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    Quiero dejar la universidad: cómo decidir

    «Quiero dejar la universidad» es una frase que muchos escriben en el buscador antes de decírsela a alguien. A veces llega después de reprobar un ramo, a veces tras semanas de agotamiento, y a veces sin un motivo claro, como un cansancio que se instala. Lo que vuelve pesada la decisión mezcla la plata, el título y algo más difícil de nombrar: la culpa, el miedo a decepcionar y la pregunta de qué viene después.

    Esta guía reúne estudios internacionales y datos de universitarios chilenos para responder cuatro cosas: qué suele haber detrás de las ganas de irse, qué se sabe de lo que ocurre después, cómo pensar la culpa y cómo elegir entre seguir, congelar la carrera, cambiarte o dejarla.

    Respuesta corta: pensar en dejar la universidad es frecuente y no es, por sí solo, un error ni un fracaso. Antes de decidir conviene averiguar qué hay detrás (desajuste con la carrera, agotamiento, dinero, ánimo bajo o presión de otros), porque cada causa pide una salida distinta. En estudios de otros países, quienes dejaron la universidad sin titularse tuvieron más malestar a largo plazo que los titulados, pero esos datos no predicen tu caso. Una pausa se puede revertir con más facilidad que una renuncia, siempre que tu institución la permita.

    ¿Qué hay detrás de las ganas de dejar la universidad?

    Querer dejar la universidad puede significar cosas muy distintas. Una revisión sistemática de 23 estudios sobre las causas del abandono universitario destacó cuatro grupos de factores: la orientación vocacional, el rendimiento académico, el nivel socioeconómico y los aspectos de la institución (Quincho Apumayta et al., 2024). Con esa lista como mapa, esta tabla ayuda a ubicar lo que te pasa:

    Lo que notas Qué puede estar pasando Qué hacer primero
    La materia te aburre, incluso en los ramos que te van bien Poco ajuste entre tus intereses y la carrera Orientación vocacional y revisar alternativas
    Te gusta lo que estudias, pero todo se acumuló: carga, pruebas, trabajo Agotamiento académico (burnout) Bajar la carga, pedir ajustes y descansar antes de decidir
    El problema principal es la plata Una barrera económica Averiguar con la institución qué ayudas y ajustes existen
    Llevas semanas con poco sueño, sin ganas y sin apetito, y no solo con la universidad Posible cuadro depresivo o ansioso Una evaluación profesional antes de decidir
    Estudias lo que otros querían que estudiaras Un compromiso que no es del todo tuyo Separar lo que tú quieres de lo que se esperaba de ti
    Te sientes fuera de lugar y sin red entre tus compañeros Poco apoyo social en la universidad Buscar pares, mentorías y espacios de bienestar estudiantil

    Varios estudios apuntan a que el desgaste y el ánimo pesan más de lo que se cree. En 614 universitarios de Cali (Colombia), el agotamiento académico fue lo que más se asoció con la intención de abandonar. El malestar psicológico se relacionaba con ese agotamiento, pero no mostró una asociación directa con la intención de irse (Periañez et al., 2026). En 179 estudiantes de enfermería de Brasil, quienes tenían síntomas depresivos tenían casi 3,5 veces más probabilidad de querer abandonar por motivos de rendimiento académico, y quienes tenían ansiedad o estrés más probabilidad de hacerlo por falta de apoyo (de Alencar Ribeiro et al., 2025).

    En Chile, un estudio con 956 estudiantes de primer año probó un modelo con apoyo social percibido, autoeficacia social y satisfacción con la vida social universitaria, que explicó cerca del 39 % de la intención de abandonar. La percepción del propio rendimiento influyó menos que esos factores sociales (López-Angulo et al., 2022).

    Estos tres estudios son transversales (miden un solo momento), así que muestran asociaciones y no causas. También miden la intención de abandonar, que no es lo mismo que abandonar. Sirven para algo práctico: si te reconoces en alguna fila de la tabla, hay algo que probar antes de dar el paso definitivo. Si lo que más pesa es el agotamiento, puede ayudarte leer sobre estrés académico en la universidad y sobre procrastinación académica.

    ¿Es normal querer dejar la universidad?

    Sí. Jeffrey Arnett, que describió la adultez emergente (de los 18 a los 29 años), explica que en esta etapa la gente explora quién es y qué quiere, y que esa exploración produce inestabilidad. Dejar los estudios, ya sea de forma temporal o definitiva, aparece en su trabajo como una de las expresiones más claras de esa inestabilidad (Arnett, 2024).

    Arnett agrega que la universidad funciona para muchos como una moratoria que la sociedad permite: sin las obligaciones definitivas de una pareja estable o de criar hijos, hay margen para cambiar de carrera, pausar o tomarse un año sin pagar costos sociales irreparables. Según ese marco, descubrir que la carrera no interesa, reprobar o quedar agotado obliga a reordenar el plan que uno traía (Arnett, 2024).

    Que sea frecuente no significa que pese poco. Más abajo hay una parte sobre la culpa, que en Chile aparece de forma muy concreta.

    ¿Dejar la universidad es un fracaso? Qué se sabe de lo que pasa después

    La respuesta honesta tiene dos caras. La primera es incómoda: en un panel alemán que siguió a las mismas personas durante años, quienes dejaron la universidad sin titularse tenían, hacia los 31 años, menor autoestima, satisfacción con la vida y salud autopercibida, más miedo al fracaso y más síntomas depresivos que los titulados. A los 40 seguían por debajo de los titulados. En cambio, no se distinguían de quienes tenían el requisito para entrar a la universidad y decidieron no ir (Neugebauer et al., 2025).

    Lo que esos datos permiten decir es modesto. Los autores concluyen que adaptarse a la interrupción de los estudios es difícil y que conviene pensar en cómo proteger a quienes pasan por eso. Tampoco prueban que irte te vaya a hacer daño: es un estudio observacional de Alemania, y las personas que abandonan pueden ser distintas desde el inicio.

    La segunda cara es más favorable y tiene que ver con el trabajo. En una cohorte completa de egresados de colegio de Texas, quienes pasaron por la universidad sin titularse tenían más probabilidad de estar empleados 15 años después que quienes no fueron a la universidad, y ganaban significativamente más. Los beneficios eran mayores en estudiantes de bajos ingresos, mujeres y estudiantes de minorías. Aun así, no les iba tan bien como a los titulados (Giani et al., 2019). Es otro sistema educativo, pero sugiere que el tiempo cursado no se pierde del todo.

    Un experimento con 1.382 empleadores alemanes que evaluaron más de 10.000 currículums ficticios agrega un matiz: no tener el título no era una cicatriz por sí misma. Dependía de quiénes competían por el puesto y de qué tan cerrada era la ocupación. Los empleadores valoraban sobre todo las señales de habilidades útiles para el trabajo, como un buen desempeño en la universidad o una práctica específica de la ocupación (Neugebauer y Daniel, 2022).

    Ninguno de estos estudios es chileno, y ninguno prueba que dejar la universidad sea buena o mala idea para ti. Dicen algo más útil: el resultado depende bastante de cómo te vas y de lo que haces después.

    ¿Cómo manejar la culpa al pensar en dejar la universidad?

    La culpa merece su propio apartado porque suele decidir más que los argumentos. En un estudio con universitarios chilenos, los jóvenes describieron una presión constante por no decepcionar a sus familias. Muchos sentían que debían responder con buen desempeño como una especie de tributo al esfuerzo de sus padres, y varios vivían la molesta sensación de ser una carga económica mientras seguían dependiendo de ellos (Barrera-Herrera y Vinet, 2017).

    Si eres de la primera generación de tu familia en la universidad, la presión puede ser mayor. Un estudio cualitativo con 11 estudiantes chilenos de primera generación describe sobrecarga por combinar estudio, trabajo y responsabilidades, culpa al sacrificar clases por trabajar o descansar, y un sostén que viene sobre todo de los compañeros, ya que los padres, aunque dan respaldo emocional, no conocen los códigos del mundo universitario (Flanagan Bórquez, 2017).

    La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) ofrece una forma de pensar esa culpa sin quedar paralizado. Hayes et al. (2012) distinguen entre actuar para aliviar la culpa o complacer el juicio de otros y actuar según valores propios (direcciones de vida que eliges porque te importan). Para separarlas sirve una pregunta: si nadie se enterara de esta decisión y nadie la aprobara, ¿seguiría importándome? Decidir desde los valores no exige que la culpa desaparezca. Exige estar dispuesto a sentirla mientras das el paso que elegiste (Hayes et al., 2012).

    Esa misma terapia propone una herramienta para el pensamiento «soy un fracasado», que aparece casi siempre en esta decisión. Se llama defusión: en vez de tratar la frase como un hecho, la observas como lo que es, un pensamiento. Cambiar «soy un fracasado» por «estoy teniendo el pensamiento de que soy un fracasado» parece un truco menor, pero baja el poder de la frase sobre lo que haces (Hayes et al., 2012). La frase por sí sola no resuelve la decisión, pero evita que la tome la culpa.

    Si el pensamiento de fracaso viene acompañado de la sensación de ser un fraude o de no merecer estar ahí, vale la pena leer también sobre el síndrome del impostor.

    ¿Dejar la universidad, congelar la carrera o cambiarte?

    Hay más de dos opciones. Entre aguantar y renunciar hay varias rutas, y cada institución define sus propios plazos y requisitos, por lo que conviene preguntar antes de asumir cualquier cosa.

    Opción Cuándo puede tener sentido Qué averiguar antes
    Seguir con ajustes El problema es la carga, el apoyo o un ramo concreto Si existen tutorías, mentorías, reducción de carga o apoyo psicológico
    Congelar la carrera (suspender estudios por un tiempo) Necesitas descansar, resolver algo de salud o dinero, o pensar sin presión Cuánto tiempo permite tu institución, qué pasa con tu cupo y con tus beneficios
    Cambiarte de carrera Lo que falla es el ajuste con la carrera, no estudiar Qué ramos se convalidan y qué pasa con la gratuidad (la guía Me equivoqué de carrera lo explica)
    Dejar la universidad y trabajar Hay una opción concreta, un plan económico y una fecha para revisar Qué pasa con deudas, becas o créditos si te retiras, y si hay forma de volver
    Dejar los estudios sin un plan todavía Necesitas salir de ahí ya y aún no sabes qué sigue Si lo que buscas es descanso, congelar la carrera suele darte lo mismo con más margen, si tu institución lo permite

    Quedarse con apoyo también tiene respaldo. Un programa de mentoría entre pares en una universidad española, con casi 5.000 estudiantes (la mitad mentoreados y la mitad controles), mostró menor abandono y mejor rendimiento en quienes participaron, durante los cinco cursos analizados. No fue un ensayo aleatorizado, por lo que otras diferencias entre grupos pueden pesar (González-Ortiz-de-Zárate et al., 2025). Una revisión sistemática de 16 estudios encontró además que quienes confían más en su capacidad de estudiar tienen menos probabilidad de abandonar, aunque casi toda la investigación es transversal (Bernardo et al., 2025).

    Congelar la carrera tiene una ventaja práctica: es la opción más fácil de revertir. Los plazos, los trámites y las consecuencias para beneficios como la gratuidad, las becas o los créditos varían según la institución y según tu situación. Confirma todo por escrito con la secretaría de estudios y la oficina de beneficios estudiantiles antes de firmar nada.

    Dejar la universidad y trabajar: qué conviene pensar antes

    Dejar la universidad y trabajar es la ruta más común cuando el problema es el dinero. Tiene sentido cuando hay un empleo concreto o una oferta real. Estas preguntas ayudan a no decidir a ciegas:

    • ¿Cuánto vas a ganar y cuánto te va a costar este ingreso? Un sueldo hoy no responde cuánto ganarías con un título, pero sí cuánta presión económica se alivia.
    • ¿Puedes combinar ambos? Para algunos estudiantes la solución es bajar la carga y trabajar medio tiempo sin irse. El estudio chileno de primera generación muestra que combinar todo sin ajustes agota (Flanagan Bórquez, 2017), así que conviene negociar la carga antes de sumar horas de trabajo.
    • ¿Qué te llevas? El experimento con empleadores sugiere guardar tu historial académico, los certificados de ramos aprobados y cualquier práctica realizada, porque son lo que cuenta cuando no hay título (Neugebauer y Daniel, 2022).
    • ¿Qué deberías pagar o devolver? Si tienes crédito, beca o deuda con la institución, averigua qué pasa si te retiras antes de decidir.
    • ¿Y si quieres volver? Pregunta cuánto tiempo mantiene la institución tu cupo y qué se te reconocería.

    Cómo decidir si dejar la universidad, paso a paso

    Si ya leíste lo anterior y sigues dudando, este orden reduce el riesgo de decidir en un mal día:

    1. Escribe qué te pesa. Anota por separado lo que viene de la carrera, de la carga, de la plata, de tu ánimo y de lo que otros esperan de ti. La tabla del inicio sirve de guía.
    2. Descarta primero lo que se trata. Si llevas semanas con sueño, apetito y ganas alterados, consulta con un profesional antes de decidir. Una depresión puede hacer que todo, incluida la universidad, parezca insoportable.
    3. Habla con la institución. Bienestar estudiantil, la jefatura de carrera y la oficina de beneficios pueden ofrecer ajustes que no conocías.
    4. Pon valores y escenarios en papel. Escribe qué te importa de tu vida en cinco años y cómo se ve cada camino: seguir, congelar, cambiarte o dejarla. Si lo único que tienes claro es lo que no quieres, un test de orientación vocacional puede ordenar intereses, aunque no da respuestas únicas.
    5. Prueba en pequeño y fija una fecha. Un curso corto, una conversación con alguien que ejerza o una práctica de unos días dan información más fiable que seguir dándole vueltas. Una decisión sin fecha tiende a postergarse sin fin: decide cuándo decides y cuándo revisas cómo va.
    6. Cuéntalo con datos. Llegar a la conversación familiar con la información ya reunida cambia el tono, y eso nos lleva a la siguiente parte.

    Si además de la carrera sientes que no sabes hacia dónde ir en general, puede servirte No sé qué hacer con mi vida.

    Cómo decirle a tu familia que vas a dejar la universidad

    Para muchas personas la parte más dura es la conversación. McGoldrick et al. (2015) describen la tarea de los padres en esta etapa como pasar de dirigir a ser consultores a demanda, que opinan cuando el hijo adulto lo pide. Ante un cambio de rumbo no deseado recomiendan un «toque ligero»: preguntar con respeto y buscar soluciones juntos, en vez de reprender. También señalan que las familias con poca tolerancia a que los hijos tomen decisiones propias suelen leer esa autonomía como traición o como un fracaso de la crianza (McGoldrick et al., 2015).

    Desde otro ángulo, Pillemer (2021), que estudió rupturas entre padres e hijos adultos, sostiene que la decepción nace de medir la vida del hijo con «deberías» rígidos, y que ayuda ajustar las expectativas a la persona real que es el hijo. Según su análisis, exigirle al hijo que admita que se equivocó bloquea la reconciliación (Pillemer, 2021).

    Lo que puedes hacer de tu lado:

    • Llega con el análisis del paso anterior y con un plan con fechas, no con una frase suelta.
    • Distingue lo que estás decidiendo: «Voy a pausar un semestre y revisar» dice algo muy distinto de «abandono todo».
    • Pide una conversación con tiempo, no en medio de una discusión ni de una semana de pruebas.
    • Si el tono se traba, una sesión con un orientador o psicólogo, a solas o con tu familia, ayuda a ordenarla.

    ¿Dejar la universidad por salud mental? Cuándo conviene consultar con un psicólogo

    Si piensas en dejar la universidad por salud mental, conviene consultar cuando el malestar dura semanas y no cede, cuando afecta el sueño, el apetito o el rendimiento, cuando te sientes sin esperanza sobre cualquier camino o cuando la culpa y el miedo no te dejan pensar con claridad. También sirve consultar sin un cuadro clínico, solo para decidir con alguien que te escuche y ordene lo que tienes.

    La terapia puede tratar una depresión o una ansiedad si las hay, trabajar la culpa y el pensamiento de fracaso, y acompañar el proceso de aclarar valores y dar pasos concretos. Si quieres conversarlo, puedes escribirnos desde la página de contacto. Si alguna vez aparecen ideas de hacerte daño, llama a la Línea de Prevención del Suicidio, *4141, o acude a urgencias.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es malo dejar la universidad?

    Depende de cómo y por qué. En estudios de otros países, quienes dejaron sin titularse tuvieron más malestar a largo plazo que los titulados, pero también mejores resultados de empleo que quienes nunca fueron a la universidad. Ningún estudio dice que irte sea malo para ti. Lo que ayuda es decidir con información y un plan.

    ¿Cuál es la diferencia entre congelar la carrera y dejarla?

    Congelar la carrera suspende los estudios por un tiempo con la posibilidad de volver, y dejarla es retirarte. Los plazos, requisitos y consecuencias para beneficios como la gratuidad, las becas o los créditos dependen de cada institución, así que conviene confirmarlos por escrito antes de decidir.

    ¿Se puede dejar la universidad y volver después?

    En general sí, pero las condiciones las fija cada institución: cuánto tiempo guardan tu cupo, qué ramos te reconocen y si deberás postular de nuevo. Pregunta por esos tres puntos en la secretaría de estudios antes de retirarte.

    ¿Cómo sé si quiero dejar la universidad o solo estoy agotado?

    Observa qué se mantiene cuando bajan las exigencias. Si cuando descansas o disminuye la carga la materia te sigue pareciendo vacía, apunta a la carrera. Si el cansancio mejora, apunta al agotamiento. Si tampoco disfrutas nada fuera de la universidad, conviene descartar un cuadro depresivo.

    ¿Qué hago si mis papás no quieren que deje la universidad?

    Llega con información: qué pasa con la gratuidad o los créditos, qué plan tienes y cuándo revisarás la decisión. McGoldrick y colegas recomiendan que la familia converse con preguntas y sin reproches. Si la conversación se traba, una sesión con un psicólogo u orientador puede ayudar.

    ¿Dejar la universidad y trabajar sirve?

    Puede servir si hay un empleo concreto y un plan para el futuro. En una cohorte de Texas, quienes cursaron algo de universidad sin titularse tenían mejor empleo y sueldo años después que quienes no fueron, aunque menos que los titulados. Es evidencia de otro país, así que vale como orientación y no como garantía.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Arnett, J. J. (2024). Emerging adulthood: The winding road from the late teens through the twenties (3.ª ed.). Oxford University Press.

    Barrera-Herrera, A., y Vinet, E. V. (2017). Adultez emergente y características culturales de la etapa en universitarios chilenos. Terapia Psicológica, 35(1), 47-56. https://doi.org/10.4067/S0718-48082017000100005

    Bernardo, A. B., García-Gutiérrez, V., Esteban, M., y Maluenda-Albornoz, J. (2025). Relationship between self-efficacy and university dropout: A systematic review. Frontiers in Psychology, 16, Artículo 1553485. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1553485

    de Alencar Ribeiro, A. A., Fernandes, M. A., Vedana, K. G. G., Lira, J. A. C., Barbosa, N. S., Rocha, E. P., y Cunha, K. R. F. (2025). Mental health and university dropout among nursing students: A cross-sectional study. Nurse Education Today, 147, Artículo 106571. https://doi.org/10.1016/j.nedt.2025.106571

    Flanagan Bórquez, A. (2017). Experiencias de estudiantes de primera generación en universidades chilenas: Realidades y desafíos. Revista de la Educación Superior, 46(183), 87-104. https://doi.org/10.1016/j.resu.2017.06.003

    Giani, M. S., Attewell, P., y Walling, D. (2019). The value of an incomplete degree: Heterogeneity in the labor market benefits of college non-completion. The Journal of Higher Education, 91(4), 514-539. https://doi.org/10.1080/00221546.2019.1653122

    González-Ortiz-de-Zárate, A., Alonso-García, M. A., Gómez-Flechoso, M. de los Á., y Aliagas, I. (2025). Peer mentoring, university dropout and academic performance before, during, and after the pandemic in Spain. Evaluation and Program Planning, 113, Artículo 102676. https://doi.org/10.1016/j.evalprogplan.2025.102676

    Hayes, S. C., Strosahl, K. D., y Wilson, K. G. (2012). Acceptance and commitment therapy: The process and practice of mindful change (2.ª ed.). Guilford Press.

    López-Angulo, Y., Sáez-Delgado, F., Mella-Norambuena, J., Bernardo, A. B., y Díaz-Mujica, A. (2022). Predictive model of the dropout intention of Chilean university students. Frontiers in Psychology, 13, Artículo 893894. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2022.893894

    McGoldrick, M., García Preto, N., y Carter, B. (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    Neugebauer, M., Becker, M., Bihler, L.-M., y Wagner, J. (2025). Well-being scarring effects of college non-completion. Social Science Research, 127, Artículo 103138. https://doi.org/10.1016/j.ssresearch.2024.103138

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    Periañez, C. A. H., Jaramillo-Bolívar, C. D., y Castillo-Díaz, M. A. (2026). Psychological distress, subjective well-being, and university dropout intention: A structural equation model examining indirect statistical associations involving academic burnout and satisfaction with education. BMC Psychology, 14(1), Artículo 1393. https://doi.org/10.1186/s40359-026-05123-y

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avery.

    Quincho Apumayta, R., Carrillo Cayllahua, J., Ccencho Pari, A., Inga Choque, V., Cárdenas Valverde, J. C., y Huamán Ataypoma, D. (2024). University dropout: A systematic review of the main determinant factors (2020-2024). F1000Research, 13, Artículo 942. https://doi.org/10.12688/f1000research.154263.2

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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