Etiqueta: anorexia atípica

  • Anorexia atípica: síntomas y por qué no se nota a simple vista

    Anorexia atípica: síntomas y por qué no se nota a simple vista

    Si llegaste buscando información sobre la anorexia atípica, probablemente algo no te cuadra. Alguien come cada vez menos, cuenta, evita las comidas con otros, entrena aunque esté agotado, y sin embargo su peso “se ve normal”. A veces hasta lo felicitan por haber bajado. La anorexia atípica es exactamente eso: el mismo cuadro de la anorexia nerviosa, con la misma restricción y el mismo miedo a engordar, pero con un peso que sigue dentro o por encima de lo esperado.

    Aquí vas a ver qué criterios del DSM-5 cumple, qué síntomas buscar, por qué pasa desapercibida, qué dicen los estudios sobre su gravedad y cuándo conviene consultar. Las cifras salen de revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios clínicos, y cuando la evidencia es escasa (en tratamiento lo es), lo decimos. Si buscas la visión de conjunto, tienes la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria y la de anorexia nerviosa.

    En breve: la anorexia atípica cumple todos los criterios psicológicos y de conducta de la anorexia nerviosa (restricción, miedo intenso a ganar peso, alteración de cómo se vive el cuerpo) y también una pérdida de peso importante, pero el peso actual no está bajo. El DSM-5 la ubica entre los “otros trastornos de la conducta alimentaria especificados”. Las revisiones disponibles no muestran que sea una versión más leve: el malestar con la comida y el cuerpo es igual o mayor, y las complicaciones médicas pueden ser parecidas. Se diagnostica en una evaluación profesional, nunca por el peso ni por un cuestionario.

    ¿Qué es la anorexia atípica (o anorexia nerviosa atípica)?

    La anorexia atípica, también llamada anorexia nerviosa atípica, es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la persona restringe lo que come, teme intensamente ganar peso y vive su cuerpo de forma alterada, como en la anorexia nerviosa, y ha perdido mucho peso, pero su peso actual sigue dentro o por encima del rango normal. El DSM-5 la incluye en la categoría de otros trastornos especificados (American Psychiatric Association, 2013; Allison y Lundgren, 2018).

    El nombre confunde. “Atípica” se refiere al peso, no a una anorexia leve ni a una forma “de mentira”. Una revisión sistemática de 24 publicaciones encontró que el nivel de síntomas propios del trastorno alimentario es mayor que en personas sin el trastorno y tan alto como en la anorexia nerviosa, o más, y que muchas complicaciones físicas son parecidas (Walsh et al., 2023). La misma revisión advierte que casi no hay información sobre cómo evoluciona y cómo se trata.

    Criterios del DSM-5 de la anorexia atípica: qué cumple y qué falta

    Los criterios de la anorexia atípica son los de la anorexia nerviosa, con una excepción: el peso. El DSM-5 describe tres para la anorexia nerviosa (American Psychiatric Association, 2013), y la persona con anorexia atípica cumple todos menos el del peso bajo:

    • Restricción de la ingesta frente a lo que el cuerpo necesita, que en la anorexia atípica lleva a una pérdida de peso importante.
    • Miedo intenso a ganar peso o conductas persistentes que impiden subirlo.
    • Alteración de la imagen corporal: el valor personal depende casi por completo del peso y la figura, o la persona no reconoce la gravedad de lo que le pasa.
    • Lo que no se cumple: que el peso sea significativamente bajo. En la anorexia atípica el peso actual está dentro o por encima del rango normal.

    Hay un punto que el manual deja abierto. El DSM-5 habla de “pérdida de peso significativa” sin fijar cuánta. En un estudio con una muestra poblacional de 1.640 mujeres y 794 hombres se probaron tres definiciones (5 %, 10 % y 15 % del peso) y se vio que incluso una pérdida de 5 %, junto con la preocupación por el peso y la figura, ya podía identificar un grupo con un trastorno alimentario clínicamente relevante (Forney et al., 2017). Por eso aquí no vas a encontrar una cifra de peso ni de IMC para “saber si es anorexia”: eso lo evalúa un profesional, mirando la historia completa.

    Anorexia nerviosa Anorexia atípica
    Restricción, miedo a ganar peso, alteración de la imagen corporal Sí Sí
    Peso actual Significativamente bajo Dentro o por encima del rango normal
    Pérdida de peso importante Habitual Sí, a veces mayor y durante más tiempo (Sawyer et al., 2016)
    Malestar con la comida, el peso y el cuerpo Alto Igual o mayor (Johnson-Munguia et al., 2024)
    Bradicardia y otras señales físicas Frecuentes Frecuentes (Sawyer et al., 2016)
    Lugar en el DSM-5 Categoría propia Otros trastornos especificados

    Anorexia atípica: síntomas

    Los síntomas de la anorexia atípica son los mismos que los de la anorexia nerviosa. Ninguno por sí solo confirma nada, y lo que pesa es el conjunto y que se mantenga en el tiempo. Los manuales clínicos los agrupan así (Fairburn, 2008; GuiaSalud, 2009):

    En la conducta con la comida

    • Reglas rígidas sobre qué, cuánto y cuándo comer, y eliminación de grupos enteros de alimentos.
    • Contar calorías, leer etiquetas sin parar, pesar y medir porciones.
    • Rituales: cortar en trozos mínimos, comer muy lento, cocinar para otros sin comer.
    • Excusas para no comer con la familia o con amigos (“ya comí”, “me cayó pesado”).
    • Ejercicio que se vive como obligación: entrenar con lesión, con enfermedad o a costa de estudios y amistades.

    En los pensamientos y las emociones

    • Miedo intenso a ganar peso, incluso con el peso dentro del rango normal.
    • Valor personal medido casi solo por el cuerpo y por el control de lo que se come.
    • Confundir emociones con peso: la tristeza o la angustia se traducen en “me siento gorda” o “me siento gordo”.
    • Irritabilidad, ánimo bajo, ansiedad y aislamiento. En un estudio con 160 adolescentes, la frecuencia de otros trastornos psiquiátricos fue parecida en la anorexia atípica y en la anorexia con bajo peso, y la ideación suicida también (43 % frente a 39 %; Sawyer et al., 2016).

    En el cuerpo

    • Frío constante, manos y pies fríos, mareos al ponerse de pie, cansancio y debilidad.
    • Latidos lentos (bradicardia). En ese mismo estudio se vio en 24 % de los adolescentes con anorexia atípica y 33 % de los de bajo peso, una diferencia que no fue significativa (Sawyer et al., 2016).
    • Cambios o pérdida de la menstruación, pelo más fino, piel seca.

    Conductas para compensar

    Algunas personas también vomitan, usan laxantes o diuréticos, o hacen ayunos y ejercicio extremo para compensar lo que comen. Un metaanálisis de 20 estudios no encontró diferencias significativas entre la anorexia atípica y la anorexia nerviosa en la frecuencia de estas conductas (Johnson-Munguia et al., 2024).

    ¿Por qué la anorexia atípica no se nota a simple vista?

    Pasa desapercibida porque casi todos asociamos la anorexia con un cuerpo visiblemente muy delgado, y esa idea hace que ni la familia ni a veces los profesionales sospechen cuando el peso parece normal. Hay varias razones que se suman.

    Primero, la pérdida de peso suele ser bien recibida. En un estudio con adolescentes, 71 % de los que tenían anorexia atípica había tenido antes sobrepeso u obesidad, frente a 12 % de los de bajo peso (Sawyer et al., 2016). Si alguien parte de un peso más alto, bajar mucho puede recibir elogios en casa, en el colegio o en la consulta, y esos elogios refuerzan justo la conducta que enferma.

    Segundo, la cantidad perdida puede ser grande aunque no se vea. Esos mismos adolescentes habían perdido más peso (17,6 kg en promedio frente a 11,0 kg) durante más tiempo (13,3 meses frente a 10,2) que quienes tenían anorexia con bajo peso (Sawyer et al., 2016). El cuerpo puede estar muy desgastado por dentro mientras la báscula marca un número “aceptable”.

    Tercero, el estigma del peso. Un estudio con 38 adultos con anorexia atípica, entrevistados en profundidad, encontró que muchos sintieron que los profesionales minimizaban o negaban su trastorno, y que eso retrasó la atención. El estudio lleva por título una frase que resume esa experiencia, “no pareces anoréxica”, y sus autores concluyen que el estigma del peso en la atención de salud contribuyó a que las conductas empezaran y se mantuvieran (Harrop et al., 2023).

    Cuarto, no es rara. Una revisión de 75 estudios vio que en estudios con muestras poblacionales la anorexia atípica era tan frecuente como la anorexia nerviosa, o más, mientras que en los servicios especializados aparecía mucho menos. Los autores lo describen como una brecha de atención: muchas personas con este cuadro no llegan a tratamiento (Harrop et al., 2021). Además, en adultos, al menos una cuarta parte de quienes cumplían la definición tenía actualmente sobrepeso u obesidad (Forney et al., 2017).

    Imagina a una adolescente que baja varios kilos en un año tras una dieta “para estar más sana”. En la familia dicen que se ve bien. Ella cuenta cada caloría, se mareaba al levantarse y se siente culpable si come lo mismo que los demás. Por fuera, nada llama la atención. Por dentro, el cuadro puede estar tan avanzado como el de alguien visiblemente muy delgado.

    ¿Qué tan grave es la anorexia atípica?

    La anorexia atípica puede ser tan grave como la anorexia nerviosa, aunque el peso esté dentro del rango normal. Ningún estudio muestra que sea sistemáticamente más leve, y varios muestran lo contrario. Estos son los datos que mejor lo respaldan:

    • Daño físico similar. En 160 adolescentes que consultaron por primera vez (42 con anorexia atípica y 118 con anorexia de bajo peso), no hubo diferencias significativas en bradicardia (24 % frente a 33 %) ni en inestabilidad al ponerse de pie (43 % frente a 38 %), y el malestar con la comida y el cuerpo fue mayor en la atípica. Los autores concluyen que casi no hay evidencia de que sea menos grave (Sawyer et al., 2016).
    • El peso de ingreso dice menos que la historia de peso. En 171 adolescentes hospitalizados (118 con anorexia nerviosa y 53 con atípica), perder mucho peso en total y perder peso hace poco predijeron mejor el pulso más bajo y la bradicardia que el peso al ingreso. Los autores proponen dar más importancia a la pérdida de peso que al número en la balanza (Whitelaw et al., 2018).
    • Lo mismo en hospitalizados. En un ensayo con 116 personas de 12 a 24 años ingresadas, una pérdida de peso más rápida se asoció con un pulso más lento, y una pérdida mayor y más larga con un fósforo más bajo, independientemente del peso de ingreso (Garber et al., 2019).
    • Mismo malestar en tratamiento de día. En 154 adultos jóvenes en un programa de hospitalización parcial, los síntomas, el trauma previo, las ideas suicidas y la respuesta al tratamiento fueron parecidos en la anorexia nerviosa y en la atípica (Billman Miller et al., 2024).
    • Huesos. Un estudio con 286 adolescentes encontró que la densidad ósea de quienes tenían anorexia atípica era mayor que la de quienes tenían anorexia con bajo peso (Nagata et al., 2019). La comparación es entre dos grupos con trastorno alimentario, así que no dice que los huesos estén a salvo.

    Una revisión de las complicaciones médicas llega a la misma idea: los pacientes con anorexia atípica pueden tener complicaciones médicas y psicológicas parecidas, o más graves, que los de la anorexia nerviosa típica (Vo y Golden, 2022). Un metaanálisis posterior concluyó que, salvo el peso, los dos cuadros no son clínicamente distintos, y que el acceso a tratamiento debería ser el mismo (Johnson-Munguia et al., 2024).

    Por esto, la guía de NICE pide no usar el IMC como único dato para decidir si alguien recibe tratamiento o una hospitalización (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    ¿Cómo se diagnostica la anorexia atípica?

    La anorexia atípica se diagnostica en una evaluación clínica, no con un test ni con una cifra. El profesional revisa la historia de peso (cuánto, en cuánto tiempo y desde dónde), la forma de comer, el ejercicio, cómo vive la persona su cuerpo, el estado de ánimo y el riesgo. Aparte, un médico revisa pulso, presión y exámenes de sangre. Una analítica normal no descarta un trastorno alimentario (GuiaSalud, 2009).

    Existen cuestionarios breves de cribado, como el SCOFF, de cinco preguntas (Morgan et al., 1999). Sirven para decidir si conviene evaluar más, no para diagnosticar. En una revisión para el grupo de trabajo de servicios preventivos de Estados Unidos, el SCOFF con corte en 2 tuvo en adultos una sensibilidad de 84 % y una especificidad de 80 % (Feltner et al., 2022). Eso significa que puede dejar fuera a algunas personas con el trastorno. Las guías piden no usarlos como único método (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    Si tú o alguien cercano se reconoce en estas señales, lo útil es una consulta con un psicólogo clínico, un psiquiatra o un médico, aunque el peso sea normal. Conviene llevar un registro simple de lo observado (cuánto bajó, cuándo, qué se evita comer, qué síntomas físicos hay), porque en una consulta breve las conductas de restricción no siempre se ven.

    ¿Cómo se trata la anorexia atípica?

    El tratamiento de la anorexia atípica sigue los principios del de la anorexia nerviosa, con un equipo que combina psicoterapia, control médico y apoyo nutricional. Las guías indican que quienes tienen un trastorno que no calza con una categoría reciban el tratamiento del trastorno al que más se parece (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). Aquí hay una limitación importante: casi no existen ensayos hechos solo con anorexia atípica (Walsh et al., 2023).

    • Adolescentes: la terapia familiar es la primera opción. En ensayos con anorexia nerviosa, la terapia familiar no se distinguió de la terapia individual al terminar, pero fue mejor a los 6 y 12 meses (Lock et al., 2010), y un metaanálisis mostró un patrón parecido (Couturier et al., 2013). Para la anorexia atípica en particular hay una serie de casos de 42 adolescentes: 83 % completó al menos la mitad del tratamiento, los síntomas alimentarios y depresivos bajaron, y la remisión fue de 38 % a 52 % según el criterio. Es un estudio sin grupo comparador, así que orienta, pero no prueba nada por sí solo (Hughes et al., 2017). Los pasos de la terapia familiar están en el manual de Lock y Le Grange (2012).
    • Adultos: no hay un tratamiento que se destaque. Un metaanálisis en red de 16 ensayos en adultos con anorexia nerviosa no encontró ninguna psicoterapia mejor que el tratamiento habitual en peso ni en síntomas, con una confianza en la evidencia baja a muy baja (Solmi et al., 2021). Esos datos son de anorexia nerviosa y se extrapolan a la atípica.
    • Seguimiento médico: pulso, presión y electrolitos, sobre todo al comenzar a comer más, por el riesgo de fósforo bajo (síndrome de realimentación). Esa parte la maneja un equipo médico, no se hace en casa (Garber et al., 2019; Vo y Golden, 2022).
    • Dietas: las dietas para bajar de peso mantienen el trastorno, así que no se recomiendan durante el tratamiento (Fairburn, 2008).

    Si convives con alguien con este cuadro, conviene evitar los comentarios sobre su cuerpo o su plato y no convertir cada comida en un tema de discusión (GuiaSalud, 2009). También conviene no elogiar la pérdida de peso, porque refuerza la conducta que sostiene el trastorno. Y si no tienes claro con quién partir, esta guía compara psicólogo y psiquiatra.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Consulta cuando la comida, el peso o el cuerpo ocupan buena parte de los pensamientos de alguien, cuando hay restricción o conductas para compensar, o cuando empieza a afectar la salud, el ánimo o las relaciones. No hace falta esperar a que baje más de peso ni a “verse enfermo”: como muestran los estudios, el peso no mide la gravedad. Empezar el tratamiento antes mejora la evolución.

    • Urgencia médica: desmayos, dolor de pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, debilidad intensa, sangre en el vómito o en las deposiciones.
    • Consulta médica pronto: pérdida de peso rápida, mareos repetidos, frío constante, cambios en la menstruación, vómitos o laxantes frecuentes.
    • Consulta psicológica: reglas rígidas con la comida, miedo intenso a engordar, ejercicio que se vive como obligación, evitar comer con otros, vergüenza que lleva a esconderse.
    • Si hay ideas de hacerse daño: consulta de inmediato y mira esta guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    Para una descripción general de los trastornos alimentarios, MedlinePlus tiene información en español y la Asociación Americana de Psiquiatría en inglés. Una primera consulta psicológica sirve para evaluar el cuadro, medir el riesgo y decidir si hace falta una evaluación médica antes de partir, o un equipo especializado. Si quieres dar ese paso, puedes agendar una consulta, solo o sola, o con un hijo o una hija. Para ordenar la decisión, esta guía te ayuda a elegir psicólogo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Se puede tener anorexia con un peso normal?

    Sí. Eso es la anorexia atípica: la persona cumple los criterios de la anorexia nerviosa y ha perdido mucho peso, pero su peso actual está dentro o por encima del rango normal. Puede tener síntomas físicos y psicológicos tan serios como quienes están bajo peso (Walsh et al., 2023; Sawyer et al., 2016).

    ¿Qué criterios del DSM-5 tiene la anorexia atípica?

    Los de la anorexia nerviosa: restricción de la ingesta, miedo intenso a ganar peso y alteración de la imagen corporal. La diferencia es que el peso no es significativamente bajo. El DSM-5 la clasifica dentro de los otros trastornos especificados (American Psychiatric Association, 2013).

    ¿La anorexia atípica es una anorexia leve?

    No necesariamente. Un metaanálisis encontró más preocupación por el peso y la figura y más insatisfacción corporal en la atípica, y sin diferencias en el deterioro clínico ni en las conductas compensatorias (Johnson-Munguia et al., 2024). El peso no mide la gravedad.

    ¿Cómo se diagnostica la anorexia atípica?

    Con una evaluación clínica que revisa la historia de peso, la forma de comer, el ejercicio, el ánimo y el estado físico. Un cuestionario como el SCOFF orienta, pero no diagnostica, y puede dejar fuera casos (Feltner et al., 2022; GuiaSalud, 2009).

    ¿Cuáles son los síntomas de la anorexia atípica?

    Restricción y reglas rígidas con la comida, miedo intenso a engordar, valor personal medido por el cuerpo, ejercicio obligatorio, evitar comer con otros y, en el cuerpo, frío, mareos, cansancio, pulso lento o cambios en la menstruación. Lo que pesa es el conjunto y que se mantenga (Fairburn, 2008; GuiaSalud, 2009).

    ¿La anorexia atípica tiene tratamiento?

    Sí. Se trata como la anorexia nerviosa, con psicoterapia (en adolescentes, terapia familiar), control médico y apoyo nutricional. Los estudios específicos son pocos: en una serie de 42 adolescentes la remisión fue de 38 % a 52 %, y se necesita más investigación (Hughes et al., 2017; Walsh et al., 2023).

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Allison, K. C., & Lundgren, J. D. (2018). Emerging syndromes. En W. S. Agras & A. Robinson (Eds.), The Oxford handbook of eating disorders (2nd ed.). Oxford University Press.
    • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
    • Billman Miller, M. G., Gioia, A. N., Essayli, J. H., & Forrest, L. N. (2024). Few differences in psychiatric comorbidities and treatment response among people with anorexia nervosa and atypical anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 57(4), 809-818. https://doi.org/10.1002/eat.24046
    • Couturier, J., Kimber, M., & Szatmari, P. (2013). Efficacy of family-based treatment for adolescents with eating disorders: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Eating Disorders, 46(1), 3-11. https://doi.org/10.1002/eat.22042
    • Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press.
    • Feltner, C., Peat, C., Reddy, S., Riley, S., Berkman, N., Middleton, J. C., Balio, C., Coker-Schwimmer, M., & Jonas, D. E. (2022). Screening for eating disorders in adolescents and adults: Evidence report and systematic review for the US Preventive Services Task Force. JAMA, 327(11), 1068-1082. https://doi.org/10.1001/jama.2022.1807
    • Forney, K. J., Brown, T. A., Holland-Carter, L. A., Kennedy, G. A., & Keel, P. K. (2017). Defining “significant weight loss” in atypical anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 50(8), 952-962. https://doi.org/10.1002/eat.22717
    • Garber, A. K., Cheng, J., Accurso, E. C., Adams, S. H., Buckelew, S. M., Kapphahn, C. J., Kreiter, A., Le Grange, D., Machen, V. I., Moscicki, A.-B., Saffran, K., Sy, A. F., Wilson, L., & Golden, N. H. (2019). Weight loss and illness severity in adolescents with atypical anorexia nervosa. Pediatrics, 144(6), Artículo e20192339. https://doi.org/10.1542/peds.2019-2339
    • GuiaSalud. (2009). Guía de práctica clínica sobre trastornos de la conducta alimentaria. Sistema Nacional de Salud de España.
    • Harrop, E. N., Hutcheson, R., Harner, V., Mensinger, J. L., & Lindhorst, T. (2023). “You don’t look anorexic”: Atypical anorexia patient experiences of weight stigma in medical care. Body Image, 46, 48-61. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2023.04.008
    • Harrop, E. N., Mensinger, J. L., Moore, M., & Lindhorst, T. (2021). Restrictive eating disorders in higher weight persons: A systematic review of atypical anorexia nervosa prevalence and consecutive admission literature. International Journal of Eating Disorders, 54(8), 1328-1357. https://doi.org/10.1002/eat.23519
    • Hughes, E. K., Le Grange, D., Court, A., & Sawyer, S. M. (2017). A case series of family-based treatment for adolescents with atypical anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 50(4), 424-432. https://doi.org/10.1002/eat.22662
    • Johnson-Munguia, S., Negi, S., Chen, Y., Thomeczek, M. L., & Forbush, K. T. (2024). Eating disorder psychopathology, psychiatric impairment, and symptom frequency of atypical anorexia nervosa versus anorexia nervosa: A systematic review and meta-analysis. International Journal of Eating Disorders, 57(4), 761-779. https://doi.org/10.1002/eat.23989
    • Lock, J., & Le Grange, D. (2012). Treatment manual for anorexia nervosa: A family-based approach (2nd ed.). Guilford Press.
    • Lock, J., Le Grange, D., Agras, W. S., Moye, A., Bryson, S. W., & Jo, B. (2010). Randomized clinical trial comparing family-based treatment with adolescent-focused individual therapy for adolescents with anorexia nervosa. Archives of General Psychiatry, 67(10), 1025-1032. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2010.128
    • Morgan, J. F., Reid, F., & Lacey, J. H. (1999). The SCOFF questionnaire: Assessment of a new screening tool for eating disorders. BMJ, 319(7223), 1467-1468. https://doi.org/10.1136/bmj.319.7223.1467
    • Nagata, J. M., Carlson, J. L., Golden, N. H., Long, J., Murray, S. B., & Peebles, R. (2019). Comparisons of bone density and body composition among adolescents with anorexia nervosa and atypical anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 52(5), 591-596. https://doi.org/10.1002/eat.23048
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Eating disorders: Recognition and treatment (NICE guideline NG69). https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
    • Sawyer, S. M., Whitelaw, M., Le Grange, D., Yeo, M., & Hughes, E. K. (2016). Physical and psychological morbidity in adolescents with atypical anorexia nervosa. Pediatrics, 137(4), Artículo e20154080. https://doi.org/10.1542/peds.2015-4080
    • Solmi, M., Wade, T. D., Byrne, S., Del Giovane, C., Fairburn, C. G., Ostinelli, E. G., De Crescenzo, F., Johnson, C., Schmidt, U., Treasure, J., Favaro, A., Zipfel, S., & Cipriani, A. (2021). Comparative efficacy and acceptability of psychological interventions for the treatment of adult outpatients with anorexia nervosa: A systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 8(3), 215-224. https://doi.org/10.1016/s2215-0366(20)30566-6
    • Vo, M., & Golden, N. (2022). Medical complications and management of atypical anorexia nervosa. Journal of Eating Disorders, 10, Artículo 196. https://doi.org/10.1186/s40337-022-00720-9
    • Walsh, B. T., Hagan, K. E., & Lockwood, C. (2023). A systematic review comparing atypical anorexia nervosa and anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 56(4), 798-820. https://doi.org/10.1002/eat.23856
    • Whitelaw, M., Lee, K. J., Gilbertson, H., & Sawyer, S. M. (2018). Predictors of complications in anorexia nervosa and atypical anorexia nervosa: Degree of underweight or extent and recency of weight loss? Journal of Adolescent Health, 63(6), 717-723. https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2018.08.019

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta

  • Anorexia nerviosa: síntomas, tipos y tratamiento

    Anorexia nerviosa: síntomas, tipos y tratamiento

    Quizás llegaste aquí porque alguien cercano come cada vez menos, se pesa a todas horas o evita sentarse a la mesa, y te preguntas si es una dieta rígida o algo más serio. O porque te reconociste en alguna de esas conductas. La anorexia nerviosa suele empezar de forma discreta, con reglas que al principio parecen “hábitos saludables”, y por eso cuesta tanto ponerle nombre a tiempo.

    Aquí vas a encontrar qué es la anorexia nerviosa, cuáles son sus síntomas, en qué se diferencian el tipo restrictivo y el purgativo, qué la causa y qué tratamiento tiene respaldo. Las cifras salen de revisiones sistemáticas y metaanálisis, y donde la evidencia es débil o escasa, lo decimos. Para la visión general de todos los trastornos alimentarios, tienes la guía sobre los trastornos de la conducta alimentaria.

    En breve: la anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que combina una restricción de la ingesta que lleva a un peso bajo, un miedo intenso a ganar peso y una alteración en cómo la persona vive su cuerpo. Tiene dos tipos, el restrictivo y el que incluye atracones o purgas. Tiene tratamiento, aunque en adultos ninguna terapia ha demostrado ser claramente superior a las demás. Es el trastorno alimentario con mayor mortalidad: un metaanálisis de 2025 calculó una razón de mortalidad estandarizada de 5,21, lo que significa un riesgo de muerte más de cinco veces mayor que el de la población general (Krug et al., 2025). Por eso, ante desmayos, latidos lentos o rechazo total a comer, la primera consulta es médica.

    ¿Qué es la anorexia nerviosa y cuáles son sus criterios diagnósticos?

    La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la persona restringe lo que come hasta llegar a un peso significativamente bajo, siente un miedo intenso a ganar peso y vive su cuerpo de forma distorsionada. Es una enfermedad mental grave, con consecuencias físicas, que va mucho más allá de una dieta estricta.

    El DSM-5 la define con tres criterios, según los resumen Agras y Robinson (2018):

    • Restricción de la ingesta en relación con lo que el cuerpo necesita, que lleva a un peso significativamente bajo para la edad, el sexo, el desarrollo y la salud física.
    • Miedo intenso a ganar peso o a engordar, o una conducta persistente que interfiere con el aumento de peso, aun estando muy delgado o delgada.
    • Alteración de la imagen corporal: la persona vive de forma distorsionada su peso o su figura, basa su valor personal casi por completo en ellos, o no reconoce la gravedad del bajo peso actual.

    El DSM-5 también eliminó la ausencia de menstruación como requisito diagnóstico (Agras y Robinson, 2018). Una mujer puede tener anorexia nerviosa aunque conserve la regla, y los hombres también la tienen, por eso ese criterio dejó de exigirse. La Asociación Americana de Psiquiatría ofrece una descripción general en inglés, y MedlinePlus tiene una versión en español sobre los trastornos de la alimentación.

    Fairburn (2008) propone que lo que sostiene el cuadro es una psicopatología central: la persona juzga su valor casi por completo según su figura, su peso y su capacidad de controlarlos. De ahí nacen las reglas rígidas sobre la comida. Por eso decirle a alguien “come normal” no sirve de nada. La conducta alimentaria es el síntoma visible de algo que ocurre por dentro.

    ¿Cuáles son los síntomas de la anorexia nerviosa?

    Los síntomas de la anorexia nerviosa son cambios sostenidos en la forma de comer, en los pensamientos sobre el cuerpo, en la salud física y en la vida social. Ninguno por sí solo confirma el diagnóstico, y lo que pesa es el conjunto y que se mantenga en el tiempo. Las guías clínicas y los manuales de referencia (GuiaSalud, 2009; Fairburn, 2008; Treasure et al., 2007) los agrupan así:

    En la conducta

    • Reducir la cantidad de comida o hacer ayunos, a menudo empezando por eliminar grasas y azúcares y siguiendo con otros grupos de alimentos.
    • Reglas rígidas (“no como después de las seis”, “solo alimentos que pueda pesar”) y contar calorías de forma obsesiva.
    • Comer muy despacio, cortar la comida en trozos mínimos, saltarse comidas o retrasar la hora de comer.
    • Cocinar para otras personas sin probar nada, coleccionar recetas o interesarse de pronto por la cocina.
    • Evitar comer delante de otros, con excusas como “ya comí antes”, o mentir sobre lo que se ha comido.
    • Ejercicio intenso e inflexible, que se mantiene incluso con cansancio, lesión o enfermedad.
    • Pesarse varias veces al día o, al revés, evitar por completo la balanza; mirarse al espejo de forma obsesiva o esquivarlo.
    • Ropa muy holgada o varias capas para disimular el cuerpo.

    En los pensamientos y las emociones

    • Miedo intenso a engordar, que no baja aunque el peso baje.
    • Sentirse gordo o gorda pese a la delgadez. Fairburn (2008) describe que muchas personas confunden con “sentirse gordas” emociones como la ansiedad o la tristeza, y sensaciones físicas como la hinchazón o la saciedad, y responden restringiendo más.
    • Perfeccionismo, pensamiento de todo o nada y necesidad de control.
    • Irritabilidad, ánimo bajo, ansiedad y retraimiento.
    • Negar o minimizar la gravedad del problema, y una fuerte ambivalencia frente al tratamiento.

    En el cuerpo

    • Pérdida de peso rápida o inexplicada. En niños y adolescentes, también un freno en el crecimiento o el retraso de la pubertad.
    • Frío constante, manos y pies fríos o de color azulado, mareos, debilidad y desmayos.
    • Latidos lentos y presión baja.
    • Piel seca, caída del pelo, uñas quebradizas y un vello fino en la cara, los brazos y la espalda (lanugo).
    • Pérdida de la menstruación en mujeres después de la pubertad.
    • Dolor abdominal, hinchazón o sensación de llenura con muy poca comida.
    • En el subtipo con purgas, desgaste del esmalte dental y cicatrices en los nudillos por el vómito autoinducido.

    En la vida social

    • Dejar de ir a cumpleaños, salidas o comidas familiares por el miedo a comer.
    • Dedicar casi todo el tiempo libre al ejercicio, al control del peso o a la comida.

    Cuando quien lee es la madre o el padre de un adolescente, estas señales pueden mezclarse con las de otros cuadros de esa edad. Conviene revisar también los trastornos psicológicos más frecuentes en la adolescencia, la ansiedad en adolescentes y la depresión en adolescentes, porque pueden acompañar a la anorexia.

    ¿Qué diferencia hay entre la anorexia restrictiva y la purgativa?

    La anorexia nerviosa restrictiva y purgativa son los dos subtipos que distingue el DSM-5, según lo que la persona haya hecho en los últimos tres meses. En el tipo restrictivo, el peso bajo se logra con dietas, ayunos o ejercicio excesivo, sin atracones ni purgas regulares. En el tipo con atracones y purgas (la llamada anorexia purgativa), la persona ha tenido episodios regulares de atracón, de purga o de ambos mientras mantiene el peso bajo (Agras y Robinson, 2018).

    Anorexia restrictivaAnorexia con atracones y purgas
    Cómo se llega al peso bajoDieta, ayuno y ejercicio excesivoRestricción, más atracones o purgas
    PurgasNo regularesVómito autoinducido, laxantes, diuréticos o enemas
    PesoSignificativamente bajoSignificativamente bajo
    Rasgos que se describen con más frecuenciaControl rígido, perseverancia, perfeccionismoMás impulsividad y mayor riesgo de comportamientos suicidas, según los manuales clínicos

    Las diferencias de personalidad entre ambos subtipos son tendencias, y la evidencia directa es limitada. Una revisión sistemática que buscó diferencias cognitivas entre los dos tipos concluyó que las pruebas disponibles no alcanzan para sacar conclusiones firmes (Van Autreve y Vervaet, 2015). Y los subtipos no son definitivos: con los años, muchas personas pasan del tipo restrictivo al que incluye atracones y purgas (Agras y Robinson, 2018).

    ¿Cuál es la diferencia entre la anorexia purgativa y la bulimia nerviosa?

    No son lo mismo, y la diferencia principal es el peso. En la bulimia nerviosa la persona tiene atracones y conductas compensatorias, pero su peso suele estar en el rango habitual o por encima. En la anorexia con atracones y purgas el peso es significativamente bajo. El DSM-5 establece además una regla de precedencia: si alguien cumple los criterios completos de anorexia nerviosa, ese diagnóstico se impone sobre el de bulimia, y no se dan los dos a la vez (Agras y Robinson, 2018).

    ¿Qué es la anorexia nerviosa atípica?

    La anorexia atípica es un cuadro en el que la persona cumple todos los criterios de la anorexia nerviosa, incluida una pérdida de peso importante, pero su peso sigue dentro o por encima del rango considerado normal. El DSM-5 la ubica entre los “otros trastornos especificados”. Una revisión sistemática de 24 publicaciones halló que el nivel de síntomas propios del trastorno alimentario en la anorexia atípica es tan alto como en la anorexia nerviosa, o más, y que muchas complicaciones físicas son parecidas, aunque algunas parecen menos frecuentes. Los mismos autores señalan que hay muy poca información sobre su evolución y su respuesta al tratamiento (Walsh et al., 2023). En la práctica, una persona puede estar muy enferma sin verse delgada.

    ¿Qué tan frecuente es la anorexia nerviosa y a quién afecta?

    La anorexia nerviosa es menos frecuente que otros trastornos alimentarios, pero más grave. Un metaanálisis de 33 estudios en población general calculó una prevalencia a lo largo de la vida de 0,16 % para la anorexia nerviosa, aunque sus autores advierten que la cifra puede estar subestimada (Qian et al., 2022).

    Para la región existe un metaanálisis de 17 estudios con datos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela. La prevalencia puntual media de la anorexia fue de 0,1 %, menor que la de la bulimia y la del trastorno por atracón en la región (Kolar et al., 2016). No usamos una cifra única para adolescentes chilenos, porque los números que circulan en la prensa no se pueden rastrear hasta un estudio concreto.

    Suele empezar en la adolescencia y es más frecuente en mujeres, pero afecta también a hombres. Sobre ellos hay menos datos: una revisión sistemática de 18 estudios sobre el resultado del tratamiento en varones encontró que el conocimiento es escaso y que no hay evidencia firme de diferencias entre hombres y mujeres, en parte porque los estudios incluyen muy pocos hombres (Strobel et al., 2018).

    Lo que sí está claro es el riesgo. Además del dato de mortalidad de Krug et al. (2025), las muertes por anorexia se explican por las complicaciones médicas de la desnutrición y también por suicidio (Agras y Robinson, 2018).

    ¿Por qué aparece la anorexia nerviosa? Causas y factores de riesgo

    La anorexia nerviosa no tiene una causa única. Las guías la describen como un cuadro con factores que predisponen, factores que lo desencadenan y factores que lo mantienen una vez instalado (GuiaSalud, 2009).

    Genética y biología. Los estudios de gemelos estiman una heredabilidad de entre 50 % y 60 %. Un estudio genético con casi 17.000 casos identificó ocho regiones del genoma asociadas con el riesgo y encontró correlaciones con rasgos psiquiátricos, con la actividad física y con características metabólicas, lo que lleva a los autores a proponer entenderla como un trastorno “metabo-psiquiátrico” (Watson et al., 2019). La heredabilidad describe cuánto del riesgo en una población se asocia con diferencias genéticas, y no permite predecir qué le pasará a una persona concreta.

    Temperamento. Los manuales describen perfeccionismo, rigidez, ansiedad, evitación del daño y un autocontrol muy alto como rasgos frecuentes en la infancia de quienes después desarrollan anorexia, sobre todo en el tipo restrictivo (Agras y Robinson, 2018). Si te reconoces en esto, puede ayudarte esta guía sobre perfeccionismo y la de personalidad obsesiva. La relación con el trastorno obsesivo compulsivo es estrecha, y ambos cuadros se presentan juntos con frecuencia.

    Entorno y experiencias. Una revisión paraguas de nueve metaanálisis que evaluó 50 factores de riesgo para los trastornos alimentarios encontró que ninguna asociación alcanzó evidencia convincente. Entre las más sólidas estuvieron las burlas sobre la apariencia (OR 2,91 para cualquier trastorno alimentario), y los autores concluyen que los eventos traumáticos y estresantes de la infancia son los factores de riesgo más creíbles (Solmi et al., 2021a). Son asociaciones, y no explican por sí solas ningún caso. Si el trauma es parte de tu historia, esta guía sobre trauma de infancia puede servir. Otros factores recogidos en los manuales son la presión por la delgadez, la interiorización del ideal de cuerpo delgado y la insatisfacción con el cuerpo durante la pubertad (Agras y Robinson, 2018).

    Lo que la mantiene. Fairburn (2008) subraya que lo que desencadena el trastorno no es necesariamente lo que lo sostiene. Una vez instalado, el bajo peso y el ayuno generan por sí mismos efectos que lo alimentan: obsesión con la comida, rigidez de pensamiento, aislamiento social y una sensación incómoda de llenura con muy poca comida, que la persona interpreta como “haber engordado”. El estudio clásico de semiinanición de Minnesota, que Fairburn recoge, mostró que estos cambios aparecen también en personas sin trastorno alimentario cuando se las somete a un ayuno prolongado. Parte de lo que parece “personalidad” mejora al recuperar peso.

    Un punto que le quita carga a muchas familias: el modelo de tratamiento familiar parte de una postura que no busca culpables, y considera a los padres como el mejor recurso para ayudar (Lock y Le Grange, 2012).

    ¿Qué daños físicos causa y cuándo hay que ir a urgencias?

    La anorexia nerviosa puede afectar casi todos los sistemas del cuerpo, porque nace de una desnutrición sostenida. Por eso toda sospecha con mareos, desmayos, latidos lentos o irregulares, o pérdida rápida de peso necesita una evaluación médica, además de la psicológica.

    Según el capítulo sobre complicaciones médicas del Oxford Handbook (Agras y Robinson, 2018), el corazón pierde masa muscular y fuerza, con riesgo de arritmias, y las complicaciones cardíacas y la muerte súbita son las principales causas médicas de fallecimiento. El tubo digestivo se enlentece, lo que produce hinchazón y estreñimiento. Los huesos pierden densidad (osteopenia u osteoporosis), con mayor riesgo de fracturas, y el sistema hormonal se altera, con pérdida de la menstruación y retraso de la pubertad. También pueden aparecer anemia, hipotermia y cambios en el cerebro que afectan el funcionamiento cognitivo y que pueden recuperarse solo en parte.

    La realimentación necesita supervisión médica. Cuando una persona con desnutrición severa vuelve a comer de forma brusca puede ocurrir el síndrome de realimentación, una alteración de electrolitos como el fósforo y el potasio que puede afectar al corazón. Por eso la recuperación del peso en casos graves se hace de forma gradual y con controles de laboratorio y electrocardiograma (Agras y Robinson, 2018).

    Las guías recomiendan considerar la hospitalización ante inestabilidad cardíaca (latidos muy lentos, presión muy baja, alteraciones en el electrocardiograma), desmayos, desequilibrios graves de electrolitos, deshidratación, confusión o convulsiones, negativa absoluta a comer y beber, riesgo suicida, o cuando el tratamiento ambulatorio no avanza o la familia no puede sostener la seguridad en casa (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    Un matiz que se suele malinterpretar: ninguna cifra de peso decide por sí sola si alguien necesita hospitalización. La guía NICE pide mirar el riesgo médico completo, y por eso en este artículo no encontrarás números de peso o IMC para “saber si es grave”: esa evaluación la hace un equipo médico (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    ¿Cuál es el tratamiento de la anorexia nerviosa y qué dice la evidencia?

    El tratamiento de la anorexia nerviosa combina recuperación nutricional, seguimiento médico y psicoterapia, y lo conduce un equipo. Las guías recomiendan terapia familiar para adolescentes y varias opciones individuales para adultos. La evidencia respalda algunas de ellas, aunque con matices importantes.

    Adolescentes: terapia familiar

    Para niños y adolescentes, la guía NICE recomienda como primera línea la terapia familiar centrada en la anorexia nerviosa. Si no es aceptable o no funciona, ofrece terapia cognitivo-conductual enfocada en trastornos alimentarios o psicoterapia centrada en el adolescente (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    El respaldo viene de ensayos como este, con 121 adolescentes de 12 a 18 años (Lock et al., 2010). Al terminar el tratamiento no hubo diferencias en remisión completa entre la terapia familiar y la terapia individual, pero a los 6 y 12 meses de seguimiento la terapia familiar fue superior.

    En la versión de Lock y Le Grange (2012), la terapia se organiza en tres fases a lo largo de unas 10 a 20 sesiones en 6 a 12 meses. En la primera, los padres asumen temporalmente el control de la alimentación, porque un cerebro desnutrido no puede tomar decisiones sanas sobre comer. En la segunda, devuelven ese control de forma gradual cuando el peso se estabiliza. En la tercera se trabajan la autonomía y los temas propios de la adolescencia, y se cierra con un plan para prevenir recaídas. No es algo para improvisar en casa: la guía la hace un terapeuta entrenado.

    Adultos: varias opciones y ninguna claramente superior

    Para adultos, NICE propone que la persona elija entre tres terapias individuales: terapia cognitivo-conductual enfocada en trastornos alimentarios, el tratamiento de Maudsley para adultos con anorexia (MANTRA) o el manejo clínico especializado de apoyo (National Institute for Health and Care Excellence, 2017).

    La evidencia es más cauta. Una red de 16 ensayos halló que ninguna intervención psicológica superó al tratamiento habitual en peso ni en síntomas; la deserción fue menor con terapia cognitivo-conductual que con terapias psicodinámicas, y la confianza en la evidencia fue baja a muy baja (Solmi et al., 2021b). El ensayo MOSAIC, con 142 adultos, comparó MANTRA con el manejo clínico especializado y no encontró diferencias significativas entre ambos a los 6 y 12 meses, con mejoras en peso y síntomas en los dos grupos; quienes recibieron MANTRA lo calificaron como más aceptable (Schmidt et al., 2015).

    Un metaanálisis de 35 ensayos con 2.524 pacientes agregó un matiz: los tratamientos especializados superan a los comparadores en el peso al final del tratamiento, con un efecto pequeño (g = 0,16), pero no en el seguimiento ni en los síntomas psicológicos (Murray et al., 2019). Dicho en simple: hay terapias que ayudan, pero para la anorexia en adultos todavía falta una que gane con claridad a las demás.

    Medicamentos

    No hay un fármaco aprobado específicamente para tratar la anorexia nerviosa, y las guías no recomiendan los medicamentos como único tratamiento (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). El más estudiado como complemento es la olanzapina: un metaanálisis de siete estudios (304 pacientes) halló en adultos una diferencia pequeña en el índice de masa corporal a favor de la olanzapina frente al placebo (0,67 kg/m²), mientras que su efecto en adolescentes sigue sin estar claro (Han et al., 2022). Esa decisión siempre es de un médico.

    Cuando la persona no quiere tratarse

    La falta de conciencia de enfermedad y la ambivalencia son parte del cuadro, no un capricho. La persona suele vivir la restricción como una solución, no como un problema, y la propia desnutrición vuelve más rígido el pensamiento (Agras y Robinson, 2018). Por eso los enfoques se adaptan:

    • En la terapia cognitivo-conductual de Fairburn (2008), el terapeuta valida que la persona esté “en dos mentes” y explora las razones para cambiar y los miedos a hacerlo, en lugar de imponer la decisión.
    • En la terapia familiar de adolescentes, el tratamiento no espera a que el hijo o la hija esté motivado para empezar a recuperar el peso (Lock y Le Grange, 2012).
    • El método New Maudsley advierte que discutir, confrontar o coaccionar tiende a atrincherar a la persona en sus creencias (Treasure et al., 2007).

    ¿Qué nivel de cuidado corresponde? Las guías colocan el tratamiento ambulatorio como el punto de partida para la mayoría y reservan el hospital de día o la internación para los casos con riesgo médico o psiquiátrico que no se puede manejar en casa (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). Si no tienes claro con quién partir, esta guía compara psicólogo y psiquiatra y esta otra, terapia online y presencial. Con riesgo físico, la evaluación médica presencial va primero.

    ¿Cómo acompañar a un familiar con anorexia nerviosa?

    Acompañar bien significa mantener la calma, ser consistente y no entrar en discusiones sobre calorías, y hacerlo junto con el equipo tratante. El modelo para cuidadores de Treasure y colaboradoras (2007) y el manual de terapia familiar de Lock y Le Grange (2012) coinciden en varios puntos.

    Lo que suele ayudar:

    • Hablar de la enfermedad como algo separado de la persona (“la anorexia te está haciendo difícil comer”), lo que reduce la culpa y la discusión.
    • Acordar con la otra persona adulta de la casa la misma pauta, para que el hijo o la hija no encuentre una grieta.
    • Validar la emoción (“parece que te asusta mucho”) sin intentar convencer con argumentos.
    • Mantener las comidas con conversación neutral y planificar el menú con anticipación.
    • Reservar un momento fuera de las comidas para conversar, y pasar tiempo juntos en actividades que no giren en torno al cuerpo.

    Lo que suele mantener el problema:

    • Discutir sobre calorías, porciones o ingredientes durante la comida.
    • Responder una y otra vez a preguntas como “¿esto me va a engordar?”, lo que Treasure y colaboradoras llaman la trampa de la tranquilización.
    • Criticar, gritar o tratar la resistencia como manipulación.
    • Acomodarse a las reglas del trastorno: menús separados, vajillas especiales o dejar que la persona controle la cocina.
    • Comentar el cuerpo, las dietas o el peso, tanto de la persona como el propio.

    Si el hijo o la hija está además muy desanimado o ansioso, estas guías pueden servir: cuándo llevar a un niño al psicólogo y cómo ayudar a una persona con depresión.

    ¿Se puede recuperar una persona con anorexia nerviosa? Pronóstico y recaídas

    Sí, mucha gente se recupera, y el pronóstico mejora cuanto antes empieza el tratamiento. Según el capítulo sobre curso de los trastornos alimentarios del Oxford Handbook, en el seguimiento a 10-20 años cerca de la mitad de las personas con anorexia nerviosa (45 % a 50 %) se recupera por completo, y el resto mejora en parte o sigue enfermo de forma crónica (Agras y Robinson, 2018). Son datos de seguimiento largo y varían entre estudios. Los factores asociados a mejor pronóstico incluyen un inicio en la adolescencia y recibir tratamiento temprano. Los asociados a peor pronóstico son una larga duración del cuadro sin tratar, las conductas de purga, la dificultad para recuperar el peso y la comorbilidad psiquiátrica (GuiaSalud, 2009; Agras y Robinson, 2018).

    Las recaídas son frecuentes. Un metaanálisis de 16 estudios encontró que el 31 % de los pacientes recayó después del tratamiento, con el mayor riesgo durante el primer año tras el alta, y que este riesgo se mantiene hasta unos dos años (Berends et al., 2018). Otra revisión sistemática halló tasas de recaída entre 9 % y 52 %, que suben a medida que se alarga el seguimiento, y señaló que las definiciones de recaída y recuperación varían tanto que cuesta comparar los estudios (Khalsa et al., 2017). Un metaanálisis de 35 estudios sobre trastornos alimentarios halló que mayor motivación para el cambio, mejor respuesta al tratamiento y el subtipo restrictivo de anorexia se asociaron con menos recaídas, mientras que mayor nivel de cuidado, comorbilidad psiquiátrica y mayor gravedad de los síntomas se asociaron con más (Sala et al., 2023).

    Por eso las guías piden seguimiento durante al menos un año después del alta (GuiaSalud, 2009; National Institute for Health and Care Excellence, 2017). Fairburn (2008) distingue entre un tropiezo puntual y abandonar el esfuerzo por completo: tratar un traspié como un fracaso total puede alimentar el mismo círculo del que la persona intenta salir.

    ¿Cuándo consultar y con quién?

    Consulta cuando las señales se sostienen en el tiempo, cuando la comida o el cuerpo ocupan buena parte de los pensamientos del día o cuando empiezan a afectar la salud, el ánimo o las relaciones. No hace falta esperar a estar muy delgado ni a tener un diagnóstico: un inicio tardío del tratamiento se asocia a peor pronóstico (Agras y Robinson, 2018).

    • Urgencia médica (servicio de urgencia): desmayos, dolor en el pecho, latidos muy lentos o irregulares, confusión, deshidratación o negativa total a comer y beber.
    • Consulta médica pronto: pérdida de peso rápida, mareos frecuentes, ausencia de la menstruación, vómitos repetidos o uso de laxantes.
    • Consulta psicológica: preocupación persistente por el peso o la figura, dietas rígidas, miedo intenso a comer o a engordar.
    • Si hay ideas de hacerse daño: consulta de inmediato y mira esta guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    Una primera consulta psicológica sirve para evaluar el cuadro, medir el riesgo y decidir si hace falta un equipo especializado o una evaluación médica antes de partir. Si quieres dar ese paso, puedes agendar una consulta. Puedes ir con tu hijo o hija, o con la información que tengas del caso, y también sirve ir solo o sola a preguntar. Para ordenar la decisión, esta guía te ayuda a elegir psicólogo.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la anorexia nerviosa en palabras simples?

    Es un trastorno de la conducta alimentaria en el que la persona come mucho menos de lo que su cuerpo necesita, tiene un miedo intenso a engordar y vive su cuerpo de forma distorsionada. Es una enfermedad mental grave con riesgos físicos, no una decisión de dieta ni un capricho, y se trata con ayuda profesional.

    ¿Cuáles son los síntomas de la anorexia nerviosa?

    Los más frecuentes son restricción de comida, reglas alimentarias rígidas, miedo a engordar, pesarse o mirarse en exceso, ejercicio compulsivo, evitar comer en público, frío constante, mareos y pérdida de peso. Ninguno basta por sí solo. Lo que orienta es el conjunto y que se sostenga en el tiempo (GuiaSalud, 2009).

    ¿Cuál es la diferencia entre anorexia restrictiva y purgativa?

    En la restrictiva el peso bajo se logra con dieta, ayuno y ejercicio, sin atracones ni purgas regulares. En la purgativa hay atracones, vómitos, laxantes o diuréticos además de la restricción. En ambas el peso es significativamente bajo, y eso las distingue de la bulimia (Agras y Robinson, 2018).

    ¿Los hombres también pueden tener anorexia nerviosa?

    Sí. Es menos frecuente y menos estudiada en varones, y se diagnostica con los mismos criterios. Una revisión sistemática concluyó que los datos sobre el resultado del tratamiento en hombres son escasos, sin evidencia firme de diferencias con las mujeres (Strobel et al., 2018).

    ¿La anorexia nerviosa tiene cura?

    Muchas personas se recuperan. A largo plazo, cerca de la mitad se recupera por completo, y el pronóstico es mejor cuando el tratamiento empieza pronto (Agras y Robinson, 2018). Las recaídas son frecuentes, sobre todo durante el primer año tras el alta, por eso el seguimiento importa (Berends et al., 2018).

    ¿Cuánto dura el tratamiento de la anorexia nerviosa?

    Depende de la edad y la gravedad. La terapia familiar para adolescentes suele durar entre 6 y 12 meses (Lock y Le Grange, 2012), y las terapias individuales para adultos se miden en decenas de sesiones a lo largo de varios meses (National Institute for Health and Care Excellence, 2017). El seguimiento después del alta se mantiene al menos un año.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    • Agras, W. S., & Robinson, A. (Eds.). (2018). The Oxford handbook of eating disorders (2nd ed.). Oxford University Press.
    • American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.
    • Berends, T., Boonstra, N., & van Elburg, A. (2018). Relapse in anorexia nervosa: A systematic review and meta-analysis. Current Opinion in Psychiatry, 31(6), 445-455. https://doi.org/10.1097/yco.0000000000000453
    • Fairburn, C. G. (2008). Cognitive behavior therapy and eating disorders. Guilford Press.
    • GuiaSalud. (2009). Guía de práctica clínica sobre trastornos de la conducta alimentaria. Sistema Nacional de Salud de España.
    • Han, R., Bian, Q., & Chen, H. (2022). Effectiveness of olanzapine in the treatment of anorexia nervosa: A systematic review and meta-analysis. Brain and Behavior, 12(2), Artículo e2498. https://doi.org/10.1002/brb3.2498
    • Khalsa, S. S., Portnoff, L. C., McCurdy-McKinnon, D., & Feusner, J. D. (2017). What happens after treatment? A systematic review of relapse, remission, and recovery in anorexia nervosa. Journal of Eating Disorders, 5, Artículo 20. https://doi.org/10.1186/s40337-017-0145-3
    • Kolar, D. R., Rodriguez, D. L. M., Chams, M. M., & Hoek, H. W. (2016). Epidemiology of eating disorders in Latin America: A systematic review and meta-analysis. Current Opinion in Psychiatry, 29(6), 363-371. https://doi.org/10.1097/yco.0000000000000279
    • Krug, I., Liu, S., Portingale, J., Croce, S., Dar, B., Obleada, K., Satheesh, V., Wong, M., & Fuller-Tyszkiewicz, M. (2025). A meta-analysis of mortality rates in eating disorders: An update of the literature from 2010 to 2024. Clinical Psychology Review, 116, Artículo 102547. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2025.102547
    • Lock, J., & Le Grange, D. (2012). Treatment manual for anorexia nervosa: A family-based approach (2nd ed.). Guilford Press.
    • Lock, J., Le Grange, D., Agras, W. S., Moye, A., Bryson, S. W., & Jo, B. (2010). Randomized clinical trial comparing family-based treatment with adolescent-focused individual therapy for adolescents with anorexia nervosa. Archives of General Psychiatry, 67(10), 1025-1032. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2010.128
    • Murray, S. B., Quintana, D. S., Loeb, K. L., Griffiths, S., & Le Grange, D. (2019). Treatment outcomes for anorexia nervosa: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. Psychological Medicine, 49(4), 535-544. https://doi.org/10.1017/s0033291718002088
    • National Institute for Health and Care Excellence. (2017). Eating disorders: Recognition and treatment (NICE guideline NG69). https://www.nice.org.uk/guidance/ng69
    • Qian, J., Wu, Y., Liu, F., Zhu, Y., Jin, H., Zhang, H., Wan, Y., Li, C., & Yu, D. (2022). An update on the prevalence of eating disorders in the general population: A systematic review and meta-analysis. Eating and Weight Disorders, 27(2), 415-428. https://doi.org/10.1007/s40519-021-01162-z
    • Sala, M., Keshishian, A., Song, S., Moskowitz, R., Bulik, C. M., Roos, C. R., & Levinson, C. A. (2023). Predictors of relapse in eating disorders: A meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 158, 281-299. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2023.01.002
    • Schmidt, U., Magill, N., Renwick, B., Keyes, A., Kenyon, M., Dejong, H., Lose, A., Broadbent, H., Loomes, R., Yasin, H., Watson, C., Ghelani, S., Bonin, E.-M., Serpell, L., Richards, L., Johnson-Sabine, E., Boughton, N., Whitehead, L., Beecham, J., . . . Landau, S. (2015). The Maudsley Outpatient Study of Treatments for Anorexia Nervosa and Related Conditions (MOSAIC): Comparison of the Maudsley Model of Anorexia Nervosa Treatment for Adults (MANTRA) with specialist supportive clinical management (SSCM) in outpatients with broadly defined anorexia nervosa: A randomized controlled trial. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 83(4), 796-807. https://doi.org/10.1037/ccp0000019
    • Solmi, M., Radua, J., Stubbs, B., Ricca, V., Moretti, D., Busatta, D., Carvalho, A. F., Dragioti, E., Favaro, A., Monteleone, A. M., Shin, J. I., Fusar-Poli, P., & Castellini, G. (2021a). Risk factors for eating disorders: An umbrella review of published meta-analyses. Brazilian Journal of Psychiatry, 43(3), 314-323. https://doi.org/10.1590/1516-4446-2020-1099
    • Solmi, M., Wade, T. D., Byrne, S., Del Giovane, C., Fairburn, C. G., Ostinelli, E. G., De Crescenzo, F., Johnson, C., Schmidt, U., Treasure, J., Favaro, A., Zipfel, S., & Cipriani, A. (2021b). Comparative efficacy and acceptability of psychological interventions for the treatment of adult outpatients with anorexia nervosa: A systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 8(3), 215-224. https://doi.org/10.1016/s2215-0366(20)30566-6
    • Strobel, C., Quadflieg, N., Voderholzer, U., Naab, S., & Fichter, M. M. (2018). Short- and long-term outcome of males treated for anorexia nervosa: A review of the literature. Eating and Weight Disorders, 23(5), 541-552. https://doi.org/10.1007/s40519-018-0538-6
    • Treasure, J., Smith, G., & Crane, A. (2007). Skills-based learning for caring for a loved one with an eating disorder: The new Maudsley method. Routledge.
    • Van Autreve, S., & Vervaet, M. (2015). Are there differences in central coherence and set shifting across the subtypes of anorexia nervosa? A systematic review. The Journal of Nervous and Mental Disease, 203(10), 774-780. https://doi.org/10.1097/nmd.0000000000000366
    • Walsh, B. T., Hagan, K. E., & Lockwood, C. (2023). A systematic review comparing atypical anorexia nervosa and anorexia nervosa. International Journal of Eating Disorders, 56(4), 798-820. https://doi.org/10.1002/eat.23856
    • Watson, H. J., Yilmaz, Z., Thornton, L. M., Hübel, C., Coleman, J. R. I., Gaspar, H. A., Bryois, J., Hinney, A., Leppä, V. M., Mattheisen, M., Medland, S. E., Ripke, S., Yao, S., Giusti-Rodríguez, P., Hanscombe, K. B., Purves, K. L., Adan, R. A. H., Alfredsson, L., Ando, T., . . . Bulik, C. M. (2019). Genome-wide association study identifies eight risk loci and implicates metabo-psychiatric origins for anorexia nervosa. Nature Genetics, 51(8), 1207-1214. https://doi.org/10.1038/s41588-019-0439-2

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

    Conocer más · Agendar una consulta