Etiqueta: cómo ser feliz

  • Cómo Ser Feliz: Qué Dice la Evidencia (y Qué No Funciona)

    Cómo Ser Feliz: Qué Dice la Evidencia (y Qué No Funciona)

    Si escribiste «cómo ser feliz» en Google, lo más probable es que no estés buscando una definición. Estás buscando qué hacer para ser feliz en la vida. Y la respuesta que te van a dar casi todas las páginas es una lista de once o veinte consejos que suenan bien y no dicen cuánto sirve cada uno ni de dónde salió el dato. Esta guía toma el camino contrario: revisa lo que la investigación en bienestar ha medido de verdad (metaanálisis con cientos de ensayos y decenas de miles de personas), separa lo que funciona de lo que solo suena bien, y te dice con números cuánto puedes esperar de cada práctica. También dedica un apartado a cómo ser feliz solo, que es una de las formas más frecuentes de esta pregunta, y otro a una cosa que las listas de consejos omiten: cuándo la infelicidad ya no es un asunto de hábitos.

    Respuesta corta: sí se puede aprender a ser más feliz, pero con un techo. En más de 600 ensayos aleatorizados, las prácticas con mejor respaldo (cuidar las relaciones, moverse, hacer algo por otros, aprender a saborear lo bueno, mindfulness) producen mejoras pequeñas o moderadas, no transformaciones. Lo que no funciona es perseguir la felicidad como meta, esperar que el dinero o un logro la traigan, y confundir tristeza persistente con «falta de actitud». Si llevas más de dos semanas sin interés ni ganas de nada, eso tiene nombre y tratamiento.

    ¿Qué es la felicidad para la psicología?

    La psicología no habla de «felicidad» como un estado permanente de alegría. Habla de bienestar, y lo divide en dos tradiciones. La hedónica mide cuánto disfrutas y qué tan satisfecho estás con tu vida. La eudaimónica mide si tu vida funciona: si tienes propósito, vínculos, autonomía y sensación de crecer. Las dos importan y no siempre van juntas.

    Según la revisión que abre la adaptación española de las escalas de Ryff (Díaz et al., 2006), la tradición hedónica define el bienestar de dos maneras: como satisfacción con la vida, que es un juicio global y a largo plazo sobre cómo te está yendo, y como felicidad en sentido estricto, que es el balance entre las emociones positivas y negativas de la experiencia inmediata. Son marcos de tiempo distintos. Puedes estar pasando una semana pésima y aun así evaluar tu vida como buena, y al revés.

    La tradición eudaimónica viene de otro lado. En un trabajo fundacional sobre el significado del bienestar, Ryff (1989) propuso que el bienestar psicológico tiene seis dimensiones: autoaceptación, relaciones positivas con otros, autonomía, dominio del entorno, propósito en la vida y crecimiento personal. Fíjate en que ninguna de las seis es «sentirse alegre». Es un modelo de cómo funciona una vida, no de cómo se siente un martes.

    ¿Por qué importa esta distinción para alguien que solo quiere sentirse mejor? Porque las dos cosas se miden aparte y predicen cosas distintas. Un metaanálisis de 99 estudios longitudinales encontró que el bienestar psicológico predijo menor mortalidad por cualquier causa incluso después de descontar el malestar (Genecov y Yeager, 2026). No tener depresión no es lo mismo que estar bien, y estar bien aporta algo propio.

    Si quieres ver cómo se mide cada dimensión, el sitio tiene una guía de la escala de bienestar psicológico de Ryff y otra sobre cómo se evalúa el bienestar; el marco más amplio, el de calidad de vida, incluye además salud física, entorno y recursos. No hace falta puntuarse para seguir leyendo.

    ¿Se puede aprender a ser feliz? Lo que muestran 600 ensayos

    Sí, y la respuesta tiene cifras. Un metaanálisis de 419 ensayos aleatorizados con 53.288 participantes revisó todas las intervenciones psicológicas diseñadas para mejorar el bienestar, en población clínica y no clínica (van Agteren et al., 2021). Las que más rindieron fueron las basadas en mindfulness y las de psicología positiva con varios componentes. También funcionaron las de un solo componente, las de terapia cognitivo conductual, las de aceptación y compromiso y las de reminiscencia. Los efectos fueron moderados en el mejor de los casos, y dependieron sobre todo de la intensidad: más sesiones, más efecto.

    Un segundo trabajo afina el cuadro para gente sin diagnóstico, que es probablemente tu caso. Un metaanálisis en red de 183 ensayos (22.811 adultos) comparó entre sí mindfulness, compasión, ACT, psicología positiva, ejercicio, yoga, programas educativos y programas en la naturaleza (Wilkie et al., 2026). Casi todo mejoró el bienestar frente a no hacer nada. La combinación que más rindió fue ejercicio más una intervención psicológica (diferencia de medias estandarizada de 0,73). Mindfulness, compasión, psicología positiva, yoga y ejercicio por separado dieron efectos moderados y parecidos entre sí (0,41 a 0,49), sin que ninguno fuera claramente mejor que otro. Los programas basados solo en naturaleza no se diferenciaron de los controles.

    Para que los números signifiquen algo: un efecto de 0,4 quiere decir que una persona promedio que hace la práctica termina por encima de aproximadamente el 65 % de las que no la hicieron. Es real y se nota, aunque no «cambió mi vida».

    Hay una tercera pieza que conviene tener a la vista antes de entusiasmarse. Cuando se mide con las escalas de Ryff, 27 ensayos con 3.579 participantes mostraron un efecto moderado al terminar la intervención (d = 0,44) que bajó a pequeño (d = 0,22) entre dos y diez meses después (Weiss et al., 2016). El bienestar sube, y después tiende a volver hacia donde estaba si la práctica se abandona. Una revisión de 63 estudios y 11 metaanálisis llega a lo mismo: efectos consistentes (d entre 0,29 y 0,47), base más sólida para gratitud, fortalezas y mindfulness, y muy pocos datos de qué pasa a largo plazo (Akhter et al., 2026).

    Consejos para ser más feliz que sí funcionan, con su tamaño de efecto real

    Aquí está lo que las listas de consejos no traen: cuánto rinde cada práctica según los estudios que la midieron, y qué tan seguro es el dato. La tabla resume; abajo va el detalle.

    PrácticaQué mostró la evidenciaTamaño del efectoQué tan sólido es
    Cuidar las relaciones50 % más probabilidad de supervivencia con vínculos fuertes (148 estudios)Comparable a factores de riesgo médicos clásicosMuy sólido, pero es asociación
    MoverseMás bienestar subjetivo en personas sanas de cualquier edad (experimentos y correlaciones)d = 0,36 (pequeño)Sólido
    Ejercicio + práctica psicológicaEl combo con mayor efecto entre 183 ensayos0,73 (moderado-grande)Moderado (intervalo amplio: 0,27 a 1,20)
    Actos de amabilidadSube el bienestar de quien los hace (27 estudios)0,28 (pequeño-mediano)Sólido, sin sesgo de publicación
    Saborear lo buenoMás emociones positivas y menos síntomas negativos (20 ensayos)g = 0,51 (moderado)Sólido
    GratitudMejor que no hacer nada; igual que cualquier otra actividadd = 0,17 a 0,31 (pequeño)Sólido, y modesto
    MindfulnessEfecto moderado y consistente en población general0,41 a 0,49Sólido
    Naturaleza (120 min/semana)Asociación con buena salud y bienestarOR 1,23Transversal; en ensayos no se diferencia del control

    Las relaciones pesan más que cualquier técnica

    Ninguna práctica individual se acerca al peso que tienen los vínculos. Un metaanálisis de 148 estudios con 308.849 personas encontró que quienes tenían relaciones sociales más fuertes tuvieron un 50 % más de probabilidad de seguir vivos al final del seguimiento, un efecto del mismo orden que factores de riesgo médicos clásicos (Holt-Lunstad et al., 2010). El detalle que importa: la asociación fue mucho más fuerte para medidas complejas de integración social (cuántos vínculos tienes, cuánto participas, con quién cuentas) que para el simple hecho de vivir solo o acompañado. Vivir solo casi no predijo nada. Tener con quién contar, sí.

    Esto cambia el orden de prioridades. Si tienes tiempo y energía para una sola cosa, no es un diario de gratitud. Es llamar a alguien.

    Moverse, sobre todo si lo combinas con algo más

    La actividad física tiene un efecto pequeño pero muy consistente sobre el bienestar en personas sanas. Un metaanálisis en población sana de todas las edades lo cifró en d = 0,36, presente tanto en experimentos como en estudios correlacionales, sin importar el nivel de forma física previo ni el tipo de actividad (Buecker et al., 2021). Un matiz útil: el ejercicio se relacionó más con sentir emociones positivas que con evaluar mejor la propia vida, y no redujo el afecto negativo. Mueve el ánimo del día, no necesariamente el juicio sobre tu vida.

    Y como viste arriba, cuando el ejercicio se combina con una intervención psicológica (mindfulness, psicología positiva, un programa estructurado) es la opción con mayor efecto de todas las comparadas (Wilkie et al., 2026). La OMS recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada para adultos; para el ánimo, lo que más cuenta es la regularidad, no la intensidad.

    Hacer algo por otros

    «Ayuda a los demás y serás más feliz» suena a frase de calendario, pero es de las pocas que se sostienen. Un metaanálisis de 27 estudios experimentales sobre actos de amabilidad deliberados encontró un efecto pequeño a mediano sobre el bienestar de quien los hace (δ = 0,28), igual en hombres y mujeres, jóvenes y mayores, y sin señales de sesgo de publicación (Curry et al., 2018). Una revisión más reciente de 30 estudios amplió el foco a salud: las intervenciones prosociales (actos de amabilidad, regalos, «pagar por adelantado») se asociaron a mejoras en depresión, actividad física y biomarcadores, tanto para quien da como para quien recibe, y funcionaron mejor donde había conexión comunitaria (Byrne et al., 2023).

    Lo concreto: no hace falta voluntariado formal. Los estudios usaron cosas del tamaño de pagar un café, ayudar con una tarea, escribir un mensaje a alguien que lo está pasando mal.

    Saborear lo bueno (y por qué rinde más que la gratitud)

    Saborear es detenerse a notar algo bueno mientras ocurre, alargarlo y guardarlo: la primera taza de la mañana, una conversación que salió bien, la sensación de terminar algo. Suena menor y es la práctica breve con mejor efecto de esta lista. Un metaanálisis de 20 ensayos aleatorizados con 4.805 participantes encontró un efecto moderado (g = 0,51), tanto sobre los estados positivos (0,50) como sobre los síntomas emocionales negativos (0,61), sin diferencias por formato ni por cultura y sin señales de sesgo de publicación (Chen et al., 2026).

    La gratitud, que aparece primera en casi todas las listas, rinde bastante menos cuando se mide con rigor. Un metaanálisis de intervenciones de gratitud encontró que superan a no hacer nada (d = 0,31 en bienestar) y a una actividad cualquiera (d = 0,17), pero no reducen la ansiedad y, comparadas con otra actividad psicológica igual de estructurada, no son mejores (d = -0,03) (Davis et al., 2016). Escribir tres cosas buenas al día no hace daño y algo ayuda. Solo no esperes de ahí el «25 % más de felicidad» que circula por internet: ese número no sale de este metaanálisis ni de ninguno que hayamos encontrado.

    Naturaleza: útil, con una letra chica

    En una encuesta representativa de 19.806 personas en Inglaterra, quienes habían pasado al menos 120 minutos en entornos naturales durante la última semana tuvieron más probabilidad de reportar buena salud y alto bienestar que quienes no habían tenido ningún contacto; el efecto tocó techo entre los 200 y 300 minutos y dio igual repartirlos en una salida larga o en varias cortas (White et al., 2019). Es un dato transversal: muestra asociación, no causa. Y en los ensayos aleatorizados del metaanálisis en red, los programas basados solo en naturaleza no se diferenciaron de los controles (Wilkie et al., 2026). Una lectura razonable: salir al parque suma, sobre todo si lo combinas con caminar o con ver a alguien, pero no es un tratamiento por sí mismo.

    Lo que no funciona (o no como crees)

    Perseguir la felicidad como meta

    Este es el hallazgo más contraintuitivo de todo el campo. Cuanto más valoras la felicidad como objetivo explícito, menos la sientes. En dos estudios experimentales, las mujeres que más valoraban la felicidad reportaron menos felicidad cuando su vida iba bien (no cuando iba mal), y cuando se las indujo a valorarla reaccionaron con menos alegría a una situación alegre, porque quedaban decepcionadas con lo que sentían (Mauss et al., 2011). El mecanismo es simple: si esperas sentirte muy bien, lo que sientes casi siempre queda corto.

    El mismo grupo llevó la idea a la clínica. En dos muestras estadounidenses, valorar mucho la felicidad se asoció a más síntomas depresivos en personas con depresión mayor remitida, y estaba más elevado en ellas que en controles sanos, incluso descontando el ánimo actual y el neuroticismo (Ford et al., 2014). Los autores lo plantean como factor de riesgo, no como causa probada; los estudios son transversales y en su mayoría con mujeres. Pero la lógica es la misma de cualquier exigencia rígida: «tengo que ser feliz» es una vara con la que uno se mide y casi siempre se queda corto.

    Lo que sí funciona es lo contrario: tratar el bienestar como efecto secundario de una vida con vínculos, movimiento y cosas que valen la pena, y no como un marcador que hay que subir.

    Esperar que el dinero la traiga (o descartarlo del todo)

    Durante años circuló la idea de que la felicidad deja de subir a partir de cierto ingreso. La versión actualizada es más interesante. En una colaboración adversarial entre los dos autores que habían publicado resultados contradictorios, reanalizaron los datos de muestreo de experiencias y encontraron que la felicidad experimentada sube de forma sostenida con el ingreso en la mayoría de las personas, y que la meseta existe solo en el grupo menos feliz (Killingsworth et al., 2023). En quienes ya están bien, más ingreso sigue sumando; en quienes lo pasan mal por otras razones, el dinero deja de ayudar a partir de cierto punto.

    La traducción práctica es que el dinero no arregla la infelicidad que viene de otro lado, no «gana más», y que hay problemas (soledad, un duelo, una relación que se rompió, una depresión) que ningún aumento de sueldo toca.

    «Cuando pase X, voy a ser feliz»

    Casarse, cambiar de trabajo, tener un hijo, jubilarse. Un metaanálisis longitudinal de 188 publicaciones (313 muestras, 65.911 personas) siguió el bienestar antes y después de ocho eventos vitales y encontró que su efecto no depende de si el evento se considera deseable, que afecta más al juicio sobre la vida que a las emociones del día a día, y que la velocidad de adaptación cambia mucho según el evento (Luhmann et al., 2012). Nos acostumbramos a lo bueno y a lo malo, aunque no a todo por igual ni al mismo ritmo. Poner la felicidad en un evento futuro es una apuesta que el propio funcionamiento de la mente tiende a desmentir.

    Cómo ser feliz solo

    Mucha gente llega a esta página desde «cómo ser feliz solo», y conviene separar dos cosas que se confunden: estar solo y sentirse solo. La evidencia trata de manera muy distinta a cada una.

    Un metaanálisis sobre soledad, aislamiento y mortalidad encontró que el aislamiento objetivo (poco contacto), la soledad percibida (sentir que faltan vínculos) y vivir solo aumentaron el riesgo de muerte en proporciones parecidas (26 % a 32 %), sin diferencias entre las medidas objetivas y las subjetivas, y con más peso en personas menores de 65 años (Holt-Lunstad et al., 2015). Vuelve al dato del apartado de relaciones: vivir solo, por sí mismo, casi no predijo nada cuando se lo midió junto a la calidad de los vínculos (Holt-Lunstad et al., 2010). Lo que daña es no tener con quién contar, no la cantidad de gente en tu casa.

    ¿Y qué reduce la soledad? Menos de lo que parece las estrategias obvias. Un metaanálisis de intervenciones para reducir la soledad comparó cuatro enfoques: entrenar habilidades sociales, aumentar el apoyo, crear más oportunidades de contacto y trabajar la cognición social desadaptativa, es decir, la manera de leer a los demás (Masi et al., 2011). En los estudios aleatorizados, la más eficaz fue la última. Sumar actividades grupales a alguien que interpreta cada silencio como rechazo no alcanza; lo que cambia la soledad es cambiar esa lectura. Es exactamente lo que trabaja la terapia cognitivo conductual, y el motivo por el que a veces «salir más» no funciona.

    Con eso en mente, ser feliz estando solo se parece a esto: mantener dos o tres vínculos donde puedas hablar de verdad (no hacen falta muchos), sostener rutinas que dependan de ti (movimiento, algo que te importe, salir de casa), y revisar con honestidad la voz que te dice que los demás no quieren saber de ti. Si esa voz es muy fuerte, es tema de terapia, no de fuerza de voluntad. En el sitio hay guías sobre cómo manejar el estrés y sobre mindfulness para empezar desde cero que son un buen punto de partida.

    Cuando no es un tema de hábitos: depresión y ansiedad

    Hay una línea que ninguna lista de consejos traza, y es la más importante de este artículo. Sentirse infeliz por temporadas es parte de estar vivo. Pasar más de dos semanas sin interés por nada, con el ánimo bajo casi todo el día, durmiendo mal o de más, con culpa o sensación de vacío, y notando que las cosas que antes te gustaban ya no te mueven, no es «falta de actitud». La OMS describe la depresión justamente así: ánimo deprimido o pérdida de interés durante al menos dos semanas, con impacto en el funcionamiento. Es un trastorno frecuente y tratable, y ningún diario de gratitud lo reemplaza.

    Las señales de que conviene consultar en vez de seguir probando hábitos:

    • Llevas más de dos semanas así, la mayor parte de los días.
    • Te cuesta hacer lo básico (trabajar, estudiar, cuidar de ti o de otros).
    • Has dejado de ver gente, no porque prefieras estar solo sino porque no puedes.
    • Te despiertas de madrugada con angustia, o duermes mucho más de lo habitual.
    • Han aparecido pensamientos de que sería mejor no estar.

    Si te reconoces en varias, el sitio tiene tests de autoevaluación de depresión y ansiedad validados (PHQ-9 y GAD-7) que orientan en cinco minutos, y una guía completa sobre la depresión y sobre cómo salir de ella. Un puntaje alto no diagnostica, pero sí es razón suficiente para pedir hora.

    Si el último punto de la lista está presente, no esperes al test: en Chile, Salud Responde atiende en el 600 360 7777, y la línea *4141 del MINSAL es gratuita desde celulares y funciona las 24 horas. Ante riesgo inminente, llama al 131 o acude a la urgencia más cercana.

    Un plan de dos semanas con hábitos para ser más feliz

    La evidencia de arriba se puede ordenar en algo concreto. No es un programa validado; es una forma de aplicar lo que sí tiene respaldo, con la dosis que usaron los estudios.

    1. Una conversación real a la semana. Llamada o café con alguien con quien puedas hablar de verdad. Es la práctica de mayor peso y la que más se posterga.
    2. Moverte cuatro días, aunque sean 20 minutos. Caminar cuenta. Si puedes hacerlo al aire libre, sumas el contacto con naturaleza de paso.
    3. Un acto de amabilidad deliberado, tres veces por semana. Pequeño y concreto. Los estudios no exigieron más.
    4. Saborear una cosa al día. Elige un momento bueno, quédate en él treinta segundos más de lo habitual, y esa noche recuérdalo.
    5. Dejar de medirte. Las dos semanas no son para preguntarte cada noche si ya eres más feliz. Ese chequeo es, según los datos, lo que más estorba.

    Al terminar, la pregunta útil deja de ser «¿soy feliz?» y pasa a ser «¿mi vida funciona un poco mejor que hace dos semanas?». Si la respuesta es sí, sigue. Si es no, o si en el camino aparecieron las señales del apartado anterior, ahí empieza el trabajo con un profesional.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la felicidad según la psicología?

    La psicología la estudia como bienestar, en dos tradiciones: la hedónica (satisfacción con la vida y balance entre emociones positivas y negativas) y la eudaimónica (que la vida funcione: propósito, vínculos, autonomía, crecimiento). Ryff (1989) describió seis dimensiones del bienestar psicológico, y ninguna es «sentirse alegre todo el tiempo».

    ¿Se puede aprender a ser feliz?

    Sí, con límites. Más de 600 ensayos aleatorizados muestran que prácticas como mindfulness, ejercicio, actos de amabilidad y saborear producen mejoras pequeñas o moderadas en el bienestar. El efecto se atenúa con el tiempo si se abandona la práctica, y ninguna técnica pesa tanto como tener buenas relaciones.

    ¿Por qué no puedo ser feliz aunque lo intento?

    Tres explicaciones frecuentes con respaldo: perseguir la felicidad como meta la aleja (la expectativa deja corto lo que sientes), la adaptación hace que los logros dejen de notarse, y a veces la infelicidad persistente es depresión o ansiedad, que no se resuelven con hábitos. Si llevas más de dos semanas sin interés por nada, consulta.

    ¿Cómo ser feliz solo?

    Distingue estar solo de sentirte solo. Lo que daña es no tener con quién contar, no vivir sin compañía. Mantén dos o tres vínculos donde hables de verdad, rutinas que dependan de ti (movimiento, salir de casa, algo que te importe) y revisa la idea de que los demás no quieren saber de ti: cambiar esa lectura es lo que más reduce la soledad.

    ¿El dinero da la felicidad?

    En parte. Un reanálisis de 2023 mostró que la felicidad del día a día sube con el ingreso en la mayoría de las personas, y que solo deja de subir en el grupo menos feliz. El dinero no compensa la infelicidad que viene de otro lado (soledad, duelo, depresión), pero tampoco es cierto que deje de importar a partir de cierto sueldo.

    ¿Cuánto de la felicidad es genética?

    No damos una cifra: las proporciones que circulan (como el famoso «50 % genes, 10 % circunstancias, 40 % actividad») están cuestionadas y no se sostienen en un metaanálisis que hayamos podido verificar. Lo que sí está medido, en más de 600 ensayos, es que la parte modificable existe y responde a lo que haces.

    ¿Sirve escribir un diario de gratitud?

    Algo, y menos de lo que se dice. Un metaanálisis encontró que las intervenciones de gratitud superan a no hacer nada (efecto pequeño), pero no son mejores que cualquier otra actividad psicológica estructurada ni reducen la ansiedad. Si te gusta, hazlo. Si buscas la práctica breve con más efecto, saborear lo bueno rinde más en los ensayos.

    ¿Cuándo debo consultar a un psicólogo en vez de seguir probando?

    Cuando el malestar lleva más de dos semanas casi todos los días, te cuesta hacer lo básico, dejaste de ver gente porque no puedes, duermes muy mal o de más, o aparecen pensamientos de no querer estar. Un test como el PHQ-9 orienta en cinco minutos; un puntaje alto es razón suficiente para pedir hora.

    Para terminar

    La pregunta «cómo ser feliz» tiene una respuesta más modesta y más útil que la de las listas: cuida a la gente que te importa, mueve el cuerpo, haz algo por alguien, fíjate en lo bueno mientras pasa, y deja de vigilar si ya lo lograste. Cada una de esas cosas tiene un efecto medido, pequeño o moderado, que se suma. Y si lo que sientes no se mueve con nada de esto, no es que lo estés haciendo mal: puede ser depresión o ansiedad, y eso se trata. Si quieres revisar tu caso con alguien, puedes agendar una consulta online; el primer objetivo será distinguir qué parte es de hábitos y qué parte no.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Akhter, S., Kumar, T., & Shaheen, M. (2026). Mapping the evidence base of positive psychology interventions: Effectiveness, limitations, and future directions. Frontiers in Psychology, 17, 1812638. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2026.1812638
    • Buecker, S., Simacek, T., Ingwersen, B., Terwiel, S., & Simonsmeier, B. A. (2021). Physical activity and subjective well-being in healthy individuals: A meta-analytic review. Health Psychology Review, 15(4), 574-592. https://doi.org/10.1080/17437199.2020.1760728
    • Byrne, M., Tan, R. K. J., Wu, D., Marley, G., Hlatshwako, T. G., Tao, Y., Bissram, J., Nachman, S., Tang, W., Ramaswamy, R., & Tucker, J. D. (2023). Prosocial interventions and health outcomes: A systematic review and meta-analysis. JAMA Network Open, 6(12), e2346789. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2023.46789
    • Chen, P. H., Tung, H. H., Wu, Y. C., & Sie, J. (2026). Effectiveness of savoring interventions: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Applied Psychology: Health and Well-Being, 18(2), e70134. https://doi.org/10.1111/aphw.70134
    • Curry, O. S., Rowland, L. A., Van Lissa, C. J., Zlotowitz, S., McAlaney, J., & Whitehouse, H. (2018). Happy to help? A systematic review and meta-analysis of the effects of performing acts of kindness on the well-being of the actor. Journal of Experimental Social Psychology, 76, 320-329. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2018.02.014
    • Davis, D. E., Choe, E., Meyers, J., Wade, N., Varjas, K., Gifford, A., Quinn, A., Hook, J. N., Van Tongeren, D. R., Griffin, B. J., & Worthington, E. L. (2016). Thankful for the little things: A meta-analysis of gratitude interventions. Journal of Counseling Psychology, 63(1), 20-31. https://doi.org/10.1037/cou0000107
    • Díaz, D., Rodríguez-Carvajal, R., Blanco, A., Moreno-Jiménez, B., Gallardo, I., Valle, C., & van Dierendonck, D. (2006). Adaptación española de las escalas de bienestar psicológico de Ryff. Psicothema, 18(3), 572-577. https://www.psicothema.com/pdf/3255.pdf
    • Ford, B. Q., Shallcross, A. J., Mauss, I. B., Floerke, V. A., & Gruber, J. (2014). Desperately seeking happiness: Valuing happiness is associated with symptoms and diagnosis of depression. Journal of Social and Clinical Psychology, 33(10), 890-905. https://doi.org/10.1521/jscp.2014.33.10.890
    • Genecov, M., & Yeager, D. S. (2026). A systematic review and meta-analysis finds that psychological well-being predicts all-cause mortality independently of psychological ill-being. BMC Public Health, 26, 1896. https://doi.org/10.1186/s12889-026-27188-5
    • Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., Baker, M., Harris, T., & Stephenson, D. (2015). Loneliness and social isolation as risk factors for mortality: A meta-analytic review. Perspectives on Psychological Science, 10(2), 227-237. https://doi.org/10.1177/1745691614568352
    • Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., & Layton, J. B. (2010). Social relationships and mortality risk: A meta-analytic review. PLoS Medicine, 7(7), e1000316. https://doi.org/10.1371/journal.pmed.1000316
    • Killingsworth, M. A., Kahneman, D., & Mellers, B. (2023). Income and emotional well-being: A conflict resolved. Proceedings of the National Academy of Sciences, 120(10), e2208661120. https://doi.org/10.1073/pnas.2208661120
    • Luhmann, M., Hofmann, W., Eid, M., & Lucas, R. E. (2012). Subjective well-being and adaptation to life events: A meta-analysis. Journal of Personality and Social Psychology, 102(3), 592-615. https://doi.org/10.1037/a0025948
    • Masi, C. M., Chen, H. Y., Hawkley, L. C., & Cacioppo, J. T. (2011). A meta-analysis of interventions to reduce loneliness. Personality and Social Psychology Review, 15(3), 219-266. https://doi.org/10.1177/1088868310377394
    • Mauss, I. B., Tamir, M., Anderson, C. L., & Savino, N. S. (2011). Can seeking happiness make people unhappy? Paradoxical effects of valuing happiness. Emotion, 11(4), 807-815. https://doi.org/10.1037/a0022010
    • Ryff, C. D. (1989). Happiness is everything, or is it? Explorations on the meaning of psychological well-being. Journal of Personality and Social Psychology, 57(6), 1069-1081. https://doi.org/10.1037/0022-3514.57.6.1069
    • van Agteren, J., Iasiello, M., Lo, L., Bartholomaeus, J., Kopsaftis, Z., Carey, M., & Kyrios, M. (2021). A systematic review and meta-analysis of psychological interventions to improve mental wellbeing. Nature Human Behaviour, 5(5), 631-652. https://doi.org/10.1038/s41562-021-01093-w
    • Weiss, L. A., Westerhof, G. J., & Bohlmeijer, E. T. (2016). Can we increase psychological well-being? The effects of interventions on psychological well-being: A meta-analysis of randomized controlled trials. PLoS ONE, 11(6), e0158092. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0158092
    • White, M. P., Alcock, I., Grellier, J., Wheeler, B. W., Hartig, T., Warber, S. L., Bone, A., Depledge, M. H., & Fleming, L. E. (2019). Spending at least 120 minutes a week in nature is associated with good health and wellbeing. Scientific Reports, 9, 7730. https://doi.org/10.1038/s41598-019-44097-3
    • Wilkie, L., Fisher, Z., Geidel, A., Goodall, I., Kamil, S., Davies, E., & Kemp, A. H. (2026). A systematic review and network meta-analysis of randomized controlled trials of well-being-focused interventions. Nature Human Behaviour, 10(4), 715-726. https://doi.org/10.1038/s41562-025-02369-1

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta