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  • Ludopatía (juego patológico): síntomas y tratamiento

    Ludopatía (juego patológico): síntomas y tratamiento

    Empezó con una apuesta de fútbol de cinco mil pesos, de esas que se hacen entre amigos. Meses después el celular guarda tres aplicaciones de apuestas, hay una tarjeta de crédito al límite y una frase que se repite cada vez que se pierde: «con esta recupero todo». Los síntomas de la ludopatía (juego patológico) pueden verse primero desde afuera, antes de que quien apuesta los reconozca.

    Este artículo ordena lo que dicen la guía clínica de Socidrogalcohol (2024), el DSM-5, la CIE-11 y varios metaanálisis. Cubre cuántos síntomas hacen falta para hablar de un trastorno, qué tan común es en Chile, qué tratamiento tiene respaldo (y cuánto), qué puede hacer la familia y qué ofrece Chile, como la autoexclusión de casinos. Si buscas un cribado con puntaje, hay un test de ludopatía aparte.

    Respuesta corta: la ludopatía, llamada hoy trastorno de juego, es un patrón de apuestas que se sigue repitiendo pese al daño. El DSM-5 la diagnostica con 4 o más de 9 criterios durante 12 meses. El tratamiento con más respaldo es la terapia cognitivo-conductual con entrevista motivacional, con la abstinencia como meta. Ningún fármaco está aprobado para esto.

    ¿Qué es la ludopatía (adicción al juego) y por qué hoy se habla de trastorno de juego?

    «Ludopatía» es la palabra de uso cotidiano. En los manuales aparece con otros nombres. El DSM-5 de la Asociación Americana de Psiquiatría (2013) lo llama trastorno de juego (la edición en castellano mantiene también «juego patológico») y lo ubica en la categoría de trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos. Fue la primera adicción sin sustancia reconocida en ese manual.

    Antes no estaba ahí. Las ediciones III y IV del DSM lo trataban como un trastorno del control de los impulsos: un fallo para resistir la urgencia de apostar.

    El cambio de 2013 se apoyó en décadas de investigación que mostraron parecidos con el consumo de sustancias: activación de los circuitos cerebrales de recompensa, tolerancia, irritabilidad al intentar parar y respuesta a fármacos usados en adicciones, como la naltrexona (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024).

    La CIE-11 de la OMS lo llama trastorno por juego de apuestas y también lo clasifica entre los trastornos por comportamientos adictivos (World Health Organization, 2022). Hay controversias abiertas: algunos expertos advierten que llamar «adicción» a cualquier conducta repetitiva e intensa infla los diagnósticos.

    Por eso, fuera del juego de apuestas y de los videojuegos, casi ninguna otra conducta, como el uso problemático de pornografía, tiene hoy un diagnóstico oficial equivalente.

    Ludopatía (juego patológico): síntomas que cuentan como señal

    El DSM-5 pide 4 o más de estos 9 criterios durante 12 meses, y que las apuestas no se expliquen mejor por un episodio maníaco (American Psychiatric Association, 2013):

    • Necesitar apostar cantidades cada vez mayores para sentir la misma excitación (tolerancia).
    • Sentir inquietud o irritabilidad al intentar reducir o dejar el juego.
    • Haber intentado varias veces controlarlo, reducirlo o dejarlo, sin lograrlo.
    • Pensar mucho en el juego: revivir jugadas, planear la próxima apuesta, buscar cómo conseguir dinero.
    • Apostar cuando se siente angustia, culpa, desamparo o tristeza.
    • Volver otro día para recuperar lo perdido («perseguir las pérdidas»).
    • Mentir para ocultar cuánto se juega.
    • Poner en riesgo o perder una relación, un trabajo o una oportunidad de estudio por el juego.
    • Depender de que otros pongan dinero para salir de una situación financiera desesperada.

    La gravedad se mide por el número de criterios: leve con 4 o 5, moderada con 6 o 7 y grave con 8 o 9. El DSM-5 quitó el criterio de cometer actos ilegales y bajó el umbral de 5 a 4 criterios, para no dejar fuera a casos reales (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024).

    La CIE-11 describe lo mismo con menos casilleros. Pide un control deteriorado sobre el juego (inicio, frecuencia, intensidad, duración), una prioridad creciente sobre otros intereses y la continuación pese a consecuencias negativas, con un malestar o deterioro importante que suele durar al menos 12 meses (World Health Organization, 2022). Exige consecuencias graves a propósito, para no tratar como enfermedad a quien simplemente juega con entusiasmo.

    DSM-5CIE-11
    NombreTrastorno de juego (juego patológico)Trastorno por juego de apuestas
    Forma de diagnosticarCuenta de criterios: 4 o más de 9Tres pilares clínicos más deterioro o malestar
    GravedadLeve, moderada o grave según el número de criteriosSe describe el patrón y su deterioro
    Duración12 mesesHabitualmente 12 meses, menos si los síntomas son graves

    Desde afuera, lo que más se nota es lo que tapa quien apuesta: mentiras sobre el dinero, préstamos pedidos con excusas, irritabilidad cuando se habla del tema, tiempo y atención puestos en el celular.

    ¿Cuándo es afición y cuándo es un problema?

    Entre jugar de vez en cuando y cumplir criterios de trastorno hay un tramo largo. El Índice de Gravedad del Juego Problemático (PGSI), que forma parte del Canadian Problem Gambling Index, lo ordena con 9 preguntas que suman de 0 a 27 puntos (Ferris y Wynne, 2001).

    Según la guía de Socidrogalcohol, 0 puntos es juego sin problema, 1 o 2 es riesgo bajo, de 3 a 7 es riesgo moderado y 8 o más es juego problemático.

    Hay una versión mínima de 2 preguntas, el Lie/Bet: ¿ha tenido que mentir a personas importantes sobre cuánto juega?, ¿ha sentido la necesidad de apostar cada vez más dinero? Un solo «sí» sugiere evaluar más a fondo (Johnson et al., 1997).

    Un cribado ayuda a ponerle nombre a algo que se venía esquivando, y no reemplaza a una entrevista clínica. Una revisión de cribados breves halló que solo 5 de 20 instrumentos tenían exactitud satisfactoria, con el Lie/Bet entre los «prometedores» (Dowling et al., 2019).

    Otra revisión sistemática concluyó que pocos cribados tienen validación suficiente para recomendarlos a gran escala (Otto et al., 2020). Un test en línea orienta; el diagnóstico lo hace un profesional.

    ¿Qué tan común es? Apuestas online en Chile y datos del mundo

    Un metaanálisis global de 380 muestras y 68 países halló que el 46,2 % de los adultos había apostado en el último año y que alrededor del 1,41 % tenía juego problemático (Tran et al., 2024).

    En quienes juegan en casinos o tragamonedas en línea, la proporción con juego problemático llegó al 15,8 %, la más alta de todas las modalidades. La mayoría de las muestras provienen de países de ingresos altos.

    En Chile no hay una cifra nacional en las fuentes revisadas. La serie más completa corresponde al Gran Santiago: el IV Estudio de Prevalencia de la Universidad Andrés Bello (Oyanedel, 2022) estimó para el último año un 4,7 % de jugadores problemáticos y un 3,6 % de patológicos, un 8,3 % en conjunto.

    Entre quienes apostaron por internet, el 16,1 % quedó en la categoría de riesgo, frente al 3,1 % de quienes no lo hicieron.

    Esas cifras tienen límites que conviene decir. Los tres estudios los financia la Corporación de Juego Responsable, apoyada por casinos y por la Polla Chilena de Beneficencia (los informes declaran que los patrocinadores no intervinieron en el análisis).

    Solo cubren el Gran Santiago, y el método de recolección cambió en 2022, lo que complica comparar con años anteriores. Dan una idea del tamaño del problema, pero no equivalen a una prevalencia nacional.

    Sobre quién tiene más riesgo, la guía de Socidrogalcohol resume varios factores:

    • Ser hombre multiplica por 2 o 3 la probabilidad de desarrollar el trastorno.
    • Empezar a apostar joven es uno de los predictores individuales más sólidos.
    • La impulsividad, la búsqueda de sensaciones y las creencias erróneas sobre el azar pesan.
    • Tener padres que apuestan, poca supervisión y presión de pares también cuentan.

    En mujeres el patrón es distinto. Suelen preferir loterías y juegos no estratégicos, recurren al juego para regular la ansiedad o la soledad, progresan más rápido hacia el trastorno y lo ocultan más por el estigma (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024).

    El juego en línea suma riesgo por razones prácticas: recompensa inmediata, disponibilidad las 24 horas, anonimato y pagos con un clic. En la encuesta de adultos españoles que cita la guía, entre quienes apostaron en el último año el juego problemático alcanzó el 13,6 % en la modalidad en línea, contra el 2,9 % en la presencial.

    ¿Por qué se sigue apostando aunque se pierda?

    Cinco mecanismos explican buena parte de la conducta, según la guía:

    • Perseguir las pérdidas. Se vuelve a apostar para recuperar lo perdido, y el juego deja de ser entretención para convertirse en un intento de arreglar el problema que las propias apuestas crearon.
    • Ilusión de control. Creer que se puede influir en un resultado aleatorio con sistemas, rituales o «conocimiento» de los equipos.
    • Refuerzo intermitente. Los premios llegan de forma impredecible, y las conductas reforzadas así son las más difíciles de extinguir.
    • Casi ganar. Dos símbolos iguales y un tercero al lado se sienten como señal de que el triunfo está cerca, aunque cuente como pérdida.
    • Falacia del jugador. Pensar que después de una racha mala «ya toca ganar».

    El problema suele instalarse por fases. Al principio se apuesta por emoción o por ganar, a menudo con victorias tempranas que bajan la percepción de riesgo. Después vienen las pérdidas, la persecución y el uso del juego para aliviar la culpa, las deudas o la angustia.

    En la fase final el juego es compulsivo: ya no se busca placer sino calmar el malestar de no jugar, y aparecen las mentiras, el deterioro laboral y los rescates económicos de terceros.

    Cómo afecta la adicción al juego: qué otros problemas acompañan a la ludopatía

    La ludopatía rara vez llega sola. Una revisión de estudios poblacionales encontró que entre quienes tenían juego problemático o patológico había una alta prevalencia de dependencia de nicotina (60,1 %), trastorno por uso de sustancias (57,5 %), trastornos del ánimo (37,9 %) y ansiedad (37,4 %) (Lorains et al., 2011). Los resultados varían entre estudios, así que son una orientación y no una regla.

    La guía de Socidrogalcohol también advierte que el trastorno de juego predice ideación y tentativas de suicidio, sobre todo con endeudamiento extremo y depresión grave. Las conductas suicidas serían más frecuentes en mujeres con este trastorno, quizá por la mayor comorbilidad afectiva y el estigma que las lleva a sufrir en silencio.

    Las consecuencias prácticas son conocidas: deudas, uso abusivo de tarjetas, microcréditos, venta de bienes, peleas de pareja por dinero, aislamiento y ausentismo laboral. La familia puede enterarse por el monto de la deuda antes que por la conducta.

    Tratamiento de la ludopatía: qué funciona y con qué límites

    Terapia cognitivo-conductual (TCC). La guía de Socidrogalcohol la señala como tratamiento psicológico de elección, con grado de recomendación B. Incluye reestructuración cognitiva de las creencias sobre el azar, entrenamiento en solución de problemas y control de estímulos, como limitar dinero y lugares, además de prevención de recaídas.

    Un metaanálisis de 29 estudios y casi 4.000 personas halló que las técnicas cognitivo-conductuales redujeron mucho la gravedad al terminar el tratamiento frente a los grupos control (Pfund et al., 2023).

    En el seguimiento posterior el efecto dejó de ser significativo, hubo sesgo de publicación y mucha variación entre estudios, de modo que el beneficio probablemente está sobreestimado. Funciona para muchas personas, y no de forma garantizada.

    Entrevista motivacional. Sirve para resolver la ambivalencia de quien duda si quiere parar. Un metaanálisis halló que redujo la frecuencia de juego hasta un año, y el dinero gastado solo entre 1 y 3 meses (Yakovenko et al., 2015).

    La guía recomienda integrarla dentro de la TCC, en programas de 6 a 8 sesiones. Las intervenciones breves de hasta 3 sesiones lograron una reducción pequeña a corto plazo y ningún efecto en los problemas asociados ni a largo plazo (Quilty et al., 2019).

    Meta del tratamiento. La guía recomienda la abstinencia completa de cualquier juego de azar. A diferencia de otras conductas, como el uso de pantallas, no hay evidencia que respalde el juego controlado como objetivo seguro.

    Fármacos. No hay medicamentos aprobados con indicación específica para el trastorno de juego. La naltrexona es la opción farmacológica de primera línea (grado B) y se prefiere cuando hay consumo problemático de alcohol.

    Los antidepresivos y los estabilizadores del ánimo, evaluados como grupo, no superaron al placebo, y se usan sobre todo cuando hay depresión, ansiedad o bipolaridad. La guía advierte además que el aripiprazol puede desencadenar juego patológico; si alguien empezó a apostar tras iniciar ese fármaco, vale la pena comentarlo con quien lo indicó.

    Grupos de ayuda mutua. Jugadores Anónimos funciona con el programa de los 12 pasos, sin terapeuta. La guía le otorga grado C: es una red de apoyo y un complemento de la psicoterapia, y su evidencia no alcanza para recomendarlo como tratamiento único.

    Autoexclusión de casinos en Chile: qué cubre y qué no

    En Chile, cualquier persona mayor de 18 años puede renunciar voluntariamente a ingresar a las salas de juego de los casinos autorizados y de concesión municipal.

    La ficha oficial de ChileAtiende indica tres vías: en línea con ClaveÚnica, con el formulario de la Superintendencia de Casinos de Juego firmado ante notario o con firma electrónica avanzada, o de forma presencial en un casino o en la oficina de la Superintendencia, con la cédula de identidad.

    Esa ficha habla solo de casinos físicos y no menciona las apuestas en línea. Tampoco informa cómo se levanta la medida, de modo que conviene confirmar ese punto en el sitio de la Superintendencia antes de iniciar el trámite.

    La guía de Socidrogalcohol describe un mecanismo parecido en España y precisa sus límites: reduce el patrón de juego mientras dura, pero los beneficios no suelen mantenerse al terminar la exclusión, y entre el 26 % y el 60 % de las personas autoexcluidas intentó o logró jugar esquivando los controles.

    Funciona mejor como barrera inicial dentro de un tratamiento que como solución única. Para el juego en línea existen bloqueadores de aplicaciones y de sitios de apuestas, que la guía cuenta entre las medidas de control de estímulos.

    Cómo ayudar a un familiar que apuesta

    Quien convive con el problema suele alternar entre rescatar y reprochar. Ninguna de las dos cosas ayuda. Estas pautas salen de la guía de Socidrogalcohol y del enfoque CRAFT (entrenamiento para familiares, pensado para el consumo de sustancias y aplicado aquí por analogía, sin ensayos propios para el juego):

    1. No pagar las deudas de juego a escondidas. El rescate económico es la forma de ayuda que más mantiene el problema, porque borra la consecuencia natural de las pérdidas.
    2. Acordar la gestión del dinero, sin actitud policial. La guía propone asignaciones acordadas, tarjetas guardadas y revisión de los gastos, y desaconseja el rastreo continuo del celular o de la ubicación, que daña la confianza.
    3. Evitar la confrontación y las etiquetas. Exigir que «admita que es adicto» sube la defensividad. Funcionan mejor los mensajes breves, positivos y en primera persona («me preocupa que…»), dichos con ambos tranquilos.
    4. Aprovechar los momentos de apertura. Después de una crisis o de un episodio de culpa, conviene tener a mano una opción concreta y pequeña, como una consulta de evaluación sin compromiso.
    5. Aplicar el principio «juego es juego». Mientras se recupera, tampoco conviene participar en loterías, cupones o partidas de cartas con dinero, porque reactivan el mismo mecanismo de recompensa.
    6. Cuidarse y acudir a un grupo o sesión familiar. Cubrir mentiras o asumir culpas ajenas es codependencia y retrasa que la persona tome conciencia.

    Hay más detalle en las guías sobre cómo ayudar a un familiar adicto, CRAFT y cómo vivir con un familiar adicto. Si la persona consume además alcohol o drogas, el test de adicciones ayuda a ordenar la situación.

    Cuándo conviene pedir ayuda profesional

    Consultar tiene sentido antes de llegar a los 4 criterios del DSM-5, si las apuestas causan malestar, deudas que no se pueden pagar, mentiras sostenidas, juego para aliviar la angustia o conflictos de pareja por dinero.

    Es un paso poco frecuente: un metaanálisis halló que solo el 0,23 % de la población general buscó ayuda por juego problemático (Bijker et al., 2022), con mediciones inconsistentes y alto riesgo de sesgo.

    Si el malestar llega a pensamientos de hacerse daño, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud atiende gratis en el *4141, desde celulares, las 24 horas. Para acompañar a alguien en esa situación, la guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas explica qué decir y qué evitar.

    Preguntas frecuentes

    ¿Ludopatía y adicción al juego son lo mismo?

    Sí, nombran el mismo problema con palabras distintas. «Ludopatía» y «juego patológico» son términos clásicos, y los manuales actuales hablan de trastorno de juego (DSM-5) o trastorno por juego de apuestas (CIE-11). Lo importante es el patrón: apuestas repetidas, pérdida de control y daño personal, familiar o económico.

    ¿Cuántos síntomas se necesitan para diagnosticar un trastorno de juego?

    El DSM-5 pide 4 o más de 9 criterios durante 12 meses. Con 4 o 5 es leve, con 6 o 7 moderado y con 8 o 9 grave. Tener uno o dos criterios no alcanza para el diagnóstico, aunque es motivo para revisar los hábitos de juego y consultar si hay malestar.

    ¿La ludopatía se cura?

    Se puede tratar y muchas personas logran dejar de apostar, pero el beneficio no está garantizado ni siempre se mantiene. El metaanálisis de la TCC mostró mejoría al terminar el tratamiento, sin efecto significativo en el seguimiento. Por eso importan la prevención de recaídas, el control del dinero y el apoyo continuo.

    ¿Es más riesgoso apostar online que en un casino?

    Los datos apuntan a que sí. La disponibilidad constante, la rapidez de la recompensa y la facilidad para pagar aumentan el riesgo. En Santiago, entre quienes apostaron por internet el 16,1 % quedó en riesgo, frente al 3,1 % de quienes no lo hicieron (Oyanedel, 2022).

    ¿Hay una pastilla para la ludopatía?

    No hay ningún medicamento aprobado específicamente para el trastorno de juego. La naltrexona es la opción más respaldada para reducir el deseo de jugar, y otros fármacos se usan para tratar depresión o ansiedad asociadas. Siempre acompañan a la psicoterapia y los indica un médico.

    ¿Qué hago si mi pareja apuesta y me pide dinero?

    Conviene no entregarle efectivo ni pagar sus deudas de juego a escondidas, y proponer que el dinero lo administren ambos con reglas acordadas. Hablar cuando los dos están tranquilos y ofrecer una consulta de evaluación sin exigir que «admita todo» suele abrir más puertas que una confrontación.

    Pedir ayuda a tiempo

    La ludopatía avanza con una lógica propia: cada pérdida empuja a volver a apostar y cada mentira cuesta más sostener. Los síntomas del juego patológico están bien descritos y el tratamiento con TCC tiene respaldo, aunque con límites que vale la pena conocer. Detectarla pronto, cuidar el dinero y sumar a la familia sin rescates ni reproches mejora las posibilidades de recuperación.

    Si quieres revisar tu situación o la de alguien cercano con acompañamiento profesional, puedes escribirnos y coordinar una primera conversación.

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    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing.

    Arias Horcajadas, F., & Orío Ortiz, L. (Coords.). (2024). Guía clínica sobre adicciones comportamentales basada en la evidencia. Socidrogalcohol. https://socidrogalcohol.org/wp-content/uploads/2024/02/Guia_Adicciones_Comportamentales_completa-1.pdf

    Bijker, R., Booth, N., Merkouris, S. S., Dowling, N. A., & Rodda, S. N. (2022). Global prevalence of help-seeking for problem gambling: A systematic review and meta-analysis. Addiction, 117(12), 2972-2985. https://doi.org/10.1111/add.15952

    ChileAtiende. (s.f.). Autoexclusión voluntaria. https://www.chileatiende.gob.cl/fichas/113223-autoexclusion-voluntaria

    Dowling, N. A., Merkouris, S. S., Dias, S., Rodda, S. N., Manning, V., Youssef, G. J., Lubman, D. I., & Volberg, R. A. (2019). The diagnostic accuracy of brief screening instruments for problem gambling: A systematic review and meta-analysis. Clinical Psychology Review, 74, Artículo 101784. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2019.101784

    Ferris, J., & Wynne, H. (2001). The Canadian Problem Gambling Index: Final report. Canadian Centre on Substance Abuse.

    Johnson, E. E., Hamer, R., Nora, R. M., Tan, B., Eisenstein, N., & Engelhart, C. (1997). The Lie/Bet Questionnaire for screening pathological gamblers. Psychological Reports, 80(1), 83-88. https://doi.org/10.2466/pr0.1997.80.1.83

    Lorains, F. K., Cowlishaw, S., & Thomas, S. A. (2011). Prevalence of comorbid disorders in problem and pathological gambling: Systematic review and meta-analysis of population surveys. Addiction, 106(3), 490-498. https://doi.org/10.1111/j.1360-0443.2010.03300.x

    Otto, J. L., Smolenski, D. J., Garvey Wilson, A. L., Evatt, D. P., Campbell, M. S., Beech, E. H., Workman, D. E., Morgan, R. L., O’Gallagher, K., & Belsher, B. E. (2020). A systematic review evaluating screening instruments for gambling disorder finds lack of adequate evidence. Journal of Clinical Epidemiology, 120, 86-93. https://doi.org/10.1016/j.jclinepi.2019.12.022

    Oyanedel, J. C. (2022). IV Estudio de Prevalencia: «Desafíos del Juego Responsable Pospandemia» [Presentación de resultados]. Universidad Andrés Bello; Corporación de Juego Responsable. https://www.corporacionjuegoresponsable.cl/wp-content/uploads/2024/04/PDF-3.pdf

    Pfund, R. A., Forman, D. P., Whalen, S. K., Zech, J. M., Ginley, M. K., Peter, S. C., McAfee, N. W., & Whelan, J. P. (2023). Effect of cognitive-behavioral techniques for problem gambling and gambling disorder: A systematic review and meta-analysis. Addiction, 118(9), 1661-1674. https://doi.org/10.1111/add.16221

    Quilty, L. C., Wardell, J. D., Thiruchselvam, T., Keough, M. T., & Hendershot, C. S. (2019). Brief interventions for problem gambling: A meta-analysis. PLOS ONE, 14(4), Artículo e0214502. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0214502

    Tran, L. T., Wardle, H., Colledge-Frisby, S., Taylor, S., Lynch, M., Rehm, J., Volberg, R., Marionneau, V., Saxena, S., Bunn, C., Farrell, M., & Degenhardt, L. (2024). The prevalence of gambling and problematic gambling: A systematic review and meta-analysis. The Lancet Public Health, 9(8), e594-e613. https://doi.org/10.1016/s2468-2667(24)00126-9

    World Health Organization. (2022). International classification of diseases for mortality and morbidity statistics (11th revision). https://icd.who.int/

    Yakovenko, I., Quigley, L., Hemmelgarn, B. R., Hodgins, D. C., & Ronksley, P. (2015). The efficacy of motivational interviewing for disordered gambling: Systematic review and meta-analysis. Addictive Behaviors, 43, 72-82. https://doi.org/10.1016/j.addbeh.2014.12.011

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa evidencia científica sobre salud mental y evaluación psicológica para traducirla en orientación clara y prudente.

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  • Compra compulsiva (adicción a las compras): qué es y test

    Compra compulsiva (adicción a las compras): qué es y test

    Si te preguntas si lo tuyo es compra compulsiva o solo gusto por comprar, más abajo hay un test de adicción a las compras de siete preguntas: la Bergen Shopping Addiction Scale (BSAS), una escala publicada en 2015 que mide los mismos siete componentes que se usan para otras adicciones conductuales. Tarda dos minutos y entrega un puntaje de 0 a 28, cuántas preguntas quedaron en la zona de alerta y los dos cortes que se han propuesto, con sus salvedades.

    El test está más abajo. Antes conviene saber qué mide y qué no, porque comprar mucho, comprar por impulso y tener un problema con las compras son tres cosas distintas. Un número suelto puede tranquilizar a quien necesita mirar con atención o asustar a quien solo tuvo una mala semana de ofertas.

    Respuesta corta: ¿qué es la compra compulsiva?

    La compra compulsiva es un patrón persistente de ganas intensas de comprar, pérdida de control y compras que sirven para calmar emociones, con consecuencias como deudas, culpa o peleas en casa. También se llama trastorno de compras, adicción a las compras u oniomanía. No tiene diagnóstico propio en el DSM-5 y la CIE-11 solo la menciona como ejemplo de otros trastornos del control de impulsos especificados. Un metaanálisis de 2016 estimó que afecta a cerca de 5 % de los adultos en población general.

    Test de compra compulsiva: responde las 7 preguntas

    Responde pensando en los últimos 12 meses y en cómo compras de verdad, no en cómo te gustaría comprar. Cuentan todas las compras: tiendas, centros comerciales, tiendas en línea, aplicaciones y redes sociales. No hay respuestas trampa; el cuestionario solo sirve si contestas lo que te pasa.

    Test de compra compulsiva (BSAS): 7 preguntas sobre tus compras de los últimos 12 meses

    Tarda dos minutos. No guarda tus respuestas: se quedan en tu pantalla.

    Esto es una orientación, no un diagnóstico. Se basa en la Bergen Shopping Addiction Scale (BSAS). Responde con calma y con sinceridad, pensando en todas tus compras: tiendas, centros comerciales, tiendas en línea y aplicaciones.
    1 de 7

    Pienso en comprar cosas todo el tiempo





    2 de 7

    Compro cosas para cambiar mi estado de ánimo





    3 de 7

    Compro tanto que afecta negativamente mis obligaciones diarias (por ejemplo, los estudios o el trabajo)





    4 de 7

    Siento que tengo que comprar más y más para obtener la misma satisfacción que antes





    5 de 7

    He decidido comprar menos, pero no he podido hacerlo





    6 de 7

    Me siento mal si por alguna razón no puedo comprar cosas





    7 de 7

    Compro tanto que ha perjudicado mi bienestar






    Basado en la Bergen Shopping Addiction Scale (Andreassen et al., 2015, Frontiers in Psychology, acceso abierto CC BY). La traducción de las preguntas es propia: no es una adaptación validada y no está validada en población chilena. Los cortes (4 de 7 preguntas en 3 o 4, y más de 23 puntos) son provisionales: el primero lo propusieron los autores originales y el segundo viene de Zarate et al. (2022). Ningún cuestionario sustituye una evaluación clínica. Si lo que viste te pesa, puedes escribirme para agendar una consulta.

    Si el resultado te dejó pensando, sigue leyendo: más abajo está lo que significa y qué hacer con él.

    ¿Cómo se interpreta el test de compra compulsiva?

    La BSAS tiene siete afirmaciones, una por cada componente de la adicción: preocupación por comprar, comprar para cambiar el ánimo, conflicto con las obligaciones, tolerancia, intentos fallidos de comprar menos, malestar cuando no puedes comprar y daño al bienestar. Cada una se responde de 0 (totalmente en desacuerdo) a 4 (totalmente de acuerdo), así que el total va de 0 a 28 (Andreassen et al., 2015).

    La escala no trae bandas por puntaje total. Lo que existe son dos reglas de corte, las dos provisionales:

    Regla Qué exige De dónde sale
    4 de 7 Responder "de acuerdo" o "totalmente de acuerdo" (3 o 4) en al menos cuatro de las siete preguntas Propuesta tentativa de los autores originales, tomada de cómo se cuentan los criterios en otras adicciones (Andreassen et al., 2015)
    Más de 23 Un total sobre 23 de 28 Análisis de teoría de respuesta al ítem en 968 adultos de la comunidad, que lo propone como corte preliminar de mayor riesgo (Zarate et al., 2022)

    Las dos reglas piden cosas muy distintas. Alguien que responde "de acuerdo" (3) a cuatro preguntas suma al menos 12 puntos y cumple la primera regla, pero queda lejos del segundo corte. Que haya dos criterios, y tan distintos, muestra que ninguno está establecido. Por eso el test de arriba te muestra ambos y, sobre todo, te lista las preguntas en que puntuaste alto: eso orienta más que el total.

    ¿Qué tan confiable es este test? Lo que mide y lo que no

    En el estudio original participaron 23.537 personas (edad promedio 35,8 años). La escala mostró buena estructura y una consistencia interna de 0,87, y sus puntajes se parecían mucho a los de otra escala más larga de compra compulsiva (r = 0,80). Además se asociaron con más ansiedad, más depresión y menor autoestima, y con ser más joven. Las mujeres puntuaron más alto que los hombres (Andreassen et al., 2015).

    Hay cuatro límites que conviene tener presentes:

    1. Un cribado no es un diagnóstico. El diagnóstico clínico necesita una entrevista y revisar si las compras son consecuencia de otro cuadro, como un episodio depresivo (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). Más abajo se explican otras dos situaciones que hay que descartar. Una puntuación sobre el corte indica que vale la pena mirar con más detalle.
    2. La muestra original era autoseleccionada. Respondieron personas que leyeron una noticia en línea sobre compras excesivas, con más mujeres y más compradores por internet. Los autores lo reconocen y señalan que falta estudiar la repetición del puntaje en el tiempo y validar la escala en otras culturas (Andreassen et al., 2015).
    3. Las preguntas de este test son una traducción propia. Una búsqueda en Europe PMC hecha el 11 de octubre de 2026 no encontró una validación de la BSAS en español ni en población chilena, así que no hay baremos locales. Los cortes vienen de muestras noruegas y de una muestra en línea de otro país.
    4. Los resultados dependen del momento. Si respondes en pleno periodo de ofertas, en una crisis o después de una racha de estrés, el puntaje lo reflejará. Repetirlo con calma, un par de semanas después, dice más.

    ¿Cómo se llama la adicción a las compras y es una enfermedad?

    Los nombres más usados son compra compulsiva, trastorno de compras compulsivas, adicción a las compras y oniomanía. En la literatura científica en inglés aparece como compulsive buying-shopping disorder (CBSD) o buying-shopping disorder.

    Preguntar si la compra compulsiva es una enfermedad tiene una respuesta con matices. El DSM-5 no la incluye como diagnóstico independiente. Solo la reconoce dentro del trastorno de acumulación, con la especificación "con adquisición excesiva", y como gasto excesivo entre las características del trastorno límite de la personalidad (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). Los estudios tampoco se ponen de acuerdo en dónde ubicarla: unos la sitúan entre los trastornos obsesivo-compulsivos, otros entre las adicciones comportamentales y otros entre los trastornos del ánimo. En la CIE-11 la herramienta de codificación la menciona como ejemplo de otros trastornos del control de impulsos especificados (Müller et al., 2023). Un grupo de investigadores argumenta, con datos de investigación y experiencia clínica, que debería clasificarse como adicción conductual (Müller et al., 2019).

    Mientras no haya criterios oficiales, la referencia más usada son los que propuso un consenso de 138 expertos de 35 países (Müller et al., 2021; Laskowski et al., 2023). Según ese consenso, el cuadro incluye, de forma persistente y recurrente:

    Característica En palabras simples
    Urgencias y preocupación Impulsos o ganas intrusivas e irresistibles de comprar, o pensar en comprar todo el tiempo
    Pérdida de control Cuesta limitar cuánto, cuándo y con qué frecuencia se compra
    Compras que no se usan Se compra en exceso sin darle el uso previsto al objeto
    Regulación emocional La compra funciona para manejar estados internos, como tristeza, ansiedad o aburrimiento
    Consecuencias y deterioro Deudas, conflictos o problemas en el trabajo o los estudios por comprar
    Malestar al parar Emociones y pensamientos negativos cuando se intenta reducir las compras
    Persistir a pesar del daño La conducta continúa o aumenta aunque ya haya consecuencias

    El mismo consenso apoyó un especificador para quienes además acumulan lo comprado. Es una propuesta para investigar, no un diagnóstico vigente.

    ¿Compra compulsiva o impulsiva? Diferencia con comprar mucho

    Comprar mucho, por sí solo, no es un problema. Quien compra con frecuencia suele querer el objeto, lo usa y puede pagarlo. La compra por impulso es una respuesta puntual a un estímulo del entorno, como una oferta o una vitrina, y no deja un patrón de malestar. En la compra compulsiva el alivio viene del acto de comprar más que del objeto, que después se guarda sin darle valor (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). Suele ser un problema crónico y con recaídas (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024), y deja culpa y arrepentimiento después de la compra (Müller et al., 2019).

    Una pista práctica para distinguirlas: pregúntate qué pasa cuando intentas parar. Si lo logras sin esfuerzo y sin malestar, probablemente es un hábito de consumo. Si aparece inquietud, culpa o la necesidad de esconder lo comprado, es lo que describen los criterios de arriba.

    También se confunde con la acumulación. Quien acumula tiene dificultad para desprenderse de las cosas, y sus objetos se amontonan en la casa. En la compra compulsiva el problema central es la adquisición, no el desprenderse. Cuando las dos coinciden, el especificador de acumulación del consenso de expertos describe esa combinación (Müller et al., 2021).

    ¿Qué tan común es la compra compulsiva?

    Un metaanálisis de 40 estudios y 49 estimaciones de 16 países (cerca de 32.000 personas) calculó la prevalencia según el tipo de muestra (Maraz et al., 2016):

    Tipo de muestra Prevalencia estimada
    Adultos, muestras representativas 4,9 % (IC 95 %: 3,4 a 6,9)
    Estudiantes universitarios 8,3 % (5,9 a 11,5)
    Adultos, muestras no representativas 12,3 % (7,6 a 19,1)
    Personas reclutadas en contextos de compras 16,2 % (8,8 a 27,8)

    Las cifras varían tanto porque cada estudio usó otra escala y otro periodo de tiempo (actual o a lo largo de la vida). Ser joven y ser mujer se asociaron con mayor tendencia. En una encuesta telefónica a 2.513 adultos de Estados Unidos, la prevalencia fue 5,8 % (6,0 % en mujeres y 5,5 % en hombres) (Koran et al., 2006), y en una muestra representativa de 2.159 personas en Galicia, España, fue 7,1 % (Otero-López y Villardefrancos, 2014).

    No encontré estudios de prevalencia hechos en Chile: todas estas cifras vienen de otros países, y la de Chile no está medida.

    ¿Por qué ocurre y qué la mantiene?

    La compra compulsiva es, en buena parte, una forma de manejar emociones. La compra produce un alivio o una emoción agradable en el momento y, después, culpa y arrepentimiento, lo que empuja a buscar otra vez el alivio. Una revisión de 16 estudios encontró que las personas con compras problemáticas tenían niveles más altos de estrés percibido que los grupos de comparación, con efectos grandes, aunque la mayoría de los estudios eran transversales y no permiten saber qué causa qué (Thomas et al., 2024).

    Entre los factores que se repiten están la edad temprana, la baja autoestima, el neuroticismo (la tendencia a vivir las emociones con intensidad) y la impulsividad (Andreassen et al., 2015; Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). La insatisfacción con el cuerpo aparece de forma constante como predictor, y las mujeres se ven más afectadas: comprar puede ser una forma de lidiar con el malestar sobre la imagen propia (Laskowski et al., 2025).

    ¿Y la adicción a las compras en línea?

    La compra en línea cambia el escenario. Es cómoda, rápida y accesible, y pagar con tarjeta o con medios de pago digitales hace que los gastos grandes se perciban como menos reales. A eso se suma la publicidad personalizada, que adapta lo que ves a tus gustos y a tu comportamiento anterior en la red (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). En un grupo de 122 pacientes que consultaron por compras problemáticas, 33,6 % cumplía el umbral de probable problema de compra en línea, y esto se asociaba con ser más joven y con más ansiedad y depresión (Müller et al., 2019). Eso sí, ningún estudio de tratamiento revisado hasta 2022 se había centrado en la compra en línea (Müller et al., 2023), así que lo que se sabe de tratamiento viene de compras en general.

    ¿Con qué otros problemas suele ir junta?

    La compra compulsiva rara vez viene sola. La guía clínica de Socidrogalcohol describe depresión (con más compras en las épocas en que los síntomas depresivos son más intensos), trastornos de ansiedad, otros trastornos del control de impulsos como el abuso de sustancias o la cleptomanía, trastornos de la conducta alimentaria (sobre todo bulimia y atracones) y rasgos o trastornos de personalidad límite, evitativo y obsesivo-compulsivo (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). Una revisión sistemática encontró que se asocia a menudo con trastornos alimentarios, sobre todo el trastorno por atracón, y que en las mujeres hay más bulimia asociada (Laskowski et al., 2025). Si te interesa esa conexión, hay una guía sobre el trastorno por atracón.

    Hay dos situaciones que conviene descartar antes de hablar de compra compulsiva:

    • Manía o hipomanía. Los criterios del episodio maníaco incluyen conductas de riesgo como las compras desenfrenadas (American Psychiatric Association, 2013). Si las compras desmedidas aparecen solo durante episodios de ánimo muy elevado, con poca necesidad de dormir y pensamiento acelerado, el cuadro corresponde al trastorno bipolar. En la compra compulsiva, el patrón es persistente y no depende de un episodio.
    • Medicamentos que afectan el control de impulsos. Un análisis de reportes de efectos adversos de la agencia de medicamentos de Estados Unidos (FDA) encontró una asociación muy marcada entre los agonistas dopaminérgicos (usados en Parkinson, síndrome de piernas inquietas e hiperprolactinemia) y problemas de juego, hipersexualidad y compras compulsivas (Moore et al., 2014). Si las compras empezaron después de iniciar o subir un fármaco así, hay que conversarlo con quien lo receta, sin suspenderlo por cuenta propia.

    ¿Cómo se trata la compra compulsiva?

    La psicoterapia cognitivo-conductual (TCC) es el tratamiento con más respaldo, aunque la calidad de la evidencia es baja. Esto es lo que se sabe:

    • En un ensayo piloto, 28 personas que recibieron TCC grupal redujeron los episodios de compra y el tiempo gastado comprando, frente a 11 en lista de espera, y las mejoras se mantuvieron seis meses después (Mitchell et al., 2006).
    • Una revisión de 29 estudios concluyó que la psicoterapia grupal parece la opción más prometedora, pero solo 5 estudios tenían buena calidad metodológica (Hague et al., 2016).
    • La actualización de 2023 revisó 13 estudios de tratamiento hasta 2022. La TCC grupal reduce los síntomas, y los antidepresivos ISRS y el topiramato no superaron al placebo. Los mecanismos de cambio casi no se han estudiado y el riesgo de sesgo era alto en la mayoría (Müller et al., 2023).
    • Un metaanálisis encontró reducciones grandes antes y después del tratamiento tanto con psicoterapia (g = 1,00) como con fármacos (g = 1,52), pero esas cifras comparan a las mismas personas antes y después, sin grupo control, así que tienden a sobreestimar el efecto (Goslar et al., 2020).
    • Una revisión de 24 trabajos, con recomendaciones GRADE, ubicó a la TCC como la intervención con mayor apoyo, seguida de antidepresivos más TCC y de antidepresivos solos, con calidad moderada en general (Vasiliu, 2022).

    En 97 pacientes que hicieron 12 sesiones de TCC individual, cerca de la mitad (46,4 %) abandonó el programa y casi la mitad tuvo recaídas durante el mismo. Ser hombre y tener más síntomas depresivos y obsesivo-compulsivos predijo peor adherencia (Granero et al., 2017). Por eso conviene tratar también la depresión o la ansiedad de base.

    Sobre los fármacos, la guía de Socidrogalcohol señala que ninguno está validado por la agencia estadounidense de medicamentos (FDA) para la compra compulsiva y que no hay evidencia suficiente para recomendar alguno. Según su resumen de evidencia, los antidepresivos como grupo no fueron más efectivos que el placebo, y los antagonistas opioides podrían ayudar, con un grado de recomendación moderado (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). La decisión de medicar corresponde a un psiquiatra. Como todos necesitamos comprar, el objetivo que plantea la guía es reeducar la conducta hasta llegar a una compra sana.

    ¿Qué puedes hacer tú? Estrategias para comprar menos

    En las adicciones en que el dinero es el mediador, como el juego y las compras compulsivas, la guía clínica de Socidrogalcohol describe medidas de control externo: barreras iniciales que dificultan la conducta y que la persona acepta de forma voluntaria al comenzar el tratamiento (Arias Horcajadas y Orío Ortiz, 2024). Para las compras, las que menciona son:

    1. No llevar dinero ni tarjetas, o llevar solo lo justo para lo que vas a comprar, justificando el gasto con la boleta.
    2. Una tarjeta de recarga limitada. La guía la llama tarjeta monedero: se le pone una cantidad determinada de dinero, se repone cuando se agota y el extracto deja ver los gastos. En Chile se parece a una tarjeta prepago.
    3. Cuentas mancomunadas. Son cuentas en las que cualquiera de los titulares necesita el visto bueno de los demás para operar, así que no puedes mover el dinero sin el consentimiento del otro titular.
    4. Cerrar cuentas en tiendas en línea y bloquear la publicidad de compras en la medida de lo posible.

    Además de eso, hay ideas prácticas que mucha gente usa, aunque en este artículo no hay un estudio que las respalde una por una: comprar con una lista de lo que de verdad necesitas, dejar pasar un tiempo fijo entre las ganas y el pago para que el impulso baje, anotar cada compra con lo que sentías antes (así ves si compras más cuando estás triste, cansado o eufórico) y buscar otra actividad que cumpla el papel de relajarte o animarte. Son un apoyo, no reemplazan el tratamiento.

    Si hay deudas que ya no puedes pagar, además de la parte psicológica conviene buscar asesoría financiera, porque la angustia por las cuentas alimenta el ciclo de compra y alivio.

    ¿Y si el test lo haces por otra persona?

    Este test lo debe responder quien compra; si lo contesta un familiar por otro, el resultado no vale. Si convives con alguien que tiene compras problemáticas, las medidas de control del dinero de la sección anterior (tarjeta de recarga, cuentas mancomunadas) solo las acuerda la propia persona, de forma voluntaria, al comenzar un tratamiento. Para saber cómo conversarlo y cómo acompañar sin desgastarte, hay más herramientas en la guía de CRAFT para familias con adicciones y en cómo vivir con un familiar adicto.

    ¿Cuándo conviene consultar a un psicólogo?

    El puntaje solo no decide cuándo consultar. Cuenta más lo que está pasando en tu vida. Conviene pedir ayuda cuando:

    • intentas comprar menos y no lo logras;
    • compras para calmar la tristeza, la ansiedad, el aburrimiento o la culpa;
    • te estás endeudando, pides préstamos o no alcanzas a cubrir gastos básicos;
    • escondes las compras, mientes sobre cuánto gastas o te da vergüenza que alguien lo sepa;
    • las compras generan peleas en la familia o en la pareja, o afectan tu trabajo o tus estudios;
    • sientes malestar fuerte, irritabilidad o inquietud cuando no puedes comprar.

    Si en algún momento pensaste en hacerte daño por las deudas o por la culpa, no esperes: en Chile puedes llamar a la línea de prevención del suicidio, *4141, o ir a urgencias. Hay una guía sobre cómo ayudar a alguien con ideas suicidas.

    Si quieres conversarlo en una consulta online, puedes escribirme desde la página de contacto. Un psicólogo puede ayudarte a ver qué mantiene el patrón, si hay depresión, ansiedad u otro cuadro de fondo y cómo ordenar las deudas y las emociones al mismo tiempo.

    ¿Hay un test de adicción a las compras en PDF?

    Si buscabas el test de compra compulsiva en PDF o para imprimir, las siete preguntas de la BSAS están completas aquí. La escala se publicó en un artículo de acceso abierto con licencia Creative Commons de atribución (CC BY), que permite reproducirla citando a los autores y la revista. Las preguntas son traducción propia.

    BSAS (7 afirmaciones; piensa en los últimos 12 meses; 0 = totalmente en desacuerdo, 1 = en desacuerdo, 2 = ni de acuerdo ni en desacuerdo, 3 = de acuerdo, 4 = totalmente de acuerdo):

    N.º Afirmación Componente
    1 Pienso en comprar cosas todo el tiempo Preocupación
    2 Compro cosas para cambiar mi estado de ánimo Cambio del ánimo
    3 Compro tanto que afecta negativamente mis obligaciones diarias (por ejemplo, los estudios o el trabajo) Conflicto
    4 Siento que tengo que comprar más y más para obtener la misma satisfacción que antes Tolerancia
    5 He decidido comprar menos, pero no he podido hacerlo Recaída
    6 Me siento mal si por alguna razón no puedo comprar cosas Malestar al parar
    7 Compro tanto que ha perjudicado mi bienestar Problemas

    Existen otras herramientas clásicas, como la Compulsive Buying Scale, la Edwards Compulsive Buying Scale, la versión para compras de la escala Yale-Brown, el Test de Adicción a las Compras de Echeburúa y el cuestionario de De la Gándara, que recoge la guía de Socidrogalcohol. No las reproduzco porque no están publicadas con licencia abierta. Si te interesan otros cribados de conductas adictivas, hay una guía con tests de adicciones para autoevaluación, y el marco general está en qué es la adicción.

    Preguntas frecuentes sobre la compra compulsiva y su test

    ¿Cómo saber si soy una persona compradora compulsiva?

    Fíjate en cuatro señales: ganas de comprar que cuestan controlar, comprar para cambiar el ánimo, esconder o justificar lo gastado y consecuencias que ya notas (deudas, culpa, peleas). El test de arriba reúne estas señales en siete preguntas. Es una guía orientativa; confirmarlo requiere una entrevista con un profesional de la salud mental.

    ¿La compra compulsiva se cura?

    Se puede tratar y mucha gente mejora, sobre todo con terapia cognitivo-conductual, que es el enfoque con más respaldo. La evidencia viene de estudios pequeños y de calidad limitada, así que los resultados exactos son inciertos. La meta es recuperar una forma planificada y sin culpa de comprar, porque dejar de comprar del todo no es posible.

    ¿Qué hacer para dejar de comprar compulsivamente?

    Lo más útil es combinar barreras prácticas y trabajo emocional: llevar menos dinero y menos acceso digital, comprar con lista, hacer una pausa antes de pagar y anotar qué sentías antes de cada compra. Si a pesar de eso no logras parar, o hay deudas y malestar, conviene hacerlo con un psicólogo.

    ¿Por qué una persona compra compulsivamente?

    Suele ser una forma de manejar emociones difíciles como tristeza, ansiedad, soledad o baja autoestima. Comprar da un alivio rápido y después viene la culpa, lo que repite el ciclo. Influyen la edad joven, rasgos como la impulsividad y el neuroticismo, y la facilidad de comprar en línea.

    ¿La compra compulsiva es una enfermedad mental?

    No tiene un diagnóstico propio en el DSM-5 ni en la CIE-11, pero se reconoce como un problema de salud mental que causa sufrimiento y deterioro, y la CIE-11 la menciona como ejemplo de otros trastornos del control de impulsos especificados. Puede diagnosticarse dentro de esa categoría o junto a otros cuadros como depresión o ansiedad.

    ¿Un test en línea puede diagnosticar la compra compulsiva?

    No. Un test en línea es un cribado: una forma rápida de ver si conviene mirar más a fondo. El diagnóstico requiere una entrevista clínica que revise tus criterios, tu historial de deudas, tu estado de ánimo y otros cuadros posibles. Hasta las mejores escalas pueden dar falsos positivos y falsos negativos.

    Qué llevarte de este test

    El puntaje de la BSAS es una foto de cómo vives tus compras hoy. Importan más las preguntas en que respondiste "de acuerdo" o "totalmente de acuerdo" que el total, sobre todo las de querer comprar menos y no poder, comprar para cambiar el ánimo y el daño al bienestar. Si cumples alguno de los cortes y te cuesta cambiarlo solo, vale la pena conversarlo con un psicólogo. Escríbeme desde la página de contacto y vemos cómo acompañarte.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). American Psychiatric Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425596

    Andreassen, C. S., Griffiths, M. D., Pallesen, S., Bilder, R. M., Torsheim, T., & Aboujaoude, E. (2015). The Bergen Shopping Addiction Scale: Reliability and validity of a brief screening test. Frontiers in Psychology, 6, Artículo 1374. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2015.01374

    Arias Horcajadas, F., & Orío Ortiz, L. (Coords.). (2024). Guía clínica sobre adicciones comportamentales basada en la evidencia. Socidrogalcohol. https://socidrogalcohol.org/wp-content/uploads/2024/02/Guia_Adicciones_Comportamentales_completa-1.pdf

    Goslar, M., Leibetseder, M., Muench, H. M., Hofmann, S. G., & Laireiter, A.-R. (2020). Treatments for internet addiction, sex addiction and compulsive buying: A meta-analysis. Journal of Behavioral Addictions, 9(1), 14-43. https://doi.org/10.1556/2006.2020.00005

    Granero, R., Fernández-Aranda, F., Mestre-Bach, G., Steward, T., Baño, M., Agüera, Z., Mallorquí-Bagué, N., Aymamí, N., Gómez-Peña, M., Sancho, M., Sánchez, I., Menchón, J. M., Martín-Romera, V., & Jiménez-Murcia, S. (2017). Cognitive behavioral therapy for compulsive buying behavior: Predictors of treatment outcome. European Psychiatry, 39, 57-65. https://doi.org/10.1016/j.eurpsy.2016.06.004

    Hague, B., Hall, J., & Kellett, S. (2016). Treatments for compulsive buying: A systematic review of the quality, effectiveness and progression of the outcome evidence. Journal of Behavioral Addictions, 5(3), 379-394. https://doi.org/10.1556/2006.5.2016.064

    Koran, L. M., Faber, R. J., Aboujaoude, E., Large, M. D., & Serpe, R. T. (2006). Estimated prevalence of compulsive buying behavior in the United States. American Journal of Psychiatry, 163(10), 1806-1812. https://doi.org/10.1176/ajp.2006.163.10.1806

    Laskowski, N. M., Ballero Reque, C., Reiß, P., Pahlenkemper, M., Brandt, G., & Paslakis, G. (2025). Interconnected desires: A systematic review of compulsive buying-shopping disorder and its links to disordered eating and body image by gender. Journal of Behavioral Addictions, 14(2), 679-713. https://doi.org/10.1556/2006.2025.00042

    Laskowski, N. M., Trotzke, P., Ali, K., Fassnacht, D. B., Kyrios, M., Häder, M., & Müller, A. (2023). Comparison of clinicians' and researchers' ratings of proposed diagnostic criteria for compulsive buying-shopping disorder within a Delphi study. PLOS ONE, 18(4), e0283978. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0283978

    Maraz, A., Griffiths, M. D., & Demetrovics, Z. (2016). The prevalence of compulsive buying: A meta-analysis. Addiction, 111(3), 408-419. https://doi.org/10.1111/add.13223

    Mitchell, J. E., Burgard, M., Faber, R., Crosby, R. D., & de Zwaan, M. (2006). Cognitive behavioral therapy for compulsive buying disorder. Behaviour Research and Therapy, 44(12), 1859-1865. https://doi.org/10.1016/j.brat.2005.12.009

    Moore, T. J., Glenmullen, J., & Mattison, D. R. (2014). Reports of pathological gambling, hypersexuality, and compulsive shopping associated with dopamine receptor agonist drugs. JAMA Internal Medicine, 174(12), 1930-1933. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2014.5262

    Müller, A., Brand, M., Claes, L., Demetrovics, Z., de Zwaan, M., Fernández-Aranda, F., Frost, R. O., Jimenez-Murcia, S., Lejoyeux, M., Steins-Loeber, S., Mitchell, J. E., Moulding, R., Nedeljkovic, M., Trotzke, P., Weinstein, A., & Kyrios, M. (2019). Buying-shopping disorder: Is there enough evidence to support its inclusion in ICD-11? CNS Spectrums, 24(4), 374-379. https://doi.org/10.1017/s1092852918001323

    Müller, A., Laskowski, N. M., Thomas, T. A., Antons, S., Tahmassebi, N., Steins-Loeber, S., Brand, M., & Georgiadou, E. (2023). Update on treatment studies for compulsive buying-shopping disorder: A systematic review. Journal of Behavioral Addictions, 12(3), 631-651. https://doi.org/10.1556/2006.2023.00033

    Müller, A., Laskowski, N. M., Trotzke, P., Ali, K., Fassnacht, D. B., de Zwaan, M., Brand, M., Häder, M., & Kyrios, M. (2021). Proposed diagnostic criteria for compulsive buying-shopping disorder: A Delphi expert consensus study. Journal of Behavioral Addictions, 10(2), 208-222. https://doi.org/10.1556/2006.2021.00013

    Müller, A., Steins-Loeber, S., Trotzke, P., Vogel, B., Georgiadou, E., & de Zwaan, M. (2019). Online shopping in treatment-seeking patients with buying-shopping disorder. Comprehensive Psychiatry, 94, 152120. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2019.152120

    Otero-López, J. M., & Villardefrancos, E. (2014). Prevalence, sociodemographic factors, psychological distress, and coping strategies related to compulsive buying: A cross sectional study in Galicia, Spain. BMC Psychiatry, 14, 101. https://doi.org/10.1186/1471-244x-14-101

    Thomas, T. A., Schmid, A. M., Kessling, A., Wolf, O. T., Brand, M., Steins-Loeber, S., & Müller, A. (2024). Stress and compulsive buying-shopping disorder: A scoping review. Comprehensive Psychiatry, 132, 152482. https://doi.org/10.1016/j.comppsych.2024.152482

    Vasiliu, O. (2022). Therapeutic management of buying/shopping disorder: A systematic literature review and evidence-based recommendations. Frontiers in Psychiatry, 13, 1047280. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2022.1047280

    Zarate, D., Fullwood, L., Prokofieva, M., Griffiths, M. D., & Stavropoulos, V. (2022). Problematic shopping behavior: An item response theory examination of the seven-item Bergen Shopping Addiction Scale. International Journal of Mental Health and Addiction, 21(6), 4108-4126. https://doi.org/10.1007/s11469-022-00844-8

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y desarrollo. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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  • Adicción al trabajo (workaholism): cuando el trabajo reemplaza todo lo demás

    Adicción al trabajo (workaholism): cuando el trabajo reemplaza todo lo demás

    “No puedo dejar de trabajar” es una frase que muchos dicen con orgullo y pocos con alivio. La adicción al trabajo (workaholism en inglés) es el patrón en que trabajar deja de ser una elección y pasa a ser una necesidad: se piensa en las tareas durante la cena, el descanso da culpa y las relaciones, el sueño y la salud quedan siempre para después. Aquí vas a encontrar cuáles son sus señales, cómo distinguirla de la dedicación sana, del burnout y de otros cuadros que se le parecen, qué dice la evidencia sobre su frecuencia y qué ayuda a cambiarla.

    Respuesta corta: la adicción al trabajo es una necesidad compulsiva de trabajar, con pérdida de control sobre cuánto y cuándo, malestar al parar y daño en la salud o las relaciones. No figura como diagnóstico en el DSM-5 ni en la CIE-11, así que carece de criterios oficiales, aunque existe una literatura científica amplia que la describe y la mide. Lo que pesa para definirla es la compulsión, más que las horas.

    ¿Qué es la adicción al trabajo?

    La adicción al trabajo es un patrón de implicación laboral excesiva e incontrolable que perjudica la salud, el tiempo libre y las relaciones de la persona. El término workaholic lo acuñó Wayne Oates a fines de los años sesenta, por analogía con el alcoholismo, y la guía clínica de Socidrogalcohol sobre adicciones comportamentales (Arias Horcajadas y Orio, 2024) resume la definición contemporánea de Andreassen (2014): alta inversión laboral, largas jornadas, desempeño que supera lo que exigen el contrato o el dinero, y una obsesión incontrolable por el trabajo.

    Esa misma guía describe tres rasgos que se repiten en casi toda la literatura:

    • Invertir una cantidad de tiempo desproporcionada en el trabajo.
    • Pensar en el trabajo de forma recurrente incluso fuera de la jornada.
    • Trabajar más allá de lo que piden la organización o las necesidades económicas.

    Un repaso de la investigación concluyó que el concepto todavía tiene poca claridad conceptual y empírica. En el campo conviven definiciones distintas, y por eso a veces se habla de workaholism y otras de work addiction. Según una revisión de mitos del campo, estas etiquetas no siempre significan lo mismo, y los distintos grupos de investigación trabajan con constructos diferentes.

    ¿Es una adicción reconocida?

    No como diagnóstico. La adicción al trabajo no está en el DSM-5 ni en la CIE-10 o la CIE-11 como trastorno, y por eso se la ubica entre las adicciones comportamentales candidatas, todavía en debate (Arias Horcajadas y Orio, 2024). En la práctica se evalúa y se trata como un problema del espectro de las adicciones sin sustancia o del control de impulsos. Que no tenga etiqueta oficial no la vuelve inexistente: lo que falta es consenso sobre dónde se traza la línea.

    ¿Cuáles son los síntomas de la adicción al trabajo (workaholism)?

    Las señales que se repiten en la literatura clínica y en la guía de Socidrogalcohol son estas:

    • Preocupación constante. Piensas en el trabajo durante la comida, en la cama o en las vacaciones, y te cuesta desconectar.
    • Pérdida de control. Intentas trabajar menos y no lo consigues. Te llevas pendientes a la casa o trabajas enfermo.
    • Malestar al descansar. Cuando no trabajas aparece ansiedad, culpa o irritabilidad, y el tiempo libre se siente como tiempo perdido.
    • Negación. Alguien cercano te dice que trabajas demasiado y lo minimizas, o lo defiendes como parte de tu carácter.
    • Abandono de otras áreas. Dejas de ver amigos, de hacer deporte o de dedicarle tiempo a tu pareja y a tus hijos.
    • Efectos en el cuerpo. Cansancio crónico, mal sueño, tensión muscular o molestias digestivas.

    Dos o tres de estas señales no hacen una adicción. Lo que cuenta es el conjunto, la persistencia y el costo: cuánto te quita a ti y a quienes te rodean.

    ¿Cuántas horas de trabajo son demasiadas?

    Las horas sirven de pista, pero no definen el cuadro. La guía de Socidrogalcohol menciona trabajar más de 50 horas semanales como uno de los primeros indicadores, pero la revisión de mitos de Griffiths et al. (2018) incluye entre los errores frecuentes creer que la adicción al trabajo es función del tiempo trabajado. Hay gente que trabaja 60 horas por un proyecto que le apasiona, sin angustia al parar y con la vida en orden. Y hay gente que, con 40 horas, no logra desconectar nunca.

    La pregunta útil es qué pasa cuando no trabajas. Si lo vives con calma, es dedicación. Si lo vives con ansiedad y culpa, y aun así sigues, hay compulsión.

    ¿En qué se diferencia de la dedicación sana y del burnout?

    Aunque desde fuera se parecen, trabajar mucho por gusto y trabajar mucho por compulsión son estados distintos. En un estudio con 587 directivos, Schaufeli et al. (2008) encontraron que el workaholism, el burnout y el engagement (el entusiasmo sano por el trabajo) son tres estados diferentes, aunque se relacionan entre sí. Un seguimiento de 7 meses a casi 2.000 trabajadores japoneses (Shimazu et al., 2012) mostró que sus efectos van en sentidos opuestos: el workaholism predijo más problemas de salud y menos satisfacción vital, y el engagement predijo menos problemas de salud, más satisfacción vital y mejor desempeño.

    Compromiso sano (engagement)Adicción al trabajoBurnout
    Qué lo mueveDisfrute y sentidoCompulsión y miedo a pararEstrés prolongado sin recuperación
    Al descansarRecarga energíaCulpa e inquietudAgotamiento, ganas de desaparecer
    Estado emocionalEntusiasmoAnsiedad y urgenciaCinismo y vaciamiento
    ControlPuede pararLe cuesta pararYa no puede seguir

    Los libros clínicos sobre burnout coinciden en la idea de fondo. Parker et al. (2022) presentan el workaholism como un patrón de personalidad y de afrontamiento que predispone, y el burnout como el colapso que sigue cuando ese ritmo se queda sin reservas. Maslach y Leiter (1997) describen el engagement como el polo sano del vínculo con el trabajo. Si lo que te pasa es más agotamiento que compulsión, te sirve más qué es el burnout y cómo se trata y cómo recuperarse del burnout. Y si dudas entre cansancio y bajón de ánimo, mira burnout o depresión. Para entender el polo opuesto, está el engagement laboral.

    ¿Puede ser otra cosa: TPOC, TDAH o hipomanía?

    Sí, y conviene descartarlo, porque cada cuadro se trata distinto. Según los manuales clínicos, trabajar sin parar puede tener tres orígenes que se confunden con la adicción al trabajo:

    CuadroQué mueve el exceso de trabajoPista para distinguirlo
    Trastorno de personalidad obsesivo-compulsiva (TPOC)Perfeccionismo y reglas rígidas (“si no es perfecto, es un fracaso”)Patrón crónico y estable. Suele trabajar lento, porque no da nada por terminado
    TDAH en adultosDificultad para regular la conducta en el tiempo, con hiperfoco en lo que estimulaEsfuerzos frenéticos de último minuto. Se ve desde la infancia
    HipomaníaEnergía y ánimo elevados por episodiosDura días, duerme poco sin cansarse y empieza muchos proyectos a la vez

    Las fuentes de esta comparación son Beck y Freeman (2003) y Caballo (2015) para el TPOC y la hipomanía, y Barkley (2010) para el TDAH. En la adicción al trabajo, en cambio, la conducta busca aliviar la ansiedad o la culpa de no estar trabajando. Si te reconoces en alguno de los otros, el clúster C de los trastornos de personalidad, el TDAH en adultos y los tipos de trastorno bipolar te dan una idea más completa. Es posible, además, que haya más de un cuadro a la vez.

    ¿Qué tan frecuente es la adicción al trabajo?

    Una revisión sistemática y metaanálisis con 53 estudios y 71.625 participantes de 23 países (Andersen et al., 2023) estimó una prevalencia agrupada de 15,2 % (IC 95 %: 12,4-18,5), que bajó a 14,1 % al ajustar por sesgo de publicación. Hay tres matices que importan antes de quedarse con la cifra:

    • Las muestras representativas dieron prevalencias más bajas que las de conveniencia.
    • La escala Dutch Work Addiction Scale arrojó prevalencias más altas que la Bergen Work Addiction Scale.
    • La mayoría de los estudios tenía riesgo moderado de sesgo.

    Es decir, entre uno de cada siete y uno de cada seis trabajadores supera el corte de las escalas usadas, pero esas escalas no son diagnósticos. No encontré datos de prevalencia chilenos en la literatura revisada.

    ¿Cuáles son las causas de la adicción al trabajo?

    La evidencia apunta a varias causas que se cruzan: personalidad, emociones y entorno laboral.

    Rasgos de personalidad. Un metaanálisis de 28 estudios (Kun et al., 2020) encontró que las asociaciones más fuertes y consistentes son con el perfeccionismo, la autoestima global y la basada en el desempeño, y el afecto negativo. Los rasgos de los Cinco Grandes se asociaron solo débilmente, y los autores concluyen que la personalidad explica una parte pequeña del fenómeno.

    Miedo y escape emocional. Parker et al. (2022) sostienen que lo que hay detrás no suele ser el amor por el trabajo bien hecho, sino el miedo a equivocarse, a decepcionar o a ser criticado. Plumbly (2025) describe el trabajo compulsivo como un modo de escape ante emociones difíciles, mantenido por un sistema nervioso en alerta.

    La cultura del puesto. Arnold et al. (2012) revisan la cultura de largas jornadas, donde trabajar más de 40 horas semanales se vuelve progresivamente improductivo y deteriora la salud. Uribe Prado (2016) recoge capítulos que tratan la adicción al trabajo como un riesgo psicosocial y describen organizaciones con demandas de compromiso incesantes. Algo que se premia, se contagia: si el ascenso, el sueldo o la mirada de la jefatura dependen de estar siempre disponible, el entorno empuja hacia la compulsión.

    ¿Qué consecuencias tiene la adicción al trabajo?

    La adicción al trabajo se asocia con costos en la salud, la vida social y la calidad de vida, aunque casi todos los estudios son transversales y no permiten afirmar causalidad.

    • Salud mental. En una revisión integrativa con enfermería (Barbosa et al., 2024), los factores asociados al workaholism fueron burnout, estrés, ansiedad, depresión, problemas de sueño y baja capacidad de concentración.
    • Calidad de vida. Una revisión de 10 estudios (Vedoato et al., 2021) encontró que el workaholism se asoció con peor calidad de vida en todos ellos.
    • Relaciones. Un metaanálisis de 102 estudios (Kenyhercz et al., 2024) halló asociación con peor equilibrio entre vida y trabajo, y con más dificultades en la familia, la pareja, las amistades y el trabajo, sin diferencias por género ni edad.
    • Cuerpo. Una revisión narrativa plantea una posible relación con el sueño, el estrés y los factores de riesgo cardiovascular y metabólico, pero sus autores piden estudios que establezcan causalidad (Aziz y Covington, 2024). Es una hipótesis, no un hecho comprobado.
    • Desconexión. Un metaanálisis sobre desconexión del trabajo (Wendsche y Lohmann-Haislah, 2017) mostró que desconectarse mentalmente en el tiempo libre se asocia con menos agotamiento y mejor sueño, y que la alta inversión en el trabajo se asocia con desconectarse peor.

    ¿Cómo se mide?

    Hay varias escalas y ninguna es diagnóstica. Las dos más citadas son la Bergen Work Addiction Scale (Andreassen et al., 2012), la única construida sobre criterios centrales de adicción según una revisión crítica (Quinones y Griffiths, 2015), y la Dutch Work Addiction Scale, que evalúa dos dimensiones: trabajo excesivo y compulsión por trabajar. Una revisión sistemática de escalas concluyó que las definiciones distintas del concepto dieron escalas que miden cosas distintas, y que cada una se readapta al probarla en otro país (Gonçalves et al., 2023).

    Por eso aquí no hay un test con puntaje. Las fuentes que revisé no traen los ítems completos ni un punto de corte validado para población chilena, y un número sin esa base sería inventar precisión. Si quieres medirlo, hazlo con un profesional, que además puede evaluar lo que una escala no ve.

    ¿Qué tratamiento tiene la adicción al trabajo y qué ayuda a salir?

    Hay que decirlo con claridad: la evidencia sobre tratamiento es todavía escasa. Andreassen (2014) concluyó que, hasta ese momento, no existían intervenciones bien evaluadas. Lo que hay es preliminar y vale como orientación.

    Intervención psicológica. La guía de Socidrogalcohol la señala como tratamiento de elección, centrado en reconocer el problema, reducir horas de forma planificada, y entrenar el autocontrol y las respuestas ante situaciones de riesgo de recaída. En un ensayo controlado con 73 adultos con workaholism, el entrenamiento en conciencia meditativa mejoró los síntomas, la satisfacción laboral y el malestar psicológico respecto de la lista de espera, y redujo las horas trabajadas sin bajar el desempeño (Van Gordon et al., 2017). Los resultados se mantuvieron a 3 meses, pero es un solo grupo de investigación y los autores piden más estudios.

    Prevención en tres niveles. Una revisión sistemática (Cossin et al., 2021) ordena las medidas en tres niveles: una cultura de la organización que proteja, formación y consejería individual ante las consecuencias, y terapia cognitivo-conductual para reintegrarse al trabajo y a la vida social. De 155 artículos solo 15 eran estudios bien diseñados, y los propios autores piden estudios que confirmen su eficacia.

    Medicamentos. No existen fármacos con indicación específica. La guía de Socidrogalcohol señala que no hay evidencia suficiente para recomendar uno, y que la medicación se reserva para la ansiedad, la depresión o la impulsividad que la acompañen.

    ¿Qué puedes probar mientras tanto?

    Estas estrategias vienen del trabajo clínico de Parker et al. (2022), Plumbly (2025) y Gil-Monte (2019), y de los estudios sobre descanso. No sustituyen una terapia, pero son un punto de partida:

    • Un estándar de “suficientemente bueno”. Parker et al. proponen apuntar de forma deliberada a un nivel promedio en las tareas secundarias, y poner a prueba la creencia de que cualquier error es un desastre, con experimentos pequeños: enviar un trabajo sin la última revisión y ver qué ocurre de verdad.
    • Un programa de recuperación del ocio. La propuesta de Parker et al. dura unas ocho semanas: no llevarse trabajo a casa, no trabajar los fines de semana, y planificar el tiempo libre como un compromiso.
    • Un corte digital. Apagar el correo y el celular de trabajo al terminar la jornada.
    • Pausas de uno o dos minutos en los cambios del día (al terminar una llamada o al llegar a casa), para cortar el impulso automático de pasar a lo siguiente (Plumbly, 2025).
    • Revisar la regla “debo”. Gil-Monte (2019) trabaja con la reestructuración cognitiva de los pensamientos automáticos que convierten un descanso en una falta.
    • Descansar sin justificarlo. Un estudio (Tonietto et al., 2021) encontró que ver el ocio como una pérdida de tiempo destruye el disfrute del descanso y se asocia con más ansiedad, depresión y estrés. El descanso no necesita ser productivo para valer. Si te sientes agotado después de las vacaciones, mira cómo superar el estrés postvacacional.

    ¿Cuándo pedir ayuda profesional?

    Consulta si intentas trabajar menos y no puedes, si el trabajo ya te cuesta la pareja, los hijos o la salud, si duermes mal de forma sostenida, si te sientes ansioso o con el ánimo bajo cuando descansas, o si alguien de confianza lleva tiempo diciéndote que algo cambió. Un psicólogo puede evaluar si lo que ocurre es adicción al trabajo, perfeccionismo, ansiedad, un cuadro de otro tipo o varios a la vez, y ordenar el tratamiento. Si la tensión viene del puesto y no de ti, también conviene mirar el estrés laboral y sus opciones. La Organización Mundial de la Salud tiene una guía sobre salud mental en el trabajo con el marco general.

    Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de que no vale la pena seguir, no esperes: llama al *4141 (línea de prevención del suicidio del Minsal) o acude a un servicio de urgencia.

    Preguntas frecuentes

    ¿Qué es la adicción al trabajo?

    Es una necesidad compulsiva de trabajar, con pérdida de control sobre cuánto y cuándo se hace, y malestar al parar. Compromete la salud, el descanso y las relaciones. No es un diagnóstico oficial del DSM-5 ni de la CIE-11, pero se estudia como una adicción comportamental candidata y se evalúa con escalas como la de Bergen.

    ¿Cuáles son los síntomas del workaholism?

    Pensar en el trabajo fuera de la jornada, no lograr trabajar menos aunque lo intentes, sentir ansiedad o culpa al descansar, minimizar el problema, descuidar relaciones y ocio, y tener cansancio o problemas de sueño. Lo que importa es que se combinen, persistan y tengan un costo.

    ¿Trabajar muchas horas es adicción al trabajo?

    No necesariamente. Hay personas que trabajan muchas horas por interés y descansan bien, y otras que con jornadas normales no logran desconectar. La investigación señala que lo que la define es la compulsión y el malestar al parar, y no el número de horas.

    ¿Cuál es la diferencia entre adicción al trabajo y burnout?

    La adicción al trabajo es un patrón compulsivo de personalidad y afrontamiento que mantiene a la persona acelerada. El burnout es el agotamiento que sigue al estrés laboral prolongado, con cinismo y pérdida de eficacia. Pueden darse juntos: quien trabaja de forma compulsiva tiene más riesgo de quemarse.

    ¿Tiene tratamiento la adicción al trabajo?

    Sí, aunque la evidencia es todavía preliminar. Se aborda con psicoterapia, sobre todo con técnicas cognitivo-conductuales, y con cambios en la organización del trabajo. Un ensayo controlado con entrenamiento en conciencia meditativa mostró mejoras sostenidas a 3 meses. Los fármacos específicos no existen.

    Un siguiente paso

    Si te reconoces en este patrón y quieres ordenar qué lo mantiene (la exigencia, el miedo, el entorno) y cómo bajar el ritmo sin que se caiga todo, una evaluación psicológica es un buen punto de partida. Puedes agendar una consulta y empezar por esa conversación.

    ¿Te gustaría conversarlo con alguien?

    Si algo de lo que leíste te tocó de cerca y quieres hablarlo con un psicólogo, puedes agendar una hora. Vemos juntos por dónde empezar, a tu ritmo.

    Agenda una hora

    Si estás pasando por una crisis o piensas en hacerte daño, llama al *4141, la Línea de Prevención del Suicidio del Ministerio de Salud: es gratuita desde celulares y atiende las 24 horas, todos los días.

    Referencias

    Andersen, F. B., Djugum, M. E. T., Sjåstad, V. S., & Pallesen, S. (2023). The prevalence of workaholism: A systematic review and meta-analysis. Frontiers in Psychology, 14, Artículo 1252373. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1252373

    Andreassen, C. S. (2014). Workaholism: An overview and current status of the research. Journal of Behavioral Addictions, 3(1), 1-11. https://doi.org/10.1556/jba.2.2013.017

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    Aziz, S., & Covington, C. (2024). Beyond the 9-to-5 grind: Workaholism and its potential influence on human health and disease. Frontiers in Psychology, 15, Artículo 1345378. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2024.1345378

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    Van Gordon, W., Shonin, E., Dunn, T. J., Garcia-Campayo, J., Demarzo, M. M. P., & Griffiths, M. D. (2017). Meditation awareness training for the treatment of workaholism: A controlled trial. Journal of Behavioral Addictions, 6(2), 212-220. https://doi.org/10.1556/2006.6.2017.021

    Vedoato, T., Pedro, D. R. C., Garcia, I. M., Galdino, M. J. Q., Aroni, P., & Haddad, M. D. C. F. L. (2021). Workaholism and quality of life: An integrative literature review. Revista Brasileira de Medicina do Trabalho, 19(4), 503-510. https://doi.org/10.47626/1679-4435-2021-640

    Wendsche, J., & Lohmann-Haislah, A. (2017). A meta-analysis on antecedents and outcomes of detachment from work. Frontiers in Psychology, 7, Artículo 2072. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2016.02072

    Sobre el autor

    Ps. Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud de la Superintendencia de Salud.

    En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre salud mental y bienestar emocional. Los artículos se actualizan cuando aparecen datos que cambian su interpretación.

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