Saliste del control sano con una palabra nueva y una hoja de derivación: «retraso del desarrollo psicomotor». O todavía no te lo ha dicho nadie, pero notas que tu hijo no camina, no dice palabras o no hace lo que hacen otros niños de su edad, y llevas semanas buscando en Google si eso es normal. Las dos situaciones terminan en las mismas preguntas: qué significa exactamente, si es grave, por qué pasa y qué viene ahora.
Esta guía responde eso en el orden en que lo necesitas. Explica qué es el retraso del desarrollo psicomotor y en qué se diferencia de una simple variación del ritmo normal, cuáles son las señales de alerta por edad según la evidencia más reciente, cómo se evalúa en el sistema de salud chileno (con los cortes reales de la EEDP y el TEPSI), qué dicen los estudios de seguimiento sobre cómo evolucionan estos niños, y qué pasos concretos puedes dar esta semana. Va con citas porque en este tema abundan las opiniones y escasean los datos.
Respuesta corta
El retraso del desarrollo psicomotor es la adquisición más lenta de lo esperado de las habilidades motoras, de lenguaje, sociales o de coordinación en un niño menor de 5 años, medida contra una norma para su edad. No es un diagnóstico final: describe lo que se observa hoy. Cuando afecta dos o más áreas de forma significativa se llama retraso global del desarrollo. Con detección temprana y estimulación, una parte importante de estos niños alcanza un funcionamiento dentro del rango normal.
¿Qué es el retraso del desarrollo psicomotor?
El desarrollo psicomotor es la adquisición progresiva de habilidades funcionales a medida que el niño crece: sostener la cabeza, sentarse, caminar, tomar objetos, balbucear, hablar, sonreír a otros, jugar. La Norma Técnica del Ministerio de Salud de Chile lo evalúa en cuatro áreas hasta los 2 años (motora, lenguaje, social y coordinación) y en tres entre los 2 y los 5 (coordinación, lenguaje y motricidad) (MINSAL, 2021, Anexos 6 y 7).
Se habla de retraso del desarrollo psicomotor cuando esas habilidades aparecen bastante más tarde de lo que corresponde a la edad del niño, comparado con una norma de referencia. Hay dos formas de retraso que conviene distinguir desde el principio:
- Retraso en un área: solo el lenguaje, o solo la parte motora, va atrasado. Es la situación más frecuente y, en general, la de mejor pronóstico.
- Retraso global del desarrollo: un retraso significativo (dos o más desviaciones estándar por debajo de la media) en dos o más áreas del desarrollo. Es el término que usa la Academia Americana de Pediatría en su guía sobre evaluación del niño con retraso global (Moeschler y Shevell, 2014), y se reserva para menores de 5 años, porque a esa edad todavía no se puede medir la inteligencia de forma confiable.
Hay un matiz que importa mucho y que suele perderse en la consulta apurada: «retraso» describe lo que se ve hoy, no lo que va a pasar. Un niño puede tener un retraso motor que desaparece a los 3 años, y otro puede tener un retraso global que más adelante recibe otro nombre (discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista, un síndrome genético). La palabra sirve para no esperar de brazos cruzados, no para poner una etiqueta definitiva.
¿Retraso o variación normal? Rezago, riesgo y retraso en Chile
Cada niño tiene su ritmo, y eso no es una frase de consuelo: está en el diseño mismo de las tablas de hitos. Las listas de hitos que usan hoy los pediatras (revisadas en 2022 por los CDC y la Academia Americana de Pediatría) marcan la edad a la que el 75 % de los niños ya hace cada cosa. Eso significa que uno de cada cuatro niños sanos todavía no ha alcanzado un hito a la edad en que aparece en la tabla, sin que eso sea un problema, según la publicación que fijó esas edades (Zubler et al., 2022). Un hito aislado que llega tarde es información, no diagnóstico.
Lo que el sistema chileno hace con esa variabilidad es ordenarla en categorías. Cuando en el control sano se aplica la Escala de Evaluación del Desarrollo Psicomotor (EEDP, de 0 a 2 años), el resultado se expresa como un coeficiente de desarrollo con tres rangos: normal (0,85 o más), riesgo (entre 0,70 y 0,84) y retraso (0,69 o menos). Con el TEPSI (de 2 a 5 años) los cortes van en puntaje T: normal desde 40, riesgo entre 30 y 39, retraso desde 29 hacia abajo (MINSAL, 2021, Anexos 6 y 7). Y hay una cuarta categoría que confunde a muchas familias: el rezago, que es cuando el puntaje total es normal pero una de las áreas queda por debajo de la edad del niño. Rezago no es retraso; es una señal para reforzar esa área y volver a mirar.
| Categoría (control sano chileno) | Qué significa | Qué suele pasar después |
|---|---|---|
| Normal | Coeficiente de desarrollo en rango esperado en todas las áreas | Sigue el calendario habitual de controles |
| Normal con rezago | Puntaje total normal, pero un área queda bajo la edad cronológica | Orientación a la familia, estimulación de esa área y reevaluación |
| Riesgo | EEDP 0,70 a 0,84 o TEPSI 30 a 39 | Ingreso a una modalidad de estimulación de Chile Crece Contigo y reevaluación |
| Retraso | EEDP 0,69 o menos o TEPSI 29 o menos | Derivación a evaluación médica y especializada, además de estimulación |
Los cortes de esta tabla son los que fija la Norma Técnica MINSAL 2021; las conductas de la última columna resumen lo que describe el Subsistema Chile Crece Contigo, que se explica más abajo.
Señales de alerta del desarrollo psicomotor por edad
Más útil que memorizar tablas enteras es conocer las pocas señales que, con mayor consistencia, anticipan un problema. Una revisión sistemática de 54 estudios publicada en 2026 sintetizó las señales de alerta más repetidas para retraso global, parálisis cerebral, autismo, trastorno del lenguaje y otros trastornos del neurodesarrollo (Araújo, 2026). Las que siguen salen de ese trabajo, de las listas de hitos de los CDC y la AAP (Zubler et al., 2022) y de la guía de la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y del Adolescente (Siegel et al., 2020).
| Edad | Señales que justifican consultar sin esperar al próximo control |
|---|---|
| 2 a 3 meses | No sonríe a las personas; no sigue con la mirada; el cuerpo se siente muy flojo o muy rígido |
| 6 meses | No balbucea; no reacciona a los sonidos; no intenta tomar objetos |
| 9 a 10 meses | No se sienta solo; no hace pinza con los dedos; no balbucea con sílabas (ba-ba, ma-ma) |
| 12 meses | Usa mucho más un lado del cuerpo que el otro; no responde a su nombre; no señala ni hace gestos |
| 15 a 18 meses | No camina solo a los 18 meses; no dice ninguna palabra con sentido |
| 24 meses | No junta dos palabras; no imita; no muestra interés por otros niños |
| 3 a 5 años | Extraños no le entienden lo que dice; no sigue instrucciones de dos pasos; no hace juego simbólico; se cae mucho o no logra saltar |
| A cualquier edad | Pierde habilidades que ya tenía (dejó de hablar, dejó de caminar, dejó de mirar a los ojos) |
La última fila es la más importante de todas. La regresión, perder algo que ya se había logrado, es una señal de alarma independiente de la edad y amerita evaluación inmediata. No se espera «a ver si vuelve».
¿Por qué pasa? Causas y factores de riesgo
Un retraso del desarrollo psicomotor no tiene una sola causa, y en muchos niños no se encuentra ninguna causa identificable aunque se busque bien. Lo que la evidencia permite ordenar es lo siguiente.
Causas genéticas. En el retraso global del desarrollo y la discapacidad intelectual, hasta la mitad de los casos se atribuye a factores genéticos. Un metaanálisis de 102 estudios con más de 55.000 niños encontró que la secuenciación del exoma identifica una causa en cerca del 37 % de los niños con retraso global sin explicación, frente a un 19 % con el microarray cromosómico, que era hasta ahora la prueba de primera línea (Tengsujaritkul et al., 2026). Por eso la Academia Americana de Pediatría recomienda estudio genético (y prueba de X frágil en varones) cuando el retraso es global (Moeschler y Shevell, 2014). Esto no significa que a todo niño con un retraso haya que hacerle un examen genético: la indicación depende de la evaluación médica.
Otros estudios muestran que el rendimiento cambia según el cuadro del niño. En 154 niños con discapacidad intelectual sin causa conocida, el estudio simultáneo con microarray y exoma llegó a un diagnóstico en el 26 % al 34 %. Fue más probable cuando había retraso motor grueso, rasgos faciales distintivos, malformaciones congénitas o una cabeza muy pequeña o muy grande, y bajó al 6 % a 11 % en niños con discapacidad intelectual y ninguna otra característica (Kim et al., 2023). En 187 pacientes del suroeste de China, el exoma de tríos sumado al análisis de variantes en el número de copias dio un diagnóstico en el 40 % (Qian et al., 2025). Y la Academia Americana de Pediatría actualizó su guía en 2025: recomienda elegir la prueba genética según los rasgos del niño cuando se puede y, si no hay un cuadro claro, usar una estrategia sin hipótesis previa, según el rendimiento diagnóstico y la practicidad de cada prueba (Rodan et al., 2025). La mayoría de los niños con retraso global no recibe un diagnóstico genético, y eso tampoco significa que no tengan una causa.
Factores perinatales y del niño. Una revisión sistemática de 175 estudios organizó los factores de riesgo de un desarrollo temprano desfavorable en varios niveles (Atalell et al., 2025). En el nivel del propio niño aparecen de forma consistente la prematurez, el bajo peso al nacer, el sexo masculino, las enfermedades crónicas, la desnutrición y el uso excesivo de pantallas. Como factores protectores, la misma revisión destaca la lactancia materna exclusiva, leerle libros y contarle cuentos.
El entorno. En la misma revisión, en el nivel familiar pesan la edad y la escolaridad de la madre, su salud mental y las complicaciones del embarazo; en el nivel comunitario, la contaminación ambiental y el acceso a salud y educación. Un estudio hecho en Temuco con preescolares chilenos evaluados con el TEPSI encontró que el desarrollo psicomotor se relacionaba más fuertemente con la estimulación que recibían en el hogar que con el nivel socioeconómico por sí solo, según el trabajo publicado en Pediatric Physical Therapy (Doussoulin Sanhueza, 2006). Dicho en simple: lo que pasa en la casa modifica el resultado, incluso cuando las condiciones materiales son difíciles.
Déficits sensoriales. Un niño que oye poco o ve mal puede parecer retrasado en lenguaje o en coordinación sin tener ningún problema neurológico. Por eso la audición y la visión se revisan siempre antes de concluir nada.
¿Cómo se detecta en Chile? El control sano, la EEDP y el TEPSI
En Chile, la vigilancia del desarrollo está integrada en el control de salud infantil de la atención primaria, con instrumentos definidos por la Norma Técnica MINSAL 2021 (MINSAL, 2021):
- Pauta breve de evaluación del desarrollo psicomotor en los controles de los 4, 12 y 24 meses (y a los 15 y 21 si hay un control programado): cuatro ítems por edad, y cualquier ítem fallado (0 a 3 puntos) se considera alterado.
- EEDP (Escala de Evaluación del Desarrollo Psicomotor) a los 8 y 18 meses, con el coeficiente de desarrollo y los cortes que viste más arriba.
- TEPSI (Test de Desarrollo Psicomotor) a los 3 años, en puntaje T.
Estos instrumentos son de tamizaje: separan a los niños que necesitan una mirada más fina de los que no, y se equivocan en ambos sentidos. Vale la pena saberlo para no sobreinterpretar un resultado. Un metaanálisis de 2026 que revisó 38 instrumentos de tamizaje del desarrollo concluyó que ninguno alcanza a la vez el 80 % de sensibilidad y el 80 % de especificidad que se consideran el mínimo aceptable (Arefadib et al., 2026). En Chile, el cuestionario ASQ-3 (que responden los padres) fue validado frente a la escala Bayley en 306 niños de un consultorio de Santiago: detectó al 75 % de los niños con retraso real y descartó correctamente al 81 % de los que no lo tenían, según el estudio publicado en Pediatrics (Schonhaut et al., 2013). La EEDP y el TEPSI se construyeron en Chile en los años 70 y 80 y no se han revalidado desde entonces, lo que motivó el desarrollo del TADI, actualizado entre 2018 y 2023, como explica una revisión en Andes Pediatrica (Schonhaut Berman et al., 2024).
Un resultado de riesgo o retraso en el tamizaje no cierra nada: abre el paso siguiente, que es una evaluación más completa. El instrumento de referencia internacional para eso son las Escalas Bayley, que entregan un puntaje compuesto por área (media 100); un puntaje bajo 70 en un área indica un retraso significativo en ella. En el sitio tienes una guía de las Escalas Bayley, el TADI y el EDI y otra sobre cómo se evalúa el desarrollo psicomotor, si quieres saber qué mide cada prueba.
¿Qué significa el código CIE-10 o CIE-11 que aparece en la ficha?
Muchas familias llegan a esta búsqueda porque en un informe, una licencia o un formulario apareció un código. Los más frecuentes son estos:
- R62.0 (CIE-10): «Retardo del desarrollo». Es un código de síntoma, no de enfermedad: describe el retraso en alcanzar los hitos esperados (caminar, hablar) mientras se estudia la causa. Es el que más se usa en atención primaria en Chile, donde la codificación oficial sigue siendo la CIE-10.
- F83 (CIE-10): «Trastornos específicos mixtos del desarrollo». Se usa cuando conviven retrasos en varias áreas (lenguaje, habilidades escolares, motricidad) y ninguna predomina claramente.
- 6A00.4 (CIE-11): «Trastorno del desarrollo intelectual, provisional». La CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud asigna este código cuando hay evidencia de un trastorno del desarrollo intelectual pero el niño tiene menos de 4 años, o no es posible hacer una evaluación válida de su inteligencia y conducta adaptativa, según la descripción oficial de la OMS (Organización Mundial de la Salud, 2025). Es, en la práctica, el equivalente del retraso global del desarrollo en la clasificación nueva.
Un código no es una sentencia. El R62.0, en particular, dice literalmente «todavía no sabemos por qué»: es la puerta de entrada al estudio, no su conclusión.
¿Se recupera? Lo que dicen los estudios de seguimiento
Es la pregunta que más pesa y la que peor se responde en internet, con un «depende» que no ayuda. Los datos permiten decir algo más preciso.
Primero, un retraso global no equivale a discapacidad intelectual. En una cohorte de 93 niños diagnosticados con retraso global a una edad media de 3 años y 8 meses, el 73 % obtuvo un CI global de 70 o más al ser evaluado con una prueba formal de inteligencia (Riou et al., 2009). Es decir, en cerca de tres de cada cuatro niños con retraso global, la inteligencia medida estaba dentro del rango normal.
Segundo, el retraso global sí tiene valor pronóstico, y conviene no minimizarlo. El mismo grupo de Montreal siguió a niños diagnosticados con retraso global o con retraso del lenguaje a los 3 años y los volvió a evaluar cerca de los 7. Ambos grupos mantenían déficits en el desarrollo y en el funcionamiento diario, y el grupo con retraso global puntuaba significativamente más bajo que el grupo con retraso solo de lenguaje en casi todas las áreas, según el estudio de seguimiento (Shevell et al., 2005). Traducido: un retraso en una sola área tiende a evolucionar mejor que un retraso global, y en ambos casos vale la pena intervenir.
Pero que sea de una sola área no significa que se arregle solo. En una cohorte de 442 niños de 12 a 36 meses con retraso del lenguaje, atendidos en un hospital infantil de China, solo el 18,6 % alcanzó a sus pares en comprensión, el 12,4 % en expresión y el 5,9 % en las dos. Los niños que consultaron más tarde y los de padres con menos estudios tuvieron menos probabilidad de ponerse al día (Zhu et al., 2025). Como son niños que llegaron a consulta, no representan a todos los que hablan más tarde, pero el dato va en contra de la idea de que conviene esperar.
Tercero, la intervención temprana funciona, y hay evidencia de buena calidad. La revisión Cochrane actualizada en 2024, con 44 ensayos y 5.051 niños nacidos prematuros, encontró que los programas de intervención temprana probablemente mejoran el desarrollo cognitivo y motor durante los primeros tres años y, con evidencia de alta certeza, mejoran el desarrollo cognitivo en la edad preescolar (Orton et al., 2024). El tamaño del efecto en la primera infancia fue moderado (0,27 desviaciones estándar en el cociente de desarrollo), lo que en un niño concreto puede ser la diferencia entre necesitar apoyo escolar y no necesitarlo. Los autores advierten que los programas variaban mucho en intensidad y que aún no está claro cuál es el mejor. Ese resultado es de niños nacidos prematuros. En esta revisión no encontramos un metaanálisis equivalente para niños con retraso global que nacieron a término, así que la cifra no debe extrapolarse sin más a ellos.
Para dimensionar el fenómeno: en Estados Unidos, la encuesta nacional de salud de 2015 a 2017 encontró que el 17,8 % de los niños de 3 a 17 años tenía algún diagnóstico del desarrollo (incluidos TDAH, autismo y dificultades de aprendizaje), y que un 4,1 % tenía «otro retraso del desarrollo», una cifra que venía bajando, según el análisis publicado en Pediatrics (Zablotsky et al., 2019). Muchos de los niños que en la primera infancia reciben la etiqueta de retraso terminan, años después, sin ningún diagnóstico o con uno más específico y manejable.
A escala mundial, una estimación del estudio de carga global de enfermedad calculó que el 8,4 % de los menores de 5 años (52,9 millones) tenía una discapacidad del desarrollo en 2016, contando epilepsia, discapacidad intelectual, pérdida de audición o de visión, autismo y TDAH, y que cerca del 95 % vivía en países de ingresos bajos y medios (Olusanya et al., 2018). En Latinoamérica, un estudio poblacional en el estado de Ceará, en Brasil, evaluó con el cuestionario ASQ-3 a 3.566 niños de 2 a 72 meses y encontró que el 9,2 % tenía retraso en al menos un área. Fue más frecuente en varones y en los hogares más pobres (28,2 % frente a 21,2 % en los más ricos), y los niños de hogares pobres que participaban en programas de transferencia de dinero parecían tener menos riesgo (Correia et al., 2019). En esta revisión no encontramos una cifra poblacional equivalente publicada para Chile.
Tratamiento y qué hacer si te dijeron «retraso del desarrollo psicomotor»
Lo que sigue es un orden razonable, no una lista de tareas para completar en una semana.
- No esperes al próximo control. La guía de la Academia Americana de Pediatría es explícita: ante cualquier preocupación de los padres o del profesional se deriva a evaluación especializada de inmediato, sin esperar a «cumplir la edad» del siguiente hito, porque las listas de vigilancia no diagnostican y su función es disparar el paso siguiente (Lipkin y Macias, 2020). Si el consultorio te dijo «volvamos a mirar en tres meses» y tú ves más señales, pide adelantar.
- Pide que revisen audición y visión. Es barato, rápido y descarta dos causas que imitan un retraso.
- Acepta la modalidad de estimulación. En Chile, un resultado de rezago, riesgo o retraso activa las prestaciones del Subsistema Chile Crece Contigo: salas de estimulación en el consultorio, atención domiciliaria, ludotecas con material para la casa, visita domiciliaria integral y el taller «Nadie es Perfecto». No se solicitan por ventanilla: los deriva el profesional del centro de salud, y el requisito es estar inscrito y asistir a los controles (Chile Crece Contigo, s.f.).
- Si el retraso es global, pide evaluación médica completa. Eso incluye examen neurológico, y según el caso estudio genético o metabólico (Moeschler y Shevell, 2014). Un pediatra del desarrollo o un neurólogo infantil coordina esa parte.
- Estimula en casa, sin convertir la casa en una clínica. Los factores protectores con más respaldo son sencillos: leerle en voz alta todos los días, contarle cuentos, jugar en el suelo, hablarle mucho y con pausas para que responda (Atalell et al., 2025). La estimulación que sirve es la que se sostiene semanas y meses, no la sesión intensiva de fin de semana.
- Anota lo que ves. Un video corto de lo que te preocupa (cómo camina, cómo juega, cómo responde a su nombre) vale más en la consulta que diez minutos de descripción. Nuestra tabla de hitos del desarrollo de 0 a 12 años sirve para ordenar esas observaciones por área.
Cuándo consultar a un psicólogo infantil
El equipo de un retraso del desarrollo psicomotor es interdisciplinario: pediatra, neurólogo infantil según el caso, fonoaudiólogo si el lenguaje va atrás, kinesiólogo o terapeuta ocupacional si lo motor pesa más. El psicólogo infantil entra en tres momentos.
Cuando hace falta una evaluación del desarrollo o cognitiva más fina que el tamizaje: escalas como la Bayley, o pruebas de inteligencia a partir de los 4 o 5 años, para saber si estamos ante un retraso global, ante un problema específico (de lenguaje, de atención, del espectro autista) o ante una variación normal. La guía de evaluación del desarrollo infantil del sitio explica en qué consiste ese proceso.
Cuando aparecen conductas que complican todo lo demás: rabietas que no ceden, dificultad para separarse, problemas de sueño o alimentación. Con frecuencia son parte del cuadro, y trabajarlas mejora la respuesta a la estimulación.
Y cuando los padres necesitan un espacio propio. La ansiedad, la culpa y las peleas de pareja sobre «quién tiene razón» son frecuentes después de un diagnóstico así, y la salud mental de la madre es, según la evidencia, uno de los factores que más influyen en el desarrollo del niño (Atalell et al., 2025). Cuidar a quien cuida no es un lujo.
Preguntas frecuentes sobre el retraso del desarrollo psicomotor
¿El retraso del desarrollo psicomotor se cura?
Depende de la causa y de cuántas áreas afecta. Un retraso en una sola área tiene mejor pronóstico que uno global, pero no conviene esperar a que se resuelva solo: en una cohorte hospitalaria de niños con retraso del lenguaje, solo una minoría alcanzó a sus pares sin intervención (Zhu et al., 2025). En el retraso global, un estudio con 93 niños encontró que el 73 % tenía inteligencia en rango normal al evaluarse formalmente (Riou et al., 2009), aunque una parte mantiene dificultades en la edad escolar. La intervención temprana mejora el pronóstico (Orton et al., 2024).
¿Retraso psicomotor es lo mismo que autismo?
No. El retraso psicomotor describe habilidades que llegan tarde; el trastorno del espectro autista es un diagnóstico específico que afecta sobre todo la comunicación social y conlleva conductas repetitivas. Un niño con autismo puede tener además retraso psicomotor, y un niño con retraso puede no tener autismo. Solo una evaluación especializada lo distingue.
¿Retraso global del desarrollo es discapacidad intelectual?
No necesariamente. El retraso global se diagnostica antes de los 5 años, cuando la inteligencia aún no puede medirse con confianza; la discapacidad intelectual requiere una evaluación formal de inteligencia y conducta adaptativa, en general desde los 5 años. La CIE-11 usa para esta etapa el código 6A00.4, «trastorno del desarrollo intelectual, provisional», justamente por esa incertidumbre.
¿Qué significa «rezago» en el control sano?
Que el puntaje total de la EEDP o el TEPSI salió normal, pero una de las áreas (por ejemplo, lenguaje) quedó por debajo de la edad del niño. No es un retraso. Activa orientación a la familia, estimulación de esa área a través de Chile Crece Contigo y una reevaluación en el siguiente control.
¿Qué significa el código R62.0?
Es el código de la CIE-10 para «retardo del desarrollo»: retraso en alcanzar los hitos esperados, como caminar o hablar. Es un código de síntoma, no de enfermedad, y se usa mientras se estudia la causa. No indica gravedad ni pronóstico por sí mismo.
¿A quién debo consultar en Chile si sospecho un retraso?
Primero al consultorio donde tu hijo tiene sus controles: ahí aplican la EEDP o el TEPSI, derivan a las modalidades de estimulación de Chile Crece Contigo y, si corresponde, a pediatría del desarrollo o neurología infantil. Si tienes previsión privada, un pediatra puede hacer la misma derivación. Un psicólogo infantil aporta la evaluación cognitiva y del desarrollo cuando el tamizaje no alcanza.
Lo que puedes hacer esta semana
Si te dijeron «retraso», pide la hoja con el resultado (coeficiente de desarrollo o puntaje T y las áreas afectadas), pregunta qué modalidad de estimulación corresponde y agenda la reevaluación con fecha. Si no te lo han dicho pero ves alguna de las señales de la tabla, pide hora sin esperar al próximo control. Y si necesitas una evaluación del desarrollo o cognitiva más completa, o un espacio para ordenar la preocupación de la familia, puedes agendar una consulta: revisamos juntos lo que tienes, qué falta evaluar y por dónde seguir.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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