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  • Extrañar a mi familia: cómo manejar la nostalgia de casa

    Extrañar a mi familia: cómo manejar la nostalgia de casa

    Es domingo por la tarde, llevas dos meses en una ciudad nueva y el departamento se siente de pronto demasiado grande y demasiado callado. Piensas en la mesa de tu casa, en el ruido de la cocina, y extrañar a mi familia deja de ser una frase para convertirse en un peso en el pecho que no sabes cómo bajar.

    Si te pasa algo parecido, esta guía revisa qué es la nostalgia de casa (homesickness en la investigación), con qué frecuencia ocurre, por qué duele, cuánto suele durar y qué ayuda de verdad. También dice cuándo conviene hablar con un profesional.

    Lo principal, por adelantado: extrañar a la familia al irte es esperable y suele bajar con los meses. Cuando se queda pegada y empieza a quitarte sueño, ánimo y vida social, merece atención.

    Respuesta corta: qué hacer al extrañar a tu familia estando lejos

    Extrañar la casa al mudarte a otra ciudad o país es una reacción muy frecuente, y en promedio tiende a disminuir con el tiempo. Lo que mejor respaldo tiene es construir pertenencia en el lugar nuevo, mantener un contacto con tu familia que no te deje en suspenso y vigilar los pensamientos que dan vueltas sobre casa. Si el malestar no cede o te hunde, conviene consultar.

    ¿Es normal extrañar a mi familia estando lejos de casa?

    Sí, y mucho más de lo que se comenta. En dos estudios con estudiantes recién llegados a la universidad, cerca de la mitad de los holandeses y cuatro de cada cinco británicos reportaron nostalgia de casa (Stroebe et al., 2002). Una revisión sistemática encontró cifras de entre 20 % y 90 % según la población, y explica que la dispersión se debe sobre todo a que cada estudio define y mide el fenómeno de forma distinta (Beschoner et al., 2020).

    Esa variación importa por una razón práctica: no existe un porcentaje único que te diga si lo tuyo es poco o mucho. Lo que sí muestra la literatura es que sentirlo es lo habitual.

    Arnett (2024) añade un detalle que muchos reconocen. Varios jóvenes se sorprenden de lo intensamente que quieren a su familia una vez que viven lejos, y durante el primer año fuera es común llamar a los padres casi a diario y contarles cosas que bajo el mismo techo no habrían contado.

    ¿Qué es la nostalgia de casa y cómo se siente?

    Thurber y Walton (2012) la definen como el malestar o el deterioro causado por una separación real o anticipada del hogar. Su marca distintiva son los pensamientos que giran en torno a casa y a las personas o cosas de apego. Quienes la sufren suelen describir tristeza y ansiedad, ganas de aislarse y dificultad para concentrarse en algo que no sea el hogar.

    Mezcla varias emociones. Un estudio con 485 adultos holandeses la describió como una mezcla de ansiedad y tristeza. Cuando se vive como un estado del momento pesa más la tristeza, y cuando es una tendencia de la persona pesa más la ansiedad (Verschuur et al., 2004).

    Un estudio con solicitantes de asilo en Alemania separó tres capas dentro de la nostalgia: las dificultades de adaptación con la soledad que traen, las vueltas mentales al hogar y echar de menos a la familia y a los amigos (Rosner et al., 2022). Es un buen mapa: cuando dices que extrañas, conviene preguntarse cuál de las tres pesa más hoy.

    Stroebe et al. (2002) proponen mirarla como un «mini-duelo». Tiene sentido: estás perdiendo, aunque sea por un tiempo, una forma de vida cotidiana y a las personas que la sostenían.

    ¿Por qué duele tanto? Lo que influye

    Varias cosas se combinan, y no todas dependen de ti:

    • Pertenencia. En dos estudios, la necesidad de pertenecer predijo la nostalgia de casa, y en el estudio experimental tuvo un efecto causal. Quienes se sentían aceptados por la comunidad estaban menos nostálgicos, sin importar cuántos amigos tuvieran (Watt y Badger, 2009).
    • Discriminación e idioma. En un estudio con 439 universitarios, los extranjeros reportaron más discriminación y más nostalgia que los estadounidenses. Ser más joven, dominar menos el idioma y percibir más discriminación predecía más nostalgia (Poyrazli y Lopez, 2007).
    • Rumiación y soledad. Echar de menos se asociaba con darle vueltas a casa y con sentirse solo, y eso a su vez con síntomas depresivos (Stroebe et al., 2002).
    • Estilo de apego. Mikulincer y Shaver (2007) describen que quienes tienen un apego ansioso viven la separación con más angustia y más rumiación, mientras que un apego seguro permite tolerar la distancia sin sentir en riesgo el vínculo. Si te reconoces en ese patrón, la guía para superar el apego ansioso lo desarrolla.
    • Ambivalencia. Arnett (2024) documenta que los jóvenes disfrutan de manejar su vida y a la vez sienten cansancio o miedo ante las responsabilidades. Robinson (2020) plantea que sostener emociones contradictorias («extraño mi casa y necesito estar aquí») es parte de la madurez emocional, no un fallo.

    Si estás en plena transición de vida, el artículo sobre la adultez emergente ayuda a ubicar por qué estos años mueven tanto.

    ¿Cuánto dura extrañar la casa?

    No hay un plazo universal, pero la tendencia general es a la baja. En un estudio con medidas semanales durante el primer semestre universitario, la nostalgia bajó un poco en promedio, con diferencias grandes entre personas (English et al., 2017). Quienes la sentían más mostraron peor adaptación general y más dificultades sociales con sus compañeros, sin perjuicio académico.

    En migrantes pasa algo parecido. Un seguimiento de tres años a adolescentes que emigraron sin sus padres mostró que la nostalgia bajó del primer al tercer año. El estrés de adaptación, en cambio, subió en el segundo año antes de bajar (Tartakovsky, 2007).

    Dos advertencias. Son promedios, y tu caso puede ir por otro lado. Y que baje con el tiempo no quita que lo que hagas durante esos meses influya.

    ¿Hablar todos los días con mi familia ayuda o empeora la nostalgia?

    Ningún estudio fija una frecuencia ideal de llamadas. Hay, eso sí, un dato curioso: un estudio con 92 estudiantes de primer año registró durante 14 días su estado de ánimo en cada interacción social, y la nostalgia fue más alta en la residencia actual, al hablar con los padres y durante las videollamadas (Nauta et al., 2020).

    Es un dato de asociación y no demuestra que llamar cause la nostalgia. Hablar con tu familia trae a la mente lo que extrañas, y por eso la punzada aparece justo ahí. Seguir llamando es razonable.

    Lo que sí sugiere la teoría familiar es cuidar la calidad del contacto. McGoldrick et al. (2015) hablan de «intimidad a la distancia»: comunicación frecuente en que se comparte la vida cotidiana real, sin «silencios protectores» que ocultan lo que te pasa.

    Pillemer (2021) distingue la distancia geográfica de la distancia emocional, y advierte que la primera puede esconder tensiones sin resolver. Para relaciones con roces propone fijar términos concretos, como la frecuencia de las llamadas. Es una idea pensada para otro contexto, pero puede servirte para que el contacto no se vuelva un reclamo mutuo.

    ¿Cómo no extrañar tanto a tu familia estando lejos? Qué ayuda

    La investigación específica sobre intervenciones para la nostalgia en adultos jóvenes es escasa. Lo que sigue combina lo que muestran los estudios con lo que la teoría del apego y del ciclo vital familiar proponen, y lo que se apoya solo en teoría se señala como tal.

    1. Ponle nombre y permite la ambivalencia. Decirte «estoy en un mini-duelo y a la vez estoy donde quería estar» no resuelve nada de inmediato, pero evita la lectura de que algo anda mal contigo.
    2. Busca pertenencia donde estás. Como sentirse aceptado por la comunidad se asoció a menos nostalgia (Watt y Badger, 2009), y en migrantes jóvenes el apoyo percibido de amigos y profesores se asoció a menos nostalgia (Tartakovsky, 2007), vale la pena sumarte a espacios con continuidad: un grupo de estudio, un equipo, una comunidad de tu país. La regularidad pesa más que la cantidad de gente.
    3. Ordena el contacto con tu familia. Llamadas con un ritmo previsible, donde cuentes cómo es tu día de verdad y no solo las partes buenas, calzan con lo que McGoldrick et al. (2015) llaman intimidad a la distancia. Este punto viene de la teoría familiar y no de ensayos.
    4. Mira lo que te dices. Pensamientos como «aquí todos ya tienen su grupo» alimentan la soledad. Una revisión de intervenciones contra la soledad encontró que las más eficaces fueron las que trabajan la manera de interpretar lo social, más que las que solo suman oportunidades de contacto (Masi et al., 2011). Es soledad, no nostalgia, pero el mecanismo se parece.
    5. Cuida lo básico. Un resumen de la literatura señala que las consecuencias clínicas de la nostalgia van desde trastornos del sueño hasta depresión (Beschoner et al., 2020). Conviene vigilar el sueño, la comida y el movimiento, que son lo primero que se descuida.
    6. Considera terapia si se complica. En un estudio con 520 estudiantes internacionales de primer año en Malasia, siete sesiones de terapia cognitivo-conductual breve redujeron la nostalgia y los síntomas depresivos frente a una sola sesión de consejos, en alumnos con ambos problemas (Saravanan et al., 2017). Los autores advierten que no se puede generalizar.

    Si la soledad es lo que más pesa, la guía sobre soledad crónica y el test de soledad pueden orientarte. Y si lo que predomina es angustia al separarte, mira la guía de ansiedad por separación en adultos.

    Si te fuiste a otro país: el duelo migratorio

    Migrar suma cosas a la nostalgia. Achotegui (2012) habla de un duelo migratorio con siete áreas de pérdida: la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física. Dentro del síndrome de Ulises, sitúa la separación forzada de los seres queridos como el estresor principal, porque rompe la necesidad de apego.

    El mismo autor aclara algo útil: migración no es igual a duelo migratorio, y para muchas personas es más una solución que un problema. El llamado síndrome de Ulises aparece en condiciones extremas y sostenidas (sin oportunidades, con exclusión, peligro o aislamiento) y consiste en una reacción de estrés límite que el propio Achotegui no considera una enfermedad mental.

    La Política de Salud de Migrantes Internacionales del MINSAL reconoce la migración como determinante social de la salud y menciona el efecto de las familias separadas por la distancia en la salud mental (Ministerio de Salud de Chile et al., 2018). Si migraste, que la distancia te afecte es esperable.

    ¿Y si lo que quiero es volver a casa?

    Volver a casa es una opción legítima, y mucha gente la toma. Arnett (2024) cita que cerca de la mitad de los veinteañeros en Estados Unidos regresa a vivir con sus padres al menos una vez. Es un dato de otro país y de otro contexto, pero muestra que la ida y vuelta es habitual.

    Para decidir con más claridad, sirve separar dos preguntas. Una es cuánto de lo que sientes es nostalgia, que tiende a bajar con el tiempo (English et al., 2017; Tartakovsky, 2007). La otra es qué razones objetivas tienes para quedarte o volver: trabajo, estudios, dinero, salud, trato que recibes en el lugar nuevo. Decidir en el peor momento de la semana suele mezclarlas.

    ¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

    Thurber y Walton (2012) señalan que la nostalgia intensa puede agravar un trastorno del ánimo o de ansiedad previo, precipitar problemas nuevos de salud mental o física y, a veces, llevar a abandonar los estudios. Estas señales indican que ya hay algo más que extrañar:

    • Una tristeza que no se levanta con los días, o pérdida de interés en casi todo.
    • Insomnio o cambios marcados del apetito que se mantienen.
    • Aislamiento: dejaste de salir, de contestar o de ir a clases.
    • Pensamientos de abandonarlo todo que te agobian a diario, más allá de una mala semana.
    • Un malestar que sigue igual o peor después de varios meses, cuando lo esperable era que fuera cediendo.

    Si alguna vez piensas en hacerte daño, llama a la línea de prevención del suicidio, *4141, o a Salud Responde del MINSAL, 600 360 7777.

    Si quieres conversar tu caso con un psicólogo, puedes escribir desde la página de contacto. Pedir ayuda por extrañar a tu familia es una consulta legítima, y la terapia online facilita consultar desde la ciudad en que estés.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal extrañar mucho a mi familia cuando me voy a vivir lejos?

    Sí. En estudios con universitarios recién llegados, entre la mitad y cuatro quintos reportaron nostalgia de casa (Stroebe et al., 2002), y una revisión encontró cifras de entre 20 % y 90 % según el estudio (Beschoner et al., 2020). Lo habitual es sentirlo. Lo que merece atención es que se vuelva intenso o dure demasiado.

    ¿Cómo se llama el sentimiento de extrañar tu casa?

    En español se dice nostalgia de casa o nostalgia del hogar, y también morriña. En la investigación en inglés se llama homesickness. Thurber y Walton (2012) lo definen como el malestar o deterioro causado por una separación real o anticipada del hogar, con pensamientos persistentes sobre casa.

    ¿Cuánto dura la nostalgia de casa?

    El plazo varía mucho de una persona a otra. En promedio, la nostalgia baja a lo largo del primer semestre universitario (English et al., 2017) y de los primeros años tras emigrar (Tartakovsky, 2007), con grandes diferencias entre personas. Si después de varios meses sigue igual o peor, es una buena razón para consultar.

    ¿Extrañar a mi familia significa que tengo depresión?

    No necesariamente. La nostalgia se asocia a ansiedad y depresión (Verschuur et al., 2004), pero sentirla no equivale a tener un trastorno. Pesa si la tristeza se vuelve constante, si pierdes el interés en casi todo o si tu sueño y tu funcionamiento se deterioran. Ahí conviene una evaluación.

    ¿Hablar todos los días con mi familia ayuda o empeora la nostalgia?

    Ningún estudio fija una frecuencia ideal. La nostalgia es más alta durante las llamadas y videollamadas con los padres (Nauta et al., 2020), pero es un dato de asociación y no prueba que llamar la cause. La teoría familiar propone un contacto previsible y sincero, que comparta tu vida cotidiana real (McGoldrick et al., 2015).

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional por extrañar a mi familia?

    Cuando aparecen tristeza persistente, insomnio, aislamiento, ganas de abandonarlo todo o un malestar que no cede en meses. En un estudio con estudiantes internacionales, la terapia cognitivo-conductual breve redujo la nostalgia y los síntomas depresivos (Saravanan et al., 2017). Si hay ideas de hacerte daño, llama de inmediato a la línea *4141.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Achotegui, J. (2012). Emigrar hoy en situaciones extremas: El síndrome de Ulises. Aloma: Revista de Psicologia, Ciències de l’Educació i de l’Esport, 30(2), 79-86. http://revistaaloma.blanquerna.edu/index.php/aloma/article/view/171

    Arnett, J. J. (2024). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3.ª ed.). Oxford University Press.

    Beschoner, P., Sosic-Vasic, Z., & Jerg-Bretzke, L. (2020). Heimweh: Eine systematische Übersicht zum Vorkommen und den Folgen eines Phänomens von aktueller Relevanz. Psychiatrische Praxis, 47(7), 352-360. https://doi.org/10.1055/a-1182-2433

    English, T., Davis, J., Wei, M., & Gross, J. J. (2017). Homesickness and adjustment across the first year of college: A longitudinal study. Emotion, 17(1), 1-5. https://doi.org/10.1037/emo0000235

    Masi, C. M., Chen, H.-Y., Hawkley, L. C., & Cacioppo, J. T. (2011). A meta-analysis of interventions to reduce loneliness. Personality and Social Psychology Review, 15(3), 219-266. https://doi.org/10.1177/1088868310377394

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. The Guilford Press.

    Ministerio de Salud de Chile, FONASA, & Superintendencia de Salud. (2018). Política de Salud de Migrantes Internacionales. Equipo Asesor Sectorial de Salud de Migrantes. https://www.minsal.cl/wp-content/uploads/2015/09/2018.01.22.POLITICA-DE-SALUD-DE-MIGRANTES.pdf

    Nauta, M. H., aan het Rot, M., Schut, H., & Stroebe, M. (2020). Homesickness in social context: An ecological momentary assessment study among 1st-year university students. International Journal of Psychology, 55(3), 392-397. https://doi.org/10.1002/ijop.12586

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avid Reader Press.

    Poyrazli, S., & Lopez, M. D. (2007). An exploratory study of perceived discrimination and homesickness: A comparison of international students and American students. The Journal of Psychology, 141(3), 263-280. https://doi.org/10.3200/JRLP.141.3.263-280

    Robinson, O. C. (2020). Development through adulthood: An integrative sourcebook (2.ª ed.). Red Globe Press.

    Rosner, R., Hagl, M., Bücheler, L., & Comtesse, H. (2022). Homesickness in asylum seekers: The role of mental health and migration-related factors. Frontiers in Psychiatry, 13, Artículo 1034370. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.1034370

    Saravanan, C., Alias, A., & Mohamad, M. (2017). The effects of brief individual cognitive behavioural therapy for depression and homesickness among international students in Malaysia. Journal of Affective Disorders, 220, 108-116. https://doi.org/10.1016/j.jad.2017.05.037

    Stroebe, M., van Vliet, T., Hewstone, M., & Willis, H. (2002). Homesickness among students in two cultures: Antecedents and consequences. British Journal of Psychology, 93(2), 147-168. https://doi.org/10.1348/000712602162508

    Tartakovsky, E. (2007). A longitudinal study of acculturative stress and homesickness: High-school adolescents immigrating from Russia and Ukraine to Israel without parents. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 42(6), 485-494. https://doi.org/10.1007/s00127-007-0184-1

    Thurber, C. A., & Walton, E. A. (2012). Homesickness and adjustment in university students. Journal of American College Health, 60(5), 415-419. https://doi.org/10.1080/07448481.2012.673520

    Verschuur, M. J., Eurelings-Bontekoe, E. H. M., & Spinhoven, P. (2004). Associations among homesickness, anger, anxiety, and depression. Psychological Reports, 94(3, Pt 2), 1155-1170. https://doi.org/10.2466/pr0.94.3c.1155-1170

    Watt, S. E., & Badger, A. J. (2009). Effects of social belonging on homesickness: An application of the belongingness hypothesis. Personality and Social Psychology Bulletin, 35(4), 516-530. https://doi.org/10.1177/0146167208329695

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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