Etiqueta: cuánto dura el enamoramiento según la psicología

  • ¿Cuánto dura el enamoramiento? Lo que dice la psicología

    ¿Cuánto dura el enamoramiento? Lo que dice la psicología

    Llevas unos meses con alguien y ya no piensas en esa persona cada diez minutos. O llevas años juntos y recuerdas cómo se sentía el comienzo, cuando todo tenía más intensidad. Si buscaste “cuánto dura el enamoramiento”, lo más probable es que hayas encontrado el mismo rango repetido (de 6 meses a 3 años) sin que nadie diga de dónde sale. Este artículo revisa el origen de cada cifra, qué midió de verdad la investigación y qué pasa con el amor después de la etapa más intensa. Si primero quieres saber qué es lo que sientes, tienes esta guía para distinguir si estás enamorado o solo te gusta alguien.

    Respuesta corta: la fase más intensa del enamoramiento (pensar todo el día en la otra persona, euforia, idealización) suele ir bajando entre los 6 meses y los 2 o 3 años de relación, con mucha variación entre parejas y sin un plazo exacto. Baja la intensidad y la obsesión, mientras el amor puede seguir y, en una parte de las parejas, la pasión también.

    ¿Cuánto dura el enamoramiento según la psicología?

    No existe una cifra única. Las estimaciones más citadas ubican la etapa de mayor intensidad entre los 6 meses y los 2 o 3 años desde el inicio, con mucha variación entre personas. Son promedios y estimaciones de distintas fuentes, no un plazo fijo que se cumpla igual para todos.

    Conviene saber qué es cada número, porque no pesan lo mismo:

    Fuente Cifra Qué es en realidad
    Tennov (1979/1999), según McCarthy y McCarthy (2019) 6 a 12 meses, rara vez más de 2 años Trabajo de la autora que describió la limerencia, resumido en un libro de terapia sexual
    Hatfield y Walster (1978), citado en Lehmiller (2018) La pasión empieza a bajar entre los 6 y los 30 meses Libro clásico de la época; la cifra llega de segunda mano
    Fisher, citada en Perel (2006) 1,5 a 3 años Estimación de una investigadora del amor, recogida en un libro de divulgación clínica
    Marazziti y Canale (2004) Las diferencias hormonales ya no estaban al repetir la medición entre 12 y 24 meses después 24 personas recién enamoradas frente a 24 personas sin esa condición
    Call et al. (1995) y Schröder y Schmiedeberg (2015), según Bradbury y Karney (2019) Frecuencia y satisfacción sexual máximas en el primer año y caída marcada en el segundo Encuestas longitudinales de EE. UU. y Alemania

    Leídas juntas, las fuentes coinciden en que la intensidad del comienzo baja, y lo más sólido es esa caída del segundo año en encuestas que siguen a las mismas parejas. Discrepan en el plazo, que va de unos meses a tres años según quién lo estime y cómo. Ninguna de esas cifras sale de seguir a las mismas personas y medir cada cierto tiempo cuánto enamoramiento sienten, así que cualquier número exacto es una simplificación. En la literatura revisada para este artículo tampoco aparece respaldo para las cifras que circulan según el sexo de la persona (por ejemplo, que a los hombres se les pasaría antes).

    Lo más cercano es un estudio longitudinal que siguió a parejas varios años y les pidió, en cada oleada, que contaran cuánto había cambiado su amor y que además completaran escalas del momento. Quienes seguían juntos sentían que su amor había aumentado desde la última vez, pero sus puntajes reales no solían subir: la memoria tiende a mejorar la historia. Sus reportes de cambio sí se relacionaban con el cambio real y con la estabilidad futura, y quienes terminaron durante el estudio contaron menos afecto positivo en los meses previos a la ruptura (Sprecher, 1999). Mide amor, compromiso y satisfacción en general, no la fase de enamoramiento intenso con su cronología, así que tampoco da un plazo.

    ¿Qué pasa en el cerebro y el cuerpo cuando alguien se enamora?

    Enamorarse activa el sistema de recompensa y motivación del cerebro, con áreas ricas en dopamina, y cambia algunas hormonas. Esos cambios del comienzo parecen transitorios, aunque en algunas parejas la activación hacia la misma persona sigue presente años después. Eso es lo que hay detrás de la expresión “enamoramiento químico”.

    En un estudio con resonancia magnética, 10 mujeres y 7 hombres que estaban intensamente enamorados desde hacía entre 1 y 17 meses miraron una foto de su pareja y otra de una persona conocida. Al ver a la persona amada se activaron áreas ricas en dopamina (el área tegmental ventral y el núcleo caudado), y la activación del caudado se relacionó con el puntaje de pasión romántica (Aron et al., 2005). Un trabajo del mismo equipo describe este sistema como un mecanismo de motivación más que una emoción, distinto del impulso sexual (Fisher et al., 2005; véase también Bartels y Zeki, 2000).

    Del lado hormonal, el estudio de Marazziti y Canale (2004) encontró más cortisol en 24 personas que se habían enamorado en los seis meses previos, y esas diferencias desaparecieron al volver a medir entre 12 y 24 meses después. Es la pieza que más se parece a un reloj biológico, aunque mide una hormona del estrés en una muestra pequeña y no mide cuánto “amor” sentían.

    La versión popular dice que la dopamina se acaba y la oxitocina toma el relevo. Esa lectura simplifica demasiado. Un estudio con resonancia en 17 personas casadas hace unos 21 años y todavía intensamente enamoradas encontró que la imagen de la pareja siguió activando el sistema dopaminérgico de recompensa, como en el amor nuevo, y además regiones relacionadas con el apego (Acevedo et al., 2012). Estos estudios miden activación cerebral, no niveles de oxitocina, y trabajan con grupos de unas 17 personas elegidas justamente por seguir muy enamoradas. Sirven para mostrar que es posible, no para decir cuántos lo logran.

    En recién casados evaluados el día de la boda y un año después, mantener el amor romántico (el cambio en una escala de amor) se asoció con la activación de la sustancia negra, un área rica en dopamina, al ver la cara de la pareja, y con interacciones entre la activación del sistema de recompensa y variantes genéticas ligadas a la dopamina, la oxitocina y la vasopresina (Acevedo et al., 2020). Es un hallazgo exploratorio: muestra qué se activa en quienes mantienen el amor, no cuántas parejas lo logran ni qué lo causa.

    También hay base psicométrica para separar dos cosas que se suelen mezclar. Una escala de 20 ítems distingue el enamoramiento (infatuation) del apego como dimensiones separables del amor romántico, con la misma estructura en tres muestras (Langeslag et al., 2013). Con esa distinción se entiende mejor que se pueda hablar de un enamoramiento que baja y de un apego que puede mantenerse.

    ¿Cuánto dura el enamoramiento en una relación de pareja? Qué pasa después del primer año

    En las encuestas de parejas, el deseo y la satisfacción sexual son máximos durante el primer año y bajan de forma marcada el segundo. Después se estabilizan, mientras la intimidad y el compromiso suelen subir y mantenerse. La relación cambia de composición.

    La teoría triangular del amor de Sternberg (1986) propone tres componentes: intimidad (cercanía y confianza), pasión (atracción y excitación) y decisión/compromiso (la decisión de amar y la intención de sostenerlo). Bradbury y Karney (2019) muestran que se desarrollan a ritmos distintos:

    Componente Qué es Cómo suele evolucionar (Bradbury y Karney, 2019)
    Intimidad Cercanía, confianza, apoyo Sube rápido al comienzo y se mantiene alta en relaciones sanas
    Pasión Atracción, excitación, deseo Sube fuerte, llega al máximo en el primer año y baja hasta una meseta más baja
    Compromiso Decisión y dedicación a largo plazo Crece más despacio y se mantiene alto

    Los dos estudios longitudinales que citan esos autores (Call et al., 1995; Schröder y Schmiedeberg, 2015) encontraron que la caída de la frecuencia sexual en el segundo año se mantiene aun al controlar la edad y la satisfacción general con la relación. En el vocabulario de Sternberg, lo que queda cuando la pasión baja y la intimidad y el compromiso siguen altos es el amor de compañía. El diccionario de psicología de la APA tiene entradas para amor apasionado y amor de compañía.

    Una encuesta en internet con 16.030 personas apunta en la misma dirección, aunque es transversal y no sigue a nadie en el tiempo. Con las tres dimensiones de Sternberg, la pasión se asoció negativamente con la duración de la relación, mientras el compromiso se asoció positivamente, y la edad iba con menos pasión y más intimidad y compromiso (Ahmetoglu et al., 2010). Los autores señalan diferencias menores entre hombres y mujeres en las asociaciones con la personalidad, sin medir cuánto dura la pasión en cada sexo.

    ¿Por qué baja? Una de las explicaciones más usadas es el modelo de autoexpansión de Arthur y Elaine Aron. Al conocer a alguien nuevo, uno incorpora de golpe perspectivas, hábitos y recursos, y esa velocidad de descubrimiento acompaña la euforia. Con los años la velocidad baja porque ya se conocen (Bradbury y Karney, 2019). Los experimentos de Aron et al. (2000), que se describen más abajo, nacieron justamente para entender el descenso típico de la calidad de la relación después de la luna de miel. Perel (2006) añade una tensión: el amor busca seguridad y previsibilidad, mientras que el deseo se alimenta de novedad y de cierta distancia.

    ¿Se acaba el amor cuando se acaba el enamoramiento?

    No necesariamente. En una muestra aleatoria de 274 personas casadas de EE. UU., el 40 % de quienes llevaban más de 10 años de matrimonio dijo estar “muy intensamente enamorado”. Lo que suele desaparecer es la obsesión, y eso es compatible con una relación satisfecha.

    El estudio de O’Leary et al. (2012) encontró ese 40 %, y en una segunda muestra de 322 personas de Nueva York casadas hace más de 10 años el porcentaje fue de 29 %. Quienes seguían muy enamorados tendían a pensar bien de su pareja, a pensar en ella cuando estaban separados, a tener gestos de afecto y relaciones sexuales, a hacer juntos actividades nuevas y desafiantes, y a estar más felices con la vida en general. Es un estudio de asociaciones, así que no dice qué causa qué.

    Una revisión con metaanálisis de 25 estudios agrega un matiz. Separó el amor romántico (intensidad, compromiso y deseo sexual) de la obsesión, que es lo típico de las primeras etapas. El amor romántico sin obsesión estuvo fuertemente asociado con la satisfacción en relaciones largas y cortas. La obsesión, en cambio, se asoció con menos satisfacción en las relaciones largas y con más en las cortas (Acevedo y Aron, 2009). En otras palabras, el pensamiento constante y la ansiedad por la otra persona ayudan al comienzo y estorban después.

    ¿Y cuántas parejas conservan la pasión? Un estudio con 38.747 hombres y mujeres que llevaban al menos tres años en pareja (encuesta en línea, muestra autoseleccionada) mostró bastante variación. Casi todos estaban satisfechos con su vida sexual en los primeros seis meses (83 %), y ahora lo estaba cerca de la mitad (55 % de las mujeres y 43 % de los hombres). El 38 % de las mujeres y el 32 % de los hombres decía que su vida sexual seguía tan apasionada como al principio (Frederick et al., 2017). Es una minoría considerable.

    ¿Cuándo el enamoramiento se apaga demasiado rápido, o dura demasiado?

    Importa más el ritmo que el calendario. Un enfriamiento brusco, con desilusión y menos afecto en los primeros años, se asocia a peor pronóstico. Y un enamoramiento que no se apaga porque la otra persona no corresponde, o responde a ratos, puede convertirse en limerencia, que desgasta.

    Sobre lo primero, un estudio que siguió a parejas de recién casados durante 13 años encontró que la intensidad del romance al comienzo predecía si seguían felices trece años después (entre quienes seguían casados). Además, la desilusión (menos amor, menos afecto explícito, menos convicción de que la pareja responde y más ambivalencia) distinguía a las parejas que terminaron separándose de las que lograron un vínculo estable (Huston et al., 2001). Y no todas las parejas bajan igual: en otro estudio con 464 cónyuges evaluados ocho veces durante cuatro años, se identificaron cinco trayectorias distintas de satisfacción, desde altas y sin descenso hasta bajas y con caída marcada, y cada grupo tuvo tasas de divorcio distintas (Lavner y Bradbury, 2010). Bradbury y Karney (2019) calculan que alrededor del 10 % de las parejas de recién casados mantiene o aumenta su satisfacción durante los primeros cuatro años.

    Sobre lo segundo, Tennov (1999) llamó limerencia a un estado involuntario de pensamiento obsesivo sobre alguien, con dependencia del ánimo respecto a las señales de interés de esa persona. Según el resumen de la literatura que hacen McCarthy y McCarthy (2019), la incertidumbre, los obstáculos y la disponibilidad intermitente de la otra persona son lo que la prolonga, mientras que la reciprocidad, la convivencia y el compromiso suelen disolverla. En un estudio con 1.647 personas, cada episodio de limerencia duraba cerca de dos años, y el 42 % cumplía criterios de varias comorbilidades a la vez (ansiedad, depresión, disociación, ensoñación desadaptativa); en una semana de seguimiento a 51 personas, los pensamientos sobre la persona ocupaban cerca de la mitad de las horas de vigilia (Evans et al., 2026). Los autores concluyen que faltan criterios diagnósticos formales y que hace falta evaluar la eficacia de las intervenciones psicoterapéuticas para la limerencia. Si lo que describes es esto y te quita sueño, trabajo o ánimo, conviene consultarlo.

    ¿Se puede mantener o recuperar la intensidad?

    En parte. Hacer actividades nuevas y desafiantes en pareja mejora la calidad de la relación en estudios experimentales. Un ensayo aleatorizado con 101 parejas encontró más excitación, afecto positivo y satisfacción después de cuatro semanas de actividades compartidas.

    El trabajo de Aron et al. (2000) combinó una encuesta de periódico, una encuesta puerta a puerta y tres experimentos de laboratorio. En los experimentos, las parejas que hicieron juntas una tarea novedosa y activante de 7 minutos aumentaron su calidad de relación más que las que hicieron una tarea corriente, y en las encuestas el aburrimiento mediaba la asociación entre actividades emocionantes compartidas y satisfacción. El ensayo de Coulter y Malouff (2013) asignó al azar a 101 parejas a un programa en línea de 4 semanas con actividades emocionantes (90 minutos semanales) o a lista de espera. Las parejas del programa tuvieron mayor excitación, afecto positivo y satisfacción, y en el seguimiento a los 4 meses esos puntajes seguían más altos que al inicio. Y un estudio longitudinal encontró que el aburrimiento en el matrimonio predecía menor satisfacción nueve años después (Tsapelas et al., 2009).

    Dos estudios más van en esa línea. En tres estudios con métodos de pareja, de experiencia diaria, longitudinales y experimentales, hacer actividades de autoexpansión (novedosas y que desafían un poco) con la pareja se asoció con más deseo sexual, y ese deseo con más satisfacción en la relación, más probabilidad de tener sexo y más satisfacción cuando lo tenían, con beneficios que se mantuvieron en el tiempo (Muise et al., 2019). Y en tres estudios con parejas ya establecidas, las personas con personalidad muy creativa tenían más pasión y su pasión bajaba menos a medida que pasaba el tiempo juntos, en parte porque veían a su pareja como más atractiva; el efecto se vio también nueve meses después (Carswell et al., 2019). La creatividad es un rasgo y no un ejercicio que se haya probado, así que sirve más como pista que como receta.

    Ninguno de estos trabajos es un metaanálisis de intervenciones para recuperar la pasión, y no se encontró uno.

    Con esto se pueden sacar algunas ideas prácticas, siempre recordando que muchas de las asociaciones son correlacionales:

    • Planear actividades nuevas que cuesten un poco, de las que no se hacen en piloto automático. Cenar en el mismo restaurante de siempre no cuenta.
    • Dejar de medir la relación contra los primeros seis meses. McCarthy y McCarthy (2019) llaman “comparaciones con la limerencia” a ese hábito y advierten que envenena la satisfacción porque el estándar es imposible de sostener.
    • Mantener el afecto físico aunque no haya ganas espontáneas. En el estudio de O’Leary et al. (2012), los gestos de afecto y las relaciones sexuales iban con más amor intenso.
    • Hablar de lo que cada uno quiere en la intimidad. En la muestra de Frederick et al. (2017), la comunicación sexual, la variedad y crear un ambiente propicio se asociaron con más satisfacción y con mantener la pasión.

    Si quieres ver cómo se ven los patrones de conflicto que sí desgastan una relación, puedes leer sobre los cuatro jinetes de Gottman o sobre los pilares de una relación de pareja.

    ¿Cuándo conviene consultar?

    Que el enamoramiento baje es normal. Conviene pedir ayuda cuando la pérdida de pasión viene con hostilidad, con evitación de todo contacto físico o con una duda persistente sobre si quieres seguir. Algunas señales concretas:

    • Las conversaciones sobre la relación terminan siempre en reproche, burla o silencio prolongado.
    • Cualquier gesto físico se evita porque se interpreta como una exigencia, o aparece miedo o rechazo al contacto (Nagoski, 2015).
    • Hay resentimientos antiguos o una infidelidad que nunca se habló de verdad.
    • Uno de los dos quiere terminar y el otro no, o llevas meses sin saber si todavía quieres la relación.
    • Piensas en alguien obsesivamente y eso interfiere con dormir, trabajar o relacionarte.
    • Además de la relación, notas que perdiste el interés por casi todo, que puede ser un cuadro depresivo con tratamiento propio.

    El manual diagnóstico DSM-5-TR sigue la misma lógica con el deseo sexual: antes de hablar de un trastorno, hay que descartar que lo explique mejor otro cuadro mental como la depresión, el uso de sustancias o medicamentos, una condición médica o una angustia grave en la relación (American Psychiatric Association, 2022). Una baja gradual y leve con los años, sin malestar marcado, no es por sí sola un trastorno. Una baja brusca invita a pensar primero en causas médicas, de medicamentos o de ánimo.

    Si quieres saber qué esperar de la terapia de pareja, puedes revisar si funciona y cuándo ir. Un metaanálisis de 58 estudios con 2.092 parejas encontró un efecto grande de la terapia de pareja sobre la satisfacción en la relación (g = 1,12 entre el inicio y el final), mientras que las parejas en lista de espera no mejoraron de forma significativa (g = 0,12). Las ganancias se mantuvieron en los seguimientos y fueron mayores cuando la angustia inicial era mayor (Roddy et al., 2020). Mide satisfacción y no pasión, y solo incluyó parejas de un hombre y una mujer. Si la duda es más profunda, estas dos guías pueden ayudarte a ordenar lo que piensas: cómo saber si tu relación de pareja es sana y separarse o seguir intentando.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuánto dura el enamoramiento químico?

    Las estimaciones van de 6 meses a 3 años, y ninguna es exacta. En el estudio hormonal revisado para este artículo (Marazziti y Canale, 2004), se encontró que las diferencias en cortisol de personas recién enamoradas ya no estaban al repetir la medición entre 12 y 24 meses después. En resonancia, el sistema de recompensa sigue activo en algunas parejas casadas hace más de veinte años (Acevedo et al., 2012).

    ¿Cuánto dura el enamoramiento en hombres y en mujeres?

    En la literatura revisada para este artículo no aparece respaldo para decir que dure distinto según el sexo. Las cifras por sexo que circulan en internet (por ejemplo, 6 meses en hombres y hasta 3 años en mujeres) no vienen acompañadas de ningún estudio. Lo que sí hay son diferencias entre parejas: los estudios longitudinales muestran trayectorias muy distintas de una pareja a otra (Lavner y Bradbury, 2010).

    ¿Es normal que se me haya pasado el enamoramiento?

    Sí. La intensidad inicial baja en la mayoría de las relaciones, y en las encuestas la caída más marcada de pasión y de frecuencia sexual ocurre en el segundo año (Bradbury y Karney, 2019). Lo que conviene mirar es qué queda: si hay confianza, cariño, ganas de estar juntos y respeto, la relación sigue teniendo base. Si lo que queda es indiferencia o desprecio, vale la pena consultarlo.

    ¿El enamoramiento es lo mismo que el amor?

    El enamoramiento intenso es una parte del amor romántico, la más ligada a la obsesión y la euforia. Una escala validada separa el enamoramiento del apego como dimensiones distintas (Langeslag et al., 2013), y la teoría de Sternberg (1986) distingue la pasión, la intimidad y el compromiso. El amor de largo plazo suele apoyarse más en las dos últimas.

    ¿El enamoramiento es una adicción?

    Comparte parte de su base neural con las adicciones. Un metaanálisis de neuroimagen con 21 estudios de amor romántico y 28 de trastornos adictivos encontró un sustrato común, pero con mayor activación de la corteza prefrontal ventromedial en el amor, y sus autores lo describen como “crecimiento gozoso” frente a “hedonismo compulsivo” (Yang et al., 2024). La comparación es una metáfora útil y no autoriza a hablar de adicción en sentido clínico.

    Un último punto

    Que el enamoramiento cambie no quiere decir que algo se haya roto. Lo útil es saber qué está cambiando en la relación y qué quieres hacer con eso. Si prefieres hacerlo con acompañamiento, puedes agendar una consulta y revisar juntos qué está pasando en tu caso.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Acevedo, B. P., & Aron, A. (2009). Does a long-term relationship kill romantic love? Review of General Psychology, 13(1), 59-65. https://doi.org/10.1037/a0014226
    • Acevedo, B. P., Aron, A., Fisher, H. E., & Brown, L. L. (2012). Neural correlates of long-term intense romantic love. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 7(2), 145-159. https://doi.org/10.1093/scan/nsq092
    • Acevedo, B. P., Poulin, M. J., Collins, N. L., & Brown, L. L. (2020). After the honeymoon: Neural and genetic correlates of romantic love in newlywed marriages. Frontiers in Psychology, 11, Artículo 634. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.00634
    • Ahmetoglu, G., Swami, V., & Chamorro-Premuzic, T. (2010). The relationship between dimensions of love, personality, and relationship length. Archives of Sexual Behavior, 39(5), 1181-1190. https://doi.org/10.1007/s10508-009-9515-5
    • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed., rev. de texto). American Psychiatric Association Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787
    • Aron, A., Fisher, H., Mashek, D. J., Strong, G., Li, H., & Brown, L. L. (2005). Reward, motivation, and emotion systems associated with early-stage intense romantic love. Journal of Neurophysiology, 94(1), 327-337. https://doi.org/10.1152/jn.00838.2004
    • Aron, A., Norman, C. C., Aron, E. N., McKenna, C., & Heyman, R. E. (2000). Couples’ shared participation in novel and arousing activities and experienced relationship quality. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 273-284. https://doi.org/10.1037/0022-3514.78.2.273
    • Bartels, A., & Zeki, S. (2000). The neural basis of romantic love. NeuroReport, 11(17), 3829-3834. https://doi.org/10.1097/00001756-200011270-00046
    • Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3rd ed.). W. W. Norton.
    • Call, V., Sprecher, S., & Schwartz, P. (1995). The incidence and frequency of marital sex in a national sample. Journal of Marriage and the Family, 57(3), 639-652. https://doi.org/10.2307/353919
    • Carswell, K. L., Finkel, E. J., & Kumashiro, M. (2019). Creativity and romantic passion. Journal of Personality and Social Psychology, 116(6), 919-941. https://doi.org/10.1037/pspi0000162
    • Coulter, K., & Malouff, J. M. (2013). Effects of an intervention designed to enhance romantic relationship excitement: A randomized-control trial. Couple and Family Psychology: Research and Practice, 2(1), 34-44. https://doi.org/10.1037/a0031719
    • Evans, C., Panton, S. O., Strawson, W. H., Floyd, E., Kellett, S., & Poerio, G. L. (2026). Love, longing and obsession: Features, correlates, comorbidities, and real-time cognitive-affective dynamics of limerence. Acta Psychologica, 267, 107043. https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2026.107043
    • Fisher, H., Aron, A., & Brown, L. L. (2005). Romantic love: An fMRI study of a neural mechanism for mate choice. Journal of Comparative Neurology, 493(1), 58-62. https://doi.org/10.1002/cne.20772
    • Frederick, D. A., Lever, J., Gillespie, B. J., & Garcia, J. R. (2017). What keeps passion alive? Sexual satisfaction is associated with sexual communication, mood setting, sexual variety, oral sex, giving digital stimulation, and engaging in mutual sexual activities. The Journal of Sex Research, 54(2), 186-201. https://doi.org/10.1080/00224499.2015.1137854
    • Huston, T. L., Caughlin, J. P., Houts, R. M., Smith, S. E., & George, L. J. (2001). The connubial crucible: Newlywed years as predictors of marital delight, distress, and divorce. Journal of Personality and Social Psychology, 80(2), 237-252. https://doi.org/10.1037/0022-3514.80.2.237
    • Langeslag, S. J. E., Muris, P., & Franken, I. H. A. (2013). Measuring romantic love: Psychometric properties of the Infatuation and Attachment Scales. The Journal of Sex Research, 50(8), 739-747. https://doi.org/10.1080/00224499.2012.714011
    • Lavner, J. A., & Bradbury, T. N. (2010). Patterns of change in marital satisfaction over the newlywed years. Journal of Marriage and Family, 72(5), 1171-1187. https://doi.org/10.1111/j.1741-3737.2010.00757.x
    • Lehmiller, J. J. (2018). Tell me what you want: The science of sexual desire and how it can help you improve your sex life. Da Capo Lifelong Books.
    • Marazziti, D., & Canale, D. (2004). Hormonal changes when falling in love. Psychoneuroendocrinology, 29(7), 931-936. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2003.08.006
    • McCarthy, B., & McCarthy, E. (2019). Rekindling desire: A step-by-step program to help low-sex and no-sex marriages (3rd ed.). Routledge.
    • Muise, A., Harasymchuk, C., Day, L. C., Bacev-Giles, C., Gere, J., & Impett, E. A. (2019). Broadening your horizons: Self-expanding activities promote desire and satisfaction in established romantic relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 116(2), 237-258. https://doi.org/10.1037/pspi0000148
    • Nagoski, E. (2015). Come as you are: The surprising new science that will transform your sex life. Simon & Schuster.
    • O’Leary, K. D., Acevedo, B. P., Aron, A., Huddy, L., & Mashek, D. (2012). Is long-term love more than a rare phenomenon? If so, what are its correlates? Social Psychological and Personality Science, 3(2), 241-249. https://doi.org/10.1177/1948550611417015
    • Perel, E. (2006). Mating in captivity: Unlocking erotic intelligence. HarperCollins.
    • Roddy, M. K., Walsh, L. M., Rothman, K., Hatch, S. G., & Doss, B. D. (2020). Meta-analysis of couple therapy: Effects across outcomes, designs, timeframes, and other moderators. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 88(7), 583-596. https://doi.org/10.1037/ccp0000514
    • Schröder, J., & Schmiedeberg, C. (2015). Effects of relationship duration, cohabitation, and marriage on the frequency of intercourse in couples: Findings from German panel data. Social Science Research, 52, 72-82. https://doi.org/10.1016/j.ssresearch.2015.01.009
    • Sprecher, S. (1999). “I love you more today than yesterday”: Romantic partners’ perceptions of changes in love and related affect over time. Journal of Personality and Social Psychology, 76(1), 46-53. https://doi.org/10.1037/0022-3514.76.1.46
    • Sternberg, R. J. (1986). A triangular theory of love. Psychological Review, 93(2), 119-135. https://doi.org/10.1037/0033-295x.93.2.119
    • Tennov, D. (1999). Love and limerence: The experience of being in love. Scarborough House. (Obra original publicada en 1979)
    • Tsapelas, I., Aron, A., & Orbuch, T. (2009). Marital boredom now predicts less satisfaction 9 years later. Psychological Science, 20(5), 543-545. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2009.02332.x
    • Yang, Y., Wang, C., Shi, J., & Zou, Z. (2024). Joyful growth vs. compulsive hedonism: A meta-analysis of brain activation on romantic love and addictive disorders. Neuropsychologia, 204, 109003. https://doi.org/10.1016/j.neuropsychologia.2024.109003

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta