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  • Reducción de daños o abstinencia total: cuál elegir y qué dice la evidencia

    Reducción de daños o abstinencia total: cuál elegir y qué dice la evidencia

    Si estás leyendo sobre reducción de daños o abstinencia es probable que tengas una decisión concreta encima: alguien (tú o alguien cercano) consume más de lo que quisiera, y no queda claro si la meta correcta es dejarlo del todo o buscar una forma menos dañina de hacerlo. La pregunta es legítima, y la respuesta honesta es que depende de la sustancia, de la gravedad y de la persona. Esta guía compara los dos modelos de tratamiento de adicciones, explica qué encontró la investigación en alcohol y en opioides, y deja claro en qué situaciones la abstinencia es la única meta segura.

    Respuesta corta: la abstinencia total busca dejar de consumir por completo. La reducción de daños prioriza bajar los riesgos y las consecuencias del consumo, sin exigir dejarlo desde el primer día. En alcohol, una revisión sistemática con metaanálisis de 2021 no encontró diferencias claras entre ambas metas en los ensayos controlados, y concluyó que la abstinencia no tiene por qué ser el único camino (Henssler et al., 2021). Eso no vale para todos los casos: en embarazo, enfermedad hepática, psicosis o dependencia física severa, la abstinencia sigue siendo lo indicado.

    Reducción de daños o abstinencia: qué es cada una

    La abstinencia total significa ausencia completa de consumo. Se apoya en la idea de que, en personas con dependencia, la sustancia deteriora la capacidad de decidir y de autorregularse, de modo que cualquier consumo aumenta el riesgo de una recaída grave (Cox et al., 2013).

    La reducción de daños es un enfoque que prioriza disminuir las consecuencias negativas del consumo (riesgo para la vida, complicaciones de salud física y mental, problemas económicos y judiciales, deterioro de las relaciones) sin exigir que la persona deje de consumir como condición para recibir ayuda (Cox et al., 2013). La abstinencia sigue siendo una meta posible que la persona puede elegir, y el tratamiento no la exige como requisito de entrada.

    Dos aclaraciones que evitan malentendidos:

    • La reducción de daños convive con la meta de dejar de consumir. Acepta que mucha gente no puede o no quiere abstenerse hoy, y que aun así merece atención y menos riesgo.
    • Moderar funciona para algunas personas. Para otras, cada intento de moderar termina en consumo descontrolado. Más abajo se detalla cómo distinguirlas.

    Abstinencia vs consumo controlado: comparación rápida

    Abstinencia total Reducción de daños / consumo controlado
    Meta Cero consumo Menos riesgo y menos consecuencias; en alcohol, beber dentro de límites de bajo riesgo
    Punto de partida Compromiso de dejar Se puede empezar sin haber decidido dejar
    Ventaja Regla simple: no se consume Permite recibir ayuda sin haber decidido dejar, y reduce el riesgo mientras tanto
    Riesgo Exige una decisión firme desde el inicio, y no todas las personas están listas Si se elige sin criterio, puede retrasar la abstinencia que sí era necesaria
    Indicada sobre todo en Dependencia física severa, embarazo, enfermedad hepática, psicosis, menores de edad, drogas ilegales Consumo problemático leve o moderado, personas que no aceptan dejarlo de inmediato, riesgos de contagio o sobredosis

    ¿Qué dice la evidencia sobre el alcohol?

    El alcohol es el terreno donde más se ha estudiado esta pregunta. Los hallazgos principales:

    • Los ensayos controlados no muestran una ventaja clara de la abstinencia. La revisión de Henssler y colaboradores reunió 22 estudios con 4.204 pacientes, de los cuales cinco eran ensayos controlados aleatorizados. En estos cinco no hubo diferencia estadísticamente significativa entre buscar beber moderadamente y buscar abstinencia (OR 1,32; IC 95% 0,51 a 3,39). En los estudios no aleatorizados, cuando la persona elegía libremente su meta, la abstinencia salió favorecida (OR 0,60; IC 95% 0,40 a 0,90), pero esa ventaja desapareció cuando el tratamiento estaba diseñado específicamente para la meta elegida, o cuando se miraban solo los estudios de menor riesgo de sesgo (Henssler et al., 2021).
    • Bajar el consumo ya mejora la salud. Una revisión de 63 estudios encontró que reducir la cantidad de alcohol, incluso sin llegar a la abstinencia, se asociaba con presión arterial más baja, mejor función del corazón en la miocardiopatía alcohólica, menos lesiones, menos síntomas de ansiedad y depresión y menos días de hospitalización (Charlet y Heinz, 2017).
    • Bajar de nivel de riesgo también cuenta. En una encuesta nacional estadounidense con 1.058 personas con consumo de riesgo alto o muy alto, quienes redujeron al menos dos niveles de riesgo de la OMS tuvieron menos probabilidad de enfermedad cardiovascular en el seguimiento, unos tres años después (OR ajustado 0,58 en consumo de riesgo muy alto y 0,81 en riesgo alto) (Knox et al., 2020). Es un estudio observacional, de modo que muestra asociación y no prueba que la reducción sea la causa.

    Eso no significa que “beber menos” sea siempre mejor que dejar de beber. Un estudio sobre la meta de bebida en 742 personas que pedían tratamiento en el Reino Unido (UKATT) mostró que el 54,3% prefería la abstinencia y el 45,7% no. A los 3 y 12 meses, quienes partieron con la abstinencia como meta tuvieron mejores resultados, en gran parte por tener más días sin beber. Sus autores concluyen que la meta personal debe conversarse al inicio del tratamiento y que cambiarla en el camino es parte normal del proceso, sin que eso arruine el resultado (Adamson et al., 2010; Heather et al., 2010).

    Hay un hallazgo práctico más. Según el manual de Cox et al. (2013), incluso cuando el objetivo final acordado es moderar, empezar con un período corto de abstinencia completa (por ejemplo de uno a tres meses) facilita después el consumo controlado, porque baja el craving y devuelve la sensación de autocontrol. Y si los autorregistros muestran tropiezos repetidos al intentar moderar, la terapia guía a la persona a concluir que la abstinencia protege mejor lo que quiere conservar.

    ¿Y en opioides y otras drogas?

    En drogas inyectables la reducción de daños se ha estudiado sobre todo por sus efectos en mortalidad y contagio, no por si la persona logra o no abstenerse:

    • Tratamiento de sustitución con metadona o buprenorfina. Un metaanálisis de 19 cohortes con más de 138.000 personas encontró que la mortalidad por todas las causas era de 11,3 por 1.000 personas-año mientras estaban en tratamiento con metadona frente a 36,1 fuera de él. Con buprenorfina fue de 4,3 frente a 9,5 (Sordo et al., 2017). Otro metaanálisis de 2021 vio que la mortalidad durante el tratamiento era menos de la mitad que fuera de él (RR 0,47) y que en las cuatro semanas posteriores a dejarlo se multiplicaba por seis (Santo et al., 2021). Estos son estudios de cohortes, así que no descartan por completo que quienes se quedan en tratamiento sean distintos de quienes lo dejan.
    • Programas de intercambio de jeringas. Un metaanálisis asoció estos programas con menos transmisión de VIH entre personas que se inyectan drogas (efecto agrupado 0,42; IC 95% 0,22 a 0,81 en los seis estudios de mejor calidad), y recomienda verlos como un componente de un conjunto de intervenciones (Aspinall et al., 2014).
    • Salas de consumo supervisado. Una revisión sistemática de 22 estudios, 16 de ellos de una sola sala en Vancouver, las asoció con menos morbilidad y mortalidad por sobredosis y mejor acceso a tratamiento, sin aumento de la delincuencia en el entorno (Levengood et al., 2021).

    Los manuales de terapia cognitivo-conductual muestran aquí una tensión que conviene decir en voz alta. Para la adicción a heroína y cocaína, Graña Gómez y Muñoz-Rivas (2013) plantean como objetivo preferente la abstinencia de todas las drogas y sugieren superar la dependencia física sin fármacos sustitutivos cuando sea posible. A la vez, ese capítulo reconoce que, ante fracasos repetidos en la desintoxicación o poca motivación inicial, conviene derivar a supervisión médica para recibir fármacos de apoyo, y la reducción de daños se considera una meta válida cuando la persona no está lista para dejar de consumir (Cox et al., 2013). La evidencia de mortalidad de arriba es la razón por la que, en la práctica, la sustitución con metadona o buprenorfina se considera parte del tratamiento y no un fracaso de la abstinencia.

    ¿Cuándo la abstinencia sí es la meta?

    Hay situaciones en las que “beber menos” o “consumir con cuidado” no es una opción válida. Según el manual AUDIT de la Organización Mundial de la Salud (Babor et al., 2001) y la guía clínica del Ministerio de Salud de Chile, la recomendación es abstinencia en estos casos:

    • Embarazo o planificación de un embarazo.
    • Enfermedad hepática u otras condiciones médicas en las que el alcohol agrava el cuadro.
    • Medicamentos que interactúan con el alcohol, como sedantes, analgésicos o antihipertensivos.
    • Conducir o manejar maquinaria.
    • Menores de edad. En adolescentes no hay niveles de consumo de bajo riesgo, y la recomendación clínica es no consumir (Ministerio de Salud de Chile, s.f.).
    • Dependencia física severa. Si hay síntomas de abstinencia o antecedentes de ellos, conviene que la desintoxicación sea médicamente supervisada y no hecha en casa. Si consumes a diario en cantidades altas, consulta antes de suspender de golpe.
    • Psicosis o esquizofrenia con consumo. Mueser (2015) describe en el manual de Caballo que estas personas tienen una dificultad especial para consumir cantidades moderadas, y que la abstinencia total es la meta más segura para prevenir recaídas psicóticas y rehospitalizaciones.
    • Fracasos repetidos al intentar moderar, vida organizada alrededor del consumo o ausencia de otras metas, según los criterios clínicos del mismo manual (Cox et al., 2013).

    Para el tabaco y las drogas ilegales, las guías de cribado del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos no definen niveles de bajo riesgo, y lo que se recomienda es el cese (National Institute on Drug Abuse, s.f.).

    Cómo elegir una meta: preguntas para hacerte (o hacerle a tu psicólogo)

    No existe una fórmula, pero estas preguntas ordenan la conversación:

    1. ¿Qué tan seguro es seguir consumiendo? Si hay riesgo médico, embarazo, psicosis o dependencia física, la meta es abstinencia, con apoyo médico.
    2. ¿Qué ha pasado cuando intentaste moderar? Si lo lograste durante meses, la moderación puede ser viable. Si cada intento terminó en consumo masivo, ese dato pesa.
    3. ¿Qué quieres conservar? Trabajo, pareja, la salud de alguien, una licencia de conducir. Una meta que protege eso suele sostenerse mejor.
    4. ¿Qué meta eliges tú, y por qué? La evidencia de UKATT sugiere que partir de la meta que la persona realmente quiere importa, y que cambiarla después es normal.
    5. ¿Qué pasa si la meta falla? Conviene decidirlo antes. Un tropiezo no es lo mismo que una recaída completa. Marlatt y Gordon (1985) llamaron efecto de violación de la abstinencia a la creencia de que “ya fallé, da lo mismo”, que convierte un desliz en un consumo masivo. Lo desarrollamos en nuestra guía de prevención de recaídas.

    Una investigación cualitativa con 30 personas en recuperación de heroína mostró además que, aunque la mayoría pedía abstinencia al entrar a tratamiento, no tenía claro qué significaba exactamente estar abstinente, y que sus metas iban más allá del consumo: mejorar relaciones, tener actividades con sentido, salud física y mental (Neale et al., 2011). Por eso las dos posturas tienen más en común de lo que suele creerse.

    Si es un familiar quien consume

    Las decisiones sobre la meta le corresponden a la persona que consume, con apoyo profesional. Como familiar, lo que sí puedes hacer es no convertir la abstinencia en una condición para seguir en relación, y tampoco cubrir las consecuencias. Dos guías del sitio ayudan con eso: la del programa CRAFT para familias y la de cómo poner límites a un familiar adicto. Si lo que te inquieta es el alcohol y no sabes si ya es un problema, mira consumo social o problemático de alcohol. Para entender cómo se desarrolla una adicción y por qué cuesta tanto cambiar, parte por qué es la adicción.

    Qué hay en Chile

    En menores de 20 años, el GES cubre el tratamiento del consumo perjudicial y la dependencia de alcohol y otras drogas, y la guía clínica del Ministerio de Salud reconoce la reducción de daños y del uso como objetivos intermedios cuando la abstinencia no se logra de inmediato (Ministerio de Salud de Chile, s.f.). Para adultos no hay garantía GES para estos cuadros; lo explicamos en GES y consumo de drogas en adultos. SENDA ofrece orientación gratuita por el Fono Drogas y Alcohol 1412, que atiende también a familiares (SENDA).

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la reducción de daños?

    Es un enfoque que busca disminuir las consecuencias negativas del consumo (riesgos para la salud, problemas legales, sociales y familiares) sin exigir que la persona deje de consumir para recibir ayuda. La abstinencia queda como una meta posible, que la persona puede elegir cuando esté lista, y no como requisito de entrada.

    ¿Se puede volver a beber de forma controlada después de un problema con el alcohol?

    A algunas personas con consumo problemático leve o moderado les resulta posible. La evidencia indica que la meta de moderar no es inferior a la de abstinencia en ensayos controlados, pero no vale cuando hay dependencia física severa, enfermedad hepática, embarazo o psicosis. Si intentos previos de moderar fracasaron, conviene replantear la meta con un profesional.

    ¿La reducción de daños sirve para todas las drogas?

    Sus mejores resultados están en alcohol y en opioides inyectables (sustitución, intercambio de jeringas, sobredosis). Para tabaco y drogas ilegales las guías de cribado recomiendan el cese, y la reducción de daños suele funcionar como paso intermedio, no como meta final.

    ¿Qué pasa si elijo mal la meta?

    Pasa menos de lo que se teme: la meta puede revisarse. Los autores de un estudio con 742 personas recomiendan tratar el cambio de meta como una parte normal del tratamiento, que no compromete el resultado. Lo importante es ir ajustando con un profesional, con datos reales de cómo te fue, y no sostener una meta que ya no funciona.

    ¿Cuándo debo consultar a un profesional?

    Cuando hay síntomas de abstinencia al reducir, consumo diario intenso, intentos fallidos de moderar, embarazo, enfermedad hepática, psicosis o consumo en un menor. En esos casos conviene consultar antes de cambiar el patrón, porque suspender de golpe puede ser peligroso.

    Un siguiente paso

    Si la duda es qué meta te conviene, no hace falta resolverla solo. Una evaluación psicológica ayuda a ordenar qué consumes, cuánto, qué ha pasado en los intentos anteriores y qué quieres conservar, y de ahí sale una meta concreta y revisable. Puedes agendar una consulta y partir por esa conversación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Adamson, S. J., Heather, N., Morton, V., Raistrick, D., & UKATT Research Team. (2010). Initial preference for drinking goal in the treatment of alcohol problems: II. Treatment outcomes. Alcohol and Alcoholism, 45(2), 136-142. https://doi.org/10.1093/alcalc/agq005

    Aspinall, E. J., Nambiar, D., Goldberg, D. J., Hickman, M., Weir, A., Van Velzen, E., Palmateer, N., Doyle, J. S., Hellard, M. E., & Hutchinson, S. J. (2014). Are needle and syringe programmes associated with a reduction in HIV transmission among people who inject drugs: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Epidemiology, 43(1), 235-248. https://doi.org/10.1093/ije/dyt243

    Babor, T. F., Higgins-Biddle, J. C., Saunders, J. B., & Monteiro, M. G. (2001). AUDIT: The Alcohol Use Disorders Identification Test: Guidelines for use in primary care (2.ª ed.). Organización Mundial de la Salud.

    Charlet, K., & Heinz, A. (2017). Harm reduction: A systematic review on effects of alcohol reduction on physical and mental symptoms. Addiction Biology, 22(5), 1119-1159. https://doi.org/10.1111/adb.12414

    Cox, W. M., Calamari, J. E., & Langley, M. (2013). Habilidades de afrontamiento para la conducta de beber y asesoramiento motivacional sistemático. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 2. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 83-120). Siglo XXI de España Editores.

    Graña Gómez, J. L., & Muñoz-Rivas, M. J. (2013). Tratamiento cognitivo-conductual de la adicción a la heroína y a la cocaína. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 2. Formulación clínica, medicina conductual y trastornos de relación (pp. 161-194). Siglo XXI de España Editores.

    Heather, N., Adamson, S. J., Raistrick, D., Slegg, G. P., & UKATT Research Team. (2010). Initial preference for drinking goal in the treatment of alcohol problems: I. Baseline differences between abstinence and non-abstinence groups. Alcohol and Alcoholism, 45(2), 128-135. https://doi.org/10.1093/alcalc/agp096

    Henssler, J., Müller, M., Carreira, H., Bschor, T., Heinz, A., & Baethge, C. (2021). Controlled drinking-non-abstinent versus abstinent treatment goals in alcohol use disorder: A systematic review, meta-analysis and meta-regression. Addiction, 116(8), 1973-1987. https://doi.org/10.1111/add.15329

    Knox, J., Scodes, J., Witkiewitz, K., Kranzler, H. R., Mann, K., O’Malley, S. S., Wall, M., Anton, R., Hasin, D. S., & Alcohol Clinical Trials (ACTIVE) Workgroup. (2020). Reduction in World Health Organization risk drinking levels and cardiovascular disease. Alcoholism: Clinical and Experimental Research, 44(8), 1625-1635. https://doi.org/10.1111/acer.14386

    Levengood, T. W., Yoon, G. H., Davoust, M. J., Ogden, S. N., Marshall, B. D. L., Cahill, S. R., & Bazzi, A. R. (2021). Supervised injection facilities as harm reduction: A systematic review. American Journal of Preventive Medicine, 61(5), 738-749. https://doi.org/10.1016/j.amepre.2021.04.017

    Marlatt, G. A., & Gordon, J. R. (Eds.). (1985). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors. The Guilford Press.

    Ministerio de Salud de Chile. (s.f.). Guía clínica: Consumo perjudicial y dependencia de alcohol y otras drogas en menores de 20 años. MINSAL.

    Mueser, K. T. (2015). Tratamiento cognitivo-conductual de la esquizofrenia. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos: Vol. 1. Trastornos por ansiedad, sexuales, afectivos y psicóticos (pp. 621-648). Siglo XXI de España Editores.

    National Institute on Drug Abuse. (s.f.). Resource guide: Screening for drug use in general medical settings. NIDA.

    Neale, J., Nettleton, S., & Pickering, L. (2011). What is the role of harm reduction when drug users say they want abstinence? International Journal of Drug Policy, 22(3), 189-193. https://doi.org/10.1016/j.drugpo.2010.09.007

    Santo, T., Clark, B., Hickman, M., Grebely, J., Campbell, G., Sordo, L., Chen, A., Tran, L. T., Bharat, C., Padmanathan, P., Cousins, G., Dupouy, J., Kelty, E., Muga, R., Nosyk, B., Min, J., Pavarin, R., Farrell, M., & Degenhardt, L. (2021). Association of opioid agonist treatment with all-cause mortality and specific causes of death among people with opioid dependence: A systematic review and meta-analysis. JAMA Psychiatry, 78(9), 979-993. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2021.0976

    Sordo, L., Barrio, G., Bravo, M. J., Indave, B. I., Degenhardt, L., Wiessing, L., Ferri, M., & Pastor-Barriuso, R. (2017). Mortality risk during and after opioid substitution treatment: Systematic review and meta-analysis of cohort studies. BMJ, 357, j1550. https://doi.org/10.1136/bmj.j1550

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y bienestar emocional. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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