Etiqueta: anorexia y bulimia en hombres

  • Anorexia y bulimia: diferencias y similitudes

    Anorexia y bulimia: diferencias y similitudes

    Si llegaste buscando las diferencias entre anorexia y bulimia, probablemente tienes un motivo concreto: alguien cercano come muy poco, o come a escondidas y se va al baño, o tú misma o tú mismo no sabes en cuál de las dos descripciones te reconoces. La pregunta es razonable, porque desde fuera se parecen más de lo que se cree y por dentro comparten una raíz. También es una pregunta con trampa: la etiqueta importa menos de lo que parece, y ambas tienen tratamiento.

    Aquí vas a ver qué separa a una de otra, qué tienen en común, por qué algunas personas pasan de un diagnóstico al otro, cómo se presentan en hombres y qué cambia en el tratamiento. Las cifras salen de metaanálisis, revisiones y ensayos clínicos, y donde la evidencia es floja, lo decimos. Si buscas la visión de conjunto, tienes la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria, y cada trastorno tiene su propia guía: anorexia nerviosa y bulimia nerviosa.

    En breve: la diferencia principal entre anorexia y bulimia es el peso. En la anorexia nerviosa el peso es significativamente bajo porque la persona restringe lo que come. En la bulimia nerviosa hay atracones seguidos de conductas para compensarlos (vómito, laxantes, ayuno, ejercicio) y el peso suele estar en el rango habitual o por encima. Lo que las une es la psicopatología central: el valor personal depende casi por completo del cuerpo y del peso. Ninguna se diagnostica por cuenta propia, y ambas pueden tener consecuencias médicas serias.

    ¿Cuál es la diferencia entre anorexia y bulimia?

    La diferencia entre anorexia y bulimia está en el peso corporal y en cómo se llega a controlarlo. En la anorexia nerviosa el peso es significativamente bajo y la conducta central es restringir lo que se come. En la bulimia nerviosa hay episodios de atracón seguidos de conductas compensatorias, y el peso suele ser habitual o más alto. Las dos comparten la sobrevaloración de la figura y el peso.

    Anorexia nerviosa Bulimia nerviosa
    Peso Significativamente bajo Habitual o por encima
    Conducta central Restricción de lo que se come Atracones y conductas compensatorias
    Atracones Solo en el tipo con atracones y purgas Requisito del diagnóstico
    Vómito, laxantes, ejercicio excesivo Solo en el tipo con atracones y purgas Requisito del diagnóstico
    Frecuencia exigida Sin umbral semanal fijo Al menos una vez por semana durante tres meses
    Qué mide la gravedad El nivel de bajo peso Cuántos episodios compensatorios hay por semana
    Regla de precedencia Prevalece sobre la bulimia No se diagnostica si se cumplen los criterios de anorexia
    Cómo se vive Tiende a vivirse como un logro Tiende a vivirse con vergüenza y malestar
    Quién consulta primero Con frecuencia la familia Con más frecuencia la propia persona, tarde

    La última fila de este cuadro comparativo resume lo que muestra cada trastorno por dentro, y más abajo la desarrollamos. Es una descripción de tendencias y no de reglas: hay personas con anorexia que piden ayuda ellas mismas, y personas con bulimia que no reconocen el problema.

    Diferencias entre anorexia y bulimia nerviosa: criterios del DSM-5

    El DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013), según lo resumen Fairburn (2008) y Agras y Robinson (2018), exige tres cosas para la anorexia nerviosa:

    • Restricción de la ingesta frente a lo que el cuerpo necesita, que lleva a un peso significativamente bajo para la edad, el sexo, el desarrollo y la salud física.
    • Miedo intenso a ganar peso o conductas persistentes que impiden subirlo, aunque el peso ya sea bajo.
    • Alteración de la imagen corporal: la persona vive de forma distorsionada su peso o su figura, basa su valor en ellos o no reconoce la gravedad del bajo peso.

    Para la bulimia nerviosa pide cinco:

    • Atracones recurrentes: comer en un período breve (por ejemplo, dos horas) una cantidad claramente mayor que la que la mayoría comería, con sensación de no poder parar.
    • Conductas compensatorias recurrentes para evitar subir de peso: vómito autoinducido, uso indebido de laxantes o diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo.
    • Frecuencia: en promedio, al menos una vez por semana durante tres meses. El DSM-IV exigía dos.
    • Autoevaluación influida de forma desproporcionada por la figura y el peso.
    • Exclusión: el cuadro no ocurre solo durante un episodio de anorexia nerviosa.

    El DSM-5 también eliminó la ausencia de menstruación como requisito de la anorexia, porque dejaba fuera a los hombres, a las mujeres que usan anticonceptivos y a las adolescentes que aún no menstruaban (Agras y Robinson, 2018). Cada trastorno tiene además su propia escala de gravedad: en la anorexia se mide por el grado de bajo peso, y en la bulimia por la cantidad de episodios compensatorios por semana. Esa evaluación la hace un profesional. La Asociación Americana de Psiquiatría ofrece una descripción general en inglés y MedlinePlus una en español. Por eso aquí no vas a encontrar cifras de peso ni de IMC para “saber si es grave”.

    ¿La anorexia con atracones y purgas es lo mismo que la bulimia?

    No, y la diferencia vuelve a ser el peso. La anorexia nerviosa tiene dos tipos: el restrictivo, en que el peso bajo se logra con dieta, ayuno o ejercicio excesivo, y el que incluye atracones o purgas regulares. Una persona del segundo tipo hace lo mismo que una persona con bulimia (atraca, vomita, usa laxantes), pero su peso es significativamente bajo. Fairburn (2013) y Agras y Robinson (2018) explican que si alguien cumple los criterios de peso de la anorexia, el diagnóstico es anorexia y no se le agrega el de bulimia.

    Es un buen ejemplo de por qué las etiquetas son fronteras y no paredes. Una revisión sistemática encontró que son pocos los estudios que comparan directamente los dos tipos de anorexia, y que las diferencias posibles en funcionamiento cognitivo no alcanzan para sacar conclusiones firmes (Van Autreve y Vervaet, 2015).

    Semejanzas entre anorexia y bulimia: ¿qué tienen en común?

    La anorexia y la bulimia comparten la psicopatología central: la persona juzga su valor casi por completo según su figura, su peso y su capacidad de controlarlos. Fairburn (2008) la describe con la imagen de un gráfico circular de la autoestima. La mayoría de la gente reparte su valor en muchos trozos (relaciones, trabajo, estudios, aficiones). En un trastorno alimentario, el trozo del cuerpo ocupa casi todo el gráfico.

    De ahí nacen conductas parecidas en ambos cuadros (Fairburn, 2008):

    • Dieta estricta, con reglas rígidas sobre qué, cuándo y cuánto comer.
    • Control del cuerpo: pesarse una y otra vez, medirse, mirarse al espejo, o lo contrario, evitar espejos y ropa ajustada.
    • Confundir emociones con peso: traducir la tristeza, el aburrimiento o la soledad en “me siento gorda” o “me siento gordo”.
    • Pensamiento de todo o nada, donde una desviación pequeña de la regla se vive como un fracaso total.
    • Atracones y purgas: no son exclusivos de la bulimia, también ocurren en el tipo de anorexia con atracones y purgas.

    También comparten acompañantes. Tanto en la anorexia como en la bulimia son frecuentes los síntomas de ánimo y de ansiedad, el perfeccionismo y la baja autoestima de fondo (Fairburn, 2008). La diferencia, desde esta mirada, es cuánto pesa la restricción y cuánto el atracón: si la restricción domina con éxito, el peso cae, y si se interrumpe por atracones y purgas, el peso se mantiene más estable (Fairburn, 2008).

    Esa observación es la base del modelo transdiagnóstico de Fairburn, que propone una sola terapia (la TCC mejorada, CBT-E) para las distintas etiquetas, adaptada a lo que mantiene el problema en cada persona. Más abajo vemos qué dice la evidencia sobre el tratamiento.

    ¿Se puede pasar de la anorexia a la bulimia?

    Sí, ocurre, y es una de las razones por las que los especialistas hablan de fronteras difusas. Los trastornos alimentarios cambian de forma con el tiempo. Pero el movimiento no es igual en las dos direcciones, y la evidencia no es del todo uniforme.

    • Un seguimiento de 7 años de 216 mujeres mostró que la mayoría de quienes empezaron con anorexia cambió de tipo o de diagnóstico: más de la mitad pasó entre el tipo restrictivo y el de atracones y purgas, y un tercio llegó a cumplir criterios de bulimia, aunque con tendencia a recaer en anorexia. Las mujeres con bulimia rara vez pasaron a anorexia (Eddy et al., 2008).
    • Un metaanálisis reciente de 27 estudios coincide en lo central. Los cruces entre síndromes distintos (por ejemplo, de bulimia a anorexia) fueron raros, mientras que eran más comunes los cambios dentro de la anorexia (23 % pasó del tipo restrictivo al de atracones y purgas) y el paso hacia categorías de “otros trastornos especificados”, entre 17 % y 25 % según el diagnóstico de partida (Martin et al., 2026, publicación anticipada). Los autores concluyen que conviene repetir la evaluación con entrevistas especializadas.
    • Un estudio con 88 personas con anorexia y 350 con bulimia encontró que 32 de las 88 personas con anorexia desarrollaron bulimia y que 93 de las 350 con bulimia desarrollaron anorexia, una proporción en ese sentido mayor que la de otros trabajos. La mayoría de los cruces ocurrió antes del quinto año de enfermedad, y la baja capacidad de dirigir la propia conducta se asoció a los cambios en las dos direcciones (Tozzi et al., 2005).
    • En una cohorte de 793 pacientes seguida seis años después del tratamiento, la migración entre diagnósticos y las recaídas fueron frecuentes, y la presencia de un trastorno del ánimo se asoció con más inestabilidad diagnóstica (Castellini et al., 2011).

    En la práctica, un diagnóstico describe el momento actual y puede cambiar. Quien tiene hoy una anorexia restrictiva puede desarrollar atracones, y quien pasa a un peso habitual no necesariamente está recuperado. Lo que sostiene el problema (la sobrevaloración del cuerpo y las reglas rígidas) sigue siendo lo que hay que tratar.

    ¿Cómo se vive cada una por dentro?

    La forma en que la persona vive su trastorno es una de las diferencias más útiles para las familias, aunque no sirve para diagnosticar. Según lo que recogen los manuales del cuaderno de referencia (Fairburn, 2008; Agras y Robinson, 2018; Cash y Smolak, 2011), el patrón típico es este:

    En la anorexia, la restricción y el adelgazamiento tienden a vivirse como algo valioso: una muestra de disciplina, de control o de ser especial. Por eso es común la negación del problema y la poca conciencia de la gravedad de la desnutrición, y el tratamiento se vive como una amenaza a esa meta. El secreto no nace de la vergüenza sino del miedo a que alguien interfiera. Con frecuencia son los padres, la pareja o los docentes quienes notan la pérdida de peso, el aislamiento o la palidez y consultan primero.

    En la bulimia, los atracones y las purgas suelen vivirse con malestar. Dominan la culpa, la vergüenza y el autorreproche por haber “perdido el control”, y la persona esconde la conducta con mucho cuidado, a veces durante años y aun viviendo en familia. Suele haber más deseo de recuperarse, pero el miedo a subir de peso si deja de purgar y la vergüenza de contarlo frenan la consulta. Fairburn (2008) observa que quienes buscan ayuda llevan entre cinco y diez años con el problema.

    Dos advertencias. La primera: es una descripción de lo más frecuente. Hay personas con anorexia que sufren y piden ayuda, y personas con bulimia que no ven problema alguno. La segunda: nada de esto significa que una sea “más grave” por vivirse de otro modo. Que la bulimia sea menos visible no la hace más leve.

    ¿Qué le hacen al cuerpo, y cuál es más peligrosa?

    Las dos pueden ser peligrosas, por mecanismos distintos. La anorexia daña el cuerpo sobre todo por la desnutrición sostenida, y la bulimia por el efecto de las purgas sobre los electrolitos y el sistema digestivo (Agras y Robinson, 2018).

    En la anorexia, la desnutrición puede afectar a casi todos los sistemas. Los manuales describen latidos lentos, presión baja, riesgo de arritmias, anemia, estreñimiento intenso, pérdida de densidad ósea y alteraciones hormonales. La realimentación necesita supervisión médica, porque comer de golpe tras una desnutrición severa puede alterar los electrolitos y afectar al corazón (Agras y Robinson, 2018; NICE, 2017).

    En la bulimia, el vómito y el abuso de laxantes y diuréticos pueden causar potasio bajo, que altera la actividad eléctrica del corazón, además de desgaste del esmalte dental, hinchazón de las glándulas salivales, reflujo e irritación del esófago. Una revisión sobre las complicaciones médicas señala que el vómito autoinducido y el abuso de laxantes explican más del 90 % de las conductas de purga, y que algunas complicaciones pueden ser muy peligrosas (Mehler y Rylander, 2015). Un peso habitual no descarta riesgo: las arritmias por potasio bajo pueden aparecer con cualquier peso.

    ¿Y la mortalidad? Un metaanálisis de 74 tamaños de efecto halló una razón de mortalidad estandarizada de 5,21 para la anorexia nerviosa y de 2,20 para la bulimia nerviosa, ambas por encima de la población general (Krug et al., 2025). La anorexia tiene el número más alto, pero comparar “cuál es peor” sirve poco a quien está en medio de una de las dos. Las dos se tratan con la misma seriedad.

    Se necesita atención médica urgente ante desmayos, dolor de pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, debilidad intensa, sangre en el vómito o en las heces, o dolor abdominal fuerte tras un atracón.

    ¿Qué tan frecuentes son?

    Ambas son poco frecuentes en población general, y la bulimia lo es más que la anorexia. Un metaanálisis de 33 estudios calculó una prevalencia a lo largo de la vida de 0,16 % para la anorexia y de 0,63 % para la bulimia, y sus autores advierten que las cifras pueden estar subestimadas (Qian et al., 2022). En Latinoamérica, un metaanálisis de 17 estudios, con datos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela, estimó una prevalencia puntual media de 0,1 % para la anorexia y de 1,16 % para la bulimia (Kolar et al., 2016). Las cifras son bajas porque son diagnósticos completos. Los cuadros subclínicos, que también hacen daño, son bastante más comunes.

    Anorexia y bulimia en hombres: ¿se presentan igual?

    Anorexia y bulimia en hombres existen, son menos frecuentes y se detectan más tarde. En la encuesta nacional de comorbilidad de Estados Unidos, la prevalencia a lo largo de la vida fue de 0,9 % en mujeres y 0,3 % en hombres para la anorexia, y de 1,5 % y 0,5 % para la bulimia (Hudson et al., 2007). Una revisión sistemática de 94 estudios encontró, para cualquier trastorno alimentario, 8,4 % en mujeres y 2,2 % en hombres (Galmiche et al., 2019). En muestras clínicas históricas, los hombres eran aproximadamente uno de cada diez pacientes, aunque los estudios comunitarios más recientes sugieren una proporción mayor, que algunas estimaciones sitúan cerca de una cuarta parte (Agras y Robinson, 2018).

    Lo que se sabe de cómo se presentan:

    • Los síntomas centrales son los mismos: sobrevaloración de la figura y el peso, dieta estricta, preocupación por el control. El curso y la respuesta a los tratamientos psicológicos son similares, así que no hay criterios diagnósticos separados para hombres (Agras y Robinson, 2018).
    • Muchas veces la meta es el músculo, más que la delgadez extrema. Los manuales describen la llamada “anorexia inversa”: una persona muy musculosa que se percibe pequeña y débil, con levantamiento compulsivo de pesas, dietas muy altas en proteína y, a veces, esteroides anabólicos. En el DSM-5 eso se clasifica como trastorno dismórfico corporal con especificador de dismorfia muscular, y no como anorexia (Agras y Robinson, 2018; Cash y Smolak, 2011).
    • Hay contextos de más riesgo: deportes con categorías de peso o con presión por un cuerpo liviano (lucha, remo, atletismo, gimnasia), y, según los manuales, los hombres gay y bisexuales presentan más insatisfacción corporal que los heterosexuales (Agras y Robinson, 2018).
    • El estigma retrasa la consulta. Persiste la idea de que estos trastornos son “cosa de mujeres”, y eso lleva a ocultar los síntomas y a pedir ayuda más tarde.
    • Hay menos investigación. Una revisión de 18 estudios con 1.129 hombres tratados por anorexia concluyó que el conocimiento sobre el resultado es escaso, que los resultados son inconclusos y en parte contradictorios, y que no hay evidencia firme de diferencias entre sexos (Strobel et al., 2018). Es honesto decirlo así: lo que sabemos de ellos es menos de lo que querríamos.

    Si eres hombre y algo de esto te resuena, consulta sin esperar a que se note: los mismos tratamientos psicológicos sirven.

    ¿Cómo se tratan? Lo que cambia y lo que se comparte

    Las dos se tratan con psicoterapia como base, con terapia familiar en adolescentes y con evaluación y seguimiento médico en paralelo. Las diferencias aparecen en el foco, porque en la anorexia hay que recuperar peso y en la bulimia hay que cortar el ciclo de atracón y purga. Las recomendaciones de la guía NICE (2017) y de los manuales son estas:

    Anorexia nerviosa

    • Adolescentes: primera línea es la terapia familiar enfocada en la anorexia (18 a 20 sesiones en alrededor de un año), donde los padres asumen temporalmente el control de la realimentación. Si no es adecuada o no funciona, se ofrece TCC enfocada en trastornos alimentarios o psicoterapia centrada en el adolescente (NICE, 2017; Lock y Le Grange, 2012).
    • Adultos: NICE ofrece elegir entre TCC enfocada en trastornos alimentarios, MANTRA o manejo clínico de apoyo especializado (NICE, 2017).
    • Medicamentos: no se recomiendan como tratamiento único ni principal (NICE, 2017).

    Bulimia nerviosa

    • Adolescentes: terapia familiar enfocada en la bulimia (18 a 20 sesiones en unos seis meses).
    • Adultos: autoayuda guiada con manual como primer paso y, si no basta, TCC enfocada en trastornos alimentarios (unas 20 sesiones en 20 semanas). La terapia interpersonal es una alternativa.
    • Medicamentos: la fluoxetina a dosis alta puede acompañar a la psicoterapia, pero no se usa sola (NICE, 2017).

    ¿Qué dice la evidencia sobre cuánto funcionan? Para la anorexia, un ensayo con 121 adolescentes no halló diferencias en remisión completa al terminar entre terapia familiar y terapia individual, pero a los 6 y 12 meses la terapia familiar fue superior (Lock et al., 2010). En adultos, el ensayo MOSAIC con 142 pacientes mostró que MANTRA y el manejo clínico especializado mejoraron por igual el IMC y los síntomas a los 6 y 12 meses, y que los pacientes consideraron más aceptable el primero (Schmidt et al., 2015). Un metaanálisis en red de 16 ensayos con adultos concluyó que ninguna intervención psicológica superó al tratamiento habitual, con certeza de la evidencia de baja a muy baja (Solmi et al., 2021). Un metaanálisis de 35 ensayos encontró que los tratamientos especializados superan a los comparadores en el peso final, con un efecto pequeño, pero que esa ventaja no se mantiene en el seguimiento y no se ve en los síntomas psicológicos (Murray et al., 2019). Dicho simple: en la anorexia adulta hay tratamientos que ayudan, pero la evidencia es más débil que en la bulimia.

    Para la bulimia, un metaanálisis de 45 ensayos halló que tras la psicoterapia 35,4 % de quienes terminaron el tratamiento dejó por completo los atracones y las purgas (29,9 % si se cuentan todos los que empezaron), con cifras mejores en los tratamientos conductuales como la TCC, y que más del 60 % no logró la abstinencia completa (Linardon y Wade, 2018). Es una vara exigente, ya que mide cero episodios, y no significa que el resto no mejore. En adolescentes, un ensayo con 80 jóvenes mostró que al terminar 39 % de quienes recibieron terapia familiar estaba sin atracones ni purgas frente a 18 % con psicoterapia de apoyo (Le Grange et al., 2007), y otro ensayo con 130 adolescentes comparó la terapia familiar con una TCC adaptada: la familiar logró más abstinencia al terminar (39 % frente a 20 %), pero a los 12 meses la diferencia ya no fue significativa (Le Grange et al., 2015). Sobre los medicamentos, en un ensayo con 387 mujeres la fluoxetina a 60 mg diarios superó al placebo en reducir atracones y vómitos semanales (Fluoxetine Bulimia Nervosa Collaborative Study Group, 1992). Esa decisión siempre es de un médico.

    Lo que comparten los tratamientos: la terapia trabaja la sobrevaloración del cuerpo, flexibiliza las reglas de comida y enseña a tolerar emociones difíciles sin recurrir a la conducta. Si no tienes claro con quién partir, esta guía compara psicólogo y psiquiatra y esta otra, terapia online y presencial. La terapia psicológica puede hacerse a distancia cuando no hay riesgo médico. Si hay signos de alteración del corazón o de los electrolitos, o un peso muy bajo, la evaluación médica presencial va primero.

    ¿Cuál tiene mejor pronóstico?

    La bulimia tiene mejor pronóstico que la anorexia, y ambas son recuperables. En el Oxford Handbook, el capítulo sobre curso resume que en la anorexia se recupera entre 45 % y 50 % en seguimientos de 10 a 20 años, y que en la bulimia se recupera entre 65 % y 70 % en seguimientos de cinco años o más (Agras y Robinson, 2018). Son cifras de estudios con métodos distintos y varían entre ellos. Un estudio de seguimiento de más de 10 años con 173 mujeres con bulimia halló, a los 11,5 años de media, que 11 % aún cumplía todos los criterios y casi 70 % estaba en remisión completa o parcial (Keel et al., 1999).

    Las recaídas son parte del camino para mucha gente. Una revisión con metaanálisis de 16 estudios estimó que 31 % de los pacientes con anorexia recayó tras el tratamiento, con el mayor riesgo durante el primer año después del alta (Berends et al., 2018). Consultar pronto mejora las posibilidades en ambas.

    ¿Cómo saber si es anorexia, bulimia u otra cosa?

    No se sabe desde fuera, y no hace falta saberlo para pedir ayuda. Los criterios se evalúan en una entrevista clínica, y a veces el cuadro no calza en ninguna de las dos etiquetas. Hay quienes tienen todos los síntomas de la anorexia con un peso dentro del rango habitual (la anorexia atípica, que el DSM-5 ubica entre los “otros trastornos especificados”) y quienes tienen atracones sin purgas, que corresponden al trastorno por atracón. Ninguno es “menos serio” que los otros.

    Algunas señales que justifican consultar, sea cual sea el nombre:

    • Restringir la comida, saltarse comidas o evitar grupos de alimentos de forma rígida.
    • Comer en secreto grandes cantidades, o ir al baño justo después de comer.
    • Usar laxantes, diuréticos o ejercicio para “compensar”.
    • Vivir pendiente del peso, de las calorías o del espejo, con un ánimo que sube y baja según el resultado.
    • Mareos, desmayos, cansancio, calambres, frío constante o cambios en la menstruación.
    • Evitar comidas sociales y mentir sobre lo que se come.

    Existe un cuestionario breve de cinco preguntas, el SCOFF, para orientar sobre el riesgo. Orienta al principio, y la evaluación la hace siempre un profesional. Para los atracones sin purgas en su versión más leve, mira también la guía sobre ansiedad por comer.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Consulta cuando la comida, el peso o el cuerpo ocupan buena parte de tus pensamientos o de los de alguien cercano, cuando hay conductas para compensar o restringir, o cuando empieza a afectar la salud, el ánimo o las relaciones. No hace falta esperar a que haya un diagnóstico claro ni a “estar muy mal”. Iniciar el tratamiento antes se asocia a mejor evolución.

    • Urgencia médica: desmayos, dolor de pecho, latidos irregulares o muy lentos, confusión, debilidad intensa, sangre en el vómito o en las heces.
    • Consulta médica pronto: pérdida de peso rápida, vómitos o laxantes frecuentes, mareos repetidos, calambres, cambios en la menstruación.
    • Consulta psicológica: reglas rígidas sobre la comida, atracones, miedo intenso a engordar, vergüenza que lleva a esconderse.
    • Si hay ideas de hacerse daño: consulta de inmediato y mira esta guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    Una primera consulta psicológica sirve para evaluar el cuadro, medir el riesgo y decidir si hace falta un equipo especializado o una evaluación médica antes de partir. Si quieres dar ese paso, puedes agendar una consulta. También sirve ir solo o sola a preguntar, o ir con un hijo o una hija. Para ordenar la decisión, esta guía te ayuda a elegir psicólogo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuál es la principal diferencia entre anorexia y bulimia?

    El peso. En la anorexia nerviosa es significativamente bajo y la conducta central es restringir la comida. En la bulimia nerviosa hay atracones seguidos de conductas compensatorias, y el peso suele ser habitual o más alto. Las dos comparten la sobrevaloración del cuerpo y del peso (Fairburn, 2008; Agras y Robinson, 2018).

    ¿Se puede tener anorexia y bulimia al mismo tiempo?

    No como dos diagnósticos a la vez. Si se cumplen los criterios de peso de la anorexia, el diagnóstico es anorexia, y cuando hay atracones y purgas se habla del tipo con atracones y purgas. Con el tiempo es posible pasar de un diagnóstico a otro (Eddy et al., 2008; Martin et al., 2026).

    ¿Qué es más grave, la anorexia o la bulimia?

    Ambas son graves. La anorexia tiene mayor mortalidad (razón de 5,21 frente a 2,20 en la bulimia) y la bulimia puede causar arritmias por potasio bajo aunque el peso sea habitual (Krug et al., 2025; Mehler y Rylander, 2015).

    ¿Los hombres también tienen anorexia y bulimia?

    Sí, aunque con menor frecuencia y con menos diagnóstico. En Estados Unidos, la prevalencia a lo largo de la vida fue de 0,3 % para la anorexia y 0,5 % para la bulimia en hombres. En ellos el objetivo suele ser la musculatura más que la delgadez (Hudson et al., 2007; Agras y Robinson, 2018).

    ¿Anorexia y bulimia tienen cura?

    Muchas personas se recuperan. En seguimientos largos, entre 45 % y 50 % se recupera de la anorexia y entre 65 % y 70 % de la bulimia, y consultar temprano mejora el pronóstico. Las recaídas son posibles, por eso el seguimiento después del alta importa (Agras y Robinson, 2018).

    ¿El tratamiento es el mismo para las dos?

    Tiene bases comunes (psicoterapia, trabajo con la sobrevaloración del cuerpo, apoyo médico) pero cambia el foco. En la anorexia se prioriza recuperar el peso y, en adolescentes, la terapia familiar. En la bulimia se prioriza cortar el ciclo de atracón y purga con TCC o terapia familiar (NICE, 2017).

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    Referencias

    • Agras, W. S., & Robinson, A. (Eds.). (2018). The Oxford handbook of eating disorders (2nd ed.). Oxford University Press.
    • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
    • Berends, T., Boonstra, N., & van Elburg, A. (2018). Relapse in anorexia nervosa: A systematic review and meta-analysis. Current Opinion in Psychiatry, 31(6), 445-455. https://doi.org/10.1097/yco.0000000000000453
    • Cash, T. F., & Smolak, L. (Eds.). (2011). Body image: A handbook of science, practice, and prevention (2nd ed.). Guilford Press.
    • Castellini, G., Lo Sauro, C., Mannucci, E., Ravaldi, C., Rotella, C. M., Faravelli, C., & Ricca, V. (2011). Diagnostic crossover and outcome predictors in eating disorders according to DSM-IV and DSM-V proposed criteria: A 6-year follow-up study. Psychosomatic Medicine, 73(3), 270-279. https://doi.org/10.1097/psy.0b013e31820a1838
    • Eddy, K. T., Dorer, D. J., Franko, D. L., Tahilani, K., Thompson-Brenner, H., & Herzog, D. B. (2008). Diagnostic crossover in anorexia nervosa and bulimia nervosa: Implications for DSM-V. American Journal of Psychiatry, 165(2), 245-250. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2007.07060951
    • Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press.
    • Fairburn, C. G. (2013). Overcoming binge eating (2nd ed.). Guilford Press.
    • Fluoxetine Bulimia Nervosa Collaborative Study Group. (1992). Fluoxetine in the treatment of bulimia nervosa: A multicenter, placebo-controlled, double-blind trial. Archives of General Psychiatry, 49(2), 139-147. https://doi.org/10.1001/archpsyc.1992.01820020059008
    • Galmiche, M., Déchelotte, P., Lambert, G., & Tavolacci, M. P. (2019). Prevalence of eating disorders over the 2000-2018 period: A systematic literature review. The American Journal of Clinical Nutrition, 109(5), 1402-1413. https://doi.org/10.1093/ajcn/nqy342
    • Hudson, J. I., Hiripi, E., Pope, H. G., & Kessler, R. C. (2007). The prevalence and correlates of eating disorders in the National Comorbidity Survey Replication. Biological Psychiatry, 61(3), 348-358. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2006.03.040
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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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