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  • Situationship: qué es y por qué genera tanta ansiedad

    Situationship: qué es y por qué genera tanta ansiedad

    Hay vínculos que tienen casi todo de una relación (los mensajes de buenos días, las salidas, la intimidad) menos el nombre. Si buscaste situationship qué es porque estás en una, o porque tu cabeza no para de preguntar «¿qué somos?», aquí encuentras lo que la investigación ha podido decir hasta ahora, lo que todavía no sabe y qué puedes hacer con la ambigüedad. Cada dato lleva su estudio. Un aviso desde el principio: el término es popular, no clínico, y la investigación sobre él es muy reciente y escasa.

    Respuesta corta: el significado de situationship es el de un vínculo romántico o sexual sin etiqueta ni compromiso claro, que queda a medio camino entre una pareja y algo casual. La palabra es de uso cotidiano, sin definición clínica ni diagnóstico asociado, y lo que la vuelve difícil es la ambigüedad sostenida: cuando una de las dos personas quiere más claridad que la otra, la falta de definición mantiene viva la incertidumbre, y con ella la ansiedad. Conversar «qué somos» sin ultimátum y decidir con lo que respondan es el camino con más respaldo indirecto, aunque ningún ensayo lo ha puesto a prueba.

    ¿Qué es una situationship? Significado y cómo se ve

    Situationship viene de situation y relationship, y la usan sobre todo adultos jóvenes para hablar de un vínculo con intimidad emocional o sexual, sin etiquetas y sin acuerdos claros sobre el futuro. Una revisión sociológica de 2026 (Christensen y Malae, 2026) la describe como una forma liminal: ni plenamente comprometida ni del todo casual. Los autores la explican por el paso de un camino lineal (conocerse, ser pareja, casarse) a trayectorias menos estandarizadas, con cambios sociales, culturales y tecnológicos de por medio. Es una revisión narrativa, sin cifras.

    ¿Qué tan común es? Hay un solo dato de frecuencia. En un estudio con 261 adultos emergentes estadounidenses (Langlais y Davidson, 2026), el 34,1 % de las últimas tres relaciones románticas que describieron eran situationships. Es una muestra de conveniencia de otro país. No encontré cifras chilenas, así que no sabemos cuántas personas aquí viven algo así.

    El mismo grupo de investigación publicó un estudio exploratorio para definir y describir las situationships (Langlais et al., 2024) y otro de métodos mixtos sobre los motivos para estar en una (Langlais et al., 2025). No pude leer sus resultados, y por eso no les atribuyo ningún hallazgo; solo señalo que esa línea de trabajo existe.

    Lo que sí se puede describir con apoyo viene de entrevistas a 14 adultos jóvenes australianos de 19 a 25 años (Anderson y Phillips, 2026), que mencionaron cinco temas:

    • Confusión sobre qué es el vínculo y límites poco claros.
    • Inversión emocional desigual: una persona pone más que la otra.
    • La tecnología como facilitadora de evitar el compromiso.
    • Valoración de la independencia, vista como un cambio generacional.
    • Un impacto psicológico importante que suele invalidarse: el malestar «no cuenta» porque la situationship no se considera una «relación real».

    Es un estudio cualitativo con pocas personas: describe vivencias, no mide frecuencias ni causas.

    ¿En qué se diferencia de una relación, de amigos con beneficios y del ghosting?

    De una relación comprometida. Scott Stanley y colegas distinguen entre decidir y deslizarse (Stanley et al., 2010): una pareja avanza en intimidad, sexo o convivencia tomando decisiones explícitas sobre lo que ese paso significa, o lo hace por inercia, sin hablarlo. Es un trabajo teórico sobre parejas que conviven, no un estudio de situationships. Mi lectura es que la situationship se parece mucho a un deslizamiento sin decisión, pero eso es una interpretación del marco, no un hallazgo.

    De los amigos con beneficios. En los amigos con beneficios existe, al menos en teoría, un acuerdo de no involucrarse emocionalmente. En dos estudios con 125 y 90 personas (Bisson y Levine, 2009), el 60 % de la primera muestra había tenido una relación así, una preocupación frecuente era que uno quisiera un compromiso que el otro no quería dar, y lo más común era evitar negociar el acuerdo de forma explícita. Los autores concluyen que son relaciones comunes, pero problemáticas por las mismas razones que las hacen atractivas. En una situationship, en cambio, a veces ni siquiera hay acuerdo que romper.

    Sobre el bienestar de lo casual hay datos más tranquilizadores. En 1.311 jóvenes de Minnesota (Eisenberg et al., 2009), uno de cada cinco tenía una pareja casual como última pareja, y en los análisis ajustados eso no se asoció con peor bienestar psicológico. Y en 308 universitarios (Owen et al., 2013), la mayoría de los amigos con beneficios siguió como amistad; quienes no, se sentían más engañados, más solos y con más malestar. Ninguno de estos estudios habla de situationships, pero sirven para no patologizar lo casual por sí mismo.

    Del ghosting y el breadcrumbing. El ghosting corta la comunicación de golpe; en la situationship el contacto sigue, pero sin definición. Si te interesa lo primero, lo explico en ghosting: por qué duele tanto. Un caso intermedio es el breadcrumbing, que son señales de interés esporádicas («migajas») sin intención de avanzar. En 626 adultos españoles de 18 a 40 años (Navarro et al., 2020), quienes habían vivido breadcrumbing (solo o junto con ghosting) en el último año reportaron menor satisfacción con la vida y más soledad e impotencia, mientras que el ghosting solo no mostró relación significativa con esas medidas. Es un estudio preliminar y de un momento en el tiempo.

    ¿Por qué una situationship genera tanta ansiedad?

    Porque la incertidumbre mantiene el sistema de alerta encendido. Stanley y colegas (2010) describen que una función del compromiso es estabilizar el apego romántico: saber que el otro está y que el «nosotros» tiene futuro baja la vigilancia. Sin esa señal, la mente hace el trabajo de adivinar. Cada silencio, cada demora en responder y cada plan que no se concreta se vuelve información que hay que interpretar.

    Se suma un desequilibrio de poder que los libros de pareja llaman principio del menor interés: en un vínculo con compromiso desigual, quien está menos involucrado tiene más control sobre lo que pasa (Bradbury y Karney, 2019). La persona que quiere más queda en una posición de inseguridad. Eso calza con lo que contaron los jóvenes de Anderson y Phillips (2026): dolor real, mezclado con la sensación de que su malestar «no contaba».

    Algunos estudios cercanos apuntan en la misma dirección, aunque ninguno mide situationships como tal:

    • En dos estudios con solteros jóvenes que salían con personas (Kredl et al., 2025), no tener claro qué se busca en una relación predijo más soledad con el tiempo, y esa soledad explicó menor satisfacción con la vida.
    • En 744 adultos emergentes (Beckmeyer y Cromwell, 2019), los solteros muy interesados en tener una relación presentaban más síntomas depresivos que los comprometidos y que los solteros poco interesados. El malestar parece depender más de querer una relación y no tenerla que de estar sin pareja.
    • En el estudio de Langlais y Davidson (2026), estar en una situationship se asoció con menor confianza en la pareja, mientras que más comunicación se asoció con más confianza, dentro y fuera de las situationships.
    • Un preprint de 2026 (Lin, 2026), que no ha pasado revisión por pares, propone que la ambigüedad emocional en situationships se asocia con apego ansioso y malestar psicológico. Lo cito solo como una pista preliminar.

    El apego influye, con una advertencia. La teoría del apego adulto describe que ante una relación sin definir, la persona con apego ansioso tiende a hiperactivarse (vigilar, rumiar, pedir señales, insistir en definir) y la persona con apego evitativo a desactivarse (tomar distancia, evitar hablar del tema). En una revisión sistemática de 11 estudios sobre ghosting (Morales et al., 2025), ser ghosteado se asoció con apego ansioso. Y en un estudio con estudiantes canadienses (Birnie et al., 2009), la evitación del apego se asoció con esperar que las relaciones fracasen y con una aversión al compromiso. Cuando ambos estilos se encuentran, se arma con facilidad un círculo de demanda y retirada (Bradbury y Karney, 2019): quien busca claridad presiona, quien se siente acorralado se aleja, y esa distancia dispara más presión.

    La advertencia es que el apego se mide mejor como dos dimensiones continuas (ansiedad y evitación) que como tres etiquetas fijas (Mikulincer y Shaver, 2007), y varía según la relación y el momento. Decir «soy ansioso» y explicar todo con eso sirve poco. Si quieres ampliar, mira estilo de apego y elección de pareja y cómo superar el apego ansioso.

    Un último ingrediente es la pasión sin compromiso. En la teoría triangular del amor de Sternberg, la combinación de intimidad y pasión sin compromiso se llama amor romántico, y se describe como intenso pero inestable: la pasión es el componente más volátil y el compromiso es el que amortigua los malos momentos (Sternberg y Sternberg, 2019).

    ¿Es dañina una situationship o puede estar bien?

    Depende de si ambas personas quieren lo mismo. La evidencia sobre lo casual, como vimos, no muestra por sí sola un daño psicológico (Eisenberg et al., 2009). El problema aparece con la asimetría: uno quiere definir y el otro prefiere dejarlo abierto, o lo que uno decía querer al principio cambió y no se conversó.

    Un riesgo distinto es el «va y viene». En una muestra de 792 jóvenes adultos (Halpern-Meekin et al., 2013), casi la mitad había vivido una reconciliación con su pareja y más de la mitad de quienes rompieron siguió con sexo con la expareja. Y en 3.176 madres (Halpern-Meekin y Turney, 2023), quienes vivían relaciones de ida y vuelta tenían peor salud mental que las de relaciones estables, con un efecto que persistió cuatro años y era parecido al de quienes terminaron del todo. Esa muestra es de madres con hijos de un estudio longitudinal estadounidense, así que no se puede trasladar a una situationship. Lo que sugiere es que vivir en la inestabilidad, en sí misma, pesa.

    Una situationship puede ser una etapa que se aclara, una opción que ambos eligen o una trampa en la que uno se queda esperando. Lo que decide cuál de las tres es la conversación, no el tiempo.

    Señales de que la situationship te está costando

    Para esto no hay un test con puntaje, porque ningún instrumento validado mide situationships y inventar uno no sería honesto. Observarte sí sirve. Estas preguntas salen de los temas que describen los estudios citados:

    • ¿Tu ánimo del día depende de si te escribió o de cómo te respondió?
    • ¿Quieres más definición que la otra persona y evitas pedirla por miedo a que se vaya?
    • ¿Sientes que tu malestar «no cuenta» porque oficialmente no es una relación?
    • ¿Llevas meses sin saber qué esperar, y ya no recuerdas qué querías tú al comenzar?
    • ¿Has dejado de conocer a otras personas por si «esto se define»?

    Con varias respuestas afirmativas, lo más probable es que la ambigüedad te esté pasando la cuenta y que toque hacer algo con ella.

    Cómo conversar «qué somos» sin asustar a la otra persona

    Es difícil por un motivo comprensible. En investigaciones sobre comunicación en parejas que están saliendo, la conversación sobre el estatus de la relación fue uno de los temas más evitados (Knobloch y Carpenter-Theune, 2004, citado en Bradbury y Karney, 2019), sobre todo cuando hay mucha incertidumbre. Quien pregunta teme escuchar «no» y perder lo que tiene; quien responde teme sentirse presionado. Lo habitual es que ambos prefieran conservar lo que hay (compañía, atención, afecto) y posterguen la charla, hasta que uno deja de poder.

    Ningún ensayo ha probado cómo conversar esto; los pasos que siguen salen de ese marco de decidir en vez de deslizarse y de lo que los jóvenes entrevistados dijeron que hacía avanzar una situationship (disponibilidad emocional, comunicación y compromiso mutuo; Anderson y Phillips, 2026):

    1. Define primero qué quieres tú. Escríbelo con claridad. Saber qué buscas se asoció a menos soledad con el tiempo (Kredl et al., 2025), y te evita llegar a la conversación esperando que el otro decida por ti.
    2. Elige un momento y un canal. Mejor en persona o en una llamada, con tiempo, y no justo después de una discusión ni por mensajes a medianoche.
    3. Habla desde ti, sin acusar. Por ejemplo: «Me gusta lo que tenemos y me di cuenta de que busco algo más definido. Quiero saber qué buscas tú». Evita el «siempre me dejas esperando».
    4. Pregunta y escucha. El objetivo es saber dónde está el otro, no convencerlo. Un ultimátum convierte la conversación en amenaza y activa justo el círculo de presión y retirada.
    5. Ten pensado qué harás con cada respuesta. Si coinciden, conversen cómo seguir. Si no coinciden, tú decides si te sirve ese vínculo. Si la respuesta es «no sé», puedes ponerte un plazo propio, y es tuyo, no una amenaza para el otro.

    Cuánto tiempo esperar también es una decisión tuya, y conviene tomarla a propósito en vez de por cansancio.

    Cómo salir de una situationship si ya sabes que quieres terminarla

    Saber que quieres salir ya es una definición. Lo que ayuda es cerrar con claridad (decir que terminas, sin desaparecer, que es justo lo que duele del ghosting), reducir el contacto ambiguo mientras te estabilizas y apoyarte en otras personas. Si notas que repites el mismo tipo de vínculo, o que te cuesta soltar aunque sepas que no te hace bien, te puede servir revisar dependencia emocional y amor propio o el miedo al compromiso, por si la dificultad está del otro lado de la mesa.

    ¿Tienen que ver las apps de citas?

    Probablemente algo, aunque no está probado que causen las situationships. En tres estudios, quienes iban evaluando opciones en una secuencia de perfiles de citas online (Pronk y Denissen, 2020) bajaron en promedio un 27 % la probabilidad de aceptar a alguien desde la primera hasta la última opción, un fenómeno que los autores llaman mentalidad de rechazo. Una revisión sobre citas online (Finkel et al., 2012) también describe que mirar muchos perfiles empuja a evaluar a las personas como opciones comparables, y que eso puede dificultar comprometerse. En las entrevistas de Anderson y Phillips (2026), los jóvenes también señalaron la tecnología como un facilitador de evitar el compromiso.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    Vale la pena pedir ayuda si:

    • La ansiedad por el vínculo te quita sueño, concentración o ganas de hacer otras cosas.
    • Pasas gran parte del día rumiando mensajes, silencios o lo que la otra persona «quiso decir».
    • Repites el mismo patrón con distintas personas y no entiendes por qué.
    • Te sientes triste o sola de forma persistente, o con menos valor por cómo te trata esa persona.
    • Hay insultos, control o violencia. Eso ya no es ambigüedad: revisa el ciclo de la violencia y busca ayuda.

    Si has pensado en hacerte daño, llama de inmediato a la Línea de Prevención del Suicidio, *4141 en Chile, o ve a un servicio de urgencia. Y si ambos quieren aclarar qué viene, terapia de pareja: cuándo ir y cómo saber si tu relación es sana pueden ayudarte a ubicarte.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es una situationship?

    Es un vínculo romántico o sexual sin etiqueta ni compromiso claro, a medio camino entre una pareja y algo casual. Carece de definición clínica y de diagnóstico asociado. Los estudios la describen como una relación liminal, con límites ambiguos e inversión emocional desigual, común entre adultos jóvenes (Christensen y Malae, 2026; Anderson y Phillips, 2026).

    ¿Una situationship es una relación?

    Se parece a una por el contacto y la intimidad, pero le falta lo que define a una pareja comprometida: una decisión explícita sobre el futuro. Stanley et al. (2010) distinguen entre decidir y deslizarse. Si ambos coinciden en no querer más, puede ser un acuerdo válido; si uno quiere más, es la fuente típica de malestar.

    ¿Cuánto dura una situationship?

    Los datos no fijan una duración normal, pero dan una pista: en solteros jóvenes que salían con personas, no tener claro qué se busca predijo más soledad con el tiempo (Kredl et al., 2025). Más que contar semanas, conviene observar si la ambigüedad te está costando.

    ¿Por qué me da tanta ansiedad?

    La incertidumbre mantiene la mente en alerta, y quien quiere más claridad queda en desventaja de poder (Bradbury y Karney, 2019). El apego ansioso puede agravarlo, porque tiende a vigilar y a pedir señales. No hay estudios que midan ansiedad clínica por situationship; la evidencia es cualitativa y de contextos cercanos.

    ¿Cómo hablar de «qué somos» sin asustar?

    Define primero qué quieres, elige un momento tranquilo, habla desde ti («busco algo más definido, ¿tú qué buscas?») y escucha sin ultimátum. Decide después qué harás con cada respuesta. Esta pregunta es de los temas más evitados en parejas que salen (Knobloch y Carpenter-Theune, 2004, citado en Bradbury y Karney, 2019), así que es normal que cueste.

    ¿Cuándo conviene terminar una situationship?

    Cuando quieres algo distinto a lo que el otro ofrece y ya lo conversaste, o cuando la ambigüedad te daña el ánimo, el sueño o la autoestima. Ninguna regla sirve para todos. Quedarse esperando sin decidir sostiene el malestar; decidir, en cualquier dirección, devuelve el control.

    Si la ambigüedad ya te está pesando

    Querer claridad en un vínculo es razonable. Si llevas tiempo dándole vueltas, sientes que esto afecta tu ánimo o quieres entender por qué repites este tipo de vínculos, puedes escribirme para agendar una consulta y revisar tu caso con calma, a tu ritmo y sin juicios.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Anderson, S., & Phillips, M. J. (2026). All the feels, none of the labels: Young adults’ experiences of situationships. Societies, 16(2), 42. https://doi.org/10.3390/soc16020042
    • Beckmeyer, J. J., & Cromwell, S. (2019). Romantic relationship status and emerging adult well-being: Accounting for romantic relationship interest. Emerging Adulthood, 7(4), 304-308. https://doi.org/10.1177/2167696818772653
    • Birnie, C., McClure, M. J., Lydon, J. E., & Holmberg, D. (2009). Attachment avoidance and commitment aversion: A script for relationship failure. Personal Relationships, 16(1), 79-97. https://doi.org/10.1111/j.1475-6811.2009.01211.x
    • Bisson, M. A., & Levine, T. R. (2009). Negotiating a friends with benefits relationship. Archives of Sexual Behavior, 38(1), 66-73. https://doi.org/10.1007/s10508-007-9211-2
    • Bradbury, T. N., & Karney, B. R. (2019). Intimate relationships (3.ª ed.). W. W. Norton & Company.
    • Christensen, M. A., & Malae, K. R. (2026). From courtship to situationship: Understanding the rise of relationship ambiguity in young adulthood. Sociology Compass, 20(10), e70260. https://doi.org/10.1111/soc4.70260
    • Eisenberg, M. E., Ackard, D. M., Resnick, M. D., & Neumark-Sztainer, D. (2009). Casual sex and psychological health among young adults: Is having “friends with benefits” emotionally damaging? Perspectives on Sexual and Reproductive Health, 41(4), 231-237. https://doi.org/10.1363/4123109
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    • Halpern-Meekin, S., Manning, W. D., Giordano, P. C., & Longmore, M. A. (2013). Relationship churning in emerging adulthood. Journal of Adolescent Research, 28(2), 166-188. https://doi.org/10.1177/0743558412464524
    • Kredl, K. F., Kubin, D., & Lydon, J. E. (2025). Knowing what you want: The role of relationship clarity in single young adults’ loneliness and well-being. Personal Relationships, 32(3), e70023. https://doi.org/10.1111/pere.70023
    • Langlais, M. R., & Davidson, F. (2026). Can I trust you without committing to you?: Examining situationships status, multimodal communication, and trust. Sexuality & Culture. Publicación en línea. https://doi.org/10.1007/s12119-026-10592-9
    • Langlais, M. R., Guzman, P., Toohey, L., Podberesky, A., & Lee, A. (2025). Are situationships situational?: A mixed-methods study on the motivations for being in a situationship. Sexuality & Culture, 29(6), 2945-2964. https://doi.org/10.1007/s12119-025-10402-8
    • Langlais, M. R., Podberesky, A., Toohey, L., & Lee, C. T. (2024). Defining and describing situationships: An exploratory investigation. Sexuality & Culture, 28(4), 1831-1857. https://doi.org/10.1007/s12119-024-10210-6
    • Lin, Y.-C. (2026). “Are you feeling the rush?” Quantifying emotional ambiguity in situationships and its impact on well-being [Preprint]. Preprints.org. https://doi.org/10.20944/preprints202601.0425.v1
    • Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2007). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change. The Guilford Press.
    • Morales, A., Fuentes, E., & Fernández-Martínez, I. (2025). A systematic review of ghosting as a relationship dissolution method in emerging adults’ relationships. Revista Latinoamericana de Psicología, 57, 33-49. https://doi.org/10.14349/rlp.2025.v57.4
    • Navarro, R., Larrañaga, E., Yubero, S., & Víllora, B. (2020). Psychological correlates of ghosting and breadcrumbing experiences: A preliminary study among adults. International Journal of Environmental Research and Public Health, 17(3), 1116. https://doi.org/10.3390/ijerph17031116
    • Owen, J., Fincham, F. D., & Manthos, M. (2013). Friendship after a friends with benefits relationship: Deception, psychological functioning, and social connectedness. Archives of Sexual Behavior, 42(8), 1443-1449. https://doi.org/10.1007/s10508-013-0160-7
    • Pronk, T. M., & Denissen, J. J. A. (2020). A rejection mind-set: Choice overload in online dating. Social Psychological and Personality Science, 11(3), 388-396. https://doi.org/10.1177/1948550619866189
    • Stanley, S. M., Rhoades, G. K., & Whitton, S. W. (2010). Commitment: Functions, formation, and the securing of romantic attachment. Journal of Family Theory & Review, 2(4), 243-257. https://doi.org/10.1111/j.1756-2589.2010.00060.x
    • Sternberg, R. J., & Sternberg, K. (Eds.). (2019). The new psychology of love (2.ª ed.). Cambridge University Press.

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • ¿Funciona una relación a distancia? Lo que dice la investigación

    ¿Funciona una relación a distancia? Lo que dice la investigación

    Si estás leyendo esto, probablemente tú o tu pareja están por irse (a estudiar, a trabajar, a otra ciudad u otro país) o ya viven separados y te preguntas cuánto aguanta esto. La duda es razonable. Lo que se dice por ahí oscila entre “la distancia mata el amor” y “si es de verdad, resiste todo”. Los estudios dicen algo más interesante: una relación a distancia funciona, en promedio, casi igual que una de cercanía mientras la distancia dura, y el momento delicado suele llegar cuando por fin se termina. Abajo está lo que muestra la investigación, qué lo hace más difícil y una guía de consejos con respaldo para mantenerla.

    Respuesta corta: sí, una relación a distancia (o a larga distancia) puede funcionar. Los estudios que comparan parejas separadas con parejas que viven cerca encuentran una calidad de relación, un compromiso y una estabilidad parecidos, y a veces algo mayores en quienes están a distancia. Hay dos advertencias. La primera es que casi todos los datos vienen de adultos jóvenes de Estados Unidos y Canadá. La segunda es que varias parejas se separan después, cuando la distancia termina y toca convivir.

    ¿Una relación a distancia funciona? Lo que muestran los estudios

    En promedio, las parejas a distancia reportan una calidad de relación comparable a la de las parejas que viven cerca, y en algunos estudios incluso mayor. Cuatro investigaciones lo ilustran, con métodos distintos.

    • Kelmer y colaboradores compararon, en una muestra representativa de 870 adultos de Estados Unidos, las relaciones a distancia con las de cercanía física. Quienes estaban a distancia reportaron en general mejor calidad de relación, más dedicación y menos sensación de estar atrapados, y percibían menos probabilidad de terminar (Kelmer et al., 2013).
    • Dargie y colaboradores estudiaron a 717 personas en relaciones a distancia y a 425 en relaciones de cercanía. Encontraron pocas diferencias entre ambos grupos y concluyeron que quienes están a distancia no parten en desventaja; lo que predecía la calidad de la relación eran características de la persona y de la pareja (Dargie et al., 2015).
    • En una encuesta a 2.075 estudiantes universitarios con pareja, el 34,2% estaba en una relación a distancia, y la felicidad, el compromiso y el nivel de conflicto no diferían según estuvieran a distancia o cerca (Beckmeyer et al., 2023). Es un dato útil para dimensionar: la distancia es muy común en esa etapa de la vida.
    • Roberts y Pistole (2009), con estudiantes universitarios, vieron una satisfacción similar entre relaciones a distancia y cercanas. En las relaciones a distancia, la menor evitación del apego fue lo que más se asoció a la satisfacción.

    Hay una frase que circula en la prensa: que un estudio de las universidades de Hong Kong y Cornell habría mostrado más intimidad en las parejas a distancia que en las que conviven. Ese trabajo existe, es el de Jiang y Hancock (2013), y es un estudio de diario de comunicación en parejas de noviazgo. Mostró que quienes estaban a distancia se abrían de manera más adaptada y construían una imagen más idealizada de la relación, y que ambas cosas aumentaban la intimidad. Eso es interesante, pero no equivale a decir que vivir lejos sea mejor que vivir juntos.

    ¿Por qué una relación a distancia puede funcionar tan bien?

    Los autores proponen tres razones que se suman: se comunican con más intención, idealizan a la pareja y, sobre todo, las parejas que siguen a distancia ya son las más comprometidas. En su manual Intimate Relationships, Bradbury y Karney (2019) recogen estas tres explicaciones en un recuadro dedicado a las relaciones a distancia.

    Comunicación deliberada. Cuando no se puede compartir la rutina, hay que programar el contacto, y eso suele traer conversaciones más cuidadas. Jiang y Hancock (2013) vieron que las parejas a distancia se revelaban cosas con más profundidad que las parejas cercanas.

    Idealización. Stafford y Merolla (2007) mostraron en dos estudios que las parejas a distancia idealizaban más (a la pareja y a la relación) y estaban más satisfechas con la comunicación. Con poco tiempo presencial, la persona se ve con sus mejores partes y hay menos roces de la vida diaria (platos sucios, cansancio, discusiones por la plata) que desgasten la imagen. Un efecto positivo mientras dura, con una contrapartida que se explica más abajo.

    Selección. Bradbury y Karney (2019) apuntan que quienes aceptan sostener la distancia suelen ser parejas con un compromiso alto de partida, mientras que los vínculos más frágiles tienden a disolverse antes de asumir los costos de la separación. Dicho de otro modo, las parejas a distancia no son una muestra al azar de las parejas: algunas ya pasaron un filtro. Esto limita cualquier comparación. Que en promedio les vaya bien no promete que a cualquier pareja le irá bien si se separa.

    El punto delicado: cuando la distancia se termina

    La distancia en sí no hace más probable una ruptura, pero el momento en que se acaba y la pareja vuelve a vivir en la misma ciudad es una fase de riesgo. Es el hallazgo que menos aparece en los artículos de consejos.

    Stafford y Merolla (2007) siguieron a parejas de noviazgo a distancia y encontraron que eran más estables que las cercanas mientras permanecían separadas, pero que muchas terminaban su relación al volverse proximales. Además, quienes pasaban más tiempo sin verse en persona y quienes idealizaban en exceso durante la separación tenían más probabilidad de inestabilidad al reencontrarse. La explicación que ofrecen es que el filtro protector de la distancia desaparece y la pareja real (con sus manías, su mal humor y su ritmo de vida) choca con la imagen que se había construido.

    Kelmer y colaboradores (2013) añaden un matiz que cuesta ver: al comienzo del estudio, las personas a distancia pensaban que era menos probable que terminaran, pero al momento del seguimiento habían terminado con la misma frecuencia que las parejas cercanas. La percepción de estabilidad no se tradujo en menos rupturas.

    Este patrón tiene una consecuencia práctica. Un buen plan para la distancia incluye un plan para el final de la distancia, porque ahí es donde suelen aparecer las diferencias que el contacto por pantalla no mostraba.

    ¿Por qué una relación a distancia no siempre funciona? Qué la hace difícil

    La distancia tiene costos reales para la vida diaria y para la confianza, aunque el promedio de satisfacción sea parecido. Los estudios muestran cuatro frentes.

    • Soledad y menos vida social en el lugar donde se vive. Waterman y colaboradores (2017) siguieron con encuestas diarias, durante el primer año universitario, a 718 estudiantes. Los que estaban en una relación a distancia tuvieron menos afecto positivo y más soledad cuando estaban en el campus que cuando estaban fuera de él, y participaron en menos actividades universitarias. El afecto y la conducta diarios no cambiaron según la relación terminara o siguiera. Y durante el primer confinamiento por COVID-19 en Alemania, en 1.242 adultos, quienes tenían pareja pero vivían separados de ella reportaron una soledad parecida a la de los solteros que vivían solos, y una mejor calidad de la relación se asoció a menos soledad (Hopf et al., 2022). Es un contexto excepcional, con los viajes restringidos.
    • Vigilancia y celos. Billedo y colaboradores (2015) encuestaron a 272 personas y vieron que quienes estaban a distancia usaban más las redes sociales para mantener la relación, pero también para vigilar a la pareja, y reportaban más celos en esas redes.
    • Estrés según el estilo de apego. Pistole y colaboradores (2010), con 473 personas, vieron que el estilo de apego y las conductas de mantenimiento se asociaban al estrés percibido, y que lo hacían de forma distinta en las relaciones a distancia y en las cercanas. Pistole (2010) plantea además que la distancia reproduce un ciclo de separación y reencuentro que activa el sistema de apego (protesta ante la separación, búsqueda de cercanía). En 536 estudiantes, el apego inseguro, ya fuera ansioso o evitativo, se asoció a menos satisfacción tanto a distancia como en pareja cercana, y explicó más la satisfacción y la idealización en las relaciones a distancia que en las cercanas (Lee y Pistole, 2012).
    • Compromiso que se vuelve peso. Lydon y colaboradores (1997) midieron el compromiso en estudiantes que comenzaban una relación a distancia y distinguieron entre un compromiso “moral” (sentirse obligado a seguir) y uno entusiasta (disfrutar de la relación). El compromiso moral predijo que la relación sobreviviera, y en quienes seguían en pareja apareció una “carga moral” ligada a insatisfacción, estrés y al inicio de una ruptura posterior. Seguir porque se debe, y no porque se quiere, cansa.

    Cómo mantener una relación a distancia: qué consejos tienen respaldo

    Los consejos con mejor respaldo apuntan a cinco cosas: un horizonte de futuro compartido, comunicación frecuente y abierta, confianza explícita, momentos para disfrutar al otro y un plan para el reencuentro. Ningún estudio prueba que un consejo “cause” el éxito de la pareja, porque casi todos son observacionales; lo que sigue son asociaciones.

    ConsejoQué dice la investigación
    Acordar un horizonte, aunque sea aproximadoStanley y colaboradores (2010) distinguen la dedicación (querer estar juntos) de las restricciones (tener que seguir) y sitúan el compromiso en un “nosotros con futuro”. Lectura clínica de esto: con un plan de reunión la distancia es una etapa, y sin él corre el riesgo de ser inercia (Stanley et al., 2006)
    Hablar con frecuencia, y sobre todo escribirHoltzman y colaboradores (2021), con 647 adultos jóvenes, vieron que quienes estaban a distancia llamaban y escribían más, y que los mensajes frecuentes y receptivos se asociaban a más satisfacción solo en las relaciones a distancia. La frecuencia de videollamadas no se asoció a la satisfacción en ninguno de los dos grupos
    Ser abierto y positivoKörün y Satıcı (2026), en personas con al menos seis meses a distancia, encontraron que las conductas de mantenimiento (en particular la apertura y la positividad) se asociaban a mayor confianza en la pareja y, a través de ella, a mayor calidad de relación
    Recordar lo bueno de la parejaEn un experimento con 533 personas a distancia, Borelli y colaboradores (2015) vieron que recordar en detalle una experiencia positiva compartida (el “saboreo relacional”) dio más emoción positiva y más satisfacción tras una tarea estresante, en quienes ya estaban medianamente satisfechos. El beneficio fue de corto plazo
    No dejar pasar demasiado tiempo sin verseEn Stafford y Merolla (2007), las ausencias largas entre visitas predijeron más inestabilidad al reencontrarse. Es un hallazgo asociativo, pero sugiere planificar visitas con cierta regularidad

    Dos aclaraciones sobre esa tabla. La primera: el dato de que escribir sea más importante que videollamar viene de un estudio de adultos jóvenes en Norteamérica y no se ha replicado en otras poblaciones, así que vale como idea para probar y no como regla. La segunda: ninguna de estas conductas reemplaza a la otra mitad del trabajo, que es lo que cada uno hace con su propia vida en el lugar donde está.

    Relación a distancia: consejos para la confianza y los celos

    Los celos son una de las dificultades más repetidas y se manejan mejor hablándolos que vigilando. Billedo y colaboradores (2015) vieron más vigilancia y más celos en redes sociales entre quienes estaban a distancia, algo que encaja con una situación en que cada uno pasa mucho tiempo en entornos sociales que el otro no ve.

    Quien busca relación a distancia consejos suele encontrar listas genéricas. Las fuentes clínicas que revisé (manuales de relaciones de pareja y de terapia de pareja) coinciden en tres ideas:

    1. Reducir la incertidumbre con conversaciones explícitas. Hablar de qué significa la relación, qué se espera de cada uno y qué los inquieta suele bajar la sospecha. La ambigüedad, en cambio, deja espacio a la imaginación.
    2. Evitar el control como solución. Christensen, Doss y Jacobson (2014) advierten contra pedir ubicaciones, revisar llamadas o interrogar. Calma la ansiedad un rato, pero le quita a la pareja la oportunidad de construir confianza y suele terminar en distanciamiento.
    3. Distinguir un celo ocasional de una sospecha constante. Si cada llamada perdida se vive como una amenaza, vale la pena mirar el estilo de apego propio. Cómo superar el apego ansioso y celos normales o celotipia pueden servirte de punto de partida.

    Intimidad y deseo a distancia

    La investigación sobre sexualidad en parejas a distancia es escasa, y lo que sigue viene de fuentes clínicas y no de estudios con cifras. Lo señalo para que no se lea como un hallazgo.

    Perel (2006), en su libro de divulgación clínica, sostiene que el deseo necesita cierto espacio y misterio, y que la distancia puede abrirlo con la anticipación. Nagoski (2024) señala que el deseo de muchas personas es responsivo (aparece después de que la situación es cómoda y placentera, no de la nada) y que el estrés es uno de sus frenos principales. Aplicado a la distancia, esto sugiere cuidar los momentos de contacto afectivo y erótico en pareja sin convertirlos en una obligación, y conversar sobre lo que cada uno necesita para sentirse cerca. Para el día en que convivan, conviene tener presente que el deseo responsivo se alimenta de descanso y de reparto justo de las tareas. Sobre ese cambio hay más en por qué cae el deseo en las relaciones largas.

    Qué conversar antes de que termine la distancia

    Antes de mudarse o de volver a vivir en la misma ciudad, conviene hablar de qué se espera de la convivencia y decidirlo, no deslizarse. Stanley, Rhoades y Markman (2006) llamaron “deslizarse” a pasar de una etapa a la siguiente por inercia, sin una decisión clara, y “decidir” a hacerlo de forma deliberada. Ayuda convertir eso en preguntas:

    1. ¿Qué significa para cada uno el paso de vivir en la misma ciudad (un ensayo, un proyecto de largo plazo, una comodidad)?
    2. ¿Quién se mueve, por qué, y qué pierde en el cambio (trabajo, red de apoyo, estudios)?
    3. ¿Qué cosas de la rutina del otro aún no hemos visto y podrían incomodarnos? (horarios, orden, plata, tiempo a solas)
    4. ¿Cómo repartiremos las tareas y cómo discutiremos cuando estemos cansados?
    5. ¿Cuánto espacio personal necesita cada uno, y cómo lo cuidamos?
    6. ¿Qué haremos si en dos o tres meses algo no funciona como esperábamos?

    También ayuda llegar al reencuentro con expectativas realistas. Si durante meses la relación fue de fines de semana intensos, es normal que la vida diaria se sienta distinta; esa diferencia no dice por sí sola que algo esté mal. Stafford y Merolla (2007) muestran que el riesgo está en la idealización extrema, de modo que mirar con calma qué cosas de la pareja real todavía no se conocen es una forma de prevenirlo.

    ¿Cuándo una relación a distancia no funciona? Señales para reevaluarla

    Vale la pena reevaluarla cuando la distancia no tiene horizonte, cuando uno sostiene el vínculo casi solo y cuando se usa para evitar conversaciones difíciles. Estas señales salen de los modelos de compromiso y de terapia de pareja de los libros de referencia que revisé, y ningún estudio las ha puesto a prueba como criterio.

    • No hay plan ni fecha, y nadie quiere hablarlo. Es la inercia de Stanley y colaboradores (2006, 2010): la relación sigue porque cuesta cortar, no porque exista un proyecto compartido.
    • Uno pone casi todo el esfuerzo. Cuando la dedicación es muy asimétrica, la relación queda a merced de quien menos la necesita.
    • Seguir se siente como una obligación. El “compromiso moral” de Lydon y colaboradores (1997), sin entusiasmo, se asoció a estrés y a un inicio de ruptura posterior.
    • La distancia evita lo difícil. Christensen, Doss y Jacobson (2014) describen el distanciamiento como una forma de eludir conflictos de fondo, y eso puede ocurrir también a miles de kilómetros.
    • Los reencuentros dejan peor que antes, y no se puede hablar de eso. Si cada visita termina en pelea o en frialdad, es información que merece una conversación.

    Si ya estás en ese punto, puede ayudarte leer cómo saber si tu relación de pareja es sana, las preguntas para decidir entre separarse o seguir intentando o, si ya terminó, cómo superar una ruptura amorosa.

    ¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?

    Conviene consultar cuando la distancia genera angustia que no baja, cuando los celos o la vigilancia dominan el día, o cuando la pareja no consigue hablar de su futuro sin pelear. Una terapia no decide por la pareja; ordena la conversación y ayuda a mirar qué le pasa a cada uno.

    Si quieres conversarlo en una consulta individual o de pareja, puedes agendar una sesión.

    Qué no sabemos todavía

    Hay buena cantidad de estudios, pero con límites que conviene tener presentes antes de sacar conclusiones para tu caso.

    • No encontré estudios con población chilena. La mayoría de las muestras son estadounidenses, canadienses o europeas, con una fuerte presencia de estudiantes universitarios y adultos jóvenes. La evidencia sobre parejas mayores, con hijos o con la distancia impuesta por la migración o el trabajo es mucho menor. Hay un dato aislado en adultos de 50 a 65 años de Estados Unidos: quienes tenían pareja pero vivían en casas separadas reportaron peor calidad de relación que los casados (Brown et al., 2022). No es lo mismo que vivir en ciudades distintas, pero avisa que lo favorable en adultos jóvenes no se puede dar por hecho a otras edades.
    • Casi todos los estudios son observacionales o de encuesta. Muestran asociaciones, y no prueban que un hábito (por ejemplo, escribir más) cause una mejor relación.
    • Por el efecto de selección, los resultados de quienes siguen a distancia describen a parejas que ya se sostuvieron, no a las que se rompieron antes de ser estudiadas.
    • No hay, en lo que revisé, una revisión sistemática o un metaanálisis que sintetice todo esto. Las cifras vienen de estudios individuales con tamaños de muestra distintos.
    • Sobre intimidad sexual a distancia casi no hay datos publicados con cifras.

    Preguntas frecuentes

    ¿Las relaciones a distancia funcionan?

    Pueden funcionar. Los estudios que comparan parejas a distancia con parejas cercanas encuentran una calidad de relación, un compromiso y una estabilidad parecidos (Kelmer et al., 2013; Dargie et al., 2015). El punto más frágil suele ser el final de la distancia, cuando la pareja vuelve a vivir en la misma ciudad (Stafford y Merolla, 2007).

    ¿Cuánto dura una relación a distancia?

    En lo que revisé no aparece una duración típica: depende del motivo, del tiempo de separación y de si hay un plan de reunión. Lo que sí se observa es que la distancia sin horizonte tiende a convertirse en inercia (Stanley et al., 2006) y que las ausencias largas entre visitas predicen inestabilidad al reencontrarse (Stafford y Merolla, 2007).

    ¿Cómo saber si una relación a distancia está funcionando?

    Algunas señales son que ambos mantienen un contacto que disfrutan, que hay confianza y no vigilancia, que hablan de un futuro con plan y que los reencuentros dejan cercanía y no tensión. Cuando uno sostiene la relación casi solo, cuando seguir se siente como obligación o cuando se evita hablar del futuro, conviene reevaluar.

    ¿Cómo manejar los celos y la desconfianza a distancia?

    Hablar de lo que cada uno espera y necesita reduce la incertidumbre que alimenta la sospecha. Vigilar (pedir ubicaciones, revisar llamadas) calma poco tiempo y desgasta la confianza (Christensen, Doss y Jacobson, 2014). Las personas a distancia reportan más vigilancia y celos en redes sociales (Billedo et al., 2015), así que acordar cómo usarlas ayuda.

    ¿Qué conviene hacer antes de volver a vivir en la misma ciudad?

    Decidir en vez de deslizarse: hablar de qué significa el paso, quién se mueve y qué pierde, cómo repartirán las tareas y cuánto espacio personal necesita cada uno. También conviene prepararse para que la persona real, con su rutina y sus manías, se parezca menos a la imagen construida durante la distancia (Stafford y Merolla, 2007).

    ¿Es mejor escribir o hacer videollamadas?

    En el estudio de Holtzman y colaboradores (2021), con adultos jóvenes, los mensajes frecuentes y receptivos se asociaron a mayor satisfacción solo en las relaciones a distancia, y la frecuencia de videollamadas no se asoció a la satisfacción en ninguno de los grupos. Es un solo estudio y no prueba causa, así que conviene combinar los formatos según lo que a cada pareja le resulte natural.

    Un último punto

    Una relación a distancia puede salir bien o mal, como cualquier otra, y la evidencia ayuda a inclinar la balanza. Lo que mejor sostiene es que, mientras dure la separación, las parejas que se comunican con intención, confían y comparten un horizonte tienden a estar tan bien como las que viven cerca, y que el momento de más cuidado llega cuando la distancia se acaba. Hablar de ese final antes de que ocurra, con preguntas concretas, es probablemente lo más útil que puedes hacer hoy.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

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    • Billedo, C. J., Kerkhof, P., & Finkenauer, C. (2015). The use of social networking sites for relationship maintenance in long-distance and geographically close romantic relationships. Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, 18(3), 152-157. https://doi.org/10.1089/cyber.2014.0469
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    • Christensen, A., Doss, B. D., & Jacobson, N. S. (2014). Reconcilable differences (2.ª ed.). Guilford Press.
    • Dargie, E., Blair, K. L., Goldfinger, C., & Pukall, C. F. (2015). Go long! Predictors of positive relationship outcomes in long-distance dating relationships. Journal of Sex & Marital Therapy, 41(2), 181-202. https://doi.org/10.1080/0092623x.2013.864367
    • Holtzman, S., Kushlev, K., Wozny, A., & Godard, R. (2021). Long-distance texting: Text messaging is linked with higher relationship satisfaction in long-distance relationships. Journal of Social and Personal Relationships, 38(12), 3543-3565. https://doi.org/10.1177/02654075211043296
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    • Stanley, S. M., Rhoades, G. K., & Whitton, S. W. (2010). Commitment: Functions, formation, and the securing of romantic attachment. Journal of Family Theory & Review, 2(4), 243-257. https://doi.org/10.1111/j.1756-2589.2010.00060.x
    • Waterman, E. A., Wesche, R., Leavitt, C. E., Jones, D. E., & Lefkowitz, E. S. (2017). Long-distance dating relationships, relationship dissolution, and college adjustment. Emerging Adulthood, 5(4), 268-279. https://doi.org/10.1177/2167696817704118

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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