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  • Síndrome del comedor nocturno: síntomas, causas y tratamiento

    Síndrome del comedor nocturno: síntomas, causas y tratamiento

    Son las dos de la madrugada y te despertaste con una idea fija: la cocina. Sientes una urgencia más que hambre, la sensación de que si no comes algo no vas a poder volver a dormirte. O quizás tu versión es otra: apenas desayunas, durante el día comes poco, y después de la cena no hay cómo parar hasta la hora de acostarte. Si alguna de estas escenas te suena, tal vez llegaste buscando el síndrome del comedor nocturno para saber si lo que te pasa tiene nombre.

    Tiene nombre, tiene criterios y tiene tratamiento, aunque la investigación sobre él es más corta de lo que uno querría. En esta guía vas a ver qué es, cuáles son sus síntomas, cómo se diagnostica, en qué se diferencia de los atracones nocturnos y de comer dormido, qué se sabe de sus causas y qué opciones de tratamiento tienen respaldo. Todo se apoya en revisiones y estudios publicados. Y donde no hay datos, como la cantidad de personas que lo tienen en Chile, lo decimos en vez de inventar una cifra. Si quieres ubicarlo dentro del mapa completo de la alimentación y sus trastornos, tienes la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria.

    En breve: el síndrome del comedor nocturno consiste en comer una parte grande del día después de la cena y/o despertarse a comer, con conciencia de lo que se hace, malestar y problemas de sueño, durante al menos tres meses. Suele acompañarse de poco apetito en la mañana y ánimo más bajo al atardecer. Tiene tratamientos con respaldo parcial: terapia cognitivo-conductual, algunos antidepresivos y luz brillante matinal, aunque todavía con pocos ensayos grandes.

    ¿Qué es el síndrome del comedor nocturno?

    El síndrome del comedor nocturno (en inglés night eating syndrome, NES) es un trastorno de la alimentación en el que la comida se corre hacia el final del día y la noche: la persona come en exceso después de la cena y/o se despierta a comer, sabe lo que está haciendo y lo recuerda al día siguiente. El DSM-5 lo clasifica dentro de los “otros trastornos de la conducta alimentaria o de la ingesta especificados” (American Psychiatric Association, 2013; Allison y Lundgren, 2018).

    Lo describió por primera vez el psiquiatra Albert Stunkard en 1955 (Allison y Lundgren, 2018). Una revisión crítica de la literatura lo resume como un cuadro con tres piezas: poco apetito en la mañana, comer de más en la tarde-noche y/o ingestas nocturnas, e insomnio. Afecta a hombres y mujeres de distintos grupos, tiende a darse en familias y suele convivir con trastornos del ánimo, de ansiedad, del sueño, de la alimentación y por consumo de sustancias (Vander Wal, 2012).

    ¿Cuáles son los síntomas del síndrome del comedor nocturno?

    Los síntomas giran alrededor de cuándo se come y cómo se duerme:

    • Poco apetito en la mañana. Saltarse el desayuno o no tener ganas de comer hasta bien avanzado el día.
    • Mucha comida después de la cena. Una parte importante de lo que se come en el día cae entre la cena y la hora de dormir.
    • Despertares con ingesta. Levantarse de madrugada a comer, con plena conciencia y recuerdo.
    • Una urgencia fuerte por comer entre la cena y el sueño, o durante la noche.
    • Insomnio, ya sea para quedarse dormido o para mantenerse dormido.
    • La creencia de que necesitas comer para dormir o para volver a dormirte.
    • Ánimo bajo o que empeora hacia la tarde y la noche.

    Para el diagnóstico, el patrón tiene que causar malestar o afectar tu funcionamiento (Allison et al., 2010b; Vander Wal, 2012). Comer algo de noche de vez en cuando, o tener antojo después de un día muy largo, no es un síndrome.

    ¿Cómo se diagnostica el síndrome del comedor nocturno?

    Un grupo internacional de especialistas propuso en 2008 criterios de consenso, publicados en un artículo de 2010 en la International Journal of Eating Disorders (Allison et al., 2010b), que hoy se usan como referencia. Piden lo siguiente:

    1. Ingesta aumentada en la tarde y la noche, que se muestra de una de estas formas: comer al menos el 25 % de las calorías del día después de la cena, o despertarse a comer al menos dos veces por semana.
    2. Conciencia de los episodios. La persona está despierta y los recuerda.
    3. Malestar o deterioro en su vida cotidiana.
    4. Al menos tres de cinco características asociadas: falta de apetito matutino, urgencia por comer entre la cena y el sueño, insomnio, la creencia de que hay que comer para dormir y ánimo bajo o que empeora de noche.
    5. Duración de al menos tres meses.

    Los criterios orientan a los profesionales, y ningún test online confirma el diagnóstico. Existen cuestionarios de detección, como el Night Eating Questionnaire, que ayudan a los profesionales a sospechar el cuadro (Kucukgoncu et al., 2015), pero la confirmación requiere una evaluación clínica que también descarte otras causas médicas, del sueño o psiquiátricas.

    ¿Qué tan frecuente es el síndrome del comedor nocturno?

    Depende de a quién se le pregunte. En un estudio con 1.636 estudiantes universitarios de Estados Unidos, el 4,2 % cumplía criterios de síndrome del comedor nocturno, y el 2,9 % si se excluía a quienes además tenían atracones (Runfola et al., 2014). En pacientes de dos consultas psiquiátricas ambulatorias, el 12,3 % lo cumplía, con más trastornos por consumo de sustancias y más obesidad (Lundgren et al., 2006). Y una revisión sistemática en personas con diabetes tipo 2 encontró entre 3,8 % y 8,4 % (Abbott et al., 2018).

    Todos esos datos son de muestras específicas. No hay un estudio chileno de prevalencia que podamos citar, así que cualquier número que leas sobre “cuántos chilenos lo tienen” debería mirarse con desconfianza.

    Un dato aparte: comer de noche como conducta, sin que sea un síndrome, es bastante más común. Dos encuestas nacionales de Estados Unidos con diario de comidas, que sumaron más de 29.000 personas, mostraron que comer de noche es más habitual en fin de semana y en adultos de 18 a 30 años, menos en mayores de 65, y no se relacionó con el índice de masa corporal (Striegel-Moore et al., 2006). Ese estudio mide la conducta, no el síndrome completo.

    Atracones nocturnos y síndrome del comedor nocturno: ¿es lo mismo?

    No, aunque se parecen y a veces coinciden. El trastorno por atracón se define por episodios de comer una cantidad grande con sensación de perder el control, a cualquier hora del día. En el síndrome del comedor nocturno, lo central es el horario y el vínculo con el sueño: se come tarde o de madrugada, muchas veces algo moderado, y existe la creencia de que comer ayuda a dormir (Allison y Lundgren, 2018). Si te interesa el otro cuadro, lo tienes en la guía del trastorno por atracón.

    Una revisión sistemática de 22 estudios comparó ambos en pacientes con obesidad y trastornos alimentarios. Las personas con síndrome del comedor nocturno mostraban más psicopatología alimentaria (comer emocional, pérdida de control) y más síntomas depresivos que los controles, y el trastorno por atracón se diferenciaba por más comer emocional, más preocupaciones corporales y episodios de ingesta anormales (Kaur et al., 2022).

    Pueden convivir. En un estudio con 431 personas (candidatos a cirugía bariátrica, un grupo de apoyo para bajar de peso y población general), el 11,1 % cumplía criterios de síndrome del comedor nocturno, y el malestar psicológico se concentraba en quienes además tenían atracones o se levantaban a comer (Colles et al., 2007). Y en estudiantes con el síndrome hubo más antecedentes de depresión, TDAH y autolesiones que en quienes no lo tenían, diferencias que los atracones no explicaban por completo, lo que llevó a los autores a plantear que podría ser una entidad distinta (Runfola et al., 2014).

    ¿Y si como dormido? Comedor nocturno y trastorno alimentario relacionado con el sueño

    Hay otro cuadro que conviene conocer: el trastorno alimentario relacionado con el sueño, una parasomnia en la que la persona come mientras duerme, con poca o ninguna conciencia y sin recuerdo al despertar (Allison y Lundgren, 2018). Los criterios del síndrome del comedor nocturno exigen justo lo contrario, plena conciencia y recuerdo (Allison et al., 2010b), y esa es la diferencia más usada para separarlos.

    La frontera, con todo, es menos limpia en la práctica. Un estudio con videopolisomnografía en 35 personas con ingestas nocturnas anormales encontró que los episodios ocurrían tras despertares completos, con conciencia y recuerdo al día siguiente, y que eran frecuentes los movimientos periódicos de las piernas durante el sueño (Vetrugno et al., 2006). Por eso, si te despiertas rodeado de envoltorios sin recordar haberlos abierto, si cocinas dormido o te lastimas, o si tienes sensaciones raras en las piernas por la noche, necesitas una evaluación del sueño y no solo una consulta por alimentación. El tratamiento es distinto.

    ¿Cuáles son las causas del síndrome del comedor nocturno?

    La causa exacta sigue sin conocerse. Hay pistas desde tres frentes, con distinto nivel de certeza.

    El reloj biológico. En un estudio de laboratorio con 15 mujeres con el síndrome y 14 controles, las mujeres con síndrome del comedor nocturno comían más tarde en su ritmo diario, y hormonas del apetito y del sueño mostraron desfases: leptina, insulina y melatonina estaban retrasadas entre 1,0 y 2,8 horas, y la ghrelina, la hormona que estimula el hambre, estaba adelantada 5,2 horas (Goel et al., 2009). Los autores proponen que podría haber una desconexión entre el reloj central del cerebro y otros relojes del cuerpo, como el estómago o el hígado. Es un hallazgo en una muestra pequeña, de mujeres, que describe qué pasa pero no demuestra qué lo causa.

    La herencia. En un estudio de gemelos suecos con más de 11.000 participantes, la heredabilidad estimada del comer de noche fue de 0,44 en hombres y 0,35 en mujeres, y la correlación genética con los atracones fue de 0,66, lo que sugiere factores genéticos compartidos pero no idénticos (Root et al., 2010). Queda así un componente heredable moderado.

    El ánimo, el estrés y la restricción durante el día. El estrés y la depresión empeoran o disparan los episodios y las comorbilidades son frecuentes, aunque la evidencia es correlacional y no basta para decir que el ánimo “causa” el síndrome (Vander Wal, 2012; Allison y Lundgren, 2018). Otro mecanismo plausible, y el que usan los tratamientos para atracones, es la restricción: si comes poco o nada durante el día, la presión por comer se acumula hacia la noche (Fairburn, 2013). Para el síndrome del comedor nocturno específicamente eso no está probado como causa, pero explica por qué desayunar y comer regular sigue siendo un punto de partida razonable.

    Comer de noche y ansiedad: qué se sabe

    Mucha gente llega a este tema preguntándose si lo que tiene es ansiedad. La respuesta honesta es que están relacionadas, pero una no equivale a la otra. Los trastornos de ansiedad y del ánimo son frecuentes en quienes tienen el síndrome (Vander Wal, 2012), y el ánimo bajo o con empeoramiento vespertino es una de sus características asociadas (Allison et al., 2010b). Pero lo contrario no se cumple: la mayoría de las personas que comen de noche por estrés o por aburrimiento no tiene un síndrome del comedor nocturno, y comer de noche como conducta es común en adultos jóvenes (Striegel-Moore et al., 2006).

    Como orientación práctica (no es un criterio diagnóstico): si comer de noche es ocasional, no te preocupa y no altera tu sueño ni tu ánimo, probablemente sea un hábito. Si se repite casi cada semana desde hace meses, interfiere con el sueño, te despierta con la sensación de que necesitas comer y te deja con malestar, vale la pena consultarlo.

    ¿Engorda? Peso, salud y comer de noche

    La relación con el peso es menos directa de lo que se cree. Una revisión de alcance de 30 estudios en adultos encontró asociaciones inconsistentes con el índice de masa corporal, la diabetes tipo 2, la actividad física y la calidad del sueño, más probables en muestras representativas que en muestras de universitarios; sus autores concluyen que probablemente tenga efectos negativos sobre peso, diabetes, actividad física y sueño, pero que falta investigación con muestras más grandes y seguimiento (Sakthivel et al., 2023). En la muestra psiquiátrica fue más frecuente entre pacientes con obesidad (Lundgren et al., 2006), y en estudiantes el índice de masa corporal no difirió entre quienes tenían el síndrome y quienes no (Runfola et al., 2014).

    Para el peso, lo que cuenta es la energía total consumida en el día y no la hora del reloj (Fairburn, 2013). Lo que merece atención en el síndrome es el sueño fragmentado, el ánimo y el malestar que lo acompañan.

    ¿Cuál es el tratamiento del síndrome del comedor nocturno?

    La investigación sobre tratamiento es escasa. Una revisión de manejo la describe como un área en sus comienzos, en la que se usan antidepresivos y terapias psicológicas, y donde otras alternativas todavía son promesas (Kucukgoncu et al., 2015). Una revisión de alcance de 120 estudios coincide en que hacen falta estudios más grandes y de largo plazo (Muscatello et al., 2022). Esto es lo que hay, de lo más estudiado a lo menos.

    Terapia psicológica

    La terapia cognitivo-conductual (TCC) es la opción psicológica más estudiada en este cuadro, pero la evidencia es preliminar. En un estudio piloto con 25 pacientes, 10 sesiones de TCC redujeron el porcentaje de calorías después de la cena de 35,0 % a 24,9 %, las ingestas nocturnas de 8,7 a 2,6 por semana y el puntaje de síntomas de 28,7 a 16,3; el peso bajó de 82,5 a 79,4 kg y mejoraron el ánimo y la calidad de vida (Allison et al., 2010a). Fue un estudio sin grupo de comparación, así que sirve para decir que la TCC parece prometedora, no para afirmar su eficacia. Sus autores pidieron un ensayo controlado.

    También hay un ensayo piloto aleatorizado con 44 personas que probó una intervención breve (psicoeducación, relajación muscular progresiva y ejercicio, con seguimientos a 1 y 3 semanas). Bajaron los síntomas, la depresión, la ansiedad y el estrés en los tres grupos, y la relajación redujo más la proporción de comida después de la cena que la educación sola (Vander Wal et al., 2015).

    Fármacos

    El respaldo más sólido viene de un ensayo con sertralina en 34 pacientes durante 8 semanas: respondió el 71 % con sertralina frente al 18 % con placebo, con menos ingestas y despertares nocturnos, menos calorías tras la cena y, entre quienes tenían sobrepeso, una baja de 2,9 kg frente a 0,3 kg (O’Reardon et al., 2006). Es un estudio pequeño. Otro ensayo, con escitalopram durante 12 semanas en 40 pacientes, no encontró diferencia con el placebo en el cuestionario de síntomas (Vander Wal et al., 2012). Dos ensayos pequeños con resultados opuestos no permiten concluir qué antidepresivo funciona, ni siquiera cuánto. Otros medicamentos, como el topiramato, tienen por ahora estudios preliminares y series de casos (Allison y Lundgren, 2018; Kucukgoncu et al., 2015). Cualquier medicamento lo decide y lo supervisa un médico o psiquiatra.

    Luz brillante y otras opciones

    Dado el desfase del reloj biológico que vimos arriba, se probó la terapia de luz. En un estudio piloto con 15 adultos, dos semanas de luz de 10.000 lux por la mañana redujeron los síntomas del síndrome, la alteración del ánimo y la del sueño (McCune y Lundgren, 2015). Sin grupo de comparación, otra vez: es una señal para investigar, no una recomendación para comprarse una lámpara por cuenta propia.

    ¿Qué puedes hacer mientras tanto para controlar el comer nocturno?

    Ninguna de estas ideas reemplaza una evaluación, y ninguna tiene un ensayo que la pruebe específicamente para este síndrome. Son estrategias que vienen de los tratamientos de los atracones y del insomnio, y que encajan con lo que se sabe del cuadro:

    • Anota durante una o dos semanas qué comes, a qué hora, a qué hora duermes y cuántas veces te despiertas. Mirar el patrón con datos ayuda a ti y a quien te evalúe. Ese registro es parte del trabajo de la TCC (Fairburn, 2013).
    • Come de forma regular durante el día. El programa de Fairburn para atracones propone tres comidas y dos o tres colaciones planificadas, sin dejar pasar más de tres o cuatro horas despierto sin comer (Fairburn, 2013). Desayunar, aunque no tengas hambre, apunta justo al desfase del ciclo. Esto se desarrolló para atracones y falta probarlo en el comedor nocturno, así que es un punto de partida y no una receta.
    • No compenses con ayuno al día siguiente después de un episodio nocturno. Saltarse el desayuno renueva el ciclo de hambre acumulada (Fairburn, 2013).
    • Cuida el sueño. Los manuales de tratamiento del insomnio aconsejan no comer al despertarse en mitad de la noche, porque el cuerpo aprende a esperar comida a esa hora (Morin y Espie, 2004; Perlis et al., 2005). Si dormir te cuesta, la TCC para el insomnio y la guía de trastornos del sueño te dan el marco.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Consulta si el patrón se repite casi todas las semanas desde hace tres meses o más, si interfiere con tu sueño, si te deja con malestar o culpa, si sientes que pierdes el control, si tu ánimo está bajo, o si has notado cambios importantes de peso. Consulta con más urgencia si comes dormido, si te lastimas, si cocinas sin recordarlo o si aparecen pensamientos de hacerte daño o de quitarte la vida: en ese caso puedes llamar en Chile al *4141 (línea de prevención del suicidio del Minsal) o ir a un servicio de urgencia.

    La puerta de entrada puede ser un psicólogo clínico con experiencia en trastornos alimentarios (para la evaluación y la TCC), un médico o psiquiatra (si hace falta evaluar medicación o descartar causas médicas) y, en el caso de sospecha de trastorno del sueño, una unidad de sueño. Si no sabes por dónde empezar, esta guía sobre psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a elegir. Para una visión general de los trastornos alimentarios, puedes revisar las páginas de MedlinePlus en español y de la American Psychiatric Association.

    Si quieres que evaluemos tu caso en una consulta online, puedes agendar una hora. Comer de noche con malestar tiene salidas, y buscarlas no depende de la fuerza de voluntad.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es el síndrome del comedor nocturno?

    Es un trastorno de la alimentación en que una parte importante de la comida se desplaza a la tarde y la noche: se come mucho después de la cena y/o se despierta a comer, con plena conciencia, malestar y problemas de sueño. Se clasifica en el DSM-5 como otro trastorno alimentario especificado y debe durar al menos tres meses para diagnosticarse.

    ¿Cuáles son los síntomas del síndrome del comedor nocturno?

    Los principales son poco apetito en la mañana, comer una parte grande de las calorías después de la cena, despertarse a comer con conciencia y recuerdo, insomnio, la creencia de que hay que comer para dormir y ánimo bajo que empeora hacia la noche. El diagnóstico pide además malestar o deterioro y al menos tres de las cinco características asociadas.

    ¿Es lo mismo comer de noche que tener el síndrome del comedor nocturno?

    No. Comer de noche de vez en cuando es común, sobre todo en adultos jóvenes y en fin de semana. El síndrome exige un patrón sostenido, con al menos 25 % de las calorías después de la cena y/o despertares con ingesta dos veces por semana, malestar o deterioro, y una duración de tres meses o más.

    ¿En qué se diferencia de los atracones nocturnos?

    El atracón implica comer una cantidad grande con pérdida de control a cualquier hora. En el comedor nocturno lo central es el horario y el sueño: se come tarde o de madrugada, a menudo algo moderado, con la idea de que ayuda a dormir. Pueden coexistir, y una revisión encontró más comer emocional y preocupaciones corporales en el atracón.

    ¿El síndrome del comedor nocturno tiene tratamiento?

    Sí, aunque la evidencia es limitada. Hay un ensayo positivo con sertralina y otro negativo con escitalopram, un estudio piloto de TCC con buenos resultados, y estudios piloto de luz brillante matinal y de relajación. Faltan ensayos grandes. El tratamiento lo define un profesional tras evaluar tu caso, y no conviene automedicarse.

    ¿Hay que ir al médico si como dormido?

    Sí. Comer sin conciencia ni recuerdo, cocinar dormido o lastimarse apunta a una parasomnia, no al síndrome del comedor nocturno, y requiere una evaluación del sueño, que a veces incluye un estudio de polisomnografía. Los estudios con videopolisomnografía muestran que la frontera entre ambos cuadros no siempre es nítida, y por eso conviene que lo evalúe un médico.

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    Referencias

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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