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  • Cómo Ayudar a Alguien con Ideas Suicidas: Qué Decir, Qué No y a Dónde Llamar en Chile

    Cómo Ayudar a Alguien con Ideas Suicidas: Qué Decir, Qué No y a Dónde Llamar en Chile

    Si la persona está en peligro ahora mismo (tiene un plan, un medio a mano o ya se hizo daño), no sigas leyendo: llama al 131 (SAMU) o llévala a la urgencia más cercana, y no la dejes sola. Si necesitas orientación en este momento, marca el *4141 (Línea de Prevención del Suicidio, gratuita, 24 horas) o el 600 360 7777, opción 2 (Salud Responde).

    Alguien que quieres te dijo «no quiero seguir viviendo», o lo escribió, o lo insinuó de una forma que te dejó helado. Puede ser tu pareja, tu hijo, tu madre, o un amigo que dice que se quiere morir y no sabes si va en serio. Y ahora estás buscando cómo ayudar a una persona con ideas suicidas sin empeorarlo. Esta guía responde eso en orden: qué preguntar (y por qué preguntar no empeora nada), qué decir, qué callar, cómo saber si el riesgo es inminente, a dónde llamar en Chile, y qué hacer después, cuando la urgencia pasó y queda la vida de todos los días.

    Respuesta corta. Pregunta directamente si está pensando en quitarse la vida: la evidencia muestra que preguntar no induce la idea. Escucha sin discutir ni minimizar, no prometas guardar el secreto, retira del alcance medicamentos y otros medios, y acompáñala a pedir ayuda. Si hay plan, medio o intención de actuar pronto, es una emergencia: 131 o urgencias. Para orientación 24 horas en Chile: *4141 y 600 360 7777.

    Cómo ayudar a una persona con ideas suicidas: primero, pregunta de frente

    Preguntarle a alguien si está pensando en suicidarse no siembra la idea ni la empeora, y ese mito es la primera barrera que hay que cruzar. Esa es la conclusión de una revisión de los estudios publicados en adultos y adolescentes, en población general y en personas de riesgo: ninguno encontró un aumento significativo de la ideación suicida entre quienes fueron preguntados, y los autores sugieren que hablar del tema puede incluso reducirla en quienes buscan tratamiento (Dazzi et al., 2014).

    Callar, en cambio, sí tiene un costo: la Organización Mundial de la Salud describe el tabú que impide hablar del suicidio como uno de los obstáculos para que la gente pida ayuda (OMS, 2025). El Ministerio de Salud de Chile dice lo mismo en su guía de prevención: hablar abiertamente de las ideas suicidas, sin temor, y preguntar por los motivos (MINSAL, s.f.).

    Así que la pregunta se hace, y se hace con palabras claras. No «¿no estarás pensando en hacer una tontera?» sino algo como esto:

    • «Te he notado muy mal estos días. ¿Has pensado en quitarte la vida?»
    • «Cuando dices que no quieres seguir, ¿estás pensando en morir?»
    • «¿Has llegado a pensar cómo lo harías?»

    La última pregunta importa, y más abajo verás por qué: la respuesta es lo que te dice si hay que actuar hoy o si hay tiempo para organizar la ayuda.

    Qué decir a alguien que quiere morir: frases que sí ayudan

    Lo que más ayuda no es una frase brillante, es que la persona sienta que puede contarte lo peor sin que te asustes, la juzgues o la corrijas. La guía del MINSAL lo resume en no juzgar ni reprochar, tomar en serio lo que dice, usar frases amables («Estoy aquí para ti y quisiera ayudarte») y no dejarla sola (MINSAL, s.f.).

    Algunas frases que abren la conversación en vez de cerrarla:

    Sí ayuda Por qué
    «Gracias por contármelo. Me importa lo que te pasa.» Reconoce el esfuerzo que le costó decirlo.
    «No tienes que explicarme por qué. Cuéntame cómo es para ti.» Pide la experiencia, no una justificación.
    «Me quedo contigo. Vamos a buscar ayuda juntos.» Compromiso concreto, sin promesas imposibles.
    «¿Qué te ha ayudado a aguantar hasta ahora?» Busca lo que todavía la sostiene.
    «Esto no lo vamos a resolver solos; ¿a quién más podemos llamar?» Amplía la red sin quitarle el control.

    Y escucha. De verdad: silencios incluidos. Una persona que dice que quiere morir casi siempre está diciendo, además, que no aguanta más el dolor que tiene ahora. Esa parte (el dolor) es la que puedes acompañar, y es la que la lleva a pedir ayuda.

    Qué no decir (aunque salga con buena intención)

    Casi todo lo que sale mal en estas conversaciones sale de la angustia del que escucha, que quiere que el problema desaparezca rápido. El MINSAL pide evitar la crítica, el sarcasmo y la minimización, y considerar las amenazas con seriedad (MINSAL, s.f.). En concreto, evita:

    • Minimizar: «Anímate», «no es para tanto», «tienes tanto por qué vivir». La persona ya sabe eso; si no le sirve, siente que no la entendiste.
    • Discutir o moralizar: «Piensa en tus hijos», «eso es egoísta», «cómo se te ocurre». Suma culpa a alguien que ya se siente una carga.
    • Interrogar como policía: una batería de «¿por qué?» pone a la persona a la defensiva. Pregunta por cómo se siente, no por qué.
    • Prometer secreto: «No le voy a contar a nadie». Si la vida corre peligro, esa promesa se rompe, y es mejor decirlo desde el principio: «No puedo guardarme esto si hay riesgo, porque te quiero vivo».
    • Dejarla sola «para que se calme» si hay riesgo inminente.
    • Dramatizar o entrar en pánico delante de ella. Tu calma es parte de su seguridad.
    • Describir métodos o hablar de casos ajenos con detalle. Más abajo verás por qué eso importa incluso fuera de la conversación.

    Si algo de esto ya lo dijiste, no lo conviertas en otro problema. Vuelve: «Antes te respondí mal porque me asusté. Ahora quiero escucharte».

    Cómo saber si el riesgo es inminente

    La conducta suicida va en un continuo. En el Manual de psicopatología de Belloch, Sandín y Ramos (2020) se describe desde las ideas de hacerse daño o de morir, pasando por el deseo de muerte sin un plan, la elaboración de un plan, la tentativa, y el suicidio consumado (García-Soriano, Arnáez y Roncero, 2020, p. 335). Por cada muerte por suicidio se estima que unas 20 personas lo han intentado (García-Soriano et al., 2020). Saber en qué punto de ese continuo está la persona es lo que decide qué hacer hoy.

    Tres preguntas, hechas con calma y en este orden, te dan esa información:

    1. ¿Has pensado cómo lo harías? (¿hay un plan?)
    2. ¿Tienes acceso a eso? (¿hay un medio a mano?)
    3. ¿Has pensado cuándo? (¿hay una fecha o una sensación de «pronto»?)

    Cuantas más respuestas afirmativas, más urgente. Un «sí» a las tres es una emergencia. A eso se suman las señales de alerta que lista el MINSAL (s.f.): buscar formas de herirse o amenazar con hacerlo, desesperanza, sentirse una carga, aumento del consumo de alcohol u otras drogas, cambios grandes en el sueño, aislamiento, regalar cosas queridas, despedirse o hablar como si ya no fuera a estar, sentirse atrapado o con un dolor insoportable.

    Hay condiciones que elevan el riesgo de base, y conviene tenerlas en cuenta: los trastornos mentales, en especial la depresión, el trastorno bipolar, los del espectro de la esquizofrenia y el trastorno límite de la personalidad, y en menor medida el consumo de sustancias (García-Soriano et al., 2020). Si la persona tiene depresión o un problema de consumo, las ideas suicidas no son «parte del carácter»: son una señal de que el tratamiento necesita ajustarse ahora.

    Qué hacer ahora, según lo que te respondió

    Si tiene ideas pero no plan ni intención de actuar: no es para relajarse, pero sí hay tiempo de organizar. Queda en contacto diario, pide hora con un profesional de salud mental esta semana (no «cuando pueda»), arma con ella el plan de seguridad que viene más abajo y retira del alcance lo que pueda usarse para hacerse daño.

    Si tiene un plan, o acceso a un medio, o la sensación de que va a pasar pronto: es hoy. No la dejes sola, saca del alcance el medio, y llévala a la urgencia del hospital o al SAPU/SAR más cercano. Si no puedes moverla o hay riesgo vital, llama al 131. Avisa a otra persona de confianza para no cargar esto solo.

    Si ya se hizo daño o tomó algo: 131 de inmediato, aunque «parezca poco» o ella diga que está bien. Eso lo evalúa un equipo de urgencia, no tú.

    En cualquiera de los tres casos, si no sabes cómo seguir, marca el *4141: es una línea para personas en crisis, pero también orienta a quien está acompañando.

    A dónde llamar en Chile

    Los números que siguen se verificaron en las fuentes oficiales antes de publicar esta guía. Guárdalos en el teléfono, y guárdalos también en el de la persona.

    Número Qué es Cuándo usarlo
    *4141 Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud. Gratuita y confidencial, 24 horas todos los días, atendida por psicólogas y psicólogos. Desde celulares y fijos. Crisis o emergencia de salud mental asociada al suicidio. Sirve para quien tiene las ideas y para quien la acompaña.
    600 360 7777, opción 2 Salud Responde, la línea telefónica del MINSAL. Orientación en salud mental y prevención del suicidio, 24 horas. Orientación, dudas sobre a dónde acudir, o si el *4141 no conecta.
    131 SAMU, ambulancia. Riesgo vital inmediato: ya se hizo daño, tomó algo, o va a actuar y no puedes contenerla.
    Urgencia hospitalaria / SAPU / SAR Atención presencial de urgencia. Cuando hay plan y medio, para evaluación y contención en el momento.

    Si la persona es sorda, el sitio de Salud Responde permite agendar atención en lengua de señas chilena (Ventanilla Única Social, s.f.). Si vives fuera de Chile, busca la línea de crisis de tu país; en la mayoría existe.

    Retira del alcance lo que pueda usar para hacerse daño

    Es la medida con más respaldo de todas y la más incómoda de proponer, porque suena a desconfianza. No lo es: es lo mismo que guardar el auto de alguien que bebió. Una revisión sistemática de diez años de estrategias de prevención concluyó que la evidencia sobre restringir el acceso a los medios letales es la que más se ha reforzado desde 2005, y que ninguna estrategia sola sobresale: lo que funciona es combinarlas (Zalsman et al., 2016). Una revisión paraguas de 12 revisiones sistemáticas llegó a la misma conclusión: la mayoría encontró que las medidas de restricción de medios fueron eficaces para prevenir suicidios, y recomienda priorizar los métodos más frecuentes en cada lugar (Nevarez-Flores et al., 2025).

    En la práctica, en una casa, eso significa lo que el propio MINSAL recomienda: retirar medicamentos, sustancias tóxicas y cualquier material que pueda usarse con esa finalidad (MINSAL, s.f.). Guarda con llave o saca de la casa los medicamentos (incluidos los «de todos los días», y los que ella misma toma: que otra persona administre la dosis diaria), el alcohol y, si hubiera, armas. Hazlo con ella si es posible, explicando por qué: las crisis más intensas suelen ser breves, y poner distancia entre el impulso y el medio es exactamente lo que da tiempo.

    La OMS lo incluye entre sus intervenciones prioritarias: restringir el acceso a los medios utilizados para suicidarse, como plaguicidas, armas de fuego y ciertos medicamentos (OMS, 2025).

    Armen juntos un plan de seguridad

    Un plan de seguridad es una hoja escrita, hecha con la persona (no para ella), que dice qué hacer cuando la crisis vuelva. Es una de las intervenciones mejor estudiadas: un metaanálisis de seis estudios con 3.536 participantes encontró que quienes recibieron una intervención de este tipo tuvieron un 43% menos de conducta suicida que los controles (riesgo relativo 0,57; una persona menos con conducta suicida por cada 16 tratadas). No cambió la intensidad de las ideas, y los autores lo dicen: para eso hacen falta otras intervenciones (Nuij et al., 2021). En terapia cognitivo-conductual, la seguridad de la persona es la primera prioridad del tratamiento, antes que cualquier otro objetivo, y establecer el plan de seguridad es parte de esa evaluación inicial (Tolin, 2024, p. 542).

    Un plan de seguridad, de puño y letra de la persona, suele tener estas partes:

    1. Mis señales de alarma. Pensamientos, situaciones o sensaciones que le avisan que viene una crisis («cuando dejo de contestar mensajes», «cuando pienso que soy una carga»).
    2. Lo que puedo hacer sola para bajar la intensidad. Cosas concretas y a mano: salir a caminar, ducharse, una serie, una técnica que ya le funcione.
    3. Personas y lugares que me distraen. No para hablar del problema, solo para no estar sola: un familiar, un café, una plaza.
    4. A quién le puedo pedir ayuda. Dos o tres nombres con teléfono, y que esas personas sepan que están en la lista.
    5. Profesionales y urgencias. Su psicólogo o psiquiatra, el *4141, el 600 360 7777, el 131 y la urgencia más cercana, con dirección.
    6. Cómo dejo mi entorno seguro. Qué se guardó, quién lo tiene, qué queda por hacer.

    Ojalá lo haga con un profesional; si todavía no lo tiene, empezarlo contigo es mucho mejor que nada. Una foto en el celular y una copia en la cocina.

    Y después de urgencias: el seguimiento es parte del tratamiento

    Salir de urgencias o del hospital no es el final de la crisis. El riesgo sigue alto en las semanas siguientes, y ahí es donde el acompañamiento pesa. Un metaanálisis de 60 ensayos clínicos con 22.654 personas atendidas tras una autolesión encontró algo importante para las familias: ninguna intervención iniciada en el primer mes redujo de forma significativa la repetición de autolesiones, pero la terapia de resolución de problemas se asoció a menos muertes por suicidio entre los 6 y 12 meses (OR 0,45), y las intervenciones breves con contacto de seguimiento a menos muertes después del año (OR 0,34) (Roncete et al., 2026). Traducido: lo que salva vidas no es la intervención heroica de un día, es que alguien siga en contacto.

    El MINSAL lo pone en términos concretos para quien acompaña a alguien tras un intento: mantener el tratamiento después de la hospitalización y pedir indicaciones claras al equipo antes del alta (MINSAL, s.f.). Pregunta ahí mismo: ¿quién la va a ver, cuándo, qué hacemos si vuelve a pasar en la noche?

    El tratamiento existe y funciona: ayúdala a llegar

    La psicoterapia dirigida a la suicidalidad reduce los intentos. Un metaanálisis de 56 ensayos clínicos desarmó las terapias en componentes para ver cuáles pesan: los que más se asociaron a menos intentos fueron el entrenamiento en eficacia interpersonal (RR 0,47) y en regulación emocional (RR 0,58), y el manejo de crisis con plan de seguridad estaba en dos de cada tres tratamientos eficaces (van Eijk et al., 2026). Si la persona tiene depresión, tratarla bien es en sí una medida preventiva (Zalsman et al., 2016); en cómo salir de la depresión revisamos qué tratamientos tienen respaldo.

    Tu tarea no es hacer la terapia: es que llegue. Ofrécete a buscar la hora, a acompañarla a la primera sesión, a recordarle la siguiente. Si la primera consulta no fue buena, ayúdala a cambiar de profesional en vez de abandonar.

    Si quieres prepararte mejor para acompañar, existen formaciones breves para no profesionales (los llamados «guardianes» o gatekeepers). Un metaanálisis de 16 ensayos encontró que mejoran los conocimientos y la confianza para actuar con un efecto moderado, que el beneficio decae con el tiempo si no se refresca, y que las versiones en línea funcionan (Liu et al., 2025).

    Cuídate tú también: acompañar cansa

    Vivir con alguien con ideas suicidas ocupa la cabeza entera. Una revisión sistemática de 11 estudios cualitativos con familiares describe seis temas que se repiten: el trabajo duro de manejar el riesgo, contribuir a que el familiar sobreviva, pelear con la atención profesional, estar en una posición solitaria, la presión sobre las relaciones y el deterioro del propio bienestar. La preocupación constante y la vigilancia permanente bajan el bienestar del cuidador, y los profesionales suelen pasar por alto a las familias (Hennipman-Herweijer et al., 2024). Otra revisión de 21 estudios encontró que los cuidadores informales (familia, amigos, pareja) reportan con frecuencia síntomas de depresión y ansiedad para los que reciben poca ayuda, y piden participar más en la atención (Lavers et al., 2022).

    Eso tiene dos consecuencias prácticas. Una: pide estar en el tratamiento. Que el equipo te diga qué mirar, qué hacer de noche, cuándo llamar. Dos: reparte la carga. Avisa a otras personas de confianza (la persona lo va a agradecer más de lo que teme), túrnense, y si notas que tú también te estás hundiendo, pide tu propia hora. Si el problema de fondo es un consumo, en cómo vivir con un familiar adicto hay una guía para cuidarte sin abandonarlo.

    Si hablas de esto con otros (o en redes), hazlo con cuidado

    Cómo se habla del suicidio tiene efecto sobre otras personas vulnerables que escuchan. Un metaanálisis publicado en el BMJ encontró que, tras la cobertura mediática del suicidio de una celebridad, los suicidios aumentaron un 13% en el mes siguiente y, cuando se describía el método, las muertes por ese mismo método subieron un 30%; la cobertura general del suicidio, sin esos elementos, no se asoció a más muertes (Niederkrotenthaler et al., 2020). La OMS incluye por eso educar a los medios para informar con responsabilidad entre sus intervenciones prioritarias (OMS, 2025).

    Para ti, que no eres periodista, la regla es simple: no describas métodos ni detalles, no presentes el suicidio como una solución ni como algo inexplicable, y cuando compartas algo, comparte los números de ayuda. Ese mismo cuidado vale en la conversación con la persona.

    Por qué esto importa en Chile

    En Chile, entre 2010 y 2019, el suicidio tuvo una tasa observada de 11,17 por 100.000 habitantes mayores de cinco años, y la mortalidad es cerca de cuatro veces mayor en hombres que en mujeres (MINSAL, s.f.). Entre 2000 y 2017 hubo 6.292 suicidios de adolescentes y jóvenes; la tasa en el grupo de 10 a 24 años se mantuvo en 8,5 por 100.000 sin cambios entre los dos periodos estudiados, con riesgo mayor en hombres (3,5 veces) y en las regiones de Aysén, Los Lagos, Magallanes y Los Ríos, según un estudio poblacional con registros de defunción (Araneda et al., 2021). En el mundo, más de 720.000 personas mueren por suicidio cada año y es la tercera causa de muerte entre los 15 y los 29 años (OMS, 2025).

    Detrás de cada una de esas cifras hay una conversación que alguien tuvo, o no tuvo. Si llegaste hasta aquí es porque tú la vas a tener. Si la persona es un adolescente, en cómo ayudar a una persona con depresión hay más sobre cómo hablar sin que se cierre.

    Preguntas frecuentes

    ¿Preguntarle a alguien si piensa en suicidarse puede darle la idea?

    No. Una revisión de los estudios publicados en adultos y adolescentes no encontró en ninguno un aumento de la ideación suicida por preguntar, y sugiere que hablar del tema puede reducirla (Dazzi et al., 2014). Preguntar de frente, con palabras claras, es lo que abre la conversación.

    ¿Qué le digo a alguien que me dice que se quiere morir?

    Agradece que te lo contó, dile que te importa y pregunta cómo es para él o ella, sin discutir ni minimizar. Luego pregunta si tiene un plan, acceso a un medio y cuándo. Ofrece acompañarlo a pedir ayuda y dale los números: *4141 y 600 360 7777 en Chile.

    ¿Debo guardar el secreto si me lo pide?

    No cuando hay riesgo para su vida. Dilo con cariño y desde el principio: «no puedo guardarme esto si estás en peligro». Avisar a otra persona de confianza o a un profesional no es traicionarla; es parte de mantenerla viva, y la mayoría lo agradece después.

    ¿Cuándo hay que ir a urgencias o llamar al 131?

    Cuando hay un plan concreto, acceso al medio o intención de actuar pronto, cuando ya se hizo daño o tomó algo, o cuando no puedes contenerla y quedarte con ella. Ante la duda, marca el *4141 y pide orientación: la línea también atiende a quien acompaña.

    ¿Qué hago con los medicamentos que hay en la casa?

    Guárdalos con llave o sácalos de la casa, incluidos los de uso diario y los que la persona toma; que otra persona administre la dosis. Lo mismo con el alcohol y con cualquier arma. Restringir el acceso a los medios es la medida de prevención con más respaldo (Zalsman et al., 2016; Nevarez-Flores et al., 2025).

    La persona ya pasó la crisis. ¿Puedo bajar la guardia?

    No del todo. Las semanas posteriores a una crisis o a un alta siguen siendo de riesgo, y el contacto sostenido en el tiempo se asocia a menos muertes por suicidio a largo plazo (Roncete et al., 2026). Mantén el tratamiento, el plan de seguridad y las visitas, y cuida también tu propio descanso.

    Un cierre honesto

    No vas a poder controlar lo que otra persona hace con su vida, y eso duele. Lo que sí está en tus manos es lo que dice esta guía: preguntar, escuchar, retirar los medios, llamar, acompañar y seguir ahí. Cada una de esas cosas tiene respaldo, y juntas es la diferencia que de verdad puedes hacer.

    Si la persona que te preocupa está dispuesta a hablar con un profesional, o si eres tú quien necesita apoyo para sostener esto, puedes agendar una consulta. Y si estás leyendo esto porque las ideas son tuyas: el *4141 atiende ahora, y lo que sientes tiene tratamiento.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Araneda, N., Sanhueza, P., Pacheco, G., & Sanhueza, A. (2021). Suicidio en adolescentes y jóvenes en Chile: Riesgos relativos, tendencias y desigualdades. Revista Panamericana de Salud Pública, 45, e4. https://doi.org/10.26633/rpsp.2021.4

    Dazzi, T., Gribble, R., Wessely, S., & Fear, N. T. (2014). Does asking about suicide and related behaviours induce suicidal ideation? What is the evidence? Psychological Medicine, 44(16), 3361-3363. https://doi.org/10.1017/s0033291714001299

    García-Soriano, G., Arnáez, S., & Roncero, M. (2020). Psicopatología del comportamiento y la conducta motora. En A. Belloch, B. Sandín & F. Ramos (Eds.), Manual de psicopatología (3.ª ed., Vol. 1, pp. 321-347). McGraw-Hill.

    Hennipman-Herweijer, C., Amerongen-Meeuse, J. v. N., Schaap-Jonker, H., & Boonstra, N. (2024). The experiences of living with a suicidal family member, and the impact on daily life: A systematic review and meta-aggregation. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 31(5), 883-903. https://doi.org/10.1111/jpm.13045

    Lavers, G., Andriessen, K., & Krysinska, K. (2022). A systematic review of the experiences and support needs of informal caregivers for people who have attempted suicide or experienced suicidal ideation. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(9), 5181. https://doi.org/10.3390/ijerph19095181

    Liu, H., Zheng, C., Cao, Y., Zeng, F., Chen, H., & Gao, W. (2025). Gatekeeper training for suicide prevention: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. BMC Public Health, 25(1), 1206. https://doi.org/10.1186/s12889-025-21736-1

    Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Prevención del suicidio. División de Prevención y Control de Enfermedades (DIPRECE). https://diprece.minsal.cl/prevencion-del-suicidio/

    Nevarez-Flores, A. G., Pandey, V., Angelucci, A. P., Neil, A. L., McDermott, B., & Castle, D. (2025). Means restriction for suicide prevention: An umbrella review. Acta Psychiatrica Scandinavica, 151(6), 653-667. https://doi.org/10.1111/acps.13783

    Niederkrotenthaler, T., Braun, M., Pirkis, J., Till, B., Stack, S., Sinyor, M., Tran, U. S., Voracek, M., Cheng, Q., Arendt, F., Scherr, S., Yip, P. S. F., & Spittal, M. J. (2020). Association between suicide reporting in the media and suicide: Systematic review and meta-analysis. BMJ, 368, m575. https://doi.org/10.1136/bmj.m575

    Nuij, C., van Ballegooijen, W., de Beurs, D., Juniar, D., Erlangsen, A., Portzky, G., O’Connor, R. C., Smit, J. H., Kerkhof, A., & Riper, H. (2021). Safety planning-type interventions for suicide prevention: Meta-analysis. The British Journal of Psychiatry, 219(2), 419-426. https://doi.org/10.1192/bjp.2021.50

    Organización Mundial de la Salud. (2025, 25 de marzo). Suicidio [Nota descriptiva]. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

    Roncete, G. P., Farhat, L. C., Beiram, L., Damiano, B. B. F., Bryan, C. J., Ramirez, K. L., Miguel, E. C., & Damiano, R. F. (2026). Acute-phase interventions after self-harm for preventing suicide and recurrence: A systematic review and meta-analysis. Acta Psychiatrica Scandinavica, 153(6), 610-626. https://doi.org/10.1111/acps.70085

    Tolin, D. F. (2024). Doing CBT: A comprehensive guide to working with behaviors, thoughts, and emotions (2.ª ed.). Guilford Press.

    van Eijk, N., Creemers, D., Marchand, A., de Winter, R., Schweren, L., Gilissen, R., & van Ballegooijen, W. (2026). Identifying (effective) elements in the psychological treatment of suicidality: A systematic review and meta-analysis. Journal of Affective Disorders, 407, 121806. https://doi.org/10.1016/j.jad.2026.121806

    Ventanilla Única Social. (s.f.). Línea de Prevención del Suicidio *4141. Gobierno de Chile. https://www.ventanillaunicasocial.gob.cl/ficha/310/fono-prevencion-suicidio

    Zalsman, G., Hawton, K., Wasserman, D., van Heeringen, K., Arensman, E., Sarchiapone, M., Carli, V., Höschl, C., Barzilay, R., Balazs, J., Purebl, G., Kahn, J. P., Sáiz, P. A., Lipsicas, C. B., Bobes, J., Cozman, D., Hegerl, U., & Zohar, J. (2016). Suicide prevention strategies revisited: 10-year systematic review. The Lancet Psychiatry, 3(7), 646-659. https://doi.org/10.1016/s2215-0366(16)30030-x

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico. Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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