Diagnóstico y Tratamiento del TDAH en Adultos: Profesionales, Opciones y Estrategias Clave

Pintura impresionista de un adulto en su taller con una pieza terminada, diagnostico y tratamiento del TDAH en adultos

Por el equipo editorial de Terapia Online Chile

Ya pasaste la etapa de sospechar. Leíste las listas de síntomas de TDAH en adultos, hiciste algún test online, y el patrón te calzó demasiado bien como para ignorarlo. Ahora viene la parte que casi nadie explica bien: quién puede diagnosticar TDAH en adultos, a quién le pides hora, qué te van a preguntar y qué pasa después.

Buscar esa respuesta en internet es frustrante por una razón concreta. Si comparas los dos sitios chilenos mejor posicionados para esta pregunta, uno dice que un psicólogo clínico puede entregar el diagnóstico con un informe psicodiagnóstico y el otro afirma que solo un neurólogo o un psiquiatra puede hacerlo. Las dos frases no pueden ser ciertas a la vez, y la diferencia no es menor: cambia a quién llamas mañana.

Acá vas a encontrar la respuesta ordenada sobre diagnóstico y tratamiento del TDAH en adultos, con lo que dicen las guías clínicas y la evidencia reciente, más un dato incómodo sobre el diagnóstico del TDAH adulto que rara vez sale del ámbito académico. Más abajo hay una herramienta de un minuto que te dice, según tu situación, por dónde te conviene entrar al sistema de salud y qué pedir en esa primera hora. Antes conviene entender por qué el “quién” pesa tanto acá. Si andas apurado, anda directo a la ruta de atención.

Respuesta directa: ¿quién puede diagnosticar el TDAH en adultos?

El diagnóstico del TDAH es clínico y lo realiza un profesional con entrenamiento y experiencia específicos en el trastorno: psiquiatra, neurólogo, psicólogo clínico o neuropsicólogo. Solo el médico (psiquiatra o neurólogo) puede además indicar y controlar medicamentos. Ninguna escala ni test online entrega el diagnóstico por sí solo.

Esa es la respuesta corta, y resuelve la contradicción de la que hablábamos: los dos sitios describen cosas distintas sin decirlo. Evaluar, diagnosticar y prescribir son tres actos diferentes, y no los ejecuta el mismo profesional.

¿Por qué importa tanto quién pone el diagnóstico?

Porque el TDAH adulto se diagnostica casi enteramente a partir de lo que la persona cuenta, y eso lo vuelve especialmente sensible a quién escucha. En los niños, los criterios describen conductas que un tercero observa. Al trasladarlos a adultos, esas conductas se convirtieron en experiencias autoinformadas, un cambio que los investigadores llaman la “subjetivización” de los criterios.

El dato que sigue debería salir más seguido del mundo académico. Una revisión de 292 ensayos clínicos sobre TDAH en adultos encontró que solo en el 35% de esos estudios el diagnóstico había sido puesto por un psiquiatra o un psicólogo. En más de la mitad ni siquiera se evaluó la psicopatología general del participante (Studart et al., 2025). Es decir: ni siquiera en la investigación que después orienta la práctica clínica se cuida sistemáticamente quién pone la etiqueta. Los autores concluyen que hace falta un diagnóstico diferencial completo a cargo de un clínico con experiencia.

Hay un segundo motivo, menos cómodo de nombrar. Las escalas de síntomas de TDAH se pueden manipular. Una revisión de 29 estudios sobre presentaciones exageradas o fingidas del trastorno (motivadas por adaptaciones académicas, acceso a estimulantes o evitar responsabilidades) encontró que los cuestionarios de autoinforme son vulnerables a ese sesgo, y que distinguir un TDAH genuino exige una evaluación dirigida por un especialista dentro de un marco de varios métodos (Ratti et al., 2026). Esto no significa que tu malestar esté en duda. Significa que un puntaje alto en un cuestionario, por sí solo, no prueba nada, ni a favor ni en contra.

¿Qué hace exactamente cada profesional?

Esta es la tabla que faltaba. Las guías de práctica clínica del Sistema Nacional de Salud español especifican que el diagnóstico debe hacerlo “un facultativo con entrenamiento y experiencia en el diagnóstico del TDAH y sus comorbilidades más frecuentes”, desde un abordaje multidisciplinar donde colaboran medicina y psicología (Grupo de trabajo de la GPC sobre el TDAH, 2010).

Conviene decir de dónde sale ese criterio y hasta dónde llega. Esas guías están escritas para niños y adolescentes, y su actualización está pendiente desde hace años, así que el detalle pediátrico no se traslada tal cual a un adulto de 40. Lo que sí se traslada es el principio de fondo, que la literatura adulta repite: quien diagnostica tiene que estar entrenado en el trastorno. Las guías del sistema español están además entre las mejor evaluadas en un análisis de calidad de 11 guías de TDAH con el instrumento AGREE II, junto con las de NICE y la Academia Americana de Pediatría (Wahyu et al., 2025).

Profesional Evalúa Puede diagnosticar Puede recetar
Psiquiatra Sí Sí Sí
Neurólogo Sí Sí Sí
Psicólogo clínico o neuropsicólogo Sí, con instrumentos y entrevista Sí, dentro de su ámbito y en equipo No
Médico de familia o general Detecta y deriva No, salvo formación específica Deriva para que se indique

La palabra que hace todo el trabajo en esa tabla no es el título profesional, es entrenamiento. Un psiquiatra que nunca atendió TDAH adulto no está en mejor posición que un psicólogo clínico especializado en el tema, y al revés. Cuando pidas hora, conviene preguntar directamente esto: “¿atiende TDAH en adultos habitualmente?”.

Sobre la medicación no hay ambigüedad: el inicio y la prescripción están reservados a un médico cualificado. En Chile eso tiene una consecuencia práctica, porque el metilfenidato es un psicotrópico sujeto a control y se despacha con receta cheque, el mecanismo más estricto que existe en el país para recetar. Un psicólogo no puede emitirla.

¿Cómo es una evaluación de TDAH adulto bien hecha?

Una evaluación seria dura más de una sesión y combina cuatro cosas: entrevista clínica detallada, reconstrucción de la historia de la infancia, escalas estandarizadas y descarte activo de otras causas. Las pruebas de atención computarizadas y la evaluación neuropsicológica aportan un perfil de fortalezas y debilidades, pero no confirman ni descartan el diagnóstico.

El punto más difícil en adultos es el retrospectivo. El criterio exige que los síntomas hayan estado presentes antes de los 12 años, y a los 35 nadie tiene a mano las libretas de notas ni, a veces, a alguien que recuerde cómo era en primero básico. Un clínico con experiencia trabaja con lo que haya: notas escolares si aparecen, recuerdos de un hermano o de la madre, cambios de colegio, comentarios repetidos de profesores. La ausencia de esos registros no bloquea el diagnóstico, pero sí obliga a ser más prudente con él.

Sobre los instrumentos, conviene saber para qué sirve cada uno. El ASRS de la Organización Mundial de la Salud es de cribado: orienta, no concluye. El CAARS y la entrevista DIVA-5 son de uso profesional y estructuran la evaluación. Las guías son explícitas al respecto: los cuestionarios y escalas son complementarios y nunca sustituyen la entrevista clínica ni bastan por sí solos para dictaminar el diagnóstico (Grupo de trabajo de la GPC sobre el TDAH, 2010). Hay además un detalle que casi nunca se menciona: varias escalas de uso internacional no tienen baremos normalizados para población hispanohablante, así que sus puntos de corte se interpretan con cautela.

Si quieres ver en detalle qué pruebas se usan y cómo se leen, lo desarrollamos en la guía de pruebas e instrumentos de evaluación profesional del TDAH.

¿Qué hay que descartar antes de decir “TDAH”?

Esta es la parte del proceso que más se salta y la que más consecuencias tiene. Varias condiciones producen exactamente el mismo cuadro de desatención, olvidos y desorganización, y el tratamiento correcto para cada una es distinto:

  • Trastornos del sueño, incluida la apnea. Dormir mal de forma crónica produce un déficit atencional indistinguible a simple vista.
  • Depresión y trastornos de ansiedad. La concentración es de lo primero que se cae en ambos cuadros.
  • Trastorno bipolar, sobre todo por la impulsividad y la aceleración.
  • Disfunción tiroidea y anemia por falta de hierro, que se descartan con un examen de sangre.
  • Consumo de alcohol o sustancias, y también algunos medicamentos que alteran la atención como efecto secundario.
  • Trastornos específicos del aprendizaje, que explican por su cuenta el mal rendimiento.
  • Situaciones de vida sostenidamente adversas, que desorganizan a cualquiera sin que exista trastorno alguno.

Hay un detalle que lo complica: estas condiciones imitan al TDAH y además suelen acompañarlo. El TDAH que persiste en la adultez arrastra comorbilidad a lo largo de la vida, con consumo de sustancias, depresión, ansiedad y accidentes (Franke et al., 2018). Que aparezca una no descarta la otra, y por eso el descarte lo hace alguien entrenado y no un cuestionario.

Encontrar que la causa era otra no es una mala noticia ni un diagnóstico fallido. Es la diferencia entre tratar lo que corresponde y pasar dos años tratando lo que no.

Por dónde entrar al sistema de salud, según tu caso

Antes de pedir hora conviene tener claro a qué puerta tocar, porque equivocarse cuesta tiempo y plata. Responde estas tres preguntas y la herramienta te arma la ruta que corresponde a tu situación, con lo concreto que conviene pedir y llevar a esa primera consulta.

¿Por dónde parto? Ruta de atención para TDAH adulto en Chile

Tres preguntas, un minuto. Esto no evalúa síntomas ni entrega ningún diagnóstico: solo te ordena por dónde entrar al sistema de salud y qué conviene pedir en la primera hora.

1. ¿Cómo te atiendes habitualmente?



2. ¿Alguna vez te indicaron medicación para el TDAH (metilfenidato, lisdexanfetamina, atomoxetina)?


3. Junto con la desatención, ¿hay algo de esto ahora mismo: ánimo bajo persistente, ansiedad intensa, insomnio crónico o consumo problemático de alcohol o drogas?


Falta responder al menos una pregunta para armar tu ruta.

TDAH en adultos: tratamiento, ¿qué funciona de verdad?

Funcionan dos cosas con respaldo sólido, y funcionan distinto: los medicamentos reducen los síntomas nucleares de forma rápida y consistente, y la terapia cognitivo-conductual mejora el funcionamiento diario con efectos que se sostienen y hasta crecen después de terminada. No compiten, resuelven problemas diferentes.

Medicamentos: qué esperan de verdad

Los estimulantes (metilfenidato, lisdexanfetamina) y los no estimulantes (atomoxetina, guanfacina) tienen evidencia fuerte para reducir síntomas a corto plazo. Ahora, la letra chica importa: una meta-revisión de 231 revisiones sistemáticas y meta-análisis concluyó que la evidencia de que los fármacos modifiquen las trayectorias vitales adversas a largo plazo (logro educativo, empleo, consumo de sustancias, lesiones, delitos) es limitada (Chaulagain et al., 2023). Ese mismo trabajo sitúa la prevalencia del TDAH adulto en 2,5%, bastante por debajo del 7,2% de niños y adolescentes.

Si además tienes ansiedad, depresión o consumo problemático encima, la expectativa debe ser más modesta todavía. Una revisión sistemática sobre el efecto de estos fármacos en la comorbilidad psiquiátrica encontró mejoría consistente en el TDAH nuclear, resultados variables en los cuadros del ánimo y la ansiedad, y resultados mixtos en consumo de sustancias (Tripodi et al., 2025). Traducido: la pastilla trata el TDAH, no todo lo demás.

El tratamiento se inicia con dosis bajas y se sube gradualmente cada una a tres semanas. Antes de partir corresponde un examen físico con presión arterial, frecuencia cardíaca y antecedentes familiares cardiovasculares, y después controles periódicos. Los efectos adversos más frecuentes de los estimulantes son baja de apetito, insomnio, dolor de cabeza, molestias abdominales e irritabilidad. La atomoxetina exige vigilar además el riesgo de agitación e ideación suicida y la función hepática. Nada de esto se maneja solo: por eso el control es médico y periódico.

Terapia cognitivo-conductual: para qué sirve realmente

La TCC adaptada a TDAH no busca “concentrarte más” por fuerza de voluntad. Trabaja los sistemas externos que compensan un funcionamiento ejecutivo que falla: cómo capturas tareas, cómo estimas tiempos, cómo evitas que un pendiente se pierda entre la cabeza y el calendario.

Los números la respaldan. Un meta-análisis en red de 37 ensayos con 2.289 participantes la identificó como la intervención no farmacológica más efectiva en adultos, con beneficio sostenido a largo plazo, y señaló la terapia basada en mindfulness como opción preferible para quienes no tienen comorbilidad (Yang et al., 2025). Los propios autores piden cautela: casi la mitad de los ensayos tenía alto riesgo de sesgo.

Un meta-análisis de 14 ensayos aporta un matiz práctico para elegir formato: la TCC grupal rindió mejor sobre síntomas nucleares y función ejecutiva, mientras que la individual funcionó mejor para el ánimo, la ansiedad y la calidad de vida (Liu et al., 2026). Y hay un hallazgo que vale la pena mirar de frente: la TCC mejora el funcionamiento global con un efecto que sigue creciendo después de terminada la terapia (0,47 al terminar, 0,67 en el seguimiento), con su mayor impacto en el ámbito laboral. En ese mismo trabajo, la mejoría de los síntomas predijo la calidad de vida pero no el funcionamiento (López-Pinar et al., 2026). Son cosas distintas, y esa distinción explica por qué alguien puede tener menos síntomas con medicación y seguir sin poder sostener un trabajo.

¿Conviene combinar las dos?

Depende de qué quieras mejorar, y acá la evidencia tiene un matiz que suele omitirse. Las guías clínicas, revisando meta-análisis de NICE, indican que agregar psicoterapia a un tratamiento farmacológico que ya está funcionando bien no aporta una ventaja adicional significativa sobre los síntomas nucleares (Grupo de trabajo de la GPC sobre las intervenciones terapéuticas en el TDAH, 2017). Dicho así suena a que sobra, pero no: el meta-análisis de 14 ensayos mostró que la combinación sí agrega beneficio en ansiedad y calidad de vida (Liu et al., 2026), que es justamente donde el fármaco solo se queda corto.

La lectura razonable es esta. Si tu problema principal son los síntomas nucleares, el fármaco actúa antes y más fuerte. Si lo que te tiene mal es cómo funciona tu vida (trabajo, relaciones, la sensación de ir siempre atrasado), ahí la terapia aporta lo que la pastilla no.

¿Qué NO funciona, aunque te lo ofrezcan?

Vale la pena tenerlo claro antes de gastar tiempo y dinero. Las guías clínicas revisaron estas opciones y no las recomiendan (Grupo de trabajo de la GPC sobre las intervenciones terapéuticas en el TDAH, 2017):

  • Neurofeedback. No recomendado; los estudios favorables suelen estar contaminados por efecto placebo y tratamientos simultáneos.
  • Suplementos de omega 3 y 6, o zinc. Sin pruebas consistentes de eficacia como tratamiento general.
  • Dietas de eliminación y restricción de azúcar. Sin evidencia concluyente frente a placebo. La supresión de colorantes puede ayudar en casos puntuales, no como norma.
  • Entrenamiento cognitivo computarizado. Mejora las tareas de laboratorio que entrena, sin traspaso demostrado a los síntomas ni al funcionamiento diario.
  • Homeopatía, flores de Bach, hierba de San Juan, optometría, estimulación auditiva y osteopatía. Sin investigación de estándar aceptable que muestre beneficio.

Lo que sí tiene respaldo y casi nunca se cobra aparte es la psicoeducación: entender el mecanismo del trastorno reduce la culpa, mejora la adherencia al tratamiento y ajusta las expectativas sobre cuánto demoran los cambios.

¿Qué puedes hacer tú mientras tanto?

Las dificultades de organización y planificación son un componente central del TDAH, y son justamente el terreno donde las estrategias conductuales rinden más. En adultos, la TCC mostró un efecto sobre la función ejecutiva del mismo orden que sobre los síntomas nucleares (Liu et al., 2026), aunque para estos últimos la medicación siga siendo más rápida. Nada de esto reemplaza el tratamiento, pero tampoco hay que esperar la hora médica para empezar.

Lo que más rinde es sacar la carga de la cabeza y ponerla en un sistema externo: una sola bandeja de entrada para capturar todo, tareas partidas en pasos concretos, y alarmas que avisen antes de la hora, no a la hora. Una estructura simple que funciona bien para esto es la regla 1-3-5 para organizar el día, que limita el día a una tarea grande, tres medianas y cinco chicas en vez de una lista infinita.

Un aviso honesto: la evidencia sobre autoestima es floja. El meta-análisis de TCC no encontró efecto sobre la autoevaluación (Liu et al., 2026), y los autores lo marcan como una necesidad terapéutica no cubierta. Después de años de que te digan que eres flojo o desordenado, esa parte tiende a costar más y a demorar más que los síntomas.

¿Qué cubre el sistema de salud chileno?

Conviene saberlo antes de pedir hora: el TDAH no está entre los 87 problemas de salud con cobertura GES. No hay garantía de plazo ni de precio como en las patologías del listado, así que la atención sale por la vía habitual (consultorio si estás en Fonasa, bonificación o convenio si tienes Isapre, o consulta particular).

Eso no significa que no haya camino. En Fonasa la puerta de entrada es el CESFAM donde estás inscrito, donde el médico general evalúa y deriva a salud mental o psiquiatría. La lista de espera es real y conviene contarla dentro de tus tiempos. Si la desorganización te está costando el trabajo, empieza el trámite igual y en paralelo trabaja lo que sí depende de ti.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Cuando la desorganización, los olvidos o la impulsividad te están costando algo concreto y sostenido: trabajos que se pierden, deudas por cuentas impagas, relaciones desgastadas, o la sensación de rendir muy por debajo de lo que puedes. Ese deterioro funcional, no la cantidad de síntomas que marques en una lista, es lo que justifica una consulta.

Hay una buena razón para no postergarlo. En España, la mayoría de los adultos con TDAH sigue sin diagnosticar y sin tratar, y las causas identificadas son la comorbilidad que confunde el cuadro, la formación insuficiente de los profesionales, el estigma y la falta de protocolos de transición desde la atención infantil (Neves Muniz, 2026). El escenario chileno no es distinto. El TDAH adulto sin tratar se asocia a peor desempeño laboral, más consumo de sustancias, más accidentes y mayor mortalidad.

Y el estigma no es un adorno del cuadro. Una revisión sistemática de 17 estudios en adultos con TDAH identificó estigma internalizado, percibido, público y estructural, y atribuye a ese estigma parte del deterioro de calidad de vida en lo social, lo educativo y lo laboral que suele adjudicarse entero a los síntomas (Krishnamoorthy et al., 2026). Parte de lo que duele no viene del trastorno, viene de cómo te trataron por tenerlo.

Preguntas frecuentes sobre el diagnóstico y tratamiento del TDAH en adultos

¿Un psicólogo puede diagnosticar TDAH en adultos en Chile?

Un psicólogo clínico con formación específica evalúa el TDAH, aplica los instrumentos y emite un informe diagnóstico dentro de su ámbito profesional. Lo que no puede hacer es recetar medicamentos: eso corresponde exclusivamente a un médico, psiquiatra o neurólogo. Por eso muchos procesos funcionan mejor con ambos profesionales coordinados.

¿Cuánto demora el diagnóstico de TDAH en un adulto?

Una evaluación bien hecha toma varias sesiones, habitualmente entre dos y cuatro, más el tiempo de reunir antecedentes de la infancia y descartar otras causas. Los procesos que prometen un diagnóstico en una sola sesión de una hora, a partir de un cuestionario, no cumplen con lo que recomiendan las guías clínicas.

¿Necesito sí o sí tomar medicamentos?

No. La medicación es la opción con efecto más rápido sobre los síntomas nucleares y suele ser primera línea en casos moderados o graves, pero la terapia cognitivo-conductual tiene evidencia sólida sobre el funcionamiento diario, con beneficios que se mantienen tras finalizar. La decisión se toma con el médico según tu gravedad, tus comorbilidades y tus preferencias.

¿Sirve el test ASRS que encontré en internet?

Sirve como cribado, no como diagnóstico. Un resultado positivo significa “vale la pena consultar” y nada más. Aplicado en población general, un resultado positivo se confirma en una minoría de los casos al pasar por una evaluación completa. Úsalo para decidir si pides hora, nunca para concluir.

¿Puedo tener TDAH si me fue bien en el colegio?

Sí. Un buen resultado académico puede convivir con TDAH cuando la capacidad intelectual, un entorno muy estructurado o un esfuerzo desproporcionado compensan las dificultades. Muchos adultos aparecen recién cuando esa estructura externa desaparece, típicamente en la universidad o al asumir un trabajo autónomo.

¿El TDAH en adultos se cura con el tratamiento?

El TDAH es una condición del neurodesarrollo, no una infección que se resuelve. Lo que cambia con el tratamiento es el nivel de deterioro: los síntomas y su impacto pueden reducirse mucho, y algunas manifestaciones se atenúan con la edad mientras que la planificación y el control de impulsos tienden a persistir. Si todavía te queda la duda de qué nombre corresponde a lo tuyo, la diferencia entre TDA y TDAH aclara las presentaciones actuales del trastorno.

¿Qué es la regla 1-3-5 para el TDAH?

Es una forma de armar el día que limita la lista a una tarea grande, tres medianas y cinco chicas, en vez de una lista infinita que nunca se termina. Sirve porque obliga a elegir de antemano y vuelve visible cuánto cabe de verdad en una jornada. Es una estrategia de organización, no un tratamiento.

¿Y si el diagnóstico resulta negativo?

Que las dificultades que te trajeron siguen siendo reales y ahora tienen mejor foco. Insomnio crónico, ansiedad, depresión, consumo de sustancias o un problema tiroideo producen un cuadro atencional parecido y tienen tratamientos propios y efectivos. Descartar TDAH acorta el trayecto hasta lo que sí corresponde tratar.

Qué hacer con esto

Si llegaste hasta acá, el paso siguiente no es otro test ni otra lista de síntomas: es una hora con alguien que atienda TDAH adulto de forma habitual y que sepa distinguirlo de las cinco o seis cosas que se le parecen. Anota antes lo que recuerdes de tu infancia, lleva cualquier informe escolar que aparezca, y parte por lo que te está costando concretamente hoy.

Te ayudo a ordenar ese proceso: qué encaja, qué conviene descartar primero y qué tiene sentido en tu caso antes de decidir cualquier tratamiento.

Agenda tu primera consulta online

Referencias

Chaulagain, A., Lyhmann, I., Halmøy, A., Widding-Havneraas, T., Nyttingnes, O., Bjelland, I., & Mykletun, A. (2023). A systematic meta-review of systematic reviews on attention deficit hyperactivity disorder. European Psychiatry, 66(1), e90. https://doi.org/10.1192/j.eurpsy.2023.2451

Franke, B., Michelini, G., Asherson, P., Banaschewski, T., Bilbow, A., Buitelaar, J. K., & Reif, A. (2018). Live fast, die young? A review on the developmental trajectories of ADHD across the lifespan. European Neuropsychopharmacology, 28(10), 1059-1088. https://doi.org/10.1016/j.euroneuro.2018.08.001

Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. (2010). Guía de Práctica Clínica sobre el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) en Niños y Adolescentes. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad; Agència d’Informació, Avaluació i Qualitat (AIAQS) de Cataluña.

Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre las Intervenciones Terapéuticas en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). (2017). Guía de Práctica Clínica sobre las Intervenciones Terapéuticas en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud (IACS).

Krishnamoorthy, T., Das, S., & Thomas, N. (2026). Stigma in adults with ADHD: A systematic review of types, experiences, and potential implications for quality of life. Frontiers in Psychiatry, 17, 1783271. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2026.1783271

Liu, Y., Zhu, F., Yu, Y., Song, Y., Luo, H., Xu, B., & Ren, Y. (2026). A meta-analysis of the intervention effect of cognitive behavioral therapy on adult ADHD. Journal of Affective Disorders, 399, 121107. https://doi.org/10.1016/j.jad.2025.121107

López-Pinar, C., Selaskowski, B., Schulze, M., Oscarsson, M., Fenollar-Cortés, J., Sibley, M. H., & Hirvikoski, T. (2026). Cognitive behavioral therapy effects on global functioning, domain-specific functioning, and quality of life in adult ADHD: A comprehensive meta-analysis. Behaviour Research and Therapy, 201, 105026. https://doi.org/10.1016/j.brat.2026.105026

Neves Muniz, S. (2026). TDAH en adultos: infradiagnóstico, barreras asistenciales y papel de la atención primaria. Medicina de Familia. SEMERGEN, 52, 102797. https://doi.org/10.1016/j.semerg.2026.102797

Ratti, G., Callari, A., Nosari, G., Peyvandi, A., Bianchi, A. R., & Delvecchio, G. (2026). The quest to find genuine adult ADHD: Navigating diagnostic challenges of malingering. A review. Journal of Affective Disorders, 412, 122137. https://doi.org/10.1016/j.jad.2026.122137

Studart, I., Henriksen, M. G., & Nordgaard, J. (2025). Diagnosing ADHD in adults in randomized controlled studies: A scoping review. European Psychiatry, 68, e64. https://doi.org/10.1192/j.eurpsy.2025.2447

Tripodi, B., Carbone, M. G., Matarese, I., Rizzato, R., Della Rocca, F., De Dominicis, F., & Callegari, C. (2025). Effectiveness of pharmacological treatments for adult ADHD on psychiatric comorbidity: A systematic review. Journal of Clinical Medicine, 14(24), 8848. https://doi.org/10.3390/jcm14248848

Wahyu, M. D., Sugimoto, A., Zain, E., Parawansa, F. B. P., Kasahara, H., Yoshinaga, K., & Egawa, J. (2025). Quality appraisal of clinical practice guidelines for attention deficit hyperactivity disorder: A systematic review using the Appraisal of Guidelines for Research and Evaluation (AGREE II) instrument. Frontiers in Psychiatry, 16, 1576538. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1576538

Yang, X., Zhang, L., Yu, J., & Wang, M. (2025). Short-term and long-term effect of non-pharmacotherapy for adults with ADHD: A systematic review and network meta-analysis. Frontiers in Psychiatry, 16, 1516878. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1516878

Nicolás Alcayaga, psicólogo clínico

Nicolás Alcayaga

Psicólogo Clínico · Especializado en Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Psicólogo inscrito en el Registro Nacional de Prestadores Individuales de Salud (Superintendencia de Salud) · Quién soy →

Su experiencia clínica incluye el tratamiento de adicciones y la atención de pacientes en el sistema público y privado de salud en Chile. En este blog revisa la evidencia científica disponible sobre cada tema; cada artículo es un trabajo en curso que se actualiza a medida que surge nueva evidencia.