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  • Detección de simulación en evaluaciones psicológicas

    Detección de simulación en evaluaciones psicológicas

    Tienes una evaluación psicológica por delante y de lo que digas puede depender una indemnización, una custodia o una condena. Te ronda una duda incómoda: ¿y si el perito piensa que estoy exagerando? También se la hace quien acompaña a un familiar, el abogado que recibe un informe o la estudiante que quiere entender cómo se separa a quien finge de quien padece.

    La detección de simulación en evaluaciones psicológicas es el conjunto de procedimientos con que un perito comprueba que lo que una persona cuenta y rinde es coherente con un cuadro clínico real. No se hace a ojo ni con una sola prueba, porque ninguna de las dos cosas funciona. Esta guía explica qué se entiende por simulación (el malingering de la literatura en inglés), con qué frecuencia aparece, qué herramientas se usan, por qué un puntaje alto en una escala no equivale a “mentiste” y cómo debería redactarse una conclusión justa. No incluye un test con puntaje: ningún cuestionario online puede decirte si simulas, y quien lo prometa no tiene respaldo.

    ¿Qué es la simulación (malingering) y en qué se diferencia de otras situaciones?

    La simulación de trastornos es la producción intencional de síntomas físicos o psicológicos falsos, o muy exagerados, motivada por un incentivo externo, como una indemnización, evitar una condena o no trabajar. No se clasifica como trastorno mental. Otras situaciones se le parecen por fuera, pero cambian la intención, la motivación o ambas, y por eso se tratan distinto.

    Los manuales distinguen tres formas de simulación y dos cuadros que se confunden con ella (Rogers y Bender, 2018):

    Situación Qué ocurre Motivación Ejemplo ilustrativo
    Simulación pura Se inventa un trastorno que no existe Incentivo externo Describir alucinaciones que nunca ocurrieron para evitar una condena
    Simulación parcial Síntomas reales se presentan más graves, o se dice que siguen cuando ya remitieron Incentivo externo Seguir informando pesadillas diarias que terminaron hace meses
    Falsa imputación Síntomas reales se atribuyen a una causa que no los produjo Incentivo externo Atribuir a un accidente reciente un malestar que venía de antes
    Trastorno facticio Se inventan o provocan síntomas para ocupar el rol de enfermo Interna, sin recompensa externa evidente Fabricar síntomas sin ningún beneficio legal ni económico
    Trastorno de síntomas somáticos Los síntomas son reales para la persona y desproporcionados a los hallazgos Ninguna intención ni conciencia de producirlos Dolor intenso con exámenes normales y angustia genuina

    Rogers y Bender proponen además el término técnico fingimiento (feigning): las pruebas psicológicas miden estilos de respuesta incoherentes con los cuadros clínicos reales, y no pueden medir por sí solas la intención ni la motivación del evaluado. Esa diferencia vuelve en la sección sobre cómo leer un puntaje alto.

    Hay además un caso que la tabla no recoge del todo: la persona que amplifica sus síntomas por desesperación o por miedo a que no le crean (el “grito de ayuda” de la literatura). Puede convivir con un sufrimiento real, y un buen informe lo distingue de la fabricación deliberada.

    ¿Con qué frecuencia se simula en una evaluación forense?

    No hay una cifra única, porque depende del contexto, del incentivo en juego y de qué criterios se usen para clasificar. Una encuesta a especialistas en neuropsicología, que cubrió 33.531 casos anuales, estimó “probable simulación y exageración de síntomas” en 29 % de los casos de lesiones personales, 30 % de los de discapacidad, 19 % de los penales y 8 % de los médicos (Mittenberg et al., 2002). En traumatismo craneal leve llegó a 39 %.

    Esas cifras tienen límites que conviene leer con calma. Son impresiones diagnósticas de profesionales y no mediciones directas, y juntan exageración y simulación en una sola categoría, cosa que según Rogers y Bender (2018) infla el número. Una revisión de 2025 resume que la tasa base de respuesta inválida es en general inferior a 30 % (Young et al., 2025), aunque la escribieron autores que defienden estas pruebas.

    La lectura práctica es la contraria a la que suele temerse: según esas estimaciones, la mayoría de las personas evaluadas responde de manera válida, incluso donde hay incentivos. Por eso un resultado sospechoso debe tratarse como una hipótesis que hay que comprobar, y no como un veredicto.

    ¿Por qué la impresión clínica no alcanza para detectar simulación?

    Porque los seres humanos, incluidos psicólogos, policías y jueces, detectamos el engaño poco mejor que el azar (Rogers y Bender, 2018). Un perito que confía en su intuición cae con facilidad en el sesgo de confirmación y en el efecto de la primera impresión, dos riesgos que la literatura forense reciente cita como razón para exigir método (Verde y Gritti, 2026).

    El caso más conocido de intuición institucionalizada es el del DSM. Sus criterios mandan sospechar simulación cuando se cumplen dos o más de cuatro señales: contexto médico-legal, discrepancia entre el malestar declarado y los hallazgos objetivos, falta de cooperación y diagnóstico de trastorno antisocial de la personalidad. Los estudios que reúne el manual de Rogers y Bender (2018) encontraron que esa regla se equivoca en cerca de 80 % de las clasificaciones positivas, es decir, por cada simulador que acierta señala a cuatro pacientes genuinos. El motivo es que las cuatro señales son comunes en cualquier persona evaluada en un contexto legal y no distinguen a quien finge de quien padece. El rasgo antisocial, por ejemplo, aparecía en proporciones parecidas en simuladores y en pacientes genuinos (alrededor de 21 % y 18 % en uno de los estudios).

    La intuición falla además en las dos direcciones. Quien finge con cuidado suele informar pocos síntomas y evitar lo teatral, y pasa desapercibido. En cambio, una persona con trauma complejo, psicosis o discapacidad intelectual puede verse caótica o “actuada” ante un evaluador sin entrenamiento, y quedar mal clasificada.

    ¿Cómo se detecta que alguien finge síntomas? El enfoque multimétodo

    El estándar actual combina varias fuentes y varios métodos, y se concluye solo cuando indicadores independientes apuntan en el mismo sentido. Un dato aislado, como una escala elevada o un gesto sospechoso, no alcanza para sostener una conclusión. Quien evalúa reúne:

    • La entrevista clínico-forense, con preguntas abiertas y pruebas de consistencia del relato.
    • El expediente, los informes previos y los registros de tratamiento.
    • Informantes externos, como familiares, empleadores o equipos tratantes.
    • La conducta observada durante la evaluación, comparada con lo que la persona dice que le ocurre.
    • Pruebas psicológicas con escalas de validez e instrumentos específicos de detección.

    El peso de combinar métodos se ve en un experimento español. En un estudio con 101 mujeres instruidas para fingir daño por violencia de pareja, 84,2 % logró simular en el MMPI-2, pero solo tres lograron pasar la entrevista clínico-forense, y el enfoque multimétodo clasificó correctamente a todas (Arce et al., 2009). Un estudio previo con 105 participantes que fingieron daño moral tras un accidente de tránsito mostró el mismo patrón: 60,9 % lo logró en el MMPI-2 y 3,8 % en la entrevista (Arce et al., 2006). Son experimentos con personas que fingían por instrucción, no con litigantes reales, así que muestran que ninguna medida aislada alcanza, y no cuánto se simula en la vida real.

    Hay una segunda advertencia del mismo grupo. Al comparar a 51 víctimas con condena firme y a 54 “víctimas” simuladas, varias escalas de validez separaron bien a los dos grupos en promedio, pero no dieron un criterio de decisión confiable para cada persona (Fariña et al., 2014). Diferenciar grupos y decidir un caso concreto son tareas distintas, y la segunda es la que importa en un tribunal.

    En Chile, la fuente más detallada que encontramos es el protocolo de pericias de familia de la Unidad de Psicología Forense de la Universidad Diego Portales. Incorpora la detección de simulación desde la preparación, con hipótesis de descarte y de ganancia secundaria, usa técnicas de recuerdo libre para evaluar la consistencia del relato y exige triangular la observación clínica, la revisión de la carpeta judicial y las escalas de validez (Beltrán Campos, 2020). La guía de buenas prácticas del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña (2014) pide algo parecido: que la evaluación de la simulación sea parte sistemática de la pericia, con métodos empíricos adaptados a la población evaluada y con un consentimiento que explique los límites de la confidencialidad.

    ¿Qué herramientas se usan en la detección de simulación en evaluaciones psicológicas?

    Se agrupan en entrevistas estructuradas, cuestionarios breves de cribado, inventarios generales con escalas de validez y pruebas de rendimiento cognitivo. Cada una responde una pregunta distinta, y las revisiones coinciden en que las de cribado nunca bastan por sí solas para concluir simulación.

    Herramienta Qué es Qué dicen las revisiones
    SIRS-2 Entrevista estructurada de 172 ítems, la más usada para confirmar fingimiento Estudios posteriores al manual mostraron más sensibilidad y menos especificidad que la inicial, y los pacientes genuinos se clasificaron mal con más frecuencia que personas sin patología
    M-FAST Entrevista breve de 25 ítems, para cribado Con el corte de 6 puntos, sensibilidad de 0,83 y especificidad de 0,85; un resultado positivo pide seguir evaluando
    SIMS Cuestionario de 75 ítems verdadero o falso, para cribado Distingue bien a quienes fingen por instrucción, pero con los cortes tradicionales su especificidad es baja
    MMPI-2-RF y PAI Inventarios largos (338 y 344 ítems) con escalas de respuestas infrecuentes Con cortes altos tienen especificidad elevada, a costa de detectar menos casos
    TOMM y VSVT Pruebas de memoria muy fáciles, que miden la validez del rendimiento Una persona con daño cerebral real suele superarlas

    Las revisiones permiten matizar algunas filas. La revisión del SIRS halló que los estudios posteriores al manual daban mayor sensibilidad y menor especificidad que los de su validación inicial (Green y Rosenfeld, 2011), y la SIRS-2 se revisó justamente para reducir los falsos positivos, objetivo que logró en buena parte a costa de sensibilidad (Wygant et al., 2022). El metaanálisis del M-FAST concluyó que es una herramienta de cribado y que nadie debería clasificarse como simulador solo por su puntaje total (Detullio et al., 2019). Una revisión de 2026 encontró sensibilidad de 0,87 para el M-FAST en evaluaciones de competencia para juicio, y advirtió que, por su tasa elevada de falsos positivos, un resultado positivo exige una evaluación de seguimiento (Krishnan et al., 2026).

    Sobre el SIMS, el metaanálisis de 31 estudios concluyó que distingue bien a quienes fingen por instrucción de quienes responden con honestidad, que puede sobreestimar el fingimiento en personas con esquizofrenia, discapacidad intelectual o crisis no epilépticas de origen psicógeno, y que su limitación principal es la especificidad, no la sensibilidad (van Impelen et al., 2014). Otro metaanálisis de 2025, con 34 estudios y 8.844 pacientes evaluados fuera de un contexto forense, estimó que 36 % de ellos supera el corte del SIMS, aunque esos resultados no son necesariamente falsos positivos (Puente-López et al., 2025). Ese 36 % muestra por qué un puntaje alto en un cuestionario de cribado no basta.

    ¿Qué estrategias usan estas pruebas para distinguir al que finge del que padece?

    Todas se apoyan en pocas ideas, que conviene conocer porque explican qué mira realmente un perito (Rogers y Bender, 2018):

    • Síntomas raros. Preguntan por experiencias que casi nadie con un trastorno real reporta, pero que alguien que imagina un trastorno “de película” tiende a marcar.
    • Combinaciones improbables. Cada síntoma es plausible por separado, pero juntos casi no aparecen en cuadros reales.
    • Síntomas absurdos o muy llamativos. Incluyen ítems imposibles o dramáticos que una persona con malestar real rara vez confirma en bloque.
    • Severidad indiscriminada. Quien finge suele calificar casi todo como extremo, sin la irregularidad habitual de un cuadro clínico auténtico.
    • Lo informado frente a lo observado. Compara lo que la persona dice con cómo se comporta en la sala.
    • Rendimiento por debajo del azar. En una prueba de memoria con dos alternativas, acertar menos de la mitad de forma estadísticamente significativa implica que la persona reconoce la respuesta correcta y elige la otra.

    Las pruebas de rendimiento cognitivo funcionan por un principio llamado efecto suelo. Se diseñan tan fáciles que incluso personas con amnesia orgánica o traumatismo craneal grave las superan con holgura, aunque a quien las rinde le parezcan exigentes. Fallar una de ellas tiene un significado distinto a fallar una prueba de memoria común. Aun así, los manuales de neuropsicología forense piden cautela en demencia avanzada, discapacidad intelectual severa o estados confusionales, donde la capacidad real puede quedar bajo el corte, y recomiendan descartar antes el dolor, la medicación, la fatiga y el ánimo deprimido como explicaciones.

    ¿Por qué un puntaje alto no significa “mentiste”?

    Porque las pruebas miden un estilo de respuesta, no una intención. Una respuesta inválida puede deberse a fatiga, bajo nivel de lectura, barreras de idioma, deterioro cognitivo o falta de atención. Una exageración puede nacer de un malestar agudo y del miedo a no ser escuchado. La simulación, en cambio, exige dos cosas que ningún test calcula por sí solo: que la persona produzca de forma voluntaria síntomas falsos o inflados y que lo haga para obtener un beneficio externo (Rogers y Bender, 2018).

    Imagina a una persona con un trauma real que, temiendo que no le crean, marca todos los síntomas en su grado máximo. Su perfil puede parecer exagerado sin que haya fabricación, y el manual de Rogers y Bender documenta que las escalas de respuestas infrecuentes se elevan en el trastorno de estrés postraumático complejo, la psicosis aguda, la discapacidad intelectual y el dolor crónico incapacitante. Para esos casos, los autores recomiendan escalas pensadas para resistir el malestar psiquiátrico severo, cortes más altos que privilegien la especificidad, un rango intermedio donde no se concluye nada y la entrevista estructurada confirmatoria.

    El idioma y la cultura también cuentan. El mismo manual advierte que no debe asumirse la validez de una prueba traducida sin estudios locales, y que ciertas tareas verbales de la SIRS-2, aprendidas en la escuela estadounidense, pueden producir falsos positivos en adultos hispanohablantes con menos escolaridad. Para quien se evalúa en Chile, vale la pena preguntar si las pruebas tienen datos de población hispanohablante.

    ¿Cómo se redacta una conclusión de simulación en el informe?

    Con grados de certeza, no con un sí o un no. Los criterios de Slick, Sherman e Iverson (1999), pensados para la disfunción neurocognitiva y aplicados con una lógica parecida en otros ámbitos, distinguen tres niveles:

    1. Posible. Hay un incentivo externo sustancial y un solo indicador de validez alterado.
    2. Probable. Hay incentivo externo y dos o más indicadores independientes alterados, o discrepancias marcadas e inverosímiles entre los síntomas informados, el rendimiento y la historia documentada.
    3. Definitiva. Hay incentivo externo, un rendimiento significativamente por debajo del azar o indicadores de muy alta probabilidad, y ninguna explicación alternativa, como demencia severa o psicosis sin tratar.

    Las reglas del buen informe son parecidas en los manuales. Nunca se declara simulación por un único indicador. Los indicadores se eligen antes de aplicar la batería y no después de ver los resultados. Y se informa la falta de credibilidad de los resultados sin etiquetar moralmente a la persona (Rogers y Bender, 2018).

    Hay una razón aritmética para la regla del indicador único. Si un perito usa diez indicadores y cada uno marca por error a 5 % de los pacientes genuinos, la probabilidad de que una persona sin ninguna simulación falle al menos uno es de unos 40 %, y sube a unos 65 % si cada indicador se equivoca en 10 % (el cálculo supone que los indicadores son independientes, lo que simplifica la realidad). Más pruebas dan más datos, pero también más ocasiones de equivocarse.

    Una opinión pericial tampoco puede apoyarse solo en la secuencia temporal o en la presencia de un diagnóstico. Un análisis conceptual de 2026 plantea que las pruebas de validez de síntomas y de rendimiento limitan la fuerza de las conclusiones causales, y que hay que distinguir entre el evento, el daño psicológico, el deterioro funcional y la imputabilidad (Tortes Saint-Jammes, 2026). La detección de simulación es una pieza del informe y no un resultado aparte.

    ¿Se puede “prepararse” para engañar a las pruebas?

    Es una duda frecuente, y la respuesta de la investigación es poco alentadora para quien lo intente. Conocer los síntomas de un trastorno ayuda a dramatizar la entrevista, pero no borra los patrones que miden las escalas. El metaanálisis del SIMS concluyó que resiste bastante bien el entrenamiento previo (van Impelen et al., 2014), y en los experimentos de Arce y su grupo, el enfoque multimétodo clasificó bien incluso a quienes habían sido instruidas para simular (Arce et al., 2009).

    También existe el riesgo contrario: ocultar o minimizar síntomas reales deja un perfil igual de incoherente. Un artículo sobre la práctica de la validez de respuesta en Europa, que incluye a España, informa que estas evaluaciones tienen hoy un lugar mucho más firme en la práctica real que hace una década (Merten et al., 2022). Quien se presenta con información obtenida en internet o con un guion aprendido enfrenta un sistema pensado para eso.

    Qué hacer si vas a ser evaluado

    Las mejores decisiones son las más simples, y todas se apoyan en cómo está construido el proceso:

    • Responde con sinceridad y sin guion. Cuenta tus síntomas tal como son, sin agrandarlos y sin esconderlos.
    • Di “no lo sé” o “no lo recuerdo” cuando sea cierto. Inventar una respuesta genera inconsistencias que se contrastan con el expediente.
    • Avisa de lo que puede alterar tu rendimiento. El dolor, la falta de sueño, la medicación, el cansancio y el ánimo bajo son explicaciones legítimas de un mal desempeño, y el perito debe descartarlas antes de atribuirlo a otra cosa. Lleva la lista de tus medicamentos.
    • Avisa si algo no se entiende bien. Si una pregunta es confusa, o la lectura o el idioma te cuestan, dilo. Para eso existen las pausas y las aclaraciones.
    • Pide que te expliquen los límites de la confidencialidad antes de empezar. Forma parte de un consentimiento informado correcto.
    • Si el resultado te parece injusto, habla con tu abogado. Puede evaluar si corresponde un peritaje de parte o cuestionar la metodología: qué fuentes se usaron, cuántos indicadores, y cómo se trataron las explicaciones alternativas.

    La ley procesal penal chilena exige que el informe de peritos se emita con imparcialidad (Ley 19.696, 2000, art. 314). Si el examen lo pide un tribunal o una fiscalía, ChileAtiende explica cómo se accede al examen de salud mental del Servicio Médico Legal. Para entender qué es un peritaje en general, lee qué es un peritaje psicológico; y si te interesa cómo se evalúa el daño que la simulación podría aparentar, tienes cómo se evalúa el daño psíquico en un peritaje. La guía de evaluación psicológica explica el proceso clínico habitual.

    Límites de lo que se sabe

    Conviene ser honesto con lo que falta. Las pruebas de validez de síntomas y de rendimiento son objeto de debate: hay series de artículos que las consideran insuficientemente respaldadas en la evaluación forense y de discapacidad, y los autores de la revisión de 2025 que las defienden aclaran que no son “pruebas de simulación” (Young et al., 2025). Es un lado del debate, y el campo sigue discutiendo cuánto peso darles. Conocer los límites empíricos de los métodos forenses es parte de usarlos bien (Grisso y Vincent, 2005).

    Hay otro límite local. Las cifras de frecuencia, los cortes y las sensibilidades de esta guía vienen de estudios estadounidenses, europeos y españoles. No encontramos estudios chilenos de tasas de simulación ni de cortes validados en población chilena, así que lo chileno de este texto se limita al protocolo de la Universidad Diego Portales y a la ley. Esa ausencia de datos locales es una razón más para pedir al perito que explique qué pruebas usó y por qué.

    Preguntas frecuentes sobre la detección de simulación

    ¿Qué pasa si exagero un poco mis síntomas? Se puede detectar un estilo de respuesta incoherente con los cuadros clínicos reales, y el informe lo señalaría como falta de credibilidad de los resultados. Exagerar no borra un sufrimiento que sí existe, pero resta confianza al resto de tu relato. Lo más seguro es describir tus síntomas tal como son, con sus altibajos.

    ¿Un test puede decir que estoy mintiendo? No. Una prueba mide un estilo de respuesta, y la intención o la motivación no se miden con un puntaje. Un perito debe sumar el expediente, la entrevista y otros indicadores independientes antes de concluir, y debe considerar fatiga, idioma, dolor o un trastorno genuino como explicaciones alternativas del resultado.

    ¿Se puede simular un trastorno sin que se note? En experimentos, la mayoría logró simular en una sola prueba, pero casi ninguna superó la entrevista clínico-forense, y la combinación de métodos clasificó correctamente a todas. Esos estudios usaron personas instruidas para fingir, no litigantes reales, así que muestran el valor de combinar métodos y no una tasa real de detección.

    ¿Qué diferencia hay entre simular y tener un trastorno facticio? En la simulación hay un incentivo externo, como una indemnización, evitar una condena o no trabajar. En el trastorno facticio la motivación es interna, como ocupar el rol de enfermo, y no hay una recompensa externa evidente. Ninguna de las dos es lo mismo que un trastorno de síntomas somáticos, donde los síntomas no se producen de manera intencional.

    ¿Qué pasa si tengo un trauma real y salgo con puntajes altos de exageración? Ocurre. Las escalas de respuestas infrecuentes pueden elevarse en el trauma complejo, la psicosis, la discapacidad intelectual y el dolor crónico. Los manuales piden escalas más resistentes al malestar, cortes más altos y una entrevista estructurada confirmatoria, y que el informe distinga el malestar genuino de la fabricación antes de hablar de simulación.

    ¿Cuántas personas simulan en evaluaciones forenses? Según una encuesta a neuropsicólogos, entre 19 % y 30 % de los casos penales, de lesiones personales y de discapacidad, y hasta 39 % en traumatismo craneal leve. Son impresiones profesionales que juntan exageración y simulación. Una revisión reciente estima que la respuesta inválida es en general inferior a 30 %, así que la mayoría responde de forma válida.

    Si vas a pasar por una evaluación forense

    Esperar una evaluación con consecuencias legales desgasta, y la duda de que no te crean pesa más que la evaluación misma. Saber que el método combina varias fuentes, que un puntaje no equivale a una acusación y que tu abogado puede revisar el procedimiento baja parte de esa carga. Lo primero es hablar con quien te asesora legalmente, porque sabrá qué tipo de peritaje corresponde en tu caso.

    Si además quieres un espacio para sostener el proceso, como la ansiedad antes de la audiencia, el cansancio o lo que remueven los hechos, puedes escribirme desde la página de contacto. Esta guía orienta y no reemplaza el consejo legal ni una evaluación pericial.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

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    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Referencias

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