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  • Mi hijo no estudia ni trabaja: qué puede estar pasando y qué hacer

    Mi hijo no estudia ni trabaja: qué puede estar pasando y qué hacer

    Si estás pensando “mi hijo no estudia ni trabaja y no sé qué hacer”, probablemente llevas tiempo dándole vueltas a las mismas preguntas. ¿Es flojera? ¿Está deprimido? ¿Le toca a él o me toca a mí? ¿Lo estoy ayudando o estoy sosteniendo el problema? En esta situación, casi todo lo que se intenta por impulso termina en una pelea.

    Esta guía separa lo que suele ser una pausa normal de lo que merece atención, repasa las causas más frecuentes según la investigación y propone pasos concretos para conversar, acordar y pedir ayuda.

    Respuesta corta: que un joven pase unos meses sin estudiar ni trabajar puede ser parte de la búsqueda propia de los 18 a los 29 años. Preocupa cuando hay desánimo sostenido, aislamiento, consumo o pérdida de esperanza. Lo que más ayuda es preguntar sin sermonear, descartar un problema de salud, acordar metas pequeñas con condiciones claras y, si hace falta, consultar a un profesional.

    ¿Es normal que mi hijo no estudie ni trabaje a esta edad?

    Depende de cómo se vea la pausa. Arnett (2023) describe la adultez emergente como una etapa de exploración, inestabilidad y posibilidades, y reconoce que tomarse un tiempo para decidir qué estudiar o en qué trabajar forma parte del camino. Robinson (2020) la entiende como una moratoria: el joven posterga compromisos definitivos mientras ordena sus valores. Para entender mejor esta etapa puedes leer sobre la adultez emergente.

    En Chile no es una situación rara. La 11.ª Encuesta Nacional de Juventudes (INJUV, 2025) registró que 10,0 % de las personas de 15 a 29 años declara que no estudia ni trabaja. En 2022 fue 10,7 % y en 2018, 17,3 %. Es decir, uno de cada diez jóvenes pasa por esto, y los motivos son muy distintos entre sí.

    Lo que cambia el pronóstico es el tipo de pausa. Arnett (2023) distingue la exploración productiva de la deriva (floundering), en la que el joven flota sin dirección ni nuevas habilidades. Robinson (2020) añade dos patrones de riesgo:

    • La crisis de exclusión: la persona quiere avanzar, pero cada intento termina en rechazo y se siente atrapada.
    • La exploración rumiativa: dudas que dan vueltas sin llegar a una decisión.

    Señales de una pausa que probablemente cumple su función: conserva interés por algo, prueba cosas, mantiene amistades y habla del futuro con algo de esperanza. Señales de estancamiento: se apaga el interés por todo, se aísla, duerme o juega la mayor parte del día y deja de imaginar un futuro.

    Qué puede haber detrás de que mi hijo no estudie ni trabaje

    La investigación muestra que no existe una causa única. Un estudio con 1.071 jóvenes de Ciudad de México encontró que 12,6 % de quienes no estudiaban ni trabajaban lo hacía por elección, y que otros no sabían qué hacer con su vida. Por eso conviene entender cuál es el caso de tu hijo antes de decidir qué hacer (Gutiérrez-García et al., 2018).

    Un problema de salud mental que empezó antes

    Es la asociación mejor documentada. Una revisión de 41 estudios europeos, con más de 8,9 millones de personas, asoció con fuerza TDAH, autismo, depresión, trastorno límite de la personalidad y psicosis en la infancia o adolescencia con terminar fuera del estudio y del trabajo (Lindblad et al., 2024).

    En una cohorte australiana de 1.938 adolescentes, los trastornos mentales comunes persistentes en la adolescencia elevaron el riesgo de no estudiar ni trabajar a los 20 años (OR ajustado 1,60), igual que el consumo frecuente de cannabis (1,74) y las conductas disruptivas repetidas (1,71) (Rodwell et al., 2018).

    Un metaanálisis de 24 estudios mostró que los jóvenes en esta situación tienen más depresión, ansiedad y consumo de sustancias, y que los datos longitudinales apuntan a que los problemas de salud mental suelen venir primero (Gariépy et al., 2022). Si te preguntas por la depresión, el artículo sobre depresión en adolescentes explica cómo se ve en los más jóvenes.

    No saber qué hacer con la propia vida

    En el mismo estudio mexicano, quienes estaban en esta situación porque no sabían qué hacer con su vida tenían más trastornos del ánimo, de conducta y por consumo que quienes lo habían elegido (Gutiérrez-García et al., 2018).

    Es un cuadro frecuente en jóvenes que sienten que eligieron mal o que no encuentran un rumbo. Si te suena, revisa también no sé qué hacer con mi vida y me equivoqué de carrera.

    Menos pereza de la que parece

    Cuesta creerlo cuando lo ves en el sofá toda la tarde. Aun así, en una cohorte británica de 2.232 gemelos, los jóvenes que a los 18 años no estudiaban ni trabajaban se declaraban comprometidos con trabajar y decían buscar empleo con más dedicación que sus pares.

    Reportaban menos habilidades “blandas” (trabajo en equipo, comunicación, toma de decisiones). Los autores concluyen que no parece un problema de motivación y proponen trabajar esas habilidades y la salud mental (Goldman-Mellor et al., 2016).

    Desde la psicología, Seligman (1975) explicó cómo la experiencia repetida de que el esfuerzo no cambia nada puede apagar el intento: la persona se vuelve pasiva y le cuesta reconocer los logros cuando ocurren. La terapia de aceptación y compromiso agrega otro mecanismo, la evitación: se pone la vida en pausa a la espera de que el malestar o el miedo al fracaso desaparezcan (Hayes et al., 2012).

    Pantallas y videojuegos

    Muchos padres ven las horas de videojuegos como la causa. A veces lo es, pero con frecuencia son la consecuencia.

    La CIE-11 define el trastorno por videojuegos por la pérdida de control, la prioridad creciente del juego sobre otras actividades y la continuación pese a las consecuencias, con deterioro importante y, por lo general, 12 meses de evolución (Arias Horcajadas y Orio, 2024). Las horas por sí solas no bastan para el diagnóstico.

    Si el ánimo bajo, la apatía y la inhibición social aparecieron antes de que el juego se volviera masivo, el cuadro de fondo suele ser depresión o ansiedad, y el joven usa la pantalla para adormecer el malestar. Ambos cuadros pueden coexistir y se refuerzan entre sí.

    Aislamiento extremo

    Algunos jóvenes llegan a un aislamiento social severo y prolongado. En Japón se le llama hikikomori.

    Un metaanálisis de 19 estudios con más de 58.000 participantes estimó una prevalencia de 8,0 % (IC 95 % 4,9 a 12,9), con valores mucho más altos según el cuestionario usado (21,7 % con el HQ-25 frente a 5,0 % con otros) (Zhang et al., 2025). Esa diferencia indica que no hay una medida única, y la cifra debe leerse con cautela.

    La expresión “fracaso para despegar” (failure to launch) tampoco es un diagnóstico. Una revisión narrativa de 2026 la describe como un cuadro frecuente en consulta pero casi sin investigación sistemática (Calentino et al., 2026). Algo parecido ocurre con el llamado síndrome de Peter Pan, que tampoco figura como diagnóstico en los manuales.

    Cuidados y condiciones laborales

    La Encuesta de Juventudes preguntó a quienes no estudian ni trabajan bajo qué condición volverían a buscar empleo. El 23,3 % mencionó resolver los cuidados (33,3 % de las mujeres y 4,3 % de los hombres) y el 20,4 % mejores condiciones laborales, que fue la primera razón entre los hombres (28,8 %).

    Otro 12,3 % dijo que volvería si pudiera terminar sus estudios (INJUV, 2025). Si tu hija es la que está en casa, conviene preguntar quién cuida a quién.

    Señales de que conviene una evaluación profesional

    No hace falta esperar a que la situación explote. Conviene consultar si ocurre alguna de estas cosas:

    • Ánimo triste, vacío o sin esperanza, o pérdida de interés por casi todo, durante dos semanas o más.
    • Cambios marcados en el sueño (insomnio, o pasar el día en cama) y en el apetito, con cansancio persistente.
    • Aislamiento sostenido de amigos y familia, con ideas como “no sirvo para nada” o “soy una carga”.
    • Consumo frecuente de alcohol, cannabis u otras sustancias.
    • Juego o pantallas que desplazan todo lo demás, con irritabilidad intensa cuando se interrumpen.
    • Cualquier comentario sobre desear no despertar, morir o hacerse daño.

    Estos criterios de duración y síntomas siguen lo que describen Beck et al. (2024) para evaluar la depresión. El último punto exige atención inmediata.

    En el metaanálisis de Gariépy et al. (2022), quienes estaban fuera del estudio y del trabajo tenían casi el triple de probabilidades de presentar suicidalidad (OR 2,84), y el seguimiento de adolescentes mexicanos mostró que las mayores diferencias con sus pares estaban en el riesgo de conducta suicida (Gutiérrez-García et al., 2017).

    Si tu hijo o hija habla de morir o de hacerse daño, no lo dejes solo, pregunta con calma y directamente, y llama a la Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, el *4141 (gratuito desde celulares, las 24 horas), o acude a urgencias.

    Qué hacer cuando mi hijo no estudia ni trabaja: paso a paso

    1. Conversa en un momento tranquilo, con preguntas en vez de sermones. McGoldrick et al. (2015) proponen pasar del rol de supervisor al de consultor a demanda: estar disponible, preguntar qué le pasa y qué ha pensado, y dar opinión cuando la pida.
    2. Descarta primero lo médico y lo psicológico. Si ves alguna señal de la lista anterior, parte por una evaluación. Con depresión o ansiedad sin tratar, los planes de estudio o trabajo suelen fracasar.
    3. Acuerda un plan con términos claros. Pillemer (2021) recomienda definir qué ayuda se mantiene y bajo qué condiciones: estar en un curso, destinar horas a buscar trabajo, colaborar en la casa o asistir a terapia. La conversación se hace con calma, y lo acordado se cumple.
    4. Busca lo mínimo aceptable y empieza pequeño. Pillemer (2021) sugiere preguntarse qué avance mínimo podrías aceptar como punto de partida. Robinson (2020) propone experimentos semanales: probar un voluntariado, un curso corto o un trabajo de pocas horas, sin exigir un proyecto de vida completo.
    5. Pide una contribución en el hogar. Compartir tareas o aportar algo simbólico si trabaja ayuda a que el joven se sienta un adulto en la casa, no un niño atendido (McGoldrick et al., 2015). El artículo sobre hijos adultos que no se van de casa desarrolla este punto desde el lado de los padres.
    6. Cuídate tú también. En una cohorte surcoreana de 4.659 padres, la incidencia de depresión fue mayor cuando un hijo adulto volvía al hogar, sobre todo si estaba desempleado (Choi et al., 2026). Es otro contexto cultural y no hay que extrapolar cifras, pero indica que la convivencia pesa también sobre los padres.

    Minuchin (1974), desde la terapia familiar estructural, describe que en la transición a la adultez joven la familia debe pasar de un trato de «padres e hijo niño» a uno de «padres y adulto joven». En familias muy aglutinadas, intentar independizarse puede vivirse como una traición, y los síntomas pueden terminar sosteniendo la dependencia.

    Es una hipótesis clínica: no dice que los padres causen el problema, solo invita a mirar cuánto espacio de adulto tiene el joven en casa.

    Errores que suelen empeorar la situación

    Según los libros que revisamos, estas conductas aparecen una y otra vez, casi siempre por frustración o miedo:

    • Los sermones y los interrogatorios diarios: provocan evasión, resentimiento y regresión a un rol de niño (McGoldrick et al., 2015).
    • Los ultimátums lanzados desde el enojo y sin plan (“si no cambias, te vas”): suelen fracasar y erosionan la confianza (Pillemer, 2021).
    • Resolverle todo, hacer sus trámites o pagarlo todo sin condiciones. Arnett (2023) vincula la sobreprotección con más depresión y menos autoeficacia. Si quieres revisar este punto, lee sobre padres controladores.
    • Compararlo con hermanos o con tu propia juventud (“a tu edad yo ya mantenía una casa”): suele aumentar la vergüenza y la sensación de ser una carga.
    • Premiar con atención solo cuando está postrado y pasar por alto sus pequeños intentos de iniciativa.

    Qué ayuda de verdad: lo que dice la investigación sobre tratamiento

    Hay menos evidencia de la que sería deseable. Una revisión sistemática de 2024 analizó nueve ensayos de intervenciones para jóvenes fuera del estudio y del trabajo: cinco mostraron efecto en el empleo y tres en educación o formación, y algunos también en salud mental y autoestima. Sus autores advierten que faltan estudios rigurosos (Stea et al., 2024).

    Sobre terapia psicológica, un estudio con 20.293 jóvenes de 18 a 24 años atendidos en servicios del Reino Unido halló que quienes estaban en esta situación se recuperaban menos y abandonaban más.

    Asistir a más sesiones se asoció con mejores resultados (razón de odds de recuperación 1,10 por cada sesión adicional) (Buckman et al., 2023). Es una asociación, no prueba de causa, pero sugiere que conviene sostener el proceso en vez de cortarlo a las primeras semanas.

    Otro ensayo con 270 jóvenes de 16 a 25 años con discapacidad social y problemas de salud mental graves comparó una terapia de recuperación social con atención estándar reforzada. No hubo diferencias entre ambas, y las dos mejoraron mucho en horas semanales de actividad estructurada (Berry et al., 2022). La lectura práctica es que una atención bien organizada ya produce avances.

    Cuando hay depresión, la activación conductual es una de las opciones con más respaldo. Consiste en registrar lo que se hace, elegir actividades con sentido y avanzar por pasos graduados: levantarse a una hora fija, salir al balcón, caminar por la cuadra, ir a un lugar cercano.

    Un ensayo de 440 adultos con depresión mayor la encontró no inferior a la terapia cognitivo-conductual (Richards et al., 2016), y otro halló que en depresión más grave fue comparable a los antidepresivos (Dimidjian et al., 2006). Ambos estudiaron adultos, no específicamente jóvenes fuera del estudio y del trabajo.

    Para las familias de personas con aislamiento extremo todavía no hay un programa con eficacia comprobada. Un ensayo piloto japonés de un programa de tres días para familiares quedó incompleto por la pandemia y no permitió concluir su eficacia (Kubo et al., 2022). Mientras tanto, lo más sensato es trabajar con un profesional que conozca el caso concreto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Mi hijo está deprimido o es flojera?

    Desde fuera es difícil distinguirlo. En la depresión suele estar afectado el deseo de empezar y la capacidad de disfrutar, con una visión negativa de sí mismo, del mundo y del futuro (Beck et al., 2024). Si el desánimo dura más de dos semanas, afecta el sueño y el apetito o aparece aislamiento, conviene una evaluación profesional.

    ¿Cuánto tiempo sin estudiar ni trabajar es normal?

    Una pausa de algunos meses para reordenarse puede ser razonable si el joven conserva interés, prueba cosas y mantiene vínculos (Robinson, 2020). Importa más la dirección que la duración: si hay avances pequeños o si todo se apagó. Cuando se prolonga y viene con aislamiento, desesperanza o consumo, no hay que esperar.

    ¿Debo echarlo de la casa?

    Los ultimátums lanzados desde el enojo y sin plan suelen fracasar (Pillemer, 2021). Funciona mejor un acuerdo claro y sereno, con condiciones definidas para mantener la ayuda y consecuencias conocidas de antemano. Si hay consumo, violencia o riesgo, la situación cambia y conviene pedir orientación profesional antes de decidir.

    ¿Qué hago si no quiere ir al psicólogo?

    Puedes empezar tú consultando para recibir orientación y ofrecerle opciones sin presionarlo. A los 18 años o más la decisión de tratarse es suya. Suele ayudar proponer una primera sesión puntual, en línea si le da menos vergüenza, y mantener abierta la puerta sin retar. Revisa terapia online o presencial.

    ¿Es adicción a los videojuegos?

    Solo se plantea ese diagnóstico ante pérdida de control, prioridad creciente del juego, continuación pese a daños y deterioro importante, por lo general durante 12 meses (Arias Horcajadas y Orio, 2024). Muchas veces el juego es una forma de evitar la tristeza o la ansiedad, y tratar esa base reduce el juego. Una evaluación puede aclarar el orden de los síntomas.

    ¿Pasa lo mismo con una hija?

    En parte. La encuesta de juventudes muestra que entre las mujeres jóvenes que no estudian ni trabajan los cuidados pesan mucho más (33,3 % los menciona como condición para volver a buscar trabajo, frente a 4,3 % de los hombres) (INJUV, 2025). Antes de pensar en desmotivación, vale la pena preguntar por la carga de cuidado y por qué apoyos necesita.

    Si esta situación te tiene agotado o agotada, y no sabes cómo acompañar a tu hijo sin pelear, conversemos y armamos un plan para tu caso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arias Horcajadas, F., & Orio, L. (Coords.). (2024). Guía clínica sobre adicciones comportamentales basada en la evidencia. Socidrogalcohol.

    Arnett, J. J. (2023). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3rd ed.). Oxford University Press.

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., & Emery, G. (2024). Cognitive therapy of depression (2nd ed.). The Guilford Press.

    Berry, C., Hodgekins, J., French, P., Clarke, T., Shepstone, L., Barton, G., Banerjee, R., Byrne, R., Fraser, R., Grant, K., Greenwood, K., Notley, C., Parker, S., Wilson, J., Yung, A. R., & Fowler, D. (2022). Clinical and cost-effectiveness of social recovery therapy for the prevention and treatment of long-term social disability among young people with emerging severe mental illness (PRODIGY): Randomised controlled trial. The British Journal of Psychiatry, 220(3), 154-162. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.206

    Buckman, J. E. J., Stott, J., Main, N., Antonie, D. M., Singh, S., Naqvi, S. A., Aguirre, E., Wheatley, J., Cirkovic, M., Leibowitz, J., Cape, J., Pilling, S., & Saunders, R. (2023). Understanding the psychological therapy treatment outcomes for young adults who are not in education, employment, or training (NEET), moderators of outcomes, and what might be done to improve them. Psychological Medicine, 53(7), 2808-2819. https://doi.org/10.1017/s0033291721004773

    Calentino, A. E., Lawhead, C., & Klein, D. N. (2026). Failure to launch (FTL): A narrative review and call for research. Clinical Child and Family Psychology Review. https://doi.org/10.1007/s10567-026-00582-6

    Choi, S., Choi, E., & Jang, S.-Y. (2026). Intergenerational coresidence and parental depression: A discrete-time survival analysis of the “boomerang kids” phenomenon. Preventive Medicine Reports, 65, 103458. https://doi.org/10.1016/j.pmedr.2026.103458

    Dimidjian, S., Hollon, S. D., Dobson, K. S., Schmaling, K. B., Kohlenberg, R. J., Addis, M. E., Gallop, R., McGlinchey, J. B., Markley, D. K., Gollan, J. K., Atkins, D. C., Dunner, D. L., & Jacobson, N. S. (2006). Randomized trial of behavioral activation, cognitive therapy, and antidepressant medication in the acute treatment of adults with major depression. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 74(4), 658-670. https://doi.org/10.1037/0022-006X.74.4.658

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    Goldman-Mellor, S., Caspi, A., Arseneault, L., Ajala, N., Ambler, A., Danese, A., Fisher, H., Hucker, A., Odgers, C., Williams, T., Wong, C., & Moffitt, T. E. (2016). Committed to work but vulnerable: Self-perceptions and mental health in NEET 18-year olds from a contemporary British cohort. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 57(2), 196-203. https://doi.org/10.1111/jcpp.12459

    Gutiérrez-García, R. A., Benjet, C., Borges, G., Méndez Ríos, E., & Medina-Mora, M. E. (2017). NEET adolescents grown up: Eight-year longitudinal follow-up of education, employment and mental health from adolescence to early adulthood in Mexico City. European Child & Adolescent Psychiatry, 26(12), 1459-1469. https://doi.org/10.1007/s00787-017-1004-0

    Gutiérrez-García, R. A., Benjet, C., Borges, G., Méndez Ríos, E., & Medina-Mora, M. E. (2018). Emerging adults not in education, employment or training (NEET): Socio-demographic characteristics, mental health and reasons for being NEET. BMC Public Health, 18, Article 1201. https://doi.org/10.1186/s12889-018-6103-4

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    Kubo, H., Urata, H., Sakai, M., Nonaka, S., Kishimoto, J., Saito, K., Tateno, M., Kobara, K., Fujisawa, D., Hashimoto, N., Suzuki, Y., Honda, Y., Nakao, T., Otsuka, K., Kanba, S., Kuroki, T., & Kato, T. A. (2022). 3-day intervention program for family members of hikikomori sufferers: A pilot randomized controlled trial. Frontiers in Psychiatry, 13, Article 1029653. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.1029653

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    Rodwell, L., Romaniuk, H., Nilsen, W., Carlin, J. B., Lee, K. J., & Patton, G. C. (2018). Adolescent mental health and behavioural predictors of being NEET: A prospective study of young adults not in employment, education, or training. Psychological Medicine, 48(5), 861-871. https://doi.org/10.1017/s0033291717002434

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    Stea, T. H., Bertelsen, T. B., Fegran, L., Sejersted, E., Kleppang, A. L., & Fyhn, T. (2024). Interventions targeting young people not in employment, education or training (NEET) for increased likelihood of return to school or employment: A systematic review. PLOS ONE, 19(6), e0306285. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0306285

    Zhang, W., Chen, M., Feng, Y., Su, Z., Cheung, T., Jackson, T., Zhang, Q., & Xiang, Y. (2025). Epidemiology of hikikomori: A systematic review and meta-analysis of 19 studies. Psychiatry and Clinical Neurosciences, 79(4), 138-146. https://doi.org/10.1111/pcn.13768

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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