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  • Mi pareja bebe mucho: qué hacer (y qué no)

    Mi pareja bebe mucho: qué hacer (y qué no)

    Si escribiste “mi pareja bebe mucho” en el buscador, lo más probable es que ya hayas probado casi todo: hablar, callar, esconder botellas, amenazar con irte, cubrirle una falta al trabajo, quedarte despierta esperando. Y que nada haya durado. Esta guía no te va a decir que el alcohol hace daño (eso ya lo sabes) ni que “solo depende de él”. Te va a mostrar qué hace la diferencia según los estudios que compararon distintas formas de actuar desde la familia, cómo aplicarlo cuando la persona que bebe es tu pareja y duerme en tu misma cama, y en qué momento la pregunta deja de ser “cómo lo ayudo” y pasa a ser “cómo me cuido”.

    Respuesta corta: no puedes obligar a tu pareja a dejar de beber, pero sí puedes cambiar lo que tú haces, y eso cambia las probabilidades. El enfoque con más respaldo para familiares (CRAFT) consigue que dos de cada tres personas que rechazaban tratamiento acepten ir, frente a una de cada ocho con los grupos de apoyo tradicionales. Se basa en tres cosas: hablar de otra forma, premiar la sobriedad y dejar de amortiguar las consecuencias del consumo. Y tiene un límite claro: si hay violencia, la seguridad va antes que cualquier método.

    ¿Cómo sé si mi pareja bebe mucho o si estoy exagerando?

    La cantidad importa menos que lo que pasa alrededor de cada copa. El consumo es un problema cuando tu pareja pierde el control una vez que empieza, bebe más de lo que dijo que iba a beber, oculta cantidades o sigue tomando aunque ya le esté costando el trabajo, la salud, la plata o la relación. No necesitas un diagnóstico para tomar en serio lo que ves en tu casa.

    Los criterios clínicos del trastorno por consumo de alcohol incluyen intentos fallidos de reducir, mucho tiempo dedicado a beber o a recuperarse, obligaciones que se dejan de cumplir, consumo en situaciones de riesgo, tolerancia (necesita más para el mismo efecto) y síntomas de abstinencia. Si reconoces varios, no estás exagerando.

    Lo que ves en casa Qué indica
    Dice “dos y me paro” y no se para La intención y la conducta ya no coinciden
    Discusiones, faltas al trabajo, deudas, multas El consumo continúa a pesar del daño
    Minimiza, esconde o cambia la versión La conversación ya no parte de hechos compartidos
    Maneja, cuida a los niños o usa herramientas después de beber El problema ya compromete a otras personas
    Temblor, sudor, náuseas o agitación cuando no toma Puede haber dependencia física; dejar de golpe requiere supervisión médica

    Si dudas, hay un dato que ayuda a ordenar la conversación: el test AUDIT es el cuestionario que usa la OMS para clasificar el consumo, y puedes responderlo pensando en lo que observas.

    Hay algo más que conviene saber antes de seguir. Una revisión sobre alcohol y matrimonio encontró que la relación entre el consumo y la satisfacción de pareja va en los dos sentidos: beber deteriora la relación, y una relación deteriorada predice más consumo (Kulak et al., 2025). Es un círculo, y eso significa que no hay que esperar a que la otra persona cambie para empezar a cortarlo.

    Lo que el alcohol de tu pareja te está haciendo a ti

    Vivir con alguien que bebe demasiado no es una molestia: es un factor de riesgo para tu propia salud mental. En una encuesta nacional alemana, casi una de cada diez personas adultas declaró estar afectada por la adicción de un familiar, y esas personas tenían 2,4 veces más probabilidades de presentar depresión que quienes no vivían esa situación (Bischof et al., 2022). Una revisión de la literatura describe en los familiares más estrés, aislamiento, peor calidad de vida y problemas de salud física (Di Sarno et al., 2021).

    Cuando quien bebe es un hombre y quien vive con él es una mujer, los daños tienen además una forma específica. Una revisión global de 30 estudios cualitativos los agrupa en agresión física y verbal, coerción sexual, abuso económico y un desgaste acumulado que las propias mujeres muchas veces no nombran como daño porque se volvió cotidiano (Wilson et al., 2024). Si te reconoces ahí, el capítulo sobre seguridad de más abajo es para ti.

    También hay datos sobre qué protege. En un seguimiento de un año a 279 parejas y familiares de personas que entraron a tratamiento por alcohol, los familiares con mejor salud mental eran los que tenían más apoyo social, menos vergüenza por la situación y menos tendencia a evitar el problema; y la calidad de vida era mejor cuando no había violencia en la relación (Cucciare et al., 2024). Ninguno de esos factores depende de que tu pareja deje de beber. Todos dependen de ti.

    Mi esposo es alcohólico, ¿qué hago? Primero, lo que no funciona

    Casi todas las parejas llegan a consulta después de años de hacer lo mismo con más intensidad. No es falta de inteligencia ni de amor: es que las reacciones intuitivas frente al consumo son justo las que menos sirven.

    • Rogar y sermonear. Cada discurso sobre el alcohol le da a tu pareja algo contra lo que discutir, y la discusión reemplaza al problema.
    • Vigilar y esconder. Contar botellas, revisar el auto, tirar el vino. Convierte la relación en policía y sospechoso, y el consumo simplemente se muda de lugar.
    • Amenazar sin cumplir. “Si vuelves a llegar así, me voy.” Si no pasa, la amenaza pierde valor y tú pierdes credibilidad.
    • Amortiguar. Llamar al trabajo para justificar la falta, acostarlo, limpiar, pagar la multa, inventar excusas con la familia. Es lo más humano y es lo que más sostiene el consumo, porque le quita su costo.
    • Confrontar en grupo. La “intervención” al estilo de las series, con la familia reunida para ponerle un ultimátum, tiene evidencia y es mala: en el ensayo clásico que comparó tres estrategias, el 70 % de las familias entrenadas en confrontación decidió no hacerla, y en total solo el 30 % de las personas que bebían entró a tratamiento (Miller et al., 1999).

    Vale una aclaración sobre los grupos de apoyo. En ese mismo estudio, las familias que fueron a Al-Anon mejoraron su propio bienestar tanto como las demás, y ese valor es real. Lo que Al-Anon no consigue, porque no lo intenta, es que la persona que bebe acepte ayuda: 13 % de ingreso a tratamiento. Si tu meta es cuidarte, sirve. Si tu meta es que tu pareja se trate, necesitas otra herramienta.

    Cómo ayudar a mi pareja a dejar el alcohol: el método con evidencia

    Se llama CRAFT (Community Reinforcement and Family Training) y fue diseñado precisamente para familiares de personas que no quieren tratarse. Lo desarrolló Robert Meyers y se enseña en sesiones con un psicólogo entrenado; la persona que bebe no participa y ni siquiera tiene que saberlo al principio. Los números son los más sólidos que existen en este terreno: una revisión sistemática calculó que CRAFT logra el triple de ingresos a tratamiento que Al-Anon y el doble que la intervención confrontacional, con un 64 % a 67 % de personas que aceptaron tratarse (Roozen et al., 2010). Una revisión posterior precisó que los formatos que combinan sesiones individuales y grupales llegan a tasas del 77 % al 86 %, mientras que leer el manual sin acompañamiento se queda entre el 13 % y el 40 % (Archer et al., 2020).

    Tres matices honestos. En el ensayo original, las tasas de ingreso fueron más altas cuando quien hacía el programa era un padre o una madre que cuando era la pareja (Miller et al., 1999): siendo pareja, el método sigue siendo el que más consigue, pero conviene no esperar milagros en dos semanas. Con familias de jóvenes adultos, un ensayo sueco reciente no encontró diferencia entre CRAFT y una consejería estándar (Siljeholm et al., 2024). Y hay un dato práctico que sale de un análisis del ensayo danés: ahí el tipo de relación no cambió los resultados, pero cuando el familiar le contó a la persona que estaba yendo a CRAFT para cambiar la situación, las probabilidades de que esa persona entrara a tratamiento fueron más del doble (Hellum et al., 2024). Ocultarlo no es una condición del método.

    El programa tiene siete pasos. Aquí van adaptados a la convivencia en pareja, siguiendo el manual de Meyers y Wolfe (2004) y la versión para familias de Foote et al. (2014).

    1. Seguridad primero

    Antes de cambiar cualquier cosa, evalúa si hay riesgo de violencia cuando tu pareja bebe. Si lo hay, se arma un plan de protección: señales de alarma, documentos y llaves a mano, un lugar adonde ir y a quién llamar. Ninguna meta del programa está por encima de tu integridad ni de la de tus hijos.

    2. Recuperar tu propia vida

    Suena a consejo de revista y es el pilar del método. Retoma lo que dejaste, arma una red de apoyo, define metas tuyas. Una persona menos agotada se comunica mejor, aguanta mejor las esperas y refuerza mejor. La guía sobre cómo vivir con un familiar adicto desarrolla esta parte.

    3. El mapa del consumo

    Con el terapeuta se dibuja el patrón: qué lo antecede (el viernes, la pelea, el estrés del trabajo, la visita de tal amigo), qué señales indican que ya empezó, qué obtiene con el alcohol (calma, olvido, compañía) y qué pierde. Ese mapa muestra dónde exactamente puedes intervenir sin pelear.

    4. Hablar de otra manera

    Es el paso que más cambia el clima de la casa. Merece su propia sección, justo abajo.

    5. Premiar la sobriedad

    Cuando tu pareja está sobria o hace algo distinto a tomar, ahí va la atención, la conversación agradable, la comida que le gusta, el plan juntos. Muchos gestos pequeños e inmediatos, no un premio grande. La lógica es simple: estar sobrio tiene que empezar a rendir más que beber.

    6. Dejar que el consumo tenga su costo

    El reverso del paso anterior: mientras toma o está con resaca, se retira la atención y se deja de amortiguar. Meyers le llama “confrontación silenciosa”. Tiene límites que se explican más abajo.

    7. Proponer ayuda en el momento justo

    No cuando tú ya no aguantas, sino cuando tu pareja está más receptiva. Y con las opciones ya investigadas, para que un “sí” de dos segundos no se pierda en tres semanas de lista de espera.

    Qué decir y qué evitar cuando tu pareja bebe

    Meyers y Wolfe (2004) resumen la comunicación en cuatro componentes, que en la edición en español se recuerdan como PYEC: Positiva (pide lo que sí quieres), frases con Yo (habla de lo que sientes, no de lo que el otro es), Entendimiento (una frase que reconozca su dificultad, sin aprobar el consumo) y Compartir la responsabilidad (reconoce tu parte y ofrece trabajar en equipo). Se dice corto, con tono tranquilo, y solo cuando la persona está sobria. Si la respuesta es agresiva, se cierra la conversación y se retoma otro día.

    En vez de decir Prueba con
    “Siempre arruinas las noches.” “Disfruto mucho cuando no tomas.”
    “Eres un desconsiderado, ni avisas que no vienes.” “Me duele cuando no avisas que no vas a venir a cenar.”
    “Eres un peligro cuando tomas.” “Me asusta que tomes tanto.”
    “No vayas a tomar esta noche.” “Me haría muy feliz que esta noche no tomaras.”
    “Deja de mentirme.” “Quiero creerte, pero esa historia me sigue sonando rara.”

    Un mensaje completo se ve así: “Entiendo que llegas reventado del trabajo. Me asusta cuando llegas tarde y con varias copas encima. Sé que a veces te contesto mal y eso no ayuda. Me encantaría que esta noche cenáramos tranquilos”. Sin reproche, con una petición concreta y una puerta abierta.

    Apoyar no es facilitar

    CRAFT no te pide ser amable con el consumo; te pide ser amable con la sobriedad. La diferencia no está en cuánto cariño das sino en cuándo lo das. Apoyar es dar atención, afecto y ayuda cuando tu pareja está sobria o intentando algo distinto. Facilitar es dar esas mismas cosas mientras toma, con resaca o justo después de un episodio: taparle la falta, cocinarle algo especial, pagarle la cuenta, ir a buscarlo a las cuatro de la mañana.

    Dejar de facilitar tiene un límite escrito en el programa: no se permiten consecuencias que pongan en riesgo la vida de nadie. Que duerma con la ropa puesta, sí. Que maneje con alcohol, que pase la noche en la calle en invierno o que se desmaye y nadie llame, no. Consecuencias incómodas, sí; consecuencias peligrosas, nunca. Si te cuesta sostener esto sin pelear, la guía sobre cómo poner límites tiene herramientas.

    La ventana: cómo proponerle una evaluación

    La motivación para pedir ayuda sube y baja, y los momentos en que sube duran poco, a veces un día o dos (Foote et al., 2014). Suelen abrirse después de una crisis, en rachas de calma, o cuando un médico o un amigo dice algo. Ahí se propone, con tres ajustes: empieza pequeño (“¿irías a una sola cita para ver qué te dicen?”), engancha con lo que a tu pareja le importa (dormir mejor, el trabajo, los hijos, no el “alcoholismo”) y ofrece acompañar (“podemos ir juntos”). Si dice que no, no se discute: “está bien, gracias por escucharme, lo hablamos en otro momento”. Un no es la respuesta a esa conversación, no al proceso.

    ¿Sirve la terapia de pareja si mi pareja bebe mucho?

    Sí, pero una en particular y con una condición. La terapia conductual de pareja para el alcohol (BCT, por su sigla en inglés) trabaja con los dos, combina un acuerdo diario sobre la sobriedad con mejoras concretas en la relación, y es de las intervenciones mejor estudiadas del campo. Un metaanálisis de 12 ensayos clínicos con 754 personas encontró que añadirla mejora los resultados frente al tratamiento individual, tanto en la frecuencia del consumo como en sus consecuencias y en la satisfacción de pareja, y la ventaja se mantenía en el seguimiento (Powers et al., 2008). Un metaanálisis más amplio de 16 ensayos sobre distintas formas de incluir a la pareja o la familia en el tratamiento encontró un efecto pequeño pero consistente, equivalente a unas tres semanas menos de consumo al año, que duraba entre 12 y 18 meses después de terminar (Ariss y Fairbairn, 2020).

    La condición: esta terapia parte de que tu pareja ya aceptó tratarse. No sirve para convencerla, para eso está CRAFT. Y la terapia de pareja “normal”, la que trabaja la comunicación o los conflictos sin tocar el alcohol, no es un tratamiento de la adicción: en general se pospone hasta que el consumo esté en tratamiento, porque discutir la relación con una persona que sigue bebiendo suele terminar en las mismas peleas de siempre con un testigo. Y con violencia en la relación, ninguna terapia de pareja es la indicación: primero la seguridad.

    Vivir con un alcohólico: cuándo la seguridad va antes que la relación

    El alcohol no causa la violencia por sí solo, pero la hace más probable. Un metaanálisis de 21 estudios con más de 76.000 personas en países de altos ingresos encontró que el consumo dañino del hombre aumentaba en un 41 % las probabilidades de violencia hacia su pareja, y que el riesgo era mayor cuando había dependencia o episodios de consumo intenso, no solo consumo ocasional (Tanyos et al., 2026). La violencia de mujer a hombre también aumentaba, en menor medida.

    Si en tu casa hay golpes, empujones, amenazas, control del dinero o del teléfono, sexo bajo presión o miedo a lo que pase cuando llegue tomado, eso tiene nombre legal en Chile: la Ley 20.066 de violencia intrafamiliar protege a cónyuges y convivientes, actuales o anteriores. Puedes pedir orientación en el 1455 de SernamEG (o por WhatsApp al +56 9 9700 7000), y en una emergencia llamar a Carabineros. Ningún paso de CRAFT se aplica hasta que esto esté resuelto.

    Hay dos situaciones más en que se llama a urgencias y no se “deja que tenga consecuencias”: una intoxicación grave (no despierta, vomita inconsciente, respira raro) y un cuadro de abstinencia con temblor intenso, confusión, alucinaciones o convulsiones, que puede ser mortal si no se trata. Sobre la pregunta que casi todas las parejas hacen: en Chile no se puede internar a un adulto contra su voluntad porque consuma. La Ley 21.331 reserva la hospitalización involuntaria para situaciones de riesgo real e inminente para la vida, con evaluación de dos profesionales, según la guía legal del Ministerio de Salud. Fuera de una emergencia así, el tratamiento es voluntario, y por eso importa tanto saber conseguir ese “sí”.

    ¿Cuándo dejar a una pareja que bebe?

    No hay un número de recaídas ni un plazo que responda esto por ti, y ningún método lo decide. Lo que sí se puede decir con datos es que el consumo excesivo es una de las causas más comunes de divorcio y que la separación y el alcohol suelen ir juntos en el tiempo (Kulak et al., 2025). Si estás pensando en irte, no eres la excepción ni la culpable.

    Hay condiciones en que la respuesta se inclina sola: violencia que no para aunque haya sobriedad temporal, hijos expuestos a riesgo, negativa sostenida a cualquier ayuda a lo largo de años, o tu propia salud deteriorándose sin que nada cambie. Y hay una trampa frecuente: quedarse porque “si me voy, se va a matar”. Esa responsabilidad no es tuya, y un profesional puede ayudarte a evaluar ese riesgo en vez de cargarlo sola. Si sientes que te cuesta imaginar tu vida sin esta relación aunque te esté haciendo daño, el test de dependencia emocional puede ayudarte a poner palabras a eso.

    Irse también puede ser una consecuencia real del consumo, y a veces es la que abre la ventana. Pero solo funciona si es una decisión tuya y no una amenaza más.

    Dónde pedir ayuda en Chile aunque tu pareja no quiera

    • Fono Drogas y Alcohol 1412 de SENDA: orientación de lunes a domingo, de 8:00 a 20:00, también para quien quiere ayudar a otra persona. Hay chat en senda.gob.cl/orientacion.
    • Al-Anon Chile (al-anonchile.cl): grupos gratuitos para familiares y parejas. Sirven para tu bienestar, pero no están pensados para conseguir que tu pareja se trate.
    • Un psicólogo que trabaje con CRAFT, en 8 a 12 sesiones, presenciales o por videollamada. Tu pareja no tiene que asistir ni saberlo al principio.
    • Cobertura pública: conviene saber cómo funciona el GES para consumo de alcohol y drogas antes de que se abra la ventana, para tener el menú listo.
    • Si necesitas entender mejor qué es una adicción y por qué “la fuerza de voluntad” no alcanza, la guía sobre qué es la adicción lo explica.

    Preguntas frecuentes

    ¿Cómo hago para que mi pareja deje de beber?

    No puedes hacerlo por ella, pero sí puedes cambiar lo que refuerzas: atención y cariño cuando está sobria, distancia y cero amortiguación cuando toma, y una propuesta concreta de evaluación cuando esté receptiva. Ese es el núcleo de CRAFT, que logra que alrededor de dos de cada tres personas que rechazaban tratamiento acepten ir.

    Mi esposo es alcohólico y no lo reconoce, ¿qué le digo?

    Nada que empiece con “eres”. Describe un episodio concreto, di cómo te hizo sentir y pide una acción pequeña: “El sábado manejaste después de tomar y me asusté mucho. ¿Irías a una sola consulta para que te evalúen?”. Si se enoja, cierras la conversación sin discutir y lo retomas otro día sobrio. Convencerlo no es un evento, es un proceso.

    ¿Si solo toma los fines de semana puede tener un problema?

    Sí. Los episodios de consumo intenso concentrados en pocos días tienen los mismos riesgos de accidentes, violencia y daño a la salud que el consumo diario, y en el metaanálisis sobre violencia de pareja el riesgo estaba asociado justamente a esos patrones. Lo que define el problema es la pérdida de control y las consecuencias, no el calendario.

    ¿Debo esconder o botar el alcohol de la casa?

    No como estrategia, porque convierte la relación en vigilancia y el consumo se muda a otro lugar. Sí puedes decidir no comprar alcohol tú, no tenerlo en la mesa y no acompañar el consumo, como parte de dejar de facilitar. La diferencia es que eso lo haces tú con tu conducta, sin controlar la de tu pareja.

    ¿Sirve la terapia de pareja si uno bebe mucho?

    La terapia conductual de pareja para el alcohol sí, con buena evidencia, pero requiere que la persona ya haya aceptado tratarse. La terapia de pareja centrada en la relación se pospone hasta que el consumo esté en tratamiento, y con violencia en la relación no se indica ninguna de las dos.

    ¿Cuándo debo terminar la relación?

    Es una decisión personal y no hay un criterio clínico que la resuelva, pero hay señales que la inclinan: violencia, hijos en riesgo, años de negativa a cualquier ayuda y tu propia salud en deterioro. Si te quedas por miedo a lo que tu pareja pueda hacerse, eso se evalúa con un profesional, no se carga en silencio.

    Lo que sí depende de ti

    No controlas si tu pareja toma esta noche. Controlas cómo le hablas, qué premias, qué dejas de tapar, con quién te apoyas y cuándo propones ayuda. Los estudios dicen que eso cambia las probabilidades más que cualquier otra cosa que puedas hacer desde afuera, y que empezar a cuidarte no es abandonar a nadie.

    Si quieres armar ese plan para tu situación concreta, con o sin que tu pareja lo sepa todavía, puedes agendar una primera consulta. Y si hoy tienes miedo en tu casa, primero el 1455 o Carabineros; lo demás puede esperar a mañana.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Archer, M., Harwood, H., Stevelink, S., Rafferty, L. y Greenberg, N. (2020). Community reinforcement and family training and rates of treatment entry: A systematic review. Addiction, 115(6), 1024-1037. https://doi.org/10.1111/add.14901

    Ariss, T. y Fairbairn, C. E. (2020). The effect of significant other involvement in treatment for substance use disorders: A meta-analysis. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 88(6), 526-540. https://doi.org/10.1037/ccp0000495

    Bischof, G., Bischof, A., Velleman, R., Orford, J., Kuhnert, R., Allen, J., Borgward, S. y Rumpf, H.-J. (2022). Prevalence and self-rated health and depression of family members affected by addictive disorders: Results of a nation-wide cross-sectional study. Addiction, 117(12), 3140-3147. https://doi.org/10.1111/add.15960

    Cucciare, M. A., Han, X., Yousef, S. y Timko, C. (2024). Predictors of concerned others’ mental health and quality of life over 12 months following adults’ entry into treatment for an alcohol use disorder. Journal of Substance Use and Addiction Treatment, 164, 209434. https://doi.org/10.1016/j.josat.2024.209434

    Di Sarno, M., De Candia, V., Rancati, F., Madeddu, F., Calati, R. y Di Pierro, R. (2021). Mental and physical health in family members of substance users: A scoping review. Drug and Alcohol Dependence, 219, 108439. https://doi.org/10.1016/j.drugalcdep.2020.108439

    Foote, J., Wilkens, C., Kosanke, N. y Higgs, S. (2014). Beyond addiction: How science and kindness help people change. Scribner.

    Hellum, R., Bilberg, R., Mejldal, A. y Nielsen, A. S. (2024). Potential factors affecting the impact of community reinforcement and family training. Secondary analysis of an RCT. BMC Public Health, 24, 213. https://doi.org/10.1186/s12889-024-17656-1

    Kulak, J. A., Heavey, S. C., Marsack, L. F. y Leonard, K. E. (2025). Alcohol misuse, marital functioning and marital instability: An evidence-based review on intimate partner violence, marital satisfaction and divorce. Substance Abuse and Rehabilitation, 16, 39-53. https://doi.org/10.2147/sar.s462382

    Ley 20.066 (2005). Establece ley de violencia intrafamiliar. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=242648

    Ley 21.331 (2021). Establece normas para el reconocimiento y protección de los derechos de las personas en la atención de salud mental. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1159383

    Meyers, R. J. y Wolfe, B. L. (2004). Get your loved one sober: Alternatives to nagging, pleading, and threatening. Hazelden. (Edición en español: Cómo mantener sobrio a tu ser querido).

    Miller, W. R., Meyers, R. J. y Tonigan, J. S. (1999). Engaging the unmotivated in treatment for alcohol problems: A comparison of three strategies for intervention through family members. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 67(5), 688-697. https://doi.org/10.1037/0022-006X.67.5.688

    Ministerio de Salud de Chile. (2022). Guía legal: Ley 21.331. Departamento de Prevención y Control de Enfermedades. https://diprece.minsal.cl/wp-content/uploads/2022/09/Guia-legal-Ley-21.331.pdf

    Powers, M. B., Vedel, E. y Emmelkamp, P. M. G. (2008). Behavioral couples therapy (BCT) for alcohol and drug use disorders: A meta-analysis. Clinical Psychology Review, 28(6), 952-962. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2008.02.002

    Roozen, H. G., De Waart, R. y Van Der Kroft, P. (2010). Community reinforcement and family training: An effective option to engage treatment-resistant substance-abusing individuals in treatment. Addiction, 105(10), 1729-1738. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2010.03016.x

    Siljeholm, O., Edvardsson, K., Bergström, M. y Hammarberg, A. (2024). Community Reinforcement and Family Training versus counselling for parents of treatment-refusing young adults with hazardous substance use: A randomized controlled trial. Addiction, 119(5), 915-927. https://doi.org/10.1111/add.16429

    Tanyos, A., Willoughby, B., Hopkins, C., Alen, G. D., Jiang, H., Jenkinson, R., MacLean, S. y Laslett, A.-M. (2026). Perpetrator alcohol use and intimate partner violence in high-income countries: A systematic review and meta-analysis. Addiction. Publicación anticipada en línea. https://doi.org/10.1111/add.70540

    Wilson, I. M., Willoughby, B., Tanyos, A., Graham, K., Walker, M., Laslett, A.-M. y Ramsoomar, L. (2024). A global review of the impact on women from men’s alcohol drinking: The need for responding with a gendered lens. Global Health Action, 17(1), 2341522. https://doi.org/10.1080/16549716.2024.2341522

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y evaluación psicológica. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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