Quizá lo has notado en tus abuelos o en tus padres: a cierta edad parecen tomarse las discusiones con más calma, se enganchan menos con lo que antes les quitaba el sueño y sacan antes la conversación pendiente. Otras veces pasa lo contrario, y un familiar mayor se cierra, se irrita o no sabe poner en palabras lo que le pasa. La inteligencia emocional en adultos mayores explica parte de esa diferencia, aunque la respuesta a si “mejora con los años” tiene un matiz que casi nadie cuenta. Aquí vas a ver qué mejora de verdad con la edad, qué no, y qué se puede hacer al respecto.
En breve: con los años suele mejorar el bienestar emocional y la forma de regular lo que sentimos, y eso está bien respaldado por la investigación. La inteligencia emocional medida como habilidad con un test, en cambio, sigue una curva en forma de U invertida: sube hasta la adultez media y desciende algo después, salvo la comprensión de las emociones. Además, se puede entrenar también pasados los 60.
¿Qué es la inteligencia emocional en adultos mayores?
La inteligencia emocional es la capacidad de percibir, entender y manejar las emociones propias y las de otros. Daniel Goleman (2009) la popularizó como un conjunto de competencias que incluye el autocontrol, la empatía y las habilidades sociales, y el modelo de habilidad de Mayer y Salovey la define como un conjunto de destrezas mentales para procesar información emocional (Bar-On y Parker, 2000).
En la tercera edad el concepto es el mismo. Lo que cambia es el contexto: pérdidas, jubilación, cambios de salud, redes sociales que se achican. Manejar bien las emociones en ese escenario es una destreza útil, y conviene saber que “inteligencia emocional” se mide de dos maneras bastante distintas:
- Como habilidad: pruebas de ejecución, como el MSCEIT, donde la persona resuelve tareas (identificar una emoción en un rostro, decidir qué estrategia ayuda más en una situación).
- Como autopercepción: cuestionarios, como el TMMS-24, donde la persona dice cuánto atiende a sus emociones, cuánta claridad tiene sobre ellas y cuánto cree poder repararlas.
Esta distinción pesa mucho en la siguiente pregunta, porque cada forma de medir da una respuesta diferente.
¿Mejora la inteligencia emocional con la edad?
Depende de qué se mida y de qué edad se compare. Los datos más sólidos no dibujan una subida continua hasta la vejez, sino una curva.
En el Handbook of Emotional Intelligence (Bar-On y Parker, 2000), el capítulo de Reuven Bar-On sobre el inventario EQ-i muestra que las puntuaciones aumentan con los años y alcanzan su máximo entre el final de los 40 y el comienzo de los 50. Bar-On subraya un contraste con el CI cognitivo: este crece hasta la adolescencia y comienza a bajar algo en las décadas siguientes, mientras que la inteligencia emocional y social sigue desarrollándose al menos hasta la quinta década de la vida. El mismo manual recoge que, pasados los 50, las puntuaciones globales del EQ-i muestran un descenso leve.
Un estudio transversal con 12.198 adultos españoles de 17 a 76 años (Cabello et al., 2016) encontró lo mismo con el MSCEIT: la inteligencia emocional de habilidad varió con la edad en forma de U invertida, de modo que las personas más jóvenes y las mayores puntuaron por debajo de las de mediana edad. La excepción fue la rama de comprender las emociones, que no bajó. Las mujeres puntuaron más que los hombres.
Hay una cautela importante. Ese estudio compara a personas de edades distintas en un mismo momento, y no sigue a las mismas personas durante décadas. Por eso no permite separar lo que cambia por envejecer de lo que se debe a haber nacido en otra época, con otra educación. Y la inteligencia emocional como habilidad tiene una lógica parecida a la inteligencia “cristalizada”, la que depende de la experiencia acumulada, según los autores del modelo en el mismo manual (Bar-On y Parker, 2000). Eso la hace menos vulnerable al paso del tiempo que la rapidez mental, pero no inmune.
¿Qué sí mejora con los años?
Lo que muestra una mejora consistente es el bienestar emocional cotidiano y la manera de regular lo que sentimos. La regulación emocional en adultos mayores, y eso que a veces se llama sabiduría emocional de la vejez, tiene respaldo amplio:
- Las emociones del día a día mejoran. En un estudio que siguió durante más de diez años a personas de entre la juventud y la vejez muy avanzada (Carstensen et al., 2011), a cada una se le preguntó cinco veces al día cómo se sentía durante una semana, repetida en tres momentos. El envejecimiento se asoció con más emociones positivas en general, más estabilidad y más complejidad (sentir a la vez alegría y tristeza, por ejemplo). Vivir más emociones positivas que negativas se relacionó con mayor probabilidad de seguir vivo trece años después.
- Se mira más lo positivo. Un metaanálisis de 100 estudios (Reed et al., 2014), con más de 7.000 participantes, confirmó el llamado efecto de positividad: las personas mayores tienden a atender y recordar más lo positivo que lo negativo, y las jóvenes hacen lo contrario.
- Se regula con menos dificultades. Una revisión sistemática de 44 estudios (Sardella et al., 2023) concluyó que las personas mayores usan más estrategias de regulación adaptativas y reportan menos dificultades de regulación que las jóvenes.
Una revisión de Charles y Carstensen (2010) lo resume con una paradoja: la capacidad biológica y cognitiva declina, y aun así el bienestar emocional se mantiene relativamente alto. La resolvieron entendiendo el envejecimiento como una adaptación, no como una simple pérdida.
¿Por qué ocurre?
La explicación más citada es la teoría de la selectividad socioemocional, de Laura Carstensen. Cuando el tiempo por delante se percibe como más corto, las metas cambian: pesan más el bienestar presente, las relaciones cercanas y el sentido, y menos acumular logros o conocer gente nueva. Carstensen y su equipo la usaron para interpretar sus resultados sobre el ánimo cotidiano.
También hay factores del cerebro y de la regulación. En una revisión de Mather (2012), las personas mayores reaccionan menos ante situaciones negativas, ignoran mejor lo negativo irrelevante y recuerdan relativamente más lo positivo, por una combinación de estrategias distintas y de prioridades que cambian.
Esa protección tiene un límite. Según la misma revisión, cuando una enfermedad cardiovascular daña la sustancia blanca prefrontal, quedan menos recursos para controlar las emociones y aumenta la vulnerabilidad a la depresión. Y una revisión reciente (Isaacowitz y English, 2024) señala que casi toda la investigación mira qué estrategias usan los mayores, y falta entender mejor cuándo y por qué deciden regular una emoción. Es un campo que sigue abierto.
¿Para qué sirve la inteligencia emocional en la vejez?
La evidencia apunta a que va de la mano con el bienestar y con menos síntomas depresivos, con la advertencia de que casi todos los estudios son transversales y muestran asociaciones.
- En una validación del TMMS-24 con 215 personas mayores de 60 años sin deterioro cognitivo (Delhom et al., 2017), el instrumento mostró buenas propiedades psicométricas, y la inteligencia emocional se relacionó con el bienestar psicológico, directamente y a través de la satisfacción con la vida.
- En un estudio con 128 mayores de 65 (Lloyd et al., 2012), cada punto más en la escala EQ-i:S se asoció con un 6 % menos de riesgo de depresión (OR = 0,94), tras ajustar por edad, educación y uso de antidepresivos. Es una asociación en una muestra pequeña y por conveniencia: no demuestra que la inteligencia emocional proteja, solo que van juntas.
¿Se puede entrenar después de los 60?
Hay un dato alentador, aunque con una sola investigación detrás. En un ensayo aleatorizado (Delhom et al., 2022), 111 personas mayores sanas recibieron un programa de 10 sesiones de 90 minutos (51 en el grupo de intervención y 60 en el control). Quienes hicieron el programa mejoraron en claridad y reparación emocional, usaron más estrategias de afrontamiento centradas en el problema, menos las centradas en la emoción, y bajaron en desesperanza y síntomas depresivos.
Es un solo equipo y una muestra moderada, así que conviene tomarlo como una buena señal y no como una conclusión cerrada. Aun así, indica que a esta edad no se llega a un “techo” emocional.
¿Cómo cuidar tu inteligencia emocional (o la de un familiar mayor)?
No existe un estudio que compare cada hábito por separado en esta etapa, así que lo que sigue es orientación general, coherente con los componentes que trabajó el programa de Delhom y con lo que se sabe de regulación emocional:
- Ponerle nombre a lo que se siente. La claridad emocional fue una de las dimensiones que mejoró con el entrenamiento. “Estoy enojado” y “estoy dolido porque no me llamaron” llevan a conversaciones distintas.
- Elegir qué hacer con la emoción. Resolver el problema cuando se puede, buscar apoyo cuando conviene, y evitar quedarse dando vueltas en lo que ya no tiene arreglo.
- Cuidar las relaciones que dan sentido. Si las metas se reordenan hacia lo cercano, vale la pena proteger esos vínculos, y practicar cómo pedir lo que se necesita (algo que trabajamos en el artículo sobre asertividad en adultos mayores).
- Mirar el cuerpo. El sueño y la salud física condicionan el ánimo; si te interesa, revisa por qué cambia el sueño en la vejez.
- Pedir ayuda cuando el ánimo pesa más de lo habitual. Más abajo se explica cómo reconocer ese momento.
Si quieres entender mejor cómo funciona esta habilidad en general, tienes la guía sobre inteligencia emocional según Goleman y una más práctica sobre cómo controlar las emociones.
¿Cuándo conviene consultar con un profesional?
Una buena inteligencia emocional no vuelve inmune a nadie. Una ficha de la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor del 15 % de las personas de 70 años o más vive con algún trastorno mental, sobre todo ansiedad o depresión, y señala la soledad, el edadismo y el maltrato como factores de riesgo.
Conviene consultar si, durante varias semanas, la persona mayor pierde el interés por lo que le gustaba, duerme mal o se aísla, se muestra más irritable o desesperanzada, o si cambia de forma llamativa su manera de reaccionar. La depresión en la vejez a veces se confunde con deterioro de la memoria (lo explicamos en el artículo sobre pseudodemencia depresiva), y existen herramientas de tamizaje como la escala de Yesavage para depresión en adultos mayores, que orientan pero no reemplazan una evaluación clínica.
Si aparecen ideas de hacerse daño o de no querer seguir viviendo, llama de inmediato al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio.
Preguntas frecuentes
¿La inteligencia emocional mejora con la edad?
Depende de lo que se mida. El bienestar emocional y la regulación suelen mejorar con los años. La inteligencia emocional medida con tests de habilidad, en cambio, sube hasta la mediana edad y baja algo después, salvo la comprensión de las emociones (Cabello et al., 2016). Son dos cosas distintas.
¿Por qué muchos adultos mayores parecen más tranquilos?
Porque, según la teoría de la selectividad socioemocional, al percibir menos tiempo por delante priorizan el bienestar y los vínculos cercanos. Además, reaccionan menos ante lo negativo y recuerdan más lo positivo (Reed et al., 2014; Mather, 2012). No ocurre en todas las personas ni en todas las situaciones.
¿Se puede entrenar la inteligencia emocional después de los 60?
Sí, hay evidencia inicial. En un ensayo aleatorizado con 111 mayores sanos, un programa de 10 sesiones mejoró la claridad y la reparación emocional y redujo la desesperanza y los síntomas depresivos (Delhom et al., 2022). Falta replicarlo con más participantes y por otros equipos.
¿Una buena inteligencia emocional protege de la depresión en la vejez?
Se asocia con menos depresión: en mayores de 65, cada punto más en el EQ-i:S se relacionó con un 6 % menos de riesgo (Lloyd et al., 2012). Como es un estudio transversal, no prueba que proteja. Y la depresión puede aparecer igual, sobre todo con enfermedades físicas que afectan el cerebro.
¿Existe un test para medir la inteligencia emocional en mayores?
El TMMS-24 se validó en 215 personas mayores de 60 años sin deterioro cognitivo y mostró buena consistencia interna (Delhom et al., 2017). Sirve para observar tu propia atención, claridad y reparación emocional. Es una orientación y no un diagnóstico, y no reemplaza una evaluación con un psicólogo.
¿Cuándo un cambio emocional en un adulto mayor es señal de alerta?
Cuando dura semanas y afecta su vida diaria: pérdida de interés, aislamiento, irritabilidad nueva, problemas de sueño o desesperanza. La Organización Mundial de la Salud ubica la ansiedad y la depresión como los trastornos más frecuentes en mayores, y vale la pena consultarlos sin esperar a que se agraven.
Un siguiente paso
Las emociones se pueden trabajar a cualquier edad, y mientras más claras estén, más fácil es decidir qué hacer con ellas. Si tú o un familiar mayor quieren apoyo para eso, puedes agendar una consulta con un psicólogo clínico. Si prefieres seguir leyendo, pasa por la página de inteligencia emocional.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
Bar-On, R. (2000). Emotional and social intelligence: Insights from the Emotional Quotient Inventory. En R. Bar-On & J. D. A. Parker (Eds.), The handbook of emotional intelligence (pp. 363-388). Jossey-Bass.
Bar-On, R., & Parker, J. D. A. (Eds.). (2000). The handbook of emotional intelligence. Jossey-Bass.
Cabello, R., Sorrel, M. A., Fernández-Pinto, I., Extremera, N., & Fernández-Berrocal, P. (2016). Age and gender differences in ability emotional intelligence in adults: A cross-sectional study. Developmental Psychology, 52(9), 1486-1492. https://doi.org/10.1037/dev0000191
Carstensen, L. L., Turan, B., Scheibe, S., Ram, N., Ersner-Hershfield, H., Samanez-Larkin, G. R., Brooks, K. P., & Nesselroade, J. R. (2011). Emotional experience improves with age: Evidence based on over 10 years of experience sampling. Psychology and Aging, 26(1), 21-33. https://doi.org/10.1037/a0021285
Charles, S. T., & Carstensen, L. L. (2010). Social and emotional aging. Annual Review of Psychology, 61, 383-409. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.093008.100448
Delhom, I., Gutierrez, M., Lucas-Molina, B., & Meléndez, J. C. (2017). Emotional intelligence in older adults: Psychometric properties of the TMMS-24 and relationship with psychological well-being and life satisfaction. International Psychogeriatrics, 29(8), 1327-1334. https://doi.org/10.1017/S1041610217000722
Delhom, I., Satorres, E., & Meléndez, J. C. (2022). Emotional intelligence intervention in older adults to improve adaptation and reduce negative mood. International Psychogeriatrics, 34(1), 79-89. https://doi.org/10.1017/S1041610220003579
Goleman, D. (2009). Emotional intelligence: Why it can matter more than IQ. Bloomsbury Publishing. (Obra original publicada en 1995)
Isaacowitz, D. M., & English, T. (2024). Beyond strategies: The when and why of emotion regulation in aging. Current Opinion in Psychology, 56, 101763. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2023.101763
Lloyd, S. J., Malek-Ahmadi, M., Barclay, K., Fernandez, M. R., & Chartrand, M. S. (2012). Emotional intelligence (EI) as a predictor of depression status in older adults. Archives of Gerontology and Geriatrics, 55(3), 570-573. https://doi.org/10.1016/j.archger.2012.06.004
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Reed, A. E., Chan, L., & Mikels, J. A. (2014). Meta-analysis of the age-related positivity effect: Age differences in preferences for positive over negative information. Psychology and Aging, 29(1), 1-15. https://doi.org/10.1037/a0035194
Sardella, A., Lenzo, V., Basile, G., Martino, G., & Quattropani, M. C. (2023). Emotion regulation strategies and difficulties in older adults: A systematic review. Clinical Gerontology, 46(3), 280-301. https://doi.org/10.1080/07317115.2022.2128706
