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    Mindfulness: Qué Es, Para Qué Sirve y Cómo Empezar

    Si buscas qué es el mindfulness (o atención plena, que es el mismo concepto), lo más probable es que ya hayas encontrado tres cosas: una definición bonita sobre estar en el presente, una lista de beneficios sin una sola cifra, y una aplicación que te ofrece siete días gratis. Lo que casi nunca vas a encontrar es cuánto ayuda de verdad, en qué ayuda menos de lo que promete, y qué puede salir mal.

    Esta guía sí lo dice. Vas a encontrar la definición operativa que usan los investigadores (no la de marketing), las cifras reales de eficacia con su estudio detrás, ejercicios de mindfulness concretos para practicar desde hoy, y una sección que ninguna de las guías más leídas en español incluye: los efectos adversos de la meditación y cuándo conviene no empezar por tu cuenta.

    Respuesta rápida

    • El mindfulness es prestar atención deliberada a la experiencia del momento presente, con una actitud de curiosidad y aceptación en vez de juicio. La definición operativa de referencia tiene dos componentes: autorregulación de la atención y una orientación abierta hacia lo que aparece (Bishop et al., 2004).
    • Funciona, con efectos moderados. En 43 estudios sobre depresión y 37 sobre ansiedad, las intervenciones basadas en mindfulness redujeron los síntomas con tamaños de efecto de g = 0,59 y g = 0,61 (Xu et al., 2026).
    • Donde más firme está la evidencia es en prevenir recaídas de depresión, no en ser una técnica de relajación: reducen el riesgo de recaída a 12 meses casi a la mitad (HR = 0,60) en personas con depresión en remisión parcial (Gülpen et al., 2025).
    • No es inocuo para todo el mundo. Entre el 25% y el 87% de quienes meditan reportan algún efecto adverso, y entre el 3% y el 37% llega a tener deterioro funcional (Matko y Van Dam, 2026).
    • Empezar por una aplicación o un curso online rinde prácticamente lo mismo que empezar presencial (Wang, Y. et al., 2026).

    ¿Qué es el mindfulness exactamente?

    El mindfulness, o atención plena, es la capacidad de dirigir la atención a lo que está ocurriendo ahora (en el cuerpo, en la respiración, en los pensamientos) sosteniéndola ahí sin engancharse a evaluar si eso que aparece es bueno o malo.

    La definición que se cita en la literatura científica no es la de un libro de autoayuda. Un grupo de investigadores propuso un modelo de dos componentes que sigue siendo el estándar: primero, la autorregulación de la atención, que consiste en mantenerla en la experiencia inmediata para reconocer lo que pasa en el momento en que pasa; segundo, una orientación particular hacia esa experiencia, caracterizada por curiosidad, apertura y aceptación (Bishop et al., 2004).

    El término se popularizó en Occidente a partir del programa de Reducción del Estrés Basada en Mindfulness (MBSR) que Jon Kabat-Zinn desarrolló a fines de los setenta en el hospital de la Universidad de Massachusetts, y de sus libros posteriores (Kabat-Zinn, 1990, 1994). De ahí salieron el formato de ocho semanas y muchos de los ejercicios que hoy vienen empaquetados en aplicaciones.

    Lo que el mindfulness no es

    Hay tres confusiones que aparecen en casi todas las búsquedas, y vale la pena despejarlas antes de seguir.

    No es dejar la mente en blanco. La práctica no consiste en que dejen de aparecer pensamientos. Consiste en notar que aparecieron, reconocerlos y volver al punto donde tenías la atención. Que la mente se vaya no es el fracaso de la práctica: es la práctica.

    No es una técnica de relajación. Puede relajarte y a menudo lo hace, pero ese no es su objetivo ni su mecanismo. Una técnica de relajación busca bajar la activación; el mindfulness busca cambiar tu relación con lo que sientes, incluso cuando lo que sientes es incómodo. Es una diferencia que importa: si practicas mindfulness esperando calmarte y no te calmas, no significa que lo estés haciendo mal.

    No es sinónimo de meditar sentado. Aquí hay un hallazgo que suele sorprender. Una revisión crítica reciente concluyó que la meditación formal no es el único ingrediente activo: la psicoeducación y la práctica informal pesan de forma comparable, y son las habilidades de regulación cognitiva y emocional (sobre todo la aceptación y el no juicio) las que sostienen los beneficios a largo plazo de manera más consistente que la meditación por sí sola (Lizama-Lefno et al., 2026).

    ¿Para qué sirve el mindfulness según la evidencia?

    Las intervenciones basadas en mindfulness reducen síntomas de ansiedad y depresión con efectos moderados. En el metaanálisis más amplio y reciente, que agrupó 43 estudios sobre depresión (3.756 participantes) y 37 sobre ansiedad (3.199 participantes), los efectos fueron de g = 0,59 para depresión y g = 0,61 para ansiedad, y el beneficio sobre la depresión se mantuvo en los seguimientos (Xu et al., 2026).

    Un detalle de ese estudio que conviene retener: las personas con un cuadro clínico mejoraron significativamente más que las personas sanas. El mindfulness rinde más cuando hay algo que tratar que como suplemento de bienestar general.

    Los propios autores advierten que la mayoría de los ensayos incluidos tenía “algunas dudas” en su evaluación de riesgo de sesgo. Cuando repitieron el análisis excluyendo los de peor calidad, los resultados se mantuvieron parecidos, lo que le da algo más de solidez a la conclusión.

    Prevención de recaídas en depresión: el terreno más firme

    Si hay un lugar donde el mindfulness dejó de ser una promesa y pasó a ser un tratamiento con respaldo, es la prevención de recaídas depresivas. En personas con depresión en remisión parcial, las intervenciones psicológicas preventivas (con la terapia cognitiva basada en mindfulness, o MBCT, entre las principales) redujeron el riesgo de recaída a 12 meses con un hazard ratio de 0,60, y bajaron los síntomas residuales con efecto sostenido a las 60 semanas (Gülpen et al., 2025). Ese análisis reunió los datos individuales de 705 participantes de 16 ensayos aleatorizados.

    Hay un matiz honesto en ese mismo trabajo: las intervenciones no mejoraron significativamente la calidad de vida a las 60 semanas. Reducen recaídas y síntomas, que ya es mucho, pero no lo transforman todo.

    Y las habilidades de mindfulness parecen ser el mecanismo propio de la MBCT, no un adorno. En el ensayo PREVENT, con 424 adultos que habían tenido al menos tres episodios depresivos, esas habilidades mediaron el cambio de síntomas a lo largo de 24 meses frente al mantenimiento con antidepresivos. El efecto fue mayor en quienes partían con más severidad: una reducción esperada de 10 puntos en el inventario de depresión, frente a 3,5 puntos en los de menor severidad (Montero-Marin et al., 2025).

    Dónde ayuda menos de lo que promete

    Esta sección existe porque la mayoría de las guías la omite, y sin ella la foto queda torcida.

    En atención y concentración, contra un control activo, puede no ganar. Un ensayo aleatorizado con 150 adultos de 65 a 85 años comparó ocho semanas de MBSR con un programa de control activo y no encontró mejoras diferenciales en la mayoría de las medidas de atención sostenida ni de divagación mental (Fisher et al., 2026). “Mejora la concentración” es una de las promesas más repetidas del mindfulness y una de las peor sostenidas.

    El efecto encoge según contra qué se compare. En 88 estudios con 8.728 universitarios, las intervenciones de solo meditación mejoraron los desenlaces de salud mental relacionados con la resiliencia (SMD = 0,27) y los factores de resiliencia (SMD = 0,54), pero el efecto sobre las escalas de resiliencia propiamente tales no alcanzó significación (Jacob et al., 2026). Cuando el grupo de comparación también hace algo, la ventaja se achica.

    Y sobre “te cambia el cerebro”, conviene bajar el volumen. Una revisión de nueve estudios con resonancia magnética estructural encontró cambios con cierta consistencia en ínsula, corteza prefrontal, hipocampo, cíngulo posterior y unión temporoparietal, más marcados en prácticas de varios meses o de años. Pero los propios autores concluyen que la evidencia actual es insuficiente para afirmar causalidad o consistencia del efecto (Rafter et al., 2026). Hay señal; no hay prueba.

    Otros usos con respaldo

    Para qué Qué se encontró Estudio
    Ansiedad generalizada Ocho semanas de un programa autoguiado por internet, sumado a la medicación habitual, redujeron más la ansiedad (d = -0,28), la rumiación (d = -0,34) y el estrés percibido (d = -0,43) que el tratamiento habitual solo Wang, Z. et al., 2026
    Sueño Un programa de 10 días por aplicación mejoró la eficiencia del sueño y el tiempo hasta dormirse en adultos sanos, con ganancias que persistían a las 4 semanas Kirk et al., 2026
    Burnout profesional Programas individuales estructurados se asociaron a menos agotamiento emocional y menos despersonalización, como complemento de los cambios organizacionales, no como sustituto Khan et al., 2025
    Conciencia corporal Mejora la interocepción (darse cuenta de lo que ocurre en el propio cuerpo) con efecto pequeño a mediano, g = 0,31, y esa mejora se relacionó con menos malestar psicológico Treves et al., 2025

    Sobre el estudio de sueño hay un dato incómodo que merece decirse: el grupo que practicó mindfulness mostró un aumento del burnout personal justo al terminar la intervención, que volvió hacia su punto de partida en el seguimiento. Aparece en el mismo trabajo que reporta las mejoras.

    Mindfulness para principiantes: cómo empezar paso a paso

    Antes de los ejercicios, tres decisiones que la evidencia ayuda a resolver.

    ¿Online o presencial? Prácticamente da lo mismo para empezar. En 16 estudios con universitarios, el mindfulness en línea redujo el estrés con un SMD de -0,56 y el presencial con -0,64, con aumentos comparables en los niveles de atención plena (Wang, Y. et al., 2026). La comparación es indirecta (cada formato se midió contra su propio control, no uno contra otro), pero apunta claro: la barrera de entrada es baja.

    ¿Cuánto hay que practicar? Menos de lo que te dicen. En el metaanálisis sobre interocepción, la dosis de práctica no resultó ser un moderador significativo de los resultados (Treves et al., 2025). No hay base sólida para exigirte treinta minutos diarios desde el primer día. Empieza con lo que puedas sostener.

    ¿Qué esperar la primera semana? Aburrimiento, mente dispersa y la sensación de estar haciéndolo mal. Es la experiencia normal, no una señal de que no sirve.

    Tres ejercicios de mindfulness para principiantes

    1. Atención a la respiración (5 minutos). Siéntate con la espalda apoyada y los pies en el suelo. Lleva la atención a un punto donde sientas la respiración con claridad: las fosas nasales, el pecho o el abdomen. No la modifiques, solo obsérvala. Cuando notes que tu mente se fue hacia otra cosa (va a pasar muchas veces), reconoce dónde estaba y vuelve al punto elegido. Ese regreso es el ejercicio completo.

    2. Escaneo corporal (10 minutos). Acostado o sentado, recorre el cuerpo por zonas, de los pies a la cabeza, deteniéndote unos segundos en cada una. La instrucción no es relajar la zona, es notar qué hay: temperatura, tensión, contacto con la ropa, o nada en absoluto. “Nada en absoluto” también es una observación válida.

    3. Práctica informal (sin tiempo extra). Elige una actividad cotidiana que ya hagas en automático: lavar los platos, ducharte, caminar hasta el paradero. Durante esos minutos, dirige la atención a las sensaciones concretas de esa actividad. Este tipo de práctica no es un premio de consolación para quien no tiene tiempo de meditar: la revisión de Lizama-Lefno et al. (2026) sugiere que la práctica informal y la psicoeducación aportan tanto como la meditación formal.

    Un consejo práctico que vale más que cualquier técnica: la constancia pequeña gana. Cinco minutos casi todos los días superan a cuarenta minutos un domingo.

    Los efectos adversos del mindfulness (lo que casi nadie cuenta)

    Revisamos las guías en español mejor posicionadas para esta búsqueda y ninguna de las principales menciona que la meditación puede tener efectos adversos. Sí los tiene, y la literatura clínica lleva años documentándolos.

    Una revisión reciente resume las cifras: entre el 25% y el 87% de quienes practican meditación reportan algún efecto adverso, y entre el 3% y el 37% experimenta deterioro funcional, es decir, dificultades para trabajar o para sostener su vida cotidiana. Los más frecuentes son ansiedad, síntomas depresivos y reexperimentación de recuerdos traumáticos. El riesgo parece aumentar con los retiros intensivos y con antecedentes de salud mental, aunque la causalidad todavía no está establecida (Matko y Van Dam, 2026).

    Ahora, la otra cara, porque atribuirle esos malestares a la meditación es otra discusión. Dos ensayos aleatorizados con 315 y 594 adultos con malestar psicológico encontraron algo revelador: las tasas de experiencias adversas no difirieron entre quienes completaron las meditaciones guiadas y quienes no las completaron. Lo que predijo más experiencias adversas fue el estado previo de la persona (depresión, ansiedad, soledad y evitación experiencial de base). Y cerca del 90% de quienes las reportaron dijeron estar contentos de haber aprendido a meditar (Beloborodova et al., 2026).

    Las dos lecturas conviven. Buena parte de lo que se atribuye a la meditación probablemente sea el malestar que la persona ya traía, visible ahora porque se sentó a mirarlo. Y aun así, un subgrupo pequeño lo pasa mal de verdad, y merece que se lo adviertan antes de empezar y no después.

    La conclusión práctica de los autores de la primera revisión no es dejar de recomendar mindfulness. Es hacerlo con cribado previo, expectativas claras, apoyo psicoeducativo y adaptación cuando haga falta.

    ¿Cuándo no conviene empezar por tu cuenta?

    Practicar atención plena con una aplicación es razonable para la mayoría de las personas que quieren manejar mejor el estrés cotidiano. Hay situaciones en las que conviene que alguien te acompañe desde el principio.

    • Si tienes antecedentes de trauma. La reexperimentación traumática figura entre los efectos adversos descritos (Matko y Van Dam, 2026). Dirigir la atención al cuerpo puede abrir contenido que necesita otro encuadre.
    • Si cursas un episodio depresivo actual. La evidencia más sólida de la MBCT está en la prevención de recaídas, en personas que ya salieron del episodio. Los propios autores del ensayo PREVENT señalan que no está claro si sus resultados aplican a quienes están en un episodio activo (Montero-Marin et al., 2025).
    • Si estás en tratamiento por un trastorno de ansiedad. El ensayo en ansiedad generalizada probó el programa de mindfulness añadido a la medicación, no en su lugar (Wang, Z. et al., 2026). Suspender un tratamiento para reemplazarlo por meditación no es lo que muestran los datos.
    • Si el malestar de base es alto. Fue justamente el predictor de experiencias adversas más frecuentes en los dos ensayos de meditación digital (Beloborodova et al., 2026).
    • Si aparecen desconexión, despersonalización o angustia intensa durante la práctica, y no ceden al terminar. Ahí conviene parar y consultar.

    Para orientarte sobre cuándo el estrés dejó de ser pasajero, puedes revisar la guía sobre qué es el estrés crónico. Si lo que te preocupa es una preocupación constante que no se apaga, la guía sobre el trastorno de ansiedad generalizada describe cuándo eso deja de ser un rasgo y pasa a ser un cuadro tratable. Y si lo que hay debajo es un ánimo bajo sostenido, la guía sobre depresión explica las señales y las opciones de tratamiento.

    Organismos como la Organización Mundial de la Salud y la American Psychological Association incluyen las prácticas basadas en atención plena entre las estrategias de cuidado de la salud mental, siempre dentro de un abordaje más amplio.

    Preguntas frecuentes sobre mindfulness

    ¿Cuánto tiempo hay que meditar al día para notar algo?

    No hay una cifra mínima con respaldo firme. En el metaanálisis sobre conciencia corporal, la dosis de práctica no resultó un moderador significativo de los resultados (Treves et al., 2025). Para empezar, la recomendación práctica es priorizar la frecuencia sobre la duración: cinco minutos casi diarios sostenidos varias semanas rinden más que sesiones largas y esporádicas.

    ¿Mindfulness y meditación son lo mismo?

    No exactamente. La meditación es el conjunto de prácticas formales; el mindfulness es la cualidad de atención que se entrena con ellas y también fuera de ellas. De hecho, una revisión crítica encontró que la práctica informal y la psicoeducación contribuyen de forma comparable a la meditación formal en los resultados clínicos (Lizama-Lefno et al., 2026).

    ¿El mindfulness sirve para la ansiedad?

    Sí, con efectos moderados. Un metaanálisis de 37 estudios con 3.199 participantes encontró una reducción de síntomas de ansiedad con g = 0,61 (Xu et al., 2026). En trastorno de ansiedad generalizada, un programa online autoguiado mostró beneficios como complemento del tratamiento habitual, no como reemplazo (Wang, Z. et al., 2026).

    ¿Puede hacerme mal meditar?

    Puede resultar incómodo y, en un subgrupo, generar malestar significativo. Entre el 3% y el 37% de quienes meditan reportan algún grado de deterioro funcional (Matko y Van Dam, 2026). Sin embargo, dos ensayos controlados encontraron tasas similares de experiencias adversas en quienes meditaron y en quienes no, lo que apunta a que buena parte refleja el malestar previo (Beloborodova et al., 2026).

    ¿Sirven las aplicaciones de mindfulness o hay que ir a un curso presencial?

    Para empezar, los datos disponibles no muestran una ventaja clara del formato presencial. En universitarios, el mindfulness en línea redujo el estrés con SMD = -0,56 y el presencial con -0,64, cifras comparables (Wang, Y. et al., 2026). La comparación fue indirecta, así que conviene leerla como “ambos formatos funcionan”, no como “son idénticos”.

    ¿El mindfulness reemplaza a la terapia?

    No. En los estudios donde mostró beneficios clínicos, el mindfulness se usó junto al tratamiento habitual o como programa estructurado de prevención de recaídas, no en lugar de la terapia o la medicación. Su lugar mejor documentado es complementario.

    Para cerrar

    El mindfulness no es una moda vacía ni la solución universal que venden las aplicaciones. Es una práctica con efectos moderados y bien medidos sobre ansiedad y depresión, con un terreno donde está especialmente sólida (prevenir que una depresión vuelva), varios donde rinde menos de lo prometido, y un perfil de riesgo que existe y que casi nadie te cuenta.

    Empezar es barato y accesible: cinco minutos de atención a la respiración, un escaneo corporal, o simplemente hacer con atención algo que ya haces en automático. Si al practicar aparece angustia que no cede, o si lo que estás intentando manejar con meditación es un cuadro que lleva meses instalado, la meditación sola probablemente no alcance.

    Si llegaste hasta aquí buscando una herramienta para algo que te está costando sostener, conversarlo con un profesional te va a dar algo que ninguna aplicación puede: saber qué es exactamente lo que estás tratando. Puedes escribirme para agendar una primera sesión y evaluarlo juntos.


    Nicolás Alcayaga

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

    Quién soy

    Referencias

    Beloborodova, P., Smith, L. M., Riordan, K. M., Simonsson, O., Dottori, L. T., Song, H. Q., Shashko, N. S., Tatar, R., Baldwin, S. A., Bernstein, A., Dunne, J. D., Davidson, R. J., Hirshberg, M. J., & Goldberg, S. B. (2026). Prevalence and Predictors of Self-Reported Adverse Experiences in Digital Meditation Training: 2 Randomized Controlled Trials. JMIR mental health, 13, e90602. https://doi.org/10.2196/90602

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