Categoría: Procesos cognitivos

  • Tipos de Atención en Psicología: Guía completa de los procesos atencionales

    Tipos de Atención en Psicología: Guía completa de los procesos atencionales

    Por Nicolás Alcayaga, Psicólogo Clínico

    ¿Alguna vez llegaste al final de una página y no recordabas haber leído nada? ¿O notaste que puedes mantener el ritmo de una conversación mientras conduces, pero que en tráfico intenso ya no escuchas lo que te dicen? Esas experiencias no son fallas de personalidad ni señales de que “te distraes fácil”. Son los tipos de atención en psicología haciendo exactamente lo que deben hacer, a veces bien y a veces al límite de su capacidad.

    Entender cómo funciona la atención, y por qué el cerebro no puede simplemente “prestar atención” a todo al mismo tiempo, cambia la forma en que te ves a ti mismo y a los demás.

    En esta guía encontrarás los modelos teóricos que sostuvieron la investigación desde los años 50 hasta hoy, la clasificación que usa la neuropsicología clínica actual, y lo que dice la evidencia sobre cuándo los déficits atencionales requieren evaluación profesional.


    TL;DR: La atención no es una función única. La psicología científica distingue al menos cuatro tipos fundamentales (sostenida, selectiva, alternante y dividida), más el nivel básico de arousal. Cada uno tiene bases neurales distintas, se altera de forma diferente en trastornos como el TDAH o el daño cerebral adquirido, y puede evaluarse con instrumentos específicos.


    ¿Qué es la atención en psicología?

    La atención es el mecanismo que permite al sistema cognitivo seleccionar, mantener y redirigir el procesamiento de información. No es un interruptor que se enciende o apaga, sino una familia de procesos que trabajan juntos y que pueden fallar de forma independiente.

    Muriel Lezak, referente en neuropsicología clínica, la describió no como una función unitaria sino como “una matriz compleja de procesos que sirven de base para todas las demás funciones cognitivas” (Lezak et al., 2012). Sin atención, la percepción, la memoria y el razonamiento no pueden operar con eficacia. Eso ya da una pista de por qué su alteración tiene efectos tan amplios en la vida cotidiana.

    Cuando alguien dice “me cuesta concentrarme”, puede estar describiendo cualquiera de al menos cinco fenómenos distintos. Cada uno tiene causas, señales de alerta y abordajes diferentes.

    ¿Por qué la atención no es una sola cosa? Los modelos que cambiaron la psicología

    Antes de clasificar tipos, conviene entender cómo la investigación llegó a la clasificación actual. Tres momentos teóricos son especialmente relevantes.

    El filtro de Broadbent (1958)

    Donald Broadbent propuso que la atención actúa como un filtro que selecciona la información antes de que el cerebro la procese en profundidad. En sus experimentos con mensajes simultáneos en ambos oídos, los participantes podían seguir un canal e ignorar el otro. Su obra Perception and Communication (1958) inauguró la psicología cognitiva de la atención y dejó pendiente una pregunta que aún se discute: ¿dónde exactamente ocurre ese filtro, antes o después del procesamiento semántico?

    La atención como recurso limitado (Kahneman, 1973)

    Daniel Kahneman propuso algo diferente: la atención es una capacidad general limitada que el sistema cognitivo distribuye entre tareas en competencia. Cuando dos tareas compiten por esos recursos, el rendimiento en ambas cae. Su libro Attention and Effort (1973) explicó por qué hacer dos cosas “importantes” al mismo tiempo casi nunca sale bien, aunque cada una por separado sea simple. Este marco sigue siendo la mejor explicación disponible de por qué la multitarea real tiene un techo.

    Las tres redes cerebrales (Posner y Petersen, 1990)

    Michael Posner y Steven Petersen propusieron, a partir de neuroimagen, que la atención no tiene un único sustrato cerebral sino tres redes relativamente independientes: la red de alerta (mantener la preparación general del sistema), la red de orientación (dirigir el foco hacia estímulos específicos) y la red ejecutiva (resolver conflictos y regular la conducta). Este modelo, publicado en Annual Review of Neuroscience, es hoy el marco de referencia en neurociencia cognitiva. Explica por qué ciertos cuadros afectan solo un tipo de atención y dejan los demás relativamente intactos.

    Los tipos de atención en psicología según la neuropsicología clínica

    El modelo más usado en evaluación y rehabilitación es el de Sohlberg y Mateer (1987, 1989). Su valor principal es que organiza los tipos de forma jerárquica: cada nivel requiere que el anterior esté preservado. Esa jerarquía orienta tanto la evaluación como el orden del trabajo rehabilitador.

    Arousal y atención focal: el piso de todo

    El arousal es el nivel de activación general del sistema nervioso, el umbral mínimo para que cualquier atención sea posible. La atención focal, el primer nivel propiamente atencional, es la capacidad de detectar y orientarse hacia un estímulo, aunque sea de forma breve y básica.

    En clínica, el arousal deteriorado aparece en traumatismo craneoencefálico severo, cuadros confusionales agudos y demencias avanzadas. Sin este piso mínimamente preservado, ninguna intervención cognitiva tiene punto de partida posible.

    Atención sostenida: quedarse en la tarea

    La atención sostenida (también llamada vigilancia) es la capacidad de mantener el foco durante un período prolongado, especialmente en tareas monótonas o repetitivas.

    Un ejemplo cotidiano: revisar un contrato extenso sin que la mente se escape. O la tarea de un conductor de larga distancia durante horas de ruta tranquila. Lo que hace clínicamente relevante a la atención sostenida es que no mejora solo con esfuerzo cuando el sustrato neurobiológico está comprometido: esforzarse más no alcanza cuando el sistema falla.

    Se deteriora de forma desproporcionada en el TDAH, en el sueño deficiente, en el daño frontal y en las fases tempranas de varios cuadros neurodegenerativos. Los tests de vigilancia (como el Continuous Performance Test o el Digit Vigilance Test) la evalúan específicamente porque permiten aislar este componente del rendimiento general (Lezak et al., 2012).

    [EXPERIENCIA: En consulta veo con frecuencia a adultos que llegan convencidos de que “son flojos” porque no pueden terminar lo que empiezan. En varios casos, la evaluación muestra atención sostenida comprometida, no falta de voluntad.]

    Atención selectiva: el filtro que protege

    La atención selectiva es la capacidad de enfocarse en lo relevante mientras se inhiben los distractores. Es el mecanismo que Broadbent intuyó en 1958. Cuando funciona bien, puedes leer en un café ruidoso o seguir una clase con estudiantes conversando alrededor. Cuando falla, cualquier ruido de fondo interrumpe el hilo de pensamiento.

    Depende en parte de la capacidad de inhibición (frenar respuestas a estímulos irrelevantes), asociada al funcionamiento de la corteza prefrontal. El Test de Stroop, en el que hay que decir el color de la tinta de palabras que nombran otro color, es la prueba prototípica para evaluarla (Lezak et al., 2012).

    Atención alternante: cambiar sin perder el hilo

    La atención alternante es la capacidad de cambiar el foco de una tarea a otra y volver, sin confundir los criterios de respuesta.

    Conducir y buscar un número de calle al mismo tiempo requiere alternar: mirar la vía, buscar el número, volver a mirar la vía. No ocurre todo a la vez; se alterna con rapidez. Las fallas en atención alternante son prominentes en el daño frontal y en el TDAH.

    El Trail Making Test parte B (en el que hay que alternar entre números y letras en secuencia) es la prueba de elección. Según Lezak et al. (2012), la diferencia entre el tiempo de la Parte B y la Parte A aísla el componente de flexibilidad mental del de velocidad motora, lo que permite una interpretación más precisa del déficit.

    Atención dividida: dos focos simultáneos

    La atención dividida es la capacidad de responder de forma simultánea a dos o más tareas o fuentes de información. Es la más exigente del modelo y la que más sobrestimamos en la vida cotidiana.

    La investigación es clara: lo que llamamos “multitarea” es, en la mayoría de los casos, alternancia muy rápida, no división real de la atención (Kahneman, 1973). Cuando hay verdadera división, el rendimiento en ambas tareas baja respecto a hacerlas por separado. Cuanto más similares son las tareas (dos tareas verbales, por ejemplo), más compiten por los mismos recursos.

    Pruebas como el PASAT, que requiere sumar números auditivos consecutivos mientras se retiene el anterior, son exigentes precisamente porque fuerzan esa división en condiciones controladas.

    Más allá del modelo clínico: otras formas de clasificar la atención

    El modelo de Sohlberg y Mateer no es la única clasificación disponible. Según el criterio, la atención puede describirse de otras formas que también aparecen en la literatura clínica y educativa.

    Por modalidad sensorial. La atención puede ser visual (rastrear estímulos en el campo visual), auditiva (mantener la escucha en entornos ruidosos) o táctil. Las pruebas neuropsicológicas evalúan cada modalidad por separado porque pueden disociarse: un paciente con negligencia unilateral puede tener atención auditiva intacta y atención visual espacial gravemente comprometida (Lezak et al., 2012).

    Por su origen: voluntaria vs. involuntaria. La atención voluntaria (top-down o dirigida) requiere esfuerzo consciente hacia un objetivo. La involuntaria (bottom-up o capturada) ocurre cuando un estímulo saliente la genera por sí solo: un ruido fuerte, un movimiento periférico, tu nombre pronunciado en voz baja en una sala llena de gente. La red de orientación de Posner gobierna sobre todo la atención involuntaria; la red ejecutiva, la voluntaria.

    Por amplitud: global vs. focalizada. Algunos autores distinguen entre atención amplia (percibir el contexto global de una situación) y reducida (concentrarse en un detalle). En situaciones de alta ansiedad, el foco tiende a estrecharse hacia las amenazas percibidas, lo que explica la “visión de túnel” que describen muchos pacientes durante un ataque de pánico.

    La atención a lo largo de la vida

    La atención no nace formada. En los primeros años de vida, el arousal y la atención focal son las primeras en desarrollarse. La sostenida y la selectiva se consolidan en la etapa escolar. La alternante y la dividida siguen madurando hasta la adolescencia tardía, en paralelo con el desarrollo de la corteza prefrontal.

    En la vejez normal, la atención selectiva y la sostenida se mantienen relativamente bien hasta avanzada edad. Las que se deterioran antes son la atención dividida y la velocidad de alternancia, porque dependen más de recursos de procesamiento que envejecen con mayor rapidez. Distinguir el declive normal del patológico es parte del trabajo de la evaluación neuropsicológica.

    Cuando los tipos de atención fallan: déficits y señales de alerta

    Los déficits atencionales no son propios de una sola condición. Aparecen en el TDAH, en el daño cerebral adquirido, en la depresión, en la ansiedad crónica, en el sueño insuficiente y en el deterioro cognitivo leve. Son, en ese sentido, transdiagnósticos.

    TDAH. Un metaanálisis de 102 estudios en 35 países estimó la prevalencia global del TDAH en niños y adolescentes en 5,29%, sin diferencias significativas entre continentes ni cambios temporales entre 1985 y 2012 (Posner et al., 2020). En adultos de 19 a 45 años, la prevalencia es de 2,5%. El TDAH no es solo un problema de la infancia: en muchos casos persiste y se diagnostica por primera vez en la vida adulta, según los criterios del DSM-5 de la American Psychological Association.

    Daño cerebral adquirido. Un metaanálisis de 24 estudios con más de 12.000 pacientes pediátricos con traumatismo craneoencefálico encontró que la tasa de TDAH prelesional era ya del 16%, significativamente mayor que la población general (Asarnow et al., 2021). Tras un TCE moderado o severo, el riesgo de desarrollar o agravar síntomas atencionales aumenta. Eso tiene implicaciones directas para cómo se evalúa y acompaña a estos pacientes.

    [EXPERIENCIA: En evaluaciones con adultos que han tenido accidentes de tráfico, el primer síntoma que describen suele ser la dificultad para seguir conversaciones largas o leer sin perder el hilo, señales frecuentes de atención sostenida comprometida.]

    Ansiedad y depresión. La ansiedad estrecha el foco atencional hacia las amenazas percibidas e interfiere con la atención sostenida en tareas neutras. La depresión enlentece el procesamiento e impone un coste mayor a la atención dividida. Ambas alteraciones son reversibles cuando el cuadro emocional mejora, lo que las distingue de los déficits de origen neurológico.

    Para ver cómo se evalúan estos procesos en la práctica, puedes revisar los tests de atención por edades en PDF y la guía específica sobre atención sostenida y focalizada.

    ¿Puede entrenarse la atención? Lo que dice la evidencia

    La respuesta corta es sí, aunque con matices importantes.

    En niños y adolescentes con TDAH, un metaanálisis bayesiano de 17 ensayos controlados aleatorizados encontró un efecto global pequeño a moderado de las intervenciones basadas en mindfulness (Hedges’ g = 0,49; IC 95% 0,37-0,62), con mejoras más claras en hiperactividad e impulsividad (g = 0,54) que en inatención pura (g = 0,30) (Liu et al., 2025). Los efectos fueron mayores en niños mayores de 10 años y en programas con más horas de contacto.

    En adultos con TDAH, una revisión con metaanálisis mostró mejoras significativas en síntomas autorreportados (DME = 0,48; IC 95% 0,19-0,76) tras intervenciones basadas en mindfulness (Kim y Jung, 2025). Sin embargo, los efectos tienden a ser menores o no significativos cuando se comparan con controles activos (Oliva et al., 2021).

    Hay que usar esos números con cabeza. El mindfulness es un tratamiento secundario para el TDAH, no el primero. Una revisión en The Lancet Child & Adolescent Health recomienda informar sobre las ventajas de los tratamientos primarios (medicación y terapia conductual) antes de proponer mindfulness (Sibley et al., 2023). Para dificultades atencionales sin diagnóstico formal, la atención plena, la mejora del sueño y la reducción de la carga cognitiva simultánea tienen respaldo empírico razonable.

    ¿Cuándo consultar con un psicólogo o neuropsicólogo?

    Las dificultades atencionales cotidianas son universales. Lo que justifica una evaluación profesional es otra cosa.

    Busca orientación cuando los síntomas sean persistentes en más de un contexto (casa y colegio, trabajo y vida personal), cuando hayan comenzado antes de los 12 años y generen deterioro real en el funcionamiento académico, laboral o en las relaciones. También cuando hay un cambio claro respecto a un nivel previo, en especial tras un golpe en la cabeza, una enfermedad o una cirugía.

    La evaluación neuropsicológica no solo confirma o descarta un diagnóstico: distingue qué tipo de atención está comprometido, con qué severidad y en qué contextos, para diseñar un abordaje que tenga sentido para esa persona en particular. El NIMH describe con claridad cuándo buscar evaluación profesional para el TDAH.

    Si reconoces estas señales en ti o en alguien cercano, agenda una consulta. Tener claridad sobre lo que está pasando siempre es el primer paso.


    Preguntas frecuentes sobre los tipos de atención en psicología

    ¿Cuál es el tipo de atención más importante?

    Depende del contexto, pero en el modelo clínico de Sohlberg y Mateer el orden es jerárquico: sin atención sostenida no hay selectiva funcional, y sin selectiva no hay alternante ni dividida eficaz. Por eso la atención sostenida suele ser el primer objetivo en rehabilitación cognitiva: es la base sobre la que se construye todo lo demás.

    ¿Existen otros modelos para clasificar los tipos de atención en psicología?

    Sí. El modelo de redes de Posner y Petersen (1990) organiza la atención en tres sistemas neurales: alerta, orientación y control ejecutivo. El modelo de Kahneman (1973) la conceptualiza como una capacidad distribuible y limitada. Cada uno aporta un ángulo distinto (clínico, neural o cognitivo) y los tres son complementarios.

    ¿Cómo se desarrolla la atención en los niños?

    Sigue el desarrollo de la corteza prefrontal. La atención involuntaria domina los primeros años; la voluntaria y sostenida se consolidan en edad escolar; la alternante y la dividida maduran en la adolescencia tardía. Los niños pequeños no se distraen “por capricho”: tienen menos sustrato neural disponible para mantener el foco voluntario de forma prolongada.

    ¿Qué impacto tienen las distracciones en la atención?

    Depende del tipo de distractor y de la modalidad atencional implicada. Para la atención selectiva, los distractores salientes (notificaciones, ruidos inesperados) son los más costosos porque activan la red de orientación involuntaria. Para la atención dividida, la similitud entre las tareas en competencia es el factor más relevante.

    ¿Cuándo un problema de atención requiere evaluación profesional?

    Cuando los síntomas son persistentes en más de un contexto, comenzaron antes de los 12 años y generan deterioro funcional real. También cuando hay un cambio respecto al nivel previo tras daño cerebral o neurológico, o cuando no responden a estrategias básicas de higiene cognitiva y del sueño.


    Entender los tipos de atención es un buen punto de partida. Pero si lo que describes en estas páginas se parece demasiado a lo que vives día a día, el siguiente paso tiene sentido: una evaluación que te dé claridad real sobre qué está pasando y qué puede hacerse al respecto. Puedes agendar una consulta directamente desde aquí.


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    Escrito por Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico | Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

    Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud)

    Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.

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    Referencias

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    Broadbent, D. E. (1958). Perception and communication. Pergamon Press.

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    Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

    Nicolás Alcayaga

    Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

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