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    Tricotilomanía en niños: guía para padres

    Encuentras pelos en la almohada, un parche más ralo en la cabeza o unas pestañas que ya no están, y tu hijo dice que no sabe qué pasó. A veces lo sorprendes con la mano en el pelo, frente a la tele, tirando sin darse cuenta. Ese cuadro tiene nombre, tricotilomanía en niños, y es más tratable de lo que parece cuando lo estás viviendo en casa.

    Aquí vas a ver cómo distinguirlo de un hábito pasajero, por qué ocurre y por qué no es culpa tuya, qué hacer en casa (y qué evitar, porque varias reacciones muy naturales lo empeoran), qué tratamiento tiene respaldo en niños, cuándo conviene consultar y qué decirle al pediatra. Al final hay una guía para observar a tu hijo durante una semana y llegar a la consulta con datos.

    En breve: la tricotilomanía en niños es arrancarse el propio pelo de forma repetida, con pérdida visible y sin lograr parar aunque se quiera. En menores de 5 o 6 años, jugar con el pelo o tirárselo suave suele ser un hábito de autocalmado que se va con la edad, pero si hay calvas, malestar o si el niño se come el pelo, conviene consultar. El tratamiento con más respaldo es la terapia conductual (reversión del hábito) con los padres como apoyo, no como vigilantes. Los medicamentos no son la primera opción en niños.

    Tricotilomanía en niños: qué es y en qué se distingue de un hábito pasajero

    La tricotilomanía es la conducta repetida de arrancarse el propio pelo, hasta producir una pérdida visible, sin poder detenerla aunque la persona quiera. El DSM-5 la ubica entre los trastornos obsesivo-compulsivos y relacionados y pide cuatro cosas (American Psychiatric Association, 2013):

    • arrancarse el pelo de forma recurrente, con pérdida de pelo;
    • intentos repetidos de reducirlo o parar;
    • malestar importante o interferencia en la vida del niño (colegio, amigos, familia);
    • que no lo explique mejor otra condición médica u otro trastorno mental.

    En los más pequeños hay un matiz que cambia la lectura. Jugar con el pelo, enroscarlo o dar tirones leves es frecuente en lactantes y preescolares, casi siempre al dormirse, con sueño o aburridos, y los manuales clínicos lo describen como un hábito benigno de autocalmado, parecido a chuparse el dedo (Franklin et al., 2012; Mansueto y Rogers, 2012). No todo tirón de pelo es un trastorno: el diagnóstico se reserva para cuando hay pérdida de pelo, malestar o interferencia.

    Tampoco hace falta que tu hijo describa un ciclo de “tensión y alivio” para que el cuadro sea real. En un estudio con 15 niñas y niños de 9 a 17 años que se arrancaban el pelo de forma crónica, cuatro negaban sentir tensión antes o alivio después, y aun así todos tenían pérdida de pelo visible y un malestar que alteraba su vida (King et al., 1995).

    Esta guía se centra en la infancia y la preadolescencia. Si quieres la versión general del cuadro, con adultos y adolescentes mayores, está en el artículo sobre tricotilomanía. Según la edad, el cuadro se ve distinto:

    Edad Cómo suele verse Papel de los padres
    0 a 5 años Autocalmado al dormirse, con cansancio o aburrimiento; a menudo sin darse cuenta Dirigen el manejo: rutinas, objeto de transición, redirigir las manos sin reproches
    6 a 11 años Más conciencia del acto, pero poca preocupación propia; suelen consultar por la angustia de los padres Participan de forma activa: apoyan las herramientas y un sistema de incentivos por el esfuerzo
    12 a 17 años Vergüenza, secreto y camuflaje (gorros, maquillaje); el pelo se vuelve tema social El adolescente lleva la voz; los padres acompañan sin fiscalizar

    (Mouton-Odum y Golomb, 2012; Twohig y Woods, 2023)

    ¿A qué edad empieza y qué tan frecuente es?

    Puede empezar a cualquier edad, pero el inicio más típico ocurre al final de la infancia y en la preadolescencia. En una muestra clínica de 858 personas de 11 a 65 años, el pico de inicio estuvo entre los 11 y los 15 años y el 93,5 % había empezado antes de los 20 (Grant et al., 2023). Si tu hijo tiene 8 o 9 años, no es raro. En un niño de 3 años, lo más probable es un hábito de autocalmado, y se mira con más cautela antes de hablar de trastorno.

    En población general, un metaanálisis de 30 estudios estimó que cerca del 1,14 % de las personas cumple criterios de tricotilomanía, y que arrancarse el pelo de alguna forma es mucho más común (8,84 %). Ese mismo trabajo no encontró un predominio claro de mujeres (Thomson et al., 2022), aunque en los adultos que consultan sí predominan.

    Entre los más chicos, una encuesta online a padres de 110 niños de 0 a 10 años con este problema mostró que la mayoría tenía un malestar leve o moderado. Los preescolares, comparados con los escolares, se daban menos cuenta de lo que hacían, sentían menos tensión antes de tirar y tenían menos interferencia en su vida; en cambio, la gravedad y la proporción entre niñas y niños se mantuvieron parecidas entre los grupos de edad (Walther et al., 2014). Es una encuesta de padres reclutados en línea, así que sirve para describir cómo se ve, no para contar cuántos niños lo tienen.

    Arrancarse las pestañas en niños, las cejas y el cuero cabelludo: cómo se ve

    El pelo se puede arrancar desde cualquier zona, y muchos niños lo hacen desde varias a la vez. En una muestra de 46 niños y adolescentes que consultaron en dos clínicas especializadas, la mayoría se arrancaba pelo de varios sitios, tenía una pérdida de pelo bien visible y pasaba entre 30 y 60 minutos al día tirando o pensando en tirar (Tolin et al., 2007). El cuero cabelludo, las cejas y las pestañas son las zonas más descritas (Franklin et al., 2012; Twohig y Woods, 2023).

    Hay dos estilos que a menudo conviven:

    • Automático: ocurre fuera de la atención, en actividades tranquilas y de poca estimulación (la tele, estudiar, leer en la cama, el auto). El niño descubre el pelo en la mano cuando alguien se lo señala.
    • Focalizado: es consciente y suele disparar un estado emocional (aburrimiento, frustración con una tarea, ansiedad) o una sensación en el pelo, como buscar uno que se siente más áspero o fuera de lugar.

    En 62 niños de 8 a 17 años, el estilo focalizado aumentó con la edad, mientras que el automático se mantuvo estable; los mayores sentían urgencias más frecuentes y les costaba más contenerse (Panza et al., 2013). En la práctica, un niño de 7 años que “ni se dio cuenta” y un adolescente de 14 que lo hace a propósito frente al espejo pueden tener el mismo diagnóstico, pero necesitan abordajes distintos.

    Qué puedes notar en casa:

    • pelos sueltos en la almohada, el sofá, el escritorio o el asiento del auto;
    • un parche irregular, con pelos rotos a distintas alturas, o cejas y pestañas ralas o ausentes;
    • la mano en la cabeza o la cara mientras ve pantallas, estudia o se queda dormido;
    • un niño que se examina el pelo, lo enrolla o lo pasa por los labios;
    • gorros, flequillo largo o maquillaje para tapar;
    • evitar actividades donde se vea la cabeza o el rostro (piscina, deporte, fiestas).

    Si ves el pelo en la boca, salta a la sección sobre tricofagia más abajo.

    Causas de la tricotilomanía en niños: ¿por qué mi hijo se arranca el pelo? ¿Es culpa mía?

    No es culpa tuya, y tampoco es falta de voluntad de tu hijo. No hay una causa única: se conocen factores genéticos, rasgos de temperamento, estrés y el simple hecho de que la conducta calma o entretiene a corto plazo.

    Una revisión sistemática de 109 estudios concluyó que los factores genéticos tienen un papel importante en la tricotilomanía, en parte compartidos con el espectro del trastorno obsesivo-compulsivo, aunque no se conoce un gen de riesgo específico y confiable (Reid et al., 2024). Es común que haya algún familiar con tics, hábitos repetitivos u obsesiones (King et al., 1995).

    ¿Y la crianza? Un estudio comparó a 30 jóvenes con tricotilomanía, 30 con TOC y 30 sin diagnóstico. En las familias de los dos grupos clínicos los hijos describían más conflicto y menos cohesión que en el grupo sin diagnóstico, pero no encontró relación entre la gravedad del arranque y la conducta de crianza de los padres (Peris et al., 2019). Es un estudio transversal: muestra que el clima familiar puede estar más tenso cuando hay un trastorno en la casa, no qué cosa causó cuál. Con tranquilidad se puede decir que no hay evidencia de que un estilo de crianza produzca tricotilomanía.

    Los factores que parecen influir:

    • El estrés y los cambios. Se describe más en periodos de tensión (colegio, separación de los padres, conflictos con hermanos), pero también aparece en niños con vidas tranquilas.
    • El aburrimiento y los momentos de baja estimulación. Pantallas, tareas largas, el rato antes de dormir.
    • El sueño y la sensibilidad sensorial en los más pequeños. En una encuesta a padres de 384 niños de 0 a 5 años, los que se arrancaban el pelo tendían a dormir peor y a ser más sensibles a los estímulos; el pelo se tiraba sobre todo con aburrimiento, malestar o estando despiertos en la cama (Pendo et al., 2024). Esa muestra se reclutó en parte en páginas de apoyo, así que no refleja a todos los niños.
    • La función que cumple. Para el modelo conductual (ComB), el niño se arranca el pelo porque la conducta le regula algo: una sensación táctil, la ansiedad, el aburrimiento. Entender esa función es lo que permite reemplazarla por otra cosa (Gianoli y Tolin, 2012; Twohig y Woods, 2023).

    Tricofagia en niños: cuando se come el pelo

    Algunos niños, después de arrancarse el pelo, se lo pasan por los labios, muerden la raíz o se lo tragan (tricofagia). Es la señal que más conviene no dejar pasar, porque el pelo no se digiere. Con el tiempo puede acumularse en el estómago y formar una masa llamada tricobezoar.

    Una revisión pediátrica de urgencias describe que un tricobezoar sin diagnosticar puede causar úlceras en el estómago, sangrado, perforación u obstrucción del intestino, y que a menudo se presenta como dolor abdominal crónico en un niño sin una causa clara (Lynch et al., 2003). Esa fuente es una revisión de la literatura apoyada en un caso, no un estudio de frecuencia.

    Qué vigilar y qué hacer:

    • si el niño se lleva el pelo a la boca o lo traga, avisa al pediatra aunque la pérdida de pelo parezca leve;
    • dolor de estómago repetido, náuseas, vómitos, sensación de llenarse rápido, pérdida de apetito o de peso en un niño que se arranca el pelo son motivo de consulta médica pronta;
    • no lo regañes ni lo castigues por tragarlo: lo empeora y hace que lo esconda.

    No te doy un porcentaje de cuántos niños lo hacen porque las cifras publicadas varían mucho entre estudios y vienen de encuestas por internet y muestras pequeñas.

    Qué descartar antes: no todo pelo perdido es tricotilomanía

    Muchas familias llegan primero a un dermatólogo o a un pediatra, y eso está bien: la pérdida de pelo en la infancia tiene varias causas y la evaluación temprana importa (Henkel et al., 2019). Antes de dar por hecho que es tricotilomanía, el profesional suele descartar:

    • Alopecia areata: parches lisos, redondos u ovalados, de aparición más súbita, con pelos cortos en forma de signo de exclamación en el borde. En la tricotilomanía las zonas son más irregulares y tienen pelos rotos a distintas longitudes.
    • Tiña de la cabeza: infección por hongos, con enrojecimiento, descamación o picazón; se confirma con un examen y un cultivo.
    • Alopecia por tracción: por peinados muy tirantes, y se ubica donde el pelo se estira.

    Lo describe el capítulo de evaluación dermatológica del manual de Grant et al. (Mostaghimi, 2012). También se mira si el cuadro se explica mejor por otra cosa: tics (que son movimientos bruscos e involuntarios, a diferencia de una secuencia de tirar y examinar), un trastorno obsesivo-compulsivo, preocupación por un defecto físico, estereotipias en el contexto del desarrollo, o dificultades de atención (Flessner, 2012; Franklin et al., 2012).

    En niños, además, puede haber otro problema a la vez, como ansiedad en la infancia o un TDAH, y conviene evaluarlos porque cambian cómo se organiza el tratamiento.

    Qué hacer en casa: lo que ayuda y lo que empeora

    La reacción natural de unos padres asustados es vigilar, avisar y regañar. Es comprensible, y es justo lo que el capítulo sobre involucramiento familiar del manual de Grant et al. identifica como lo que más empeora el cuadro (Mouton-Odum y Golomb, 2012).

    Lo que conviene evitar

    • Hacer de “policía del pelo”. Revisar la cabeza todos los días, mirarle las manos, decir “¡baja la mano!” a cada rato. Aumenta la tensión y el secreto, y el hábito sube con ella.
    • Culpar o dudar de la voluntad. “Lo haces porque quieres.” El niño suele querer parar y no puede, que es justo lo que define el cuadro.
    • Castigar, avergonzar o hacer chantaje. No detienen el impulso y suman culpa.
    • Hacer del pelo el centro de la casa. Si todas las conversaciones giran en torno a la calva, el niño se reduce a eso.
    • Elogiar la apariencia. “Te ves tan linda con pestañas” se escucha como “te ves fea cuando no las tienes”.
    • Premiar el pelo que crece. El pelo no lo controla el niño en el momento del impulso; si el premio depende de eso, cualquier recaída se vive como fracaso.
    • Eximir al niño de las reglas normales. Mantener la disciplina de siempre le dice que no está “demasiado enfermo” para funcionar.

    Lo que sí ayuda

    • Un tono tranquilo y frases que quiten presión. Los autores sugieren decir cosas como «Te quiero igual con o sin pelo» o «Si quieres ayuda, aquí estoy; si no, lo trabajas con tu terapeuta» (Mouton-Odum y Golomb, 2012).
    • Elogiar el esfuerzo, no el resultado. «Vi lo bien que usaste tu herramienta hoy» en vez de «mira cuánto pelo te creció».
    • Recompensar el uso de las estrategias (usar la pelota antiestrés, ponerse las curitas, anotar en el registro), con premios inmediatos y simples, nunca por la ausencia de calvas.
    • Acordar un recordatorio solo si el niño lo pide: una señal discreta o una palabra clave, nunca un grito ni una cara de molestia. Si le molesta, se suspende.
    • Devolver el foco a lo que el niño es y hace: deporte, dibujo, amigos, notas.

    Qué hacer con las manos

    Los manuales de terapia conductual enseñan dos tipos de recurso (Gianoli y Tolin, 2012):

    • Respuesta competidora: un movimiento incompatible con llevarse la mano al pelo, mantenido uno a tres minutos cuando aparece el impulso. Por ejemplo, apretar una pelota blanda, cruzar los brazos, trabajar con arcilla o sostener un objeto con las dos manos.
    • Control del entorno: curitas en el pulgar y el índice, mitones o guantes finos en los momentos de más riesgo (tele, estudio, cama), tapar el espejo del baño, o un temporizador que lo saque del “piloto automático” a los diez minutos.

    La idea es dar a las manos otra tarea mientras se aprende a convivir con el impulso. Se prueba con el niño, no se le impone.

    Tricotilomanía en niños pequeños (menores de 6 años): cómo manejarlo en casa

    En preescolares, las recomendaciones apuntan a modificar el entorno más que a “tratar” al niño, porque a esa edad no puede aplicar técnicas de autocontrol. Los materiales de expertos incluyen:

    • rutinas de sueño predecibles y evitar que llegue sobrecansado a la cama;
    • un objeto de transición (peluche, manta, algo con textura agradable) para que las manos tengan qué hacer al dormirse o ver pantallas;
    • guantes delgados o mitones para dormir si el tirón es sobre todo nocturno;
    • redirigir la mano con calma hacia el objeto, sin palabras de reproche;
    • premios solo inmediatos y por usar el objeto (a esta edad los sistemas de puntos con recompensa diferida no funcionan).

    Conviene ser claro con lo que esto es. Son recomendaciones de expertos y consenso clínico (TLC Foundation, 2016; Mouton-Odum y Golomb, 2012), no resultados de ensayos: según los manuales, no hay ensayos controlados en menores de 5 años. Los ensayos de terapia conductual se hicieron en niños de edad escolar y adolescentes.

    Hay dos observaciones que vale la pena conocer. En una serie de 10 niños pequeños (26 meses de promedio) que consultaron en una clínica de psiquiatría infantil, los autores plantearon que a esa edad el arrancarse el pelo podría entenderse mejor como un problema de ansiedad (Wright y Holmes, 2003). Es una serie muy pequeña, y por eso la idea es una pista y no una regla. Y en dos niños pequeños con tirones de pelo y mal sueño, mejorar los hábitos de sueño redujo tanto el mal dormir como el tirón durante unos tres meses, con la mejoría sostenida al mes y a los tres meses de seguimiento (Fodstad et al., 2021). Son dos casos, una buena razón para revisar el sueño y no un tratamiento probado.

    Pasa a consulta si aparecen calvas visibles, si el niño se come el pelo, si el hábito se intensifica a pesar del manejo en casa o persiste más allá de la etapa preescolar, o si hay llanto frecuente, irritabilidad, problemas marcados de sueño o un contexto familiar con mucho estrés.

    Tricotilomanía en niños: ¿qué tratamiento psicológico funciona?

    El tratamiento con más respaldo es la terapia cognitivo-conductual centrada en el hábito, que en tricotilomanía se conoce como entrenamiento en reversión del hábito, a veces combinada con técnicas de aceptación (ACT) y con el análisis de la función de la conducta (ComB). Una revisión sistemática de 10 estudios en niños y adolescentes concluyó que las intervenciones conductuales, en particular la reversión del hábito, mostraron el mayor beneficio (Sharifi et al., 2025).

    Dos estudios sostienen esa conclusión en esta edad:

    Qué pasa en la consulta, según los manuales pediátricos (Gianoli y Tolin, 2012; Twohig y Woods, 2023):

    1. Se le explica al niño qué le pasa, sin culpa, como un hábito de autocalmado que el cuerpo aprendió. En niños suele plantearse como un juego de detectives: descubrir cuándo se cuela el hábito.
    2. Se registra: cuándo, dónde y qué pasaba antes. A veces el niño guarda los pelos en un sobre y lo trae a la sesión: es una medida objetiva y ayuda a darse cuenta de cuándo ocurre.
    3. Se practican las respuestas competidoras y se cambia el entorno (barreras en los dedos, espejos, rutinas).
    4. Se trabaja lo que dispara el hábito: aburrimiento, ansiedad, frustración, sensaciones táctiles.
    5. En adolescentes, un enfoque con ACT (unas 10 sesiones en el manual de Twohig y Woods) enseña a aceptar el impulso sin obedecerlo y a orientar la conducta hacia lo que importa.
    6. Los padres participan según la edad: más en los pequeños, como apoyo “porrista” en los adolescentes.

    Una dificultad frecuente es encontrar a alguien que conozca este abordaje. Una revisión de 2025 la señala: muchas familias tienen problemas para encontrar profesionales que conozcan el cuadro (DuBois et al., 2025). Más abajo hay señales para reconocer a un buen terapeuta.

    ¿Sirven los medicamentos en niños?

    La primera opción es la terapia conductual; los medicamentos quedan para casos concretos. En un ensayo con 39 niños y adolescentes de 8 a 17 años, la N-acetilcisteína (un suplemento que había funcionado en un ensayo con adultos) no fue mejor que el placebo: respondió el 25 % con el fármaco y el 21 % con placebo, y muchos mejoraron con el tiempo en ambos grupos. Los autores recomendaron derivar a terapia conductual antes de plantear medicación (Bloch et al., 2013).

    La revisión Cochrane llegó a un resultado parecido: en niños y adolescentes no hubo diferencia entre N-acetilcisteína y placebo, con certeza baja (Hoffman et al., 2021). La revisión de tratamientos pediátricos añade que los antidepresivos (ISRS) solo tienen series de casos en esta edad, y que la evidencia no alcanza para recomendar medicación como primera línea (Sharifi et al., 2025).

    Eso no impide que un psiquiatra infantil medique otro problema que coexista, como una depresión o una ansiedad importante, si dificulta la terapia. La decisión es médica y se toma después de evaluar al niño.

    Colegio, burlas y autoestima

    Un parche visible o unas pestañas ausentes se ven en el colegio, y los niños pueden ser crueles. Los niños con tricotilomanía son especialmente vulnerables al malestar duradero por burlas sobre su apariencia (Henkel et al., 2019).

    En 133 jóvenes de 10 a 17 años que respondieron una encuesta en línea, más del 45 % tenía síntomas depresivos y el 40 % síntomas ansiosos por encima de lo esperado para su edad, y los mayores reportaban más síntomas (Lewin et al., 2009). Es una muestra por internet reclutada desde la página de una fundación, así que sobrestima lo que verías en cualquier curso, pero da una idea de por qué conviene mirar el ánimo y no solo el pelo.

    Algunas ideas prácticas que recogen los manuales:

    • hablar con el profesor jefe, con permiso del niño, para que nunca le llamen la atención en público por tocarse el pelo y para acordar una señal privada si hace falta;
    • permitir una herramienta discreta (una pelota blanda en el bolsillo, curitas en los dedos);
    • estar atento a las burlas: si empiezan, tienen su propio plan de abordaje (mira la guía sobre bullying por apariencia física);
    • evitar raparle la cabeza o forzar un corte de pelo para “quitarle el problema”: no hay estudios que lo respalden, y puede sumar vergüenza.

    ¿Se le pasa solo? Qué sabemos del pronóstico

    Depende de la edad. En la primera infancia, los libros de referencia coinciden en que las formas de inicio muy temprano suelen ser transitorias y tienen menos probabilidad de volverse un problema de largo plazo que las de inicio más tardío, pero no existe una cifra confiable de cuántos niños se curan solos, y faltan estudios que los sigan en el tiempo (Franklin et al., 2012; Mansueto y Rogers, 2012; TLC Foundation, 2016). Cualquier porcentaje que veas en un blog es una suposición.

    Desde la preadolescencia el cuadro es más reservado. En 30 niños seguidos unos tres años después de un ensayo, la gravedad del arranque no cambió de forma significativa, y aumentaron los síntomas de ansiedad y depresión; los de mayor edad y con más arranque focalizado al comienzo tuvieron peor pronóstico (Schumer et al., 2015). Los autores interpretan que pocos niños mejoran por sí solos si no tienen acceso a terapia conductual o si esta no funciona.

    La lectura útil para una familia: en un preescolar tiene sentido observar con atención y ajustar el entorno; en un niño de 9 o 10 años con calvas, esperar a ver qué pasa no suele ser una buena estrategia.

    Cuándo consultar y cómo es la primera consulta

    Consulta pronto si:

    • hay calvas visibles o pérdida de cejas o pestañas;
    • se come el pelo o tiene dolor de estómago repetido;
    • lleva semanas o meses, o se intensifica a pesar de los cambios en casa;
    • tu hijo se avergüenza, lo esconde o evita actividades;
    • hay cambios de ánimo, ansiedad, problemas de sueño o de rendimiento;
    • ya cumplió 9 o 10 años y el hábito se ha vuelto parte de su rutina.

    Qué decirle al pediatra. Puedes decir algo así: «Mi hijo se arranca el pelo desde hace X meses. Quiero que revise el cuero cabelludo para descartar causas médicas como hongos o alopecia areata. Si hay dolor de estómago o se come el pelo, quiero descartar una bola de pelo. Y quiero una derivación a un psicólogo con formación en terapia cognitivo-conductual y reversión del hábito.»

    Cómo es la primera consulta con el psicólogo. Suele incluir una entrevista con el niño y con los padres, juntos y por separado: cuándo y dónde ocurre, qué siente antes y después, qué hacen ustedes cuando lo ven, si se come el pelo, antecedentes familiares, ánimo, sueño y colegio. Pueden usarse escalas para medir la gravedad (como la Trichotillomania Scale for Children) y registros de pelo (Franklin et al., 2012).

    Señales de un buen tratamiento:

    • aplica un protocolo estructurado de reversión del hábito, ACT o ComB, no solo conversación;
    • enseña desde las primeras sesiones respuestas competidoras y control del entorno;
    • ayuda a los padres a dejar de “policiar”;
    • premia el esfuerzo de usar las herramientas, no el pelo que crece.

    Señales de que algo anda mal: lo trata como automutilación o rabieta, recomienda castigos o fuerza de voluntad, promete una cura en dos sesiones o propone medicación como solución principal sin haber probado terapia conductual.

    Si no hay un especialista cerca, un psicólogo infantil con formación en terapia cognitivo-conductual y apoyo en los manuales estructurados puede cubrir lo básico, y parte de la terapia se puede hacer en línea. Si dudas a qué profesional ir primero, esta guía sobre psicólogo o psiquiatra puede orientarte, y para adolescentes existe una versión de la terapia de aceptación y compromiso. La fundación de referencia en este tema es la TLC Foundation for BFRBs, que publica guías para familias y profesionales.

    Una semana de observación antes de la consulta (esto no es un test)

    Antes de ir, vale la pena anotar durante una semana, sin que el niño se sienta vigilado. No hay puntaje ni diagnóstico en esto: es información para la consulta.

    • Cuándo: hora del día, después de qué (tarea, pantalla, discusión, cansancio).
    • Dónde: cama, sofá, auto, sala de clases.
    • Qué pasaba antes: aburrimiento, frustración, preocupación, cosquilleo en el cuero cabelludo.
    • Qué hace con el pelo: lo suelta, lo examina, lo muerde, lo traga.
    • Qué tan consciente parece: si se da cuenta o solo lo nota cuando se lo señalan.
    • Qué pasó después: cómo reaccionaron los demás, cómo quedó él.
    • Cómo duerme y cómo está de ánimo.

    Si tu hijo lo acepta, puede guardar los pelos en un sobre cada día. Acuerda con él que no es para castigar nada: es para que el terapeuta tenga un dato objetivo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Es normal que un bebé o un niño pequeño juegue con su pelo o se lo tire?

    Es bastante habitual. En niños de 0 a 5 años suele ser un hábito de autocalmado que aparece al dormirse, con sueño o aburrimiento y que tiende a desaparecer con el desarrollo. Conviene consultar si hay calvas, si se come el pelo, si lo hace a escondidas o si se vuelve más intenso.

    Mi hijo se arranca las pestañas, ¿es tricotilomanía?

    Puede serlo, pero primero se descartan causas médicas, como infecciones o alopecia areata. Si hay pérdida de pelo, intentos de parar y malestar, el nombre es el mismo sea cuero cabelludo, cejas o pestañas. El profesional evalúa el caso, y la terapia conductual se adapta a cada zona.

    ¿Se le va a pasar solo?

    En los más pequeños muchas veces sí, pero no hay una cifra confiable de cuántos. En la preadolescencia, un seguimiento de unos tres años en niños mostró pocos cambios sin terapia conductual. Si hay calvas, malestar o tricofagia, no conviene esperar.

    ¿Sirve cortarle el pelo, taparle las manos o castigarlo?

    Rapar la cabeza o castigar no tiene respaldo y suma vergüenza. Los manuales describen barreras suaves acordadas con el niño (curitas en los dedos, mitones, tapar el espejo) dentro de un plan con respuestas alternativas para las manos, y quien cambia el hábito es la terapia.

    ¿Los medicamentos sirven en niños?

    Los medicamentos quedan en segundo plano. En un ensayo con niños, la N-acetilcisteína no fue mejor que el placebo, y la evidencia pediátrica de otros fármacos es limitada. Pueden tener sentido si hay una depresión o ansiedad asociada, y siempre los decide un médico después de evaluar al niño.

    ¿Qué le digo a mi hijo para explicarle lo que le pasa?

    Que es un hábito que su cuerpo aprendió para calmarse o entretenerse, parecido a morderse las uñas, que no lo hace por maldad ni por locura y que hay trucos para aprender a manejarlo. Evita decir que “se ve mal” o que se está “haciendo daño a propósito”. Ofrécele ayuda, sin presionar.

    Si lo que ves en tu hijo te preocupa, puedes conversarlo con alguien

    Un niño que se arranca el pelo necesita, sobre todo, un adulto que lo mire con calma y un profesional que conozca el cuadro. Si quieres orientación para tu caso o para ubicar al profesional adecuado, puedes escribirnos desde la página de contacto y revisarlo juntos.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.ª ed.). American Psychiatric Publishing.

    Bloch, M. H., Panza, K. E., Grant, J. E., Pittenger, C., & Leckman, J. F. (2013). N-acetylcysteine in the treatment of pediatric trichotillomania: A randomized, double-blind, placebo-controlled add-on trial. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 52(3), 231-240. https://doi.org/10.1016/j.jaac.2012.12.020

    DuBois, M. C., Feler, B. M., Flessner, C. A., & Franklin, M. E. (2025). Trichotillomania and its treatment: An updated review and recommendations. Expert Review of Neurotherapeutics, 25(11), 1335-1345. https://doi.org/10.1080/14737175.2025.2557395

    Flessner, C. A. (2012). Diagnosis and comorbidity. En J. E. Grant, D. J. Stein, D. W. Woods, & N. J. Keuthen (Eds.), Trichotillomania, skin picking, and other body-focused repetitive behaviors (pp. 83-96). American Psychiatric Publishing.

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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