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  • ¿Por qué lloro cuando discuto o me enojo?

    ¿Por qué lloro cuando discuto o me enojo?

    Estás en plena discusión, tienes claro lo que quieres decir y de pronto se te cierra la garganta. La voz tiembla, los ojos se llenan y lo que sale ya no son argumentos. Después viene lo peor: la rabia de haber llorado justo cuando necesitabas que te tomaran en serio.

    Si te preguntas por qué lloro cuando discuto, la respuesta corta es que el llanto suele aparecer cuando el enojo se mezcla con sentirte sin salida o sin que te escuchen. Aquí vas a ver qué pasa en tu cuerpo, qué dice la investigación sobre las lágrimas en un conflicto, cómo te ven los demás, qué hacer en el momento y cuándo conviene consultar.

    Respuesta corta: llorar al discutir o enojarte es una reacción frecuente y no indica debilidad. Lo habitual es que el enojo se combine con impotencia, tristeza o miedo a perder el vínculo, y que el cuerpo se sobrecargue. Ayuda pedir una pausa, respirar lento y nombrar lo que sientes. Conviene consultar si el llanto es incontrolable, apareció de golpe tras un golpe en la cabeza o un ictus, o te deja evitando conversaciones importantes.

    ¿Por qué lloro cuando discuto? Enojo más impotencia

    Quien escribe «porque lloro cuando discuto con alguien» o «por qué siempre lloro cuando discuto» suele describir una escena muy parecida: sabía lo que sentía, pero la rabia salió convertida en lágrimas. La investigación sobre el llanto adulto tiene una explicación para eso.

    Según Vingerhoets (2013), el enojo puro rara vez produce lágrimas por sí solo. Aparecen cuando al enojo se suma la sensación de impotencia: no puedo hacer nada para que me entienda, no puedo defenderme bien, no puedo cambiar lo que está pasando. Los investigadores del llanto lo llaman enojo de impotencia, y es el elemento que más se repite en los episodios que acaban en lágrimas.

    Rara vez es una sola emoción. Lo habitual es una mezcla de frustración, rabia, decepción y tristeza, y la impotencia es lo que inclina la balanza hacia las lágrimas (Vingerhoets, 2013).

    Los conflictos son un desencadenante frecuente. En el estudio internacional que reúne Vingerhoets (2013), cerca del 19 % de los episodios recientes de llanto en adultos se atribuyeron a un conflicto interpersonal, y la cifra fue mayor en mujeres (23 %) que en hombres (14 %). Es el segundo motivo en mujeres, después de las pérdidas.

    Esa diferencia no mide quién siente más. Según el mismo autor, en conflictos pequeños y cotidianos las mujeres tienden a evaluar más impotencia que los hombres, y eso las hace cruzar antes el umbral del llanto. En los hombres, llorar de enojo impotente es una reacción menos habitual, y sus lágrimas se vinculan más a pérdidas o a emociones positivas.

    ¿Qué le pasa a tu cuerpo cuando una discusión te desborda?

    Una discusión no se vive solo con la cabeza. En un clásico estudio con 30 parejas casadas, los cuerpos de los dos miembros (frecuencia cardíaca, sudoración, movimiento) se movían de forma coordinada, y esa sincronía fisiológica por sí sola explicó cerca del 60 % de las diferencias en satisfacción matrimonial (Levenson y Gottman, 1983). El estudio sobre la activación fisiológica en parejas mostró que el conflicto se registra en el organismo antes de que haya palabras para describirlo.

    Los investigadores de pareja llaman desborde emocional a ese momento en que la activación es tan alta que cuesta pensar, escuchar y hablar con claridad. Un estudio con 233 parejas halló que quienes se sentían más desbordados mostraban más enojo propio, y que sus parejas también mostraban y experimentaban más enojo. Las parejas con al menos un miembro muy desbordado resolvían peor los problemas durante una conversación de diez minutos (Malik et al., 2020).

    Sobre qué pasa exactamente en el cerebro circulan en la prensa explicaciones muy categóricas, como que la amígdala «apaga» la parte racional. Es una simplificación. Bradbury y Karney (2019) describen una activación fisiológica difusa que empeora la flexibilidad y la empatía, y que alimenta el ciclo de respuestas negativas entre los dos.

    Un detalle sobre las lágrimas mismas: en un experimento con 197 mujeres, antes de llorar la respiración se hizo más estable y el corazón se desaceleró, y quienes lloraron no mostraron diferencias de cortisol ni de tolerancia al estrés frente a quienes no lloraron (Sharman et al., 2020). Vingerhoets (2013) propone que, cuando la persona concluye que no puede controlar la situación, el organismo pasa de la lucha a una especie de «darse por vencido». Es una hipótesis razonable y no un hecho medido en discusiones reales.

    ¿Por qué lloro al discutir y otras personas no?

    Las causas son varias. Estos son los factores que la investigación asocia con llorar más, o con desbordarse más, al discutir:

    • Cuánto lloras en general. El umbral del llanto varía mucho entre personas. Una escala con casi 5.000 adultos separó cuatro tipos de lágrimas (de apego, sociales, sentimentales y de compasión) y las vinculó con empatía y apego (Denckla et al., 2014). Si siempre fuiste de lágrima fácil, puede que seas una persona altamente sensible.
    • Lo que crees sobre llorar. En una encuesta internacional con 893 personas, los roles de género se relacionaron con cuánto se llora, y la valoración del llanto dependía de si la persona creía que ayuda (Sharman et al., 2019).
    • El estilo de apego. En 98 parejas canadienses seguidas desde el embarazo hasta cuatro años después del parto, la ansiedad de apego de los hombres predijo más desborde en ellos y en sus parejas (Morgan y Woodin, 2025).
    • Dormir poco. Un metaanálisis de 64 estudios encontró que perder horas de sueño aumenta el ánimo negativo (g = 0,45) y reduce el positivo (g = -0,94) (Tomaso et al., 2021). No midió discusiones, pero describe un terreno en el que todo rebalsa más fácil.
    • Cómo manejas la frustración. Harrington (2005) describe la baja tolerancia a la frustración como un conjunto de creencias del tipo «no puedo soportar sentirme así» o «los demás no deberían llevarme la contraria». Desde ese enfoque, el enojo intenso se conecta con la exigencia de que el otro ceda, y el llanto con la creencia de que el malestar es insoportable. Si te suena, tienes más sobre eso en baja tolerancia a la frustración en adultos.
    • Inteligencia emocional. En un estudio transversal con 692 mujeres, la inteligencia emocional percibida se asoció fuertemente con menos desborde en los conflictos de pareja, en parte por usar mejores estrategias de resolución (Berenguer-Soler et al., 2023). Al ser transversal, no prueba que una cause la otra.

    Y un factor que casi nunca se nombra: con quién discutes. Quien se pregunta «por qué lloro cuando discuto con mi pareja», y no con un compañero de trabajo, suele toparse con eso: con una pareja o un familiar hay más en juego, y el llanto refleja el miedo a perder el vínculo tanto como la rabia. Si las peleas se repiten por lo mismo, quizá te sirva leer por qué peleamos por todo en pareja.

    Qué piensan los demás cuando lloras en una discusión

    Es la parte que más duele: temer que tus lágrimas se lean como chantaje o como falta de argumentos. La evidencia es más matizada de lo que se teme.

    En un estudio con más de 7.000 personas de 41 países, ver lágrimas aumentó la intención de ofrecer apoyo (d = 0,49), porque la persona se percibe más cálida e indefensa (Zickfeld et al., 2021). La idea de que las lágrimas son una «bandera blanca» que frena la agresión del otro es una hipótesis frecuente en este campo, y su función de señal todavía no está demostrada del todo (Hasson, 2009).

    También hay un costo. En tres estudios con 1.042 participantes, quienes mostraban lágrimas se percibían más cálidos pero menos competentes (van de Ven et al., 2017). Un análisis posterior de esos datos concluyó que las lágrimas no reducen la competencia percibida en general, sino cuando el llanto parece inapropiado para la situación (Wróbel et al., 2022).

    La sospecha de manipulación existe. Según Vingerhoets (2013), que recoge el trabajo de Buss y colaboradores (1987), el llanto aparece entre las tácticas que algunas personas usan para forzar una salida en un conflicto, y a quien lo vive así le provoca irritación. Es un uso posible. La mayoría de las personas que lloran al discutir no lo eligen: les pasa.

    En el trabajo, el peso social es mayor. En un experimento con 630 personas, quien reaccionaba con enojo se veía más competente que quien reaccionaba con tristeza, en hombres y en mujeres. Aun así, las mujeres que expresaban enojo recibían menos estatus que los hombres que expresaban tristeza (Marshburn et al., 2020). Es un estudio con historias escritas, no con oficinas reales. Sirve para entender que el riesgo de ser mal leído existe tanto si lloras como si te enojas.

    ¿Llorar en una discusión alivia o empeora?

    Depende de la persona y del momento. Un diario de 1.004 episodios de llanto mostró que el efecto sobre el ánimo cambia según quién llora y en qué circunstancias (Bylsma et al., 2011). En un estudio cuasiexperimental, el ánimo empeoró justo después de llorar, se recuperó a los 20 minutos y superó el nivel previo a los 90 (Gračanin et al., 2015).

    Por eso una revisión sobre si llorar es beneficioso propone cambiar la pregunta: lo útil es saber para quién y en qué condiciones, no si llorar «hace bien» en general (Rottenberg et al., 2008). Si después de llorar en una discusión te sientes peor que antes, es una reacción habitual a corto plazo, y no demuestra que algo vaya mal contigo.

    Cómo afrontar las ganas de llorar cuando discutes: cinco herramientas con respaldo

    El objetivo es bajar la activación para que puedas decir lo que quieres decir, o decidir no decirlo todavía. Las lágrimas pueden quedarse.

    1. Pide una pausa en voz alta. Christensen et al. (2014) plantean el tiempo fuera como una medida para proteger la relación, no para castigar ni para tener la última palabra. Una frase que sirve: «Estoy demasiado alterado para hablar bien de esto. Necesito un rato para calmarme y después volvemos». Los textos clínicos suelen sugerir entre 20 minutos y una hora antes de retomar (Brotto, 2018; Christensen et al., 2014); no hay un ensayo conocido que fije la duración exacta.
    2. Respira lento. Una revisión sistemática de 15 estudios encontró que la respiración lenta aumenta la variabilidad cardíaca y se asocia con menos activación, ansiedad, depresión y enojo en personas sanas (Zaccaro et al., 2018). Una revisión sobre respiración diafragmática reunió solo tres estudios, todos con reducción del estrés, con muestras pequeñas (Hopper et al., 2019). Hay una guía práctica en respiración diafragmática.
    3. Ponle nombre a lo que sientes. En un estudio con resonancia, nombrar la emoción disminuyó la respuesta de la amígdala ante imágenes negativas (Lieberman et al., 2007). Era un experimento de laboratorio con imágenes, no una pelea, pero respalda decir «me siento impotente» o «tengo miedo de que me dejes de escuchar» en lugar de seguir el argumento. Si te cuesta encontrar la palabra, mira el vocabulario emocional.
    4. Cambia la lectura de la situación. La reevaluación cognitiva (interpretar el tono del otro como cansancio o frustración, en vez de ataque a tu valor) reduce el malestar sin gastar tanta energía mental como contener la emoción (Cutuli, 2014; Gross y Ford, 2024). Un metaanálisis de 81 estudios halló que el enojo se asocia a más evitación, rumiación y supresión, y a menos aceptación y reevaluación (Pop et al., 2025).
    5. Trátate con compasión. Neff (2016) propone, en medio de la reacción automática, acordar una pausa y hablarte como le hablarías a alguien querido: es humano desbordarse, y no tienes que castigarte por haber llorado.

    Dos cosas que conviene evitar. La primera es tragarte las lágrimas a la fuerza. Según Gross y Ford (2024), la supresión expresiva no baja la activación interna y consume recursos mentales, y Vingerhoets (2013) describe el «llanto interno», con el dolor intacto y el cuerpo en tensión. La segunda es desahogarte con golpes o gritos: en un experimento con golpes a un saco, pensar en quien te hizo enojar mientras golpeabas aumentó el enojo y la agresión, y no hacer nada resultó más eficaz que desahogarse así (Bushman, 2002).

    Después de la pelea: qué conversar y cómo volver a hablar

    Cuando pasó la tormenta, la conversación pendiente sigue ahí. Christensen et al. (2014) distinguen emociones duras (enojo, sarcasmo, gritos) y blandas (dolor, miedo, soledad, miedo al rechazo). Las duras suelen funcionar como una coraza para las blandas, y las lágrimas muchas veces muestran lo que había debajo.

    Al retomar, ayuda cambiar «nunca me escuchas» por «me siento ignorado cuando pasa X, y necesito Y». Es la misma estructura que Christensen et al. proponen para que el otro no active la defensa.

    Si en tu relación uno presiona y el otro se retira, vas a reconocer el patrón demanda-retirada: cuanto más insiste uno, más se aleja el otro, y cuanto más se aleja, más insiste (Christensen et al., 2014). Quien llora en ese ciclo puede quedar en cualquiera de los dos lados, y conviene hablarlo cuando están tranquilos. Si el otro se encierra en el silencio, mira la ley del hielo.

    Y para quien quiere ensayar lo que va a decir, la guía de comunicación asertiva tiene frases para pedir sin atacar. Más en general, cómo controlar las emociones reúne estrategias para el día a día.

    Qué hacer según lo que notas

    Lo que notasQué podría estar detrásQué probar primero
    Lloras apenas alguien te levanta la vozMucha activación y sensación de impotenciaPausa pactada y respiración lenta
    Lloras con tu pareja y no con otras personasMiedo a perder el vínculo, estilo de apegoHablarlo en frío y nombrar la emoción blanda
    Lloras de rabia en lugar de gritarEnojo mezclado con frustraciónReevaluar la situación y bajar la exigencia
    Lloras ante cualquier crítica en el trabajoAutoexigencia, cansancio, sueño insuficienteRevisar sueño y carga; practicar frases breves
    Lloras sin poder parar y sin sentir tristezaPosible causa neurológicaConsultar con un médico

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Llorar al discutir es una reacción humana corriente. Hay situaciones en las que vale la pena pedir ayuda:

    • El llanto cambió de golpe. Si comenzó o se intensificó tras un ictus, un golpe en la cabeza o una enfermedad neurológica, puede ser afecto pseudobulbar: ráfagas de llanto que no calzan con lo que sientes. Un metaanálisis estimó que aparece en cerca de 1 de cada 5 personas en la fase aguda tras un ACV (Gillespie et al., 2016), y tiene tratamiento (Wortzel et al., 2008).
    • Hay otros síntomas de depresión. Si el llanto viene con pérdida de interés, cambios de sueño o apetito, y sentimientos de inutilidad por más de dos semanas, mira la información de MedlinePlus sobre depresión. Un estudio piloto encontró que las personas con trastornos del ánimo tendían a llorar más ante antecedentes negativos y a mejorar menos el ánimo después (Rottenberg et al., 2008).
    • Tu ánimo cambia con facilidad en muchos contextos. En adultos con TDAH, los estimulantes y la atomoxetina redujeron la labilidad emocional en un metaanálisis de 9 ensayos (Moukhtarian et al., 2017). Si siempre te ha costado frenar la reacción emocional, vale la pena una evaluación.
    • Reaparece un trauma. Si las lágrimas llegan junto con recuerdos intrusos o sensación de perder el control de lo que sientes, es una señal para consultar.
    • Te hace evitar. Si por miedo a llorar dejas de hablar con tu jefe, tu pareja o tu familia, el llanto ya está pesando más que el motivo de la discusión.

    Una advertencia aparte. Si en tus discusiones hay miedo, amenazas o golpes, las lágrimas no detienen la violencia y a veces la empeoran (Vingerhoets, 2013). En Chile, el fono 1455 de SernamEG orienta de forma gratuita a mujeres víctimas de violencia y a testigos, y ante un peligro inmediato puedes llamar al 133 de Carabineros.

    Para ver cómo se trabaja el enojo desde la psicología, la Asociación Americana de Psicología tiene una guía en inglés sobre controlar la ira.

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué lloro cuando me enojo en lugar de gritar?

    Porque el enojo suele ir mezclado con impotencia o tristeza, y esa combinación inclina la reacción hacia las lágrimas. Vingerhoets (2013) señala que el enojo puro rara vez produce llanto. Si además sientes que no te escuchan, el llanto aparece antes que las palabras. Es una forma distinta de enojarse.

    ¿Llorar al discutir es manipular?

    Depende de la intención. La mayoría de las personas que lloran al discutir no lo eligen, y un estudio con más de 7.000 participantes mostró que las lágrimas llevan a querer ayudar (Zickfeld et al., 2021). Existe el uso estratégico del llanto para presionar, pero la diferencia está en la intención y en si el llanto es espontáneo.

    ¿Cómo dejar de llorar cuando discuto?

    Conviene pensar en llorar menos intensamente, no en suprimirlo. Pide una pausa, respira lento, nombra lo que sientes y vuelve a la conversación cuando bajó la activación. Contener las lágrimas a la fuerza mantiene la activación interna y gasta recursos mentales (Gross y Ford, 2024). Si interfiere con tu vida, la terapia cognitivo-conductual entrena estas habilidades.

    ¿Es normal llorar cuando discuto con mi pareja?

    Sí. Los conflictos explican cerca del 19 % de los episodios de llanto adulto (Vingerhoets, 2013), y con la pareja hay más en juego emocional. Se vuelve un tema a trabajar si pasa en todas las discusiones, si no puedes retomar la conversación después o si tu pareja lo vive como una forma de evitar el diálogo.

    ¿Llorar al discutir es señal de ansiedad o depresión?

    Por sí solo no indica ninguna de las dos. Puede aparecer con ansiedad o con un ánimo bajo, pero también en personas sin ningún trastorno. Conviene consultar si el llanto viene con otros síntomas durante más de dos semanas, si cambió de golpe tras un problema neurológico o si te hace evitar conversaciones importantes.

    ¿Por qué lloro más cuando discuto con alguien que quiero?

    Porque en esos vínculos hay más en juego: el miedo a perder a la persona, la necesidad de ser comprendido y la historia de peleas anteriores. Los estudios de desborde emocional en parejas muestran que el apego y el enojo del otro influyen en lo desbordado que te sientes (Malik et al., 2020; Morgan y Woodin, 2025).

    Si quieres trabajarlo con alguien

    Llorar cuando discutes es frecuente y tiene salida. Si te molesta, te hace evitar conversaciones o sientes que tus peleas siempre terminan igual, en terapia se puede entrenar la regulación emocional paso a paso: reconocer la señal temprana, pausar, nombrar lo que sientes y volver a hablar. Desde la página de contacto puedes coordinar una primera conversación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Berenguer-Soler, M., García del Castillo-López, Á., & Pineda, D. (2023). Breaking the cycle of emotional flooding: The protective role of women’s emotional intelligence in couple’s conflict. Frontiers in Psychology, 14, Article 1217513. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1217513

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton.

    Brotto, L. A. (2018). Better sex through mindfulness. Greystone Books.

    Bushman, B. J. (2002). Does venting anger feed or extinguish the flame? Catharsis, rumination, distraction, anger, and aggressive responding. Personality and Social Psychology Bulletin, 28(6), 724-731. https://doi.org/10.1177/0146167202289002

    Bylsma, L. M., Croon, M. A., Vingerhoets, A. J. J. M., & Rottenberg, J. (2011). When and for whom does crying improve mood? A daily diary study of 1004 crying episodes. Journal of Research in Personality, 45(4), 385-392. https://doi.org/10.1016/j.jrp.2011.04.007

    Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). The Guilford Press.

    Cutuli, D. (2014). Cognitive reappraisal and expressive suppression strategies role in the emotion regulation: An overview on their modulatory effects and neural correlates. Frontiers in Systems Neuroscience, 8, Article 175. https://doi.org/10.3389/fnsys.2014.00175

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    Gillespie, D. C., Cadden, A. P., Lees, R., West, R. M., & Broomfield, N. M. (2016). Prevalence of pseudobulbar affect following stroke: A systematic review and meta-analysis. Journal of Stroke and Cerebrovascular Diseases, 25(3), 688-694. https://doi.org/10.1016/j.jstrokecerebrovasdis.2015.11.038

    Gračanin, A., Vingerhoets, A. J. J. M., Kardum, I., Zupčić, M., Šantek, M., & Šimić, M. (2015). Why crying does and sometimes does not seem to alleviate mood: A quasi-experimental study. Motivation and Emotion, 39(6), 953-960. https://doi.org/10.1007/s11031-015-9507-9

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    Marshburn, C. K., Cochran, K. J., Flynn, E., & Levine, L. J. (2020). Workplace anger costs women irrespective of race. Frontiers in Psychology, 11, Article 579884. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.579884

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    Neff, K. (2016). Sé amable contigo mismo: El poder de la compasión hacia uno mismo. Paidós.

    Pop, G. V., Nechita, D. M., Miu, A. C., & Szentágotai-Tătar, A. (2025). Anger and emotion regulation strategies: A meta-analysis. Scientific Reports, 15, Article 6931. https://doi.org/10.1038/s41598-025-91646-0

    Rottenberg, J., Bylsma, L. M., & Vingerhoets, A. J. J. M. (2008). Is crying beneficial? Current Directions in Psychological Science, 17(6), 400-404. https://doi.org/10.1111/j.1467-8721.2008.00614.x

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    Sharman, L. S., Dingle, G. A., Baker, M., Fischer, A., Gračanin, A., Kardum, I., Manley, H., Manokara, K., Pattara-angkoon, S., Vingerhoets, A. J. J. M., & Vanman, E. J. (2019). The relationship of gender roles and beliefs to crying in an international sample. Frontiers in Psychology, 10, Article 2288. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2019.02288

    Sharman, L. S., Dingle, G. A., Vingerhoets, A. J. J. M., & Vanman, E. J. (2020). Using crying to cope: Physiological responses to stress following tears of sadness. Emotion, 20(7), 1279-1291. https://doi.org/10.1037/emo0000633

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    Wortzel, H. S., Oster, T. J., Anderson, C. A., & Arciniegas, D. B. (2008). Pathological laughing and crying: Epidemiology, pathophysiology and treatment. CNS Drugs, 22(7), 531-545. https://doi.org/10.2165/00023210-200822070-00001

    Wróbel, M., Wągrowska, J., Zickfeld, J. H., & van de Ven, N. (2022). Tears do not influence competence in general, but only under specific circumstances: A systematic investigation across 41 countries. Emotion, 22(2), 292-304. https://doi.org/10.1037/emo0001010

    Zaccaro, A., Piarulli, A., Laurino, M., Garbella, E., Menicucci, D., Neri, B., & Gemignani, A. (2018). How breath-control can change your life: A systematic review on psycho-physiological correlates of slow breathing. Frontiers in Human Neuroscience, 12, Article 353. https://doi.org/10.3389/fnhum.2018.00353

    Zickfeld, J. H., van de Ven, N., Pich, O., Schubert, T. W., Berkessel, J. B., Pizarro, J. J., Bhushan, B., Mateo, N. J., Barbosa, S., Sharman, L., Kökönyei, G., Schrover, E., Kardum, I., Aruta, J. J. B., Lazarevic, L. B., Escobar, M. J., Stadel, M., Arriaga, P., Dodaj, A., . . . Vingerhoets, A. (2021). Tears evoke the intention to offer social support: A systematic investigation of the interpersonal effects of emotional crying across 41 countries. Journal of Experimental Social Psychology, 95, Article 104137. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2021.104137

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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