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    Depresión Endógena: Qué Es, Síntomas y Por Qué Ya No Se Diagnostica Así

    Alguien te dijo que lo tuyo «parece depresión endógena». O lo leíste, buscando por qué estás así cuando en tu vida no pasó nada que lo explique: tienes trabajo, tienes gente que te quiere, y aun así te levantas cada mañana con un peso en el pecho que no cede con nada.

    La palabra suena a diagnóstico serio, a algo que viene «de adentro» y que ninguna conversación va a arreglar.

    Esta guía explica qué significaba depresión endógena, en qué se diferenciaba de la depresión reactiva o exógena, por qué los manuales de diagnóstico dejaron de usar esa división hace más de cuarenta años, y qué nombre tiene hoy ese cuadro: depresión con características melancólicas. También revisa, con los estudios en la mano, la pregunta que de verdad importa: si tener «la endógena» cambia el tratamiento y el pronóstico. Al final hay seis preguntas frecuentes y las referencias completas.

    En breve:

    • «Endógena» es un nombre antiguo: hoy se habla de depresión con características melancólicas.
    • Es más fácil identificar un desencadenante en los primeros episodios de depresión que en los siguientes, así que no encontrar «la razón» no la convierte en una enfermedad aparte.
    • La evidencia no confirma que solo responda a fármacos.
    • Tiene tratamiento, y la mayoría de las personas alcanza la remisión.

    Respuesta corta: la depresión endógena es un nombre antiguo para la depresión que aparece sin un desencadenante externo claro y con síntomas corporales marcados (peor por la mañana, despertar precoz, lentitud, pérdida de apetito).

    Desde el DSM-III (1980) no existe como diagnóstico aparte: hoy se describe como un episodio depresivo mayor con características melancólicas, y la CIE-11 lo llama «episodio depresivo actual con melancolía». Tiene tratamiento, y la evidencia no confirma que solo responda a fármacos.

    ¿Qué es la depresión endógena?

    La depresión endógena es el nombre que la psiquiatría del siglo XX le dio a un tipo de depresión que parecía nacer «desde dentro» del organismo (eso significa endógena), sin una pérdida, un fracaso ni un conflicto que la explicara. Se la contraponía a la depresión reactiva o exógena, que sería la respuesta comprensible a algo que pasó: un duelo, una separación, un despido.

    La idea es mucho más vieja que el término. Belloch (2020) recuerda que La anatomía de la melancolía de Burton (1621) ya se considera el primer tratado sobre la depresión, y que ahí la causa no era la «bilis negra» de los griegos sino el desbordamiento de las pasiones, la culpa, la soledad o la ociosidad.

    Kendler revisó cómo, entre 1780 y 1880, la melancolía pasó de entenderse como un trastorno del juicio (una «locura parcial» que a veces venía con tristeza) a entenderse como un trastorno primario del ánimo, del que los delirios se derivan de forma comprensible (Kendler, 2020). De ahí nace el concepto moderno de depresión.

    Lo llamativo es cuánto se parece la melancolía de entonces a la depresión de ahora. Al revisar 28 manuales de psiquiatría de 1880 a 1900, incluida la primera descripción de Kraepelin en 1883, Kendler (2017) encontró que todos describían el mismo núcleo que hoy pedimos para diagnosticar una depresión mayor: cambio del ánimo, del contenido del pensamiento y de la conducta psicomotora.

    Hacia 1880 la depresión ya se entendía como un trastorno del ánimo independiente, con síntomas característicos y buen pronóstico.

    La división endógena/reactiva se volvió popular a mediados del siglo XX porque prometía algo útil: si sabías la causa, sabías el tratamiento. La endógena, «biológica», se trataría con fármacos o electroshock; la reactiva, «psicológica», con psicoterapia. El problema es que esa promesa no se sostuvo cuando se puso a prueba.

    Por qué ya no se diagnostica «depresión endógena»

    Los manuales de diagnóstico abandonaron la etiqueta «endógena» a partir del DSM-III (1980), cuando la psiquiatría decidió clasificar por síntomas observables y no por causas supuestas. Lo que quedó de aquel concepto fue el especificador «con características melancólicas»: un episodio depresivo mayor al que se le añade esa nota cuando tiene un perfil concreto de síntomas. La CIE-11 de la OMS recuperó el término clásico con el código 6A80.3, «episodio depresivo actual con melancolía», que sustituye al «síndrome somático» de la CIE-10.

    El paso de un nombre al otro no fue cosmético. Al preparar el DSM-IV, Rush y Weissenburger (1994) revisaron toda la evidencia sobre el subtipo: respuesta al tratamiento, pruebas de laboratorio, consistencia entre episodios, historia familiar y curso. Concluyeron que el concepto tenía cierta utilidad clínica y una validez «no del todo consistente», y decidieron conservarlo como especificador, con la lista corta de síntomas del DSM-III.

    Un dato de esa revisión que desmonta la idea de dos enfermedades distintas: episodios que no eran melancólicos pueden volverse melancólicos con la repetición y el paso del tiempo.

    El desencadenante se pierde con los episodios

    Hay un segundo motivo, y es el que más le sirve a quien está buscando su propia causa. El manual de terapia cognitiva de Beck y su equipo (Beck et al., 2024) recuerda una observación replicada muchas veces: es más fácil identificar un desencadenante en los primeros episodios de depresión que en los siguientes.

    Los estudios que siguen a las personas desde la infancia muestran dos trayectorias: la mayoría tiene un episodio ligado a un golpe de la vida y no vuelve a deprimirse salvo que ocurra otro golpe parecido, y un grupo más pequeño entra en la adolescencia con una vulnerabilidad que hace que los episodios se repitan, muchas veces sin ningún precipitante externo.

    Que no encuentres «la razón» de tu depresión no la convierte en una enfermedad aparte. Puede ser un tercer o cuarto episodio de la misma depresión de siempre.

    Dicho de forma directa: «endógena» describía un cuadro, no una causa demostrada. Y la palabra «reactiva» tampoco garantiza nada: una depresión que empezó con una separación puede ser tan grave y tan melancólica como una que empezó sin motivo.

    Síntomas de la depresión endógena (lo que hoy se llama características melancólicas)

    El DSM-5-TR (American Psychiatric Association, 2022) exige, para añadir «con características melancólicas», que en el peor momento del episodio esté presente al menos una de dos cosas: pérdida del placer en todas o casi todas las actividades, o falta de reacción del ánimo ante lo que normalmente alegraría. A eso deben sumarse tres o más de estos seis síntomas:

    Síntoma melancólico Cómo se nota en la vida diaria
    Un ánimo deprimido de cualidad distinta No es la tristeza de un duelo: es un vacío, un abatimiento profundo que la persona describe como «otra cosa»
    Peor por la mañana Las primeras horas del día son las más duras; hacia la tarde aflojan un poco
    Despertar precoz Se despierta al menos dos horas antes de lo habitual y no vuelve a dormir
    Enlentecimiento o agitación psicomotora Habla y se mueve más lento, o no puede quedarse quieto; lo notan los demás, no solo la persona
    Pérdida marcada de apetito o de peso Come por obligación, baja de peso sin proponérselo
    Culpa excesiva o inapropiada Se reprocha cosas que no dependían de ella, o faltas mínimas con una intensidad desproporcionada

    Lo que de verdad distingue a la melancolía

    Ahora bien, la lista del manual y lo que de verdad distingue a la melancolía no coinciden del todo. Martino, Szmulewicz, Valerio y Parker (2019) revisaron todos los estudios que habían aislado una dimensión melancólica con modelos estadísticos, y encontraron que los dos rasgos que mejor separan la depresión melancólica de la no melancólica son el enlentecimiento psicomotor y el ánimo que no reacciona.

    Otros que se suelen atribuir a la melancolía (la anhedonia, la agitación, el insomnio tardío, la pérdida de apetito o peso) resultaron menos útiles para distinguirla, porque también aparecen en depresiones no melancólicas.

    Parker y Paterson (2014) llegan más lejos: la melancolía nunca se ha logrado diferenciar de forma satisfactoria solo por síntomas, y la definición del DSM-5 puede tener poca capacidad para separarla, lo que a su vez complica investigar sus causas y sus tratamientos.

    En un estudio posterior con 141 pacientes hospitalizados, Valerio, Lomastro, Igoa y Martino (2023) encontraron que, al controlar la gravedad, el especificador del DSM-5 parecía reflejar más bien cuán grave era el episodio que un cuadro cualitativamente distinto.

    Esto tiene una consecuencia práctica para ti. Si reconoces en la tabla el despertar precoz, la lentitud y el ánimo que no se mueve ni con buenas noticias, vale la pena decirlo tal cual en la consulta: son los síntomas que más orientan. Pero no hace falta que tú decidas si tu depresión es «endógena»; eso lo evalúa un profesional con una entrevista completa, y la respuesta cambia menos de lo que parece.

    ¿Qué tan común es y en quién aparece?

    Entre las personas que consultan por depresión, más o menos una de cada cinco tiene características melancólicas, y esas personas suelen estar más graves. En un estudio con 1.455 pacientes ambulatorios en España, Gili y colaboradores (2012) encontraron que el 16,2 % cumplía criterios de depresión melancólica; estaban más deprimidos, habían tenido más episodios y episodios más cortos que el resto.

    En STAR\*D, el mayor ensayo de tratamiento de la depresión en Estados Unidos (2.875 pacientes), McGrath y colaboradores (2008) hallaron que el 23,5 % tenía características melancólicas, con mayor gravedad, más intentos de suicidio previos, más riesgo suicida actual y más comorbilidad psiquiátrica.

    La proporción sube mucho cuando se mira a los más graves. En el estudio CORE de terapia electroconvulsiva, con 489 pacientes hospitalizados y muy deprimidos, el 63,6 % cumplía criterios de melancolía (Fink et al., 2007).

    La melancolía también pesa sobre el pensamiento. Un metaanálisis de nueve estudios (Zaninotto et al., 2016) encontró que las personas con depresión melancólica rinden peor en atención y memoria de trabajo, aprendizaje visual y razonamiento que las que tienen depresión no melancólica, con efectos de tamaño moderado. Con un matiz honesto: en los pacientes sin medicación esa diferencia no se vio, así que parte del efecto puede deberse a los fármacos o a la mayor gravedad.

    Causas de la depresión endógena: ¿es hereditaria o «química»?

    Sobre las causas de la depresión endógena, la respuesta corta es que la melancolía tiene correlatos biológicos reales, pero ninguno sirve todavía para diagnosticarla, y llamarla «química» no la separa de las demás depresiones. El marcador más antiguo y mejor sostenido es la hiperactividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, el sistema hormonal del estrés (Parker y Paterson, 2014).

    Rush y Weissenburger (1994) ya asociaban las características melancólicas a un sueño REM más precoz y a la no supresión del cortisol en la prueba de dexametasona. Pero ese mismo trabajo aclaraba que la melancolía no se asocia de forma específica a una historia familiar de depresión, aunque quizá sí a una historia familiar de depresión grave.

    Qué dice la psicología

    Leventhal y Rehm (2005) resumen la polémica desde la psicología: la idea de un subtipo con causas biológicas y no psicológicas ha pesado más en la psiquiatría que en la psicología, y la evidencia sobre síntomas, funcionamiento biológico, personalidad, respuesta al tratamiento y suicidalidad tiende a apoyar que la melancolía es diferente de la depresión no melancólica.

    Diferente no significa «puramente biológica»: en el modelo cognitivo de Beck, la depresión es un trastorno heterogéneo que puede deberse a acontecimientos psicológicos o a enfermedades biológicas, y ambas vías desembocan en los mismos síntomas (Beck et al., 2024).

    Beck y su equipo describen tres grupos de personas deprimidas. Las que responden a un golpe externo sin vulnerabilidad previa y a menudo se recuperan solas. Las que llegan a la adolescencia con una tendencia a atribuir lo malo a un defecto estable de sí mismas, que se benefician especialmente de la terapia cognitiva.

    Y un tercer grupo con una alteración cerebral de base y riesgo genético de episodios repetidos (la depresión bipolar, la psicótica, algunas altamente recurrentes), en el que la terapia cognitiva sola puede no bastar.

    La depresión «endógena» de la que hablaban los manuales viejos se parece a este tercer grupo, pero el propio Beck advierte que es muy difícil asignar a cada persona a un grupo de entrada. En sus palabras, hay que aprender de la respuesta de cada paciente al tratamiento y estar dispuesto a equivocarse.

    Cuando la causa es médica

    Una advertencia que suele faltar en los artículos sobre este tema: varias enfermedades médicas (hipotiroidismo y otras endocrinopatías, cuadros neurológicos y cerebrovasculares) y medicamentos de uso común (corticoides, antihipertensivos, antiarrítmicos) producen síntomas que cumplen todos los criterios de depresión mayor (Beck et al., 2024). Una depresión «sin causa» a veces sí tiene causa, y es médica. Por eso el estudio de una depresión melancólica pasa también por el médico.

    Tratamiento de la depresión endógena: ¿cambia según el subtipo?

    En el tratamiento de la depresión endógena, la idea de que «solo responde a fármacos» y la reactiva «solo a psicoterapia» no está respaldada por los estudios más grandes; lo que sí muestran es que la melancolía responde menos al placebo y tarda más en remitir, en gran parte por su mayor gravedad. Conviene ir por partes, porque la evidencia no es unánime.

    Antidepresivos: remisión más difícil, y no todos iguales

    Un metaanálisis de Valerio, Szmulewicz y Martino (2018) reunió ensayos aleatorizados y no aleatorizados y encontró que la depresión melancólica remite con antidepresivos con menos probabilidad que la no melancólica; la respuesta (mejorar sin llegar a remitir) fue parecida entre subtipos, pero los melancólicos respondieron menos al placebo.

    Dentro de la melancolía, los inhibidores de la recaptación de serotonina se asociaron a menos remisión que los antidepresivos tricíclicos, con un resultado parecido al de la venlafaxina. Los propios autores lo califican de hallazgo preliminar.

    El dato de STAR\*D matiza esa lectura. Las personas con características melancólicas tratadas con citalopram remitieron hasta 8,4 puntos porcentuales menos que las demás, un 24 % menos de probabilidad relativa; pero cuando se ajustó por las diferencias de partida (gravedad, intentos previos, comorbilidad), la diferencia desapareció (McGrath et al., 2008). Es decir: la melancolía se asocia a peor remisión porque suele venir con más gravedad, no porque el fármaco «no le llegue».

    Y en el ensayo GENDEP, con 811 adultos tratados con escitalopram o nortriptilina, la depresión melancólica se asoció a resultados ligeramente peores con el ISRS y no afectó al tricíclico, pero la diferencia no se sostuvo en los análisis de sensibilidad. La conclusión de Uher y colaboradores (2011) es clara: el subtipo no es un predictor lo bastante sólido para elegir entre un ISRS y un tricíclico.

    Psicoterapia: dos resultados que se contradicen

    Aquí está el nudo del debate. Por un lado, un pequeño ensayo piloto de 12 semanas de Parker y colaboradores (2013), con 18 personas con depresión melancólica tratadas con antidepresivos y 11 con terapia cognitivo-conductual, encontró que la medicación tuvo mejor resultado que la TCC: 61 % frente a 34 % de mejoría en la escala de Hamilton.

    Los autores advierten que la muestra fue pequeña y de gravedad moderada, con riesgo de estar infrapotenciada. Una revisión previa de Brown (2007) iba en la misma línea: los pocos datos disponibles sugerían que los pacientes melancólicos y los muy graves mejoran menos con distintos tipos de psicoterapia, y bastante menos con placebo.

    El estudio más grande y más limpio dice lo contrario. Cuijpers y colaboradores (2017) juntaron los datos individuales de cuatro ensayos que compararon TCC con antidepresivos (805 pacientes con subtipo evaluado al inicio) y no encontraron ninguna señal de que la melancolía modere o prediga el resultado: a las personas con melancolía no les fue peor con TCC que con fármacos, ni peor en general, y todas las diferencias fueron minúsculas (g < 0,10). Lo mismo para la depresión atípica.

    Cómo leer los dos resultados juntos: el ensayo de Parker es pequeño y el metaanálisis de Cuijpers reúne veintiocho veces más pacientes, así que hoy pesa más el segundo.

    Pero el de Cuijpers usó el especificador del DSM-IV, que como vimos discrimina mal, y sus pacientes eran ambulatorios. En una depresión melancólica grave, con enlentecimiento marcado, ideas de culpa delirantes o riesgo suicida, ningún clínico serio propone psicoterapia sola.

    Beck et al. (2024) lo resuelven con sentido común: la depresión unipolar no psicótica responde igual de bien a terapia cognitiva que a antidepresivos, y en el proceso la persona aprende habilidades que reducen el riesgo futuro; cuando hay síntomas psicóticos, maníacos o la persona no responde como se esperaba, se consulta con un psiquiatra y se combinan tratamientos.

    Terapia electroconvulsiva: no es «el tratamiento de la endógena»

    Durante décadas se enseñó que la melancolía era la indicación clásica de la terapia electroconvulsiva. El estudio CORE, con 489 pacientes gravemente deprimidos, encontró justo lo contrario de lo esperado: remitieron con TEC el 62 % de los melancólicos frente al 79 % de los no melancólicos (Fink et al., 2007). Los criterios DSM de melancolía, concluyen los autores, no identifican a quienes responden mejor a la TEC. Sí hubo un hallazgo a favor: los melancólicos recayeron menos cuando la continuación fue con TEC y más cuando fue con fármacos.

    Con todo esto sobre la mesa: el subtipo orienta, pero no decide. Si estás en tratamiento y no mejoras, lo que corresponde es revisar el plan con quien te atiende, sumar lo que falta (psicoterapia si solo hay fármacos, evaluación psiquiátrica si solo hay psicoterapia), y no concluir que «como es endógena, nada funciona». Si quieres entender qué ofrece cada tipo de terapia, en terapia cognitivo-conductual: qué es y cómo funciona lo explico con detalle.

    ¿Se cura la depresión endógena?

    Sí, con la misma salvedad que cualquier depresión mayor: la mayoría de las personas alcanza la remisión con tratamiento, la melancolía tarda un poco más en llegar y el riesgo de recaída obliga a no cortar el tratamiento en cuanto uno se siente bien. En el estudio de Gili y colaboradores (2012) los pacientes melancólicos mostraron tasas de remisión más bajas tras 6 a 8 semanas de antidepresivo y tras 14 a 20 semanas de continuación, aunque sus episodios fueron más cortos que los de los demás.

    En STAR\*D esa desventaja se explicó por la gravedad de partida (McGrath et al., 2008).

    La trayectoria marca más el pronóstico que la etiqueta. Beck et al. (2024) distinguen a las personas «con depresión posible», que tienen un episodio ligado a un acontecimiento y rara vez otro, de las «propensas a la recurrencia», con episodios repetidos que muchas veces empiezan sin motivo externo.

    Si te reconoces en el segundo grupo, la prevención de recaídas (continuar el tratamiento más allá de la mejoría, aprender a detectar las señales tempranas, cuidar el sueño) pesa tanto como el tratamiento del episodio. En cómo salir de la depresión hay una guía práctica de esa fase.

    Un error frecuente en internet es afirmar que la depresión endógena «no se cura sin medicación» o que «lleva años». Ninguno de los estudios revisados aquí sostiene esas dos frases tal cual. Lo que sostienen es más modesto y más útil: es una forma de depresión grave, con síntomas corporales marcados, que responde a los tratamientos disponibles, algo más lento, y que se beneficia de combinarlos cuando uno solo no alcanza.

    Cuándo consultar, y con quién, en Chile

    Consulta ahora, sin esperar a confirmar si es «endógena», si llevas dos semanas o más con el ánimo hundido casi todo el día, has dejado de disfrutar lo que antes disfrutabas, y notas alguno de los síntomas de la tabla de arriba. La lentitud que los demás notan, el despertar dos horas antes con angustia y la pérdida de peso sin buscarla son señales de una depresión que conviene tratar pronto, no esperar a que pase sola.

    Hay tres situaciones que convierten la consulta en urgente: ideas de muerte o de suicidio (más aún si has pensado cómo), ideas de culpa o de ruina que no ceden a ningún argumento (pueden ser síntomas psicóticos), y no poder comer ni levantarte. En esos casos corresponde una evaluación médica el mismo día. En Chile puedes llamar a Salud Responde, 600 360 7777, las 24 horas, o acudir a un servicio de urgencia.

    ¿Psicólogo o psiquiatra? Los dos, en distinto orden según la gravedad. Un psicólogo clínico puede evaluar el cuadro, iniciar psicoterapia y derivar a psiquiatría cuando la gravedad, la falta de respuesta o los síntomas psicóticos lo piden; el psiquiatra indica y ajusta la medicación. En la depresión melancólica lo habitual es que ambos trabajen juntos.

    En cuanto al acceso: la depresión en personas de 15 años o más es el problema de salud número 34 del GES. Según la Superintendencia de Salud, cubre la depresión leve, moderada o severa con diagnóstico confirmado por un médico; el tratamiento debe empezar de inmediato desde la confirmación diagnóstica, y en los casos con psicosis, alto riesgo suicida o falta de respuesta, la consulta con especialista está garantizada dentro de 30 días desde la derivación.

    No hace falta que el diagnóstico diga «melancólica» para activarlo: basta que sea depresión.

    Si quieres una primera orientación antes de consultar, el test de ansiedad y depresión de este sitio usa cuestionarios validados y te devuelve un puntaje orientativo; y el artículo pilar sobre depresión resume los criterios, los tipos y los tratamientos.

    MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, tiene además una página en español sobre la depresión pensada para pacientes.

    Preguntas frecuentes sobre la depresión endógena

    ¿Qué diferencia hay entre depresión endógena y exógena (o reactiva)?

    La endógena sería la que aparece sin desencadenante externo y con síntomas corporales marcados; la exógena o reactiva, la que sigue a un acontecimiento. Esa división se abandonó desde el DSM-III (1980) porque la causa no se podía demostrar y no predecía bien el tratamiento. Hoy se habla de depresión con o sin características melancólicas.

    ¿Cuáles son los síntomas de la depresión endógena?

    Los síntomas de la depresión endógena son los del especificador melancólico: pérdida total del placer o ánimo que no reacciona ante nada bueno, más tres de estos: cualidad distinta del ánimo, peor por la mañana, despertar precoz, enlentecimiento o agitación, pérdida de apetito o peso y culpa excesiva. Los que mejor la distinguen son el enlentecimiento y el ánimo no reactivo.

    ¿La depresión endógena se cura?

    Sí. Responde a los tratamientos disponibles (antidepresivos, psicoterapia, y en casos graves terapia electroconvulsiva), aunque la remisión suele tardar algo más, en gran parte porque estos cuadros son más graves de entrada. La continuación del tratamiento tras la mejoría reduce las recaídas.

    ¿La depresión endógena solo se trata con medicamentos?

    No. El metaanálisis más grande sobre el tema, con 805 pacientes, no encontró que la melancolía prediga peor resultado con terapia cognitivo-conductual que con fármacos. Un ensayo pequeño sí favoreció a la medicación. En la práctica, cuanto más grave el cuadro, más se combinan psicoterapia y tratamiento psiquiátrico.

    ¿Es hereditaria la depresión endógena?

    Tiene correlatos biológicos, como la hiperactividad del eje del estrés, pero no un marcador que la diagnostique, y no se asocia de forma específica a antecedentes familiares de depresión (quizá sí de depresión grave). Ninguna prueba de sangre o de imagen confirma hoy una «depresión endógena».

    ¿Cómo sé si mi depresión es endógena o reactiva?

    No hace falta que lo decidas tú, y la respuesta cambia menos de lo que parece. Un profesional evalúa los síntomas melancólicos en la entrevista clínica. Que no encuentres una causa no la hace más grave ni incurable: en los episodios repetidos es normal que el desencadenante sea menos visible.

    Un nombre viejo para un problema que sí tiene salida

    «Depresión endógena» sirvió durante décadas para nombrar una depresión grave, corporal y sin motivo aparente. La ciencia dejó el nombre porque no podía probar la causa que prometía, y se quedó con lo observable: las características melancólicas. Lo que la evidencia dice hoy es que esa forma de depresión existe, que es más grave y responde algo más lento, y que ni está condenada a los fármacos ni cerrada a la psicoterapia.

    Si reconociste tu mañana en la tabla de síntomas, el paso siguiente no es seguir buscando la etiqueta exacta. Es una evaluación con alguien que pueda distinguir gravedad, riesgo y tratamiento adecuado. Puedes agendar una consulta online para revisar tu caso y decidir juntos por dónde empezar.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2022). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed., texto revisado, DSM-5-TR). Editorial Médica Panamericana.

    Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., Emery, G., DeRubeis, R. J., & Hollon, S. D. (2024). Cognitive therapy of depression (2.ª ed.). Guilford Press.

    Belloch, A., Sandín, B., & Ramos, F. (2020). Manual de psicopatología (Vol. I, 3.ª ed.). McGraw-Hill.

    Brown, W. A. (2007). Treatment response in melancholia. Acta Psychiatrica Scandinavica, 115(Suppl. 433), 125-129. https://doi.org/10.1111/j.1600-0447.2007.00970.x

    Cuijpers, P., Weitz, E., Lamers, F., Penninx, B. W., Twisk, J., DeRubeis, R. J., Dimidjian, S., Dunlop, B. W., Jarrett, R. B., Segal, Z. V., & Hollon, S. D. (2017). Melancholic and atypical depression as predictor and moderator of outcome in cognitive behavior therapy and pharmacotherapy for adult depression. Depression and Anxiety, 34(3), 246-256. https://doi.org/10.1002/da.22580

    Fink, M., Rush, A. J., Knapp, R., Rasmussen, K., Mueller, M., Rummans, T. A., O’Connor, K., Husain, M., Biggs, M., Bailine, S., & Kellner, C. H. (2007). DSM melancholic features are unreliable predictors of ECT response: A CORE publication. Journal of ECT, 23(3), 139-146. https://doi.org/10.1097/YCT.0b013e3180337344

    Gili, M., Roca, M., Armengol, S., Asensio, D., Garcia-Campayo, J., & Parker, G. (2012). Clinical patterns and treatment outcome in patients with melancholic, atypical and non-melancholic depressions. PLoS ONE, 7(10), e48200. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0048200

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    McGrath, P. J., Khan, A. Y., Trivedi, M. H., Stewart, J. W., Morris, D. W., Wisniewski, S. R., Miyahara, S., Nierenberg, A. A., Fava, M., & Rush, A. J. (2008). Response to a selective serotonin reuptake inhibitor (citalopram) in major depressive disorder with melancholic features: A STARD report. Journal of Clinical Psychiatry, 69*(12), 1847-1855. https://doi.org/10.4088/JCP.v69n1201

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    Parker, G., Blanch, B., Paterson, A., Hadzi-Pavlovic, D., Sheppard, E., Manicavasagar, V., Synnott, H., Graham, R. K., Friend, P., Gilfillan, D., & Perich, T. (2013). The superiority of antidepressant medication to cognitive behavior therapy in melancholic depressed patients: A 12-week single-blind randomized study. Acta Psychiatrica Scandinavica, 128(4), 271-281. https://doi.org/10.1111/acps.12049

    Parker, G., & Paterson, A. (2014). Melancholia: Definition and management. Current Opinion in Psychiatry, 27(1), 1-6. https://doi.org/10.1097/YCO.0000000000000024

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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