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  • Falta de deseo sexual en la menopausia: causas y qué ayuda

    Falta de deseo sexual en la menopausia: causas y qué ayuda

    Antes tenías ganas con cierta regularidad y ahora casi no aparecen. Quizás empezó con la perimenopausia, quizás después de una cirugía o de un año de sueño malo, y lo que más pesa es la pregunta de fondo: ¿esto es la edad, son las hormonas, o pasa algo con mi pareja o conmigo?

    Esta guía ordena lo que la investigación ha medido sobre el deseo sexual en la menopausia: qué lo baja (hormonas, dolor, ánimo, pareja, creencias sobre el cuerpo), qué hace cada tratamiento y cuánto aporta, y qué puedes probar desde esta semana. Donde la evidencia es débil, lo decimos.

    Respuesta corta: el deseo suele bajar en la menopausia, pero las hormonas explican solo una parte. Pesan igual o más el dolor al tener sexo, el ánimo, el sueño, ciertos medicamentos, la pareja y lo que piensas de tu cuerpo y tu edad. Que baje el deseo se vuelve un problema cuando te genera malestar, y para eso hay opciones médicas y psicológicas con respaldo.

    ¿Es normal que baje el deseo sexual en la menopausia?

    Sí, es de lo más común en esta etapa. En la cohorte SWAN, que siguió a 1.390 mujeres durante 14 años y medio, el funcionamiento sexual no cambió hasta unos 20 meses antes de la última regla. Desde ahí bajó hasta un año después y siguió descendiendo, más despacio (Avis et al., 2017). La caída parte en plena perimenopausia, antes de que la regla se detenga.

    Los números de deseo bajo son altos. En una encuesta nacional con 2.207 mujeres estadounidenses de 30 a 70 años, el deseo bajo iba de 26,7 % entre las premenopáusicas a 52,4 % entre las menopáusicas naturales (West et al., 2008).

    Pero tener poco deseo y vivirlo como un problema son cosas distintas. Una revisión sobre el trastorno de deseo hipoactivo (poco deseo más malestar) lo estima en 8,9 % de las mujeres de 18 a 44 años, 12,3 % entre los 45 y 64 y 7,4 % pasados los 65. Con la edad el deseo baja más, pero el malestar disminuye (Parish & Hahn, 2016).

    Brotto (2022) lo resume así: solo una de cada tres mujeres con poco deseo se siente afectada por ello.

    Si no te incomoda, no hay nada que corregir. Si te pesa, hay bastante por hacer, y conviene partir por entender qué lo está frenando. Para el deseo bajo en general, sin foco en esta etapa, tienes falta de deseo sexual: por qué no tengo ganas.

    ¿Por qué baja el deseo? Las hormonas cuentan, pero no explican todo

    Es la primera explicación que se piensa, y la evidencia la matiza.

    Un seguimiento de ocho años a mujeres australianas de 45 a 55 años midió hormonas y factores de la relación a la vez. La respuesta sexual se predecía por la función sexual previa, los cambios de situación de pareja, lo que sentían por su pareja y el nivel de estradiol. Los autores concluyeron que la función previa y los factores de la relación pesaban más que las hormonas (Dennerstein et al., 2005).

    Hall y Binik (2020) agregan un dato incómodo para la idea de «me falta testosterona»: los estudios poblacionales no encuentran una relación consistente entre la testosterona en sangre y el deseo en mujeres. Por eso medirla no sirve para diagnosticar el deseo bajo.

    Brotto (2018) revisa estudios en los que las actitudes hacia el envejecimiento pesaban más que los cambios hormonales. Nagoski (2015) llega a una idea parecida: el estrés, la autocompasión y el contexto mueven el deseo más que cualquier suplemento.

    Una advertencia para no simplificar. En SWAN, ni la sequedad vaginal ni el uso de lubricante ni los síntomas de depresión o ansiedad explicaron por sí solos la caída (Avis et al., 2017). Eso no los descarta en tu caso. Muestra que ninguna causa alcanza para explicar a todas, y que casi siempre se suman varias.

    Las que más se repiten en la literatura:

    • Dolor o molestia al tener relaciones.
    • Ánimo bajo, ansiedad y estrés sostenido.
    • Sueño interrumpido por sofocos (más en sueño y menopausia).
    • Antidepresivos y otros medicamentos.
    • Una relación con resentimiento, rutina o un problema sexual en la pareja.
    • Una cirugía: en SWAN, el funcionamiento sexual bajó después de la histerectomía (Avis et al., 2017).
    • Creencias y vergüenza sobre el cuerpo y la edad.

    ¿Por qué duele tener sexo en la menopausia y cómo afecta el deseo?

    Es el freno que más se pasa por alto. Con la baja de estrógenos, los tejidos de la vulva, la vagina y la uretra se adelgazan y lubrican menos. El conjunto se llama síndrome genitourinario de la menopausia e incluye sequedad, ardor, falta de lubricación, molestia o dolor al tener sexo y síntomas urinarios (Portman & Gass, 2014).

    Es muy común. En un estudio con 1.480 mujeres posmenopáusicas sexualmente activas, 57 % tenía atrofia vulvovaginal y 55 % alguna disfunción sexual. Las mujeres con disfunción sexual tenían 3,84 veces más probabilidad de presentar atrofia que las demás (Levine et al., 2008).

    El dolor apaga el deseo por un camino que se refuerza solo. Hall y Binik (2020), Nagoski (2015, 2024) y Brotto (2022) describen la misma secuencia:

    1. El sexo duele o arde.
    2. Empiezas a anticipar el dolor y el cuerpo se tensa antes de tocarte.
    3. Evitas las caricias para no «dar señales».
    4. Sin contacto, el deseo que aparece al tocar deja de aparecer.
    5. Con menos excitación hay menos lubricación y el siguiente encuentro duele más.

    Si te reconoces ahí, tienes más contexto en dolor en las relaciones sexuales. Y la salida suele ser concreta.

    ¿Qué ayuda cuando el problema es la sequedad y el dolor?

    Se parte por lo simple y se sube de nivel si no alcanza:

    • Lubricante en cada encuentro, a base de agua o silicona (Nagoski, 2015, 2024; Hall & Binik, 2020).
    • Humectante vaginal varias veces por semana, también cuando no hay sexo, para mantener el tejido hidratado (Hall & Binik, 2020).
    • Estrógeno vaginal con receta, cuando lo anterior no basta. Una revisión sistemática de 44 estudios encontró que, frente a placebo, mejora la sequedad y el dolor al tener sexo, que los distintos productos funcionan de forma similar y que la hiperplasia y el cáncer de endometrio fueron extremadamente raros. Con dos o más síntomas el estrógeno mejoró bastante más que los humectantes; con uno solo y leve, el resultado fue parecido (Rahn et al., 2014).
    • DHEA vaginal (prasterona) con receta. En un ensayo con 482 mujeres posmenopáusicas con dolor moderado a intenso, 12 semanas de DHEA mejoraron todas las áreas de la función sexual frente a placebo, incluidos el deseo (+0,24 puntos en el cuestionario FSFI) y el dolor (+0,62) (Labrie et al., 2015).

    La decisión sobre cualquier producto con receta es con tu médica o ginecólogo. Si tuviste cáncer de mama o hay otra condición de salud, esa conversación incluye a tu equipo tratante.

    ¿Cómo influyen el ánimo, los medicamentos, la pareja y la imagen corporal?

    Ánimo, sueño y estrés

    La depresión y la ansiedad se asocian a menos deseo, y Hall y Binik (2020) recomiendan evaluarlas antes de atribuir todo a la menopausia. Si hace meses duermes mal, estás agotada o no disfrutas de casi nada, vale la pena mirarlo por separado: tratar el ánimo suele ser lo primero.

    Medicamentos

    Algunos antidepresivos reducen el deseo. Un metaanálisis encontró más disfunción sexual que con placebo con sertralina, venlafaxina, citalopram, paroxetina, fluoxetina y otros, y sin diferencia con bupropión, mirtazapina y agomelatina (Serretti & Chiesa, 2009). Si el deseo cayó cuando empezaste o subiste un medicamento, coméntalo con quien lo indicó. No lo suspendas por tu cuenta.

    La relación de pareja

    En el estudio de Dennerstein et al. (2005), lo que sentían por su pareja pesó más que el nivel de estradiol.

    Los McCarthy (2019) describen un patrón frecuente: cuando el hombre tiene problemas de erección, suele alejarse de toda caricia por vergüenza, y ella lo interpreta como rechazo. Hall y Binik (2020) señalan que la duración de la relación y la rutina golpean más el deseo femenino que el masculino.

    El resentimiento y el sexo «por cumplir» también apagan el deseo (McCarthy & McCarthy, 2019). Si lo que vives es que tu pareja se alejó de ti, mira mi pareja no me desea como antes.

    El cuerpo y lo que se cree sobre envejecer

    Mirarte desde afuera durante la intimidad (“¿se me nota la guata?”) consume la atención que necesitas para registrar lo que sientes. Brotto (2018) lo llama spectatoring y Nagoski (2015) muestra cómo la autocrítica corporal activa los frenos del deseo. A eso se suma la creencia de que envejecer acaba con el deseo: Brotto (2018) revisa estudios donde esa creencia pesaba más que las hormonas, y es una idea que se puede revisar.

    ¿Qué diferencia hay entre deseo espontáneo y deseo responsivo?

    Muchas mujeres esperan sentir ganas antes de empezar, como en los primeros años de la relación. Ese deseo espontáneo, el que llega «de la nada», tiende a disminuir con la edad y con la duración de la pareja.

    El deseo responsivo funciona al revés: se parte desde la neutralidad y las ganas aparecen después de que el contacto y la excitación empiezan (modelo de Basson, descrito por Brotto, 2018, y Nagoski, 2015). Lo desarrollamos en deseo sexual responsivo.

    Esto cambia lo que significa «tener poco deseo». Según los criterios del DSM-5 (APA, 2013), el diagnóstico de trastorno de interés y excitación sexual pide al menos tres de seis síntomas durante seis meses, con malestar clínicamente significativo. Si no tienes ganas espontáneas pero te excitas y disfrutas una vez que empiezas, y no te angustia, no cumples ese cuadro (Brotto & Velten, en Hall & Binik, 2020).

    ¿Ayuda la terapia hormonal para recuperar el deseo?

    Puede ayudar en algunos casos, con un efecto de tamaño pequeño a moderado. La revisión Cochrane de 27 ensayos con 16.393 mujeres encontró que los estrógenos solos, en mujeres con síntomas o en la posmenopausia temprana (hasta cinco años desde la última regla), mejoraban la función sexual (diferencia media estandarizada de 0,38; evidencia de alta calidad), sobre todo el dolor.

    En mujeres posmenopáusicas sin selección por síntomas el efecto fue compatible con ninguno o muy pequeño. La tibolona y los moduladores selectivos de receptores de estrógenos no mostraron un efecto importante (Nastri et al., 2013).

    Dos límites de esa revisión: 18 de los 27 estudios tenían alto riesgo de sesgo y 20 recibieron financiamiento comercial, y ninguno incluyó solo a mujeres con disfunción sexual.

    La testosterona es un caso aparte. Un metaanálisis de 7 ensayos con 3.035 participantes en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo encontró más episodios sexuales satisfactorios, más deseo y menos malestar que con placebo, a cambio de más acné y vello. Sin diferencias en eventos adversos graves, pero con evidencia solo de corto plazo (Achilli et al., 2017). Es una decisión médica individual, y la testosterona en sangre no sirve para decidirla.

    ¿Qué ayuda desde la psicología y la terapia sexual?

    Hay buena evidencia para el deseo bajo femenino en general, aunque pocos estudios son exclusivos de la menopausia. Un metaanálisis de 20 ensayos mostró que las intervenciones psicológicas para disfunciones sexuales mejoraban los síntomas (d = 0,58) y la satisfacción sexual (d = 0,47), con buena evidencia para el deseo hipoactivo femenino (Frühauf et al., 2013).

    Otro metaanálisis de 11 ensayos con 449 mujeres encontró mejoras de tamaño moderado con terapias basadas en mindfulness (Stephenson & Kerth, 2017).

    Entre los ensayos más recientes:

    • En un ensayo con 148 mujeres con trastorno de interés y excitación sexual, ocho sesiones grupales de terapia cognitiva basada en mindfulness mejoraron deseo y excitación con efectos grandes que se mantuvieron a los 12 meses. El grupo de educación sexual también mejoró; el malestar, la satisfacción con la relación y la rumiación mejoraron más con mindfulness (Brotto et al., 2021).
    • Un ensayo con 266 mujeres probó terapia sexual cognitivo-conductual o basada en mindfulness por internet, con acompañamiento: ambas mejoraron deseo y malestar frente a lista de espera. Menos de una de cada cuatro alcanzó un cambio clínicamente significativo en deseo (Velten et al., 2024).
    • En un estudio piloto con mujeres de 45 años o más con poco deseo, un grupo virtual de mindfulness redujo el malestar sexual, aunque la función sexual no cambió de forma significativa. Es un estudio pequeño, de factibilidad (Thomas et al., 2023).

    Lo honesto: ayuda a muchas, no a todas, y rara vez en un par de semanas.

    ¿Cómo recuperar el deseo sexual en la menopausia? Cinco pasos para esta semana

    Estas ideas vienen de Brotto (2018, 2022), Nagoski (2015, 2024) y McCarthy y McCarthy (2019), y se pueden combinar con los tratamientos médicos.

    1. Anota durante dos semanas cuándo aparece el deseo, cuándo no y si algo duele. Un patrón claro orienta más que una impresión general.
    2. Resuelve primero el dolor. Lubricante en cada encuentro, humectante varias veces por semana y, si no alcanza, consulta por estrógeno o DHEA vaginal.
    3. Cambia la meta del encuentro. Acuerden un período sin penetración ni orgasmo obligatorio, con sesiones de caricias de 20 a 30 minutos, primero sin zonas genitales y después con ellas (sensate focus). Se quita la presión y el cuerpo vuelve a asociar el contacto con algo seguro.
    4. Baja los frenos. Duerme lo que puedas, reparte la carga mental y completa el ciclo del estrés con ejercicio, respiración lenta o un abrazo largo (Nagoski, 2015). El deseo necesita un contexto donde sentirse a gusto.
    5. Habla con tu pareja fuera del dormitorio, con curiosidad y sin reproches: qué te gusta ahora, qué cambió, qué necesitas. Es mejor que esperar a que adivine (Brotto, 2018).

    Si prefieres hacerlo con guía profesional, terapia sexual: qué es y cómo funciona explica cómo es el proceso.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Consulta con ginecología o medicina general si hay dolor que se repite o persiste, sangrado después de tener sexo, ardor, picazón o flujo inusual, o si los lubricantes y humectantes no alcanzan. Consulta con salud mental si hay ánimo bajo, ansiedad intensa o el deseo se apagó junto con las ganas de casi todo.

    También vale la pena una consulta con un psicólogo o psicóloga cuando el deseo bajo te genera malestar, afecta la relación o llevas meses sin saber cómo trabajarlo. La Organización Mundial de la Salud describe la menopausia como parte natural del envejecimiento, incluye la sequedad vaginal y el dolor al tener relaciones entre sus síntomas, y señala que el bienestar sexual de las mujeres menopáusicas se pasa por alto en muchos países.

    Si quieres revisar tu caso con acompañamiento, puedes escribirnos desde la página de contacto. El enfoque habitual combina psicoeducación, ejercicios de atención plena y trabajo en pareja, en coordinación con tu ginecóloga o médico cuando hace falta.

    Preguntas frecuentes

    ¿A qué edad baja el deseo sexual en la menopausia?

    Suele empezar en la perimenopausia. En el estudio SWAN el funcionamiento sexual empezó a descender unos 20 meses antes de la última regla y siguió bajando después, más despacio (Avis et al., 2017). No todas lo viven igual: la función sexual previa y la relación de pareja influyen tanto o más que las hormonas (Dennerstein et al., 2005).

    ¿La terapia hormonal devuelve el deseo sexual?

    Puede mejorar la función sexual, sobre todo el dolor, en mujeres con síntomas o en la posmenopausia temprana, con un efecto pequeño a moderado. En mujeres posmenopáusicas sin esa selección el efecto fue muy pequeño o nulo (Nastri et al., 2013). La decisión se toma con tu médica según tu historia de salud.

    ¿Es normal no tener ganas de sexo después de la menopausia?

    Es frecuente, y no es un trastorno si no te genera malestar. Muchas mujeres pasan del deseo espontáneo al responsivo: las ganas aparecen cuando empieza el contacto. Solo se habla de un trastorno cuando hay varios síntomas durante al menos seis meses y malestar clínicamente significativo (APA, 2013).

    ¿Los lubricantes y humectantes sirven para recuperar el deseo?

    Sirven para tratar la sequedad y el dolor, que son frenos frecuentes del deseo. Con síntomas leves, un humectante puede dar un resultado parecido al del estrógeno vaginal; con varios síntomas, el estrógeno mejoró más (Rahn et al., 2014). Quitar el dolor no asegura que vuelvan las ganas, pero las deja de bloquear.

    ¿Existe una pastilla o testosterona para el deseo en la menopausia?

    Los ensayos con testosterona transdérmica en mujeres posmenopáusicas con deseo hipoactivo mostraron más episodios satisfactorios y más deseo que el placebo, con acné y vello como efectos más frecuentes que con placebo y solo evidencia de corto plazo (Achilli et al., 2017). Es una decisión médica individual y no reemplaza revisar dolor, ánimo, medicamentos y pareja.

    ¿La falta de deseo en la menopausia afecta a la pareja?

    Puede. Cuando una de las dos personas evita las caricias para no «encender» algo que no quiere continuar, la otra suele sentirlo como rechazo, y el distanciamiento se alimenta solo (McCarthy & McCarthy, 2019). Hablarlo con calma y recuperar el contacto sin exigencia de penetración suele ser lo que primero desarma ese círculo.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    Brotto, L. A. (2022). The better sex through mindfulness workbook. Greystone Books.

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    Thomas, H. N., Brotto, L. A., de Abril Cameron, F., Yabes, J., & Thurston, R. C. (2023). A virtual, group-based mindfulness intervention for midlife and older women with low libido lowers sexual distress in a randomized controlled pilot study. The Journal of Sexual Medicine, 20(8), 1060-1068. https://doi.org/10.1093/jsxmed/qdad081

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    West, S. L., D’Aloisio, A. A., Agans, R. P., Kalsbeek, W. D., Borisov, N. N., & Thorp, J. M. (2008). Prevalence of low sexual desire and hypoactive sexual desire disorder in a nationally representative sample of US women. Archives of Internal Medicine, 168(13), 1441-1449. https://doi.org/10.1001/archinte.168.13.1441

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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