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  • Películas sobre Alucinaciones: 10 recomendaciones imprescindibles (Psicología y cine)

    Películas sobre Alucinaciones: 10 recomendaciones imprescindibles (Psicología y cine)

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    ¿Qué tan reales son las alucinaciones que vemos en el cine?

    Pocas experiencias son tan cinematográficas como una alucinación. Un personaje ve algo que no está ahí, escucha una voz que nadie más percibe, y el espectador queda atrapado en esa frontera incómoda entre lo real y lo que solo existe en su cabeza. No es casualidad que una película sobre alucinaciones funcione tan bien en pantalla: es puro conflicto interno convertido en imagen.

    Pero hay una brecha entre lo que el cine elige mostrar y lo que ocurre de verdad en una alucinación clínica. Esta guía reúne diez títulos que vale la pena ver, con algo que pocas listas de recomendaciones incluyen: qué tan fiel es cada una a la evidencia real sobre cómo funcionan las alucinaciones.

    Resumen rápido: las diez películas de esta lista (entre ellas Una mente maravillosa, Réquiem por un sueño y La escalera de Jacob) muestran alucinaciones de origen muy distinto (psicótico, por sustancias, por trauma o por duelo), y cada una acierta o exagera según el tipo que retrata. El cine tiende a preferir lo visual porque es lo que se puede filmar, aunque en los cuadros psicóticos las voces son, con diferencia, lo más frecuente.

    Casi siempre visuales. Un rostro distorsionado, una figura en la esquina de la habitación, una persona que solo el protagonista puede ver. Esa es la fórmula que domina el cine cuando toca el tema de las alucinaciones, y tiene sentido: es lo único que la cámara puede enseñarle al espectador.

    El problema es que esa elección estética invierte la realidad clínica. Un estudio piloto de la Organización Mundial de la Salud sobre esquizofrenia encontró que el 73% de los pacientes en un episodio agudo reportaba alucinaciones auditivas (OMS, 1973). Y una revisión de quince estudios hecha por Slade y Bentall (1988) llegó a una proporción parecida: 60% de los casos con alucinaciones auditivas frente a solo un 29% con alucinaciones visuales. En los trastornos psicóticos, en otras palabras, se oye mucho más de lo que se ve.

    Las alucinaciones visuales no están ausentes de la psicosis, pero la literatura clínica las asocia con más fuerza a otro origen: cuadros orgánicos cerebrales o intoxicación por sustancias (Mueser, 2007). Esto tiene una consecuencia curiosa para esta lista: las películas sobre drogas que eligen lo visual (como verás más abajo) están, sin saberlo, más cerca del dato real que las películas sobre esquizofrenia que hacen lo mismo.

    En consulta, cuando alguien menciona una película después de una experiencia propia, casi siempre es porque algo de lo que vio en pantalla no coincidió con lo que sintió, y esa distancia genera más dudas que las que resuelve.

    Los tipos de alucinaciones que el cine no siempre distingue

    Una alucinación auditiva verbal (una voz que comenta, dialoga u ordena) no se construye ni se vive igual que una alucinación visual compleja, y ninguna de las dos es intercambiable con una alucinación táctil o de presencia. Esta guía sobre los cinco tipos de alucinaciones según el sentido entra en el detalle de cada una; aquí basta con saber que el origen importa tanto como el contenido.

    Porque el origen es justo lo que separa a las películas de esta lista en grupos distintos. Hay alucinaciones que nacen de un cuadro psicótico como la esquizofrenia. Hay otras inducidas por sustancias, con un perfil visual mucho más consistente con la evidencia. Y hay un tercer grupo, menos comentado en el cine, ligado al trauma o al duelo: la persona ve o escucha a alguien que perdió, sin que eso implique enfermedad mental. Romme y Escher (1989) documentaron precisamente esto: muchas personas que oyen voces (incluidas las asociadas al duelo) llevan vidas normales, y lo que marca la diferencia entre una experiencia clínica y una benigna es la angustia y el significado amenazante que la persona le atribuye, más que el fenómeno en sí.

    10 películas sobre alucinaciones que vale la pena ver

    Alucinaciones de origen psicótico

    1. Una mente maravillosa (2001)
    La historia de John Nash, matemático brillante que convive con una esquizofrenia paranoide, sigue siendo una de las representaciones más citadas del género. Sus alucinaciones combinan lo visual (compañeros de universidad y agentes secretos que no existen) con un componente delirante sostenido en el tiempo.
    Precisión clínica: alta en un punto poco habitual: muestra cómo una alucinación puede acompañar a la persona durante años sin que note de inmediato que no es real, algo consistente con la cronicidad que describe la literatura sobre esquizofrenia.

    2. Cisne Negro (2010)
    Nina, una bailarina en busca de la perfección, empieza a ver su propio reflejo comportarse de forma independiente mientras su cuerpo sufre transformaciones que no son reales. La película sugiere un episodio psicótico breve gatillado por estrés extremo y privación de sueño.
    Precisión clínica: razonable en el disparador (el estrés agudo sí puede precipitar síntomas psicóticos), aunque exagera la velocidad y la intensidad de la progresión con fines dramáticos.

    3. K-Pax (2001)
    Un paciente psiquiátrico asegura venir de un planeta lejano, y lo hace con tal coherencia que el propio equipo clínico duda de su diagnóstico. La cinta juega con la ambigüedad entre delirio y realidad alternativa más que con la alucinación propiamente dicha, pero vale la mención por lo bien que retrata la incertidumbre diagnóstica real de un brote psicótico atípico.
    Precisión clínica: floja en lo técnico (nunca aclara del todo el mecanismo), pero honesta en algo que el cine rara vez admite: a veces el diagnóstico tarda, y eso es parte del proceso clínico real.

    Alucinaciones inducidas por sustancias

    4. Réquiem por un sueño (2000)
    El descenso de varios personajes hacia la dependencia (incluida la escena, ya icónica, del refrigerador que persigue a Sara Goldfarb) es de las representaciones más crudas del consumo problemático en el cine reciente. Las alucinaciones aquí son abrumadoramente visuales.
    Precisión clínica: alta. Como se explicó arriba, el predominio visual es justo lo que la evidencia asocia a las causas por sustancias, así que esta vez el recurso estético coincide con el dato clínico.

    5. Miedo y asco en Las Vegas (1998)
    Un periodista y su abogado atraviesan Las Vegas bajo el efecto de una combinación descomunal de sustancias psicodélicas. El tono es casi cómico y las alucinaciones (lagartos en la recepción de un hotel, alfombras que se mueven) están llevadas al extremo.
    Precisión clínica: media. El predominio visual es correcto, pero la intensidad y la coherencia narrativa de las escenas superan por mucho lo que reporta la literatura sobre intoxicación psicodélica real.

    Alucinaciones asociadas a trauma y duelo

    6. La escalera de Jacob (1990)
    Un veterano de Vietnam empieza a ver figuras deformadas y escenas inquietantes tras volver a Nueva York. La película construye una ambigüedad deliberada entre lo que es recuerdo traumático, alucinación y algo más, sin resolverlo del todo hasta el final.
    Precisión clínica: buena en el vínculo entre trauma y alteraciones perceptivas, un fenómeno documentado en cuadros de estrés postraumático, aunque el desenlace se apoya más en el género de terror que en la clínica.

    7. Hereditary (2018)
    Tras una serie de pérdidas familiares devastadoras, varios personajes empiezan a ver y sentir la presencia de quienes murieron. Es, de toda la lista, la película que más se acerca al fenómeno de las alucinaciones de duelo descrito por Romme y Escher (1989): experiencias que, fuera del contexto de terror que le impone el género, suelen ser más comunes y menos patológicas de lo que la gente cree.
    Precisión clínica: interesante justamente por la tensión: el fenómeno de base (ver o sentir a un ser querido fallecido) es real y frecuente, pero la envoltura de terror sobrenatural lo aleja del cuadro clínico benigno que documenta la evidencia.

    Ambigüedad narrativa

    8. Shutter Island (2010)
    Un investigador llega a una isla psiquiátrica en busca de una paciente desaparecida, y a medida que avanza la trama, la línea entre su misión y su propia historia clínica se vuelve cada vez más difusa. Combina elementos de trauma, culpa y una alteración perceptiva sostenida durante casi toda la película.
    Precisión clínica: aceptable como retrato de cómo el trauma no resuelto puede distorsionar la percepción, aunque el giro final prioriza el efecto narrativo sobre el rigor diagnóstico.

    9. Donnie Darko (2001)
    Un adolescente empieza a ver a Frank, una figura con máscara de conejo que le anuncia el fin del mundo en pocas semanas. La ambigüedad sobre si se trata de una alucinación asociada a un cuadro psicótico incipiente, un viaje en el tiempo o una mezcla de ambas cosas es, en parte, el punto de la película.
    Precisión clínica: limitada de forma intencional. Funciona mejor como retrato atmosférico de la confusión adolescente que como estudio de caso, aunque acierta en algo real: los primeros episodios psicóticos suelen aparecer justo en la adolescencia tardía o la adultez temprana.

    10. Vanilla Sky (2001)
    David, tras un accidente que le desfigura el rostro, empieza a vivir experiencias cada vez más difíciles de distinguir entre sueño, recuerdo y alucinación. La trama termina revelando una explicación tecnológica, pero buena parte del metraje sostiene esa incertidumbre perceptiva de forma deliberada.
    Precisión clínica: baja como estudio clínico (la explicación final la aleja del todo de cualquier cuadro real), aunque transmite con bastante fidelidad la sensación subjetiva de no poder confiar en lo que uno percibe, que es, en el fondo, el núcleo de lo que alguien con alucinaciones describe en consulta.

    Cuándo una alucinación real (no de película) amerita ayuda profesional

    Ver estas películas es entretenimiento. Pero si tú o alguien cercano está teniendo experiencias parecidas a las que acabas de leer, conviene separar la ficción del criterio clínico real.

    No toda alucinación es motivo de alarma. Como se mencionó antes, oír o ver brevemente a un ser querido fallecido durante un duelo es un fenómeno frecuente y, en la mayoría de los casos, no patológico. Lo que sí debería llevar a buscar una evaluación profesional es cuando la experiencia genera angustia intensa, se repite con frecuencia, incluye contenido amenazante u órdenes, o empieza a interferir con el trabajo, los estudios o las relaciones. Para una primera aproximación más profunda existen escalas validadas como el PSYRATS y la PANSS, pensadas justamente para medir la frecuencia, la angustia y el impacto de una alucinación, no solo su presencia.

    Un primer episodio psicótico suele empezar de forma gradual, no como el quiebre repentino que muestra el cine, y cuanto antes se evalúa, mejor suele ser el pronóstico.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué película representa mejor las alucinaciones desde un punto de vista clínico?

    No hay una sola respuesta, porque depende del origen. Réquiem por un sueño es de las más fieles para alucinaciones por sustancias, mientras que Una mente maravillosa acierta mejor en la cronicidad de las alucinaciones asociadas a un cuadro psicótico como la esquizofrenia.

    ¿Por qué el cine muestra más alucinaciones visuales si en la psicosis las auditivas son más frecuentes?

    Por una razón simple: una voz es difícil de filmar sin volverse repetitiva, mientras que una imagen perturbadora se puede sostener en pantalla. La evidencia (OMS, 1973; Slade y Bentall, 1988) muestra justo lo contrario a lo que domina la pantalla en los cuadros psicóticos.

    ¿Es normal tener alucinaciones después de perder a un ser querido?

    Sí, dentro de ciertos límites. Ver, oír o sentir brevemente la presencia de alguien fallecido durante el duelo es un fenómeno documentado y frecuente (Romme y Escher, 1989), que en general no requiere intervención salvo que genere angustia intensa o se vuelva persistente.

    ¿Las alucinaciones por drogas son iguales a las de la esquizofrenia?

    No. Suelen diferir en el tipo predominante (más visuales en el caso de sustancias, más auditivas en la psicosis funcional) y en su curso: las inducidas por sustancias tienden a remitir al eliminarse la causa, mientras que las de origen psicótico pueden sostenerse en el tiempo sin tratamiento.

    ¿Cuándo una alucinación real (no de una película) amerita ir al psicólogo o psiquiatra?

    Cuando genera angustia importante, se repite con frecuencia, tiene contenido amenazante o de mando, o interfiere con la vida diaria. Ante cualquiera de estas señales conviene una evaluación profesional, más allá de si la persona logra identificar de dónde viene la experiencia.

    Para cerrar

    El cine seguirá prefiriendo lo visual, porque es lo que mejor se filma, no necesariamente lo que la evidencia describe como más frecuente. Eso no le resta valor como entretenimiento ni como puerta de entrada a una conversación real sobre salud mental, siempre que se sepa distinguir el recurso narrativo del dato clínico.

    Si algo de lo que viste en una de estas películas te resulta demasiado cercano a una experiencia propia, no hace falta esperar a que la duda se resuelva sola. Una consulta con un profesional puede ayudarte a entender qué está pasando y qué hacer al respecto.


    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico
    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)
    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.
    Perfil profesional


    Referencias

    • Mueser, K. T. (2007). Tratamiento cognitivo-conductual de la esquizofrenia.
    • Organización Mundial de la Salud. (1973). International pilot study of schizophrenia.
    • Romme, M. A., y Escher, S. (1989). Hearing voices. Schizophrenia Bulletin, 15(2), 209-216.
    • Slade, P. D., y Bentall, R. P. (1988). Sensory deception: A scientific analysis of hallucination. Johns Hopkins University Press.
    • Strauss, J. S. (1969). Hallucinations and delusions as points on continua function. Archives of General Psychiatry, 21(5), 581-586.
    • Tai, S., y Turkington, D. (2009). The evolution of current cognitive behavior therapies for psychosis. Schizophrenia Bulletin, 35(5), 865-873.
  • Tipos de Alucinaciones: Visuales, auditivas y más. Guía para identificarlas

    Tipos de Alucinaciones: Visuales, auditivas y más. Guía para identificarlas

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Alguien te cuenta que escuchó su nombre en una casa vacía, o que por un segundo vio una sombra cruzar el pasillo cuando no había nadie. La primera pregunta que surge, casi siempre con algo de miedo, es la misma: ¿eso es una alucinación? Y si lo es, ¿qué significa?

    La respuesta corta es que depende del sentido involucrado, de cuánto dura, de qué tan seguido pasa y del contexto en que ocurre. Existen cinco tipos clásicos de alucinaciones según el sentido que afectan (auditivas, visuales, olfativas, gustativas y táctiles), y varios tipos más según el momento y la forma en que aparecen. Cada una indica algo distinto, y cada una pide una respuesta distinta.

    En esta guía vas a encontrar de qué se trata cada tipo, en qué se diferencian de los delirios (un error muy común), qué las provoca y cómo reconocer cuándo una experiencia de este tipo necesita evaluación profesional.

    Resumen en 30 segundos

    Una alucinación es una percepción sensorial sin un estímulo externo real que la produzca: se oye, se ve, se huele, se saborea o se siente algo que no está ahí. Las auditivas son las más frecuentes (cerca de 3 de cada 10 personas las ha experimentado alguna vez, según un estudio poblacional de gran escala), seguidas por las visuales, las táctiles y las olfativas. Pueden aparecer en trastornos psiquiátricos, en enfermedades neurológicas, por consumo de sustancias, por privación de sueño o incluso como fenómeno normal al quedarse dormido. Lo que determina si hace falta consultar es el malestar que generan y el contenido que traen, más que el simple hecho de tenerlas.

    ¿Qué es exactamente una alucinación?

    Una alucinación es un trastorno de la percepción (según la definición de la American Psychological Association): la persona experimenta algo a través de uno de sus sentidos (oír, ver, oler, saborear, sentir en la piel) sin que exista un estímulo externo que lo justifique. A diferencia de una ilusión, donde sí hay un estímulo real pero se interpreta mal (ver una sombra y creer que es una persona), en la alucinación no hay nada ahí que explique la percepción.

    Es importante decirlo con claridad: tener una alucinación puntual no equivale a “estar psicótico” ni a tener esquizofrenia. Una encuesta poblacional de gran escala encontró que entre el 6% y el 15% de las personas sin ningún trastorno reportan haber tenido al menos una experiencia alucinatoria en su vida (Linszen et al., 2022). El estrés agudo, la privación de sueño y ciertos estados de transición (como quedarse dormido) pueden producirlas sin que exista enfermedad de base. Para una mirada más amplia sobre qué es la psicosis, sus tipos y su pronóstico, esta guía completa sobre la psicosis profundiza en el cuadro clínico donde las alucinaciones aparecen con más frecuencia.

    En consulta veo seguido que el miedo inicial (“¿me estoy volviendo loco?”) suele ser desproporcionado respecto al riesgo real. Lo que sí conviene mirar con atención es la frecuencia, el contenido y cuánto interfiere con la vida diaria, no la experiencia aislada.

    ¿Cuáles son los 5 tipos de alucinaciones según el sentido?

    La clasificación más usada divide las alucinaciones según la modalidad sensorial afectada. No todas son igual de frecuentes ni apuntan a las mismas causas.

    Alucinaciones auditivas

    Son, por lejos, las más comunes en los cuadros psicóticos: aparecen en un 60% a 73% de las personas con esquizofrenia (Caballo, 2015). Van desde ruidos simples o música hasta voces completas, que pueden hablarle a la persona directamente, comentar lo que hace o incluso dialogar entre ellas. Este último patrón (voces que conversan entre sí sobre el sujeto) se considera un síntoma de peso diagnóstico particular, descrito originalmente por Kurt Schneider.

    En población general, un estudio con más de 10.000 participantes encontró que un 29,5% había tenido alguna alucinación auditiva en el último mes (Linszen et al., 2022), lo que las confirma como el tipo más reportado incluso fuera de un contexto clínico.

    Alucinaciones visuales

    Se ubican en segundo lugar en frecuencia (21,5% en el último mes, según la misma encuesta poblacional). A diferencia de las auditivas, cuando aparecen dentro de un cuadro psicótico “funcional” (sin causa médica identificada) son menos comunes: solo un 29% de las psicosis funcionales las incluyen (Caballo, 2015). Esto tiene una implicancia clínica concreta: cuando una persona reporta alucinaciones visuales predominantes o exclusivas, conviene descartar primero un origen neurológico u orgánico (por ejemplo, Parkinson, demencia por cuerpos de Lewy o un efecto secundario de fármacos) antes de asumir un origen puramente psiquiátrico.

    Alucinaciones olfativas y gustativas

    Menos frecuentes que las anteriores (17,3% olfativas en el último mes en población general) y casi siempre asociadas a cuadros médicos específicos: crisis epilépticas del lóbulo temporal, ciertos tumores cerebrales o, en el contexto psiquiátrico, más presentes en esquizofrenia que en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson. Suelen describirse como olores o sabores desagradables, no neutros ni placenteros.

    Alucinaciones táctiles

    También llamadas cenestésicas o hápticas: la persona siente algo sobre la piel (insectos caminando, hormigueo, presión) o dentro del cuerpo (movimientos, vibraciones) sin causa física. Un 19,9% de la población general reporta haberlas experimentado (Linszen et al., 2022), y pueden coexistir con alucinaciones auditivas, especialmente en adolescentes.

    Vale la pena notar un dato de la misma investigación: un 47,6% de quienes reportaron alguna alucinación tuvo experiencias en dos o más modalidades sensoriales a la vez. Rara vez viene “una sola”.

    Los otros tipos: según cuándo y cómo aparecen

    Además de clasificarse por el sentido, las alucinaciones también se agrupan según el momento y la forma en que se presentan. Esta distinción es menos conocida pero igual de útil para entender qué está pasando.

    Hipnagógicas e hipnopómpicas. Ocurren en la transición entre la vigilia y el sueño: las hipnagógicas al quedarse dormido, las hipnopómpicas al despertar. Se explican como intromisiones del sueño REM en un momento en que la persona todavía está parcialmente consciente. Son, en la gran mayoría de los casos, un fenómeno normal y no patológico (Jackson y Chadwick, 2015), aunque su presencia repetida y marcada es también uno de los criterios diagnósticos de la narcolepsia.

    Funcionales. Se disparan junto a un estímulo real que sigue percibiéndose con normalidad. El ejemplo clásico: alguien que oye voces solo cuando el motor del refrigerador está encendido, y que desaparecen apenas se apaga.

    Reflejas. Una percepción real en un sentido dispara una alucinación en otro sentido distinto. Por ejemplo, ver un objeto moverse y, en simultáneo, “oír” un sonido que ese movimiento no produjo.

    Pseudoalucinaciones. Esta es la diferencia que más confunde a quien no es especialista. En una alucinación verdadera, la experiencia se proyecta en el espacio externo (la voz “viene de afuera”, igual que si hablara una persona real). En la pseudoalucinación, la experiencia se vive en el espacio interno, dentro de la propia cabeza, más parecida a un pensamiento intrusivo extremadamente vívido que la persona no logra reconocer como propio. El modelo de Morrison (1998) explica esto como una falla puntual en el monitoreo de la fuente de la propia actividad mental, no como un quiebre completo con la realidad.

    ¿Alucinación o delirio? La confusión más común

    Es habitual usar “alucinación” y “delirio” como sinónimos, y no lo son. La diferencia está en qué proceso mental se ve afectado:

    • La alucinación es un trastorno de la percepción: se percibe algo (se oye, se ve) que no está ahí.
    • El delirio es un trastorno del contenido del pensamiento: es una creencia falsa, sostenida con total convicción a pesar de evidencia clara en contra, según la definición del DSM-5 (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013).

    Suelen aparecer juntos y relacionados. Según el planteamiento de Maher (1988), el delirio muchas veces es el intento de la mente de darle sentido a la alucinación: “oigo una voz que nadie más oye” es la alucinación; “eso pasa porque el gobierno instaló un microchip en mi cabeza” es el delirio que se construye para explicarla. Uno es la experiencia sensorial; el otro, la historia que la persona arma para que esa experiencia tenga sentido. Si quieres conocer más sobre el otro lado de esta pareja de síntomas, esta guía sobre cómo evaluar ideas delirantes revisa sus tipos y las escalas que se usan para caracterizarlas.

    ¿Qué las provoca? Los contextos donde aparecen

    Las alucinaciones no son exclusivas de un solo diagnóstico. Aparecen en escenarios muy distintos, y el patrón con el que se presentan suele dar pistas sobre la causa de fondo.

    Trastornos psiquiátricos mayores. En la esquizofrenia predominan las auditivas, seguidas de las olfativo-gustativas y las cenestésicas, con las visuales en un lugar secundario, de acuerdo con una comparación fenomenológica entre esquizofrenia y Parkinson (Llorca et al., 2016). Si el episodio es reciente y agudo, vale la pena revisar también qué caracteriza a un brote psicótico y en qué se diferencia de un cuadro crónico. En el trastorno bipolar, el contenido suele ser congruente con el estado de ánimo: grandioso durante la manía, de culpa o ruina durante la depresión grave, y a diferencia de la esquizofrenia, tiende a remitir por completo entre episodios (Ramírez-Basco y Thase, 2015). En el trastorno de estrés postraumático predominan los flashbacks por sobre las alucinaciones espontáneas: revivencias sensoriales intensas directamente ligadas al hecho traumático (Astin y Resick, 2015).

    Cuadros neurodegenerativos. Parkinson, demencia por cuerpos de Lewy y Alzheimer se asocian sobre todo a alucinaciones visuales, al revés del patrón típico de la psicosis funcional, según una investigación sobre fenomenología de experiencias psicóticas en distintos diagnósticos (Schutte et al., 2020).

    Déficits sensoriales. La pérdida de audición se asocia a alucinaciones auditivas aisladas; la pérdida de visión, a alucinaciones visuales aisladas, sin que exista ningún otro síntoma psiquiátrico de base.

    Contextos médicos puntuales. Una cirugía mayor reciente puede desencadenar alucinaciones visuales transitorias, generalmente ligadas a un síndrome confusional agudo o delirium postoperatorio, un cuadro distinto que conviene diferenciar bien de la psicosis.

    Adolescentes. En clínicas pediátricas de trastornos del ánimo y la ansiedad, cerca de un 10% de los pacientes presenta algún síntoma psicótico, y la mayoría de esos casos corresponde a un trastorno depresivo (62%) más que a un cuadro esquizofrénico (14%) (Hua, 2021). En adolescentes, además, las alucinaciones no siempre indican patología: la mitad de quienes las reportan deja de tenerlas al cabo de un año.

    ¿Cómo se pueden detectar o identificar?

    Detectar una alucinación (en uno mismo o en alguien cercano) pasa menos por “cazar” el síntoma exacto y más por observar un patrón a lo largo del tiempo. Algunas señales prácticas:

    • La persona reacciona a algo que nadie más percibe. Gira la cabeza hacia un sonido inexistente, responde en voz baja a una conversación que nadie más escucha, o se aparta de un objeto o insecto que no está ahí.
    • Describe la experiencia como venida de afuera, no como un pensamiento. “Escuché una voz” es distinto de “se me vino a la mente una idea muy fuerte”. La primera formulación es más compatible con una alucinación verdadera.
    • Hay cambios de conducta asociados. Aislamiento repentino, dificultad para concentrarse, o conductas de seguridad como taparse los oídos, evitar ciertos lugares o hablar en voz baja “para que no la escuchen”.
    • La persona misma lo cuenta con angustia. A diferencia de una idea pasajera, quien tiene una alucinación con malestar suele buscar activamente hablar de ello, aunque le cueste, precisamente porque le genera temor o confusión.

    Un instrumento estandarizado, cuando la evaluación la hace un profesional, ayuda a caracterizar la experiencia en dimensiones (frecuencia, duración, intensidad, grado de convicción de que es real y, sobre todo, el malestar asociado), porque estas variables no siempre van juntas: es posible reducir la angustia que genera una voz sin necesariamente eliminarla del todo (Brett-Jones, Garety y Hemsley, 1987). Escalas como el PSYRATS y el PANSS son las que se usan en la práctica clínica para esa caracterización más fina.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    No toda alucinación amerita una consulta de urgencia, pero hay señales que sí la requieren de inmediato:

    • Alucinaciones de mandato: la voz ordena hacerse daño o dañar a alguien más.
    • Contenido derogatorio o amenazante sostenido, especialmente si viene acompañado de ideas persecutorias.
    • Deterioro funcional marcado: abandono del autocuidado, aislamiento social casi total.
    • Ideación suicida activa, con plan o intención concreta.

    Fuera de estos escenarios de riesgo inmediato, sigue siendo razonable pedir una evaluación con un profesional de salud mental cuando la experiencia es recurrente, genera angustia sostenida, interfiere con el trabajo, los estudios o las relaciones, o cuando la persona no logra generar ninguna explicación alternativa a lo que está viviendo. Vale la pena repetirlo: las alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas ocasionales, sin malestar asociado, entran dentro de lo esperable y no requieren tratamiento (más detalle en la ficha de MedlinePlus sobre alucinaciones).

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuáles son los 5 tipos de alucinaciones?

    Los cinco tipos clásicos, clasificados según el sentido que afectan, son las auditivas (oír algo que no existe), las visuales (ver algo que no está ahí), las olfativas (oler algo inexistente), las gustativas (saborear algo sin fuente real) y las táctiles (sentir algo en la piel o el cuerpo sin causa física). Las auditivas son las más frecuentes, tanto en población clínica como general.

    ¿Cuáles son los 5 sentidos de la alucinación?

    Corresponden a los cinco sentidos clásicos: oído (auditivas), vista (visuales), olfato (olfativas), gusto (gustativas) y tacto (táctiles). Cada modalidad tiene una frecuencia y un patrón de causas algo distinto, por lo que identificar cuál predomina ayuda a orientar la evaluación.

    ¿Qué diferencia hay entre alucinaciones y delirios?

    La alucinación es una percepción sin estímulo real (se oye o se ve algo que no está); el delirio es una creencia falsa sostenida con convicción absoluta pese a la evidencia. Suelen combinarse: el delirio muchas veces surge como el intento de la mente de explicar la alucinación.

    ¿Cómo se pueden detectar alucinaciones en otra persona?

    Observando si reacciona a estímulos que nadie más percibe, si describe la experiencia como algo externo (no como un pensamiento propio), si aparecen cambios de conducta como aislamiento o conductas de seguridad, y si ella misma lo relata con angustia genuina.

    ¿Las alucinaciones hipnagógicas son normales?

    Sí. Ocurren en la transición entre el sueño y la vigilia, se explican como intromisiones del sueño REM, y en la mayoría de los casos no indican ningún trastorno. Se consideran parte del funcionamiento normal del sueño, salvo que sean muy frecuentes e interfieran con el descanso.

    ¿Cuándo debo preocuparme por una alucinación?

    Cuando el contenido es de mandato (ordena hacer daño), cuando genera angustia sostenida, cuando interfiere con la vida diaria o cuando se acompaña de ideación suicida. Una experiencia aislada, sin malestar ni repetición, rara vez amerita alarma inmediata, aunque siempre vale la pena consultarlo con un profesional si genera dudas.

    Para cerrar

    Las alucinaciones no son un fenómeno único ni una etiqueta que defina automáticamente un diagnóstico grave. Son experiencias sensoriales que varían según el sentido afectado, el momento en que aparecen y el contexto de fondo, desde un episodio normal al quedarse dormido hasta un síntoma que forma parte de un cuadro psiquiátrico o neurológico que necesita tratamiento.

    Si algo de lo que leíste te resuena (en ti o en alguien cercano), lo más útil es conversarlo con un profesional que pueda evaluar el patrón completo (frecuencia, contenido, malestar y contexto) en vez de intentar diagnosticarlo por tu cuenta. Si quieres una primera conversación para entender qué está pasando y qué pasos seguir, puedes agendar una consulta en Terapia Online Chile.

    Referencias

    Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.

    Astin, M. C., y Resick, P. A. (2015). Tratamiento cognitivo-conductual del trastorno por estrés postraumático. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 1). Siglo XXI.

    Brett-Jones, J., Garety, P., y Hemsley, D. (1987). Measuring delusional experiences: A method and its application. British Journal of Clinical Psychology.

    Caballo, V. E. (Dir.). (2015). Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 1). Siglo XXI.

    Chadwick, P. D. J., y Birchwood, M. J. (1994). Challenging the omnipotence of voices: A cognitive approach to auditory hallucinations. British Journal of Psychiatry.

    Garety, P. A., Kuipers, E., y Fowler, D. (2001). A cognitive model of the positive symptoms of psychosis. Psychological Medicine.

    Hua, L. L. (2021). Clinical practice guideline: Identification, evaluation, and management of psychotic symptoms in adolescents. Pediatrics, American Academy of Pediatrics.

    Jackson, C., y Chadwick, P. (2015). Terapia cognitiva para las alucinaciones y las ideas delirantes. En V. E. Caballo (Dir.), Manual para el tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos psicológicos (Vol. 1). Siglo XXI.

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    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga — Psicólogo Clínico
    Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud).

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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  • Escalas para Evaluar Alucinaciones y Psicosis: PSYRATS y PANSS. Guías y descargas en PDF

    Escalas para Evaluar Alucinaciones y Psicosis: PSYRATS y PANSS. Guías y descargas en PDF

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    Si alguna vez buscaste el PDF de la PSYRATS o intentaste entender qué significan los números de una PANSS en un informe clínico, seguramente te topaste con lo mismo que a la mayoría: páginas que mencionan el nombre de la escala pero no explican su estructura, o manuales técnicos pensados para investigadores, no para quien necesita una respuesta clara y rápida. Pasa seguido, y no es casualidad: son instrumentos hechos por y para clínicos, no material de divulgación.

    Esta guía reúne en un solo lugar las fichas técnicas completas de las dos escalas más usadas para evaluar alucinaciones, delirios y síntomas psicóticos: qué mide cada ítem, cómo se puntúa, qué tan confiables son según la evidencia más reciente y dónde descargar el PDF oficial en español. También vas a encontrar la comparación directa entre ambas, algo que casi ningún recurso en español ofrece, y una respuesta honesta a una pregunta que se repite mucho: si se pueden aplicar uno mismo.

    Lo que necesitas saber en 30 segundos

    La PSYRATS (Psychotic Symptom Rating Scale) tiene 17 ítems: 11 para alucinaciones auditivas y 6 para delirios, cada uno puntuado de 0 a 4, con un rango total de 0 a 68. La PANSS (Positive and Negative Syndrome Scale) tiene 30 ítems agrupados en síntomas positivos, negativos y psicopatología general, puntuados de 1 a 7, con un rango de 30 a 210. Ninguna de las dos es de autoaplicación: ambas requieren un clínico entrenado que conduzca una entrevista semiestructurada. Más abajo están los PDF oficiales y la ficha completa de cada una.

    ¿Qué es la PSYRATS y qué evalúa exactamente?

    La Psychotic Symptom Rating Scale (PSYRATS) la desarrollaron Haddock, McCarron, Tarrier y Faragher en 1999 con un objetivo puntual: medir la gravedad de alucinaciones y delirios por dimensiones, no solo registrar si están presentes o no.

    Subescala de alucinaciones auditivas (11 ítems): frecuencia, duración, localización (de dónde parece venir la voz), volumen, creencias sobre el origen de la voz, cantidad de contenido negativo, grado de contenido negativo, cantidad de angustia, intensidad de la angustia, disrupción en la vida diaria y controlabilidad percibida.

    Subescala de delirios (6 ítems): preocupación por la creencia, duración de esa preocupación, convicción, cantidad de angustia, intensidad de la angustia y disrupción en la vida diaria.

    Cada ítem se puntúa de 0 (ausente) a 4 (grado máximo), lo que da un máximo de 44 puntos en alucinaciones y 24 en delirios, 68 en total. No hay un punto de corte único tipo “por encima de X hay patología”: la PSYRATS se usa sobre todo para trazar un perfil detallado y para medir cambio en el tiempo, no como herramienta diagnóstica aislada.

    ¿Qué es la PANSS y qué evalúa exactamente?

    La Positive and Negative Syndrome Scale (PANSS), publicada por Kay, Fiszbein y Opler en 1987, es el instrumento estándar para evaluar la gravedad de los síntomas en esquizofrenia y trastornos psicóticos relacionados. En español, la validó Peralta y Cuesta (1994) sobre una muestra de pacientes esquizofrénicos.

    Se construyó a partir de dos instrumentos previos, la Brief Psychiatric Rating Scale (BPRS) y la Psychopathology Rating Scale, y quedó organizada en tres subescalas:

    • Síndrome positivo (7 ítems): delirios, desorganización conceptual, comportamiento alucinatorio, excitación, grandiosidad, suspicacia/perjuicio y hostilidad.
    • Síndrome negativo (7 ítems): aplanamiento afectivo, retraimiento emocional, retraimiento social, dificultad en el pensamiento abstracto, falta de espontaneidad y estereotipia del pensamiento, entre otros.
    • Psicopatología general (16 ítems): ansiedad, sentimientos de culpa, tensión, manierismos, depresión, falta de juicio e introspección, entre otros.

    Cada ítem se puntúa de 1 (ausente) a 7 (extremo), con un rango total posible de 30 a 210. Se aplica mediante una entrevista semiestructurada que suele tomar entre 30 y 50 minutos, lo que en la práctica limita su uso fuera de contextos de investigación o seguimiento hospitalario.

    PSYRATS vs. PANSS: las diferencias que importan

    Aunque ambas escalas terminan hablando de alucinaciones y delirios, no compiten entre sí: apuntan a preguntas distintas.

    PSYRATS PANSS
    Ítems 17 (11 alucinaciones + 6 delirios) 30 (7 positivos + 7 negativos + 16 generales)
    Puntuación por ítem 0 a 4 1 a 7
    Rango total 0 a 68 30 a 210
    Foco Dimensiones detalladas de un síntoma específico Gravedad global del cuadro psicótico
    Duración aproximada 15 a 20 minutos 30 a 50 minutos
    Uso típico Seguimiento de síntomas puntuales en terapia Ensayos clínicos, evaluación diagnóstica completa

    Un estudio con pacientes de primer episodio psicótico encontró que ambas escalas correlacionan de forma moderada (r = 0.47 entre el total de PSYRATS y el ítem de alucinaciones de la PANSS), lo que confirma algo intuitivo: miden aspectos relacionados pero no idénticos. Drake et al. (2007) plantean que la PSYRATS funciona bien como complemento de la PANSS, no como sustituto, porque captura matices de la experiencia alucinatoria (como la angustia o la controlabilidad) que la PANSS resume en un solo ítem.

    ¿Qué tan confiables son estos instrumentos?

    Ninguna escala vale nada si no es consistente entre evaluadores ni estable en el tiempo. Acá es donde PSYRATS y PANSS se diferencian bastante.

    La PSYRATS muestra una fiabilidad inter-evaluador y test-retest buena a excelente en múltiples estudios de validación, incluida la versión china (Chien et al., 2017) y la versión malaya (Wahab et al., 2015). Su estructura factorial identifica entre 3 y 4 factores para alucinaciones (emocional, cognitivo, físico) y 2 para delirios, que en conjunto explican cerca del 80% de la varianza total.

    La PANSS tiene una fiabilidad fuerte según una revisión sistemática y metaanálisis reciente bajo el estándar COSMIN (Geck et al., 2025), y su validez de constructo y de criterio también es sólida. El punto flojo está en otro lado: su validez de contenido es cuestionable, porque se construyó sumando ítems de escalas previas sin un proceso riguroso de desarrollo, y su validez estructural es pobre, ya que el modelo original de tres factores no ajusta bien en análisis factoriales posteriores. Dicho de otro modo, la PANSS es confiable y sensible al cambio, pero su arquitectura interna es menos prolija de lo que su uso masivo sugeriría.

    Por eso han surgido versiones más breves como la PANSS-6 (6 ítems, 3 positivos y 3 negativos), que en su validación de 2025 mostró propiedades psicométricas suficientes con apenas 15 a 20 minutos de aplicación frente a los 30 a 40 de la versión completa.

    Cómo evoluciona la puntuación durante el tratamiento

    Para alguien que empieza un tratamiento antipsicótico, lo que más importa es saber cuándo va a notar mejoría, más que el número exacto que arroja la escala. La evidencia da una respuesta bastante concreta.

    Según una revisión en el New England Journal of Medicine (Marder y Cannon, 2019), la agitación aguda suele mejorar dentro de las primeras horas tras una dosis de antipsicótico, pero la mejoría de un rango más amplio de síntomas psicóticos (incluidos delirios y alucinaciones) ocurre recién durante las primeras dos semanas de tratamiento.

    Lo interesante es que no todas las dimensiones cambian al mismo ritmo. Un estudio de seguimiento a dos semanas encontró que la angustia y la disrupción funcional de los delirios responden más rápido que la convicción y la preocupación, tanto en PSYRATS como en registros de muestreo de experiencia en tiempo real. Un seguimiento posterior a ocho semanas confirmó que, aunque todas las dimensiones mejoran con el tiempo, la convicción en la creencia delirante tiende a mantenerse relativamente alta incluso cuando la angustia ya bajó de forma notoria.

    Esto tiene una implicancia práctica que suele sorprender: una persona puede seguir “creyendo” en su delirio, o seguir oyendo una voz, y aun así estar mejorando de verdad si la angustia y la interferencia en su vida diaria disminuyeron. Es exactamente lo que estas escalas dimensionales permiten capturar y algo que un simple “sí/no” nunca podría mostrar.

    Para el seguimiento en ensayos clínicos, la PANSS tiene umbrales de respuesta ya establecidos: una reducción del 25% en el puntaje total desde la línea base se considera “mínimamente mejorado”, y del 50%, “mucho mejor”. Con la PSYRATS hay menos consenso sobre umbrales exactos, aunque su sensibilidad al cambio está bien documentada.

    Por qué se evalúa por dimensiones y no solo con un sí o un no

    Esta es la pregunta que en realidad justifica la existencia de instrumentos como la PSYRATS. Durante décadas, la psiquiatría trató las alucinaciones y los delirios como fenómenos binarios: el paciente los tiene o no los tiene. Strauss (1969) fue de los primeros en plantear que tenía más sentido ubicarlos en un continuo, y esa idea maduró con el trabajo de Brett-Jones, Garety y Hemsley (1987): la convicción, la preocupación y la interferencia conductual de un delirio apenas covarían entre sí. Una persona puede tener una convicción altísima en su creencia y aun así vivir con relativamente poca interferencia funcional, o al revés.

    En consulta esto se ve todo el tiempo: dos pacientes con “la misma” idea delirante pueden estar en situaciones clínicas completamente distintas según cuánta angustia les genera esa idea y cuánto ocupa su día a día.

    El modelo de Garety, Kuipers, Fowler y Bebbington (2001) explica por qué esto importa tanto: la angustia no nace de la experiencia anómala en sí (oír una voz, sospechar de alguien), sino del significado amenazante que la persona le atribuye. Romme y Escher ya lo habían anticipado en 1989: oír voces no suele derivar en la necesidad de atención médica a menos que la persona interprete esa voz como omnipotente o maligna. La voz no es el problema central; la interpretación de la voz, sí.

    Esto tiene consecuencia directa en el tratamiento. Mueser (2007) recomienda priorizar, dentro de la terapia, el síntoma que ocurra con mayor frecuencia y genere más angustia, precisamente porque mejorar ese punto impacta antes en la calidad de vida. Y cuando la convicción del delirio es total, el abordaje cognitivo-conductual no confronta la creencia de frente: la trata como una hipótesis a poner a prueba junto con el paciente, un proceso que Chadwick y Lowe (1990) documentaron como el llamado empirismo colaborativo.

    ¿Se pueden autoaplicar estas escalas?

    No. Y conviene decirlo con toda claridad, porque es una de las búsquedas más frecuentes alrededor de este tema.

    Tanto la PSYRATS como la PANSS son instrumentos heteroaplicados: requieren que un profesional entrenado conduzca una entrevista semiestructurada, observe al paciente y aplique criterios de puntuación clínicos que no son intuitivos para alguien sin formación. Puntuar mal un ítem de “desorganización conceptual” o de “controlabilidad de la voz” sin entrenamiento no da un resultado inofensivo: da un número que parece objetivo pero no lo es, y eso puede generar más confusión que claridad.

    Es habitual llegar a esta página buscando un “test de psicosis pdf” con la idea de responderlo en casa y sacar una conclusión. Lo que suele aparecer bajo ese término son cuestionarios de cribado como el Prodromal Questionnaire-Brief, pensado sobre todo para población joven, pero incluso esos están diseñados como una señal de alerta que amerita evaluación profesional, nunca como un diagnóstico. La forma correcta de acceder a una evaluación con PSYRATS o PANSS es a través de un psiquiatra o psicólogo clínico con formación en evaluación de psicosis.

    Otras escalas relacionadas que conviene conocer

    PSYRATS y PANSS no están solas en este terreno. Si estás investigando el tema es probable que te cruces con estas también:

    • BPRS (Brief Psychiatric Rating Scale): la escala de la que derivó parte de la PANSS, con 18 ítems y el mismo formato de puntuación de 1 a 7. Se considera el estándar de referencia histórico para la validez de criterio de la PANSS.
    • SANS/SAPS (Scale for the Assessment of Negative/Positive Symptoms): par de escalas especializadas, una en síntomas negativos y otra en positivos. La correlación entre PSYRATS y SAPS para alucinaciones auditivas es más modesta (r = 0.27) que con la PANSS.
    • CGI-I (Clinical Global Impression-Improvement): una escala brevísima de impresión clínica global que se usa para cotejar contra los puntos de corte de mejoría de la PANSS.
    • BABS (Brown Assessment of Beliefs Scale): 7 ítems para evaluar delirios en distintos trastornos psiquiátricos, no solo psicosis, con excelente fiabilidad reportada.
    • MADS (Maudsley Assessment of Delusions Schedule): una escala mucho más extensa (53 ítems) que profundiza en 8 dimensiones de la fenomenología delirante, desde la fuerza de la convicción hasta el insight.

    Descarga los PDF oficiales en español

    Si lo que necesitas es el PSYRATS pdf o el PANSS pdf para revisar el instrumento completo, estas son las versiones oficiales en español:

    Ambos documentos están pensados para uso clínico y de investigación. Si eres profesional de salud mental y quieres aplicarlas por primera vez, lo recomendable es hacerlo bajo supervisión o con entrenamiento previo en la entrevista estructurada, sobre todo en el caso de la PANSS, que cuenta con guías específicas (SCI-PANSS, IQ-PANSS) justamente por su complejidad de aplicación.

    Cuándo buscar ayuda profesional

    Hay señales que ameritan evaluación urgente, sin esperar una cita programada: ideación suicida u homicida con plan o intención, autolesión, alucinaciones que ordenan hacerse daño a uno mismo o a otros, lenguaje o comportamiento gravemente desorganizado, incapacidad para cubrir necesidades básicas (dejar de comer por miedo a que la comida esté envenenada, aislamiento total) o comportamientos agresivos.

    Otras señales, aunque no urgentes, sí justifican pedir una consulta con psiquiatría o psicología clínica pronto: una caída notoria en el rendimiento académico o laboral, dificultad nueva para concentrarse o pensar con claridad, suspicacia o ideas paranoides que antes no estaban, aislamiento social creciente, deterioro del autocuidado o lenguaje confuso. Antes de cualquier diagnóstico, conviene descartar causas médicas o por sustancias: el consumo de drogas ilícitas es la causa más común de un cuadro psicótico agudo, así que preguntar por trauma craneal reciente, convulsiones o consumo reciente es parte estándar de la evaluación inicial.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué mide exactamente la escala PSYRATS? Mide la gravedad de las alucinaciones auditivas y de los delirios por dimensiones separadas (frecuencia, duración, angustia, convicción, entre otras), en vez de solo registrar si el síntoma está presente. Tiene 17 ítems puntuados de 0 a 4, con un rango total de 0 a 68.

    ¿Qué mide la escala PANSS? Evalúa la gravedad global de los síntomas positivos, negativos y de psicopatología general en esquizofrenia y trastornos psicóticos relacionados. Tiene 30 ítems puntuados de 1 a 7, con un rango total de 30 a 210, y es el estándar más usado en ensayos clínicos de fármacos antipsicóticos.

    ¿La PSYRATS o la PANSS se pueden hacer online como un test de autoevaluación? No. Ambas requieren que un clínico entrenado conduzca la entrevista y puntúe según criterios profesionales. No existen versiones válidas de autoaplicación de ninguna de las dos.

    ¿Cuál es mejor, PSYRATS o PANSS? Ninguna reemplaza a la otra: la PANSS da una fotografía global del cuadro psicótico y es el estándar en investigación, mientras que la PSYRATS aporta detalle fino sobre alucinaciones y delirios específicos, algo útil sobre todo en seguimiento terapéutico.

    ¿Cuánto tiempo toma aplicar cada escala? La PSYRATS suele tomar entre 15 y 20 minutos. La PANSS completa, entre 30 y 50 minutos, razón por la cual se desarrollaron versiones abreviadas como la PANSS-6.

    Para cerrar

    Entender cómo se construyen estos números (qué mide cada ítem, por qué se separan dimensiones como la convicción y la angustia) cambia la forma de leer un informe clínico o de seguir la evolución de un tratamiento. Si te preocupa una experiencia propia o de alguien cercano relacionada con alucinaciones, delirios u otros síntomas psicóticos, el paso siguiente no es autoaplicarte una escala: es agendar una evaluación con un profesional que pueda usar estos instrumentos como corresponde y armar un plan de tratamiento a partir de ahí.


    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) · Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia. Ver perfil completo

    Referencias

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