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  • Mis padres pelean mucho: qué hacer y cuándo pedir ayuda

    Mis padres pelean mucho: qué hacer y cuándo pedir ayuda

    Mis padres pelean casi todos los días y yo ya no sé dónde meterme. Si esa frase es tuya, probablemente conoces el sonido de la puerta que se cierra fuerte, el silencio pesado de después y la cena en la que todos fingen que no pasó nada. Tengas 13, 19 o 28 años, vivas en la misma casa o a tres calles, escuchar eso una y otra vez desgasta.

    Más abajo vas a encontrar qué muestra la investigación sobre cómo afecta a los hijos que los padres peleen, qué cosas sí están en tus manos (y cuáles no), frases concretas para no quedar en medio y cómo distinguir una pelea de pareja de una situación de violencia, con los teléfonos de ayuda que existen en Chile.

    Mis padres pelean todo el tiempo: ¿qué hago primero?

    Cuando tus padres pelean todo el tiempo, lo primero es sacarte de la ecuación: las peleas nacen de la relación entre ellos y no de lo que tú hiciste o dejaste de hacer. Después conviene tener un plan para los gritos, alguien de confianza con quien hablar y la decisión de no ser mensajero ni juez. Si hay golpes, amenazas o miedo real, la prioridad pasa a ser tu seguridad.

    ¿Por qué mis padres pelean tanto? ¿Es normal?

    Pelearse a veces es parte de casi cualquier pareja, porque el conflicto surge cuando las metas de uno chocan con las del otro (Bradbury y Karney, 2019). Lo que cambia es cuánto, cómo y qué queda después. Una discusión fuerte que termina en una conversación y alguna reparación no es lo mismo que una guerra fría permanente o una escalada diaria de insultos.

    Harold y Sellers (2018), en una revisión de la evidencia, resumen que lo que importa para los hijos es la forma en que los padres expresan y manejan sus desacuerdos, en un rango que va desde el silencio hasta la violencia. Y que los efectos aparecen vivan juntos o separados.

    Dos cosas siguen siendo ciertas a la vez: algo de conflicto es corriente, y eso no vuelve inofensivo el conflicto crónico.

    ¿Es una pelea de pareja o es violencia?

    Esta es la distinción que más importa, porque cambia por completo lo que corresponde hacer. Una pelea difícil se parece mucho, desde fuera, a una situación de violencia. La diferencia está en el poder y en el miedo.

    Pelea difícilSeñales de violencia
    Los dos pueden decir lo que piensan, aunque gritenUno manda y el otro mide cada palabra por miedo
    Discuten por temas concretos y después se calmanHay insultos que humillan, amenazas o rotura de objetos
    Cada uno conserva su vida social y sus decisionesUno controla con quién habla, revisa el teléfono o aísla
    Hay disculpas y a veces cambiosCiclo de explosión, arrepentimiento y vuelta a empezar
    Nadie se siente en peligroAlguien tiene miedo de llegar a casa o de que la situación escale

    Los textos clínicos sobre violencia de pareja que respaldan este sitio describen la violencia por ese patrón de dominación, control y miedo, y no por el volumen de los gritos. Para ampliar, las guías sobre violencia psicológica en la pareja, señales de violencia psicológica sutil y el ciclo de la violencia explican cada punto.

    Si lo que ves en tu casa cae en la columna de la derecha, salta a la sección sobre cuándo es violencia y a quién pedir ayuda.

    ¿Cómo afecta a los hijos que los padres peleen? Lo que muestra la investigación

    La evidencia es consistente en lo grueso y más matizada en los detalles:

    • Un metaanálisis de 89 estudios y más de 64.000 participantes encontró que el conflicto entre los padres se asocia con síntomas depresivos en hijos e hijas (r = 0,32), con una asociación más débil cuando quien informa del conflicto son los padres que cuando informan los propios jóvenes (Jiang et al., 2025).
    • Otro metaanálisis de 38 estudios con 12.380 jóvenes halló relación con la ansiedad juvenil, más fuerte cuando el conflicto es abierto y hostil que cuando es cooperativo (Ran et al., 2021).
    • Un metaanálisis de 169 estudios mostró que la hostilidad se asocia sobre todo con conducta externalizante y con reacciones emocionales intensas, y que el conflicto evitativo o poco constructivo, la frecuencia de las peleas y los desacuerdos sobre los hijos también se vinculan con problemas en los hijos. La mayoría de esas asociaciones se mantuvo con el tiempo (van Eldik et al., 2020).
    • Ya en la juventud, una revisión sistemática de 17 estudios vinculó el conflicto entre los padres con peor manejo de las peleas, más agresión y peor comunicación en las propias parejas de jóvenes de 18 a 25 años, aunque otros resultados, como la satisfacción, fueron mixtos (Singh y Thomas, 2023).

    Conviene leer esto con calma. Son asociaciones entre grupos: describen un riesgo promedio, no lo que le pasará a una persona en particular. Muchos de estos estudios vienen de Estados Unidos, Europa y China, y ninguno de los citados aquí es chileno. Y una asociación no prueba por sí sola que el conflicto cause cada síntoma.

    Si piensas «mis padres pelean y me afecta», la investigación respalda que tu malestar tiene una base real. No estás exagerando.

    ¿Por qué duele tanto? Seguridad, culpa y quedar en el medio

    Los investigadores han identificado algunos caminos por los que el conflicto de los padres llega a los hijos.

    La seguridad emocional. En un seguimiento de 235 familias, el conflicto entre los padres en kínder predijo problemas emocionales y de conducta en la adolescencia, y lo hizo a través de la inseguridad emocional que los niños desarrollaron en los primeros años de colegio, incluso al controlar cómo les iba antes (Cummings et al., 2012). Dicho simple: ver que el hogar no es un lugar estable enseña a estar en guardia.

    La culpa y la sensación de amenaza. En 285 estudiantes de secundaria, un análisis por perfiles encontró cinco combinaciones de sentirse amenazado, culparse a sí mismo y quedar en el medio, desde un grupo de bajo riesgo hasta uno con las tres cosas altas, y esas combinaciones se relacionaron con malestar emocional, problemas de conducta y rendimiento académico (Fosco y Bray, 2016).

    Quedar en el medio. La triangulación ocurre cuando una pareja en conflicto desplaza la tensión hacia un hijo: hacerlo mensajero, confidente o partidario. En un estudio de diario de 21 días con 150 familias, los días de más triangulación el adolescente percibía más conflicto y menos cohesión familiar que su padre o madre, como si vivieran en realidades distintas dentro de la misma casa (McCauley et al., 2021).

    En 761 adolescentes chinos, varias formas de triangulación explicaron en parte por qué el conflicto de los padres se relacionaba con síntomas depresivos, mientras que el apoyo de los abuelos amortiguaba ese efecto (Wang et al., 2024).

    McGoldrick, Garcia Preto y Carter (2015) describen además a las familias “centradas en el hijo”: los padres miran los problemas del joven para no mirar los propios, y el hijo termina sosteniendo la estabilidad de todos. Pillemer (2021) habla de “daño colateral” para nombrar el costo de quedar como árbitro entre dos partes hostiles.

    ¿Qué hacer cuando mis padres pelean? Ocho cosas que sí están en tus manos

    1. Ubica de quién es el problema

    Las peleas de tus padres son un asunto de su relación. No necesitas resolverlo, ni te toca decidir quién tiene razón. Esto vale a los 14 y a los 34.

    2. Ten un plan para el momento de la pelea

    Decidir antes qué haces cuando empiezan los gritos te evita improvisar con el cuerpo ya acelerado. Algunas ideas que la gente usa: irte a otra pieza, ponerte audífonos, salir a caminar, llamar a un amigo o a un familiar, respirar lento hasta que baje la activación.

    Esto no resuelve la pelea y tampoco tiene por qué. Su función es cuidarte a ti mientras ocurre.

    3. No seas mensajero, juez ni confidente

    Si te piden que le lleves un recado al otro, que opines de quién tiene razón o que escuches los secretos de pareja, estás siendo puesto en el medio. McGoldrick y colegas (2015) y Pillemer (2021) proponen negarse a ese papel con calma y sin atacar a nadie.

    Una revisión sistemática de 95 estudios sobre parentificación (cuando un hijo asume funciones de adulto) encontró que entre los resultados negativos más comunes estaban los problemas emocionales y de conducta y un peor estado de salud física.

    El mismo trabajo muestra que algunos jóvenes también reportan aspectos positivos, y que sus características, los beneficios percibidos y el apoyo que reciben influyen en cómo termina la historia (Dariotis et al., 2023). Si te suena familiar, el artículo sobre parentificación lo explica en detalle.

    4. Elige bien tu forma de afrontar

    No hay una única estrategia buena. En un seguimiento de 304 jóvenes desde los 8 hasta los 16 años, reinterpretar lo que ocurre (por ejemplo, recordarse que es un asunto de los adultos) se asoció con menos problemas de conducta frente al conflicto marital. En cambio, un mayor afrontamiento activo, de resolver o de reinterpretar, se asoció con más síntomas emocionales (ansiedad, tristeza) en ese contexto (Tu et al., 2016).

    Una lectura prudente es que no existe una estrategia única, y que esforzarse mucho por manejar la situación puede tener un costo emocional. Es un solo estudio, con familias de Estados Unidos, y no dice qué te servirá a ti.

    Otro hallazgo para tener presente viene de niños de unos cuatro años: el patrón de “apagarse” y hacerse invisible ante las peleas se asoció con más problemas emocionales (aunque también con mejor autorregulación) en un estudio de preescolares (Davies et al., 2016). Si tú reaccionas encerrándote o desapareciendo, conviene notarlo y no dejarlo solo.

    5. Habla con alguien de confianza

    Un tío, una abuela, un profesor, el orientador del colegio, una amiga, tu pareja. Contar lo que pasa baja la carga, y en varios estudios el apoyo de otros adultos amortiguó el efecto del conflicto (por ejemplo, el de los abuelos en Wang et al., 2024). Si eres menor de edad, el orientador o la psicóloga del colegio y el CESFAM son lugares de partida.

    6. Cuéntales a tus padres cómo te afecta (cuando estén calmados)

    Puede que tus padres no dimensionen cuánto te afecta, y decírselo les da una información que quizá no tienen. Elige un momento tranquilo, habla de ti y no de lo que ellos hacen mal: “Cuando gritan de noche, no logro dormir y me cuesta concentrarme”. Puedes pedir algo concreto: que las discusiones fuertes ocurran lejos, que no se hablen mal del otro delante tuyo, que no te pidan mensajes.

    Si te sientes más seguro, puedes escribirles una carta o un mensaje.

    7. Cuida tus básicos

    Dormir, comer, moverte y mantener tus amistades suena obvio y es lo primero que se pierde cuando la casa está en tensión. Son además lo que te sostiene el ánimo.

    8. Piensa en el mediano plazo: independizarte bien

    Si eres joven adulto, irte de la casa puede ser sano. McGoldrick y colegas (2015) distinguen entre un “lanzamiento” planificado hacia la autosuficiencia y un corte emocional reactivo, de portazo, que se parece a la independencia pero guarda la misma tensión por dentro.

    Pillemer (2021) propone, además, un contacto de “dosis baja” con padres que hieren: visitas cortas, un lugar donde dormir que no sea la casa y una salida clara si sube la tensión.

    Si estás en ese punto, la guía sobre cómo independizarte de tus padres tiene el detalle. Y si lo que pesa es el rencor, la de perdonar a tus padres puede ayudarte.

    ¿Qué decirles? Frases para no quedar en medio

    Una frase breve y tranquila funciona mejor que una explicación larga. Puedes repetirla igual las veces que haga falta:

    • Si te piden llevar un mensaje: «Eso conviene hablarlo directamente con él/ella».
    • Si uno critica al otro: «Entiendo que estés enojado/a, pero no voy a escuchar críticas sobre papá/mamá. Si quieres contarme cómo te sientes tú, aquí estoy».
    • Si te preguntan de qué lado estás: «Los quiero a los dos y no voy a tomar partido».
    • Si empiezan a gritar frente a ti: «Voy a irme a mi pieza un rato. Cuando estén más tranquilos, podemos hablar».
    • Si eres adulto y te piden ser el intermediario: «Es un asunto entre ustedes dos y no voy a intervenir».

    Estas fórmulas siguen la idea de “des-triangulación” de McGoldrick et al. (2015) y los “términos claros” de Pillemer (2021): reglas concretas y observables (“no voy a escuchar críticas sobre mamá”) funcionan mejor que pedir “respeto” en abstracto.

    ¿Todas las peleas hacen daño? Cuando el conflicto puede ser constructivo

    No. Una revisión sistemática de 23 estudios encontró que el conflicto constructivo entre los padres, el que se resuelve con respeto, se asoció con menos problemas emocionales y de conducta y con más seguridad emocional y mejor resolución de problemas sociales en los hijos, aunque con asociaciones que dependían de otros factores (Zhang y Wu, 2026).

    Cummings y Davies (2010), en el libro de referencia sobre el tema, proponen medir el conflicto por lo que provoca en los hijos y no por lo que los adultos consideran normal. Con ese criterio, es destructivo lo que genera más miedo, tristeza o rabia que calma: insultos, gritos, amenazas de separarse, el trato de hielo, irse enojado de la discusión o pelear con hostilidad por temas de crianza.

    Y es constructivo lo que transmite que el problema tiene solución: hablar con calma, buscar alternativas juntos, escuchar y validar al otro, mostrar cariño en medio del desacuerdo. Los autores destacan además la forma de cerrar. Llegar a un compromiso, pedir disculpas con un tono afectuoso (con sarcasmo no cuenta) o acordar retomar el tema más tarde protege a los hijos, aunque antes haya habido tensión.

    No todo cierre sirve. Cuando uno cede solo para terminar, los niños lo viven como una solución a medias, y decir «todo está bien» en medio de un clima de discordia constante aumenta su inseguridad, porque lo que escuchan no calza con lo que ven.

    Bradbury y Karney (2019) describen que lo destructivo es la reciprocidad negativa: responder a la hostilidad con más hostilidad, quedar atrapados en ciclos largos, reprochar de forma vaga. Christensen, Doss y Jacobson (2014) explican por qué algunas parejas pelean siempre por lo mismo: diferencias de personalidad más sensibilidades emocionales que se activan, y “soluciones” como presionar, evitar o buscar apoyo en terceros contra el otro, que empeoran el problema original.

    Si tus padres, en medio de todo, se escuchan a veces, se reparan o se piden perdón, eso cuenta. Si el patrón es solo escalada, humillación o frío, pesa más.

    Cuándo es violencia y a quién pedir ayuda en Chile

    Si hay golpes, amenazas, objetos arrojados, alguien que teme por su vida o por la de otra persona, o tú mismo sientes miedo real, esto ya no es una pelea que se aguanta.

    Un metaanálisis de 74 estudios encontró que presenciar violencia entre los padres se asocia con problemas emocionales y de conducta en los hijos, y que esa asociación se fortalece con el tiempo (Vu et al., 2016). Esto es una razón más para pedir ayuda y no esperar.

    La evidencia también muestra que hay salida: un metaanálisis de 21 evaluaciones de intervenciones para niños y niñas expuestos a violencia de pareja encontró una mejoría media en su bienestar emocional y conductual (d = 0,49), con mejores efectos cuando la intervención no se centraba solo en el trauma (Romano et al., 2021).

    Teléfonos en Chile:

    • Emergencia inmediata: 133 (Carabineros). También la PDI, al 134.
    • Fono Familia 149, de Carabineros. Gratuito y confidencial, funciona las 24 horas todo el año. Atiende a víctimas y también a testigos o personas que conocen un caso, orienta y puede derivar o activar protección.
    • 1455, fono de orientación en violencias de género. Si quien sufre la violencia es tu madre u otra mujer de la casa. Es gratuito, de todos los días de 8:00 a 00:00, y tiene WhatsApp en el +56 9 9700 7000.
    • Si piensas en hacerte daño, *4141 (Ministerio de Salud), línea de prevención del suicidio, las 24 horas.

    Si eres menor de edad, también puedes contarle lo que ocurre a un profesor, al orientador o a un adulto de confianza; no tienes que cargar con esto solo, y avisar a un adulto no es traicionar a tu familia.

    Cuándo pedir ayuda profesional

    Conviene consultar a un psicólogo si, pasadas unas semanas, notas alguna de estas señales:

    • Duermes mucho menos o mucho más, o no logras concentrarte.
    • Bajan tus notas o tu rendimiento en el trabajo.
    • Te aíslas de tus amigos o dejas actividades que disfrutabas.
    • Estás con ansiedad o tristeza casi todos los días.
    • Sientes que tienes que sostener emocionalmente a tus padres todo el tiempo.
    • Usas alcohol u otras sustancias, o pantallas, para aguantar la tensión.
    • Aparecen pensamientos de hacerte daño.

    Si encuentras muchas, mira las guías sobre ansiedad en adolescentes y depresión en adolescentes.

    En terapia se trabaja cómo ponerte en un lugar propio entre dos padres que pelean, cómo manejar la culpa y la alerta constante, y cómo cuidar tus propias relaciones. Si quieres dar ese paso, puedes escribir desde la página de contacto.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal que mis padres peleen tanto?

    Discutir de vez en cuando es corriente en casi cualquier pareja. Lo que importa es cuánto, cómo y qué queda después. Peleas diarias, con gritos, humillaciones o silencio hostil sostenido, se asocian con más ansiedad y depresión en los hijos. Si hay miedo o golpes, deja de ser una pelea normal y corresponde pedir ayuda.

    ¿Es mi culpa que mis padres peleen?

    No. Las peleas de una pareja nacen de su propia relación. Si en las discusiones aparece tu nombre, eso suele reflejar el estrés de ellos. Culparse es una reacción frecuente en hijos que presencian conflicto (Fosco y Bray, 2016), y conversarlo con alguien de confianza o con un psicólogo ayuda a soltarla.

    ¿Puedo hacer que mis padres dejen de pelear?

    No puedes controlar lo que hacen dos adultos, y tratar de arreglarlo suele agotar a quien lo intenta. Lo que sí puedes es cuidarte, negarte a ser mensajero y contarles cómo te afecta. Si ellos quieren cambiar, la terapia de pareja o familiar es el espacio para eso, y la decisión es suya.

    ¿Qué hago si mis padres me piden que tome partido?

    Puedes decir que los quieres a los dos y que no vas a elegir. Pillemer (2021) y McGoldrick et al. (2015) recomiendan frases cortas, repetidas con calma, y reglas concretas: no escuchar críticas del otro, no llevar mensajes. Si te presionan o te castigan por no elegir, cuéntaselo a un adulto de confianza.

    ¿Cuándo debo llamar para pedir ayuda por las peleas de mis padres?

    Llama al 133 si hay peligro inmediato, o al Fono Familia 149 si hay violencia, amenazas o miedo real. También puedes llamarlo para pedir orientación aunque no estés seguro de que sea violencia. Es gratuito, confidencial y funciona las 24 horas. Si eres menor, avisa también a un adulto de tu confianza.

    Qué puedes hacer esta semana

    • Elige a una persona de confianza y cuéntale cómo estás viviendo las peleas.
    • Define tu plan para la próxima discusión: dónde te vas, qué haces, a quién llamas.
    • Escribe en tu teléfono una frase de límite para cuando te quieran poner en el medio.
    • Anota, si te sirve, cuándo y cuánto duran las peleas y cómo te sientes después. Es información útil para un psicólogo.
    • Guarda en tu teléfono el 149 y el 133.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton.

    Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). Guilford Press.

    Cummings, E. M., & Davies, P. T. (2010). Marital conflict and children: An emotional security perspective. Guilford Press.

    Cummings, E. M., George, M. R. W., McCoy, K. P., & Davies, P. T. (2012). Interparental conflict in kindergarten and adolescent adjustment: Prospective investigation of emotional security as an explanatory mechanism. Child Development, 83(5), 1703-1715. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2012.01807.x

    Dariotis, J. K., Chen, F. R., Park, Y. R., Nowak, M. K., French, K. M., & Codamon, A. M. (2023). Parentification vulnerability, reactivity, resilience, and thriving: A mixed methods systematic literature review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 20(13), 6197. https://doi.org/10.3390/ijerph20136197

    Davies, P. T., Martin, M. J., Sturge-Apple, M. L., Ripple, M. T., & Cicchetti, D. (2016). The distinctive sequelae of children’s coping with interparental conflict: Testing the reformulated emotional security theory. Developmental Psychology, 52(10), 1646-1665. https://doi.org/10.1037/dev0000170

    Fosco, G. M., & Bray, B. C. (2016). Profiles of cognitive appraisals and triangulation into interparental conflict: Implications for adolescent adjustment. Journal of Family Psychology, 30(5), 533-542. https://doi.org/10.1037/fam0000192

    Harold, G. T., & Sellers, R. (2018). Annual research review: Interparental conflict and youth psychopathology: An evidence review and practice focused update. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 374-402. https://doi.org/10.1111/jcpp.12893

    Jiang, H., Yan, Y., & Zhang, Y. (2025). The relationship between interparental conflict and depressive symptoms spanning from childhood to youth: A systematic review and meta-analysis. Journal of Youth and Adolescence, 54(10), 2419-2440. https://doi.org/10.1007/s10964-025-02230-8

    McCauley, D. M., Sloan, C. J., Xia, M., & Fosco, G. M. (2021). Same family, divergent realities: How triangulation preserves parents’ illusory harmony while adolescents navigate interparental conflicts. Journal of Family Psychology, 35(2), 128-137. https://doi.org/10.1037/fam0000785

    McGoldrick, M., Garcia Preto, N., & Carter, B. (Eds.). (2015). The expanding family life cycle: Individual, family, and social perspectives (5.ª ed.). Pearson.

    Pillemer, K. (2021). Fault lines: Fractured families and how to mend them. Avery.

    Ran, G., Niu, X., Zhang, Q., Li, S., Liu, J., Chen, X., & Wu, J. (2021). The association between interparental conflict and youth anxiety: A three-level meta-analysis. Journal of Youth and Adolescence, 50(4), 599-612. https://doi.org/10.1007/s10964-020-01388-7

    Romano, E., Weegar, K., Gallitto, E., Zak, S., & Saini, M. (2021). Meta-analysis on interventions for children exposed to intimate partner violence. Trauma, Violence, & Abuse, 22(4), 728-738. https://doi.org/10.1177/1524838019881737

    Singh, S., & Thomas, E. (2023). Interparental conflict and young adult romantic relationships: A systematic review. Trauma, Violence, & Abuse, 24(4), 2630-2647. https://doi.org/10.1177/15248380221109787

    Tu, K. M., Erath, S. A., & El-Sheikh, M. (2016). Coping responses moderate prospective associations between marital conflict and youth adjustment. Journal of Family Psychology, 30(5), 523-532. https://doi.org/10.1037/fam0000169

    van Eldik, W. M., de Haan, A. D., Parry, L. Q., Davies, P. T., Luijk, M. P. C. M., Arends, L. R., & Prinzie, P. (2020). The interparental relationship: Meta-analytic associations with children’s maladjustment and responses to interparental conflict. Psychological Bulletin, 146(7), 553-594. https://doi.org/10.1037/bul0000233

    Vu, N. L., Jouriles, E. N., McDonald, R., & Rosenfield, D. (2016). Children’s exposure to intimate partner violence: A meta-analysis of longitudinal associations with child adjustment problems. Clinical Psychology Review, 46, 25-33. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2016.04.003

    Wang, M., Sun, S., Liu, X., Yang, Y., Liu, C., Huang, A., & Liu, S. (2024). Interparental conflict and early adolescent depressive symptoms: Parent-child triangulation as the mediator and grandparent support as the moderator. Journal of Youth and Adolescence, 53(1), 186-199. https://doi.org/10.1007/s10964-023-01923-2

    Zhang, X., & Wu, Q. (2026). Constructive interparental conflict and children’s outcomes: A systematic research synthesis. Journal of Marital and Family Therapy, 52(2), e70135. https://doi.org/10.1111/jmft.70135

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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