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  • Misofonía: qué es, por qué ciertos sonidos te sacan de quicio y qué ayuda

    Misofonía: qué es, por qué ciertos sonidos te sacan de quicio y qué ayuda

    Alguien come a tu lado y el ruido de la masticación te llena de una rabia que no sabes explicar. Te tensas, dejas de escuchar la conversación, buscas una excusa para levantarte de la mesa. Después llega la culpa, porque sabes que la reacción es desproporcionada. Esa mezcla de rabia, asco y urgencia por escapar ante sonidos corrientes tiene nombre: misofonía.

    Este artículo reúne lo que dicen la definición de consenso de 2022, estudios de prevalencia de cuatro países, dos ensayos de terapia cognitivo-conductual y trabajos con niños y adolescentes. Explica qué es la misofonía, cuánta gente la tiene, con qué se asocia, qué tratamiento tiene respaldo (y cuánto) y cuándo conviene consultar. La investigación es joven y el texto señala dónde hay vacíos.

    Respuesta corta: la misofonía es una tolerancia disminuida a sonidos específicos, como masticar, sorber o respirar, que provoca rabia, asco o ansiedad intensas y deteriora la vida diaria. Pesan el patrón del sonido y su significado para quien lo oye, y el volumen cuenta poco. Suele empezar en la infancia o la adolescencia, y la terapia cognitivo-conductual es el tratamiento con más respaldo hasta ahora.

    ¿Qué es la misofonía?

    La misofonía es un trastorno de tolerancia disminuida a sonidos específicos, o a estímulos asociados a ellos. Es la definición de consenso que un comité internacional de 17 expertos acordó en 2022, después de cuatro rondas de votación (Swedo et al., 2022). Cada afirmación necesitaba el acuerdo de al menos el 80 % del comité para entrar.

    Según esa definición, los sonidos desencadenantes se viven como desagradables o angustiantes y despiertan reacciones emocionales, físicas y de conducta desproporcionadas, que la mayoría de las personas no tiene. Una vez detectado el sonido, cuesta mucho distraerse de él.

    La reacción cambia con el contexto, con el control que la persona siente tener y con su relación con quien produce el sonido. Los sonidos que uno mismo hace suelen molestar mucho menos.

    Los síntomas aparecen por primera vez en la infancia o en la primera adolescencia. A veces se la llama sensibilidad selectiva al sonido. El comité eligió la palabra «trastorno» por el malestar y el deterioro que causa, y reconoció que la evidencia todavía no alcanza para decidir si es un trastorno psiquiátrico o médico.

    ¿Qué sonidos desencadenan la misofonía y cuáles son sus síntomas?

    Los desencadenantes más frecuentes son sonidos de la boca (masticar, sorber, tragar, carraspear) y de la nariz (respirar, sorber). También aparecen golpeteos de lápiz, el teclado o pasos arrastrados, y a veces estímulos visuales, como ver a alguien mover una pierna o crujir sus nudillos.

    En 102 niños y adolescentes de 8 a 17 años, los desencadenantes más comunes fueron comer (96 %), respirar (84 %), sonidos de garganta (66 %) y golpeteos (54 %). La irritación, la agresión verbal, la evitación y el impacto en la familia estuvieron presentes en casi todos (Guzick et al., 2023).

    Las emociones principales son rabia, irritación, asco y ansiedad. El cuerpo también responde, con tensión muscular, pulso acelerado y sudor.

    En el laboratorio se ve algo parecido. Un estudio con resonancia mostró que los sonidos desencadenantes provocaban una respuesta exagerada en la ínsula anterior, una zona que ayuda a decidir qué señales del cuerpo y del entorno merecen atención, además de pulso y sudoración más altos (Kumar et al., 2017).

    Otro trabajo con 21 pacientes y 23 controles halló que videos con sonidos de labios o respiración fuerte provocaban rabia, asco y tristeza, y que esos cambios iban junto con un aumento del pulso (Schröder et al., 2019).

    Frente al desencadenante, la gente intenta evitarlo o escapar, busca que el sonido pare o lo imita para sobrellevarlo. Los estallidos verbales o físicos son raros y más frecuentes en niños (Swedo et al., 2022).

    Misofonía, hiperacusia y fonofobia: cómo distinguirlas

    Una revisión de la terminología describe cuatro condiciones de tolerancia al sonido que se confunden con facilidad y advierte que hay inconsistencias y falta de consenso entre profesiones (Henry et al., 2022).

    CondiciónQué la definePeso del volumen
    MisofoníaReacciones emocionales intensas a sonidos específicos, a menudo del cuerpo (masticar, sorber)Poco: importan el patrón y el significado del sonido
    HiperacusiaMolestia física o dolor cuando cualquier sonido llega a cierta intensidadCentral: el sonido es demasiado fuerte para esa persona
    Sensibilidad al ruidoMalestar general frente a un ambiente percibido como ruidosoPoco: depende del ambiente que la persona vive como ruidoso
    FonofobiaMiedo anticipatorio al sonido, por ejemplo a que empeore un tinnitusVariable: lo que pesa es el temor al daño o al dolor

    La hiperacusia y el tinnitus pueden convivir con la misofonía, pero son otra cosa. En 779 personas derivadas a una clínica de Ámsterdam, solo el 2 % refería tinnitus y el 1 % hiperacusia, y de 109 con audiometría, 3 tenían pérdida auditiva en un oído (Jager et al., 2020). Lo habitual es que la audición sea normal. Un chequeo auditivo sigue siendo razonable para descartar otras causas.

    ¿Qué tan común es la misofonía?

    Depende de a quién se le pregunte y de cómo se mida. Cuatro estudios con métodos distintos dan cifras entre el 5 % y casi el 20 %:

    EstudioMuestraResultado
    Wu et al. (2014)483 universitarios de EE. UU.Casi el 20 % con síntomas clínicamente significativos
    Kılıç et al. (2021)541 residentes de Ankara, Turquía12,8 % cumplía criterios de diagnóstico
    Jakubovski et al. (2022)2.519 adultos de Alemania5 % alcanzó el umbral clínico (5,9 % con otra escala)
    Vitoratou et al. (2023)Muestra representativa del Reino Unido18 % con carga significativa

    La brecha se explica por los cuestionarios, los puntos de corte y las edades de las muestras, más que por diferencias reales entre países. En las fuentes revisadas no aparecen estudios de prevalencia en Chile.

    Dos datos del estudio de Ankara merecen atención. El 78,9 % de los participantes tenía al menos un sonido que le resultaba molesto, y solo el 5,8 % de quienes cumplían criterios había consultado a un servicio de salud. Ser más joven, tener familiares con misofonía y haber consultado antes por salud mental predijeron el diagnóstico (Kılıç et al., 2021).

    ¿Cuándo una molestia con sonidos se vuelve un problema clínico?

    Que ciertos sonidos molesten es muy común. Lo que marca la diferencia clínica es cuánto limita la vida. En una encuesta en línea con 1.881 personas, 839 mostraron deterioro funcional por sus síntomas y tenían más síntomas psicológicos generales, peor regulación emocional con otras personas y peor calidad de vida que quienes no lo tenían. Las diferencias entre los grupos eran sobre todo de grado (Möllmann et al., 2023).

    Una guía práctica: la misofonía empieza a pesar cuando cambias dónde te sientas, con quién comes o a qué eventos vas por culpa de los sonidos, o cuando las reacciones dañan una relación.

    ¿Cuáles son las causas de la misofonía? ¿Es una enfermedad mental?

    Hoy la misofonía no tiene una categoría propia en la CIE-11 ni en el DSM-5-TR (Möllmann et al., 2023).

    Un estudio de 2013 con 42 pacientes describió un patrón en el que un sonido o una imagen provocaba una reacción física inmediata con rabia, asco y agresividad impulsiva, y luego obsesión con el estímulo, evitación y deterioro social. Los autores propusieron clasificarla como un trastorno psiquiátrico propio (Schröder et al., 2013).

    El consenso de 2022 la llama trastorno, sin zanjar si es psiquiátrico o médico. Tampoco incluyó mecanismos biológicos en la definición, porque la literatura todavía no los respalda. Se estudian circuitos de procesamiento auditivo, de regulación emocional y de aprendizaje (Swedo et al., 2022).

    Una encuesta a más de 300 personas indica que los síntomas suelen empezar en la infancia o la adolescencia temprana y que empeoran con el tiempo. Un tercio tenía familiares con síntomas parecidos, lo que sugiere algún componente familiar, aunque el estudio no separa herencia de ambiente. Los autores consideran poco probable que otro trastorno «real» la explique por completo (Rouw y Erfanian, 2018).

    En esa misma muestra, la mitad contó que ciertos sonidos o imágenes le producían sensaciones agradables de calma y hormigueo (ASMR). La relación entre misofonía y ASMR sigue en estudio.

    Misofonía y otros problemas: TDAH, autismo, ansiedad y TOC

    La misofonía suele venir acompañada de otros cuadros. En 779 personas derivadas a una clínica, se confirmó la misofonía en 575 (74 %). De esas, el 26 % tenía rasgos de personalidad obsesivo-compulsiva, el 10 % trastornos del ánimo, el 5 % TDAH y el 3 % condiciones del espectro autista. El perfeccionismo era casi universal (97 %) y la calidad de vida estaba muy disminuida (Jager et al., 2020).

    Con entrevistas estructuradas en 207 adultos de la comunidad, un estudio de comorbilidad encontró que los diagnósticos actuales más frecuentes eran ansiedad social, ansiedad generalizada y fobia específica. Tras controlar edad y sexo, seguían prediciendo la gravedad el trastorno límite de la personalidad, el TOC y el trastorno de pánico. Ningún problema médico se asoció (Rosenthal et al., 2022).

    En niños y adolescentes, la gravedad se relacionó con síntomas internalizantes, con conductas externalizantes y con peor calidad de vida. Su calidad de vida y sus conductas externalizantes no difirieron de las de un grupo de jóvenes con trastornos de ansiedad (Guzick et al., 2023).

    Con el autismo la relación es de rasgos. Un estudio con 142 niños y 379 adultos halló más rasgos autistas en quienes tenían misofonía que en los controles (Rinaldi et al., 2023). Si te interesa esa otra vertiente, la guía sobre autismo en mujeres adultas la desarrolla.

    Estos datos muestran qué aparece junto con qué. No dicen qué causa qué, y la misofonía puede ocurrir sin ninguno de estos cuadros.

    Tratamiento de la misofonía: cómo se trata, qué funciona y con qué límites

    El tratamiento mejor estudiado es la terapia cognitivo-conductual (TCC). La evidencia viene de pocos estudios, de un mismo grupo de investigación y con grupos de pacientes de clínicas especializadas.

    El primer estudio fue un ensayo abierto con 90 pacientes que recibieron 8 sesiones grupales cada dos semanas. El 48 % (42 pacientes) respondió, con una mejoría global clara y una reducción de al menos el 30 % en la escala de gravedad. Respondieron más quienes tenían misofonía más grave y asco. El estudio no tuvo grupo comparativo y usó una escala todavía no validada (Schröder et al., 2017).

    El primer ensayo aleatorizado incluyó a 54 pacientes con evaluador ciego, y comparó 3 meses de TCC grupal semanal con una lista de espera. La TCC redujo los síntomas (diferencia de 9,7 puntos en la escala AMISOS-R, con un efecto grande).

    El 37 % del grupo de TCC mejoró de forma clínica, frente al 0 % de la lista de espera, y el efecto se mantuvo al año. El 85 % terminó el estudio (Jager et al., 2021).

    El programa combinaba concentración en la tarea con reducción de la activación, ponerle nombre a las emociones positivas y modificar el estímulo.

    Hay límites que conviene tener presentes. Una revisión de TCC para tinnitus, hiperacusia y misofonía concluyó que para la misofonía solo hay series de casos y algunos ensayos limitados, y que faltan estudios con grupos de comparación activos para saber si la TCC supera a otros tratamientos (Aazh et al., 2019).

    El propio consenso señala que los estudios previos usaron definiciones inconsistentes y mediciones sin validar, y que por eso no se pudo comparar bien la eficacia de los distintos enfoques (Swedo et al., 2022). Una revisión de la literatura la describe como un campo pequeño pero en crecimiento (Brout et al., 2018).

    En la práctica audiológica, la desensibilización gradual al sonido y la consejería aparecen como opciones comunes (Henry et al., 2022). Tapones, auriculares o ruido de fondo se usan mucho para pasar el momento. En las fuentes revisadas no aparecen ensayos que midan si reducen la misofonía a largo plazo.

    Qué hacer mientras tanto, en casa y en el trabajo

    Estas ideas se apoyan en cómo funciona el cuadro, no en ensayos propios.

    • Habla antes de que aparezca el sonido. Como la reacción depende del control que sientes, avisar con calma a las personas cercanas («me cuesta el ruido al comer, ¿probamos música de fondo?») reduce la sorpresa.
    • Acuerda una salida sin culpa. Poder levantarte un minuto sin dar explicaciones baja la sensación de estar atrapado.
    • No evites todo. Evadir cenas, reuniones o viajes alivia hoy y empequeñece tu vida mañana. El aislamiento por evitación es una de las consecuencias descritas del cuadro (Schröder et al., 2019).
    • Trabaja la activación. Una respiración lenta y diafragmática es una forma sencilla de bajar el cuerpo cuando el sonido ya empezó, y la reducción de la activación forma parte de los programas de TCC estudiados.
    • Mira el cuadro completo. Si la rabia se desborda en otros lugares, mejorar la regulación de las emociones ayuda a que el sonido pese menos.

    Para quienes viven con alguien con misofonía: la reacción no es un capricho ni un ataque personal. Tampoco hace falta aguantarlo todo, y hablar de reglas de convivencia en un momento tranquilo suele funcionar mejor que discutir en plena comida.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Consultar tiene sentido si evitas comidas, reuniones o lugares por los sonidos, si has tenido estallidos de rabia que dañan relaciones, si te afecta en el estudio o el trabajo, o si junto con la misofonía aparecen ansiedad, ánimo bajo u obsesiones. En niños, vale la pena consultar cuando la familia entera organiza su rutina alrededor de los sonidos.

    Conviene un control auditivo si notas cambios en la audición o zumbidos. Es un paso poco frecuente: solo el 5,8 % de las personas que cumplían criterios en Ankara había consultado (Kılıç et al., 2021).

    Preguntas frecuentes

    Si dices «odio los sonidos al masticar», ¿tienes misofonía?

    No necesariamente. Muchas personas encuentran molestos algunos sonidos, y en Ankara casi 8 de cada 10 participantes tenía al menos uno. Se habla de misofonía cuando la reacción es intensa, desproporcionada y deteriora la vida: evitas situaciones, tus relaciones sufren o te cuesta funcionar.

    ¿La misofonía se cura?

    Ninguna intervención ha demostrado curarla. La TCC redujo los síntomas en un ensayo aleatorizado y el efecto se mantuvo al año, con muestras pequeñas y de clínicas especializadas. La mejoría clara alcanzó a una parte de los pacientes (48 % en el ensayo abierto, 37 % en el aleatorizado).

    ¿La misofonía es un diagnóstico oficial?

    No tiene una categoría propia en la CIE-11 ni en el DSM-5-TR. El consenso internacional de 2022 la define como trastorno y busca dar una base común para investigar y tratar, sin que eso la haya incorporado todavía a los manuales.

    ¿Misofonía e hiperacusia son lo mismo?

    No. La hiperacusia es malestar físico o dolor cuando los sonidos alcanzan cierta intensidad. En la misofonía importan el tipo de sonido y su significado, y el volumen pesa poco. Pueden convivir, pero en una gran muestra clínica solo el 1 % refería hiperacusia (Jager et al., 2020).

    ¿Misofonía y autismo están relacionados?

    Hay asociación de rasgos. Las personas con misofonía muestran más rasgos autistas que los controles (Rinaldi et al., 2023), y en una clínica de Ámsterdam el 3 % tenía condiciones del espectro autista (Jager et al., 2020). Tener misofonía no significa ser autista, y se puede ser autista sin misofonía.

    ¿A qué edad empieza la misofonía?

    Suele detectarse por primera vez en la infancia o en la primera adolescencia, y en una encuesta grande los síntomas empeoraban con el tiempo (Rouw y Erfanian, 2018; Swedo et al., 2022). El comité de 2022 aclara que el curso exacto aún se estudia por falta de seguimientos prolongados.

    Misofonía: lo que se sabe y lo que sigue abierto

    La misofonía tiene una definición de consenso, cifras que hablan de una experiencia mucho más frecuente de lo que se creía y un tratamiento, la terapia cognitivo-conductual, con resultados alentadores pero todavía poco replicados. Entender que el volumen no es el problema, y que la reacción es real y no un defecto de carácter, cambia la forma de pedir ayuda y de convivir.

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    Referencias

    Aazh, H., Landgrebe, M., Danesh, A. A., & Moore, B. C. J. (2019). Cognitive behavioral therapy for alleviating the distress caused by tinnitus, hyperacusis and misophonia: Current perspectives. Psychology Research and Behavior Management, 12, 991-1002. https://doi.org/10.2147/prbm.s179138

    Brout, J. J., Edelstein, M., Erfanian, M., Mannino, M., Miller, L. J., Rouw, R., Kumar, S., & Rosenthal, M. Z. (2018). Investigating misophonia: A review of the empirical literature, clinical implications, and a research agenda. Frontiers in Neuroscience, 12, Artículo 36. https://doi.org/10.3389/fnins.2018.00036

    Guzick, A. G., Cervin, M., Smith, E. E. A., Clinger, J., Draper, I., Goodman, W. K., Lijffijt, M., Murphy, N., Lewin, A. B., Schneider, S. C., & Storch, E. A. (2023). Clinical characteristics, impairment, and psychiatric morbidity in 102 youth with misophonia. Journal of Affective Disorders, 324, 395-402. https://doi.org/10.1016/j.jad.2022.12.083

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    Schröder, A., van Wingen, G., Eijsker, N., San Giorgi, R., Vulink, N. C., Turbyne, C., & Denys, D. (2019). Misophonia is associated with altered brain activity in the auditory cortex and salience network. Scientific Reports, 9, Artículo 7542. https://doi.org/10.1038/s41598-019-44084-8

    Swedo, S. E., Baguley, D. M., Denys, D., Dixon, L. J., Erfanian, M., Fioretti, A., Jastreboff, P. J., Kumar, S., Rosenthal, M. Z., Rouw, R., Schiller, D., Simner, J., Storch, E. A., Taylor, S., Werff, K. R. V., Altimus, C. M., & Raver, S. M. (2022). Consensus definition of misophonia: A Delphi study. Frontiers in Neuroscience, 16, Artículo 841816. https://doi.org/10.3389/fnins.2022.841816

    Vitoratou, S., Hayes, C., Uglik-Marucha, N., Pearson, O., Graham, T., & Gregory, J. (2023). Misophonia in the UK: Prevalence and norms from the S-Five in a UK representative sample. PLOS ONE, 18(3), Artículo e0282777. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0282777

    Wu, M. S., Lewin, A. B., Murphy, T. K., & Storch, E. A. (2014). Misophonia: Incidence, phenomenology, and clinical correlates in an undergraduate student sample. Journal of Clinical Psychology, 70(10), 994-1007. https://doi.org/10.1002/jclp.22098

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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