Etiqueta: falta de deseo sexual

  • Falta de deseo sexual en la menopausia: causas y qué ayuda

    Falta de deseo sexual en la menopausia: causas y qué ayuda

    Antes tenías ganas con cierta regularidad y ahora casi no aparecen. Quizás empezó con la perimenopausia, quizás después de una cirugía o de un año de sueño malo, y lo que más pesa es la pregunta de fondo: ¿esto es la edad, son las hormonas, o pasa algo con mi pareja o conmigo?

    Esta guía ordena lo que la investigación ha medido sobre el deseo sexual en la menopausia: qué lo baja (hormonas, dolor, ánimo, pareja, creencias sobre el cuerpo), qué hace cada tratamiento y cuánto aporta, y qué puedes probar desde esta semana. Donde la evidencia es débil, lo decimos.

    Respuesta corta: el deseo suele bajar en la menopausia, pero las hormonas explican solo una parte. Pesan igual o más el dolor al tener sexo, el ánimo, el sueño, ciertos medicamentos, la pareja y lo que piensas de tu cuerpo y tu edad. Que baje el deseo se vuelve un problema cuando te genera malestar, y para eso hay opciones médicas y psicológicas con respaldo.

    ¿Es normal que baje el deseo sexual en la menopausia?

    Sí, es de lo más común en esta etapa. En la cohorte SWAN, que siguió a 1.390 mujeres durante 14 años y medio, el funcionamiento sexual no cambió hasta unos 20 meses antes de la última regla. Desde ahí bajó hasta un año después y siguió descendiendo, más despacio (Avis et al., 2017). La caída parte en plena perimenopausia, antes de que la regla se detenga.

    Los números de deseo bajo son altos. En una encuesta nacional con 2.207 mujeres estadounidenses de 30 a 70 años, el deseo bajo iba de 26,7 % entre las premenopáusicas a 52,4 % entre las menopáusicas naturales (West et al., 2008).

    Pero tener poco deseo y vivirlo como un problema son cosas distintas. Una revisión sobre el trastorno de deseo hipoactivo (poco deseo más malestar) lo estima en 8,9 % de las mujeres de 18 a 44 años, 12,3 % entre los 45 y 64 y 7,4 % pasados los 65. Con la edad el deseo baja más, pero el malestar disminuye (Parish & Hahn, 2016).

    Brotto (2022) lo resume así: solo una de cada tres mujeres con poco deseo se siente afectada por ello.

    Si no te incomoda, no hay nada que corregir. Si te pesa, hay bastante por hacer, y conviene partir por entender qué lo está frenando. Para el deseo bajo en general, sin foco en esta etapa, tienes falta de deseo sexual: por qué no tengo ganas.

    ¿Por qué baja el deseo? Las hormonas cuentan, pero no explican todo

    Es la primera explicación que se piensa, y la evidencia la matiza.

    Un seguimiento de ocho años a mujeres australianas de 45 a 55 años midió hormonas y factores de la relación a la vez. La respuesta sexual se predecía por la función sexual previa, los cambios de situación de pareja, lo que sentían por su pareja y el nivel de estradiol. Los autores concluyeron que la función previa y los factores de la relación pesaban más que las hormonas (Dennerstein et al., 2005).

    Hall y Binik (2020) agregan un dato incómodo para la idea de «me falta testosterona»: los estudios poblacionales no encuentran una relación consistente entre la testosterona en sangre y el deseo en mujeres. Por eso medirla no sirve para diagnosticar el deseo bajo.

    Brotto (2018) revisa estudios en los que las actitudes hacia el envejecimiento pesaban más que los cambios hormonales. Nagoski (2015) llega a una idea parecida: el estrés, la autocompasión y el contexto mueven el deseo más que cualquier suplemento.

    Una advertencia para no simplificar. En SWAN, ni la sequedad vaginal ni el uso de lubricante ni los síntomas de depresión o ansiedad explicaron por sí solos la caída (Avis et al., 2017). Eso no los descarta en tu caso. Muestra que ninguna causa alcanza para explicar a todas, y que casi siempre se suman varias.

    Las que más se repiten en la literatura:

    • Dolor o molestia al tener relaciones.
    • Ánimo bajo, ansiedad y estrés sostenido.
    • Sueño interrumpido por sofocos (más en sueño y menopausia).
    • Antidepresivos y otros medicamentos.
    • Una relación con resentimiento, rutina o un problema sexual en la pareja.
    • Una cirugía: en SWAN, el funcionamiento sexual bajó después de la histerectomía (Avis et al., 2017).
    • Creencias y vergüenza sobre el cuerpo y la edad.

    ¿Por qué duele tener sexo en la menopausia y cómo afecta el deseo?

    Es el freno que más se pasa por alto. Con la baja de estrógenos, los tejidos de la vulva, la vagina y la uretra se adelgazan y lubrican menos. El conjunto se llama síndrome genitourinario de la menopausia e incluye sequedad, ardor, falta de lubricación, molestia o dolor al tener sexo y síntomas urinarios (Portman & Gass, 2014).

    Es muy común. En un estudio con 1.480 mujeres posmenopáusicas sexualmente activas, 57 % tenía atrofia vulvovaginal y 55 % alguna disfunción sexual. Las mujeres con disfunción sexual tenían 3,84 veces más probabilidad de presentar atrofia que las demás (Levine et al., 2008).

    El dolor apaga el deseo por un camino que se refuerza solo. Hall y Binik (2020), Nagoski (2015, 2024) y Brotto (2022) describen la misma secuencia:

    1. El sexo duele o arde.
    2. Empiezas a anticipar el dolor y el cuerpo se tensa antes de tocarte.
    3. Evitas las caricias para no «dar señales».
    4. Sin contacto, el deseo que aparece al tocar deja de aparecer.
    5. Con menos excitación hay menos lubricación y el siguiente encuentro duele más.

    Si te reconoces ahí, tienes más contexto en dolor en las relaciones sexuales. Y la salida suele ser concreta.

    ¿Qué ayuda cuando el problema es la sequedad y el dolor?

    Se parte por lo simple y se sube de nivel si no alcanza:

    • Lubricante en cada encuentro, a base de agua o silicona (Nagoski, 2015, 2024; Hall & Binik, 2020).
    • Humectante vaginal varias veces por semana, también cuando no hay sexo, para mantener el tejido hidratado (Hall & Binik, 2020).
    • Estrógeno vaginal con receta, cuando lo anterior no basta. Una revisión sistemática de 44 estudios encontró que, frente a placebo, mejora la sequedad y el dolor al tener sexo, que los distintos productos funcionan de forma similar y que la hiperplasia y el cáncer de endometrio fueron extremadamente raros. Con dos o más síntomas el estrógeno mejoró bastante más que los humectantes; con uno solo y leve, el resultado fue parecido (Rahn et al., 2014).
    • DHEA vaginal (prasterona) con receta. En un ensayo con 482 mujeres posmenopáusicas con dolor moderado a intenso, 12 semanas de DHEA mejoraron todas las áreas de la función sexual frente a placebo, incluidos el deseo (+0,24 puntos en el cuestionario FSFI) y el dolor (+0,62) (Labrie et al., 2015).

    La decisión sobre cualquier producto con receta es con tu médica o ginecólogo. Si tuviste cáncer de mama o hay otra condición de salud, esa conversación incluye a tu equipo tratante.

    ¿Cómo influyen el ánimo, los medicamentos, la pareja y la imagen corporal?

    Ánimo, sueño y estrés

    La depresión y la ansiedad se asocian a menos deseo, y Hall y Binik (2020) recomiendan evaluarlas antes de atribuir todo a la menopausia. Si hace meses duermes mal, estás agotada o no disfrutas de casi nada, vale la pena mirarlo por separado: tratar el ánimo suele ser lo primero.

    Medicamentos

    Algunos antidepresivos reducen el deseo. Un metaanálisis encontró más disfunción sexual que con placebo con sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina, fluoxetina y otros, y sin diferencia con bupropión, mirtazapina y agomelatina (Serretti & Chiesa, 2009). Si el deseo cayó cuando empezaste o subiste un medicamento, coméntalo con quien lo indicó. No lo suspendas por tu cuenta.

    La relación de pareja

    En el estudio de Dennerstein et al. (2005), lo que sentían por su pareja pesó más que el nivel de estradiol.

    Los McCarthy (2019) describen un patrón frecuente: cuando el hombre tiene problemas de erección, suele alejarse de toda caricia por vergüenza, y ella lo interpreta como rechazo. Hall y Binik (2020) señalan que la duración de la relación y la rutina golpean más el deseo femenino que el masculino.

    El resentimiento y el sexo «por cumplir» también apagan el deseo (McCarthy & McCarthy, 2019). Si lo que vives es que tu pareja se alejó de ti, mira mi pareja no me desea como antes.

    El cuerpo y lo que se cree sobre envejecer

    Mirarte desde afuera durante la intimidad (“¿se me nota la guata?”) consume la atención que necesitas para registrar lo que sientes. Brotto (2018) lo llama spectatoring y Nagoski (2015) muestra cómo la autocrítica corporal activa los frenos del deseo. A eso se suma la creencia de que envejecer acaba con el deseo: Brotto (2018) revisa estudios donde esa creencia pesaba más que las hormonas, y es una idea que se puede revisar.

    ¿Qué diferencia hay entre deseo espontáneo y deseo responsivo?

    Muchas mujeres esperan sentir ganas antes de empezar, como en los primeros años de la relación. Ese deseo espontáneo, el que llega «de la nada», tiende a disminuir con la edad y con la duración de la pareja.

    El deseo responsivo funciona al revés: se parte desde la neutralidad y las ganas aparecen después de que el contacto y la excitación empiezan (modelo de Basson, descrito por Brotto, 2018, y Nagoski, 2015). Lo desarrollamos en deseo sexual responsivo.

    Esto cambia lo que significa «tener poco deseo». Según los criterios del DSM-5 (APA, 2013), el diagnóstico de trastorno de interés y excitación sexual pide al menos tres de seis síntomas durante seis meses, con malestar clínicamente significativo. Si no tienes ganas espontáneas pero te excitas y disfrutas una vez que empiezas, y no te angustia, no cumples ese cuadro (Brotto & Velten, en Hall & Binik, 2020).

    ¿Ayuda la terapia hormonal para recuperar el deseo?

    Puede ayudar en algunos casos, con un efecto de tamaño pequeño a moderado. La revisión Cochrane de 27 ensayos con 16.393 mujeres encontró que los estrógenos solos, en mujeres con síntomas o en la posmenopausia temprana (hasta cinco años desde la última regla), mejoraban la función sexual (diferencia media estandarizada de 0,38; evidencia de alta calidad), sobre todo el dolor.

    En mujeres posmenopáusicas sin selección por síntomas el efecto fue compatible con ninguno o muy pequeño. La tibolona y los moduladores selectivos de receptores de estrógenos no mostraron un efecto importante (Nastri et al., 2013).

    Dos límites de esa revisión: 18 de los 27 estudios tenían alto riesgo de sesgo y 20 recibieron financiamiento comercial, y ninguno incluyó solo a mujeres con disfunción sexual.

    La testosterona es un caso aparte. Un metaanálisis de 7 ensayos con 3.035 participantes en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo encontró más episodios sexuales satisfactorios, más deseo y menos malestar que con placebo, a cambio de más acné y vello. Sin diferencias en eventos adversos graves, pero con evidencia solo de corto plazo (Achilli et al., 2017). Es una decisión médica individual, y la testosterona en sangre no sirve para decidirla.

    ¿Qué ayuda desde la psicología y la terapia sexual?

    Hay buena evidencia para el deseo bajo femenino en general, aunque pocos estudios son exclusivos de la menopausia. Un metaanálisis de 20 ensayos mostró que las intervenciones psicológicas para disfunciones sexuales mejoraban los síntomas (d = 0,58) y la satisfacción sexual (d = 0,47), con buena evidencia para el deseo hipoactivo femenino (Frühauf et al., 2013).

    Otro metaanálisis de 11 ensayos con 449 mujeres encontró mejoras de tamaño moderado con terapias basadas en mindfulness (Stephenson & Kerth, 2017).

    Entre los ensayos más recientes:

    • En un ensayo con 148 mujeres con trastorno de interés y excitación sexual, ocho sesiones grupales de terapia cognitiva basada en mindfulness mejoraron deseo y excitación con efectos grandes que se mantuvieron a los 12 meses. El grupo de educación sexual también mejoró; el malestar, la satisfacción con la relación y la rumiación mejoraron más con mindfulness (Brotto et al., 2021).
    • Un ensayo con 266 mujeres probó terapia sexual cognitivo-conductual o basada en mindfulness por internet, con acompañamiento: ambas mejoraron deseo y malestar frente a lista de espera. Menos de una de cada cuatro alcanzó un cambio clínicamente significativo en deseo (Velten et al., 2024).
    • En un estudio piloto con mujeres de 45 años o más con poco deseo, un grupo virtual de mindfulness redujo el malestar sexual, aunque la función sexual no cambió de forma significativa. Es un estudio pequeño, de factibilidad (Thomas et al., 2023).

    Lo honesto: ayuda a muchas, no a todas, y rara vez en un par de semanas.

    ¿Cómo recuperar el deseo sexual en la menopausia? Cinco pasos para esta semana

    Estas ideas vienen de Brotto (2018, 2022), Nagoski (2015, 2024) y McCarthy y McCarthy (2019), y se pueden combinar con los tratamientos médicos.

    1. Anota durante dos semanas cuándo aparece el deseo, cuándo no y si algo duele. Un patrón claro orienta más que una impresión general.
    2. Resuelve primero el dolor. Lubricante en cada encuentro, humectante varias veces por semana y, si no alcanza, consulta por estrógeno o DHEA vaginal.
    3. Cambia la meta del encuentro. Acuerden un período sin penetración ni orgasmo obligatorio, con sesiones de caricias de 20 a 30 minutos, primero sin zonas genitales y después con ellas (sensate focus). Se quita la presión y el cuerpo vuelve a asociar el contacto con algo seguro.
    4. Baja los frenos. Duerme lo que puedas, reparte la carga mental y completa el ciclo del estrés con ejercicio, respiración lenta o un abrazo largo (Nagoski, 2015). El deseo necesita un contexto donde sentirse a gusto.
    5. Habla con tu pareja fuera del dormitorio, con curiosidad y sin reproches: qué te gusta ahora, qué cambió, qué necesitas. Es mejor que esperar a que adivine (Brotto, 2018).

    Si prefieres hacerlo con guía profesional, terapia sexual: qué es y cómo funciona explica cómo es el proceso.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Consulta con ginecología o medicina general si hay dolor que se repite o persiste, sangrado después de tener sexo, ardor, picazón o flujo inusual, o si los lubricantes y humectantes no alcanzan. Consulta con salud mental si hay ánimo bajo, ansiedad intensa o el deseo se apagó junto con las ganas de casi todo.

    También vale la pena una consulta con un psicólogo o psicóloga cuando el deseo bajo te genera malestar, afecta la relación o llevas meses sin saber cómo trabajarlo. La Organización Mundial de la Salud describe la menopausia como parte natural del envejecimiento, incluye la sequedad vaginal y el dolor al tener relaciones entre sus síntomas, y señala que el bienestar sexual de las mujeres menopáusicas se pasa por alto en muchos países.

    Si quieres revisar tu caso con acompañamiento, puedes escribirnos desde la página de contacto. El enfoque habitual combina psicoeducación, ejercicios de atención plena y trabajo en pareja, en coordinación con tu ginecóloga o médico cuando hace falta.

    Preguntas frecuentes

    ¿A qué edad baja el deseo sexual en la menopausia?

    Suele empezar en la perimenopausia. En el estudio SWAN el funcionamiento sexual empezó a descender unos 20 meses antes de la última regla y siguió bajando después, más despacio (Avis et al., 2017). No todas lo viven igual: la función sexual previa y la relación de pareja influyen tanto o más que las hormonas (Dennerstein et al., 2005).

    ¿La terapia hormonal devuelve el deseo sexual?

    Puede mejorar la función sexual, sobre todo el dolor, en mujeres con síntomas o en la posmenopausia temprana, con un efecto pequeño a moderado. En mujeres posmenopáusicas sin esa selección el efecto fue muy pequeño o nulo (Nastri et al., 2013). La decisión se toma con tu médica según tu historia de salud.

    ¿Es normal no tener ganas de sexo después de la menopausia?

    Es frecuente, y no es un trastorno si no te genera malestar. Muchas mujeres pasan del deseo espontáneo al responsivo: las ganas aparecen cuando empieza el contacto. Solo se habla de un trastorno cuando hay varios síntomas durante al menos seis meses y malestar clínicamente significativo (APA, 2013).

    ¿Los lubricantes y humectantes sirven para recuperar el deseo?

    Sirven para tratar la sequedad y el dolor, que son frenos frecuentes del deseo. Con síntomas leves, un humectante puede dar un resultado parecido al del estrógeno vaginal; con varios síntomas, el estrógeno mejoró más (Rahn et al., 2014). Quitar el dolor no asegura que vuelvan las ganas, pero las deja de bloquear.

    ¿Existe una pastilla o testosterona para el deseo en la menopausia?

    Los ensayos con testosterona transdérmica en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo mostraron más episodios satisfactorios y más deseo que el placebo, con acné y vello como efectos más frecuentes que con placebo y solo evidencia de corto plazo (Achilli et al., 2017). Es una decisión médica individual y no reemplaza revisar dolor, ánimo, medicamentos y pareja.

    ¿La falta de deseo en la menopausia afecta a la pareja?

    Puede. Cuando una de las dos personas evita las caricias para no «encender» algo que no quiere continuar, la otra suele sentirlo como rechazo, y el distanciamiento se alimenta solo (McCarthy & McCarthy, 2019). Hablarlo con calma y recuperar el contacto sin exigencia de penetración suele ser lo que primero desarma ese círculo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Achilli, C., Pundir, J., Ramanathan, P., Sabatini, L., Hamoda, H., & Panay, N. (2017). Efficacy and safety of transdermal testosterone in postmenopausal women with hypoactive sexual desire disorder: A systematic review and meta-analysis. Fertility and Sterility, 107(2), 475-482.e15. https://doi.org/10.1016/j.fertnstert.2016.10.028

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.

    Avis, N. E., Colvin, A., Karlamangla, A. S., Crawford, S., Hess, R., Waetjen, L. E., Brooks, M., Tepper, P. G., & Greendale, G. A. (2017). Change in sexual functioning over the menopausal transition: Results from the Study of Women’s Health Across the Nation. Menopause, 24(4), 379-390. https://doi.org/10.1097/gme.0000000000000770

    Brotto, L. A. (2018). Better sex through mindfulness: How women can cultivate desire. Greystone Books.

    Brotto, L. A. (2022). The better sex through mindfulness workbook. Greystone Books.

    Brotto, L. A., Zdaniuk, B., Chivers, M. L., Jabs, F., Grabovac, A., Lalumière, M. L., Weinberg, J., Schonert-Reichl, K. A., & Basson, R. (2021). A randomized trial comparing group mindfulness-based cognitive therapy with group supportive sex education and therapy for the treatment of female sexual interest/arousal disorder. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 89(7), 626-639. https://doi.org/10.1037/ccp0000661

    Dennerstein, L., Lehert, P., & Burger, H. (2005). The relative effects of hormones and relationship factors on sexual function of women through the natural menopausal transition. Fertility and Sterility, 84(1), 174-180. https://doi.org/10.1016/j.fertnstert.2005.01.119

    Frühauf, S., Gerger, H., Schmidt, H. M., Munder, T., & Barth, J. (2013). Efficacy of psychological interventions for sexual dysfunction: A systematic review and meta-analysis. Archives of Sexual Behavior, 42(6), 915-933. https://doi.org/10.1007/s10508-012-0062-0

    Hall, K. S. K., & Binik, Y. M. (Eds.). (2020). Principles and practice of sex therapy (6th ed.). Guilford Press.

    Labrie, F., Derogatis, L., Archer, D. F., Koltun, W., Vachon, A., Young, D., Frenette, L., Portman, D., Montesino, M., Côté, I., Parent, J., Lavoie, L., Beauregard, A., Martel, C., Vaillancourt, M., Balser, J., & Moyneur, É. (2015). Effect of intravaginal prasterone on sexual dysfunction in postmenopausal women with vulvovaginal atrophy. The Journal of Sexual Medicine, 12(12), 2401-2412. https://doi.org/10.1111/jsm.13045

    Levine, K. B., Williams, R. E., & Hartmann, K. E. (2008). Vulvovaginal atrophy is strongly associated with female sexual dysfunction among sexually active postmenopausal women. Menopause, 15(4), 661-666. https://doi.org/10.1097/gme.0b013e31815a5168

    McCarthy, B., & McCarthy, E. (2019). Rekindling desire: A step-by-step program to help low-sex and no-sex marriages (3rd ed.). Routledge.

    Nagoski, E. (2015). Come as you are: The surprising new science that will transform your sex life. Simon & Schuster.

    Nagoski, E. (2024). Come together: The science (and art!) of creating lasting sexual connections. Ballantine Books.

    Nastri, C. O., Lara, L. A., Ferriani, R. A., Rosa-e-Silva, A. C. J. S., Figueiredo, J. B. P., & Martins, W. P. (2013). Hormone therapy for sexual function in perimenopausal and postmenopausal women. Cochrane Database of Systematic Reviews, (6), Article CD009672. https://doi.org/10.1002/14651858.CD009672.pub2

    Parish, S. J., & Hahn, S. R. (2016). Hypoactive sexual desire disorder: A review of epidemiology, biopsychology, diagnosis, and treatment. Sexual Medicine Reviews, 4(2), 103-120. https://doi.org/10.1016/j.sxmr.2015.11.009

    Portman, D. J., & Gass, M. L. S. (2014). Genitourinary syndrome of menopause: New terminology for vulvovaginal atrophy from the International Society for the Study of Women’s Sexual Health and the North American Menopause Society. Menopause, 21(10), 1063-1068. https://doi.org/10.1097/gme.0000000000000329

    Rahn, D. D., Carberry, C., Sanses, T. V., Mamik, M. M., Ward, R. M., Meriwether, K. V., Olivera, C. K., Abed, H., Balk, E. M., & Murphy, M. (2014). Vaginal estrogen for genitourinary syndrome of menopause: A systematic review. Obstetrics & Gynecology, 124(6), 1147-1156. https://doi.org/10.1097/aog.0000000000000526

    Serretti, A., & Chiesa, A. (2009). Treatment-emergent sexual dysfunction related to antidepressants: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychopharmacology, 29(3), 259-266. https://doi.org/10.1097/jcp.0b013e3181a5233f

    Stephenson, K. R., & Kerth, J. (2017). Effects of mindfulness-based therapies for female sexual dysfunction: A meta-analytic review. The Journal of Sex Research, 54(7), 832-849. https://doi.org/10.1080/00224499.2017.1331199

    Thomas, H. N., Brotto, L. A., de Abril Cameron, F., Yabes, J., & Thurston, R. C. (2023). A virtual, group-based mindfulness intervention for midlife and older women with low libido lowers sexual distress in a randomized controlled pilot study. The Journal of Sexual Medicine, 20(8), 1060-1068. https://doi.org/10.1093/jsxmed/qdad081

    Velten, J., Hirschfeld, G., Meyers, M., & Margraf, J. (2024). Results of a randomized waitlist-controlled trial of online cognitive behavioral sex therapy and online mindfulness-based sex therapy for hypoactive sexual desire dysfunction in women. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 92(11), 742-755. https://doi.org/10.1037/ccp0000922

    West, S. L., D’Aloisio, A. A., Agans, R. P., Kalsbeek, W. D., Borisov, N. N., & Thorp, J. M. (2008). Prevalence of low sexual desire and hypoactive sexual desire disorder in a nationally representative sample of US women. Archives of Internal Medicine, 168(13), 1441-1449. https://doi.org/10.1001/archinte.168.13.1441

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Falta de deseo sexual: por qué no tengo ganas y qué puedo hacer

    Falta de deseo sexual: por qué no tengo ganas y qué puedo hacer

    Tu pareja se acerca, y lo que sientes es cansancio, fastidio o simplemente nada. Puede que lleves semanas inventando excusas, o que hayas tenido relaciones igual, sin ganas, para no discutir. Y mientras tanto una pregunta da vueltas: qué me pasa. Si buscaste “no tengo ganas de tener relaciones con mi pareja”, este artículo explica cuándo la falta de deseo sexual es normal, cuándo merece atención, qué la causa en mujeres y en hombres y qué tiene respaldo para recuperarlo.

    Respuesta corta: no tener ganas de sexo es muy frecuente y casi siempre tiene explicación, que puede ser médica, de ánimo, de estrés, de un medicamento o de la propia relación. Se considera un trastorno solo cuando dura al menos seis meses y te causa un malestar real. Hay tratamientos con respaldo, sobre todo psicológicos, y lo primero es descartar causas médicas y revisar en qué contexto estás intentando sentir deseo.

    ¿Es normal no tener ganas de tener relaciones con mi pareja?

    Sí, es normal, y más de lo que se habla. Una encuesta telefónica a 2.207 mujeres estadounidenses de 30 a 70 años con pareja estable encontró deseo bajo en entre 26,7 % (premenopáusicas) y 52,4 % (menopáusicas naturales). Cuando se suma el malestar por ese deseo bajo, las cifras bajan: el trastorno llegó a 12,5 % entre las mujeres con menopausia quirúrgica (West et al., 2008). Una revisión de Parish y Hahn sitúa el trastorno en 8,9 % de las mujeres de 18 a 44 años y 12,3 % de las de 45 a 64 (Parish y Hahn, 2016). En hombres, un estudio con 2.500 hombres de 50 años halló libido baja en 7,2 % (Herkommer et al., 2024).

    Hay además una razón de fondo por la que muchas personas creen tener un problema sin tenerlo. Emily Nagoski (2015) y Lori Brotto (2018) explican que existen dos formas de vivir el deseo. El deseo espontáneo llega “de la nada”, como una ocurrencia. El deseo responsivo aparece después de que empieza el contacto, un beso o una caricia en un contexto cómodo. En las relaciones largas el segundo es muy común, y Nagoski estima que cerca de 3 de cada 10 mujeres vive el deseo sobre todo así. Si no tienes ganas antes pero disfrutas cuando algo ya empezó, tu respuesta sexual es normal.

    ¿Cuándo la falta de deseo sexual es un trastorno y cómo se llama?

    Cuando persiste al menos seis meses y te angustia a ti, no solo a tu pareja. Según Brotto y Velten (2020), en mujeres el DSM-5 agrupa el deseo y la excitación en el trastorno del interés o la excitación sexual femenino. Exige al menos 3 de 6 síntomas, entre ellos menos interés en la actividad sexual, menos pensamientos o fantasías eróticas, menos iniciativa o receptividad con la pareja, o falta de deseo en respuesta a estímulos eróticos. En hombres se mantiene el trastorno de deseo sexual hipoactivo masculino, con los mismos seis meses y el mismo malestar clínicamente significativo (Nobre et al., 2020). Ambos se especifican como de toda la vida o adquiridos, y como generalizados o situacionales (solo con tu pareja actual, por ejemplo).

    Los mismos autores aclaran cuándo no se habla de trastorno:

    • No hay malestar personal, o la baja motivación no te preocupa.
    • Eres una persona asexual (más abajo).
    • La diferencia de deseo es entre ustedes dos, porque quien desea menos no está enfermo por eso.
    • El deseo responsivo funciona: te enciendes una vez que empieza el contacto.
    • La causa es un medicamento, una enfermedad o un conflicto de pareja serio, que se atienden por sí mismos.

    Una revisión de 64 estudios sobre el deseo en relaciones largas encontró que los problemas de deseo están muy ligados a los problemas de la relación (Mark y Lasslo, 2018). Por eso la pregunta útil rara vez es “¿tengo un trastorno?” y casi siempre “¿qué está frenando mi deseo?”.

    Falta de deseo sexual en la mujer: causas más frecuentes

    En mujeres suelen sumarse varias causas a la vez. Según Hall y Binik (2020) y Nagoski (2015), las principales son estas:

    • Estrés, cansancio y sobrecarga. Para Nagoski, el estrés pisa los “frenos” del deseo. Tareas pendientes, crianza, trabajo y falta de sueño apagan el interés aunque el cariño esté intacto.
    • Depresión y ansiedad. La depresión produce apatía y anhedonia (pérdida de placer) general, y la ansiedad y la autocrítica sobre el propio cuerpo distraen la atención de las sensaciones eróticas.
    • Dolor al tener relaciones. La disminución de estrógenos por menopausia, lactancia o ciertos anticonceptivos puede causar sequedad y dolor, y el dolor apaga el deseo de forma secundaria. Si hay dolor, se evalúa primero con ginecología.
    • Posparto y crianza. En la encuesta británica NATSAL-3, que recogen Brotto y Velten (2020), haber estado embarazada en el último año o tener niños pequeños predijo bajo deseo en mujeres, no en hombres.
    • Menopausia. El bajo deseo se hace más común con la edad, aunque el malestar que provoca es mayor en mujeres jóvenes que en mayores (Brotto y Velten, 2020).
    • Trauma sexual o experiencias aversivas. Pueden generar vigilancia y rechazo durante el contacto.
    • Contexto de la relación. Resentimiento, falta de intimidad no sexual, sexo por obligación y la dinámica de perseguir y evitar.

    Un dato que desmonta una creencia popular: según Brotto y Velten (2020), los niveles de testosterona en sangre no se relacionan con el deseo en mujeres premenopáusicas sanas, y una revisión sistemática encontró que 6 de 10 estudios no mostraron una asociación significativa entre testosterona sérica y libido, y que el tratamiento con testosterona en premenopáusicas solo mostró un efecto claro en 1 de 4 estudios, por lo que no respalda medirla ni usarla en ese grupo (Reed et al., 2016). Los predictores que sí aparecen son la historia de salud mental, la calidad de la relación y el estrés.

    Falta de deseo sexual en hombres: lo que se sabe

    El bajo deseo masculino existe y casi nunca llega solo. Según Nobre, Carvalho y Mark (2020), se estima entre 3 % y 28 % de los hombres a nivel poblacional, con más malestar psicológico en los jóvenes. Rara vez es un problema aislado: el capítulo señala que lo habitual es que aparezca junto con disfunción eréctil o problemas de eyaculación.

    Barry y Emily McCarthy (2019) describen un ciclo muy común. Un fallo eréctil o de orgasmo genera ansiedad de rendimiento, vergüenza y evitación del sexo, y con el tiempo “no puedo” se convierte en “no tengo ganas”. El hombre empieza a evitar el contacto para no enfrentar el fallo, y la pareja lo interpreta como rechazo. En el estudio bávaro, la libido baja se asoció con disfunción eréctil y con peor salud autopercibida (Herkommer et al., 2024). Si es tu caso, te puede servir esta guía sobre disfunción eréctil psicológica y la de eyaculación precoz.

    En hombres sí tiene sentido pedir exámenes. Según Nobre et al. (2020), la evaluación incluye testosterona total, prolactina y función tiroidea, para descartar hipogonadismo, hiperprolactinemia o hipotiroidismo, además de revisar los fármacos que toma.

    ¿Mis medicamentos o una enfermedad pueden quitarme las ganas?

    Sí, y es una de las causas más fáciles de pasar por alto. Un metaanálisis sobre antidepresivos encontró más disfunción sexual que con placebo para sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina, fluoxetina y otros, con tasas entre 25,8 % y 80,3 % de las personas según el fármaco. No hubo diferencia con placebo para bupropión, mirtazapina, agomelatina, moclobemida y nefazodona (Serretti y Chiesa, 2009). Los propios autores advierten que incluir estudios abiertos y escalas distintas pudo reducir la solidez de la comparación.

    Sobre los anticonceptivos hormonales los datos son más mezclados. Una revisión sistemática de 36 estudios y 13.673 mujeres halló que 85 % de las usuarias de anticonceptivos orales combinados refirió más libido o ningún cambio, y 15 % una disminución, y que la caída apareció solo con píldoras de 15 μg de etinilestradiol (Pastor et al., 2013). Brotto y Velten (2020), citando estudios prospectivos, hablan de un tercio con menos interés, un quinto con más y la mitad sin cambios. En conjunto: algunas mujeres lo notan y la mayoría no.

    Posible causa Cómo puede afectar el deseo Qué hacer
    Antidepresivos (ISRS y otros) Reducen deseo, excitación y orgasmo según el fármaco Hablar con quien los receta; no suspenderlos por tu cuenta
    Anticonceptivos hormonales Efecto variable; baja en una parte de las usuarias Revisar con ginecología si coincide con el cambio
    Menopausia, lactancia Sequedad y dolor que apagan el deseo Evaluación ginecológica; existen tratamientos locales
    Tiroides, prolactina, testosterona baja (en hombres) Disminuyen la libido Exámenes de laboratorio indicados por un médico
    Depresión, ansiedad, estrés sostenido Apatía, distracción, frenos activados Tratar la causa; la terapia psicológica ayuda
    Dolor al tener relaciones Evitación y pérdida de deseo Consulta médica antes de trabajar el deseo

    Si el deseo cayó justo después de empezar un medicamento, no lo suspendas por tu cuenta. Algunos tienen efectos al retirarlos bruscamente. Lo razonable es hablarlo con quien lo receta, porque muchas veces se puede ajustar la dosis o cambiar de fármaco.

    Falta de deseo sexual en la pareja: cuando el problema está en la relación

    El deseo responde a cómo se sienten juntos fuera de la cama. Según los McCarthy (2019), uno de los patrones más desgastantes es el de perseguidor y distanciador: quien quiere más insiste, quien quiere menos se siente presionado y se retira, y cada paso del otro confirma el temor. Nagoski (2015, 2024) suma el “sexo por obligación”, que convierte la intimidad en una tarea más y activa rechazo. También pesan los secretos, el resentimiento sin hablar y la falta de tiempo en pareja.

    Si tu caso es que eres tú quien siente que la otra persona no te desea, la mirada es otra y está en esta guía sobre qué hacer cuando tu pareja no te desea como antes. Y si dudas del estado general de la relación, puede ayudarte cómo saber si una relación de pareja es sana.

    Qué hacer si no tengo ganas: pasos con respaldo

    Parte por lo que se puede descartar y lo que se puede cambiar sin presión. Estos pasos salen de lo que proponen Nagoski (2015, 2024), Brotto (2018, 2022) y los McCarthy (2019), y de la evidencia que verás más abajo:

    1. Descarta lo médico. Si hay dolor, un medicamento nuevo, cambios de ánimo marcados o sospecha hormonal, parte por una consulta médica. En hombres, con exámenes de testosterona, prolactina y tiroides si lo indica el médico.
    2. Haz tu lista de frenos y aceleradores. Anota qué te enciende (confianza, caricias sin objetivo, novedad, sentirte deseado) y qué pisa el freno (estrés, cansancio, autocrítica, tareas pendientes, miedo a no responder). Muchas veces conviene bajar frenos antes que buscar “más estímulo”.
    3. Cierra el ciclo del estrés. Nagoski propone procesar el estrés del día con movimiento, respiración, llanto o descanso, porque un cuerpo en modo alerta no abre espacio al deseo.
    4. Conversa fuera de la cama. Con ambos vestidos, descansados y sin un rechazo reciente. Una frase posible: “No tengo ganas y no es por ti, quiero que busquemos cómo estar cerca sin presión”. Habla de lo que sientes y de lo que necesitas, sin enumerar lo que la otra persona hace mal.
    5. Prueben una pausa del coito. Nagoski y los McCarthy describen acuerdos temporales de no tener sexo genital ni buscar orgasmo, para que un abrazo o un beso dejen de leerse como una petición. Los McCarthy lo trabajan con la focalización sensorial: se turnan para acariciarse, con la regla de que no hay coito, para sentir sin ansiedad de rendimiento. Brotto (2018) lo organiza en fases, primero sin zonas genitales y después incluyéndolas.
    6. Entrena la atención al cuerpo. Brotto propone un escáner corporal diario, observando sensaciones sin juzgarlas, para reconectar mente y cuerpo y notar las primeras señales de excitación. Si quieres empezar, tienes una guía de mindfulness.
    7. Construyan puentes al deseo. Los McCarthy llaman así a cosas concretas que anticipan algo agradable: una cita, una ducha juntos, un mensaje durante el día, apagar el teléfono. Funcionan mejor como invitaciones que se pueden rechazar sin castigo.

    Cuando los pasos anteriores no avanzan en unos meses, no es una derrota. Según los McCarthy (2019), si pasan de 3 a 6 meses de intentos por su cuenta sin avance, es momento de pedir ayuda.

    Tratamientos para la falta de deseo sexual: qué funciona

    Los tratamientos psicológicos son los que tienen más respaldo, y los fármacos tienen efectos modestos. Esto es lo que dicen los estudios:

    • Terapia psicológica en general. Un metaanálisis de 20 ensayos contra lista de espera encontró que las intervenciones psicológicas mejoran la gravedad de síntomas (d = 0,58) y la satisfacción sexual (d = 0,47), con buena evidencia para el deseo hipoactivo femenino. Los estudios llegan hasta 2009 y pocos comparan tratamientos entre sí (Frühauf et al., 2013).
    • Mindfulness. Un metaanálisis de 11 ensayos con 449 participantes halló mejoras moderadas en la función sexual de mujeres, aunque contra lista de espera no todas alcanzaron significación y puede haber sesgo de publicación (Stephenson y Kerth, 2017). En un ensayo con 117 mujeres, cuatro sesiones grupales mejoraron deseo, excitación y satisfacción frente a lista de espera, y la baja de síntomas depresivos predijo la mejora del deseo (Brotto y Basson, 2014).
    • Mindfulness frente a educación sexual. En un ensayo con 148 mujeres, ocho sesiones grupales de terapia cognitiva basada en mindfulness o de educación y apoyo sexual mejoraron el deseo con efectos grandes, sostenidos a 12 meses, y el mindfulness mejoró más el malestar sexual (Brotto et al., 2021). Casi la mitad refirió una mejoría moderada o grande.
    • Terapia en línea. Un ensayo con 266 mujeres probó terapia sexual cognitivo-conductual y de mindfulness por internet: ambas mejoraron deseo y malestar frente al grupo en espera, pero menos de 1 de cada 4 alcanzó un cambio clínicamente significativo en deseo (Velten et al., 2024). Sirve, y no es una solución mágica.
    • Flibanserina. Un metaanálisis de 5.914 mujeres mostró que 100 mg dieron en promedio medio evento sexual satisfactorio más por mes que el placebo, con más mareo, somnolencia, náuseas y fatiga, y una calidad de evidencia muy baja (Jaspers et al., 2016). Brotto y Velten (2020) agregan la bremelanotida, aprobada en 2019 con efectos igualmente modestos.
    • Testosterona. Un metaanálisis de 7 ensayos en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo encontró más episodios satisfactorios y deseo que con placebo, a costa de más acné y vello, y sin eventos graves en el corto plazo (Achilli et al., 2017). No es un tratamiento para cualquier mujer con poco deseo.
    • En hombres. Según Nobre et al. (2020), no existe un fármaco aprobado para el bajo deseo masculino. La testosterona sirve si hay hipogonadismo demostrado y no aumenta el deseo con niveles normales. Lo que funciona es la terapia cognitivo-conductual con la pareja, la focalización sensorial y trabajar la ansiedad de rendimiento.

    Un matiz importante: la mayoría de estos estudios se hizo en mujeres, y los de fármacos tienen un efecto placebo grande, según los autores que revisan la literatura (Brotto y Velten, 2020). Por eso conviene desconfiar de cualquier “pastilla para el deseo” que prometa mucho.

    ¿Y si no tengo ganas, pero no me molesta?

    Entonces puede que no haya nada que arreglar. Anthony Bogaert (2015) define la asexualidad como la falta de atracción sexual hacia otras personas, y la entiende como una orientación sexual y no como una disfunción. Las personas asexuales suelen no sentir angustia por ello, tienen una respuesta física intacta y una experiencia estable en el tiempo; algunas sí desean romance, afecto y compañía. Si vives así y lo que te pesa es la presión de la pareja o del entorno, el trabajo es de comunicación y de acuerdos, no de “corregir” el deseo.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Consulta cuando el malestar persiste o hay señales de alarma. Nagoski, Brotto y los McCarthy coinciden en varias:

    • Llevas 6 meses o más con falta de deseo que te angustia.
    • Sientes pavor o rechazo ante cualquier contacto físico, o hay una dinámica fuerte de perseguir y evitar.
    • Tienes dolor genital o al penetrar.
    • La falta de deseo viene con tristeza persistente, ansiedad intensa o antecedentes de abuso o trauma. Si el ánimo está muy bajo, te puede orientar esta guía sobre depresión, y si ocurre tras un parto, la de depresión posparto.
    • Hay resentimiento profundo, amenazas de separación o “matrimonio sin sexo” que no logran mover.

    Para saber qué esperar de una consulta de pareja, puedes leer qué pasa en la primera sesión de terapia de pareja o si la terapia de pareja funciona y cuándo ir. También hay información general de salud sexual en la página de la OMS y en MedlinePlus.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal no tener ganas de tener relaciones con mi pareja?

    Sí. El deseo baja con el estrés, el cansancio, los años de relación, el posparto o algunos medicamentos. Se vuelve un trastorno cuando dura al menos seis meses y te causa un malestar importante. Si te enciendes una vez que empieza el contacto, tu deseo es responsivo, y eso es normal.

    ¿Cuánto tiempo sin ganas es normal?

    El plazo exacto varía de una persona a otra. Los períodos de poco deseo son frecuentes y pasan con el estrés o los cambios de vida. El criterio clínico es de seis meses o más con malestar. Si hay dolor, un cambio de ánimo o un medicamento nuevo de por medio, no esperes ese plazo: consulta antes.

    ¿Los antidepresivos quitan las ganas de tener sexo?

    Algunos sí. Un metaanálisis encontró más disfunción sexual que con placebo para sertralina, paroxetina, citalopram y venlafaxina, entre otros, y no para bupropión, mirtazapina o agomelatina. No los dejes por tu cuenta; habla con quien los receta, porque a veces se puede ajustar la dosis o cambiar de fármaco.

    ¿Hay una pastilla o una terapia que devuelva el deseo?

    Los tratamientos psicológicos (terapia cognitivo-conductual y mindfulness) tienen el mejor respaldo en mujeres. Los fármacos, como la flibanserina, tienen un efecto pequeño y efectos adversos, y la testosterona solo se estudia en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo. En hombres no hay un fármaco aprobado para el deseo.

    ¿No tener ganas significa que ya no quiero a mi pareja?

    No necesariamente. Querer y desear son cosas distintas, y el deseo se frena por estrés, salud, ánimo o conflictos mientras el cariño sigue. Conviene mirar si además hay distancia emocional en todo lo demás, porque ahí el problema es de la relación y no solo del deseo.

    Un último punto

    No tener ganas no te vuelve defectuoso, y tampoco es algo que tengas que aguantar en silencio. Casi siempre hay un freno identificable, y gran parte se puede mover cuando se descartan las causas médicas, se baja la presión y se trabaja en pareja o con ayuda profesional. Si quieres hacerlo con acompañamiento, puedes agendar una consulta y revisar juntos qué está frenando tu deseo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Achilli, C., Pundir, J., Ramanathan, P., Sabatini, L., Hamoda, H., & Panay, N. (2017). Efficacy and safety of transdermal testosterone in postmenopausal women with hypoactive sexual desire disorder: A systematic review and meta-analysis. Fertility and Sterility, 107(2), 475-482.e15. https://doi.org/10.1016/j.fertnstert.2016.10.028
    • Bogaert, A. F. (2015). Understanding asexuality. Rowman & Littlefield.
    • Brotto, L. A. (2018). Better sex through mindfulness: How women can cultivate desire. Greystone Books.
    • Brotto, L. A. (2022). The better sex through mindfulness workbook: A guide to cultivating desire. Greystone Books.
    • Brotto, L. A., & Basson, R. (2014). Group mindfulness-based therapy significantly improves sexual desire in women. Behaviour Research and Therapy, 57, 43-54. https://doi.org/10.1016/j.brat.2014.04.001
    • Brotto, L. A., & Velten, J. (2020). Sexual interest/arousal disorder in women. En K. S. K. Hall & Y. M. Binik (Eds.), Principles and practice of sex therapy (6th ed., pp. 13-62). Guilford Press.
    • Brotto, L. A., Zdaniuk, B., Chivers, M. L., Jabs, F., Grabovac, A., Lalumière, M. L., Weinberg, J., Schonert-Reichl, K. A., & Basson, R. (2021). A randomized trial comparing group mindfulness-based cognitive therapy with group supportive sex education and therapy for the treatment of female sexual interest/arousal disorder. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 89(7), 626-639. https://doi.org/10.1037/ccp0000661
    • Frühauf, S., Gerger, H., Schmidt, H. M., Munder, T., & Barth, J. (2013). Efficacy of psychological interventions for sexual dysfunction: A systematic review and meta-analysis. Archives of Sexual Behavior, 42(6), 915-933. https://doi.org/10.1007/s10508-012-0062-0
    • Hall, K. S. K., & Binik, Y. M. (Eds.). (2020). Principles and practice of sex therapy (6th ed.). Guilford Press.
    • Herkommer, K., Meissner, V. H., Dinkel, A., Jahnen, M., Schiele, S., Kron, M., Ankerst, D. P., & Gschwend, J. E. (2024). Prevalence, lifestyle, and risk factors of erectile dysfunction, premature ejaculation, and low libido in middle-aged men: First results of the Bavarian Men’s Health-Study. Andrology, 12(4), 801-808. https://doi.org/10.1111/andr.13524
    • Jaspers, L., Feys, F., Bramer, W. M., Franco, O. H., Leusink, P., & Laan, E. T. M. (2016). Efficacy and safety of flibanserin for the treatment of hypoactive sexual desire disorder in women: A systematic review and meta-analysis. JAMA Internal Medicine, 176(4), 453-462. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2015.8565
    • Mark, K. P., & Lasslo, J. A. (2018). Maintaining sexual desire in long-term relationships: A systematic review and conceptual model. The Journal of Sex Research, 55(4-5), 563-581. https://doi.org/10.1080/00224499.2018.1437592
    • McCarthy, B., & McCarthy, E. (2019). Rekindling desire: A step-by-step program to help low-sex and no-sex marriages (3rd ed.). Routledge.
    • Nagoski, E. (2015). Come as you are: The surprising new science that will transform your sex life. Simon & Schuster.
    • Nagoski, E. (2024). Come together: The science (and art!) of creating lasting sexual connection. Ballantine Books.
    • Nobre, P. J., Carvalho, J., & Mark, K. P. (2020). Low sexual desire in men. En K. S. K. Hall & Y. M. Binik (Eds.), Principles and practice of sex therapy (6th ed., pp. 63-86). Guilford Press.
    • Parish, S. J., & Hahn, S. R. (2016). Hypoactive sexual desire disorder: A review of epidemiology, biopsychology, diagnosis, and treatment. Sexual Medicine Reviews, 4(2), 103-120. https://doi.org/10.1016/j.sxmr.2015.11.009
    • Pastor, Z., Holla, K., & Chmel, R. (2013). The influence of combined oral contraceptives on female sexual desire: A systematic review. The European Journal of Contraception & Reproductive Health Care, 18(1), 27-43. https://doi.org/10.3109/13625187.2012.728643
    • Reed, B. G., Bou Nemer, L., & Carr, B. R. (2016). Has testosterone passed the test in premenopausal women with low libido? A systematic review. International Journal of Women’s Health, 8, 599-607. https://doi.org/10.2147/ijwh.s116212
    • Serretti, A., & Chiesa, A. (2009). Treatment-emergent sexual dysfunction related to antidepressants: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychopharmacology, 29(3), 259-266. https://doi.org/10.1097/jcp.0b013e3181a5233f
    • Stephenson, K. R., & Kerth, J. (2017). Effects of mindfulness-based therapies for female sexual dysfunction: A meta-analytic review. The Journal of Sex Research, 54(7), 832-849. https://doi.org/10.1080/00224499.2017.1331199
    • Velten, J., Hirschfeld, G., Meyers, M., & Margraf, J. (2024). Results of a randomized waitlist-controlled trial of online cognitive behavioral sex therapy and online mindfulness-based sex therapy for hypoactive sexual desire dysfunction in women. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 92(11), 742-755. https://doi.org/10.1037/ccp0000922
    • West, S. L., D’Aloisio, A. A., Agans, R. P., Kalsbeek, W. D., Borisov, N. N., & Thorp, J. M. (2008). Prevalence of low sexual desire and hypoactive sexual desire disorder in a nationally representative sample of US women. Archives of Internal Medicine, 168(13), 1441-1449. https://doi.org/10.1001/archinte.168.13.1441

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta