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    Evaluación del Trauma Infantil: Guía para Profesionales y Recursos para Padres

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Escribiste “test de trauma infantil gratis” en Google porque algo te tiene inquieto: una pesadilla que se repite, un cambio de carácter después de una mudanza, una revelación que te dejó sin piso.

    Y lo primero que aparece son cuestionarios de diez preguntas con un puntaje al final, pensados para que un adulto recuerde su propia infancia, no para saber qué le pasa hoy a un niño de 8 años.

    Ese desajuste es más común de lo que parece, y es también la razón de esta guía.

    Vas a encontrar algo distinto de un test genérico:

    • cómo evalúan el trauma infantil quienes lo hacen en serio;
    • qué instrumento gratuito existe de verdad, con nombre, respaldo y descarga oficial;
    • qué señales conviene que reconozcas antes de llegar a consulta.

    Y a mitad de camino, una guía de autoobservación breve para ordenar lo que estás viendo en tu hijo o hija. No para ponerle una etiqueta clínica desde el living de tu casa.

    Lo esencial en 40 segundos

    No existe un test online que diagnostique trauma infantil. Cualquiera que te dé un resultado instantáneo con puntaje está simplificando algo que en clínica toma varias sesiones.

    Lo que sí existe, gratis y con respaldo científico, es el Child and Adolescent Trauma Screen (CATS): un cuestionario breve basado en el DSM-5, de acceso libre, disponible en español, pensado para aplicarse junto a un profesional.

    Antes de llegar a él, aquí tienes qué mide realmente, qué señales observar en casa y cuándo esas señales dejan de ser una reacción esperable.

    Si lo que buscas es entender qué es el trauma psicológico en general (más allá de esta guía centrada en la infancia), puedes revisar también nuestra guía sobre qué es el trauma, sus tipos y cómo se evalúa.

    Por qué los tests virales de “trauma infantil” miden otra cosa

    Busca “test de trauma infantil” y vas a encontrar, casi siempre, el mismo formato: diez preguntas de sí o no, un punto por cada “sí”, una cifra final entre 0 y 10.

    Si además te has topado con los que piden reconocer una imagen o un personaje, revisamos ese formato aparte en nuestra guía sobre los tests de trauma con imágenes.

    Ese cuestionario existe y tiene nombre real: ACE (Adverse Childhood Experiences), desarrollado por Felitti y Anda en los años noventa. El problema no es el instrumento; es cómo se está usando.

    El ACE es retrospectivo y está diseñado para adultos que recuerdan su propia infancia, no para medir el estado actual de un niño. Un padre que lo completa pensando en su hijo de 6 años está, sin darse cuenta, aplicando mal la herramienta.

    Y aunque el ACE es útil (predice con fuerza problemas de salud física y mental en la adultez), no te dice si ese niño tiene síntomas de estrés postraumático hoy, ni qué tan grave es, ni qué hacer al respecto.

    Es la misma confusión que separa preguntar “¿le pasaron cosas difíciles?” de preguntar “¿cómo está reaccionando a lo que le pasó?”. La primera es la puerta de entrada; la segunda es la evaluación real, y requiere otro tipo de instrumento.

    Exponerse a algo traumático no es lo mismo que quedar traumatizado

    Antes de hablar de instrumentos, vale la pena instalar una distinción que casi ningún test viral hace.

    Haber vivido un evento potencialmente traumático y desarrollar síntomas postraumáticos son dos cosas distintas. Y la brecha entre una y otra es más ancha de lo que se suele pensar.

    En un metaanálisis de adolescentes expuestos a guerra, la prevalencia promedio de TEPT fue de 29,4% (IC 95% [18,7%; 43,0%]), con una variación enorme entre estudios (Zasiekina et al., 2025).

    Dicho de otro modo: incluso en el escenario más extremo de exposición, la mayoría no terminó con estrés postraumático.

    Ese mismo trabajo encontró algo que rara vez se menciona: la prevalencia depende de qué instrumento se usó para medirla, lo que explica buena parte de la variabilidad entre estudios y países.

    Esto tiene una implicación práctica directa. Que tu hijo haya vivido un accidente, un asalto o una separación conflictiva no significa que vaya a desarrollar TEPT.

    Y preocuparse por eso de forma anticipada, antes de ver si aparecen síntomas reales, suele generar más ansiedad de la que resuelve. Lo que sí conviene observar son las señales concretas, que revisamos más abajo.

    Señales de alerta: lo que sí puedes observar en casa

    ¿Qué puedes mirar tú, mientras tanto? La evaluación formal queda para consulta, pero hay señales concretas que un padre, madre o profesor reconoce sin aplicar ningún cuestionario. Algunas son menos conocidas que “pesadillas” o “miedo”, y suelen pasar desapercibidas precisamente por eso.

    Vigilancia congelada

    Un niño que responde al peligro no siempre llora o se agita: a veces se queda inmóvil y en silencio, escaneando el entorno sin mostrar ninguna reacción visible, como si cualquier movimiento pudiera atraer más peligro. Es fácil confundirlo con un niño “tranquilo” o “bien portado”, y es justo lo contrario.

    Juego postraumático

    El juego infantil normal es libre, variado y termina en alegría. El juego que sigue a un trauma tiene otra textura: es repetitivo, sombrío, casi siempre la misma escena una y otra vez, sin la ligereza del juego habitual. En ocasiones es tan literal que basta con observarlo para intuir qué vivió el niño.

    Cambios en el vínculo con el cuidador

    En las reuniones con sus padres, algunos niños con apego desorganizado muestran una mezcla de acercamiento y rechazo: se congelan, se alejan en ángulos extraños, o buscan consuelo justo en la persona que también les genera temor. Es una señal difícil de nombrar para quien no la conoce, pero muy reconocible una vez que se sabe qué buscar.

    “Ataques al cuerpo” cerca de la adolescencia

    Cuando el trauma no se ha procesado, algunos preadolescentes y adolescentes empiezan a regular el malestar a través del cuerpo: autolesiones, conductas alimentarias de riesgo, consumo de sustancias o conductas de riesgo extremo. No siempre se presentan como “problema de conducta”; a veces se leen, primero, como un intento (torpe y doloroso) de calmar algo que no tiene otro nombre.

    Problemas escolares entre los 5 y los 7 años

    Un comportamiento hostil o desajustado en el aula en esa franja de edad, sin otra explicación evidente, es una señal que conviene tomar en serio y no solo abordar como disciplina.

    Ninguna de estas señales, por sí sola, confirma un trauma. Pero si reconoces varias, y sobre todo si interfieren con la vida diaria del niño (dormir, ir al colegio, jugar con otros, estar tranquilo en casa), es el momento de pasar de la observación a la consulta.

    Guía breve de autoobservación (no es un diagnóstico)

    Antes de seguir leyendo sobre tratamiento, tómate un minuto con esta guía. No da un puntaje ni una etiqueta: ordena lo que estás observando para que llegues a consulta con información útil, no con ansiedad sin forma.

    ¿Qué estás observando en tu hijo o hija?

    Marca solo lo que hayas notado en las últimas semanas. Esto no es el CATS oficial ni ningún instrumento validado: es una guía para ordenar tus observaciones antes de una consulta. No calcula un puntaje ni entrega un diagnóstico.

    Reacciones frecuentes tras un evento difícil






    Señales adicionales, menos conocidas pero relevantes





    Marca al menos una opción (o confirma que no notaste ninguna) antes de continuar.

    Esta guía no diagnostica ni reemplaza al Child and Adolescent Trauma Screen (CATS), el instrumento con respaldo científico que puedes descargar más abajo. Está pensada para conversar con un profesional, no para sacar una conclusión definitiva por tu cuenta.

    Cómo se evalúa el trauma en la infancia, en serio

    En consulta, evaluar trauma infantil no es marcar una casilla. Es un proceso que combina varias fuentes de información, porque cada una por sí sola tiene puntos ciegos.

    Una revisión reciente sobre evaluación de adversidad temprana ordena el problema en dos ejes que todo profesional serio tiene en cuenta (Machlin et al., 2025):

    • Cómo se pregunta. De forma retrospectiva (lo que la persona recuerda) o prospectiva (registros hechos en el momento); de forma objetiva (qué pasó, verificable) o subjetiva (cómo lo vivió quien lo sufrió).
    • Quién responde. El propio niño o su cuidador. Aquí es donde surge el punto más delicado de toda evaluación infantil.

    El problema de quién cuenta la historia

    Preguntarle a un padre cómo está su hijo parece el camino obvio. Pero la literatura muestra que padres e hijos frecuentemente no coinciden, y esa discrepancia no es ruido estadístico: es información clínica en sí misma.

    En una revisión sistemática de 14 estudios con 12.824 díadas padre-hijo sobre exposición a violencia comunitaria, los patrones de acuerdo variaron: hubo padres que subreportaban lo que vivía el hijo, otros que sobrereportaban, y solo algunos coincidían con el relato del niño.

    Un hallazgo se repite en ese estudio: una peor relación padre-hijo y menos calidez parental se asociaron a mayor discrepancia entre lo que dice el padre y lo que dice el hijo (Hong et al., 2025).

    Y cuando el trauma involucra a la propia familia (abuso, violencia doméstica), el problema se agrava.

    Cómo se pregunte importa: una revisión sistemática y metaanálisis de 24 estudios con 15.485 personas encontró que las medidas retrospectivas del maltrato infantil (lo que la persona recuerda) se asocian con psicopatología casi el doble de fuerte (OR 2,21) que las medidas prospectivas o de registro externo (OR 1,56); ajustando unas por otras, la brecha se mantiene (2,14 frente a 1,27).

    La lectura de los propios autores es clara: el malestar se liga más a cómo se recuerda el hecho que al hecho registrado objetivamente (Baldwin et al., 2024).

    Por eso ningún instrumento serio de evaluación infantil se apoya en un solo informante. Idealmente se recoge la versión del niño (cuando la edad lo permite), la del cuidador, y se contrasta con la observación clínica directa.

    Los instrumentos que sí tienen respaldo (y los que no)

    Descartados los tests virales, ¿qué existe realmente para evaluar trauma en la infancia? Dos familias de instrumentos concentran la evidencia, y ninguna de las dos aparece en los tests que dominan hoy los resultados de Google.

    Instrumento ¿Puedes conseguirlo? Para qué sirve
    CATS
    Child and Adolescent Trauma Screen
    Sí. Acceso libre, sin licencia, en español Llevarlo impreso a la consulta y revisarlo con el profesional
    UCLA PTSD Reaction Index (RI-5) No directamente: su uso depende del equipo de la UCLA Referencia en investigación y en uso clínico especializado

    CATS (Child and Adolescent Trauma Screen): el que es gratis de verdad

    El CATS es un cuestionario basado en los criterios diagnósticos del DSM-5 para el trastorno de estrés postraumático, con 15 ítems sobre eventos potencialmente traumáticos, 20 sobre síntomas de estrés postraumático y 5 sobre impacto funcional (dificultad para dormir, concentrarse, relacionarse).

    Existe en versión de autorreporte para niños y adolescentes de 7 a 17 años, y en dos versiones de reporte del cuidador (3 a 6 años y 7 a 17 años). Es de acceso libre, sin costo de licencia, y está traducido a varios idiomas, entre ellos el español.

    Su respaldo psicométrico es consistente entre países

    En una muestra sueca de 591 escolares más un grupo clínico de 42 niños, mostró buena consistencia interna (alfa entre 0,73 y 0,89) y correlacionó fuertemente (r = 0,82) con otro instrumento ya validado (Nilsson et al., 2021).

    En una muestra clínica turca de 196 niños y adolescentes con diagnóstico confirmado por un clínico, la versión de autorreporte mostró consistencia interna alta (alfa entre 0,81 y 0,94) y distinguió con claridad entre quienes tenían el diagnóstico y quienes no (Kucukardali et al., 2026).

    Y algo que confirma lo que veíamos sobre informantes: en ese estudio el autorreporte del propio niño discriminó mejor que el reporte del cuidador.

    Los puntos de corte, y por qué no bastan solos

    Los desarrolladores originales del CATS publicaron puntos de corte orientativos para su versión de 7 a 17 años: puntajes bajo 15 se consideran dentro de lo esperable, entre 15 y 20 sugieren malestar moderado relacionado con el trauma, y de 21 en adelante sugieren un cuadro probable de TEPT que amerita evaluación diagnóstica formal (Sachser et al., 2017).

    Para la versión de cuidador de niños de 3 a 6 años, los cortes son bajo 12, entre 12 y 14, y 15 o más, respectivamente.

    Un detalle importante, y poco intuitivo: estos puntos de corte fueron pensados para una consulta clínica, no para que un padre se autoadministre el test en casa y saque una conclusión solo con el número.

    La propia guía de administración lo dice: la revisión de resultados debe hacerse junto a un profesional, que contextualiza el puntaje, explora qué hay detrás de cada síntoma marcado y decide los pasos siguientes.

    Un puntaje alto sin ese acompañamiento genera alarma sin dirección. Y uno bajo puede dar una falsa tranquilidad si el niño minimizó sus respuestas por vergüenza o miedo, algo nada raro en casos de abuso.

    Por eso esta guía no reproduce el cuestionario completo como un test de puntaje instantáneo. Más abajo tienes el enlace de descarga oficial (en español, para llevar a consulta) y una guía de autoobservación distinta, sin número, para ordenar lo que estás viendo antes de llegar ahí.

    UCLA PTSD Reaction Index: el de referencia en investigación

    (Si buscas el equivalente para adultos, la escala más usada y con más historia detrás es la de Horowitz: la revisamos en detalle en nuestra guía sobre escalas de trauma para adultos.)

    El otro instrumento con más respaldo es el UCLA PTSD Reaction Index para DSM-5 (RI-5), evaluado contra el estándar de oro de la evaluación diagnóstica: una entrevista estructurada aplicada por un clínico (la CAPS-CA-5).

    En el estudio de validación original, con 41 jóvenes en tratamiento evaluados con ambos instrumentos, un puntaje de corte de 35 en el RI-5 clasificó correctamente a quienes tenían TEPT frente a quienes no con una exactitud excelente (área bajo la curva de 0,94) (Kaplow et al., 2020).

    Existe además una versión breve de 11 ítems (RI-5-BF), derivada estadísticamente de la versión completa, con un punto de corte de 21 que maximiza la capacidad de detección sin perder precisión (Rolon-Arroyo et al., 2020).

    El RI-5 es sobre todo un instrumento de uso clínico y de investigación (su distribución y condiciones de uso dependen del equipo de la UCLA), así que para el lector que busca algo que pueda descargar hoy mismo, el CATS sigue siendo la puerta de entrada más práctica.

    Lo que ningún instrumento serio hace

    Vale la pena decirlo con todas sus letras, porque es lo que hacen mal casi todos los tests que rankean para esta búsqueda: ninguno te da un diagnóstico con solo marcar casillas.

    Una revisión sistemática sobre instrumentos de salud mental para niños desplazados forzosamente, que evaluó las propiedades de medición de 28 instrumentos distintos, concluye algo que aplica también aquí: hace falta más investigación para establecer validez transcultural y puntos de corte óptimos fuera de las poblaciones donde cada instrumento fue validado originalmente (Verhagen et al., 2022).

    El hueco que nadie menciona: no hay validación en Chile

    Ni el CATS ni el RI-5 tienen, hasta donde pudimos confirmar, un estudio de validación publicado en Chile ni en población hispanohablante de Latinoamérica. Los cortes que existen vienen de muestras suecas, turcas y estadounidenses, entre otras.

    Es un hueco real de la literatura, no un detalle menor, y una razón más para no tratar ningún puntaje online como palabra final.

    Descarga del CATS oficial, en español

    Estos son los formularios oficiales, gratuitos y sin licencia, listos para imprimir y llevar a tu consulta:

    Imprímelo, complétalo si quieres llegar con algo concreto a la primera sesión, y revísalo junto a un profesional: es exactamente como está pensado para usarse.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Una regla útil, aunque no sea infalible: en adultos, no se considera un cuadro de TEPT establecido hasta que pasan al menos tres meses del evento, porque en la mayoría de las personas operan mecanismos naturales de recuperación, según una revisión para clínicos sobre TEPT infantil que resume estos criterios (Smith, Dalgleish y Meiser-Stedman, 2019).

    En niños el criterio central es parecido y más simple de aplicar en casa: si la reacción interfiere con el funcionamiento diario —dormir, ir al colegio, jugar, estar en la casa— y no mejora con las semanas, es momento de una evaluación profesional. Lo mismo si aparece cualquiera de las señales de alerta de más arriba.

    No hace falta esperar los tres meses si la intensidad ya es alta. Ese plazo es una guía general, no una barrera de entrada.

    Qué tratamientos funcionan, si hace falta llegar ahí

    La buena noticia: si la evaluación confirma la necesidad de tratamiento, existen intervenciones con respaldo sólido pensadas para la infancia, no versiones reducidas de un tratamiento de adultos.

    La terapia cognitivo conductual centrada en el trauma (TF-CBT) es el tratamiento de primera línea. Un metaanálisis de 76 estudios encontró un efecto grande dentro de cada estudio (g = 1,32) y un efecto moderado entre distintos estudios (g = 0,57), con resultados estables sin importar qué instrumento se usó para medir el cambio (Schreyer et al., 2024).

    El EMDR también cuenta con evidencia específica en población infantil: un metaanálisis de 8 ensayos controlados aleatorizados (n = 794) encontró un efecto grande frente a lista de espera (Sutton et al., 2025), y en los dos estudios que lo compararon directamente con TF-CBT, ninguno mostró diferencias significativas entre ambas terapias.

    Y en los más pequeños, el tratamiento cambia según la etapa del desarrollo, no según una versión “reducida” de lo que se usa con adultos.

    La revisión anual sobre intervenciones para niños expuestos a trauma describe una base de evidencia escalonada por edad (Guyon-Harris y Humphreys, 2026):

    • Lactantes y niños pequeños: psicoterapia padre-hijo.
    • Preescolares: tratamiento específico para esa edad.
    • Primaria básica en adelante: la TF-CBT propiamente dicha.

    Elegir el tratamiento correcto según la edad es, en sí mismo, parte de una buena evaluación.

    Preguntas frecuentes

    ¿Existe un test de trauma infantil gratis que dé un diagnóstico?

    No. Ningún test online reemplaza una evaluación clínica. Lo que sí existe gratis es el CATS, un cuestionario validado que debe aplicarse e interpretarse junto a un profesional, no de forma autónoma en casa con un resultado instantáneo.

    ¿El test ACE sirve para evaluar a mi hijo hoy?

    No exactamente. El ACE fue diseñado para que un adulto recuerde su propia infancia; mide experiencias adversas acumuladas, no síntomas actuales. Para saber cómo está tu hijo ahora, el instrumento adecuado es uno de síntomas postraumáticos actuales, como el CATS.

    ¿Cómo se diferencia un trauma de una reacción normal a un evento estresante?

    Por la interferencia y la duración. Es esperable que un niño reaccione a un evento difícil; la diferencia aparece cuando esa reacción no cede con las semanas y empieza a afectar el sueño, el rendimiento escolar, los vínculos o el juego cotidiano.

    ¿Los padres siempre notan cuando un hijo está traumatizado?

    No siempre, y no es un fallo de atención. La evidencia muestra que padres e hijos discrepan con frecuencia, sobre todo cuando el trauma involucra a la propia familia: el niño puede ocultar su angustia, y el reporte del cuidador no siempre coincide con lo que el niño realmente vive.

    ¿A qué edad se puede evaluar el trauma en un niño?

    Desde la primera infancia, aunque el método cambia con la edad. El DSM-5 incluye criterios específicos para menores de 6 años, y a esas edades la observación directa (el juego, el vínculo con el cuidador) pesa más que cualquier cuestionario autoaplicado.

    Para cerrar

    ¿Llegaste hasta aquí buscando un número que te tranquilizara o te confirmara un miedo? Probablemente no lo vas a encontrar, y está bien que así sea: ese número no existiría con la solidez que necesitas para decidir algo importante sobre tu hijo.

    Lo que sí tienes ahora es más útil: señales concretas que observar, un instrumento real que puedes descargar y claridad sobre qué preguntas hacerle a quien evalúe a tu hijo.

    Si reconoces varias señales de alerta, o si la guía de autoobservación te dejó con más preguntas que certezas, el paso siguiente es agendar una evaluación profesional.

    No hace falta que estés seguro del todo. Nicolás Alcayaga atiende evaluación y tratamiento de trauma infantil, y la primera conversación sirve, precisamente, para poner en palabras lo que hasta ahora era solo una sospecha.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico
    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Perfil profesional

    Referencias

    • Baldwin, J. R., Coleman, O., Francis, E. R., & Danese, A. (2024). Prospective and retrospective measures of child maltreatment and their association with psychopathology: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 81, 769-781. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2024.0818
    • Guyon-Harris, K. L., & Humphreys, K. L. (2026). Annual Research Review: Interventions for young children exposed to trauma. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 67, 508-523. https://doi.org/10.1111/jcpp.70121
    • Hong, K., Morelli, N. M., Tabibian, D. R., Jimenez, M. G., Straub, D., & Villodas, M. T. (2025). Systematic Review of Parent-Youth Discrepancies in Exposures to Community Violence. Clinical Child and Family Psychology Review, 28, 708-734. https://doi.org/10.1007/s10567-025-00532-8
    • Kaplow, J. B., Rolon-Arroyo, B., Layne, C. M., Rooney, E., Oosterhoff, B., Hill, R., Lotterman, J., Gallagher, K. A. S., & Pynoos, R. S. (2020). Validation of the UCLA PTSD Reaction Index for DSM-5: A Developmentally Informed Assessment Tool for Youth. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 59, 186-194. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2018.10.019
    • Kucukardali, R. S., Karal, B. N., Özkal, A., Erus, S. M., Görmez, V., & Örengül, A. C. (2026). Validation of the Child and Adolescent Trauma Screen-2 (CATS-2) in a Turkish clinical sample: psychometric properties across ICD-11 and DSM-5 frameworks. European Journal of Psychotraumatology. https://doi.org/10.1080/20008066.2026.2694190
    • Machlin, L., Sheridan, M. A., Tsai, A. P., & McLaughlin, K. A. (2025). Research Review: Assessment of early-life adversity and trauma – cumulative risk and dimensional approaches. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 66, 1748-1764. https://doi.org/10.1111/jcpp.14170
    • Nilsson, D., Dävelid, I., Ledin, S., & Svedin, C. G. (2021). Psychometric properties of the Child and Adolescent Trauma Screen (CATS) in a sample of Swedish children. Nordic Journal of Psychiatry, 75, 195-203. https://doi.org/10.1080/08039488.2020.1840628
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    • Sachser, C., Berliner, L., Holt, T., Jensen, T. K., Jungbluth, N., Risch, E., Rosner, R., & Goldbeck, L. (2017). International development and psychometric properties of the Child and Adolescent Trauma Screen (CATS). Journal of Affective Disorders, 210, 189-195. https://doi.org/10.1016/j.jad.2016.12.040
    • Schreyer, B., Thielemann, J. F. B., Kasparik, B., & Rosner, R. (2024). Differences of TF-CBT treatment effects using various outcome measures: a meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 15, 2406136. https://doi.org/10.1080/20008066.2024.2406136
    • Smith, P., Dalgleish, T., & Meiser-Stedman, R. (2019). Practitioner Review: Posttraumatic stress disorder and its treatment in children and adolescents. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 60, 500-515. https://doi.org/10.1111/jcpp.12983
    • Sutton, A., Carroll, C., Simpson, E., Forsyth, J., Rayner, A., Ren, S., & Wood, E. (2025). Clinical and Cost-Effectiveness of Eye Movement Desensitisation and Reprocessing for Post-Traumatic Stress Disorder in Children and Adolescents: A Systematic Review and Meta-Analysis. Clinical Psychology & Psychotherapy, 32, e70186. https://doi.org/10.1002/cpp.70186
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    • Zasiekina, L., Griffin, A., Blakemore, S. J., Hlova, I., & Bignardi, G. (2025). Prevalence of war-related posttraumatic stress disorder in adolescents: a systematic review and meta-analysis. European Journal of Psychotraumatology, 16, 2497167. https://doi.org/10.1080/20008066.2025.2497167