS en 11 países, con 61.392 adultos entrevistados, encontró una prevalencia de vida del 0,6 % para el bipolar I, 0,4 % para el bipolar II y 1,4 % para las formas subumbrales, lo que suma un 2,4 % para todo el espectro (Merikangas et al., 2011). Traducido: alrededor de una de cada 40 personas va a tener alguna forma de bipolaridad en su vida (el estudio incluyó países de América, aunque no a Chile). En ese mismo estudio, tres de cada cuatro personas con bipolaridad tenían además otro trastorno, casi siempre de ansiedad, y menos de la mitad había recibido tratamiento alguna vez.

    Tiene un componente hereditario alto (la heredabilidad se estima en torno al 70 %), pero heredar la vulnerabilidad no es heredar la enfermedad: el maltrato en la infancia y otros factores ambientales pesan en cómo se presenta y cuán compleja se vuelve (McIntyre et al., 2020). Y un dato que ordena todo lo que sigue: aunque la manía es lo que define al bipolar I, los episodios depresivos dominan el curso y son responsables de la mayor parte del deterioro. Por eso la gente consulta por la depresión, no por la manía.

    Trastorno bipolar: síntomas de manía, hipomanía y depresión

    Un episodio maníaco es un período de al menos una semana de ánimo anormalmente elevado, expansivo o irritable, con tres o más de estos síntomas (cuatro si el ánimo es solo irritable): autoestima exagerada o grandiosidad, menos necesidad de dormir, hablar mucho más de lo habitual, ideas que se suceden a gran velocidad, distraerse con facilidad, aumento de la actividad o agitación, e implicación en actividades de riesgo (compras, sexo, negocios). Produce deterioro claro o requiere hospitalización (Ramírez-Basco & Thase, 2015, p. 575).

    Los síntomas de la hipomanía son los mismos, pero el episodio dura al menos cuatro días, es un cambio inequívoco respecto de cómo es la persona normalmente, los demás lo notan, y no produce un deterioro importante, ni hospitalización, ni síntomas psicóticos (Ramírez-Basco & Thase, 2015, p. 577). Esa es la línea que separa el bipolar I del bipolar II.

    La depresión bipolar se ve como cualquier depresión mayor: dos semanas o más con ánimo deprimido o pérdida del interés, cambios en el sueño y el apetito, fatiga, culpa, dificultad para concentrarse, ideas de muerte. Lo que la hace «bipolar» es la historia que la rodea, no el episodio en sí.

    Manía (bipolar I) Hipomanía (bipolar II) Depresión
    Duración mínima 1 semana (o menos si requiere hospitalización) 4 días 2 semanas
    Ánimo Elevado, expansivo o irritable Elevado, expansivo o irritable, más leve Deprimido, vacío, irritable
    Sueño Duerme muy poco y no lo echa de menos Duerme menos y rinde igual o más Insomnio o dormir de más
    Actividad Agitación, muchos proyectos, gasto, riesgo Más energía, más sociable, más productivo Enlentecimiento, abandono de rutinas
    Quién lo nota Los demás, con claridad Los demás; la persona suele verlo como «estar bien» La persona, con claridad
    Deterioro Grave; puede haber psicosis No hay deterioro importante Grave; es lo que más incapacita

    Un detalle del cuadro merece una pausa. Ramírez-Basco y Thase describen que los cambios de ánimo de la depresión son evidentes para quien los sufre, pero pueden pasar desapercibidos para los demás; en la manía ocurre lo contrario: los cambios son claramente observables para el entorno y menos evidentes para el paciente (2015, p. 578). Ese cruce explica buena parte de los diagnósticos tardíos: la persona llega a consulta con lo que siente (la depresión) y no cuenta lo que no considera un problema (la hipomanía).

    ¿Cómo se siente una hipomanía desde adentro?

    Como estar mejor que nunca. Más creatividad, más confianza, menos necesidad de dormir, ganas de empezar cosas. Nada de eso parece patológico para quien lo vive; suelen ser la pareja, la familia o los compañeros de trabajo quienes se quejan de un optimismo poco realista o de planes arriesgados (Ramírez-Basco & Thase, 2015, p. 596). Cuando alguien le sugiere a la persona que ese cambio puede ser un síntoma, la reacción habitual es ofenderse: el mensaje que escucha es «no eres creativo, estás enfermo». Vale la pena tener esto en mente al leer el resto del artículo, y al responder el cuestionario de más abajo.

    Tipos de trastorno bipolar: bipolar I, bipolar II y ciclotimia

    La clasificación actual (DSM-5 y CIE-11) distingue varias formas dentro del espectro bipolar. Las diferencias no son de «gravedad» en el sentido de que una sea leve; son diferencias en el tipo de episodio elevado que define el cuadro.

    Tipo Qué lo define Lo que conviene saber
    Bipolar I Al menos un episodio maníaco (con o sin depresión) Puede incluir síntomas psicóticos durante la manía y requerir hospitalización
    Bipolar II Al menos un episodio hipomaníaco y al menos uno de depresión mayor La depresión ocupa la mayor parte del curso. Es el que más se confunde con depresión unipolar
    Ciclotimia Al menos dos años con síntomas hipomaníacos y depresivos que no alcanzan a ser episodios completos Oscilaciones persistentes y más leves; el diagnóstico cambia si aparece un episodio completo
    Otras formas del espectro Síntomas que no cumplen los criterios de duración o número, o inducidos por sustancias o enfermedades médicas En la encuesta de la OMS, estas formas subumbrales eran las más frecuentes de todas (1,4 %)

    Sobre el bipolar II hay una idea falsa que conviene desmontar: no es una «versión suave» del bipolar I. Una revisión de 2023 lo describe como un cuadro descuidado, poco estudiado y poco reconocido, incluso por clínicos con experiencia; los pacientes suelen pasar más de diez años con síntomas antes de recibir el diagnóstico correcto, y el riesgo de suicidio es comparable al del bipolar I (Swartz & Suppes, 2023). Dormir cuatro horas y sentirse espléndido durante cinco días no destruye una vida. Las depresiones que vienen después, sí. Una descripción accesible de los tipos, en español, está en la guía del NIMH sobre el trastorno bipolar.

    ¿Cuál es la diferencia entre trastorno bipolar y depresión?

    La diferencia entre bipolar y depresión está en la historia, no en el episodio depresivo. Una persona con depresión unipolar tiene episodios depresivos y nada más. Una persona con trastorno bipolar tiene, además, períodos de ánimo elevado, con más energía y menos sueño, que casi nunca reporta porque no los vive como un problema. El resultado es que el bipolar se diagnostica primero como depresión, con mucha frecuencia.

    Las cifras son duras. En una encuesta a 600 personas con diagnóstico de bipolaridad en Estados Unidos, el 69 % había recibido inicialmente un diagnóstico equivocado, casi siempre depresión unipolar; consultaron a un promedio de cuatro médicos antes del diagnóstico correcto, y más de un tercio esperó diez años o más. Más de la mitad reconoció haber reportado de menos sus síntomas maníacos (Hirschfeld et al., 2003). Es una encuesta a miembros de una asociación de pacientes, no una muestra poblacional, pero un metaanálisis de 27 estudios con 9.415 pacientes confirmó el fondo: entre el inicio del trastorno y su primer manejo pasan en promedio 5,8 años (Dagani et al., 2017).

    ¿Por qué importa tanto? Porque el tratamiento es distinto. Los antidepresivos, que son la primera línea en la depresión unipolar, se recetan mucho en el trastorno bipolar a pesar de la escasa evidencia de que funcionen ahí, y en muchos casos se asocian a una desestabilización del ánimo, sobre todo durante el tratamiento de mantenimiento (McIntyre et al., 2020). Dicho en simple: tratar como depresión lo que es bipolaridad puede empeorarla.

    Pistas para detectar la bipolaridad en una depresión

    Ninguna de estas señales diagnostica por sí sola, pero juntas son el motivo por el que un profesional va a preguntar más:

    • Episodios de depresión que se repiten, empezaron jóvenes, o no responden bien a varios antidepresivos.
    • Períodos, aunque sean de pocos días, en que dormiste poco sin cansarte, hablaste más, gastaste más o te sentiste con una confianza inusual.
    • Alguien cercano describe «épocas» tuyas que tú recuerdas como estar bien.
    • Un antidepresivo que te dejó acelerado, irritable o sin dormir.
    • Familiares con trastorno bipolar.

    Si te reconoces en varias, guarda esa lista para la consulta. El cuestionario de más abajo hace justamente estas preguntas de forma sistemática.

    ¿Bipolar o trastorno límite de la personalidad?

    La otra confusión frecuente es con el trastorno límite de la personalidad (TLP). Los dos cursan con cambios de ánimo, impulsividad y riesgo de conductas autolesivas, y además coexisten mucho más de lo que cabría esperar por azar. En una revisión de The Lancet sobre el TLP, el 21,6 % de las personas con TLP tenía además bipolar I y el 37,7 % bipolar II; la impulsividad, central en ambos cuadros, es una de las razones de la confusión diagnóstica (Bohus et al., 2021).

    Aun así, distinguirlos suele ser posible si se mira lo correcto. Una revisión clínica en el New England Journal of Medicine señala que el TLP se diagnostica con frecuencia como depresión o como trastorno bipolar y se trata con antidepresivos o estabilizadores, aunque separar el TLP de los trastornos del ánimo es bastante directo cuando el clínico busca los rasgos que los diferencian: en el TLP, los períodos depresivos se caracterizan por vacío, vergüenza y una imagen negativa de sí mismo de larga data, más que por los síntomas depresivos típicos (Gunderson, 2011). En el trastorno bipolar, en cambio, los cambios de ánimo vienen en episodios que duran días o semanas y tienen un comienzo y un final. Para el TLP hay un artículo aparte sobre cómo se evalúa el TLP y su proceso diagnóstico.

    Un tercer vecino es la psicosis: la manía grave puede incluir delirios de grandeza o de persecución, y eso obliga a diferenciar el bipolar I con síntomas psicóticos de una esquizofrenia o de un trastorno esquizoafectivo. Si ese es tu caso o el de alguien cercano, la guía sobre psicosis, sus tipos y su pronóstico explica esa diferencia.

    ¿Tengo trastorno bipolar? Cómo interpretar el cuestionario MDQ

    El Mood Disorder Questionnaire (MDQ) es el cuestionario breve de cribado más usado para el espectro bipolar. Lo crearon Hirschfeld y su equipo en el año 2000: 13 preguntas de sí o no sobre épocas en que la persona no era la de siempre (más energía, menos sueño, más habladora, ideas aceleradas, más gastos, más riesgos), más una pregunta sobre si varias de esas cosas pasaron en el mismo período y otra sobre cuánto problema causaron. En su validación con 198 pacientes ambulatorios, un puntaje de 7 o más tuvo una sensibilidad de 0,73 y una especificidad de 0,90 (Hirschfeld et al., 2000).

    Ese número mejora con una advertencia. Un metaanálisis de 21 estudios encontró que, con el corte de 7, la sensibilidad global es de 0,62 y la especificidad de 0,85. Pero cuando el cuestionario se aplica a personas deprimidas que nunca han sido diagnosticadas de bipolaridad (que es exactamente el lector de este artículo), la sensibilidad baja a 0,37 (Wang et al., 2015). En palabras simples: si el MDQ te da positivo, vale la pena una evaluación; si te da negativo, no descarta nada, porque se le escapan casi dos de cada tres casos reales en esa situación.

    El cuestionario es propiedad de sus autores y no lo reproducimos aquí. Lo que sí puedes hacer es ingresar tus tres resultados (cuántos «sí», si coincidieron en el tiempo, y cuánto problema causaron) y ver si cumplen el criterio de cribado positivo que publicaron sus autores. Responde con lo que efectivamente contestaste, sin corregirlo.

    Intérprete del MDQ: ¿tu cribado de bipolaridad es positivo?

    El Mood Disorder Questionnaire (MDQ) es el cuestionario de cribado de trastorno bipolar más usado. Tiene 13 preguntas de sí o no sobre épocas de ánimo elevado o irritable, una pregunta sobre si varias de esas cosas pasaron al mismo tiempo y una sobre cuánto problema causaron. Si ya lo respondiste (con tu médico, tu psicólogo o en su publicación original), ingresa aquí tus tres resultados y te decimos si cumple el criterio de cribado positivo publicado por sus autores. No es un diagnóstico.

    1. ¿Cuántas de las 13 preguntas de la primera parte respondiste con sí?

    2. Segunda parte: ¿varias de esas cosas te pasaron durante el mismo período de tiempo?


    3. Tercera parte: ¿cuánto problema te causaron esas cosas (en el trabajo, la familia, el dinero, la ley, discusiones)?





    Instrumento: Mood Disorder Questionnaire (MDQ), Hirschfeld et al. (2000), American Journal of Psychiatry, 157(11), 1873-1875. Criterio de cribado positivo de los autores: 7 o más respuestas «sí» en la primera parte, varias en el mismo período, y un problema moderado o grave. Exactitud según el metaanálisis de Wang et al. (2015): sensibilidad 0,62 y especificidad 0,85 con ese corte; entre personas deprimidas sin diagnóstico previo de bipolaridad la sensibilidad baja a 0,37. Este intérprete no reproduce las preguntas del cuestionario ni reemplaza una evaluación clínica. Tus respuestas no se envían ni se guardan en ningún servidor.

    Pintura impresionista de dos velas de distinta intensidad en una misma habitacion, sobre los sintomas y tipos del trastorno bipolar

    ¿Cómo se trata el trastorno bipolar?

    El tratamiento del trastorno bipolar tiene dos capas que se necesitan mutuamente: la medicación estabiliza el ánimo, y la psicoterapia reduce las recaídas y ayuda a vivir con el trastorno. Esto es lo que dice la evidencia de cada una.

    La medicación es la base. El litio sigue siendo el estabilizador del ánimo de referencia: tiene efecto antimaníaco, antidepresivo y antisuicida. Otros fármacos son eficaces para la manía aguda (antipsicóticos, valproato) o para la depresión bipolar (lamotrigina), mientras que los antidepresivos, muy recetados, tienen poca evidencia a su favor y riesgo de desestabilizar (McIntyre et al., 2020). Esta parte la decide un psiquiatra; la guía CANMAT/ISBD 2018 es la referencia internacional para el manejo farmacológico y psicológico (Yatham et al., 2018). El papel del psicólogo no es ese, y cualquier artículo que te sugiera dejar el litio por una terapia te está engañando.

    La psicoterapia suma, y suma bastante. Un metaanálisis en red de 39 ensayos clínicos con 3.863 participantes encontró que añadir una psicoterapia estructurada a la medicación reduce las recurrencias: las chances de recaer se redujeron cerca de un 44 % respecto de los tratamientos de control (odds ratio 0,56). La psicoeducación con práctica de habilidades para manejar la enfermedad, en formato familiar o grupal, redujo las recurrencias más que la misma psicoeducación individual, y la terapia cognitivo conductual fue la que mejor estabilizó los síntomas depresivos (Miklowitz et al., 2021). Una revisión sistemática de 2026 sobre intervenciones familiares llegó a lo mismo: menos recaídas, mejor adherencia a la medicación y mejor comunicación en casa, aunque con dudas sobre cuánto duran esos efectos (Umer et al., 2026).

    Ramírez-Basco y Thase lo resumen en una frase: la terapia cognitivo conductual para la fase de mantenimiento amplifica, no reemplaza, el control farmacológico del trastorno (2015, p. 585). Sus cinco objetivos son educar al paciente y a su familia sobre el trastorno, enseñar a registrar la aparición y el curso de los síntomas para intervenir temprano, facilitar la adherencia a la medicación, dar estrategias no farmacológicas para los síntomas de la manía y la depresión, y enseñar habilidades para los problemas que desencadenan o siguen a los episodios.

    Detectar el episodio antes de que llegue

    De todo eso, lo que más cambia la vida de las personas es aprender a ver venir el episodio. Los síntomas leves, subsindrómicos, multiplican por cuatro el riesgo de una recurrencia completa, y tras una hipomanía tres de cada cuatro pacientes desarrollaron un episodio mayor, casi siempre manía (Keller et al., 1992, citado en Ramírez-Basco & Thase, 2015, p. 584). La propuesta práctica del capítulo son tres niveles de registro: un gráfico de la historia de episodios a lo largo de la vida, una lista personal de los síntomas que aparecen en cada fase, y una evaluación diaria del estado de ánimo que permita notar el cambio en sus primeros días (p. 586).

    Dos reglas de esa misma tradición sirven para cualquiera que viva con bipolaridad. La primera: cuidar el sueño como si fuera un medicamento, porque la privación de sueño (una enfermedad, una noche de estudio, un viaje) es una de las vías conocidas por las que se disparan los episodios (Ramírez-Basco & Thase, 2015, p. 580). La segunda, para cuando aparece una idea brillante con urgencia de ejecutarla ya: registrar el ánimo unos días antes de decidir, porque «si es una buena idea hoy, también será una buena idea la semana que viene» (p. 598). La urgencia de actuar puede ser, en sí misma, un síntoma.

    Riesgo de suicidio: cuándo buscar ayuda de inmediato

    Hay que decirlo sin rodeos. Una revisión sistemática de 61 estudios estimó que las tasas de suicidio consumado en el trastorno bipolar son entre 20 y 30 veces más altas que en la población general, con el riesgo más alto en el bipolar II; el litio es el único tratamiento con efecto antisuicida demostrado (Plans et al., 2019). Y el trastorno acorta la vida entre 10 y 20 años, principalmente por enfermedad cardiovascular y por suicidio (McIntyre et al., 2020).

    Se escribe para que nadie espere. Si tú o alguien cercano tiene pensamientos de muerte, un plan, o acaba de salir de un episodio depresivo con energía renovada y sin haber mejorado el ánimo (una combinación peligrosa), en Chile la Línea de Prevención del Suicidio *4141 atiende gratis las 24 horas, y Salud Responde en el 600 360 7777. Ante riesgo inmediato, el servicio de urgencia más cercano.

    Fuera de la urgencia, estas son las señales para pedir hora, con psiquiatra o con psicólogo:

    • Depresiones que se repiten o que no responden a dos o más antidepresivos.
    • Períodos de días con poco sueño, mucha energía y decisiones que después te cuestan caras.
    • Un cribado positivo en el MDQ, o varias de las pistas de la sección anterior.
    • Un familiar diagnosticado y síntomas propios que te inquietan.
    • Ya tienes el diagnóstico y notas los primeros cambios de un episodio.

    Si lo que hay hoy es una depresión y aún no está clara la bipolaridad, la guía completa sobre depresión y el test de ansiedad y depresión con el PHQ-9 son un buen punto de partida, siempre que cuentes también lo que pasa entre depresión y depresión.

    Trastorno bipolar en Chile: qué cubre el GES

    En Chile, el trastorno bipolar está incluido en las Garantías Explícitas en Salud como el problema de salud GES N.º 75, «Trastorno bipolar en personas de 15 años y más». Se accede con la confirmación diagnóstica de un médico, y desde ese momento el tratamiento debe comenzar en un plazo máximo de 24 horas; la hospitalización, cuando un médico la indica, también tiene un plazo de 24 horas. La garantía cubre diagnóstico, tratamiento, medicamentos y exámenes, tanto en FONASA como en ISAPRE.

    En la práctica, el camino suele empezar en el CESFAM o con un psiquiatra particular. Si la sospecha viene de un psicólogo, lo habitual es la derivación a psiquiatría para confirmar el diagnóstico y activar el GES; la psicoterapia continúa en paralelo. Para quien acompaña a alguien con el trastorno, el artículo sobre cómo ayudar a una persona con depresión tiene indicaciones que aplican también aquí, con una diferencia: en la bipolaridad la familia es, además, quien mejor ve venir la manía.

    Preguntas frecuentes sobre el trastorno bipolar

    ¿Cuáles son los primeros síntomas del trastorno bipolar?

    Con frecuencia, el primer episodio es una depresión, a menudo en la adolescencia o en los primeros años de la adultez. Los primeros signos de la fase elevada son dormir menos sin sentir cansancio, hablar más, tener muchas ideas a la vez, gastar o arriesgar más de lo habitual y una confianza inusual. Suelen notarlos antes los demás que la propia persona.

    ¿Cuál es la diferencia entre bipolar tipo 1 y tipo 2?

    El bipolar I requiere al menos un episodio maníaco: una semana o más de ánimo elevado o irritable con deterioro claro, y a veces psicosis u hospitalización. El bipolar II requiere hipomanía (cuatro días o más, sin deterioro importante) más al menos un episodio de depresión mayor. No es una forma leve: la depresión domina el curso y el riesgo de suicidio es comparable.

    ¿Qué es la hipomanía y cómo se siente?

    La hipomanía es un período de al menos cuatro días de ánimo elevado, expansivo o irritable, con más energía, menos necesidad de dormir, más locuacidad, ideas rápidas y más actividad, que otros notan como un cambio claro. No produce deterioro grave ni psicosis. Desde adentro se siente como estar mejor que nunca, y por eso rara vez se reporta como síntoma.

    ¿Se puede confundir el trastorno bipolar con la depresión?

    Sí, y es lo más habitual. En una encuesta a 600 personas con bipolaridad, el 69 % había recibido antes un diagnóstico equivocado, casi siempre depresión, y un metaanálisis estimó en 5,8 años el retraso promedio hasta el primer manejo. La confusión importa porque los antidepresivos solos pueden desestabilizar el ánimo en una persona con trastorno bipolar.

    ¿El trastorno bipolar tiene cura?

    No tiene cura, pero sí tratamiento eficaz y personas que pasan años estables. La base son los estabilizadores del ánimo (el litio es la referencia), y añadir psicoterapia estructurada a la medicación reduce las recurrencias en torno a un 44 % según un metaanálisis de 39 ensayos. Aprender a detectar los primeros síntomas de un episodio es una de las habilidades que más protege.

    ¿El trastorno bipolar está cubierto por el GES en Chile?

    Sí. Es el problema de salud GES N.º 75, para personas de 15 años y más con confirmación diagnóstica hecha por un médico. Garantiza el inicio del tratamiento en 24 horas desde la confirmación y la hospitalización en 24 horas desde la indicación médica, con cobertura de diagnóstico, tratamiento, medicamentos y exámenes en FONASA e ISAPRE.

    Para llevar

    El trastorno bipolar se reconoce por la historia completa, no por la depresión que trae a la persona a consulta. Si tus depresiones vuelven, si los antidepresivos te aceleran, si alguien cercano recuerda épocas tuyas de poco sueño y mucha energía, esa historia merece contarse entera. El diagnóstico correcto cambia el tratamiento, y el tratamiento correcto, con medicación y psicoterapia, cambia el curso. Si quieres revisar lo que leíste aquí, o el resultado del cuestionario, con un psicólogo que trabaje en coordinación con psiquiatría, puedes agendar una consulta online.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bohus, M., Stoffers-Winterling, J., Sharp, C., Krause-Utz, A., Schmahl, C., & Lieb, K. (2021). Borderline personality disorder. The Lancet, 398(10310), 1528-1540. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(21)00476-1

    Dagani, J., Signorini, G., Nielssen, O., Bani, M., Pastore, A., de Girolamo, G., & Large, M. (2017). Meta-analysis of the interval between the onset and management of bipolar disorder. The Canadian Journal of Psychiatry, 62(4), 247-258. https://doi.org/10.1177/0706743716656607

    Gunderson, J. G. (2011). Borderline personality disorder. New England Journal of Medicine, 364(21), 2037-2042. https://doi.org/10.1056/nejmcp1007358

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    Hirschfeld, R. M. A., Williams, J. B. W., Spitzer, R. L., Calabrese, J. R., Flynn, L., Keck, P. E., Lewis, L., McElroy, S. L., Post, R. M., Rapport, D. J., Russell, J. M., Sachs, G. S., & Zajecka, J. (2000). Development and validation of a screening instrument for bipolar spectrum disorder: The Mood Disorder Questionnaire. American Journal of Psychiatry, 157(11), 1873-1875. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.157.11.1873

    McIntyre, R. S., Berk, M., Brietzke, E., Goldstein, B. I., López-Jaramillo, C., Kessing, L. V., Malhi, G. S., Nierenberg, A. A., Rosenblat, J. D., Majeed, A., Vieta, E., Vinberg, M., Young, A. H., & Mansur, R. B. (2020). Bipolar disorders. The Lancet, 396(10265), 1841-1856. https://doi.org/10.1016/s0140-6736(20)31544-0

    Merikangas, K. R., Jin, R., He, J.-P., Kessler, R. C., Lee, S., Sampson, N. A., Viana, M. C., Andrade, L. H., Hu, C., Karam, E. G., Ladea, M., Medina-Mora, M. E., Ono, Y., Posada-Villa, J., Sagar, R., Wells, J. E., & Zarkov, Z. (2011). Prevalence and correlates of bipolar spectrum disorder in the World Mental Health Survey Initiative. Archives of General Psychiatry, 68(3), 241-251. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2011.12

    Miklowitz, D. J., Efthimiou, O., Furukawa, T. A., Scott, J., McLaren, R., Geddes, J. R., & Cipriani, A. (2021). Adjunctive psychotherapy for bipolar disorder: A systematic review and component network meta-analysis. JAMA Psychiatry, 78(2), 141-150. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2020.2993

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    Umer, M., Burgos M, L. A., Syed, N., Xu, C., Rodak, T., Dennis, C.-L., Naeem, F., Mulsant, B., & Husain, M. I. (2026). Effectiveness of family interventions in bipolar disorder: A systematic review. Bipolar Disorders, 28(5), e70135. https://doi.org/10.1111/bdi.70135

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    Yatham, L. N., Kennedy, S. H., Parikh, S. V., Schaffer, A., Bond, D. J., Frey, B. N., Sharma, V., Goldstein, B. I., Rej, S., Beaulieu, S., Alda, M., MacQueen, G., Milev, R. V., Ravindran, A., O'Donovan, C., McIntosh, D., Lam, R. W., Vazquez, G., Kapczinski, F., McIntyre, R. S., Kozicky, J., Kanba, S., Lafer, B., Suppes, T., Calabrese, J. R., Vieta, E., Malhi, G., Post, R. M., & Berk, M. (2018). Canadian Network for Mood and Anxiety Treatments (CANMAT) and International Society for Bipolar Disorders (ISBD) 2018 guidelines for the management of patients with bipolar disorder. Bipolar Disorders, 20(2), 97-170. https://doi.org/10.1111/bdi.12609

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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