Quizás llegaste aquí porque alguien cercano come cada vez menos, se pesa a todas horas o evita sentarse a la mesa, y te preguntas si es una dieta rígida o algo más serio. O porque te reconociste en alguna de esas conductas. La anorexia nerviosa suele empezar de forma discreta, con reglas que al principio parecen “hábitos saludables”, y por eso cuesta tanto ponerle nombre a tiempo.
Aquí vas a encontrar qué es la anorexia nerviosa, cuáles son sus síntomas, en qué se diferencian el tipo restrictivo y el purgativo, qué la causa y qué tratamiento tiene respaldo. Las cifras salen de revisiones sistemáticas y metaanálisis, y donde la evidencia es débil o escasa, lo decimos. Para la visión general de todos los trastornos alimentarios, tienes la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria.
En breve: la anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que combina una restricción de la ingesta que lleva a un peso bajo, un miedo intenso a ganar peso y una alteración en cómo la persona vive su cuerpo. Tiene dos tipos, el restrictivo y el que incluye atracones o purgas. Tiene tratamiento, aunque en adultos ninguna terapia ha demostrado ser claramente superior a las demás. Es el trastorno alimentario con mayor mortalidad: un metaanálisis de 2025 calculó una razón de mortalidad estandarizada de 5,21, lo que significa un riesgo de muerte más de cinco veces mayor que el de la población general (Krug et al., 2025). Por eso, ante desmayos, latidos lentos o rechazo total a comer, la primera consulta es médica.
¿Qué es la anorexia nerviosa y cuáles son sus criterios diagnósticos?
La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la persona restringe lo que come hasta llegar a un peso significativamente bajo, siente un miedo intenso a ganar peso y vive su cuerpo de forma distorsionada. Es una enfermedad mental grave, con consecuencias físicas, que va mucho más allá de una dieta estricta.
El DSM-5 la define con tres criterios, según los resumen Agras y Robinson (2018):
- Restricción de la ingesta en relación con lo que el cuerpo necesita, que lleva a un peso significativamente bajo para la edad, el sexo, el desarrollo y la salud física.
- Miedo intenso a ganar peso o a engordar, o una conducta persistente que interfiere con el aumento de peso, aun estando muy delgado o delgada.
- Alteración de la imagen corporal: la persona vive de forma distorsionada su peso o su figura, basa su valor personal casi por completo en ellos, o no reconoce la gravedad del bajo peso actual.
El DSM-5 también eliminó la ausencia de menstruación como requisito diagnóstico (Agras y Robinson, 2018). Una mujer puede tener anorexia nerviosa aunque conserve la regla, y los hombres también la tienen, por eso ese criterio dejó de exigirse. La Asociación Americana de Psiquiatría ofrece una descripción general en inglés, y MedlinePlus tiene una versión en español sobre los trastornos de la alimentación.
Fairburn (2008) propone que lo que sostiene el cuadro es una psicopatología central: la persona juzga su valor casi por completo según su figura, su peso y su capacidad de controlarlos. De ahí nacen las reglas rígidas sobre la comida. Por eso decirle a alguien “come normal” no sirve de nada. La conducta alimentaria es el síntoma visible de algo que ocurre por dentro.
¿Cuáles son los síntomas de la anorexia nerviosa?
Los síntomas de la anorexia nerviosa son cambios sostenidos en la forma de comer, en los pensamientos sobre el cuerpo, en la salud física y en la vida social. Ninguno por sí solo confirma el diagnóstico, y lo que pesa es el conjunto y que se mantenga en el tiempo. Las guías clínicas y los manuales de referencia (GuiaSalud, 2009; Fairburn, 2008; Treasure et al., 2007) los agrupan así:
En la conducta
- Reducir la cantidad de comida o hacer ayunos, a menudo empezando por eliminar grasas y azúcares y siguiendo con otros grupos de alimentos.
- Reglas rígidas (“no como después de las seis”, “solo alimentos que pueda pesar”) y contar calorías de forma obsesiva.
- Comer muy despacio, cortar la comida en trozos mínimos, saltarse comidas o retrasar la hora de comer.
- Cocinar para otras personas sin probar nada, coleccionar recetas o interesarse de pronto por la cocina.
- Evitar comer delante de otros, con excusas como “ya comí antes”, o mentir sobre lo que se ha comido.
- Ejercicio intenso e inflexible, que se mantiene incluso con cansancio, lesión o enfermedad.
- Pesarse varias veces al día o, al revés, evitar por completo la balanza; mirarse al espejo de forma obsesiva o esquivarlo.
- Ropa muy holgada o varias capas para disimular el cuerpo.
En los pensamientos y las emociones
- Miedo intenso a engordar, que no baja aunque el peso baje.
- Sentirse gordo o gorda pese a la delgadez. Fairburn (2008) describe que muchas personas confunden con “sentirse gordas” emociones como la ansiedad o la tristeza, y sensaciones físicas como la hinchazón o la saciedad, y responden restringiendo más.
- Perfeccionismo, pensamiento de todo o nada y necesidad de control.
- Irritabilidad, ánimo bajo, ansiedad y retraimiento.
- Negar o minimizar la gravedad del problema, y una fuerte ambivalencia frente al tratamiento.
En el cuerpo
- Pérdida de peso rápida o inexplicada. En niños y adolescentes, también un freno en el crecimiento o el retraso de la pubertad.
- Frío constante, manos y pies fríos o de color azulado, mareos, debilidad y desmayos.
- Latidos lentos y presión baja.
- Piel seca, caída del pelo, uñas quebradizas y un vello fino en la cara, los brazos y la espalda (lanugo).
- Pérdida de la menstruación en mujeres después de la pubertad.
- Dolor abdominal, hinchazón o sensación de llenura con muy poca comida.
- En el subtipo con purgas, desgaste del esmalte dental y cicatrices en los nudillos por el vómito autoinducido.
En la vida social
- Dejar de ir a cumpleaños, salidas o comidas familiares por el miedo a comer.
- Dedicar casi todo el tiempo libre al ejercicio, al control del peso o a la comida.
Cuando quien lee es la madre o el padre de un adolescente, estas señales pueden mezclarse con las de otros cuadros de esa edad. Conviene revisar también los trastornos psicológicos más frecuentes en la adolescencia, la ansiedad en adolescentes y la depresión en adolescentes, porque pueden acompañar a la anorexia.
¿Qué diferencia hay entre la anorexia restrictiva y la purgativa?
La anorexia nerviosa restrictiva y purgativa son los dos subtipos que distingue el DSM-5, según lo que la persona haya hecho en los últimos tres meses. En el tipo restrictivo, el peso bajo se logra con dietas, ayunos o ejercicio excesivo, sin atracones ni purgas regulares. En el tipo con atracones y purgas (la llamada anorexia purgativa), la persona ha tenido episodios regulares de atracón, de purga o de ambos mientras mantiene el peso bajo (Agras y Robinson, 2018).
| Anorexia restrictiva | Anorexia con atracones y purgas | |
|---|---|---|
| Cómo se llega al peso bajo | Dieta, ayuno y ejercicio excesivo | Restricción, más atracones o purgas |
| Purgas | No regulares | Vómito autoinducido, laxantes, diuréticos o enemas |
| Peso | Significativamente bajo | Significativamente bajo |
| Rasgos que se describen con más frecuencia | Control rígido, perseverancia, perfeccionismo | Más impulsividad y mayor riesgo de comportamientos suicidas, según los manuales clínicos |
Las diferencias de personalidad entre ambos subtipos son tendencias, y la evidencia directa es limitada. Una revisión sistemática que buscó diferencias cognitivas entre los dos tipos concluyó que las pruebas disponibles no alcanzan para sacar conclusiones firmes (Van Autreve y Vervaet, 2015). Y los subtipos no son definitivos: con los años, muchas personas pasan del tipo restrictivo al que incluye atracones y purgas (Agras y Robinson, 2018).
¿Cuál es la diferencia entre la anorexia purgativa y la bulimia nerviosa?
No son lo mismo, y la diferencia principal es el peso. En la bulimia nerviosa la persona tiene atracones y conductas compensatorias, pero su peso suele estar en el rango habitual o por encima. En la anorexia con atracones y purgas el peso es significativamente bajo. El DSM-5 establece además una regla de precedencia: si alguien cumple los criterios completos de anorexia nerviosa, ese diagnóstico se impone sobre el de bulimia, y no se dan los dos a la vez (Agras y Robinson, 2018).
¿Qué es la anorexia nerviosa atípica?
La anorexia atípica es un cuadro en el que la persona cumple todos los criterios de la anorexia nerviosa, incluida una pérdida de peso importante, pero su peso sigue dentro o por encima del rango considerado normal. El DSM-5 la ubica entre los “otros trastornos especificados”. Una revisión sistemática de 24 publicaciones halló que el nivel de síntomas propios del trastorno alimentario en la anorexia atípica es tan alto como en la anorexia nerviosa, o más, y que muchas complicaciones físicas son parecidas, aunque algunas parecen menos frecuentes. Los mismos autores señalan que hay muy poca información sobre su evolución y su respuesta al tratamiento (Walsh et al., 2023). En la práctica, una persona puede estar muy enferma sin verse delgada.
¿Qué tan frecuente es la anorexia nerviosa y a quién afecta?
La anorexia nerviosa es menos frecuente que otros trastornos alimentarios, pero más grave. Un metaanálisis de 33 estudios en población general calculó una prevalencia a lo largo de la vida de 0,16 % para la anorexia nerviosa, aunque sus autores advierten que la cifra puede estar subestimada (Qian et al., 2022).
Para la región existe un metaanálisis de 17 estudios con datos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela. La prevalencia puntual media de la anorexia fue de 0,1 %, menor que la de la bulimia y la del trastorno por atracón en la región (Kolar et al., 2016). No usamos una cifra única para adolescentes chilenos, porque los números que circulan en la prensa no se pueden rastrear hasta un estudio concreto.
Suele empezar en la adolescencia y es más frecuente en mujeres, pero afecta también a hombres. Sobre ellos hay menos datos: una revisión sistemática de 18 estudios sobre el resultado del tratamiento en varones encontró que el conocimiento es escaso y que no hay evidencia firme de diferencias entre hombres y mujeres, en parte porque los estudios incluyen muy pocos hombres (Strobel et al., 2018).
Lo que sí está claro es el riesgo. Además del dato de mortalidad de Krug et al. (2025), las muertes por anorexia se explican por las complicaciones médicas de la desnutrición y también por suicidio (Agras y Robinson, 2018).
¿Por qué aparece la anorexia nerviosa? Causas y factores de riesgo
La anorexia nerviosa no tiene una causa única. Las guías la describen como un cuadro con factores que predisponen, factores que lo desencadenan y factores que lo mantienen una vez instalado (GuiaSalud, 2009).
Genética y biología. Los estudios de gemelos estiman una heredabilidad de entre 50 % y 60 %. Un estudio genético con casi 17.000 casos identificó ocho regiones del genoma asociadas con el riesgo y encontró correlaciones con rasgos psiquiátricos, con la actividad física y con características metabólicas, lo que lleva a los autores a proponer entenderla como un trastorno “metabo-psiquiátrico” (Watson et al., 2019). La heredabilidad describe cuánto del riesgo en una población se asocia con diferencias genéticas, y no permite predecir qué le pasará a una persona concreta.
Temperamento. Los manuales describen perfeccionismo, rigidez, ansiedad, evitación del daño y un autocontrol muy alto como rasgos frecuentes en la infancia de quienes después desarrollan anorexia, sobre todo en el tipo restrictivo (Agras y Robinson, 2018). Si te reconoces en esto, puede ayudarte esta guía sobre perfeccionismo y la de personalidad obsesiva. La relación con el trastorno obsesivo compulsivo es estrecha, y ambos cuadros se presentan juntos con frecuencia.
Entorno y experiencias. Una revisión paraguas de nueve metaanálisis que evaluó 50 factores de riesgo para los trastornos alimentarios encontró que ninguna asociación alcanzó evidencia convincente. Entre las más sólidas estuvieron las burlas sobre la apariencia (OR 2,91 para cualquier trastorno alimentario), y los autores concluyen que los eventos traumáticos y estresantes de la infancia son los factores de riesgo más creíbles (Solmi et al., 2021a). Son asociaciones, y no explican por sí solas ningún caso. Si el trauma es parte de tu historia, esta guía sobre trauma de infancia puede servir. Otros factores recogidos en los manuales son la presión por la delgadez, la interiorización del ideal de cuerpo delgado y la insatisfacción con el cuerpo durante la pubertad (Agras y Robinson, 2018).
Lo que la mantiene. Fairburn (2008) subraya que lo que desencadena el trastorno no es necesariamente lo que lo sostiene. Una vez instalado, el bajo peso y el ayuno generan por sí mismos efectos que lo alimentan: obsesión con la comida, rigidez de pensamiento, aislamiento social y una sensación incómoda de llenura con muy poca comida, que la persona interpreta como “haber engordado”. El estudio clásico de semiinanición de Minnesota, que Fairburn recoge, mostró que estos cambios aparecen también en personas sin trastorno alimentario cuando se las somete a un ayuno prolongado. Parte de lo que parece “personalidad” mejora al recuperar peso.
Un punto que le quita carga a muchas familias: el modelo de tratamiento familiar parte de una postura que no busca culpables, y considera a los padres como el mejor recurso para ayudar (Lock y Le Grange, 2012).
¿Qué daños físicos causa y cuándo hay que ir a urgencias?
La anorexia nerviosa puede afectar casi todos los sistemas del cuerpo, porque nace de una desnutrición sostenida. Por eso toda sospecha con mareos, desmayos, latidos lentos o irregulares, o pérdida rápida de peso necesita una evaluación médica, además de la psicológica.
Según el capítulo sobre complicaciones médicas del Oxford Handbook (Agras y Robinson, 2018), el corazón pierde masa muscular y fuerza, con riesgo de arritmias, y las complicaciones cardíacas y la muerte súbita son las principales causas médicas de fallecimiento. El tubo digestivo se enlentece, lo que produce hinchazón y estreñimiento. Los huesos pierden densidad (osteopenia u osteoporosis), con mayor riesgo de fracturas, y el sistema hormonal se altera, con pérdida de la menstruación y retraso de la pubertad. También pueden aparecer anemia, hipotermia y cambios en el cerebro que afectan el funcionamiento cognitivo y que pueden recuperarse solo en parte.
La realimentación necesita supervisión médica. Cuando una persona con desnutrición severa vuelve a comer de forma brusca puede ocurrir el síndrome de realimentación, una alteración de electrolitos como el fósforo y el potasio que puede afectar al corazón. Por eso la recuperación del peso en casos graves se hace de forma gradual y con controles de laboratorio y electrocardiograma (Agras y Robinson, 2018).
Las guías recomiendan considerar la hospitalización ante inestabilidad cardíaca (latidos muy lentos, presión muy baja, alteraciones en el electrocardiograma), desmayos, desequilibrios graves de electrolitos, deshidratación, confusión o convulsiones, negativa absoluta a comer y beber, riesgo suicida, o cuando el tratamiento ambulatorio no avanza o la familia no puede sostener la seguridad en casa (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017).
Un matiz que se suele malinterpretar: ninguna cifra de peso decide por sí sola si alguien necesita hospitalización. La guía NICE pide mirar el riesgo médico completo, y por eso en este artículo no encontrarás números de peso o IMC para “saber si es grave”: esa evaluación la hace un equipo médico (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).
¿Cuál es el tratamiento de la anorexia nerviosa y qué dice la evidencia?
El tratamiento de la anorexia nerviosa combina recuperación nutricional, seguimiento médico y psicoterapia, y lo conduce un equipo. Las guías recomiendan terapia familiar para adolescentes y varias opciones individuales para adultos. La evidencia respalda algunas de ellas, aunque con matices importantes.
Adolescentes: terapia familiar
Para niños y adolescentes, la guía NICE recomienda como primera línea la terapia familiar centrada en la anorexia nerviosa. Si no es aceptable o no funciona, ofrece terapia cognitivo-conductual enfocada en trastornos alimentarios o psicoterapia centrada en el adolescente (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).
El respaldo viene de ensayos como este, con 121 adolescentes de 12 a 18 años (Lock et al., 2010). Al terminar el tratamiento no hubo diferencias en remisión completa entre la terapia familiar y la terapia individual, pero a los 6 y 12 meses de seguimiento la terapia familiar fue superior.
En la versión de Lock y Le Grange (2012), la terapia se organiza en tres fases a lo largo de unas 10 a 20 sesiones en 6 a 12 meses. En la primera, los padres asumen temporalmente el control de la alimentación, porque un cerebro desnutrido no puede tomar decisiones sanas sobre comer. En la segunda, devuelven ese control de forma gradual cuando el peso se estabiliza. En la tercera se trabajan la autonomía y los temas propios de la adolescencia, y se cierra con un plan para prevenir recaídas. No es algo para improvisar en casa: la guía la hace un terapeuta entrenado.
Adultos: varias opciones y ninguna claramente superior
Para adultos, NICE propone que la persona elija entre tres terapias individuales: terapia cognitivo-conductual enfocada en trastornos alimentarios, el tratamiento de Maudsley para adultos con anorexia (MANTRA) o el manejo clínico especializado de apoyo (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).
La evidencia es más cauta. Una red de 16 ensayos halló que ninguna intervención psicológica superó al tratamiento habitual en peso ni en síntomas; la deserción fue menor con terapia cognitivo-conductual que con terapias psicodinámicas, y la confianza en la evidencia fue baja a muy baja (Solmi et al., 2021b). El ensayo MOSAIC, con 142 adultos, comparó MANTRA con el manejo clínico especializado y no encontró diferencias significativas entre ambos a los 6 y 12 meses, con mejoras en peso y síntomas en los dos grupos; quienes recibieron MANTRA lo calificaron como más aceptable (Schmidt et al., 2015).
Un metaanálisis de 35 ensayos con 2.524 pacientes agregó un matiz: los tratamientos especializados superan a los comparadores en el peso al final del tratamiento, con un efecto pequeño (g = 0,16), pero no en el seguimiento ni en los síntomas psicológicos (Murray et al., 2019). Dicho en simple: hay terapias que ayudan, pero para la anorexia en adultos todavía falta una que gane con claridad a las demás.
Medicamentos
No hay un fármaco aprobado específicamente para tratar la anorexia nerviosa, y las guías no recomiendan los medicamentos como único tratamiento (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). El más estudiado como complemento es la olanzapina: un metaanálisis de siete estudios (304 pacientes) halló en adultos una diferencia pequeña en el índice de masa corporal a favor de la olanzapina frente al placebo (0,67 kg/m²), mientras que su efecto en adolescentes sigue sin estar claro (Han et al., 2022). Esa decisión siempre es de un médico.
Cuando la persona no quiere tratarse
La falta de conciencia de enfermedad y la ambivalencia son parte del cuadro, no un capricho. La persona suele vivir la restricción como una solución, no como un problema, y la propia desnutrición vuelve más rígido el pensamiento (Agras y Robinson, 2018). Por eso los enfoques se adaptan:
- En la terapia cognitivo-conductual de Fairburn (2008), el terapeuta valida que la persona esté “en dos mentes” y explora las razones para cambiar y los miedos a hacerlo, en lugar de imponer la decisión.
- En la terapia familiar de adolescentes, el tratamiento no espera a que el hijo o la hija esté motivado para empezar a recuperar el peso (Lock y Le Grange, 2012).
- El método New Maudsley advierte que discutir, confrontar o coaccionar tiende a atrincherar a la persona en sus creencias (Treasure et al., 2007).
¿Qué nivel de cuidado corresponde? Las guías colocan el tratamiento ambulatorio como el punto de partida para la mayoría y reservan el hospital de día o la internación para los casos con riesgo médico o psiquiátrico que no se puede manejar en casa (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). Si no tienes claro con quién partir, esta guía compara psicólogo y psiquiatra y esta otra, terapia online y presencial. Con riesgo físico, la evaluación médica presencial va primero.
¿Cómo acompañar a un familiar con anorexia nerviosa?
Acompañar bien significa mantener la calma, ser consistente y no entrar en discusiones sobre calorías, y hacerlo junto con el equipo tratante. El modelo para cuidadores de Treasure y colaboradoras (2007) y el manual de terapia familiar de Lock y Le Grange (2012) coinciden en varios puntos.
Lo que suele ayudar:
- Hablar de la enfermedad como algo separado de la persona (“la anorexia te está haciendo difícil comer”), lo que reduce la culpa y la discusión.
- Acordar con la otra persona adulta de la casa la misma pauta, para que el hijo o la hija no encuentre una grieta.
- Validar la emoción (“parece que te asusta mucho”) sin intentar convencer con argumentos.
- Mantener las comidas con conversación neutral y planificar el menú con anticipación.
- Reservar un momento fuera de las comidas para conversar, y pasar tiempo juntos en actividades que no giren en torno al cuerpo.
Lo que suele mantener el problema:
- Discutir sobre calorías, porciones o ingredientes durante la comida.
- Responder una y otra vez a preguntas como “¿esto me va a engordar?”, lo que Treasure y colaboradoras llaman la trampa de la tranquilización.
- Criticar, gritar o tratar la resistencia como manipulación.
- Acomodarse a las reglas del trastorno: menús separados, vajillas especiales o dejar que la persona controle la cocina.
- Comentar el cuerpo, las dietas o el peso, tanto de la persona como el propio.
Si el hijo o la hija está además muy desanimado o ansioso, estas guías pueden servir: cuándo llevar a un niño al psicólogo y cómo ayudar a una persona con depresión.
¿Se puede recuperar una persona con anorexia nerviosa? Pronóstico y recaídas
Sí, mucha gente se recupera, y el pronóstico mejora cuanto antes empieza el tratamiento. Según el capítulo sobre curso de los trastornos alimentarios del Oxford Handbook, en el seguimiento a 10-20 años cerca de la mitad de las personas con anorexia nerviosa (45 % a 50 %) se recupera por completo, y el resto mejora en parte o sigue enfermo de forma crónica (Agras y Robinson, 2018). Son datos de seguimiento largo y varían entre estudios. Los factores asociados a mejor pronóstico incluyen un inicio en la adolescencia y recibir tratamiento temprano. Los asociados a peor pronóstico son una larga duración del cuadro sin tratar, las conductas de purga, la dificultad para recuperar el peso y la comorbilidad psiquiátrica (GuiaSalud, 2009; Agras y Robinson, 2018).
Las recaídas son frecuentes. Un metaanálisis de 16 estudios encontró que el 31 % de los pacientes recayó después del tratamiento, con el mayor riesgo durante el primer año tras el alta, y que este riesgo se mantiene hasta unos dos años (Berends et al., 2018). Otra revisión sistemática halló tasas de recaída entre 9 % y 52 %, que suben a medida que se alarga el seguimiento, y señaló que las definiciones de recaída y recuperación varían tanto que cuesta comparar los estudios (Khalsa et al., 2017). Un metaanálisis de 35 estudios sobre trastornos alimentarios halló que mayor motivación para el cambio, mejor respuesta al tratamiento y el subtipo restrictivo de anorexia se asociaron con menos recaídas, mientras que mayor nivel de cuidado, comorbilidad psiquiátrica y mayor gravedad de los síntomas se asociaron con más (Sala et al., 2023).
Por eso las guías piden seguimiento durante al menos un año después del alta (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). Fairburn (2008) distingue entre un tropiezo puntual y abandonar el esfuerzo por completo: tratar un traspié como un fracaso total puede alimentar el mismo círculo del que la persona intenta salir.
¿Cuándo consultar y con quién?
Consulta cuando las señales se sostienen en el tiempo, cuando la comida o el cuerpo ocupan buena parte de los pensamientos del día o cuando empiezan a afectar la salud, el ánimo o las relaciones. No hace falta esperar a estar muy delgado ni a tener un diagnóstico: un inicio tardío del tratamiento se asocia a peor pronóstico (Agras y Robinson, 2018).
- Urgencia médica (servicio de urgencia): desmayos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, deshidratación o negativa total a comer y beber.
- Consulta médica pronto: pérdida de peso rápida, mareos frecuentes, ausencia de la menstruación, vómitos repetidos o uso de laxantes.
- Consulta psicológica: preocupación persistente por el peso o la figura, dietas rígidas, miedo intenso a comer o a engordar.
- Si hay ideas de hacerse daño: consulta de inmediato y mira esta guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.
Una primera consulta psicológica sirve para evaluar el cuadro, medir el riesgo y decidir si hace falta un equipo especializado o una evaluación médica antes de partir. Si quieres dar ese paso, puedes agendar una consulta. Puedes ir con tu hijo o hija, o con la información que tengas del caso, y también sirve ir solo o sola a preguntar. Para ordenar la decisión, esta guía te ayuda a elegir psicólogo.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la anorexia nerviosa en palabras simples?
Es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la persona come mucho menos de lo que su cuerpo necesita, tiene un miedo intenso a engordar y vive su cuerpo de forma distorsionada. Es una enfermedad mental grave con riesgos físicos, no una decisión de dieta ni un capricho, y se trata con ayuda profesional.
¿Cuáles son los síntomas de la anorexia nerviosa?
Los más frecuentes son restricción de comida, reglas alimentarias rígidas, miedo a engordar, pesarse o mirarse en exceso, ejercicio compulsivo, evitar comer en público, frío constante, mareos y pérdida de peso. Ninguno basta por sí solo. Lo que orienta es el conjunto y que se sostenga en el tiempo (GuiaSalud, 2009).
¿Cuál es la diferencia entre anorexia restrictiva y purgativa?
En la restrictiva el peso bajo se logra con dieta, ayuno y ejercicio, sin atracones ni purgas regulares. En la purgativa hay atracones, vómitos, laxantes o diuréticos además de la restricción. En ambas el peso es significativamente bajo, y eso las distingue de la bulimia (Agras y Robinson, 2018).
¿Los hombres también pueden tener anorexia nerviosa?
Sí. Es menos frecuente y menos estudiada en varones, y se diagnostica con los mismos criterios. Una revisión sistemática concluyó que los datos sobre el resultado del tratamiento en hombres son escasos, sin evidencia firme de diferencias con las mujeres (Strobel et al., 2018).
¿La anorexia nerviosa tiene cura?
Muchas personas se recuperan. A largo plazo, cerca de la mitad se recupera por completo, y el pronóstico es mejor cuando el tratamiento empieza pronto (Agras y Robinson, 2018). Las recaídas son frecuentes, sobre todo durante el primer año tras el alta, por eso el seguimiento importa (Berends et al., 2018).
¿Cuánto dura el tratamiento de la anorexia nerviosa?
Depende de la edad y la gravedad. La terapia familiar para adolescentes suele durar entre 6 y 12 meses (Lock y Le Grange, 2012), y las terapias individuales para adultos se miden en decenas de sesiones a lo largo de varios meses (National Institute for Health and Care Excellence, 2017). El seguimiento después del alta se mantiene al menos un año.
¿Te gustaría conversarlo con alguien?
Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.
Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.
Referencias
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- American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
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- Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press.
- GuiaSalud. (2009). Guía de práctica clínica sobre trastornos de la conducta alimentaria. Sistema Nacional de Salud de España.
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- Kolar, D. R., Rodriguez, D. L. M., Chams, M. M., & Hoek, H. W. (2016). Epidemiology of eating disorders in Latin America: A systematic review and meta-analysis. Current Opinion in Psychiatry, 29(6), 363-371. https://doi.org/10.1097/yco.0000000000000279
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- Lock, J., & Le Grange, D. (2012). Treatment manual for anorexia nervosa: A family-based approach (2nd ed.). Guilford Press.
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