Sales de un café con esa amiga y te sientes menos que cuando llegaste. O te escribe un viernes a las once de la noche, justo cuando necesita algo, y el resto de la semana no hay rastro. Quizás cada vez que le cuentas una buena noticia hay un silencio incómodo, un “qué bueno” a medias, y después un comentario que te baja del entusiasmo. Si buscas señales de una amistad tóxica, probablemente algo de esto te suena. En esta guía vas a ver qué es (y qué no es) una amistad tóxica, diez señales con respaldo en la investigación, cómo distinguirla de una mala etapa y cómo alejarte sin quedar con la culpa a cuestas.
Respuesta corta: una amistad tóxica es un vínculo donde el daño se repite y no se repara: falta reciprocidad, hay desprecio, envidia, silencio como castigo, control o chantaje, y terminas con menos energía en vez de sentirte acompañado. “Tóxica” es una palabra cotidiana, no un diagnóstico, y conviene aplicarla a conductas concretas más que a la persona entera. La diferencia con una mala etapa está en la frecuencia, en si hay disculpa y reparación, y en si el otro puede ponerse en tu lugar. Alejarse suele ser lo más sano cuando el patrón se sostiene: puedes hablarlo primero, tomar distancia de a poco o cerrar del todo, y perdonar sin reconciliarte.
¿Qué es una amistad tóxica?
“Amistad tóxica” no figura en ningún manual diagnóstico. Es un modo de hablar de amistades que, más que sostener, desgastan. La investigación usa otros nombres. Un equipo de investigación (Dryburgh y colaboradores) habla de victimización dentro de las amistades y construyó una escala que mide tres cosas: victimización relacional (excluir, esparcir rumores, retirar el afecto), victimización física o verbal y conductas de control (Dryburgh et al., 2025). El título de su artículo incluye, justamente, la expresión “toxic friendship”.
Dos datos ayudan a dimensionarlo, con cautela. En una muestra de 706 adolescentes canadienses, sufrir esta victimización en la amistad se asoció de manera propia con más síntomas depresivos, incluso después de considerar el acoso en el pololeo y el acoso por género (Dryburgh et al., 2025). Y en un estudio con 316 adultos emergentes (edad media de 21 años), la mayoría reportó al menos un acto de victimización por parte de un amigo (Dryburgh et al., 2023). Son estudios transversales: muestran que ocurre y que va de la mano con el malestar, no que un amigo cause una depresión.
Una aclaración que importa: hablar de conductas tóxicas es más justo (y más útil) que decretar que alguien es una “persona tóxica”. La misma persona puede ser un buen amigo para otros, o puede estar atravesando algo difícil. Lo que importa para ti es qué pasa en esta amistad, cuántas veces, y qué efecto tiene sobre ti.
10 señales de una amistad tóxica
Una sola de estas señales, en un mal día, no define nada. Lo que pesa es que se repitan y que nadie las repare.
1. Das mucho y recibes poco
Cacioppo y Patrick (2008), en Loneliness, sostienen que las relaciones sanas se apoyan en una reciprocidad voluntaria: ambos se cuidan, a ritmos distintos quizás, pero en equilibrio. Advierten también que es posible dar tanto apoyo que uno termina completamente drenado, y que ahí hay que reorientar la relación hacia el equilibrio. Si tú escuchas, ayudas, recuerdas cumpleaños y organizas los encuentros, y del otro lado casi nunca llega lo mismo, tienes una señal clara.
2. Aparece solo cuando te necesita
Un favor, plata, compañía porque se peleó con alguien, un oído para desahogarse. Después desaparece. Según Cacioppo y Patrick (2008), las funciones ejecutivas del cerebro nos ayudan a distinguir el afecto genuino de la explotación, y esa alarma interna es información: no la silencies con “pobrecita, está pasando por mucho”. Si hay una crisis real, acompañar es válido. Lo que delata el patrón es que la cercanía se enciende y se apaga según su conveniencia.
3. Minimiza o apaga tus logros
Le cuentas que te ascendieron, que bajaste la deuda, que tu hijo salió bien en el colegio, y responde con un “es que tuviste suerte” o con una anécdota propia que te quita el foco. Según los textos reunidos por Smith (2008) en Envy: Theory and Research, la envidia es más intensa entre personas cercanas y parecidas, y su versión maliciosa se expresa devaluando el logro del otro (el famoso “uvas verdes”) o atribuyéndolo a la suerte o a ventajas injustas. Lange y Crusius (2015) distinguen, con una escala de envidia benigna y maliciosa, esa envidia de la benigna, la que reconoce el éxito del otro y motiva a esforzarse. Con la benigna, la amistad respira. Con la maliciosa, se enfría.
4. Retira el apoyo justo cuando brillas, o se alegra cuando te va mal
Smith (2008) describe conductas de socavamiento: desde retener información útil o no defenderte, hasta propagar rumores o sabotear con sutileza. También documenta la Schadenfreude, esa satisfacción secreta ante el tropiezo del otro, que devuelve la sensación de “estar a la par”. Se nota en gestos pequeños: la alegría que se le escapa cuando algo te sale mal, la ayuda que no llega justo antes de tu examen o tu presentación.
5. Sus comentarios te bajan la autoestima
Bromas sobre tu cuerpo, tu pareja, tu trabajo; comparaciones constantes; el clásico “no te lo tomes a mal, pero…”. En la escala de victimización de Dryburgh et al. (2023), las formas verbales de maltrato entre amigos se agrupan junto con las relacionales. Si después de cada conversación te preguntas qué tienes de malo, vale la pena revisar si el problema son esos comentarios y no tú.
6. Usa el silencio como castigo
Kipling Williams (2001), en Ostracism: The Power of Silence, explica que el tratamiento del silencio ataca de una sola vez cuatro necesidades: pertenencia, autoestima, control y sentido de existir. A diferencia de una discusión, donde ambos intercambian algo, el silencio deja a una de las partes sin información y sin forma de influir. Como es una “no conducta”, el otro puede negarlo (“no me pasa nada”), y la carga de arreglar las cosas cae sobre ti. Muchos terminan pidiendo perdón sin saber de qué, solo para que cese el vacío.
7. Controla, culpabiliza o chantajea
“Si de verdad fueras mi amiga, no saldrías con ellas.” “Después de todo lo que hice por ti.” Las conductas de control son uno de los tres factores de la escala de Dryburgh et al. (2025). Tangney y Dearing (2002), en Shame and Guilt, describen un mecanismo que a veces está detrás: la persona muy propensa a la vergüenza vive los reclamos como un ataque a todo su ser, y para defenderse externaliza la culpa (“¡tú me haces actuar así!”) y se enoja. Es un modelo para entender la dinámica, no un diagnóstico del otro, y no la justifica. Si el control incluye vigilarte, amenazarte o aislarte, mira también la guía sobre señales sutiles de violencia psicológica.
8. Habla mal de ti con otros o te deja fuera
Rumores, secretos que se usan en tu contra, planes de los que te enteras por redes. Es la victimización relacional: en la escala de Dryburgh et al. (2025) tiene su propio factor, y Crick y Nelson (2002) ya habían mostrado, en un estudio con niños, que la victimización relacional por parte de amigos se asociaba con más dificultades de ajuste, sobre todo en las niñas. Es una muestra infantil, pero la idea de fondo se sostiene: ser dañado por quien se supone que te cuida pesa.
9. Nunca hay disculpa ni reparación
Esta señal pesa más que ninguna otra. McCullough (2008), en Beyond Revenge, plantea que una disculpa creíble reconoce la responsabilidad, expresa remordimiento y promete no repetir la falta, y que suele acompañarse de alguna forma de reparar el daño. Las respuestas de alerta son las excusas, las negaciones y el “tú lo provocaste”. Cuando cada reclamo termina con el otro ofendido y tú pidiendo perdón, el ciclo se sostiene solo.
10. Los encuentros te dejan sin energía, o alternan cercanía y daño
El cansancio después de estar con alguien es un dato. Y hay un caso especialmente difícil de ver: el vínculo que mezcla momentos muy buenos con momentos dañinos. Los investigadores lo llaman relación ambivalente, y en un estudio con 136 adultos de 48 a 77 años quienes tenían más vínculos ambivalentes mostraron telómeros más cortos (un marcador asociado a mayor riesgo de enfermedad en general), una asociación que se vio sobre todo en mujeres y que se explicó en buena parte por amistades, padres y conocidos (Uchino et al., 2012). Holt-Lunstad y Uchino (2019) proponen, en un modelo teórico, que estos vínculos merecen estudiarse aparte de los claramente positivos o negativos. Williams (2001) agrega que el ostracismo intermitente y ambiguo (“¿me está ignorando o lo imagino?”) es especialmente desgastante, porque mantiene la vigilancia y la rumiación. Y Neff (2016) observa que la alternancia entre afecto y desatención suele agarrar a quienes arrastran un apego inseguro, que se aferran a los momentos buenos para disculpar el daño que se repite.
¿Cómo saber si es una amistad tóxica o solo una amistad difícil?
Todas las amistades tienen peleas, malentendidos y temporadas flojas. Más útil que preguntar si hubo conflicto es preguntar qué pasó después y cuántas veces. McCullough (2008) menciona una regla evolutiva de “tres o cuatro oportunidades”: un fallo aislado se perdona porque no convierte a un amigo en enemigo; cuando el incumplimiento o la falta de apoyo se vuelven crónicos, el valor esperado de la relación cae y lo adaptativo es alejarse.
| Criterio | Una mala etapa | Un patrón dañino |
|---|---|---|
| Frecuencia | El daño es puntual y se acota a un periodo | Se repite en distintas situaciones y épocas |
| Reparación | Hay disculpa sincera y ganas de arreglar | Hay excusas, negación o culpa hacia ti |
| Reciprocidad | El apoyo vuelve cuando la crisis pasa | Siempre eres tú quien da |
| Empatía | Registra cómo te afectó lo que hizo | Se centra en defender su imagen |
| Después del conflicto | Hay alivio y cercanía | Hay silencio, castigo o intermitencia |
Una advertencia de honestidad: no existe un test con puntaje y punto de corte para decidir “qué tan tóxica es tu amistad”. Las escalas de victimización mencionadas arriba están en validación preliminar y son instrumentos de investigación, no tests para usar en casa. Lo más útil es la observación ordenada: anota durante unas semanas cuándo te sientes bien después de ver a esa persona y cuándo no.
¿Por qué cuesta tanto soltar una amistad tóxica?
Si fuera fácil, nadie se quedaría. Hay varias razones que tienen sentido y ninguna es debilidad.
El miedo a quedarte sola. Según Cacioppo y Patrick (2008), la soledad es una alarma biológica, parecida al hambre o al dolor, y cuando se cronifica vuelve más sensible a las amenazas sociales y más dispuesta a aceptar tratos injustos con tal de no perder el contacto. Si la soledad ya te pesa, la guía sobre soledad crónica puede orientarte.
Lo familiar se siente verdadero. Neff (2016), apoyándose en la teoría de la autoverificación, señala que quienes se tratan duro a sí mismos tienden a buscar o tolerar a personas que los tratan igual, porque coincide con la imagen negativa que ya tienen. Se suma el patrón de “silenciar el yo”: callar las propias necesidades para no perder la aprobación del otro.
La vergüenza paraliza. Tangney y Dearing (2002) describen que quien maneja el maltrato desde la vergüenza lo interpreta como “el problema soy yo”, y un “yo defectuoso” parece imposible de reparar, mientras que una conducta específica sí puede corregirse. Por eso, mucha gente se queda intentando ser “mejor amiga” para que el trato cambie.
El costo de quedarse también es real. Con la cautela de que son estudios en personas mayores y de diseño observacional: en 666 adultos mayores, los niveles estables y altos de intercambios negativos con familia, amigos y vecinos predijeron peor salud autopercibida, más limitaciones funcionales y más condiciones médicas dos años después (Newsom et al., 2008). Y en 916 adultos mayores, los vínculos exclusivamente problemáticos se relacionaron más con el malestar psicológico, mientras que los ambivalentes lo hicieron más con las limitaciones funcionales (Rook et al., 2012). No son estudios sobre adultos de tu edad, pero apuntan en la misma dirección: el estrés relacional sostenido tiene un costo.
Cómo alejarse de una amistad tóxica: qué hacer paso a paso
Hay más de una salida razonable. Lo que sigue ordena las opciones de menor a mayor distancia.
1. Ponle nombre a lo que pasa, sin dramatizar
Neff (2016) propone empezar reconociendo el dolor con frases simples (“este es un momento de sufrimiento”). Sirve también para dejar de preguntarte si exageras. Escribir lo que observas (hechos, fechas, cómo te sentiste) ayuda a ver el patrón y no solo el último episodio.
2. Decide qué quieres: mejorar, enfriar o cerrar
Son tres caminos distintos. Mejorar la amistad requiere que el otro quiera lo mismo. Enfriarla (menos contacto, menos confidencias, planes solo en grupo) es válido cuando no quieres un quiebre. Cerrarla es razonable si el daño es repetido y no hay reparación. No tienes que decidirlo hoy.
3. Si vas a hablarlo, habla de conductas y no de su carácter
Según Tangney y Dearing (2002), quien reacciona con vergüenza se defiende con ira o se retrae, mientras que quien reacciona con culpa se interesa por el impacto y busca reparar. Puedes aumentar las chances de ser escuchada describiendo lo que pasó y cómo te afectó (“cuando no me avisaste del plan me sentí excluida”) en vez de etiquetar a la persona (“eres una egoísta”). Eso no garantiza nada, pero reduce el riesgo de que se active la defensa. Si necesitas práctica para decirlo, la guía de comunicación asertiva tiene ejemplos.
4. Observa su respuesta como información
McCullough (2008) distingue las señales de seguridad (disculpa sincera, responsabilidad, reparación) de las de riesgo (excusas, negación, culpar a quien reclama). Si tras tu reclamo viene una disculpa creíble y un cambio sostenido, la relación puede valer la pena. Si viene enojo, silencio o inversión de roles, ya tienes tu respuesta.
5. Toma distancia de a poco, o de una vez
Una retirada gradual significa responder más tarde, aceptar menos planes, compartir menos de tu vida y dejar de iniciar. Es una opción cuando quieres evitar el conflicto. Si el otro insiste, controla o te acosa por redes, el cierre explícito y bloquear es legítimo: no le debes un debate. Si hay amenazas o hostigamiento, guarda los mensajes y pide ayuda a alguien de confianza.
6. Prepárate para la culpa, y distingue de qué culpa se trata
Es muy probable que sientas culpa. Tangney y Dearing (2002) diferencian la culpa (tensión por el efecto de tu acto sobre el otro, con el yo intacto) de la vergüenza (sentirte una mala persona por haberlo hecho). La culpa puede acompañar una decisión sana: puedes lamentar que le duela y mantener el límite. La vergüenza, en cambio, empuja a retirar el límite para dejar de sentirte “mala”. Más sobre la diferencia en la guía sobre culpa y vergüenza.
7. Puedes perdonar sin volver
McCullough (2008) separa el perdón (un proceso interno: soltar el rencor y las ganas de revancha) de la reconciliación (una conducta entre dos personas: retomar la relación). Perdonar libera tu carga y puede convivir con la decisión de no retomar el contacto, sobre todo si el otro nunca reparó. No te vuelve un “felpudo” ni te obliga a abrirle la puerta.
8. Procesa el cierre
Pennebaker y Smyth (2016), en Opening Up by Writing It Down, proponen escribir entre 15 y 30 minutos al día, durante tres o cuatro días seguidos, sobre los pensamientos y sentimientos más profundos de lo que pasó, intentando armar un relato con inicio, desarrollo y desenlace, y no una lista de reproches. Es normal sentirse más triste un rato después. Neff (2016) suma la carta de autocompasión: escribirte desde la voz de un amigo sabio y cariñoso. Si quieres ejercitarlo, la guía y test de autocompasión te servirán.
9. Cuida la calidad, no el número
Cacioppo y Patrick (2008) proponen cuatro pasos (EASE): dar pequeños pasos hacia otros, pausar las interpretaciones catastróficas con un plan, priorizar la calidad sobre la cantidad de vínculos y acercarse esperando lo mejor. Pennebaker y Smyth (2016) recuerdan que una red amplia no protege si falta alguien con quien hablar de verdad; pocos vínculos con apertura recíproca valen más que muchos superficiales. Si estás reconstruyendo, la guía sobre cómo hacer amigos de adulto puede ayudarte. Y si lo que viene es una despedida en general, tienes también la guía sobre por qué se terminan las amistades.
¿Y si parte del patrón viene de mí?
La pregunta es válida, y hacerla dice algo bueno de ti. Casi todos hemos tenido conductas que figuran en la lista: sentir envidia ante un logro ajeno, desaparecer en una mala racha o decir algo hiriente cuando nos sentimos amenazados. Lange y Crusius (2015) muestran que la envidia puede ir hacia el esfuerzo propio (benigna) o hacia el deseo de que al otro le vaya peor (maliciosa); notar cuál de las dos aparece te da una pista. Si te cuesta tolerar un reclamo, el patrón de vergüenza que describen Tangney y Dearing (2002) puede ayudarte a entender por qué. La guía sobre la envidia sana y su test es un punto de partida.
También existe una conducta bien intencionada que desgasta: la co-rumiación, repetir una y otra vez los mismos problemas con una amiga sin buscar solución. Una revisión sistemática con metaanálisis de 38 estudios (12.829 participantes, niños, adolescentes y adultos jóvenes) encontró una asociación pequeña a moderada entre co-rumiación y síntomas depresivos o ansiosos, aunque la co-rumiación también se asocia con mayor satisfacción en la amistad (Spendelow et al., 2017). Los datos son transversales; no prueban que una cause la otra. Si vives en ese ciclo, quizás convenga introducir conversaciones distintas, o buscar apoyo profesional.
¿Cuándo consultar con un profesional?
Es razonable consultar con un psicólogo clínico si:
- Después de estar con esa persona (o de pensar en ella) sientes ansiedad, tristeza o rabia por semanas.
- Tu autoestima cayó y empiezas a creer lo que te dice.
- Te cuesta mucho cortar aunque quieras, o terminas volviendo una y otra vez.
- Sientes que repites el mismo tipo de vínculos con distintas personas.
- Hay control, amenazas, acoso o miedo.
- El malestar afecta tu sueño, tu trabajo o tus otras relaciones.
Si piensas en quitarte la vida o en hacerte daño, no esperes: en Chile puedes llamar al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud (gratuita, desde celulares, las 24 horas), y en una urgencia vital al 131 o ir al servicio de urgencia más cercano. Tienes también la guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas. La OMS reúne información sobre cómo la conexión social se relaciona con la salud. Si lo que se parece a esto ocurre con tu pareja, mira la guía sobre cómo salir de una relación tóxica.
En terapia se puede revisar con calma qué patrón se repite, por qué cuesta soltar, cómo poner límites y cómo cuidar los vínculos que sí te hacen bien.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las señales de una amistad tóxica?
Falta de reciprocidad, aparecer solo cuando necesita algo, minimizar tus logros, burlas, silencio como castigo, control o chantaje emocional, rumores, ausencia de disculpas y salir de los encuentros sin energía. Una señal aislada no basta: lo que define el problema es que se repitan y que no se repare el daño.
¿Cómo sé si es una amistad tóxica o solo una mala etapa?
Mira tres cosas: si el daño se repite, si hay disculpa y reparación, y si la otra persona registra cómo te afectó. En una mala etapa el apoyo vuelve y los conflictos se resuelven. En un patrón dañino hay excusas, culpa hacia ti y distancia o silencio después de cada reclamo.
¿Cómo alejarse de una amistad tóxica sin sentir culpa?
La culpa suele aparecer aunque la decisión sea sana. Se puede lamentar que el otro sufra y mantener igual el límite. Conviene distinguir culpa (por el efecto de tu acto) de vergüenza (sentirte mala persona). Escribir lo ocurrido y tratarte con amabilidad ayuda a procesar el cierre.
¿Se puede arreglar una amistad tóxica?
A veces. Depende de si el otro reconoce la responsabilidad, se disculpa de verdad y cambia la conducta de forma sostenida (McCullough, 2008). Si ante el reclamo responde con enojo, excusas o silencio, es poco probable que cambie por insistir. Puedes perdonar internamente sin retomar el contacto.
¿Una amistad tóxica puede afectar la salud?
Hay estudios que asocian los vínculos negativos o ambivalentes con peor salud física y psicológica, la mayoría observacionales y varios en personas mayores (Newsom et al., 2008; Rook et al., 2012). No demuestran causa directa, pero apoyan cuidar la calidad de tus relaciones y consultar si el malestar se mantiene.
¿Qué hago si no me deja alejarme y me sigue buscando?
Puedes cerrar con un mensaje breve y claro, sin entrar en discusiones, y silenciar o bloquear sus canales. No tienes que justificarte indefinidamente. Si hay acoso, amenazas o control, guarda la evidencia y pide ayuda a alguien de confianza o a un profesional.
Si quieres conversarlo con alguien
Terminar o tomar distancia de una amistad importante es una decisión que cuesta tomar sola. En terapia online puedes ordenar qué pasó, identificar el patrón y trabajar cómo poner límites sin quedar con el peso de la culpa. Puedes escribirnos desde la página de contacto y contarnos tu caso.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
Cacioppo, J. T., & Patrick, W. (2008). Loneliness: Human nature and the need for social connection. W. W. Norton.
Crick, N. R., & Nelson, D. A. (2002). Relational and physical victimization within friendships: Nobody told me there’d be friends like these. Journal of Abnormal Child Psychology, 30(6), 599-607. https://doi.org/10.1023/a:1020811714064
Dryburgh, N. S. J., Martin-Storey, A., Craig, W. M., & Dirks, M. A. (2023). The development and preliminary validation of a measure of victimization within the friendships of emerging adults. Journal of Social and Personal Relationships, 40(7), 2204-2226. https://doi.org/10.1177/02654075221142631
Dryburgh, N. S. J., Martin-Storey, A., Craig, W. M., Holfeld, B., & Dirks, M. A. (2025). Quantifying toxic friendship: A preliminary investigation of a measure of victimization in the friendships of adolescents. Journal of Interpersonal Violence, 40(7-8), 1800-1823. https://doi.org/10.1177/08862605241265418
Holt-Lunstad, J., & Uchino, B. N. (2019). Social ambivalence and disease (SAD): A theoretical model aimed at understanding the health implications of ambivalent relationships. Perspectives on Psychological Science, 14(6), 941-966. https://doi.org/10.1177/1745691619861392
Lange, J., & Crusius, J. (2015). Dispositional envy revisited: Unraveling the motivational dynamics of benign and malicious envy. Personality and Social Psychology Bulletin, 41(2), 284-294. https://doi.org/10.1177/0146167214564959
McCullough, M. E. (2008). Beyond revenge: The evolution of the forgiveness instinct. Jossey-Bass.
Neff, K. (2016). Sé amable contigo mismo. Planeta.
Newsom, J. T., Mahan, T. L., Rook, K. S., & Krause, N. (2008). Stable negative social exchanges and health. Health Psychology, 27(1), 78-86. https://doi.org/10.1037/0278-6133.27.1.78
Pennebaker, J. W., & Smyth, J. M. (2016). Opening up by writing it down: How expressive writing improves health and eases emotional pain (3.ª ed.). Guilford Press.
Rook, K. S., Luong, G., Sorkin, D. H., Newsom, J. T., & Krause, N. (2012). Ambivalent versus problematic social ties: Implications for psychological health, functional health, and interpersonal coping. Psychology and Aging, 27(4), 912-923. https://doi.org/10.1037/a0029246
Smith, R. H. (Ed.). (2008). Envy: Theory and research. Oxford University Press.
Spendelow, J. S., Simonds, L. M., & Avery, R. E. (2017). The relationship between co-rumination and internalizing problems: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology & Psychotherapy, 24(2), 512-527. https://doi.org/10.1002/cpp.2023
Tangney, J. P., & Dearing, R. L. (2002). Shame and guilt. Guilford Press.
Uchino, B. N., Cawthon, R. M., Smith, T. W., Light, K. C., McKenzie, J., Carlisle, M., Gunn, H., Birmingham, W., & Bowen, K. (2012). Social relationships and health: Is feeling positive, negative, or both (ambivalent) about your social ties related to telomeres? Health Psychology, 31(6), 789-796. https://doi.org/10.1037/a0026836
Williams, K. D. (2001). Ostracism: The power of silence. Guilford Press.

