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  • Evaluación neuropsicológica antes de una cirugía de epilepsia

    Evaluación neuropsicológica antes de una cirugía de epilepsia

    Si a ti o a alguien de tu familia le dijeron que la epilepsia no cede con los fármacos y que conviene estudiar una cirugía, lo más probable es que entre los exámenes aparezca uno que no suena médico: una evaluación neuropsicológica. La evaluación neuropsicológica prequirúrgica en epilepsia es un mapa de cómo trabajan hoy la memoria, el lenguaje y la atención, y de cuánto podrían cambiar si se opera una zona específica del cerebro. En esta guía vas a ver para qué sirve esa evaluación cognitiva antes de la cirugía de epilepsia, qué pruebas incluye, cuánto dura, qué riesgos de memoria muestran los estudios y qué puede (y qué no puede) decidir por sí sola.

    Respuesta corta: la evaluación neuropsicológica prequirúrgica mide memoria, lenguaje, atención, funciones ejecutivas y estado de ánimo antes de la operación. Ayuda al equipo a comprobar si el perfil de dificultades coincide con la zona donde nacen las crisis, a estimar qué podría perderse al operar y a tener una línea de base para comparar después. No decide sola si se opera: esa decisión la toma un equipo de epilepsia con varios estudios.

    ¿Para qué sirve la evaluación neuropsicológica prequirúrgica en epilepsia?

    La evaluación neuropsicológica prequirúrgica sirve para comparar qué funciones están alteradas, qué funciones están sanas y qué riesgo cognitivo tendría operar una zona determinada. Forma parte del estudio completo de la epilepsia farmacorresistente, junto con el video-electroencefalograma y las imágenes del cerebro (Schuele et al., 2025).

    En la práctica cumple cinco funciones:

    • Comprobar que el perfil encaja con el foco. Si el electroencefalograma y la resonancia señalan, por ejemplo, el lóbulo temporal izquierdo, se espera que la persona rinda peor en memoria verbal que en memoria visual. Cuando todo apunta al mismo lugar, el equipo gana confianza; cuando no, sabe que falta algún estudio (Ortiz et al., 2010).
    • Ubicar el lenguaje y la memoria. En la mayoría de las personas el lenguaje vive en el hemisferio izquierdo, pero en algunas, sobre todo cuando las crisis empezaron muy temprano, las funciones se reorganizaron hacia el otro lado (Lezak et al., 2012).
    • Estimar cuánto riesgo hay de perder memoria. Dos ideas clásicas ordenan esta estimación: si el tejido que se va a extirpar todavía trabaja bien, perderlo duele más (modelo de adecuación funcional), y si el otro lado del cerebro tiene poca capacidad de asumir la memoria, el riesgo sube (modelo de reserva funcional) (Chelune, 1995, citado en Lezak et al., 2012).
    • Dejar una línea de base. Una evaluación hecha antes permite saber, un año después, qué cambió de verdad y qué no.
    • Mirar el ánimo y las expectativas. La ansiedad, la depresión y las quejas de memoria influyen en cómo se siente la persona después de operarse, y conviene verlas antes (Hebben y Milberg, 2011).

    Este mapa de funciones, lo que a veces se llama mapeo cognitivo prequirúrgico, no reemplaza ningún otro estudio. Se suma a ellos. Para el sentido más general de este tipo de evaluación fuera del contexto quirúrgico, tienes la guía de evaluación neuropsicológica del sitio.

    ¿Qué se evalúa y con qué pruebas neuropsicológicas en epilepsia?

    Una batería prequirúrgica recorre varios dominios cognitivos, porque cada zona del cerebro se refleja en un patrón distinto. Un consenso de expertos de la Liga Francesa contra la Epilepsia propuso evaluar eficiencia intelectual, memoria a largo plazo, memoria a corto plazo y de trabajo, atención, funciones ejecutivas, velocidad de procesamiento, habilidades motoras, lenguaje, procesamiento visual, praxias, aspectos psicoconductuales y cognición social, según un consenso publicado en 2019 (Brissart et al., 2019). Los mismos autores advierten que la evidencia científica de esa recomendación es baja y que faltan pruebas específicas con datos normativos.

    Según los manuales de referencia del campo, las pruebas más habituales son:

    • Memoria verbal: aprendizaje de listas de palabras (por ejemplo el TAVEC, el CVLT-II o el RAVLT) y memoria de historias y pares asociados de las escalas de Wechsler.
    • Memoria visual: copia y recuerdo de la Figura Compleja de Rey y subpruebas visuales de Wechsler.
    • Lenguaje: denominación de láminas (Boston Naming Test), fluidez verbal, comprensión y repetición.
    • Atención y funciones ejecutivas: Trail Making Test, Stroop, Wisconsin y pruebas de fluidez.
    • Capacidad intelectual: escalas Wechsler, con una estimación del nivel previo a la enfermedad.
    • Ánimo y validez del esfuerzo: cuestionarios de depresión y ansiedad y pruebas que comprueban si el rendimiento refleja la capacidad real (Holdnack et al., 2013; Hebben y Milberg, 2011).

    Casi todas estas pruebas son de lápiz, papel y preguntas orales. Ninguna requiere agujas, aparatos ni sedación.

    ¿Cuánto dura y cómo prepararse para la evaluación?

    Una batería prequirúrgica completa suele tomar entre tres y cuatro horas de aplicación directa, a menudo repartidas en una o dos sesiones, con pausas breves entre pruebas (Hebben y Milberg, 2011; Lezak et al., 2012). El tiempo exacto depende de la fatiga, la edad y las preguntas que haya que responder.

    Para que el resultado represente tu capacidad real, estas recomendaciones de los manuales ayudan:

    1. Toma tus medicamentos como siempre. Suspender un antiepiléptico para el examen puede provocar crisis y hacer inválida la evaluación. Cualquier cambio lo decide tu neurólogo, no tú.
    2. Duerme lo mejor posible la noche anterior. El sueño insuficiente enlentece la atención y puede hacer que parezcas peor de lo que estás.
    3. Avisa si tuviste crisis recientes. Después de una crisis o de una racha de crisis, la memoria y la velocidad de pensamiento quedan alteradas por un tiempo, y la evaluación se pospone hasta que estés lúcido y estable.
    4. Pide una sesión de mañana, si puedes. La alerta suele ser mejor.
    5. Da tu mejor esfuerzo, sin forzarte. Las pruebas incluyen controles de validez que detectan cuando alguien rinde por debajo de su capacidad, ya sea por cansancio, miedo o desánimo. Si estás cansado o ansioso, dilo: se anota y se interpreta con eso en mente.

    ¿Qué papel tienen el test de Wada y la resonancia funcional?

    Cuando las pruebas neuropsicológicas, el electroencefalograma y la resonancia no cuentan la misma historia, o se sospecha que el lenguaje o la memoria están en un lugar poco habitual, el equipo puede pedir un estudio adicional que ubique esas funciones. Hay dos opciones principales.

    El test de Wada (o test del amital sódico intracarotídeo) es un procedimiento invasivo: se inyecta un anestésico de acción breve en una arteria carótida para dormir un hemisferio a la vez durante unos minutos, mientras se prueban lenguaje y memoria con el otro. Sirve para saber en qué lado está el lenguaje y si el hemisferio que no se opera podría sostener la memoria por sí solo. La definición médica del test de Wada de la Clínica Universidad de Navarra resume cómo se hace.

    La resonancia magnética funcional mide cómo cambia el flujo de sangre en el cerebro mientras la persona hace tareas de lenguaje o de memoria. No es invasiva y se usa como alternativa o complemento al Wada. En un estudio con 30 personas operadas del lóbulo temporal anterior izquierdo, la lateralización del lenguaje en la resonancia funcional preoperatoria se relacionó con el cambio de memoria verbal después de la cirugía, y cerca de la mitad de los operados del lado izquierdo mostró un descenso. En ese mismo estudio, la asimetría de activación del hipocampo en una tarea de memoria de escenas no predijo ese resultado (Binder et al., 2010).

    ¿Qué riesgo de perder memoria hay al operar?

    El riesgo cognitivo más conocido de la cirugía del lóbulo temporal es una caída de la memoria verbal si se opera el lado izquierdo, y de la memoria visual, de forma más leve, si se opera el derecho. Las cifras varían según el estudio y la técnica, y conviene leerlas como rangos y no como una sentencia.

    • Una revisión sistemática con estimaciones agrupadas de 23 estudios, casi todos de cirugía temporal, calculó un riesgo de pérdida de memoria verbal de 44% tras cirugía temporal izquierda, el doble que tras cirugía derecha (20%). La denominación de objetos bajó en 34% de los operados del lado izquierdo. El cociente intelectual, la atención y las funciones ejecutivas rara vez cayeron, y la fluidez verbal mejoró en 27% tras cirugía izquierda. Además, las quejas subjetivas de deterioro fueron poco frecuentes (Sherman et al., 2011).
    • Un metaanálisis de 34 estudios sobre epilepsia temporal mesial encontró descenso de memoria verbal en 36% con resección abierta del lado izquierdo y en 29% con termoterapia láser intersticial guiada por resonancia, sin diferencia significativa. En memoria visual tras cirugía derecha las cifras fueron parecidas (16% y 19%). La denominación bajó más con resección abierta (43%) que con la técnica láser (9%) en el lado izquierdo (Stavrogianni et al., 2026).
    • Otro metaanálisis reciente calculó que la memoria verbal descendió entre 17% y 37% de los operados del lóbulo temporal. Ese descenso no afectó de forma independiente la calidad de vida cuando se lograba la libertad de crisis, y 20% de los pacientes con epilepsia temporal izquierda libres de crisis mejoró en memoria verbal (Ranpariya et al., 2026).
    • En el largo plazo, una revisión de 11 estudios con seguimiento de más de cinco años encontró que la función cognitiva se mantuvo estable pese al descenso inmediato posterior a la cirugía, y destacó el posible papel de las técnicas más selectivas (Alexandratou et al., 2021).

    ¿Qué hace que el riesgo individual sea mayor o menor? Los manuales señalan que sube cuando el hipocampo izquierdo todavía rinde bien antes de operar, cuando el lado contrario tiene poca reserva y cuando el lenguaje está del lado que se opera. Baja cuando ese hipocampo ya está dañado por esclerosis, cuando las crisis empezaron muy temprano en la infancia y cuando el lenguaje se reorganizó hacia el hemisferio derecho (Lezak et al., 2012; Ortiz et al., 2010). Por eso la evaluación neuropsicológica no entrega una cifra única para todos, sino una estimación para cada persona.

    Si te interesa entender los tipos de olvido y de amnesia que pueden aparecer con cualquier daño del lóbulo temporal, la guía sobre los tipos de pérdida de memoria los distingue.

    ¿Qué se espera tras la cirugía: crisis, ánimo y calidad de vida?

    Lo que más pesa en cómo se vive la vida después de operar es si las crisis desaparecen. En un ensayo aleatorizado clásico con 80 personas con epilepsia del lóbulo temporal, al año de seguimiento 58% de los operados estaba libre de crisis que alteran la conciencia, frente a 8% de quienes siguieron solo con fármacos (Wiebe et al., 2001).

    En el metaanálisis de Ranpariya et al. (2026), con 42 estudios y 6.218 adultos, la depresión mejoró de forma pequeña a moderada después de operar, más en quienes quedaron libres de crisis, y no cambió de forma significativa en quienes siguieron con crisis. Aparecieron trastornos psiquiátricos nuevos en 16,3% (depresión 9,8%, ansiedad 7,1%, psicosis 2,7%), y la calidad de vida mejoró durante cinco años entre quienes quedaron libres de crisis. Los autores concluyen que conviene un tamizaje antes de operar y un seguimiento después.

    Por eso la evaluación prequirúrgica también mira el ánimo y la ansiedad. Si estás pasando por este proceso y la incertidumbre te pesa, eso también merece atención clínica, aparte de los estudios de memoria.

    ¿Y si el paciente es un niño o un adolescente?

    En niños el objetivo es el mismo, pero hay particularidades que cambian la lectura. Según los manuales de neuropsicología infantil, el cerebro en desarrollo tiene más plasticidad, y las crisis de inicio muy temprano a veces reorganizan el lenguaje o la memoria hacia el lado sano, lo que puede proteger frente a pérdidas graves (Lezak et al., 2012; Matute et al., 2013). También hay un problema propio de la infancia: algunos déficits no se ven de inmediato y aparecen años después, cuando se espera que maduren funciones más complejas (Miller, 2012).

    Además, en niños con epilepsia desde pequeños es difícil estimar cómo habría sido su rendimiento sin la enfermedad, porque la epilepsia se mezcla con el desarrollo y la escolaridad. Por eso la evaluación infantil también sirve para armar un perfil de fortalezas y debilidades que oriente las adaptaciones en el colegio (Miller, 2012). Para entender cómo es una evaluación neuropsicológica en niños en general, está la guía de evaluación neuropsicológica infantil. Los estudios agrupados que revisamos para este artículo se centran sobre todo en adultos con epilepsia temporal, así que las cifras de más arriba no deben extrapolarse a niños.

    ¿Cuándo se repite la evaluación después de operar?

    La evaluación se repite para ver qué cambió de verdad. Los protocolos de cirugía de epilepsia suelen hacer un primer control a los 3 a 6 meses y otro a los 6 a 12 meses, cuando ya pasó la inflamación de la cirugía y las crisis se estabilizaron (Hebben y Milberg, 2011; Holdnack et al., 2013).

    Comparar dos puntajes no basta. Repetir la misma prueba produce un efecto de práctica: la persona la reconoce y suele rendir un poco mejor. Si alguien obtiene exactamente el mismo puntaje antes y después en una prueba donde la población sana mejora por práctica, eso puede significar una pérdida real. Para ajustar esto se usan fórmulas de cambio fiable que descuentan el efecto de práctica y el error de medición, y que se desarrollaron justamente en pacientes operados de epilepsia (Chelune et al., 1993; McSweeny et al., 1993). En lenguaje simple, el equipo no pregunta solo “¿bajó el puntaje?”, sino “¿bajó más de lo que bajaría o subiría por azar entre dos aplicaciones?”.

    ¿Qué no puede decidir sola la evaluación neuropsicológica?

    La evaluación es una pieza del rompecabezas, y tiene límites claros que conviene conocer.

    • No localiza el foco por sí sola. Un bajo rendimiento en una prueba es poco específico: puede venir de varias redes cerebrales, de medicamentos o del ánimo. Hace falta integrarlo con electroencefalograma e imágenes (Ortiz et al., 2010).
    • No decide la cirugía. La decisión pesa riesgos y beneficios con un equipo multidisciplinario, y no depende de que haya o no un déficit en un test (Schuele et al., 2025).
    • No resuelve sola los casos dudosos. Si hay discrepancias entre pruebas e imágenes, se recurre al Wada o a la resonancia funcional.
    • Puede dar resultados poco fiables si la persona está postictal, con sedación por fármacos, con mucho dolor, ansiedad o cansancio, o si las normas usadas no corresponden a su edad y escolaridad (Hebben y Milberg, 2011; Lezak et al., 2012).
    • Todavía tiene evidencia limitada. El consenso francés ya citado reconoce que la calidad de la evidencia es baja y que falta desarrollar pruebas con datos normativos propios para esta población (Brissart et al., 2019).

    En los casos en que se usa electroencefalografía con electrodos profundos (estéreo-EEG), la evaluación neuropsicológica además ayuda a localizar la red de las crisis cuando los estudios no invasivos no coinciden, a estimar riesgos cognitivos del procedimiento y a orientar a la persona sobre sus opciones. Una revisión de 2025 señala que su papel en estos programas ha sido poco considerado y propone un modelo de práctica que incluye evaluación, consejería y participación durante la estimulación cortical (Cockle et al., 2025).

    ¿Cuándo conviene preguntar por una evaluación prequirúrgica?

    La evaluación prequirúrgica se pide dentro de un centro o programa de epilepsia, no por cuenta propia. Lo razonable es hablar con tu neurólogo si las crisis siguen pese a tratamientos bien indicados, y preguntarle si corresponde derivarte a un estudio prequirúrgico. Un resumen general de la enfermedad está en MedlinePlus y en la ficha informativa de la OMS. Una crisis que no cede o que viene con dificultad para respirar es una urgencia médica: ahí no se espera ninguna evaluación.

    Preguntas frecuentes

    ¿La evaluación neuropsicológica antes de la cirugía de epilepsia duele?

    No. Son tareas de lápiz, papel, láminas y preguntas orales, sin agujas ni sedación. Lo que cansa es la duración: suele tomar entre tres y cuatro horas, a veces repartidas en dos sesiones. El test de Wada, en cambio, es un procedimiento aparte, invasivo, y solo se pide cuando los estudios no coinciden.

    ¿Pueden negarme la cirugía por mis resultados en la evaluación?

    El resultado informa el riesgo, pero no decide solo. El equipo de epilepsia compara el beneficio probable (quedar libre de crisis) con el riesgo cognitivo, usando también electroencefalograma, resonancia y otros estudios. A veces el resultado cambia la técnica o la extensión de lo que se opera.

    ¿Tengo que dejar mis remedios para hacer la evaluación?

    No, salvo que tu neurólogo lo indique para otro estudio. Suspender los antiepilépticos por tu cuenta puede provocar crisis. Lo habitual es tomarlos como siempre y llevar un registro de dosis y horarios para que el evaluador lo anote.

    ¿Qué pasa si tuve una crisis días antes de la evaluación?

    Avísalo. Después de una crisis o de una racha de crisis la memoria y la velocidad de pensamiento pueden alterarse por un tiempo. Si el cambio es reciente, lo habitual es posponer las pruebas hasta que estés estable, para que los resultados representen tu funcionamiento real.

    ¿Cuánta memoria se pierde después de operar?

    Depende del lado, la técnica y el estado previo del hipocampo. En metaanálisis, el descenso de memoria verbal tras cirugía temporal izquierda va de cerca de 17% a 44% de los operados según el estudio, y es menor en el lado derecho. La evaluación prequirúrgica sirve justamente para estimar tu riesgo individual.

    ¿Se repite la evaluación después de operar?

    Sí. Se suele repetir a los 3 a 6 meses y de nuevo entre los 6 y 12 meses. Compararla con la evaluación previa permite saber qué cambió de verdad, descontando el efecto de práctica, y orientar el regreso al trabajo, a los estudios y las estrategias de apoyo.

    Qué hacer ahora

    Si estás en proceso de estudio para una cirugía de epilepsia, lleva a la evaluación tus medicamentos, un registro de tus crisis y tus dudas por escrito, y pregunta qué dominios se van a evaluar y cuándo se repetirá. Si además la incertidumbre te está pasando la cuenta en el ánimo o en el sueño, o quieres orientación sobre una evaluación neuropsicológica de seguimiento, escríbenos desde la página de contacto y vemos cómo ayudarte. Si lo que buscas es una evaluación neuropsicológica para otros motivos (por ejemplo, en adultos o por sospecha de TDAH), esas guías explican el proceso.

    Referencias

    Alexandratou, I., Patrikelis, P., Messinis, L., Alexoudi, A., Verentzioti, A., Stefanatou, M., Nasios, G., Panagiotopoulos, V., & Gatzonis, S. (2021). Long-term neuropsychological outcomes following temporal lobe epilepsy surgery: An update of the literature. Healthcare, 9(9), 1156. https://doi.org/10.3390/healthcare9091156

    Binder, J. R., Swanson, S. J., Sabsevitz, D. S., Hammeke, T. A., Raghavan, M., & Mueller, W. M. (2010). A comparison of two fMRI methods for predicting verbal memory decline after left temporal lobectomy: Language lateralization versus hippocampal activation asymmetry. Epilepsia, 51(4), 618-626. https://doi.org/10.1111/j.1528-1167.2009.02340.x

    Brissart, H., Planton, M., Bilger, M., Bulteau, C., Forthoffer, N., Guinet, V., Hennion, S., Kleitz, C., Laguitton, V., Mirabel, H., Mosca, C., Pécheux, N., Pradier, S., Samson, S., Tramoni, E., Voltzenlogel, V., Denos, M., & Boutin, M. (2019). French neuropsychological procedure consensus in epilepsy surgery. Epilepsy & Behavior, 100, 106522. https://doi.org/10.1016/j.yebeh.2019.106522

    Chelune, G. J., Naugle, R. I., Lüders, H., Sedlak, J., & Awad, I. A. (1993). Individual change after epilepsy surgery: Practice effects and base-rate information. Neuropsychology, 7(1), 41-52. https://doi.org/10.1037/0894-4105.7.1.41

    Cockle, E., Malpas, C. B., Alpitsis, R., O’Brien, T. J., Rayner, G., & Neal, A. (2025). The role of neuropsychology in stereo-EEG: A narrative review. Epilepsia Open, 10(5), 1284-1299. https://doi.org/10.1002/epi4.70124

    Hebben, N., & Milberg, W. (2011). Fundamentos para la evaluación neuropsicológica. Editorial El Manual Moderno.

    Holdnack, J. A., Drozdick, L., Weiss, L. G., & Zhou, X. (2013). WAIS-IV, WMS-IV, and ACS: Advanced clinical interpretation. Academic Press.

    Lezak, M. D., Howieson, D. B., Bigler, E. D., & Tranel, D. (2012). Neuropsychological assessment (5.ª ed.). Oxford University Press.

    Matute, E., Rosselli, M., Ardila, A., & Ostrosky, F. (2013). Evaluación neuropsicológica infantil (ENI-2) (2.ª ed.). Editorial El Manual Moderno.

    McSweeny, A. J., Naugle, R. I., Chelune, G. J., & Lüders, H. (1993). “T scores for change”: An illustration of a regression approach to depicting change in clinical neuropsychology. The Clinical Neuropsychologist, 7(3), 300-312. https://doi.org/10.1080/13854049308401901

    Miller, D. C. (2012). Essentials of school neuropsychological assessment (2.ª ed.). John Wiley & Sons.

    Ortiz, S., Solís, E., & Aliaga, Á. (2010). Valoración de la epilepsia desde la neuropsicología forense. En A. Jarne & Á. Aliaga (Comps.), Manual de neuropsicología forense: De la clínica a los tribunales (pp. 615-670). Herder.

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    Schuele, S., Busch, R. M., Frauscher, B., Gnatkovsky, V., Hamer, H., Jehi, L., Kanner, A., Ramantani, G., Rüber, T., Schulze-Bonhage, A., Surges, R., & Wadi, L. (2025). Seminars in epileptology: Presurgical epilepsy evaluation. Epileptic Disorders, 27(6), 1105-1147. https://doi.org/10.1002/epd2.70105

    Sherman, E. M. S., Wiebe, S., Fay-McClymont, T. B., Tellez-Zenteno, J., Metcalfe, A., Hernandez-Ronquillo, L., Hader, W. J., & Jetté, N. (2011). Neuropsychological outcomes after epilepsy surgery: Systematic review and pooled estimates. Epilepsia, 52(5), 857-869. https://doi.org/10.1111/j.1528-1167.2011.03022.x

    Stavrogianni, K., Poprelka, K., Fasilis, T., Giannopapas, V., Hahn, W., Gorny, I., Kalyvas, A., Stavrinou, L., Giannopoulos, S., Boviatsis, E., Tsivgoulis, G., Bonakis, A., Knake, S., & Tsalouchidou, P.-E. (2026). Neuropsychological outcomes comparing traditional surgical approaches and laser interstitial thermal therapy for refractory mesial temporal lobe epilepsy: A systematic review and meta-analysis. Epilepsia, 67(2), 588-605. https://doi.org/10.1111/epi.18687

    Wiebe, S., Blume, W. T., Girvin, J. P., & Eliasziw, M. (2001). A randomized, controlled trial of surgery for temporal-lobe epilepsy. New England Journal of Medicine, 345(5), 311-318. https://doi.org/10.1056/nejm200108023450501