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    Hijo favorito: efectos del favoritismo de los padres

    Tu hermano llama y tu mamá contesta al primer timbre. Cuando llamas tú, queda «para después». A él le ayudaron con el pie del departamento, a ti te dijeron que te las arreglaras. Y cada vez que lo mencionas, alguien responde «no exageres, los queremos igual».

    Del otro lado hay otra versión. Eres madre o padre, ves a tu hija mayor mirarte en silencio mientras abrazas a la menor, y te cruza una pregunta incómoda: ¿tengo un hijo favorito?

    Si buscaste «hijo favorito» desde alguno de esos dos lugares, esta guía resume qué dice la investigación sobre el favoritismo de los padres. Por qué algunos hijos terminan siendo favorecidos, qué deja eso en el hijo menos favorecido, en el favorecido y en la relación entre hermanos, qué hace que duela menos y qué se puede hacer, de adulto o como madre o padre. También cuenta lo que la ciencia todavía no sabe.

    Respuesta corta: el hijo favorito de los padres existe y deja huellas medibles

    Es muy difícil que unos padres traten exactamente igual a todos sus hijos. Cuando el trato desigual se percibe como injusto, se asocia con más síntomas emocionales en la infancia, con más síntomas depresivos en la adultez y con peor relación entre hermanos. Son asociaciones consistentes, no una sentencia: depende de cuánta diferencia haya, de si se explica y de cómo se vive.

    ¿Existe de verdad el hijo favorito?

    Existe, aunque casi nunca se parece a la caricatura. McGoldrick, Garcia Preto y Carter (2015) califican de mito la idea de que unos padres puedan sentir y actuar de la misma manera con todos sus hijos: la afinidad de personalidad, el temperamento, el género, el orden de nacimiento o las expectativas del momento inclinan la balanza.

    Sentir más afinidad con un hijo es una experiencia humana frecuente. Lo que importa es qué se hace con esa afinidad y cómo la vive el resto.

    Tampoco es un fenómeno pasajero. En un seguimiento de siete años a 406 madres mayores y sus 1.514 hijos adultos, las madres tendían a preferir a los mismos hijos a lo largo del tiempo, sobre todo como cuidadores preferidos (Suitor et al., 2013).

    Lo mismo se vio en jóvenes. El hermano más cercano a sus padres en la adolescencia solía seguir siéndolo de adulto joven, y recibía más ayuda material de ellos, según un análisis de 1.470 pares de hermanos en Estados Unidos (Siennick, 2013).

    ¿Por qué los padres tienen un hijo favorito y quién suele ser?

    No hay una receta, pero la investigación muestra tendencias. Un metaanálisis de 2025 con 19.469 participantes encontró que los padres decían favorecer a las hijas, que en autonomía y control tendían a favorecer a los hermanos mayores y que los hijos responsables y amables recibían un trato más favorable (Jensen y Jorgensen-Wells, 2025).

    Factor Qué encontró la investigación Fuente
    Género Los padres decían favorecer a las hijas Jensen y Jorgensen-Wells (2025)
    Edad En autonomía y control se favorecía a los mayores; el trato difería más entre hermanos con mucha distancia de edad o de distinto sexo Jensen y Jorgensen-Wells (2025); Jensen et al. (2023)
    Personalidad Los hijos responsables y amables recibían trato más favorable Jensen y Jorgensen-Wells (2025)
    Valores En madres con hijos adultos, lo que más predecía la preferencia era la semejanza de valores, y después el género Suitor et al. (2016)
    Logros Los hitos esperables (carrera, pareja) predecían poco la preferencia Suitor et al. (2016)

    Dos matices ayudan a no sacar conclusiones demasiado rápido. El primero: los padres pueden tratar distinto, en parte, porque los hijos ya son distintos. Un metaanálisis de 13.628 participantes concluyó que parte del trato diferente tiene que ver con la distancia de edad y el sexo de los hermanos (Jensen et al., 2023). Una diferencia justificada por la edad o la necesidad no es lo mismo que una preferencia afectiva.

    El segundo matiz es el orden de nacimiento, al que se le suele atribuir mucho. Con datos de tres grandes paneles de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, Rohrer et al. (2015) no encontraron efectos duraderos del orden de nacimiento sobre los grandes rasgos de personalidad.

    Que seas el menor no significa que estés destinado a ser «el regalón», y que seas el mayor no te vuelve responsable por definición.

    Pillemer (2021), que estudió familias con distanciamiento, describe un patrón repetido: el favoritismo explícito suele dirigirse al hijo dócil y afectuoso, mientras el hijo de carácter fuerte o crítico es etiquetado como «difícil». Es una observación de casos y no una cifra, pero ayuda a entender por qué la preferencia rara vez es azar.

    Qué deja el favoritismo en el hijo menos favorecido: niñez y adolescencia

    Un metaanálisis de 2024 reunió 88 fuentes y 26.451 niños y adolescentes de entre 3 y 19 años. Ser el menos favorecido se asoció con más conductas internalizantes (tristeza, ansiedad, retraimiento) y externalizantes (rabia, desafío, problemas de conducta).

    También se asociaron con más problemas las diferencias grandes entre hermanos en el trato, sin importar quién saliera favorecido. Algunas asociaciones eran más fuertes cuando era el hijo quien informaba del trato, y otras cuando los hermanos tenían edades cercanas (Jensen y Thomsen, 2024).

    Un estudio que siguió a 133 familias en tres momentos mostró algo parecido con el paso del tiempo.

    A medida que un hijo era menos favorecido frente a su hermano, aumentaban sus problemas de conducta, y a medida que mejoraba su relación con el hermano, bajaban sus síntomas depresivos (Richmond et al., 2005).

    En 110 familias, los hermanos menores eran más vulnerables al trato diferencial, y cuando el padre y la madre no coincidían en cuánta calidez daban a cada hijo, había más malestar en la pareja (McHale et al., 1995).

    Una vía que se estudió es la de los celos. En 197 familias con adolescentes, el trato diferencial se relacionó con celos entre hermanos y, a través de ellos, con más síntomas depresivos, menor valoración de sí mismo y más conductas de riesgo (Loeser et al., 2016). Los celos serían parte del camino por el que el trato desigual termina afectando el ánimo.

    Qué deja en la adultez: el recuerdo pesa

    Lo llamativo de los estudios con adultos es que el pasado no queda atrás. En 746 hijos adultos, tanto el recuerdo de cómo trataba la madre en la infancia como la percepción actual de ser el menos favorecido en el conflicto predijeron más síntomas depresivos en la mediana edad (Peng et al., 2018). Lo que quedó en la memoria de la infancia pesa en la mediana edad.

    También se ve en adultos jóvenes. En 151 pares de hermanos con edad media de 24 años, quien recibía menos apoyo que su hermano tenía más síntomas depresivos, y mientras más diferencia de trato, menos intimidad entre hermanos (Jensen et al., 2013).

    Un estudio en China con 3.836 personas de 60 años o más encontró que cerca del 17 % refería favoritismo parental en la infancia, y que ese antecedente se asociaba de forma significativa con depresión en la vejez, más en las mujeres. La socialización, el ejercicio y la duración del sueño explicaban parte de esa asociación, y los autores sugieren que promoverlos podría ayudar (Li et al., 2025).

    Es un estudio observacional y retrospectivo, con recuerdos de décadas atrás, y de una cultura distinta, así que conviene leerlo como una pista y no como una regla.

    Para Pillemer (2021), el favoritismo es una de las causas del distanciamiento entre hijos adultos y su familia, y suele reactivarse en momentos de quiebre como el cuidado de padres mayores o el reparto de una herencia, donde el dinero pesa como señal simbólica de a quién se quiso más.

    ¿Y el hijo favorito? También paga un precio

    Ser el preferido suena a ventaja y, en parte, lo es: en 1.020 adultos de mediana edad, la relación con los padres era mejor en quienes se sentían algo favorecidos (Boll et al., 2003). Pero el cuadro tiene costos.

    En ese mismo estudio, la relación con el hermano era mejor cuando el trato era igualitario y empeoraba tanto con el favoritismo como con el desfavoritismo.

    En 725 hijos adultos, los síntomas depresivos fueron más altos entre quienes se percibían como el hijo más cercano a la madre, como el de más conflicto y como el que más la decepcionaba (Suitor et al., 2017). Los autores lo interpretan desde la comparación social: lo que pesa es destacar entre los hermanos, para bien o para mal.

    Otro análisis de 296 hijos adultos vio que la percepción propia de favoritismo materno predecía síntomas depresivos, pero solo en las hijas, y que las hijas favorecidas contaban con más frecuencia que eran las cuidadoras emocionales de la madre (Suitor et al., 2020). Ser el preferido puede traer encargos, expectativas y un lugar difícil de abandonar.

    Qué le pasa a la relación entre hermanos

    En 708 hijos adultos, tanto la percepción de favoritismo actual como el recuerdo de favoritismo en la infancia reducían la cercanía entre hermanos, sin importar quién fuera el favorecido. El recuerdo de la infancia pesaba más para la tensión entre hermanos adultos (Suitor et al., 2009).

    Otro estudio con 341 hijos adultos mostró que percibir favoritismo del padre, y no el de la madre, predecía tensión entre hermanos, más en las hijas (Gilligan et al., 2013). En los jóvenes adultos, la ayuda económica desigual de los padres predijo peor relación entre hermanos (Siennick, 2013).

    Pillemer (2021) agrega algo que cualquiera que haya vivido esto reconoce: padres y hermano preferido suelen decir con sinceridad que no entienden por qué el otro se alejó, y cada uno cuenta el pasado desde su lugar. McGoldrick et al. (2015) describen cómo los padres perpetúan la rivalidad con comparaciones, implícitas o explícitas, como elogiar siempre a uno por sus logros e ignorar los del otro.

    Si el conflicto llegó al maltrato entre hermanos, esta guía sobre bullying entre hermanos puede ayudarte a distinguirlo de la rivalidad común.

    Qué hace que el favoritismo duela menos

    La parte más útil de la investigación es la que muestra cuándo el trato diferente duele menos.

    En el estudio con adolescentes de Loeser et al. (2016), la justicia percibida cambiaba el resultado: el trato diferencial se asoció con celos y peor ajuste cuando el joven lo veía poco o medianamente justo, y con justicia percibida alta no apareció esa asociación.

    Los autores sugieren que explicar con claridad por qué se trata distinto podría reducir el daño.

    Esto encaja con una idea simple. Un hijo con una enfermedad, una etapa especial o una necesidad concreta puede recibir más tiempo o dinero sin que los demás lo vivan como favoritismo, siempre que entiendan la razón y la sientan justa. El malestar aparece cuando la diferencia parece arbitraria y afectiva.

    Los hijos y los padres, además, no siempre ven lo mismo. En 556 díadas madre-hijo y 554 padre-hijo, los hijos informaron más favoritismo parental que sus padres (Luo et al., 2020). Eso no invalida lo que sienten, pero sí invita a conversarlo antes de dar por hecho lo que el otro piensa.

    McGoldrick et al. (2015) añaden dos preguntas útiles para evaluar a la familia: si cada hijo tiene tiempo a solas con su madre o padre, y si el afecto se entrega de forma incondicional o se condiciona al rendimiento y a la obediencia.

    Si tus padres prefieren a tu hermano: qué hacer como hijo menos favorecido

    Lo que sigue es orientación clínica razonable, apoyada en lo que muestran los estudios y en lo que proponen Pillemer (2021) y McGoldrick et al. (2015). En la búsqueda hecha para esta guía no apareció ningún ensayo que pruebe que estas ideas funcionen en adultos con este problema.

    1. Pon los hechos antes que las etiquetas. Anota situaciones concretas: dinero, tiempo, permisos, elogios, castigos. Te sirve para saber si es un patrón y para hablar sin acusar. Si no logras armar la lista, también es un dato.
    2. Reconoce que el recuerdo pesa, aunque nadie más lo recuerde igual. Los estudios muestran que lo que guardas en la memoria y lo que percibes se asocia con el bienestar, haya o no un registro exacto de lo que ocurrió (Peng et al., 2018). Pillemer (2021) aconseja no gastar años en lograr que los demás acepten tu versión del pasado.
    3. Cambia la pregunta de «por qué» por «qué quiero de aquí en adelante». Pillemer (2021) propone fijar condiciones concretas y presentes: de qué temas no vas a conversar, cuánto duran las visitas, qué conductas aceptas. Un límite vago como «quiero respeto» es difícil de cumplir. Si necesitas ejemplos, mira esta guía sobre cómo poner límites.
    4. Separa el trato de tus padres de tu relación con tu hermano. El favoritismo tiende a tensar la relación entre hermanos (Suitor et al., 2009), y ese costo se suma al que ya pagaste con tus padres. Mantener un vínculo propio con tu hermano, de adulto a adulto y fuera del filtro familiar, es una opción que Pillemer (2021) también recoge.
    5. Mira tu comparación con curiosidad. Lange y Crusius (2015) distinguen una envidia benigna, que motiva a esforzarse, de una maliciosa, que busca derribar al otro. Notar cuál aparece te dice si la comparación te está moviendo o te está desgastando. Puedes revisarlo con el test de envidia sana.
    6. Cuida lo que la investigación vio como puente. En el estudio de Li et al. (2025), la socialización, el ejercicio y el sueño explicaron parte del vínculo entre favoritismo infantil y depresión. No curan nada por sí solos, pero son lo primero que se puede ordenar.
    7. Trabaja la herida, no solo el conflicto. Si el favoritismo dejó la sensación de valer menos, la guía sobre cómo mejorar la autoestima, el test de autocompasión y el texto sobre la diferencia entre culpa y vergüenza pueden acompañarte. Neff (2016) propone la autocompasión como punto de partida para perdonar y para no responder al dolor con más dolor.
    8. Si el contacto te daña, puedes reducirlo. Pillemer (2021) plantea que cuando los padres violan los límites una y otra vez, reducir el contacto o ponerlo bajo tus condiciones es una decisión legítima de autoprotección. McGoldrick et al. (2015) advierten que cortar de golpe, en pleno enojo, suele dar una autonomía aparente y no resuelve lo que duele.

    Si lo que describes se parece a tu infancia en general y no solo a un trato desigual, mira la guía sobre trauma de infancia en adultos.

    Si eres madre o padre y temes tener un hijo favorito

    Sentir más afinidad con uno de tus hijos no te convierte en mal padre o madre. Lo que la investigación mira es el trato: cuánto tiempo, cuántos elogios, cuántos permisos y cuánto dinero reciben, y cómo se vive eso en casa. Un autoexamen sin puntaje puede ayudarte:

    • ¿Con cuál de mis hijos conversé más esta semana, y por qué?
    • ¿A quién le exijo más tareas, más responsabilidad o más cuidado de los demás?
    • ¿Con quién soy más paciente cuando se equivoca?
    • ¿Qué ayuda económica o material di en el último año, y a quién?
    • ¿Qué razón podría explicar cada diferencia sin que suene a excusa?

    Estas ideas salen de los estudios y de McGoldrick et al. (2015). No hay ensayos que prueben que funcionen en familias con este problema, pero tienen sentido clínico:

    • Explica las razones. Si un hijo recibe más tiempo o dinero por una enfermedad, una etapa o una necesidad concreta, dilo en voz alta. La justicia percibida fue lo que más cambió el resultado en Loeser et al. (2016).
    • Tiempo a solas con cada hijo. McGoldrick et al. (2015) lo plantean como señal de salud familiar. No tiene que ser largo ni caro, pero sí exclusivo.
    • Evita comparar. «Tu hermana nunca hace esto» alimenta el favoritismo percibido, incluso cuando lo dices para motivar.
    • Que tu cariño no dependa de las notas ni de la obediencia. Es lo que McGoldrick et al. (2015) llaman afecto condicional.
    • Vigila el dinero cuando tus hijos sean adultos. La ayuda desigual predijo peor relación entre hermanos (Siennick, 2013). Si no puedes ayudar a todos por igual, explica por qué.
    • Pon de acuerdo al padre y a la madre. Cuando los dos difieren mucho en cómo tratan a cada hijo, hay más tensión familiar (McHale et al., 1995), y en el estudio de Gilligan et al. (2013) solo el favoritismo percibido del padre predijo tensión entre hermanos adultos.
    • Si un hijo te dice que se siente menos querido, escucha antes de defenderte. Que los hijos informen más favoritismo que los padres (Luo et al., 2020) sugiere que la percepción de ellos es información útil, aunque no coincida con tu intención.

    Si necesitas ideas para repartir mejor tu atención en la infancia, esta guía sobre cómo poner límites a los niños trae pautas de crianza.

    Lo que todavía no se sabe

    En la búsqueda hecha para esta guía no apareció ningún ensayo clínico que pruebe una intervención para reducir el impacto del favoritismo parental, ni para padres ni para hijos adultos. Tampoco apareció ningún estudio chileno ni latinoamericano sobre favoritismo parental: la evidencia es sobre todo de Estados Unidos y China.

    Casi todo es autoinforme y observacional, y los estudios con adultos son retrospectivos, así que el recuerdo puede estar teñido por el estado de ánimo actual. Por eso conviene leer las cifras como asociaciones, no como causas probadas.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Conviene consultar a un psicólogo si:

    • el recuerdo del trato desigual te produce tristeza persistente, rabia que no baja o problemas de sueño;
    • sientes que vales menos que tus hermanos y eso afecta tu trabajo, tu pareja o tus decisiones;
    • el conflicto con tu familia se repite y no logras cambiar tu forma de reaccionar;
    • eres madre o padre y notas que el trato desigual ya genera peleas, celos intensos o retraimiento en tus hijos;
    • el contacto familiar incluye humillación, insultos o amenazas, situaciones que requieren atención por sí solas.

    La terapia individual puede trabajar la comparación, la autoestima y los límites con la familia de origen. La terapia familiar o de pareja puede ayudar a que padres e hijos hablen de lo que hasta ahora se evitaba.

    Si alguna vez piensas en hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio del MINSAL, *4141, gratuita desde celulares y disponible las 24 horas. Para ideas generales de crianza, la American Psychological Association mantiene una sección de recursos.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal que los padres tengan un hijo favorito?

    Es frecuente sentir más afinidad con un hijo que con otro, porque influyen la personalidad, el temperamento, la edad o las expectativas (McGoldrick et al., 2015). Hace daño el trato desigual que los demás perciben como injusto. Reconocer la afinidad ayuda a que no se note en el trato.

    ¿Cómo saber si mis padres tienen un hijo favorito o lo estoy imaginando?

    Anota hechos concretos: tiempo, dinero, permisos, elogios, castigos. Los hijos suelen percibir más favoritismo que sus padres (Luo et al., 2020), y la percepción también afecta el bienestar (Peng et al., 2018). Si hay un patrón repetido, conversarlo con calma es más útil que discutir quién tiene razón.

    ¿Qué consecuencias tiene ser el hijo menos favorecido?

    Los estudios asocian ser el menos favorecido con más síntomas emocionales y conductuales en la infancia (Jensen y Thomsen, 2024), más síntomas depresivos en la adultez (Jensen et al., 2013; Peng et al., 2018) y peor relación con los hermanos (Suitor et al., 2009). Son asociaciones, no sentencias: dependen del contexto y se pueden trabajar.

    ¿El hijo favorito también sufre?

    Puede ser. El favorecido suele tener mejor relación con los padres (Boll et al., 2003), pero la relación con los hermanos empeora, y algunos estudios hallan más síntomas depresivos entre quienes se sienten el hijo más cercano a la madre (Suitor et al., 2017). En las hijas favoritas aparece además la carga de ser cuidadoras emocionales (Suitor et al., 2020).

    ¿Qué puedo hacer si mis padres prefieren a mi hermano?

    Pon por escrito los hechos, define qué quieres de ellos hoy y no qué quieres que reconozcan del pasado, y pon límites concretos. Cuida tu sueño, tu movimiento y tu vida social, que fueron puentes en la investigación. Si el malestar persiste, la terapia individual te puede acompañar.

    Elige una conversación o un gesto

    No hace falta resolver años de historia de una vez. Si eres hijo, elige una situación concreta y escribe qué te gustaría pedir. Si eres madre o padre, elige un hijo y regálale esta semana una hora a solas, sin comparaciones ni pantallas. En cualquiera de los dos casos, si quieres revisar cómo se vive esto en tu familia, puedes escribirnos por la página de contacto.

    Referencias

    Boll, T., Ferring, D., & Filipp, S.-H. (2003). Perceived parental differential treatment in middle adulthood: Curvilinear relations with individuals’ experienced relationship quality to sibling and parents. Journal of Family Psychology, 17(4), 472-487. https://doi.org/10.1037/0893-3200.17.4.472

    Gilligan, M., Suitor, J. J., Kim, S., & Pillemer, K. (2013). Differential effects of perceptions of mothers’ and fathers’ favoritism on sibling tension in adulthood. The Journals of Gerontology: Series B, 68(4), 593-598. https://doi.org/10.1093/geronb/gbt039

    Jensen, A. C., & Jorgensen-Wells, M. A. (2025). Parents favor daughters: A meta-analysis of gender and other predictors of parental differential treatment. Psychological Bulletin, 151(1), 33-47. https://doi.org/10.1037/bul0000458

    Jensen, A. C., & Thomsen, A. E. (2024). Parental differential treatment of siblings linked with internalizing and externalizing behavior: A meta-analysis. Child Development, 95(4), 1384-1405. https://doi.org/10.1111/cdev.14091

    Jensen, A. C., Jorgensen-Wells, M. A., Andrus, L. E., Pickett, J. M., Leiter, V. K., Hadlock, M. E. B., & Dayley, J. C. (2023). Sibling differences and parents’ differential treatment of siblings: A multilevel meta-analysis. Developmental Psychology, 59(4), 644-654. https://doi.org/10.1037/dev0001406

    Jensen, A. C., Whiteman, S. D., Fingerman, K. L., & Birditt, K. S. (2013). “Life still isn’t fair”: Parental differential treatment of young adult siblings. Journal of Marriage and Family, 75(2), 438-452. https://doi.org/10.1111/jomf.12002

    Lange, J., & Crusius, J. (2015). Dispositional envy revisited: Unraveling the motivational dynamics of benign and malicious envy. Personality and Social Psychology Bulletin, 41(2), 284-294. https://doi.org/10.1177/0146167214564959

    Li, D., Li, Z., Zhang, W., Ge, H., Su, M., & Guo, X. (2025). Association of parental favouritism in childhood and depression in old age: A longitudinal survey. Journal of Global Health, 15, Article 04343. https://doi.org/10.7189/jogh.15.04343

    Loeser, M. K., Whiteman, S. D., & McHale, S. M. (2016). Siblings’ perceptions of differential treatment, fairness, and jealousy and adolescent adjustment: A moderated indirect effects model. Journal of Child and Family Studies, 25(8), 2405-2414. https://doi.org/10.1007/s10826-016-0429-2

    Luo, R., Chen, F., Yuan, C., Ma, X., & Zhang, C. (2020). Parent-child discrepancies in perceived parental favoritism: Associations with children’s internalizing and externalizing problems in Chinese families. Journal of Youth and Adolescence, 49(1), 60-73. https://doi.org/10.1007/s10964-019-01148-2

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    McHale, S. M., Crouter, A. C., McGuire, S. A., & Updegraff, K. A. (1995). Congruence between mothers’ and fathers’ differential treatment of siblings: Links with family relations and children’s well-being. Child Development, 66(1), 116-128. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.1995.tb00859.x

    Neff, K. (2016). Sé amable contigo mismo: El poder de la compasión hacia uno mismo. Planeta.

    Peng, S., Suitor, J. J., & Gilligan, M. (2018). The long arm of maternal differential treatment: Effects of recalled and current favoritism on adult children’s psychological well-being. The Journals of Gerontology: Series B, 73(6), 1123-1132. https://doi.org/10.1093/geronb/gbw105

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avid Reader Press.

    Richmond, M. K., Stocker, C. M., & Rienks, S. L. (2005). Longitudinal associations between sibling relationship quality, parental differential treatment, and children’s adjustment. Journal of Family Psychology, 19(4), 550-559. https://doi.org/10.1037/0893-3200.19.4.550

    Rohrer, J. M., Egloff, B., & Schmukle, S. C. (2015). Examining the effects of birth order on personality. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(46), 14224-14229. https://doi.org/10.1073/pnas.1506451112

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    Suitor, J. J., Gilligan, M., Peng, S., Con, G., Rurka, M., & Pillemer, K. (2016). My pride and joy? Predicting favoritism and disfavoritism in mother-adult child relations. Journal of Marriage and Family, 78(4), 908-925. https://doi.org/10.1111/jomf.12288

    Suitor, J. J., Gilligan, M., Peng, S., Jung, J. H., & Pillemer, K. (2017). Role of perceived maternal favoritism and disfavoritism in adult children’s psychological well-being. The Journals of Gerontology: Series B, 72(6), 1054-1066. https://doi.org/10.1093/geronb/gbv089

    Suitor, J. J., Gilligan, M., & Pillemer, K. (2013). Continuity and change in mothers’ favoritism toward offspring in adulthood. Journal of Marriage and Family, 75(5), 1229-1247. https://doi.org/10.1111/jomf.12067

    Suitor, J. J., Gilligan, M., Rurka, M., & Hou, Y. (2020). Roles of egos’ and siblings’ perceptions of maternal favoritism in adult children’s depressive symptoms: A within-family network approach. Network Science, 8(2), 271-289. https://doi.org/10.1017/nws.2019.31

    Suitor, J. J., Sechrist, J., Plikuhn, M., Pardo, S. T., Gilligan, M., & Pillemer, K. (2009). The role of perceived maternal favoritism in sibling relations in midlife. Journal of Marriage and Family, 71(4), 1026-1038. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2009.00650.x

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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